La mayor intimidad de World Press Photo

World Press Photo Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 13 de marzo de 2016

La fotografía ganadora del último World Press Photo es “poco común”. Lo dijo Paul Ruseler, representante de la organización que desde 1955 celebra el famoso concurso, explicando enseguida el por qué: “Generalmente las imágenes premiadas reflejan conflictos y esta no lo hace”. Lo que hace Mads Nissen, el fotógrafo galardonado, es recoger un momento íntimo de la vida de Jon y Alex, una pareja gay en San Petersburgo, donde la homosexualidad está discriminada legal y socialmente. Esa imagen “pura” contrasta, según Ruseler, “con la violencia contra el colectivo gay en Rusia”.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Las 140 fotografías, divididas en nueve categorías, que ocupan la Fundación Chirivella Soriano, con declinarse más hacia esa intimidad, no dejan de reflejar la violencia de la que huye la imagen ganadora. Violencia más tamizada, pero muy presente en el conjunto expositivo. El drama de los refugiados, con esa patera rebosante de inmigrantes que fotografía Massimo Sestini; los enfrentamientos en Kiev, con decenas de muertos (imagen de Jérôme Sessini), o la guerra entre palestinos e israelíes tomada por Tyler Hicks en una playa de Gaza, son expresiones elocuentes de esa violencia o crudeza que contrasta con la instantánea de Nissen.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Como recordó Ruseler, World Press Photo ha estrenado código ético, implantado a la edición de 2016, con el fin de poner ciertos límites a la manipulación de las fotografías, tal y como ocurrió con la ganadora de 2013 obra de Paul Hansen. Aún así, la línea roja sigue siendo cosa del jurado que, en esta ocasión, tuvo que elegir entre las casi 100.000 presentadas. “No es un muro técnico, ni una regla de exclusión”, explicó Ruseler en relación con ese código ético. De hecho, la fotografía de Mads Nissen, al reflejar la intimidad de Jon y Alex de forma tan escenográfica, ya corre el riesgo de parecer impostada. De nuevo Ruseler: “El jurado llamó al fotógrafo para preguntarle por las condiciones a la hora de hacer ese trabajo”.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

De lo que no cabe duda es que World Press Photo, bajo la organización de Doctornopo, se consolida en Valencia al repetir por cuarto año en la Fundación Chirivella Soriano y haber cerrado un acuerdo por otros dos años. El Ayuntamiento de Valencia, más implicado, Banco Sabadell y Heineken España sostienen el proyecto. “La pasada edición recibió a más de 7.000 visitantes”, destacó Pablo Brezo, director de un evento que transmite en las visitas guiadas gran parte de su espíritu. “Queremos que el ciudadano traspase lo que hay en la imagen, que adopte una posición crítica”, señaló Brezo.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

La intención es precisamente dar ese salto de la imagen espectacular, impactante, propia de la sociedad de consumo, a esa otra más reflexiva y analítica por la que aboga Doctornopo. Noticias de actualidad, temas o reportajes contemporáneos, proyectos, vida cotidiana, retratos, naturaleza o deportes reflejan ese amplio caleidoscopio del fotoperiodismo a nivel mundial. Fotógrafos de 131 países, ninguno español (“aunque se han presentado 181”, subrayó Ruseler), están representados en la exposición que permanecerá hasta el 13 de marzo en el Palau Joan de Valeriola. Sólo Carlos Spottorno, pero en la categoría de Corto Documental Online, ha sido galardonado con el tercer premio.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Ruseler, entre esas imágenes alejadas de la crudeza y más próximas al relato humano, destacó la de Messi, obra de Bao Tailiang, en la que el jugador argentino observa meditabundo la Copa del Mundo que perdió ante Alemania en 2014. También los ‘Efectos secundarios’ de Kacper Kowalski captan con sutileza la relación entre los seres humanos y la naturaleza vista desde un parapente a unos 150 metros de altura. Y, como novedad, la reproducción de la fotografía ganadora mediante la técnica Didú de Estudios Durero, para que pueda ser disfrutada por personas con discapacidad visual. Más poética, más sensible, más íntima: así aterriza la 61 edición de World Press Photo en Valencia.

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Salva Torres

Chuck, el profeta del rock ‘n’ roll

Chuck, el profeta del rock ‘n’ roll.

Estaba cantado y eso que no había sido vaticinado por ningún iluminado vidente con supuestas facultades paranormales. Los indicios eran claros y precisos. Superar el “Temple beautiful” (comentado aquí) del 2012 era prácticamente imposible. Aquel disco donde CHUCK PROPHET homenajeó a su ciudad natal, a San Francisco, ha quedado para la historia como palabras mayores, mayúsculas, subrayadas en negrita o en fluorescente. Y digo mayores por decir algo ya que, con carácter subjetivo, considero ese disco como una de las tres obras musicales más interesantes de lo que llevamos de década 10.

Tampoco creo que sea un lumbreras por predecir otros hechos futuros rebosantes de lógica. Y es que otro detalle en el que los suficientes no andábamos mal encaminados era en sospechar que el nuevo trabajo del californiano iba a ser de traca. Su estado de forma podría ser comparable al de Messi o Ronaldo en el fútbol de los últimos años. Chuck Prophet juega en otra liga aunque no se le reconozca como tal por la mayoría. Su trayectoria lo avala, es un valor seguro con un permanente estado de gracia donde el desperdicio brilla por su ausencia. Y además “Wish me Luck” como adelanto resultaba una pista ilusionante.

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Por tanto aquí el único que merece cualquier muestra de elogio es el que se apellida “profeta” porque él nos guía y nos indica el buen camino a algunos, algo así como pudiera sucederle a otros en el pasado con Noé, Elías, Jeremías, Abraham, Mahoma,… Y el buen camino, la senda está en mantener el tipo y seguir la misma dirección con el nivel que acostumbra, algo que ha vuelto a conseguir con “Night surfer”, un disco urbano donde permanece la influencia de una ciudad como San Francisco, donde incide en las virtudes de esa línea dibujada en el tiempo desde los Green on Red y donde cuenta con la ayuda como invitado especial de Peter Buck, el que fuera guitarrista de REM. En definitiva un disco de guitarras que suena moderno y clásico al mismo tiempo, con lo que eso conlleva, en el que Chuck Prophet estira con maestría su estilo y sus virtudes por decimotercera vez.

“Night surfer” me gusta por muchos motivos, entre ellos porque en el trasfondo plantea dudas del porvenir mezclando optimismo y cabreo pero sobre todo porque posee nervio y lo transmite con una actitud y energía que canaliza el estrés con el que se convive a diario en las metrópolis. El título del disco tiene también su justificación y es que según contaba en una entrevista «surfeaba por las noches cuando era un crío, bajo las luces del paseo de Huntintong Pier cerca de Los Angeles, ya que de día estaba demasiado saturado de gente».

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A nivel musical se podría generalizar que debajo de las capas de guitarras hay una sección acústica que, junto a una base rítmica aparentemente sencilla, es la que cede el protagonismo a sólidos riffs de guitarra, a sorprendentes líneas de teclado o a instrumentos de cuerdas que en ningún momento resultan cargantes.

Una explosiva “Countrified inner city technological man” de tendencias rollingstonianas sirve para abrir fuego dentro de una inclinación o querencia que hallará la mejor rúbrica después, con “Felony glamour”.

La antes mencionada “Wish me Luck”, entre pegadiza y melódicamente rocanrolera, me sirve una vez más para pensar que donde más brilla Chuck Prophet es a la hora de utilizar las influencias de un clásico de finales de los ochenta como era Ben Vaughn, entre el eclecticismo, la ironía y el humor, algo que se ratifica en las formas de medios tiempos como “Guilty as a Saint”, en baladas como “Truth will out (ballad of Melissa and Remy)” o “If i was a baby” (versión de un tema del 2008 de Ezra Furman & The Harpoons) con sus vibrantes arreglos de violín acompañantes, o en el desparpajo de “Tell me anything (turn to gold)” que se complementa con una vertiente más folk-rocanrolera en “Ford Econoline”, homenaje a la mítica furgoneta o compacto monovolumen que surgió en los años sesenta y usado en muchos casos como vehículo comercial o de carga.

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Por su parte, el protagonismo relajado de las acústicas en “They don’t know about me and you” deriva en un in crescendo intenso de guitarras mientras que “Lonely desolation” es pegadiza y adictiva gracias a los cambios de modulación vocal del gran Chuck, acaso powerpoperamente hablando enraizada con la «Gran Estrella» de Alex Chilton.

Y llegamos a “Laughing on the inside”, mención especial para este épico temazo de tomo y lomo que sorprende a propios y extraños por devolver la esencia de los brillantes y menos empalagosos teclados ochenteros y que me recuerdan por momentos fugaces a episodios de Laurence Tolhurst con The Cure. El disco se cierra con otra sorpresa sónica, “Love is the only thing”, himno con un riff de guitarra glam-rockero que invita a tararear el estribillo de la canción junto al «Profeta».

“Night surfer” crea adicción. Como leí hace poco más o menos a my mestrefriend Chals nos quedan héroes del rock, mal que les pese a algunos, eso de que el rock ha muerto son pamplinas, solamente hay que levantarse del sofá y buscarlo. El Profeta del rock ‘n’ roll otra vez lo ha conseguido. Grande.

JJ Mestre

http://woody-jagger.blogspot.com/