Diversas morfologías del collage en Hybrid

Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca)
III Hybrid Art Fair & Festival
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 1 al 3 de marzo de 2019

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez Soler–, en colaboración con los comisarios y gestores culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa en la tercera edición de Hybrid Art Fair & Festival, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del 1 al 3 de marzo de 2019, durante la Semana del Arte de Madrid.

Hybrid. MAKMABajo el título ‘Técnicas híbridas // (re)soluciones uniformes’, los diferentes proyectos permiten configurar una aproximación a las diversas técnicas del collage, el grabado o la serigrafía, como vehículos y procedimientos de impresión y/o ejecución –nucleares o complementarios en la trayectoria de los cinco artistas– para el estudio que sustenta la relación estética, pragmática y semántica entre propósito y (re)solución, implementado por Iván Araujo, Jorge Carla, Fernando García del Real, Rosa Padilla y José Pla.

Iván Araujo (Madrid, 1971)

Sus fundamentos técnicos transitan la pintura, el grabado, el libro de artista y la escultura. Su obra gravita alrededor del objeto, símbolo, elemento vertebrador y semiótico, pieza elemental y última. Araujo hace guiños constantes al pasado artístico, a la naturaleza muerta como género, a la pintura metafísica y al eclecticismo de la Transvanguardia italiana, pasando por alegorías de la figura humana, objetos imposibles y arquitecturas citadinas. Sus maderas encontradas y ensambladas, en búsqueda de un equilibrio de formas, cortan el plano con una singular combinación de sutileza y descarnamiento.

Imagen de la obra 'Juego prohibido', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Juego prohibido’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Jorge Carla (Madrid, 1974)

De vocación temprana y carácter inquieto, se interesó inicialmente por la noción de art brut de Jean Dubuffet y todo aquello que tuviera que ver con la desmitificación del arte. Su rebeldía le acercó a la obra de Jean-Michel Basquiat o a la carga expresiva de Willem De Kooning, fascinado por los mismos fenómenos orbitales y recurrentes de la subcultura que se proyectan hasta nuestros días. Sus influencias también giran entre el informalismo, el arte povera, el neoexpresionismo y el pop y reflejos de Joaquín Torres García.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Fernando García del Real (Valencia, 1967)

Licenciado en Bellas Artes, en su obra utiliza los mismos principios del collage tradicional: ensamblar elementos aparentemente dispares para formar un todo unificado, pero sustituye las herramientas de trabajo, el ordenador y el software por las tijeras y el pegamento. Su obra es un fiel reflejo del esteta que siempre ha sido. Entiende el arte como un valor esencial y tiene un olfato especial para observar todo lo que le rodea, para buscar la belleza en cualquier rincón, desde el desconchado de una pared hasta un garabato en una hoja.

Imagen de la obra 'Chicken hair', de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Chicken hair’, de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Rosa Padilla (Valencia 1949)

Licenciada en Bellas Artes, trabaja desde hace décadas en sus estudios de Moraira y Valencia, siempre cerca de ese mar que tanta influencia ejerce en ella. Posee una amplia trayectoria como artista, ha realizado multitud de exposiciones y su nombre está presente en importantes colecciones nacionales e internacionales. En su obra se reconocen influencias de sus admirados Kandinsky, Joaquín Michavila o Fernando Zóbel. En sus collages, imágenes rotundas se erigen frente a otras delicadas y sutiles, creando composiciones en las que alegría, color y belleza comparten espacio con retazos de rabia, dolor y melancolía.

Imagen de la obra 'El secreto', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘El secreto’, de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

José Pla (Valencia 1970)

Licenciado en Bellas Artes por la universidad Politécnica de Valencia, pintor, escenógrafo, ha expuesto en varias galerías como Lae.Sferazul, Galeria Edgar Neville, Color Elefante o Mr. Pink, entre otras. Ha participado también en exposiciones colectivas en los museos Vostell Malpartida o MuVIM y ha colaborado en proyectos con otros artistas. Recientemente ha trabajado junto a la ceramista Eugenia Boscá en distintos proyectos. En su obra se observan referencias al surrealismo, a la Bauhaus y al expresionismo, así como destellos de cine e imágenes del pop americano.

Imagen de la obra 'Ortega en Valencia', de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Ortega en Valencia’, de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

«El bodegón y el objeto son mi leitmotiv»

‘IVÁN ARAUJO’
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Septiembre-octubre de 2018

Grabador, pintor y escultor, Iván Araujo (Madrid, 1971) muestra su obra más reciente en el Museo del Ruso de Alarcón y ultima ya las próximas presentaciones de sus libros de artista y libros objeto, que tendrán lugar en el Festival ConFusion de Benimaclet (del 19 al 21 de octubre en el espacio Doce Islas Benimaclet ‘Libros Inquietos’) y en el Festival del Libro SINDOKMA (del 25 al 28 de octubre en el Centre Cultural La Nau) en Valencia.

Talento desbordante, mucho trabajo en el estudio y una personalidad arrolladora que escapa a cualquier quiebro o desaliento son premisas que subyacen bajo una obra de fuerte arraigo, teñida de influencias elegidas y queridas, de rigor y coherencia, que nos acerca al lirismo más sutil por el camino del recuerdo y la nostalgia.

Hablamos en esta entrevista con el artista de sus comienzos en el mundo de la pintura, de sus influencias, trayectoria, pasión por el grabado… y de sus proyectos más inmediatos.

Iván Araujo. MAKMA

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

Cuando era pequeño, disfrutaba con mi padre de los ratos en los que él iba a pintar acuarelas al campo, hacíamos apuntes juntos y todo esto me permitió crecer en un ambiente de gusto por la pintura, el dibujo y por el arte en general. Disponía de materiales a mi alrededor y me pasaba las horas pintando en cuadernos y yendo a ver exposiciones de arte.

¿Tuviste claro siempre que querías estudiar la carrera de Bellas Artes?

Mi decisión de matricularme en Bellas Artes fue tardía, ya que en principio pensaba estudiar arquitectura por tradición familiar, pues mi padre y varios de mis tíos eran arquitectos. Justo en mi último año antes de comenzar la universidad decidí ingresar en Bellas Artes. Mi apuesta fue clara: desde pequeño había sentido la necesidad de hacer cosas con las manos y me fascinaba dibujar. Quería tener un contacto más directo con la obra que el que podía darme el mundo de la arquitectura, donde el proyecto y dirección de obra te alejan mucho de la creación pura; lo había visto miles de veces con mi padre. Con el tiempo descubrí que fue una decisión muy acertada, puesto que yo necesito tener un control de principio a fin del proceso creativo y concentrarme en una obra más íntima, cercana y abarcable como la que puedes realizar en tu taller. Además, me involucro mucho físicamente, para lo cual me es indispensable elegir la técnica y el material adecuado, dotándolos de las cualidades expresivas y conceptuales que deseo para cada pieza.

Elegiste la especialidad de grabado, que está presente siempre en tu trabajo, ¿qué te aporta esta técnica?

El grabado ha condicionado absolutamente mi forma de trabajar en cualquier disciplina artística, puesto que mi formación y posterior desarrollo profesional se han centrado, en gran parte, en esta técnica. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, mientras estudiaba la carrera, trabajaba para pagarme los estudios en distintos talleres profesionales de grabado y estampación. Esto me hizo adquirir muchísima técnica y oficio. Cuando me licencié y mientras estudiaba mi doctorado en dibujo contemporáneo, trabajé cinco años en Ediciones Benveniste, donde realicé obra gráfica para grandísimos artistas nacionales e internacionales. Posteriormente me saqué una plaza de profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de la UCM (Madrid), en grabado calcográfico. Tras tres años dando clases decidí dejar la facultad y montar mi propio estudio de grabado. Desde 2001, realizo mi propia obra gráfica y la de otros artistas, compatibilizándola con la obra original. La forma en la que afronto la creación de un grabado me ayuda a conceptualizar mucho la idea de la imagen que persigo. El grabado te obliga a trabajar por capas y debes decidir muy claramente qué técnicas debes utilizar según los resultados que quieras obtener, con lo que el método ensayo-error en grabado no es válido como en ocasiones ocurre en la pintura; la gráfica te enseña a tomar elecciones y a posicionarte de forma activa ante el proceso creativo, asumes riesgos y debes estar siempre abierto a integrar aquello que el grabado te pueda ir ofreciendo en cuanto a las pequeñas desviaciones que surgen tras los complejos procesos de mordida y estabilización de la matriz.

Se perciben en tu trabajo ciertas influencias. ¿Quiénes han sido y son tus artistas de referencia?

En mis inicios me interesaba mucho el arte con un fuerte contenido simbólico; obra y artistas con un marcado contenido existencial, en los que su trabajo era un reflejo poderoso de su posicionamiento conceptual y estético ante la obra. Joseph Beuys y Paul Klee me fascinaban por su intensidad y la verdad que emanaba de su obra. Artistas muy apoyados en el dibujo, como fuente vertebradora de la obra y como estructura que sustenta sus creaciones. Me atraían también, por su fuerza poética, los expresionistas abstractos De Kooning y Rothko. Sin duda alguna, el cubismo, Juan Gris y Picasso han sido grandes influencias en mi obra, tanto por su forma de mirar y re-presentar el objeto, como por la propia forma ponderada y matemática de plasmar su pintura. El collage es otro recurso que utilizo muchísimo y que está muy presente en los cubistas o surrealistas, y también en algunos artistas de estética pop posteriores, que me resultan muy interesantes, como David Hockney.

Otra referencia fundamental en mi trabajo nace de mi amor por la pintura metafísica, De Chirico, y en general de toda aquella pintura que trasciende a la realidad, proyectándose en escenarios arcádicos y poéticos; la aspiración a lo mínimo y a la inclinación por el juego arte-juego de Torres García y, por último, cierto salvajismo simbólico y primitivo de la transvanguardia italiana, muy presente en Mimmo Paladino. Podría seguir y la lista no acabaría… soy muy revisionista, un mirón empedernido; son muchos y variados los artistas que me interesan, ya que mi trabajo se vale de cientos de miles de retales, de instantes capturados en mi cerebro y retina que llevo siempre conmigo.

Imagen de la escultura 'Casa-barco', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la escultura ‘Casa-barco’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Has ejercido de profesor en la universidad,sigues impartiendo cursos y talleres en distintos lugares de la geografía española. ¿Qué te aporta artísticamente la enseñanza?

De la época de profesor en la universidad no guardo especial buen recuerdo, ya que la relación con los alumnos, salvo algunas buenas excepciones, se veía condicionada por las calificaciones. Eran muy pocos los que realmente se volcaban con interés y pasión en el taller. Mi relación posterior con la enseñanza en cursos y talleres en distintos lugares, incluso en mi estudio, con los artistas que trabajan regularmente conmigo, es muy diferente. Se establece siempre una relación de necesidad mutua; a mí me gusta ofrecer al alumno las herramientas para que él pueda dar forma a su obra y, naturalmente, en ese proceso el intercambio de pareceres  y puntos de vista es extraordinariamente rico. Cuando trabajo con gente a la que al mismo tiempo enseño, vuelvo a someter todos mis conocimientos y bagaje artístico a un examen riguroso; en el terreno de la creación no se puede dar nada por sentado y los modelos y soluciones que a uno le sirven no tienen porqué valer a otro en otras circunstancias.

Esta condición multireferencial del hacer creativo permite que uno aprenda constantemente y en cada momento de su trabajo y del de los demás. Para mí, trabajar la obra de otros artistas me sitúa en escenarios diferentes a los de mi obra, enriqueciendo mi visión del arte y, lo que es más interesante, me fuerza a entender la obra que el artista quiere realizar desde sus propios parámetros. Este desplazamiento es siempre nutritivo, como lo es cuestionarse y actualizar los propios conocimientos.

¿Cómo es tu día a día en el estudio? ¿Eres un artista metódico, ordenado?

Yo trabajo a diario en mi estudio, sea cual sea la situación, tanto si estoy preparando una exposición de gráfica, pintura o escultura. Trato de ser muy sistemático en mis horarios y suelo trabajar en series largas de producción, en cualquiera de las disciplinas anteriores. Hacerlo así me permite dar distintas respuestas a un mismo problema; todas ellas se encadenan unas a otras y en conjunto, conforman un discurso coherente que pieza a pieza resulta complicado. Me cuesta mezclar disciplinas; si estoy con unas piezas de escultura o grabado, hasta que no las acabo no paso a otra técnica, por ejemplo, pintura. Cada disciplina requiere tiempos y una disposición ante la obra muy diferentes. Lo que sí pasa a veces es que al trabajar tantas técnicas diferentes, siempre hay vuelcos e influencias de unas a otras. No solo es inevitable sino que es lo más interesante. Además, al compatibilizar mi obra con la producción de obra gráfica de otros artistas en mi taller, hay contaminación, ideas bullendo, interferencias…

A veces es un poco agotador, pero tras muchos años trabajando así me he acostumbrado a filtrar toda esa información y a desarrollar más capacidad de concentración. No creo en la inspiración; creo en el trabajo diario y en pasar muchas horas en el taller, desarrollando una relación de necesidad e implicación con tu obra y los materiales y técnicas que eliges para llevarla a cabo. Los tiempos muertos, trabajo en pequeñas libretas y libros de artista que son el cajón desastre y, al mismo tiempo, el germen y semilla de muchas de las futuras producciones.

En la exposición que presentas en el Museo del Ruso, el bodegón es el tema principal en tus obras.

Sí, en efecto. El bodegón y el objeto han sido el leitmotiv de mi producción de estos últimos cinco años. Me interesaba la forma en que el bodegón, que ha sido un género artístico presente en todas las etapas de la historia del arte, suscita la mirada del observador. En el cuadro, la naturaleza muerta circunscrita al estudio del pintor reordena el espacio, creando una fuente de sinergias entre los diferentes objetos que lo rodean. Cada forma alude a su presencia y situación en referencia a sí misma y a los demás elementos, creando un microcosmos y, sobre todo, nos habla de una determinada manera de entender la ocupación del espacio de aquel que la ha depositado en ese lugar.

El diálogo que se establece entre las distintas formas-objetos me interesaba, puesto que nos relata una historia de necesidades, equilibrios, armonías y espacios. Esta exposición supone un fin de etapa, ya que ahora mi trabajo es decididamente más objetual y simbólico, recuperando iconos que siempre han estado ahí, en mi mundo, en mi territorio plástico. Pero lo que la hace especialmente interesante, además del magnífico enclave de la sala del Museo del Ruso, es que conviven varias series que están en transición a ese cambio hacia lo simbólico, sobre todo la serie de pintura de ‘La sonrisa del cazador’ y ‘AntarMouna’, y la serie de esculturas-arquitecturas presentadas en conjunto, que pertenecen a mi producción actual.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Háblanos de tu escultura, de esas casas soñadas, esos micromundos que unen infancia, nostalgia y utopía.

Las arquitecturas forman parte de una instalación que proyecté para mi última exposición en Madrid, el año pasado en la APPA Art Gallery, donde un grupo de arquitecturas se presentaban en la pared, dispersas, formando un conjunto, que a modo de constelación salpicaba de puntos la pared. Se titulaba ‘Todas las casas que hay en mí’ y al menos cuatro o cinco de esas piezas originales se exponen junto a las demás. Las hemos presentado en el suelo, formando una ciudad, un pequeño asentamiento, podríamos decir. Muchas de ellas son nuevas, pero siguen heredando el nombre que las originó. Son casas realizadas con maderas encontradas, dañadas, que recojo y restauro en el estudio. Les aplico decapantes y las lijo para sacarles la veta y con ligeras policromías las retoco, en las ocasiones que quiero cromarlas. Al contrario que las pinturas, se trata de colores deslucidos y transparentes que sugieren lo mínimo y silencioso y que recuerdan a los juguetes de la infancia. Tienen, en efecto, mucho de esto, de recuerdos, de pérdidas y nostalgia; hablan de la lluvia, del sonido del mar, de la añoranza de la madre, de los días lentos, de estrellas, constelaciones y de sueños por cumplir. La casa, etxea en la cultura vasca de mis antepasados, es la madre que acoge y protege y, en las diversas formas poéticas que la presento, adquiere una cualidad de metáfora visual que se potencia por la desnudez del material y la simplicidad en las formas.

Tus libros de artista y tus libros objeto son siempre requeridos y apreciados en ferias y convocatorias dedicadas a la edición. ¿Qué valor les concedes dentro de tu proceso creativo?

El libro de artista me permite ensayar, escribir, proyectar y soñar con nuevos escenarios y, dado lo abarcable del formato, en ocasiones lo continúo realizando en casa o cuando estoy fuera del estudio. Vaya donde vaya, y más si me voy de viaje, siempre llevo un libro de artista conmigo. Suelen ser contenedores de ideas y proyectos que están por venir o bien tienen un carácter más experimental, como es el caso de libretas en las que trabajo composiciones de estudio. Estas segundas me sirven en muchas ocasiones para afrontar futuros trabajos, ya sea en gráfica o pintura, y, por lo general, suelo utilizar mucho collage y acuarelas, grafito y demás técnicas sobre papel. Como es natural, estos libros de artista no los suelo exponer, ya que me sirven como material de estudio y además no están concebidos para tal fin.

Por otro lado, está el caso de los libros de artista o libros objeto, que tienen un valor intrínsecamente artístico en sí mismos y son los que muestro en ferias y exposiciones como obra final. En muchas ocasiones son libros-cajas que he realizado en grabado y que presentan series de gráfica, como es el caso de ‘ArsBodegonia I y II’ (2015) o ‘Paisajes interiores’. La modalidad de libro objeto la he afrontado en casos como los de ‘Le petitpaysage’ (2016) y ‘Nuit et jour’ (2016), en los que la totalidad de la caja encerraba un grabado tratado volumétricamente como un bajo relieve con abundante collage de todo tipo de materiales. También se da el caso de libros de artista más complejos como este último, ‘La palabra pintada’ (2018), que expondré con Galería El Museo del Ruso para los festivales ConFusión y SINDOKMA 2018, en el que presento originales con sus respectivos textos. Este tipo de festivales, como el caso de SINDOKMA, suponen el encuentro feliz de una serie de creadores y editoriales con una fascinación común por el libro de artista, promoviéndose un clima muy interesante de intercambio de información, ideas y proyectos.

Tienes una consolidada trayectoria como editor, has colaborado con importantes artistas. ¿De qué trabajos estás más satisfecho?

Mi actividad como editor se remonta a estos tres últimos años en los que, como reacción a la apatía generalizada que se instaló entre las galerías y editores, con un descenso muy notable de las ediciones de autor de gráfica en el panorama artístico, me animé a intentar editar a artistas que me resultaban especialmente interesantes. Para ello diseñé una fórmula de coedición, en la que el artista podía animarse a editar asumiendo riesgos mínimos y en mi caso, como taller de edición y coeditor, controlar el proceso al máximo y realizar una inversión razonable.

Hasta la fecha he coeditado a la artista Ángeles Conde con dos suites, la ‘Serie Köln’ y ‘Skylines’ (2017), y a la artista Kristin de George, afincada en Montpellier, con el díptico de aguafuertes ‘Mediterranée: le rêve de Mages’ (2018). Fuera del contexto de la coedición me siento especialmente orgulloso de haber editado en mi estudio la carpeta ‘PRE-POSICIONES’, del artista Ángel Cajal (2016/2017). Una suite de diez grabados presentados en el Paraninfo de la Universidad de Valencia la pasada edición de SINDOKMA, en 2017. Otro proyecto que disfruté muchísimo fue la serie de cinco aguafuertes del artista Eduardo Barco, editada por Amara Gutiérrez en 2017. El procesado de planchas fue un trabajo muy experimental que realizamos Eduardo y yo en mi estudio y la estampación cuidadísima y muy técnica completó una edición de referencia.

Cuéntanos tus próximos proyectos

Mis proyectos futuros a corto plazo pasan por presentar físicamente el libro de artista, ‘La palabra pintada’, en SINDOKMA 2018, y en mostrarlo en todas aquellas ferias y eventos en los que tú, amiga y galerista del Museo del Ruso, decidas exponerlo. A mediados de noviembre participaré en el FIG de Bilbao 2018, la feria de obra gráfica más importante que hay en la actualidad en el territorio nacional, en la que expondré series de monotipos y gráfica de gran formato en el stand de la Galería de Arte Contemporáneo Espiral (Noja, Cantabria). A mediados del mes de octubre darán comienzo también los nuevos cursos que impartiré en el Museo ABC de Madrid de técnicas de grabado y estampación contemporáneas directas, en un taller que he creado especialmente para la ocasión. Pasadas estas fechas comenzaré a trabajar nuevas series de obra para mi próxima exposición individual, que se celebrará en la Galería de Arte Contemporáneo Espiral, en octubre de 2019.

Imagen de la obra 'Antar Mouna II. Silencio Interior', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Antar Mouna II. Silencio Interior’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler

 

Bancho: «Partí del blanco sin conocer ningún color»

‘El camino interior’, de Esteban Castellano, Bancho
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Hasta el 22 de abril de 2018

Esteban Castellano, Bancho (Valencia, 1965), vuelve a Alarcón. En realidad nunca se ha ido. La vinculación que siente con este pueblo castellanomanchego es férrea y viene de lejos. Fue aquí, cuenta el artista, donde hace tiempo comenzó a ver atisbos de luz después de atravesar un periodo personal negro, y fue aquí también donde iniciará un íntimo camino artístico salpicado de trascendencia y compromiso.

Esta charla tiene lugar en el Museo del Ruso, donde expone sus últimas obras bajo el título ‘El camino interior’, una instalación que él describe como “un homenaje a lo imperfecto, a lo puro, a lo políticamente incorrecto, a la amistad, a lo que nadie quiere, al sol y la luna, a la alquimia, a la materia prima y a la piedra filosofal, a los que se fueron pero siempre estarán con nosotros, a los que están con nosotros, a lo mágico, al planeta Tierra, a la vida y al Amor… principio y fin último de todas las cosas”.

Bancho. Makma

Vuelves con esta exposición individual a Alarcón, lugar de referencia en tu vida…

Sí, conocí Alarcón hace 23 años por mi gran amigo Raúl Poveda. Estaba pasando una etapa complicada, una crisis personal tras una ruptura sentimental, y Raúl me rescató, me animó a venir, me dijo: “Vente que te lo pasarás fenomenal, que son las fiestas”. Tras esta estancia nació una relación especial que sigo manteniendo, me alentó muchísimo anímicamente.

Tu primera exposición individual tiene lugar también en Alarcón, en la iglesia de Santo Domingo, un espacio imponente y mágico, restaurado hace unos años y que hoy, desgraciadamente, permanece cerrado.

Sí, fue en el año 2006, Raúl y don Luis (el recordado cura del pueblo) me animan a exponer mis obras en esta iglesia. Fue una gran experiencia de la que guardo muchísimos recuerdos bonitos. Espero que ese lugar tan especial vuelva a abrir sus puertas.

Luego volverás a este mismo espacio con otras exposiciones.

Sí, así es; hice otra individual al año siguiente y otra colectiva tiempo después junto a los artistas Julio Mayordomo, Luis Moscardó y Bernardo Tejeda. Nunca se ha roto mi vinculación artística y personal con Alarcón; tengo un espacio permanente en una sala del restaurante La Cabaña, he expuesto en dos colectivas en el Museo del Ruso… Vengo periódicamente, tengo mucha conexión con este pueblo, con las personas que viven aquí… y le estoy muy agradecido.

En tu obra, el color adquiere mucha importancia. Tus comienzos están teñidos de rojos intensos, incisivos azules y negros. Esta vez nos llevas a la claridad, al blanco absoluto. Me gusta mucho cómo narras esta transición, este viaje, en el texto de introducción de la exposición: “Partí del blanco sin conocer ningún color. Pasé por el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el marrón y el negro y ahora vuelvo hacia atrás conociéndolos todos, limpiando la paleta de mi vida con el disolvente de mi corazón, en busca de aquel blanco inmaculado del cual… partí”.

Sí, el color para mí es una necesidad y tiendo mucho al monocromo. Dependiendo de la época necesito expresarme a través de un color u otro. En mi primera muestra predominaban negros y rojos, aunque ya había unos atisbos de azul. En esa época era muy fuerte la necesidad de expresarme, según mi punto de vista de una forma dramática, muy fuerte a nivel energético, con un lenguaje cargado en lo matérico.

Imagen general de la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Imagen general de la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

El uso de materiales abandonados, infravalorados por la sociedad de consumo en la que vivimos, de objetos encontrados, es también parte sustancial de tu trabajo.

Disfruto mucho experimentando con distintos materiales y objetos. De siempre me ha encantado el objeto encontrado. A mi madre le gustaba mucho pintar y ya lo utilizaba, y yo me he criado con eso. Me interesa mucho porque rompe las dos dimensiones del cuadro, se convierte casi en escultura, el cuadro tiende a salir, recupera una tercera dimensión y deja de ser plano, intenta escapar del espacio bidimensional… Utilizo objetos que ya no tienen uso o que se han desechado para darles una nueva vida y un nuevo sentido, a poder ser mejor que el que tenían porque muchos son objetos muy bastos, muy burdos, como maderas, papeles, hierros… que me encuentro por ahí, latas de gasolina oxidadas, objetos que consigo en el Rastro.

En tu obra siempre subyace una llamada a lo trascendente, un eco que alienta  la elevación moral, espiritual, de quien la contempla.

La única premisa que pienso que debe tener un artista a la hora de crear es la sinceridad,  la pura expresión de lo que cada uno lleva dentro. Considerar el arte como fin y el artista como medio también será de gran ayuda a la hora de intentar materializar algo que pueda llegar a ser trascendente. El artista debe dejar que la fuerza interior aflore por encima de nuestra, hoy por hoy, tiranizante “razón”. Vivimos en un mundo dominado por la “lógica” en detrimento de la emoción y el sentimiento, que son el origen de toda verdadera expresión artística. En mi obra, hablo de la autosuperación y de la búsqueda de la “perfección”, aunque sé que la perfección no existe. Es clave para mí dejar claro que el artista tiene que ser un medio, el ego tiende a hacer creer a los artistas que son un fin en sí mismos y que son protagonistas de lo que hacen, el centro de todo, y yo creo que el artista tiene que ser un medio para crear su obra y un medio de expresión trascendente. Debes intentar conectar con tu propio inconsciente con el inconsciente colectivo, aunque esto pueda parecer pretencioso. El artista tiene que aspirar a ser un canal a través del cual se exprese la vida

Yo mismo flipé el otro día cuando tuve que explicar mi obra en la inauguración, no me había preparado nada y, solo después de explicarla, me di cuenta que todo tenía sentido. Yo nunca sé lo que estoy haciendo. Cuando pinto un cuadro, no hay una idea previa, me enfrento al vacío y ese vacío se va llenando de cosas que ni yo soy consciente de que las llevo dentro, al final aparecen realidades que ni me había planteado que existían dentro de mí, igual ni siquiera están dentro de mí, están en el subconsciente o el inconsciente colectivo. A veces me sorprendo a mí mismo hablando muy bien de mi propia obra, no es que no tenga pudor, es que en realidad no la considero mía del todo, la juzgo como si fuera un extraño, de hecho siempre firmo “Bancho o no?” ¿Soy yo o es algo dentro de mí?

Sobre este tema, me interesa mucho (Carl Gustav) Jung, por ejemplo. He leído mucho sobre él, y yo mismo he pasado por episodios –calificados en su día por un psiquiatra del Clínico de Valencia– como místicos y paranormales. Estuve año y medio viviendo unas experiencias muy cañeras y a partir de esto asumo el deseo de hacerme artista. Nació la inquietud de expresarme, de dejarme todo… la seguridad, un buen trabajo fijo con el que me podía haber jubilado y tener una vida sin complicaciones. Decidí arriesgarlo todo para poder autorrealizarme y expresar lo que llevo dentro. Estoy convencido de que a mi madre se la comió su propia creatividad, su capacidad de hacer cosas y su energía, yo creo que un artista si no se expresa, revienta.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Es complicada la relación del creador frente a un mercantilismo al que no puede renunciar. ¿Cómo ves la escena artística de hoy y qué papel juegan los artistas?

Hoy, tal y como yo lo veo, el mundo del arte vive de la ilusión de los artistas y de su capacidad de creación. Para mí el mundo del arte ha caído en manos de un capitalismo atroz. El centro es el dinero que fagocita todo, se come todo. El dinero que es un medio se convierte en un fin, y el dinero como fin no es nada, porque el fin último debería ser el hombre que, sin embargo, se convierte en un medio de generar dinero, de conseguir dinero o de explotar para conseguir dinero. Con el arte pasa lo mismo, se ha convertido en mercantilismo y es un valor, que además es subjetivo, y que gente con mucha capacidad de influencia utiliza para inflacionar y especular. El problema es que la gran mayoría de artistas está sobreviviendo a duras penas, y en el otro lado hay una élite, algunos que viven como auténticos pachás.

El circuito del arte se está monopolizando, las pequeñas galerías tienden a desaparecer, está diluyéndose el circuito habitual, se está concentrando en manos de unos pocos (como pasa en el resto de empresas) y ahora mismo hay grandes emporios, grandes galerías, que lo manejan todo.

En pocos años, ha cambiado drásticamente la manera de relacionarnos en todos los ámbitos de la vida. ¿Qué papel crees que ocupan las redes sociales en el mundo del arte?

Si no estás en una red social estás muerto y esto supone un problema, porque es un terreno artificial. Creo que estamos mostrando una fachada que no es nada profunda, en las redes no somos nosotros de verdad, somos un “quiero gustar”, “quiero que me acepten”, “quiero que todo el mundo me valore”, ahí perdemos el sentido de nosotros mismos, nos estamos prostituyendo en aras de algo que no existe porque realmente es algo virtual que como medio está fenomenal pero que tampoco puede ser un fin. Yo creo que muchas de las “cagadas” del ser humano se producen al convertir los medios en fines y lo hacemos continuamente, lo que debería ser un medio de comunicación para que el planeta esté en contacto, para que se faciliten un montón las relaciones entre las personas, se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo y la persona está a su servicio, subyugada, y se acaba prostituyendo para ser aceptada en esa falsa sociedad. A mí me da pena porque podría ser utilizado de forma maravillosa –a veces también se usa así–, pero el problema es ese, nuestro ego siempre acaba apoderándose de las cosas.

¿Qué referentes artísticos motivan o han influido de alguna manera en tu obra?

Me interesa mucho el racionalismo abstracto, me inspira la obra de Francis Bacon, Anselm Kiefer, Tapiès, Anish Kapoor, Jaume Plensa o De Chirico y toda la pintura metafísica, me gusta todo lo que es trascendente, lo que comunica con otros mundos. Creo que hay un exceso de realidad, la realidad es aburrida, es gris y cualquier persona que nos haga volar, alucinar, y nos transporte a otras dimensiones del pensamiento y del sentimiento me aporta, el arte tiene que ser emoción y ahora hay un exceso de racionalidad. La racionalidad es buena porque si no nos iríamos tirando por los barrancos, pero creo que necesitamos un toque de irrealidad. Me gusta mucho la gente que conecta con el hemisferio derecho y vuela. Los grandes artistas para mí han sabido crear nuevas maneras de ver las cosas, veían la vida de una forma que nadie contemplaba y han sabido expresar, comunicar y conectar con la gente –algunos no en su época sino en tiempos futuros–, han sido pioneros. Transformando la forma de ver las cosas se transforma todo, no hace falta cambiar lo que hay, sino tu forma de ver lo que hay.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición 'El camino interior', en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición ‘El camino interior’, en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

Marisa Giménez Soler

 

«ARCO no es el objetivo»

Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau
Semana del Arte de Madrid
Hasta el 25 de febrero de 2018
Con Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Sara Joudi (Galería Shiras), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs)
Entrevista realizada por Merche Medina, Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma

Con motivo de la presente Semana del Arte de Madrid, que concita en la capital a un nutrido grupo de galerías, artistas, comisarios y gestores culturales valencianos, Desayunos Makma ha procurado reunir a cuatro galeristas participantes en diveras ferias satélite de específicos contenidos –como son Drawing Room, Urvanity e Hybrid Art Fair & Festival–, con el fin de conocer sus respectivas inquietudes y apuestas, en el marco de la 37ª edición de ARCO, la cita artística ferial más relevante del país.

Asumiendo de un modo implícito esta condición de preponderancia que atesora la feria de IFEMA, sus proyectos respectivos se centran en escenarios diversos. En tanto que para Marisa Giménez «ARCO no es el objetivo», el Museo del Ruso desembarca por primera vez en Hybrid Art Fair & Festival. Por su parte, Sara Joudi afirma que “todavía no ha aplicado» para postular su presencia en ARCO a causa «de los requisitos de participación que exige» y, por el momento, se centra en otras propuestas, mientras que Cristina Chumillas destaca el perfil que Drawing Room –de la que Shiras y Pepita Lumier forman parte– ha logrado consolidar en las dos ediciones anteriores, siendo el que más fielmente responde a los contenidos de su galería, tal y como le sucede a Vicente Torres con Urvanity, en la que Plastic Murs participa por segundo año consecutivo.

En esta nutrida diversificación de planteamientos que se dan cita durante la presente semana, “a los artistas les da vida participar en las ferias; años atrás únicamente existía ARCO y hay que celebrar que Madrid alberga ahora una mayor oferta”, señala Giménez; Joudi, así mismo, no duda en manifestar que “quisiera que aumentasen las galerías españolas” en IFEMA, a la par que Torres exhorta a intensificar el “riesgo de las propuestas que habitualmente se presentan” allí.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Sara Joudi (Galería Shiras)y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Vicente Torres (Plastic Murs), Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Conversar acerca de la consolidación del presente mapa ferial supone, necesariamente, reparar en las nuevas fórmulas venales y poner la atención sobre la figura y perfil asociado al coleccionismo, ante lo cual Vicente Torres indica que “el coleccionista convencional se plantea, de este modo, visitar también otras opciones”; “sin duda, ARCO crea un tirón de público especializado que beneficia al resto”, corrobora Marisa Giménez, mientras que Joudi estima que “cada una tiene su target«. En cambio, Chumillas diagnostica el efecto inverso: “es el público de estas ferias satélite el que se plantea visitar ARCO”, si bien todos coinciden en que, en el entorno ferial, es la dirección y su organización quienes deben contar previamente con un público objetivo específico, propiciar el acceso y el contacto con los espacios participantes.

Para Sara Joudi los coleccionistas “son, por lo general, personas muy formadas que investigan constantemente acerca de sus intereses y que, en muchas ocasiones, se centran en un artista determinado”. Marisa Giménez amplía este comentario e insiste “en potenciar la figura del nuevo coleccionista entre gente joven y es en estas ferias donde puedes arriesgar con las propuestas y educar en el coleccionismo”, a la par que Cristinas Chumillas apuesta por “rescatar al coleccionista abruptamente desaparecido por la pérdida de poder adquisitivo, de ahí la importancia de esta visibilidad y asistencia a las ferias”, a través de las que “hay que lanzar un mensaje e incentivar al coleccionismo”, especialmente entre el público joven que se acerca a las galerías, en tanto que “sus intereses varían y hay que detectarlos”, insiste Vicente Torres.

Sin duda, factores tan determinantes y decisivos como la labor de refrendo y mecenazgo que se debe exigir a la instituciones. En este sentido, prosigue Torres, “el mercado y las instituciones son muy estáticas; por ejemplo en Frieze London éstas no diferencian entre ferias convencionales y de largo recorrido y otras satélite o de reciente creación”. Lo que piden, en comunión, a las instituciones y los museos es mayor apoyo, tanto a nivel local como a través comisiones de compra equitativas, el fomento de relaciones más estrechas y directas con los agentes que las representan, tanto cuando se establece un primer contacto como en el momento en el que éstas seleccionan y materializan las compras en las ferias nacionales. Reclaman, en consecuencia, una mayor transparencia en sus decisiones.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Atendiendo a estas cuestiones previas, los presentes galeristas no solo adaptan, sino que, ante todo, formulan sus apuestas en plena búsqueda y ejercicio de la especificidad, como una consecuencia natural de la línea expositiva trazada en sus respectivos espacios.

A través del Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca), Marisa Giménez, para quien “acceder a una feria ya es un reto”, pone a su servicio una larga trayectoria como galerista y comisaria, gestada entre Valencia y Madrid, participando en la segunda edición de la feria internacional de arte emergente Hybrid Art Fair & Festival, en colaboraicón con los comisarios y agentes culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), mediante una propuesta colectiva que atiende a las razones metodológicas y finales de diversos artistas emparentados con la fotografía –Jose Manuel Madrona, Ignacio Evangelista, Alicia Martínez y Fotolateras (Lola Barcia y Marinela Forcadel-) y los procesos infográficos (Silvia Mercé).

Comandada por Vicente Torres, Plastic Murs repite en Urvanity, feria que centra su leitmotiv en la “expresión artística desarrollada en el contexto urbano, que construye hoy un diálogo con la modernidad”-, oportuno y propicio escaparate ferial para exhibir el inquietante y celebrado street art individual o colectivo de PichiAvo, Hyuro, Vinz y Deih.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (junto con Lucía Vilar) apuesta por el dibujo, la ilustración y el cómic como disciplinas que vertebran la senda de Pepita Lumier, galería que se encuentra presente en la tercera edición de Drawing Room –especializada “en la práctica transgeneracional de los nuevos artistas por el el dibujo contemporáneo”–, en la que participan con los proyectos de Agente Morillas (‘Ecosistemas Invisibles’) y David de las Heras (Cazadores).

Por su parte, Sara Joudi formula con Galería Shiras una linea discursiva en la que se concitan emergentes y celebrados artistas del ámbito valenciano y nacional. En la incipiente semana de las ferias, Shiras hace doblete. En Drawing Room estará con Nuria Rodriguez, Miquel Navarro y Nieves Torralba y en Art Madrid contará con obra de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastián Nicolau, José Saborit y Javier Chapa.

La conversación entre los galeristas evoluciona hacia las necesidades que afectan al ámbito local y regional, territorio en el que se desarrolla su labor profesional. Cristina Chumillas asevera: “tengo que dar un tirón de orejas al gobierno actual; se debería haber preocupado en dialogar con nosotros e incluirnos dentro de la oferta turística. Por ejemplo, podía generar una ruta, porque el comercio hace cultura”, apreciación que el resto de participantes respaldan.

Un diagnóstico común que se suma a los requerimientos vinculados con la optimización de las subvenciones públicas, así como la necesidad de elaborar en conjunto un sistema realmente efectivo que impulse el desarrollo del sector o «la posibilidad de generar un efecto Guggenheim ampliado a librerías, anticuarios” y otros agentes determinantes del ámbito empresarial emparentado con las diversas extremidades del mercado cultural.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

El Museo del Ruso de Alarcón participa en Hybrid

Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca)
II Hybrid Art Fair & Festival
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 23 al 25 de febrero de 2018

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez–, en colaboración con los comisarios y agentes culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa en la segunda edición de Hybrid Art Fair & Festival, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del 23 al 25 de febrero de 2018, durante la Semana del Arte de Madrid.

En el marco de una feria que consuma su pretensión por focalizar la atención en proyectos distantes del circuito ortodoxo, bajo el cronograma del eximio mercado artístico invernal de la capital, el Museo del Ruso de Alarcón postula una propuesta colectiva que atiende a las razones metodológicas y finales de diversos artistas emparentados con la fotografía (Jose Manuel Madrona, Ignacio Evangelista, Alicia Martínez y Fotolateras) y los procesos infográficos (Silvia Mercé).

Imagen de una de las obras de Jose Manuel Madrona, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de una de las obras de Jose Manuel Madrona, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Mediante ‘Miradas fabricadas. Construyendo cámaras miopes’, Jose Manuel Madrona (Valencia, 1975) disiente “de los convencionalismos existentes entre realidad y nitidez”, explorando “la capacidad narrativa de las imágenes creadas desde la imperfección de lentes de plástico pulidas a mano, presentando estas imperfecciones ópticas como un lenguaje sutil y refinado que se adentra más allá del efecto o la recreación en imágenes borrosas, cuya naturaleza pregunta abiertamente al espectador”. Por tanto, “esta premisa responde a la necesidad vital del autor y a sus mecanismos de creación. Sin embargo, toda esa parte del proceso queda relegada a un segundo plano, ya que el fin del autor se focaliza en la imagen final”.

Imagen de la obra 'Siete leonas en Hamburgo', de Ignacio Evangelista, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Siete leonas en Hamburgo’, de Ignacio Evangelista, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Por su parte, en las series fotográficas del autor valenciano Ignacio Evangelista –como ‘Stand by’, ‘Selección natural’ o ‘Imitaciones’– “se muestra la relación, en ocasiones contradictoria, entre lo natural y lo artificial, entre lo animado y lo inanimado”. El artista investiga “sobre lugares o situaciones donde algo parece no estar en el lugar correcto (lugar físico o temporal). Aunque las diferentes series pueden ser formalmente muy distintas entre sí, siempre subyace un tema común a todas ellas relacionado con la huella de lo humano”.

Alicia Martínez (Madrid, 1971) sitúa su práctica artística –representada en Hybrid Art Fair & Festival mediante ‘De fanzines y fotos’– “en torno al concepto de edición”. La artista desarrolla “proyectos fotográficos en forma de publicaciones”, en las que reúne “ secuencias, resonancias visuales de fotografías propias y de fotografías encontradas entre los álbumes familiares. Son casi siempre imágenes, fragmentos de ocio y de baile, momentos de diversión en conflicto con la tristeza”.

Imagen de la obra 'Pekin. Ciudad Prohibida', de Fotolateras, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Pekin. Ciudad Prohibida’, de Fotolateras, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Fotolateras, comandado por Lola Barcia (Valencia, 1968) y Marinela Forcadell (Castellón, 1969), se describen como “fotógrafas itinerantes, viajeras incansables y apasionadas de la técnica estenopeica”. El Museo del Ruso de Alarcón exhibe durante la feria una selección de imágenes de su proyecto ‘Ciudades enlatadas: 2008-2018’, que sintetiza “diez años de aventura fotográfica viajando por 4 continentes cargadas con 45 latas, convertidas en cámaras, enlatando el mundo. Su técnica les permite “ver una ciudad nueva como una nueva amiga que se quiere comunicar. De una manera calmada y serena, retenemos imágenes de ciudades bulliciosas y vivas”.

Imagen de una de las obras de Silvia Mercé, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de una de las obras de Silvia Mercé, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Finalmente, la artista Silvia Mercé (Valencia, 1962), subdirectora del Departamento de Arte de la Facultad de Bellas Artes de Altea (Alicante), se sirve del tratamiento grafico-fotográfico para procurar una reflexión asentada sobre el cauce del memoria y la cronología, cuyos principios desembocan en el proyecto ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, a través de infografías erigidas a partir de foto-collage y cajas de luz.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES EN HYBRID ART & FESTIVAL

Viernes 23 de febrero a las 19:30
Fotolateras
“Ciudades enlatadas: 2008-2018”

Sábado 24 de febrero a las 12:30
Jose Manuel Madrona
«Miradas fabricadas. Construyendo cámaras miopes»

Imagen de la obra 'Maricher & Michell', de Alicia Martínez, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Maricher & Michell’, de Alicia Martínez, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

 

La introspección en tránsito de Rosa Padilla

‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla
Casa del Cable
Sala de exposiciones
Av.Marina Española 6, Jávea
Hasta el 23 de abril de 2017

En la Casa del Cable, en Jávea, cerca del mar que ella ha mirado, vivido y pintado tanto, cuelga su última obra la artista Rosa Padilla (Valencia, 1949). Esta entrevista tiene lugar semanas antes de la inauguración en su estudio de Valencia. Es una mañana soleada y la luz se cuela tamizada en el local en el que –entre botes de pintura, pinceles, bastidores, cartones…–, descansan ya, apoyados en las paredes, los cuadros que pronto viajarán a la exposición.

Mientras me va mostrando uno a uno sus lienzos más recientes, nos sumergimos en una charla que fluye como su pintura; introspectiva, lírica y serena. Sus palabras traducen el ejercicio previo de reflexión y análisis de sus propios sentimientos y en su obra, lo esencial se crece frente a lo anecdótico y en su búsqueda por atrapar y transmitir visiones que salen del alma, su iconografía más íntima se alía con el color y emerge espontáneamente componiendo en las telas paisajes a golpe de trazos evocadores, ritmos, equilibrios y emociones. Brochazos contundentes, pinceladas enérgicas y firmes irrumpen en sus cuadros frente a otras más delicadas y sutiles creando composiciones en las que alegría y belleza comparten, como en la poesía y en la vida, espacio con el dolor, la rabia y la tristeza.

‘El alma en tránsito’, ¿por qué has elegido este título para la exposición?

Se me ocurrió a partir de leer una frase de Samuel Bresson relacionada con el proceso creativo que hacía referencia a lo que puedes transmitir al observador mediante tus obras, el sentimiento de emoción que a través de un cuadro puedes provocar. Hablaba Samuel Bresson de “el alma en tránsito” y me gustó porque mi obra no es premeditada sino que es una obra creada a partir de rasgos emocionales, directa y que intenta expresar mis vivencias.

¿En qué momento pictórico te encuentras?, ¿cómo te has enfrentado al reto de llevar a cabo esta exposición?

Creo que es un buen momento después de haber superado etapas de mi vida bastante difíciles donde la enfermedad ha tenido un protagonismo importante y ha hecho que me detuviera en varias ocasiones impidiéndome desarrollar algunos proyectos. Ahora tengo más tiempo, más energía y los años te dan un bagaje desde el que puedes reflexionar y analizar lo que has hecho, corregir errores y analizar la evolución de tu trabajo. Todas las experiencias son importantes, tanto las buenas como las malas, de todas se aprende y todo conforma un “legado vital” que es lo que realmente se transmite.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Esta nueva etapa vital se refleja en tus últimos cuadros en los que la pintura se ha desprovisto de capas, se ha hecho más etérea, más ligera y luminosa…

Sí, es que la vida y la pintura están estrechamente relacionadas. Personalmente también me he desprendido de muchas cosas materiales. Si realmente lo que más queremos son las personas y… ¡es inevitable que vayan desapareciendo! Cuando perdí a mi madre tuve una sensación de claridad acerca de lo material que nunca olvidaré, cualquier problema me parecía minúsculo comparado con su ausencia. En la pintura también se refleja ese afán de eliminar lo superfluo y atrapar la luz, lo esencial.

Has sido siempre muy coherente en tu trayectoria artística, has seguido siempre un estilo que te identifica perfectamente, ¿te sientes cómoda cuando definen tu obra como “abstracción lírica”?

Sí, porque es una abstracción del paisaje que me rodea y lírica porque de alguna manera narra mis emociones, las cosas que veo a través de mis sentimientos en una labor de introspección.  Realmente me considero fiel más que a un estilo a una forma de hacer, pienso que cada un tiene su propio lenguaje y es en el que se debe profundizar, pulir y evolucionar sin perder nunca la curiosidad y el interés por seguir indagando nuevas propuestas.

No se puede hablar de tu obra sin hablar de mar, ¿siempre ha sido así?, ¿concebirías vivir lejos del mar?

Me sería realmente difícil. Bueno, cuando era muy pequeña veraneaba en un sitio de montaña, en La Cañada, hasta los doce o trece años, pero como a mi padre le gustaba el mar y le encantaba pescar siempre nos escapábamos a El Saler, a El Perelló, o algunas noches al Puerto donde “tiraba las cañas” mientras mis hermanos y yo cogíamos gambas. A veces íbamos unos días a Tavernes de la Valldigna  donde teníamos familia. En La Cañada pasábamos temporadas porque veraneaban sus amigos pero nunca quiso comprar nada allí, siempre alquilábamos. Cuando un día conocimos Moraira, mis padres dijeron: “aquí sí” y fue cuando adquirieron el terreno e hicimos una casa y ya se convirtió en nuestro destino. Luego, cuando conocí a Moncho, mi marido, ya fue “mar adentro”, porque él es un amante de la navegación y me contagió esa pasión. Al principio pasaba mucho miedo en el barco…

…y ahora te has convertido en una experta marinera.

Es muy bonito, me llena de sensaciones especiales, en varios de mis cuadros reconozco la costa vista desde el mar, muchos horizontes, amaneceres, puestas de sol…

En algunas de tus últimas exposiciones en el Museo del Ruso de Alarcón, en Doce Islas… pudimos ver algunos collages que reflejaban paisajes más introspectivos, ligados a tu familia o a estados de ánimo relacionados con momentos vividos felices y también dolorosos.

Eran trabajos de mesa, dibujos y collages. Me gusta hacerlos porque ahí no sueltas de golpe la expresión sino que son más meditados, más íntimos y es otro tipo de técnica porque es muy diferente trabajar sobre el papel que trabajar sobre la tela. Los formatos también condicionan mucho, el formato grande te permite accionar de otra manera, el formato pequeño te recoge y te invita a probar técnicas, componer.  Me gusta mucho utilizar el collage, me abre un mundo de posibilidades.

Han escrito textos sobre tu obra importantes críticos como Juan Ángel Blasco Carrascosa, Rafael Prats Rivelles, Wences Rambla, Francisco Agramunt…, también el gran pintor Michavila, ¿crees que en general se ha entendido bien tu obra o que hay aspectos de los que aún no se ha hablado?

Guardo esos textos como tesoros. Sí, puede ser que falte profundizar, decir algunas cosas. Yo también he ido madurando con los años y afianzando paso a paso mi trabajo.

¿No te has sentido nunca dirigida, ninguna galería o marchante ha intentado marcar tu trayectoria?

Nunca he tenido marchante, llevo muchos años con Galería Thema, casi desde sus inicios, su directora y yo somos amigas y alguna vez me ha dicho que le gustaba una etapa más que otra pero mi evolución es mi evolución aunque eso signifique vender menos. Nunca podría pintar algo que no surja de la más absoluta sinceridad, a veces da vértigo no saber qué puede pasar pero ahí está la emoción y la magia. Me siento completamente libre haciendo lo que hago y hago lo que me gusta, procuro estar informada, visitar exposiciones, ferias y museos, es necesario conocer las tendencias y lo que hacen los artistas, todo aporta y enriquece.

Imagen general de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Imagen general de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Qué importancia ha ejercido en tu obra el pintor Joaquín Michavila?

Joaquín Michavila fue mi profesor en la asignatura de Dibujo Decorativo cuando estudiaba Bellas Artes en San Carlos. Guardo un cariñoso recuerdo y una profunda admiración como profesor, artista y persona. Escribió un texto para una de mis primeras exposiciones. Siempre he sido admiradora de su obra que sin duda ejerció una gran influencia en mis primeros pasos hacia la abstracción.

Además de Michavila, ¿qué referentes tienes?

Otros referentes fueron los pintores del grupo El Paso que configuraron la vanguardia española de posguerra, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Viola etc. El Museo de Arte Abstracto de Cuenca, iniciativa de Fernando Zóbel, fue uno de los lugares fetiche en mi recuerdo.

¿Sigues en contacto con compañeros de Bellas Artes?, ¿tu vida se mueve en ambientes artísticos?

Durante años no he tenido la suerte de tener a mi alrededor gente ligada al mundo del arte. Iba más por libre. Ahora, sin embargo, estoy en un grupo en el que disfruto, compartimos muchas inquietudes artísticas, muchos momentos buenos, mucho cariño. La verdad es que de mi generación salió gente interesante pero cada uno después de la carrera tiró por su lado. Sí conservo contacto con un grupo de compañeros capitaneados por nuestra querida amiga Francisca Lita Sáez. Hace unos años compartí un periodo interesante con la galerista y amiga Pilar Marcellán, la pintora Helga Dietrich y la ceramista y escultora Marisa Herron, juntas visitábamos exposiciones, viajábamos a Madrid para ver la feria de Arco y nos reuníamos periódicamente. Fue una etapa bonita pero por unas cosas u otras fuimos poco a poco dejándolo.

Con la artista Marisa Casalduero también tuviste mucha amistad. En el 2015, al cumplirse dos años de su muerte, vuestra obra compartió espacio en una bonita exposición en Moraira…

Sí, con Marisa Casalduero tuve mucha amistad, la conocí siendo alumna mía en el colegio donde yo daba clases de dibujo. Cuando terminó la carrera vino a decirme que había acabado, recuerdo ir a su primera exposición, procuraba acudir cada vez que me llamaba. Había mucho cariño entre nosotras, mucha conexión, nos gustaban las mismas cosas. La culminación fue la exposición que hicimos en Moraira, lugar tan querido por las dos, pero unos años antes hubo una casualidad que nos unió más; un día viniendo de Moraira me suena el teléfono y era ella para decirme: “Rosa, ¡que tu hijo sale con mi sobrina, que somos familia! A raíz de ahí, retomamos el contacto, nos veíamos más, hablábamos por whatsapp, que entonces empezaba a utilizarse, y quedábamos para ir a ver las exposiciones en El Carmen, en el IVAM, disfrutábamos mucho. En esa época conocí a varios de sus amigos que hoy lo son también míos. Otras de mis alumnas también artistas a las que tengo un especial cariño son Cristina Alabau y Rocío Villalonga.

Tus años como profesora, ¿qué aportaron a tu formación como pintora?

Mucho, el trabajo me obligaba a reciclarme año tras año. Tuve que ponerme las pilas, por ejemplo con el dibujo técnico que no me gustaba nada. Empecé queriendo enseñar y transmitir lo que yo más dominaba, el dibujo artístico. Yo quería enseñar a dibujar, incluso a las que no sabían dibujar, y buscaba los procedimientos para que de alguna manera pudieran disfrutar aprendiendo. Aparte, me sirvió para documentarme mucho, fue cuando empecé a ir a Cuenca, a buscar en libros, a estudiar las vanguardias, la Bauhaus que me interesaba mucho, quería contar a mis alumnas todo aquello que a mí no me habían enseñado, todo eso que yo no había vivido. Poderlo transmitir y hablarles de lo importante que era la creatividad, el poder desarrollar ideas, expresarse con libertad.

En el año 2009, mostraste tu obra en una gran muestra en La Gallera titulada “La magia de lo casual”, ¿qué supuso para ti esta exposición?

Pues absolutamente supuso una motivación, porque cuando estás transmitiendo, lo que quieres es que tu obra llegue al máximo número de gente o al menos que se te dé cobertura, que la gente lo pueda ver, que te conozcan. No tanto que se te reconozca como que se te conozca, el reconocimiento vendrá o no, pero sí, fue fundamental para mí, cuando expuse en La Gallera ya tenía 52 años y era la primera exposición realmente importante que yo hacía en toda mi carrera y llevaba pintando desde los veinte años, empecé la carrera con 16 años y mis primeras muestras las hice mientras estudiaba.

Un instante de la inauguración de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Un instante de la inauguración de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Crees que muchas veces las instituciones valencianas se olvidan de artistas comprometidos con su obra que llevan trabajando tantos años?

Pues, yo creo que sí, pero a veces es estar en el lugar idóneo, conocer a la gente adecuada. Yo no culpabilizo solamente a las instituciones, yo pienso que hay gente que tiene más oportunidades porque se maneja mejor en esos ambientes, tiene más facilidad. Yo quizás, en ese sentido, he estado más alejada, más apartada y a veces cuando he querido solicitar esos espacios institucionales, el procedimiento era complicado, no lo ponían fácil. Ahora con las nuevas tecnologías, piden presentar todo en unos formatos en los que a veces yo me pierdo, menos mal que cuento con la ayuda de amigos, como en este caso la de Juanra Bertomeu que me facilita tanto las cosas.  Me acuerdo, hace años, que para participar en concursos tenías que prepara unos dosieres que para mí suponían un esfuerzo. A mí que me pidieran meterme un mes en un cuarto a pintar murales o a hacer lo que sea, pero manejar el ordenador… A esa burocracia, a ese papeleo, se refería una artista, creo que Rebeca Plana, cuando decía que a veces a los artistas para llegar a algún sitio nos hacen hacer casi una oposición. Eso y la competitividad que hay a veces te desmotiva.

A lo largo de tu carrera, ¿te has sentido arropada por tu entorno, por tu familia?

Sí, siempre me apoyaron. Yo desde muy pequeña siempre estaba con un lápiz en la mano, me pasaba horas dibujando, además tenía un déficit atencional –lo descubrí décadas más tarde– y a mí en esa época eso me acomplejaba y pensaba ¿por qué me cuesta tanto estudiar? Y claro, ese complejo se me iba, se me diluía, con los buenos resultados en dibujo –sacaba matrículas–, en el colegio me encargaban hacer los murales… Mis padres vieron pronto que tenía facultades y a los diez años me apuntaron a clases particulares en el piso en el que enseñaba la misma profesora del colegio, allí empecé a pintar mis primeros cuadritos, copias al óleo …y después me matricularon en Barreira en verano, cuando acababan las clases. Yo vivía en la calle Salamanca y Barreira estaba muy cerca, en la Gran Vía. Luego, la casualidad hizo que años después fuera compañera de Vicente Barreira y de su mujer, Esperanza, en la carrera de Bellas Artes.

Yo no he estado rodeada de personas que fueran entendidas, de gran cultura artística. Mi familia y mis amigos han pertenecido a otro mundo pero siempre les ha gustado, han entendido y apoyado mi trabajo, –no les ha quedado otro remedio, no han sido muy objetivos… –. La ayuda de Moncho, mi marido, ha sido fundamental para mí. Recuerdo, hace tiempo, cuando expuse en Luxemburgo, que nos alquilamos una furgoneta, cargamos los cuadros y allá que nos fuimos. Siempre viene conmigo, me ayuda a colgar, siempre para arriba, para abajo. No le ha importado nunca que yo me pasara el tiempo que fuera metida en el estudio pintando.

Tienes dos hijos y cinco nietos, ¿ves a alguno de ellos siguiendo tus pasos?

Sí, a mi nieta Laura, es idéntica a mí. Me identifico muchísimo con ella. Le encanta dibujar y lo hace muy bien. Con seis años compone cuentos en tres dimensiones recortando y pegando materiales. Tiene muchísima imaginación.

Tras esta exposición, ¿cómo ves el futuro?, ¿cuáles son tus próximos retos?

Voy a experimentar un momento de cambio, nos vamos a vivir a Moraira. Si antes vivíamos aquí e íbamos mucho a Moraira, a partir de ahora Moraira será mi casa pero seguiré viniendo a la ciudad porque lo que tengo aquí no lo voy a dejar. Ahora que por fin he encontrado gente con la que comparto gustos, que conectamos tan bien, que hacemos tantos planes juntos… eso no lo quiero perder. Esos lazos son importantes. Mi rutina variará, el estudio de Valencia, en el que he trabajado siempre tan a gusto, pasará a ser básicamente almacén y el estudio de Moraira tendrá todo el protagonismo. Espero que esta nueva etapa sea fructífera, me enfrento a ella con ilusión.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez