Trotamundos con niños

Excursiones para toda la familia a un paso de Valencia
Águeda Montfort y Noel Arraiz
Editorial Xplora

Los viajeros más avezados suelen volverse sedentarios cuando se convierten en padres primerizos. Llevar a rastras un bebé no parece una opción apropiada. Los valencianos Águeda Montfort y Noel Arraiz no lo ven así. Son una pareja de consumados trotamundos, fotógrafos y editores, autores de la práctica guía Excursiones para toda la familia a un paso de Valencia y otros varios libros de viajes pensados para moverse con niños.

“Tuvimos claro que la llegada de nuestra hija Asia hace tres años, lejos de ser un impedimento, tenía que ser un nuevo aliciente para viajar y descubrir mundo, siempre con la naturaleza como excusa”, dicen Montfort y Arraiz. “Antes de que la niña cumpliera un año nos fuimos durante dos meses con la tienda de campaña a recorrer algunos de los lugares más emblemáticos de los Pirineos y los Alpes. Con dos años nos lanzamos a recorrer Islandia en bicicleta y este año, a la espera de una nueva viajera, hemos recorrido cerca de 200 kilómetros en bicicleta, andando, en kayak o a caballo alrededor de la isla de  Menorca. Para el próximo año tenemos en mente una nueva aventura al otro lado del charco, pero mientras eso llega aún tenemos muchos rincones por descubrir en nuestras montañas”.

Excursiones viajeras.

Excursiones para toda la familia, de Águeda Montfort y Noel Arraiz. Imagen cortesía de los autores.

En su propio sello editorial Xplora han publicado ya varios títulos sobre rutas con niños en el Pirineo aragonés, el catalán y Andorra, además de uno dedicado a la Comunidad Valenciana. Son libros muy prácticos que incluyen información completa para facilitar los desplazamientos al máximo.

“La elaboración de las guías es un proceso largo y laborioso”, comentan los autores. “El trabajo previo de selección resulta complicado ya que, además de procurar elegir las rutas más acordes e interesantes, buscamos que representen la mayor variedad de hábitats y entornos posibles. Una vez hecha la preselección comienza al trabajo de campo, que puede durar hasta un año, con el fin de buscar las mejores condiciones climáticas para documentarlas”.

Siempre que es posible experimentan las rutas en compañía de niños de diversas edades para comprobar sus reacciones. “Una vez las conocemos de primera mano, decidimos si son aptas o no para entrar en el libro”, indican. “Descartamos algunas y otras las rediseñamos si hay algo que no nos ha convencido. Una vez hecho el trabajo de campo queda todavía mucho delante del ordenador, hasta dar forma a los libros”.

Excursiones para toda la familia a un paso de Valencia, de Águeda Montfort y Noel Arraiz. Imagen cortesía de los autores.

Excursiones para toda la familia a un paso de Valencia, de Águeda Montfort y Noel Arraiz. Imagen cortesía de los autores.

Agua y montaña

En pleno agosto, con el litoral saturado de veraneantes, Montfot y Arraiz proponen una fórmula distinta combinando la montaña y el agua. En el interior de la provincia hay lugares excelentes donde disfrutar de excursiones refrescantes. Como expertos conocedores del paisaje sugieren tres lugares muy apropiados: La ruta del agua en Chelva, un paseo por el río Sot, en Sot de Chera, y la excursión a los charcos de Quesa.  “Tres buenos ejemplos para disfrutar de la montaña en verano, eso sí, evitando las horas centrales del día y llevando agua abundante”.

En cuanto a la adaptación del recorrido a la edad de los niños, éstas son sus recomendaciones:

—Hasta los dos y medio o tres años, la mayoría de los niños aún no hacen las rutas completas andando por sí solos y lo más normal es que avancen total o parcialmente en la mochila portabebés por lo que el abanico de posibilidades para realizar es muy amplio.

—A partir de los tres años comienzan a explorar el mundo por su propia cuenta, a mostrar mayor interés por lo que les rodea y exigen rutas más elaboradas y acordes a sus capacidades psicomotrices. La Calderona ofrece numerosas excursiones para esta franja de edad, como el Puntal dels Llops o el castillo de Serra.

—A partir de los seis años, si están acostumbrados a la montaña, pueden cubrir recorridos de cierta envergadura, recordando siempre los adultos que para ellos el monte no debe ser un desafío exigente sino un juego. Es un buen momento para realizar las primeras ascensiones y descubrir la montaña desde otra perspectiva. La cima del Benicadell o la Creu del Cardenal en la Murta son buenas opciones.

Información y vídeos de los viajes en:http://wildkids.es/wildtrips/

Guía de Trotamundos.

Excursiones para toda la familia a un paso de Valencia, de Águeda Montfort y Noel Arraiz. Imagen cortesía de los autores.

Bel Carrasco

Estreno en Valencia de Globe Story

Globe Story, de Jorge Padín
Produce: El Perro Azul (La Rioja)
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Sábado 25 (20.30h) y domingo 26 de abril (19.00h).

Esta semana, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de ‘Globe Story’, un sorprendente homenaje al cine mudo que tiñe de color sepia el escenario y al que acompaña la música creada por la pianista Elena Aranoa para contar con ternura y mucho humor una historia de amor sencilla, alejada de artificios, que navega entre las emociones de lo cotidiano.

Esta propuesta de la compañía riojana El Perro Azul comienza en el instante en que surge el flechazo al conocerse Greta y Max. A partir de entonces, el espectador asiste en primera persona a los momentos más importantes de su vida en común: se casan, se van en crucero de luna de miel, tienen un hermoso bebé, bailan, ríen, lloran… Y todo ello sin una sola palabra, pero con una rítmica y pegadiza melodía de piano que se convertirá en la banda sonora de sus vidas.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Sala Russafa.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Cortesía Sala Russafa.

Echando mano de una cuidada estética ambientada en los principios del siglo XX y de un impactante lenguaje gestual, sello de la compañía riojana, la puesta en escena es capaz de emocionar y hacer reír a carcajadas a espectadores de todas las edades.

Jorge Padín escribe y dirige esta pieza llena de creatividad, en la que con dos escaleras, un baúl y un montón de globos, los actores Gema Viguera y Fernando Moreno transportan al espectador a playas, océanos, montañas y jardines para vivir la emoción, la diversión y la aventura que supone enamorarse (y mantenerse enamorado).

Escena de Globe Story, de El Perro Azul. Sala Russafa

Imagen de Globe Story, de El Perro Azul, dirigida por Jorge Padín. Cortesía Sala Russafa.

Only Two: Mariona Brines y Martí Rom

Only Two, de Mariona Brines y Martí Rom
Galería del Palau
C / Palau, 10. Valencia
Hasta el 6 de junio

Only Two ofrece la apasionante experiencia de dos artistas tan distintos como Mariona Brines y Martí Rom, que, a partir de su propio mundo estético-sugestión espiritual de Brines, materialidad humanizada de Martí Rom- han confluido en una obra conjunta, turbadoramente bella, original y unitaria. Una serie de seis espléndidos collages es el resultado de este juego dialógico. Cada elemento del collage, cada trazo ajeno es como si fuera una pregunta que hay que saber oír para contestar con acierto. Podríamos decir, sin alterar en lo sustancial las palabras de Rimbaud, que “el pintor se hace vidente”. Un cuadro así sólo es factible si hay una “videncia” inteligente de sus ocultas posibilidades. Y ahí están ‘El puente’ o ‘Antes de la tempestad’, por citar sólo dos de la bella serie obtenida, para confirmar que este proceso de adivinación se cumplió con plenitud.

Mariona Brines collages

Junto a esos collages compartidos, otros ya de la exclusiva autoría de Mariona Brines (Valencia, 1962) lucen con sus enigmáticas ensoñaciones de cipreses y con sus noches de estilizadas lunas. Arte psicológico de delicado temblor, de recuperación de cosas que se creían perdidas, y de callado y compasivo dolor. Mariona Brines sabe despertar en quien contempla su obra todo un universo de sugestiones. Su serie ‘Montañas’ sorprende por la estilización y esbeltez de sus figuras, de tal manera que las formas que allí se aprecian, fácilmente reconocibles, parecen, por su impulso ascensional, lenguas de un fuego silencioso y purificador. El ciprés se ha convertido en una llamarada blanca. La mole de la montaña ha quedado liberada de su pesantez y se ofrece como un resguardo acogedor para los animales que la pueblan. He aquí, una vez más, la naturaleza esforzándose por volverse incorpórea. No es materia, es una vibración de orden espiritual. Mariona coloca sus finos papeles de arroz, casi traslúcidos, sobre la madera o la tela con el cuidado de quien trata de curar una herida. No hay sangre en sus cuadros, pero sí, del blanco al negro, toda la escala cromática de la melancolía.

Martí Rom escultura

Se ha dicho muchas veces pero conviene no olvidarlo: el arte de Martí Rom (Barcelona, 1955) sería inexplicable si él no hubiera pasado largas temporadas de niño en contacto directo con la naturaleza. El paisaje, los animales, la tierra misma, fueron su mejor libro de aprendizaje. Quizás su amor por los sencillos y nobles materiales que vemos en su pintura, y sobre todo en sus piezas escultóricas, nace de esa tierra con la que él ha convivido tanto. La madera, la piedra, los diversos metales que utiliza en delicadas láminas, como si se tratara de un collage, son de extraordinaria pureza y remiten al encanto de la materia primordial, madre y origen a la vez. La escultura de Martí Rom mantiene una visión antropocéntrica del mundo, hay una búsqueda incesante en su obra de la medida humana: unas veces son rostros de poderosa y delicada expresión (‘El faune’, ‘La jove negra’); otras, animales libres de la naturaleza (’800 de Tassili caminant’, ‘Cavall del Puig’), pero que han sido espiritualizados hasta reducirlos a ágiles siluetas. Se dirían figuras de la simbología mística. Porque él sabe que la materia, que está en la base de toda creación, es sólo el primer peldaño de una escala que aspira a la expresividad de la forma. Realidad y espíritu, presencia y misterio, se dan cita, a partes ‘iguales, en su humanísima creación.

Mariona Brines y Martí Rom, 'Only Two' en Galería del Palau. Fotografía: Xavier Deltell

Mariona Brines y Martí Rom, ‘Only Two’ en Galería del Palau. Fotografía: Xavier Deltell

Alejandro Duque

La Noruega de Carratalá, en pequeño formato

Noruega 2011, pequeño formato, de Calo Carratalá
Galería Cuatro
C/ La Nave, 25. Valencia
Inauguración: jueves 16 de enero, a las 20.00h
Hasta el 17 de febrero

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá que, tras ser expuesta en el Centro del Carmen, recala ahora en la Galería Cuatro en pequeño formato. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes realizados hace poco más de dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

El conjunto de piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en unos cuadernos de viaje y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Enormes montañas en Lyngen, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Salva Torres

Calo Carratalá, el artista que surgió del frío

Noruega 2011. Calo Carratalá
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 24 de noviembre

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá expuesta en la Sala Ferreres del Centro del Carmen. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes de gran formato realizados hace dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

El conjunto compuesto por cerca de 70 piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en los cuadernos de viaje que figuran en una vitrina de la exposición, y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Enormes montañas en Lyngen, como la que preside la Sala Ferreres al fondo, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Salva Torres