Ready Player One: La realidad existe

Ready Player One, de Steven Spielberg
EEUU, 2018

Steven Spielberg en su última película, ‘Ready Player One’, corrobora las ideas que el filósofo francés Jean Baudrillard expuso en 1987 en su libro ‘Cultura y simulacro’: “El mundo entero ya no es real, sino que pertenece al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata ya de interpretar falsamente la realidad (ideología) sino de ocultar que la realidad ya no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

‘Ready Player One’ narra una historia distópica ambienta en 2045. En esa sociedad, los ciudadanos están la mayor parte del tiempo conectados a una omnipresente y omnipotente realidad virtual llamada OASIS, controlada por una corporación multinacional sin ningún tipo de escrúpulos éticos para  conseguir los máximos beneficios en Bolsa.

‘Ready Player One’ tiene, como toda película de ciencia ficción, una mirada visionaria sobre el presente. La historia coloca la lupa sobre la reciente y potente industria de entretenimiento de realidad virtual y deja entrever una posible y probable consecuencia social: los ciudadanos de esa sociedad virtual han dejado de ser los sujetos políticos de la Modernidad y los sujetos consumidores de la Posmodernidad, para ser sujetos jugadores de una cultura “hiperreal y simulada” donde, obviamente, “la realidad no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

OASIS no es solamente un complejo mundo virtual de videojuegos y diversas redes sociales, sino un espacio, como literalmente su nombre define, de tregua, de evasión para las penalidades de la vida.  OASIS es la única realidad posible. Una realidad virtual donde cada ciudadano vive atrapado en la simulación imaginaria de su avatar. Y, por tanto, nada sabe del dolor, del placer que se inscribe en el cuerpo real.

‘Ready Player One’ es una reflexión integradora, nada apocalíptica, sobre la realidad virtual, en general, pero en particular sobre los videojuegos. Un nuevo formato de entretenimiento y de espectáculo, principalmente disfrutado por adolescentes y jóvenes. Por eso, Spielberg crea la narrativa y la estética de la película pensada para ese público.

‘Ready Player One’ es un relato de iniciación, donde el protagonista debe recorrer, apoyado por amigos, un arduo camino virtual hasta adquirir el conocimiento que le permita aprender a discernir entre la experiencia real -aquella que hace huella, marca en el cuerpo- y la experiencia virtual –aquella que hace apariencia en el cuerpo.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Begoña Siles

Tras el velo de la mujer iraní

Como todos los días, de Shadi Ghadirian
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2018

“En Irán todos los artistas sabemos las líneas rojas que hay”. Shadi Ghadirian (Teherán, 1974) lleva desde su primera serie fotográfica titulada Qajar, realizada con tan solo 24 años, tratando de burlar esas líneas de flotación que marcan la censura en su país. “Sobre todo centradas en la imposibilidad de atacar a los políticos o de mostrar a mujeres sin velo”, dijo. Mediante el “humor y la ironía”, tal y como advirtió Mario Martín Pareja, comisario de la exposición ‘Como todos los días’, Ghadirian se las arregla para revelar lo que pretende ser velado: esa censura pétrea a las mujeres.

“No he tenido niñez, ni adolescencia”. De manera que ella, madre ahora de una hija, no ceja en su empeño de mostrar esa censura con el fin de restañar ciertas heridas. “Con la revolución iraní se produjo una regresión en mi país”. Regresión de la que va dando cuenta en la diferentes series fotográficas que, a modo de retrospectiva, muestra el Centre del Carme hasta el 1 de abril en la Sala Dormitorio. “Quizás la única percepción de un extranjero sobre la mujer iraní es un chador negro. No obstante, trato de representar todos los aspectos de esa mujer iraní”, cuenta la artista.

Like Everyday, de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Like Everyday, de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Aspectos relacionados todos ellos con ese velo tras el cual se oculta la mujer en Irán. De hecho, la mayor parte del medio centenar de imágenes de la exposición tiene que ver (valga la contradicción) con el ocultamiento y borrado del rostro o de partes del cuerpo femenino. Por eso Martín Pareja, en connivencia con Ghadirian, ha pretendido resaltar en el título de la retrospectiva ese carácter cotidiano de tamaña práctica censora. “Son temas que pertenecen a mi propia biografía”.

Puestos a comparar esa censura practicada contra la mujer iraní y la revuelta del movimiento #MeToo estadounidense, igualmente centrado en la violencia contra la mujer, Ghadirian fue rotunda: “No se puede comparar, porque en Irán las leyes islámicas son mucho más estrictas; se entiende como censura, pero esas mujeres son libres 100% para manifestarse en contra”. Ni siquiera guardaba relación, dijo, con el hecho de que Facebook prohibiera ciertas imágenes de desnudos: “Yo convivo con eso todos los días, pero en Facebook tú puedes decidir salirte de ahí”.

Qajar II (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Qajar II (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En su serie West by East, recoge imágenes de mujeres iraníes cuyos cuerpos aparecen borrados, al modo en que lo hacen los censores de su país con las revistas occidentales que muestran esos cuerpos femeninos. Y en Ctrl + Alt + Del, utiliza las letras del ordenador para incidir en esa misma veladura de la mujer. “Nos han transformado. Nos han velado…Con un solo clic, a veces somos eliminados…’Ellos’, esos minúsculos iconos de nuestro ordenador. Nos definen de la misma manera que ustedes nos ven ahora, a mí, una mujer de hoy”, apunta con respecto a esta serie, cuyas teclas son de control y supresión. “Sirven para reiniciarlo al pulsar las tres a la vez”.

Y a rebufo de esa explicación, la propia Ghadirian parece buscar con su práctica fotográfica una especie de limpieza del sistema que favorece ese barrido de la mujer en Irán. “Así es como yo trabajo: pienso largo y tendido sobre el tema y en la forma en la que imagino las imágenes antes de empezar”. E imaginando llegó en cierto momento a toparse con la canción de John Lennon Imagine, reflejo de ese universo imaginario donde los seres son libres de los poderes que anulan sus movimientos.

Too Loud A Solitude (2015), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesia del Centre del Carme.

Too Loud A Solitude (2015), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesia del Centre del Carme.

“Las campañas están bien”, apuntó al hilo del #MeToo, “pero ha estado ahí siempre y la única forma de combatirlo es con educación”. La suya le lleva a empuñar con firmeza la fotografía y a disparar imágenes contra ese estado de cosas que, ‘como todos los días’, impera en el régimen iraní. Un audiovisual que completa la exposición sumerge al espectador en ese caminar a solas rodeado de personas. Su más famosa fotografía, de la joven con hiyab y radiocasete en el hombro, muestra al mismo tiempo las contradicciones de ese régimen a caballo entre la tradición y la modernidad.

Martín Pareja se hizo eco de esas contradicciones aludiendo a la representación de Ghadirian, “iluminando con el color zonas de un mundo que de otra manera se antojaría oscuro y usando el humor para derribar tabúes”. Las mujeres veladas y en ocasiones literalmente borradas en el contexto de la revolución iraní, llevó a pensar a la artista que tal revolución, lejos de suponer un avance, ha terminado siendo un retroceso y un confinamiento para las de su género: “Deseo continuar hablando de las mujeres porque todavía tengo mucho que decir”. Y lo seguirá haciendo sin duda a través de fotografías que aúnan estética y reflexión.

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Qajar (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Qajar (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

La marca Pinazo

Any Pinazo
Marca diseñada por Estudio Menta
Celebración del centenario de la muerte de Ignacio Pinazo

El Any Pinazo, la celebración del centenario de la muerte del pintor valenciano Ignacio Pinazo, ya ha iniciado su recorrido expositivo con la muestra ‘Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927’, en el MuVIM desde el 14 de julio al 17 de octubre. La efemérides, diseminada por toda Valencia y su provincia, se alargará durante todo 2016 y mediados de 2017 con cerca de una docena de iniciativas artísticas con el objetivo de revalorizar la importancia decisiva de Pinazo en la pintura española.

La marca diseñada para la ocasión ha sido obra de Estudio Menta, encargados de aunar el legado histórico que hereda la imagen del pintor con la contemporaneidad tanto de su obra como del planteamiento del Any. “Un proyecto cultural como el diseño de la imagen, pero con un trasfondo institucional y conmemorativo, requería de un equilibrio gráfico entre lo artístico y un lado más sobrio, que transmitiese los valores de modernidad que el Any Pinazo promovía”, valoran desde Menta. El resultado garantiza la contemporaneidad de la efemérides y supone una solución moderna combinada como una capa más para resolver cartelería y otras aplicaciones.

Any Pinazo, marca diseñada por Estudio Menta. Imagen cortesía de la organización.

Any Pinazo, marca diseñada por Estudio Menta. Imagen cortesía de la organización.

El reto de vincular la complejidad pictórica y su espíritu pionero y traerlo hasta la actualidad, llevó a hacer hincapié en su virtud como conector de disciplinas y tiempos. “La primera reflexión a la hora de crear la marca -en versión de los diseñadores de Menta- es que era un error hacer de la misma un simulacro, como ocurre con la firma de Picasso por ejemplo, ya que con Pinazo no existe un arquetipo de obra que sirviese de referente”.

“Su trayectoria -continúa diciendo- es más un discurrir, un puente entre tradición y modernidad, un vínculo que abrió las puertas de un nuevo tiempo. Así pues, haciendo una lectura de este símil del puente y de su obra desde nuestra contemporaneidad, llegamos a ese símbolo de la línea oblicua que une puntos: tradición y modernidad”.

Esa conexión está presente también en la solución tipográfica, combinando el uso de una fuente tradicional de carácter moderno (Rasmus) con una moderna de gesto manuscrito (Mériva). La imagen tendrá presencia en infinidad de formatos, desde el cartel oficial del Any Pinazo hasta sus aplicaciones en el espacio público, así como en su página web: www.anypinazo.com, obra de Nociones Unidas para reflejar la complejidad y riqueza de uno de los mejores artistas valencianos de todos los tiempos.

Any Pinazo, por Estudio Menta.

Any Pinazo, por Estudio Menta.

El color y la geometría de Pepe Blanco

Pepe Blanco. Color y Geometría
Sala Municipal de Exposiciones Lonja del Pescado
Paseo Almirante Julio Guillén Tato, s/n. Alicante

No conocí personalmente a Pepe Blanco (Alicante, 1938-2003) y no pude realizarle las muchas preguntas que me surgen sobre su obra, como, por ejemplo, qué pigmentos empleaba y cómo los mezclaba, qué preferencias tenía por determinados temas o el porqué de la elección de este o ese encuadre. Tampoco pude conversar con él, aprendiendo de sus conocimientos artísticos o intercambiando opiniones sobre temas banales que –imagino– nos unirían, como nuestro Alicante y su mar o el amor que sentía por l’illa de Tabarca, pero oí hablar de él y me habitué a ver su obra antes de conocer a su familia, por la especial vinculación personal y laboral que le unió, hasta su fallecimiento, a parte de la mía.

El camino se estaba trazando. Hace unos años, coincidí profesionalmente con Queru, la mayor de sus hijas –ella como directora y yo como subdirectora de la revista Canelobre-, y de ahí nació una inmensa amistad y cariño que se ha hecho extensivo a Rafaela, su madre, y a Julia y Paloma, sus hermanas, por lo que me siento vinculada emocionalmente a esta exposición mucho antes de que se fraguara.

Obra de Pepe Blanco.

Obra de Pepe Blanco.

Tiene su punto de partida el día siguiente a la publicación, por parte de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, de la ‘I Convocatoria pública para la presentación de proyectos expositivos en las salas municipales de exposiciones’, cuando, hablando con Queru, me dijo: “Mi madre…”. La interrumpí y le contesté: “Sí, presentamos un proyecto con la obra de tu padre”. Impulsada por su familia, hemos ido preparando esta exposición con intensas y divertidas reuniones. Comenzamos a catalogar y seleccionar obra y la idea que teníamos en mente fue tomando forma. Nuestro proyecto fue seleccionado y tenemos el honor de inaugurar las exposiciones elegidas, por primera vez en Alicante, mediante convocatoria pública y con un jurado integrado por políticos, técnicos y profesionales del sector de las artes plásticas.

La trayectoria profesional de Pepe Blanco como arquitecto está sobradamente reconocida en la provincia de Alicante, con obras tanto para particulares como para instituciones en diferentes localidades; sin embargo, su faceta artística, a pesar de tener obras tan singulares como el enorme mural del Aeropuerto de Alicante-Elche, el del desaparecido tinglado del Muelle de Poniente del Puerto de Alicante o el de la Casa de Cultura de Ibi, ha trascendido casi exclusivamente a su círculo más cercano, puesto que, aunque participó en colectivas y recibió varios premios y accésits, solo realizó muestras individuales hace más de cincuenta años, en salas de Madrid y en el Casino de Torrevieja, en 1961 y 1962. El trabajo que presentamos en su ciudad natal es inédito y destaca por su frescura y originalidad, pero, sobre todo, por su modernidad. Su avanzada visión artística hace que obras realizadas hace décadas parezcan actuales.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

José Blanco Cantó era hijo de Rafael Blanco, que, junto a su hermano Fulgencio, eran conocidos artísticamente como los Hermanos Blanco, escultores, imagineros, constructores de hogueras y hasta artesanos creadores de muñecas que han dejado una extensa producción en Alicante y que se preocuparon por fomentar la creatividad artística de Pepe Blanco desde niño.

Formado profesionalmente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, la obra de Pepe Blanco abarca prácticamente toda la segunda mitad del siglo XX. En esta antológica mostramos obras realizadas entre 1955 y 2003. Comienza su andadura artística colaborando, mientras estudiaba la carrera, con revistas universitarias a mediados de los años 50, para las que realiza dibujos con trazo firme, como algunos de los que podemos ver aquí, de su hermana Ana María, su padre o su tío Fulgencio.

También investiga y realiza obra experimental en distintas vanguardias, con estudios de descomposición en planos, próximos al cubismo, o dibujos con formas oníricas, más cercanos al surrealismo, hasta los collages abstractos o la reducción de elementos que le llevarán a la abstracción con las manchas negras realizadas con esmalte. En toda su obra podemos percibir cómo empleó sus conocimientos arquitectónicos para plasmar la perspectiva de las construcciones, de los encuadres y la descomposición planimétrica. En su trabajo predomina, por encima de todo, la línea recta, empleando diferentes técnicas como el gouache, las ceras, el grafito, los rotuladores o el acrílico, que se unen a veces en la misma obra.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Otro aspecto que también queremos dar a conocer en esta muestra es la unión del artista y el arquitecto, con imágenes de los grandes murales diseñados y producidos para instituciones y algunas maquetas de proyectos arquitectónicos en las que sobresalen la pureza de líneas y el novedoso uso de los materiales. Esa simbiosis entre arquitecto y artista le lleva a dejar su doble huella. Pueden verse sus creaciones como muralista en el zaguán de algunos de los edificios que diseñó como arquitecto. Autor también de carteles, se expone el premiado para ser la imagen de las Hogueras de San Juan de 1961, y que forma parte de los fondos del Archivo Municipal de Alicante, o el de la Semana de la Arquitectura de Alicante de 1996.

Entre las obras ejecutadas por Pepe Blanco sobresalen, en calidad y volumen, las obras inspiradas en el ámbito marinero, en los puertos pesqueros, en sus muelles, grúas de carga y barcos. Es la cara menos visitada del puerto, pero de gran atractivo para este artista que nos muestra en sus pinturas, realizadas en diferentes técnicas, composiciones y encuadres originales que representan el mundo portuario. Puertos con colores contrastados –ocres y azules, blancos, grises y naranjas o verdes– o solo en negro, formando espacios lineales, esquemáticos, en los que aúna el color y la geometría, pintados desde su visión única. Fue autor también del edificio de la nueva Lonja de la Dársena pesquera de esta ciudad, por lo que su obra está especialmente vinculada a esta sala municipal de exposiciones, Lonja del Pescado.

A través de esta muestra hemos intentado unir sus dos facetas creativas, la obra de Pepe Blanco artista y la de Pepe Blanco arquitecto, lo que demuestra, una vez más, la relación y la influencia mutuas entre todas las disciplinas artísticas. El resultado es esta reunión de sus maquetas arquitectónicas con una cuidada selección de su obra pictórica, carteles, murales, dibujos, esculturas o collages que reflejan su particular forma de ver y sentir el arte y la vida.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Pilar Tébar
Comisaria de la exposición
Vicepresidenta (Alicante) de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA)

 

Cuentos narrados en cerámica

Once upon a time… (Érase una vez)
100 años de l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises
MuVIM
C / Quevedo, 4. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

Ahora que la batalla gira en torno al libro en papel o digital, va l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises e introduce otra versión de los cuentos y relatos utilizando precisamente la cerámica como soporte. No viene a competir con lo tradicional o lo moderno, simplemente a dejar constancia del valor de la cerámica como “material para la creación artística, más allá de su carácter objetual”, subraya María José Sanz, directora de la escuela que celebra su centenario. Lo hace con una muestra de trabajos en el MuVIM, obra de ocho ceramistas que han plasmado sus inclinaciones literarias sobre material cerámico.

El clásico de Lewis Caroll Alicia en el País de las Maravillas, el cuento francés El proxeneta de las flores, Los siete pecados capitales de Clara Moltó Gisbert, y otras diversas e imaginativas aproximaciones al relato conforman el trasfondo de la exposición. Expuestos en vitrinas o a modo de instalación escenográfica, el espectador puede aproximarse a ese mundo de los cuentos sintiendo el relieve, la textura y el pálpito de objetos y personajes ideados para navegar por tan sólida cerámica.

“Como la exposición iba a estar en un museo de la ilustración pensamos que lo ideal era que tuviera que ver con ella y con la literatura”, señala Sanz. Es una muestra que viene a continuar las celebradas en La Nau de la Universitat de València, esta de carácter más didáctico, y en La Rambleta, de cerámica contemporánea. Le seguirán otras en el Museo de Cerámica González Martí (28 de abril) y en el Centro de Artesanía (10 de mayo), para seguir conmemorando los 100 años de la Escuela de Cerámica de Manises.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

En ‘Séquence narrativa’ de Sarah Maso sorprenden las tres piezas, “a modo de tebeo en tres dimensiones”, de un hombre que saboreando una taza de café se le escapa de entre las manos y cae a sus pies. Como especifica la autora en su proyecto, se trataba de ilustrar la trama característica de todo relato, con su “principio, desarrollo y final”. “Es como un cómic que en lugar de mostrarse sobre papel se hace en escultura”, explica Sanz. Porque ese es el objetivo de la exposición, “mostrar las posibilidades expresivas de la cerámica como objeto artístico desligado de su estricta funcionalidad”, precisó la directora.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Hay más soportes en forma de tazas, azucareros, teteras, cuencos, baúles, platos y vasijas, pero todos ellos están al servicio de un relato. Sofía Porcar se hace cargo de “todas esas palabras que desean salir de los libros” mediante su obra ‘Guardianes de papel’ realizada con porcelana, gres y barro. Esa misma imaginación literaria, sin que remita a relato alguno, se da en el trabajo de Aude Aliénor Martín, con sus ‘Cajas’ “alojando nuestros recuerdos”. Xema Cejudo hace lo propio en ‘Transiciones’, conjunto escultórico “pensado para la playa de Huelva, a modo de lengua de arena que entra en el mar, y que representa el ciclo del día y la noche”, comenta Sanz. Trini Roig utiliza los dibujos de su sobrina para conformar el más genérico ‘Cuento’.

Obra de Alicia Díaz en la exposición 'Once upon a time', en el MuVIM.

Obra de Alicia Díaz en la exposición ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Alicia Díaz se ocupa, valga la redundancia, de Alicia, la del País de las Maravillas. Lo hace centrando su trabajo en el capítulo 7 ‘La merienda de locos’, desplegando toda una vajilla surrealista. Patricia Vera pone el acento en los siete pecados capitales, mostrándolos mediante diversos rostros sobre cerámica. Y el gres y el collage le permiten a Myriam El Zein recrear al proxeneta de las flores del cuento francés. Once upon a time…(Érase una vez), expresión habitual para iniciar un relato, da título al conjunto expositivo. Porque también “érase una vez”, hace ya 100 años, que nació l’Escola d’Art de Ceràmica de Manises.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra 'Once upon a time', en el MuVIM.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Salva Torres

El artificio de mi autenticidad

Glory of the Artifice/Liquid Portraits, de Christto and Andrew
Galería Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 11 de marzo, a las 20.00h
Hasta el 29 de abril de 2016

“Una mañana de julio, Napoleón III envió a Madame de Castiglione dieciocho pisapapeles de Baccarat, treinta de Clichy  y cuarenta y cinco de Saint Louis, a fin de que pudiera refrescar sus manos en aquel tórrido día y que su mirada se deslizara entre las exquisitas imágenes de los jardines floridos y motivos submarinos al interior de los pisapapeles”
Colette de Jouvenal

“La centralidad del lenguaje; no sólo en nuestra poesía, sino en esas “otras” formas de poesía hacia las que la etnopoesía puede conducirnos. Por un lado, esto nos llevaría al dominio del tipo de artificio (…) central para el acto poético”
Jerome Rothenberg, Etnopoética y política/ La política de la etnopoesía, 1989

“Here is where everything happened
Ce que je voudrais raconter
Reste en pays étranger”
Christine and the Queens, Here, 2014

El deseo por poseer cosas maravillosas llevaba a Andy Warhol a acumular cajas en almacenes con objetos que no volvería a ver. Años antes la Reina Victoria, cuyas posesiones se extendían por diversos continentes, había buscado un subterfugio para este afán coleccionista; gracias al perfeccionamiento de la recién inventada técnica fotográfica, confeccionaba álbumes en los que aparecían todas y cada una de ellas. A parte del deleite de revisar estos álbumes, en caso de deterioro podría replicar todos y cada uno de estos objetos.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

No deja de ser significativo el recorrido en paralelo de la investigación en la técnica fotográfica y las transformaciones económicas de la modernidad, mientras una intentaba capturar la fugacidad, la otra proporcionaba modos para duplicar y sobreproducir, de este modo lo que debía ser fotografiado no sólo se multiplicaba en sus representaciones sino en su propia esencia. Así que, en la actualidad, no sólo hemos contado con un mayor número de imágenes reproducidas, sino que los propios objetos, incluso los lugares y personas, han sido clonados, pudiendo adquirir imitaciones de los supuestos originales.

A día de hoy podemos preguntarnos dónde está el artificio, qué lugar ocupa la imitación, la recreación de todo aquello que antes era exclusivo, cómo identificar el lujo en nuestras modernidades. Dónde reside el valor, en el objeto o en su reproducción que evidenciando la posesión del mismo. Somos así etiquetados, cartografiados, un pie de nota con nuestros nombres.

La Reina Victoria, mirando imagen tras imagen, distintas fotografías del mismo objeto, deleitándose en su modernidad. En qué se diferencia de nuestro ensimismamiento; de  nuestra percepción de una modernidad única y homogeneizadora, atravesada por los filtros de lo decolonial, en la que seguimos empleando las mismas estrategias que en el siglo XIX, contraponiendo una supuesta autenticidad como eufemismo a lo original.  Este valor de lo auténtico que desplazamos de las imágenes a los objetos, a los lugares, a las personas y a sus comportamientos, incluso a los afectivos. Es curioso cómo la Ilustración propició un desplazamiento en el lujo, tanto que nos cuesta pensar que fuese un territorio eminentemente masculino debido a la feminización que ha sufrido a lo largo de los últimos siglos, como hace patente un simple vistazo a las industrias actuales.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Y en este territorio en el que los objetos, las identidades y su representación se multiplican replicándose sobre sí mismas Christto & Andrew (b. 1985 / 1987) plantean una zona de fricción. Tanto su producción, fotográfica pero también instalativa, como su propio desarrollo, portorriqueño y sudafricano afincados en Qatar, parten de la coexistencia de numerosas modernidades, que no sólo conviven sino que coexisten en un conflicto permanente.

De este modo ‘Glory of the Artifice’ (2016-2015) y ‘Liquid Portraits’ (2015-2014) parten de estructuras tradicionales de la historia del arte, retratos y naturalezas muertas, sobre las que imponen una saturación, tanto cromática como de sentido, que genera una crisis en nuestra percepción. No en vano la sociedad occidental ha sido acusada de padecer cromofobia, sumando así una fobia más a estructuras homogenizadoras que preconiza.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Si tomamos algunas de las imágenes pertenecientes a estas series, como ‘An Unusual Request’ (2015) o ‘Collapse of Time’ (2015), veremos cómo rápidamente podemos identificar muchos de los ítems que definen nuestra sociedad contemporánea: comunicación, protección, seguridad, ostentación, raza… pero cada uno de estos elementos contienen su opuesto de una forma evidente e hiriente; está en la fragilidad del traje, en la imposibilidad de realizar la llamada, cada detalle nos habla de fracturas.

Sobreproducidos en el superhabit y en su contrario. Fluctuantes en unas identidades que siguen enmarcadas en rígidas estructuras. Ya no es necesario que evidenciemos la convivencia de alfabetos en ‘The Advance of Absoluted Knowledge’ (2014), multitud de lenguajes nos atraviesan. Puede que la mejor forma de hacerlo evidente es utilizando sus propias herramientas. Trabajando con la imagen, como hacen Christto y Andrew Weir, pero también con los dispositivos en las que se exponen. Evidenciando que esa convivencia de modernidades es tan artificiosa como los retratos con que la ilustran, dejando patente que seguimos siendo imágenes vestidas con el disfraz de nuestras identidades.

Con esos ropajes volvamos al principio, a la Condesa de Castiglione, una luchadora del artificio, intentando calmar su necesidad, de frescor, pero también de deleite, en los paisajes atrapados en pisapapeles. Puede que consigamos que el trabajo de Christto & Andrew nos produzca la misma cruel delicia en su maravilla y que así podamos extrañar el mundo, cuestionándolo, a partir de ellas.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Eduardo García Nieto

La mirada despierta de Sergio Larraín

Sergio Larraín: Vagabundeos
Organizada por el Centro José Guerrero de la Diputación de Granada y producida por
Magnum Photos
Centro José Guerrero
C / Oficios, 8. Granada
Hasta el 27 de marzo de 2016

El fotógrafo chileno Sergio Larraín (1931-2012) atravesó el universo de la fotografía como un meteorito. Su preocupación por la pureza y su atracción por la meditación lo llevaron, después de muchos viajes, a retirarse al campo chileno, donde enseñó yoga para vivir en autarquía. Desde allí escribió mucho, preocupado por la necesidad de transformar la humanidad.

La exposición abarca toda su trayectoria, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori. Sergio Larraín tenía un ojo muy vivo, desligado de toda convención. Este enfoque a la vez social y poético hace de Larraín un fotógrafo brillante y un modelo que han seguido las nuevas generaciones.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

La del vagabundeo es quizá la poética con la que el arte entró en la modernidad. Baudelaire y Benjamin valoraron en ella la observación atenta y cabal de la ciudad, la confluencia de los ritmos urbanos y el cuerpo del paseante (la mirada alerta, la escucha). También Sergio Larrain elogió (y eligió) esa actitud. Fue fotógrafo por el placer del vagabundeo, por el deseo profundo de estar en el mundo y por la pureza del gesto. Y sin embargo, pasó gran parte de su vida retirado, practicando yoga y meditación, escribiendo y dibujando. Entre esos dos extremos brilla la estela de su paso por el mundo, intensa como la de una estrella fugaz.

Hijo de una familia de la alta burguesía chilena, Sergio Larrain (1931-2012) se alejó muy pronto del ambiente mundano que se respiraba en casa de su padre, conocido arquitecto y coleccionista de arte. A pesar de las difíciles relaciones que mantuvo con él, llegó a reconocer que gracias a la nutrida biblioteca familiar pudo educar su mirada y acceder a la fotografía.

Tras comenzar los estudios en Estados Unidos, viajó por Europa con su familia. A su regreso a Chile en 1951, se aisló durante una temporada y se inició en la meditación. En Norteamérica había comprado una Leica, y comenzó a hacer fotografías al tiempo que frecuentaba asiduamente el animado ambiente artístico de Santiago. En 1954, deseoso de obtener una opinión sobre su trabajo, envió un portfolio al MoMA de Nueva York y Steichen le compró algunas fotografías, lo que le reafirmó en su deseo de ser fotógrafo.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Trabajó como free-lance para la revista brasileña O Cruzeiro, viajó por América del Sur y más tarde recibió una beca del British Council para hacer fotografías en Londres, donde residió durante el invierno de 1958-1959. Con ocasión de este viaje a Europa se hizo realidad su deseo de entrar en Magnum: mostró a Henri Cartier-Bresson su trabajo sobre los niños abandonados de Santiago y fue aceptado en la prestigiosa agencia. Se instaló, pues, en París durante una temporada, lugar desde donde partiría para realizar numerosos reportajes de prensa.

Muy pronto comprendió que ese mundo apresurado no era para él y volvió a Chile. Allí culminó su principal trabajo, sobre Valparaíso, junto a Pablo Neruda, antes de volver a la meditación, al yoga y al dibujo. A partir de entonces vivió en un aislamiento voluntario, durante el que mantuvo correspondencia con numerosos amigos, obsesionado con la idea de salvar al planeta de los estragos causados por el hombre. Pasó los últimos treinta años de su vida en Tulahuén, en el norte de Chile.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Esta exposición, comisariada por Agnès Sire, abarca toda la trayectoria de Sergio Larraín, fotógrafo cuya mirada despierta, desligada de toda convención, y cuyo enfoque a la vez social y poético hicieron de él un brillante referente para generaciones posteriores. En las salas del Centro José Guerrero se distribuye su obra en distintas secciones, con un arco cronológico que va de 1954 a 1977, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori.

En la planta baja se muestran las series Isla de Chiloé (1954-1963) y Niños abandonados (1955-1963), a la que acompaña el corto Niños del río Mapocho. La primera planta acoge las series tituladas Bolivia, Perú, Buenos Aires, París y Londres (1958-1975). En la segunda planta se exhiben las obras de las series Italia, Valparaíso y Santiago (1959-1977), además de una muestra de los satori y dibujos de su última época y libros, catálogos y revistas que recogen su obra, así como algunos tirajes originales.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

 

El MuVIM, contra el pensamiento único

Presentación de los nuevos directores del MuVIM y Museu d’Etnologia
Rafael Company y Francesc Tamarit
Diputación de Valencia

Xavier Rius, diputado de Cultura, presentó a los nuevos directores del MuVIM y Museu d’Etnologia, Rafael Company y Francesc Tamarit, respectivamente, como “personas de la casa”. Sus predecesores en el cargo, Francisco Molina y Joan Gregori, también lo eran. Al menos así fueron presentados en su momento. ¿La diferencia? Que ahora, según se desprendió de las palabras de Rius, los directores gozarían de total independencia, libres de las injerencias políticas habidas en muchos casos hasta la fecha. Rafael Company, al tomar la palabra, fue más lejos al señalar que el MuVIM impulsará el debate social, pudiendo incluso “resultar una entidad incómoda para los abanderados del pensamiento único”.

Rafael Company, director del MuVIM. Foto: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Rafael Company, director del MuVIM. Foto: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Company, que fue quien dirigió el MuVIM en su nacimiento hace ya 14 años, pretende volver a los orígenes de un museo caracterizado por la exposición de obra gráfica, carteles y fotografías precisamente enmarcadas en la Ilustración y la Modernidad de la que hace gala el nombre de la institución museística. De esta forma, Company, que fuera alumno aventajado de Román de la Calle, su sucesor en el cargo en aquellos tempranos días del MuVIM, parece igualmente querer recuperar lo que tantas veces promovió su mentor: que no hubiera exposición, sin reflexión.

Francesc Tamarit, director del Museu d'Etnologia. Foto de Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Francesc Tamarit, director del Museu d’Etnologia. Foto de Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Francesc Tamarit viene a reemplazar a Joan Gregori, quien a su vez reemplazó hace bien poco a Joan Seguí, al frente del Museu d’Etnologia. En este caso, navegará por aguas menos turbulentas que las del MuVIM, por cuanto Seguí ha gozado durante los ochos años que ha dirigido el museo de un reconocimiento al que se sumó el propio Tamarit. De hecho, desembarca con la idea de seguir interpretando la cultura popular valenciana, al tiempo que se profundiza en el estudio de sus valores vigentes. Puso un ejemplo: el planteamiento de una exposición acerca de si nuestros antepasados eran más ecologistas que los ciudadanos actuales.

Xavier Rius quiso dejar claro que la dirección de ambos museos estaba ahora en manos de “profesionales con experiencia” y, sin duda, “personas de la casa”. Y lo justificó diciendo: “No podemos buscar fuera lo que tenemos dentro”. Sobre todo después de responder a la pregunta de por qué no se han sacado ambas plazas a concurso público, alegando que la Diputación de Valencia no puede hacerlo porque “la tasa de reposición impuesta por el Gobierno central es cero”.

La presentación de Company y Tamarit vino acompañada de cierta declaración de intenciones acerca de la “transversalidad” entre los distintos organismos culturales de la Diputación, de “recuperar la valencianidad”, así como “redescubrir el riquísimo patrimonio artístico de la Diputación de Valencia”. También José Miguel Cortés, director del IVAM, apostó al tomar el cargo en sustitución de Consuelo Císcar por potenciar el valioso patrimonio artístico con el que cuenta el museo valenciano de arte moderno. La necesidad, por aquello de la crisis económica y, sin duda, de la propia convicción en lo que se tiene, transformándose en virtud.

De la exposición permanente ‘La aventura del pensamiento’, auténtica joya del MuVIM impulsada originariamente por quien ahora vuelve a tomar las riendas del museo, dijo Company que se abrirá “a la mayor brevedad posible”. Problemas derivados de la licitación pública destinada a renovar sus contenidos, han obligado a mantenerla cerrada más allá del tiempo previsto.

De izquierda a derecha, Rafael Company, Maria Josep Amigó, Xavier Rius y Francesc Tamarit.

De izquierda a derecha, Rafael Company (MuVIM), Maria Josep Amigó, vicepresidenta de la Diputación de Valencia, Xavier Rius, diputado de Cultura, y Francesc Tamarit (Etnologia).

Salva Torres

Melancolía, de Valladolid a Valencia y Palma

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro
Museo Nacional de Escultura
Palacio de Villena
C / Escaleras de San Gregorio, 1. Valladolid
Hasta el 12 de octubre de 2015

La melancolía puede ser devastadora o germen creativo. Es más, si no fuera por la creatividad a que da pie, en el mejor de los casos, la constatación de sentirnos mortales o cuando menos imperfectos, esa melancolía avanzaría letal en busca del abismo al que nos convoca. El director danés Lars von Trier se ha hecho cargo de ella en la película precisamente titulada Melancolía (2011). Y el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hace lo propio mediante una espléndida exposición: Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro.

Vista de la entrada a la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de la entrada a la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Y es que la melancolía, que la muestra focaliza entre el tardío Renacimiento y el Barroco, se extiende a nuestros días y se retrotrae a tiempos lejanos. “Su nombre se remonta al siglo V a.c. –tratados hipocráticos- y dura hasta hoy”, se explica en el catálogo de la exposición. Un verso de Quevedo, intercalado entre las más de 60 piezas que integran el recorrido, ofrece plausible explicación de su alargada influencia: “No hay día que pase por ti que no vaya sacando tierra de tu sepultura”.

Fernando Colina, en su texto ‘Melancolía universal, melancolía particular’, apunta cómo unos la despreciaron –Cicerón y Séneca-, otros se refugiaron en ella, mientras otros la temían. Desprecio que en la propia exposición manifiesta Santa Teresa cuando dice: “No hay otro remedio para él [el aquejado de melancolía] si no es sujetarlo por todas las vías y maneras que pudieren; si no bastaren palabras, sean castigos (…) si no bastara un mes de tenerlos encarcelados, sean cuatro, que  no pueden hacer mayor bien a su alma”.

Dos de las piezas expuestas en 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Dos de las piezas expuestas en ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Quienes se refugiaron en ella fueron los monjes en la Edad Media, cuya acedía o tristeza los tentaba al recogimiento, sufriendo los embates de la melancolía particular que Hipócrates define como “el miedo o la tristeza que duran mucho tiempo”. Y quienes la temían, quién sabe si al descubrir lo que Diderot proclamara de ella (“la melancolía es el sentimiento habitual de nuestra imperfección”), tomaron dos direcciones subrayadas por Colina: “Tan melancólicos son los signos explícitos de tristeza como las reacciones de defensa contra ella, que la cubren de una máscara de actividad, contento y ligereza”.

Lo que el Museo Nacional de Escultura de Valladolid muestra, antes de que lo hagan Valencia y después Palma de Mallorca, es una serie de obras de maestros como José de Ribera, Durero, Berrugete, Velázquez, Rubens, Antonio de Pereda o Diego Bejarano, en las que se reflejan la tensión de tan penetrante bilis negra en conflicto con la pujante razón. Rostros a punto de desfallecer o buscando con la mirada esa luz exterior que les sustraiga del abatimiento; luz procedente del conocimiento, ya sea éste ilustrado o sacralizado. Naturalezas muertas, objetos quebrados, calaveras que simbolizan el fatal destino que nos aguarda.

Vista de una de las salas de la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de una de las salas de la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Tiempos de melancolía, comisariada por María Bolaños y producida por Obra Social La Caixa, recoge lo que Colina llama el “escalón en el desarrollo del sujeto” o “nacimiento de la identidad personal”. Identidad dividida entre la totalidad de la que procedemos (cuerpo materno y su proyección como naturaleza entera) y la difícil asunción de su pérdida. Miradas, pues, extasiadas por alcanzar esa totalidad fascinante, al tiempo que deprimidas fruto del desconcierto que provoca su halo fantasmal. Hay cristos desolados como hay pensadores hurgando en las entrañas de esa melancolía, ya sea para hundirse en ella o para emerger de sus tinieblas con el rostro iluminado tras experimentar y asumir el dolor de tanta pérdida.

Pinturas, esculturas, dibujos y grabados procedentes de diferentes museos e instituciones, a través de los cuales percibimos esa melancolía centrada en el Siglo de Oro pero que sin duda llega hasta nuestros días. Porque la melancolía, he ahí su pertinaz razón de ser, nos convoca a la experiencia de la mortalidad. Experiencia que atraviesa el tiempo y nos atraviesa como sujetos habitados por esa conciencia de muerte.

'Tiempos de melancolía. Desencanto en la España del Siglo de Oro'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Detalle de la Sibila, de José de Ribera, en ‘Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Salva Torres

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles