Festival La Cabina, tras la digestión

Hace algunas semanas tuve la suerte de coincidir con Carlos Madrid, director de La Cabina. Fue un encuentro casual, ambos asistíamos a una fiesta organizada por el Festival Catacumba en Godella. Durante horas estuvimos hablando del festival, de su trabajo interno, de la perseverancia para que siguiera vivo y del amor que profesaba Carlos por él. Me encontré en la charla con alguien cercano, ducho en cine y en publicidad, alguien que sabe el terreno que pisa, porque lleva ocho años en él y su crecimiento escalonado le ha dado esa seguridad. Quedaban pocos días para el festival y sus ojos denotaban impaciencia por ver realizado lo que ya existía sobre el papel.

Unos días después comenzaba el único festival de mediometrajes del mundo. El día de la inauguración estaba llena la filmoteca, no sólo se presentaba el festival, sino que también se iba a proyectar una de las películas de la sección especial, “Superman no es judío (…y yo, un poco)” del director francés Jimmy Bemon. Para el inicio de tan importante evento el realizador acudió, después de sufrir un cólico (con lo doloroso que es), para compartir con nosotros algunos secretos del film. Y con ese mediometraje, medio sátira medio serio, sobre la situación de los judíos en Francia y su religión, daba comienzo un festival que le debe su nombre, La Cabina, al mediometraje de Antonio Mercero de 1973. Un nombre muy bien escogido, porque a media España le hizo temblar de miedo una película que se salía de los convencionalismos ya desde su propia duración. El festival bebe mayoritariamente del país vecino, debido al apoyo gubernamental y de público que tiene, y es que Francia aportaba hasta 7 mediometrajes. España tampoco se quedaba atrás, y aunque todos sabemos que las cosas por aquí no son fáciles para los cineastas, y en éste formato mucho menos (en un momento en el que el cortometraje está viviendo su segunda o tercera juventud), con dos producciones propias y una coproducción. Carlos Madrid y sus huestes no sólo programaron una semana de intenso cine, sino que quisieron dotar a la experiencia del festival de una programación paralela llena de recovecos imposibles, de guiños a la experimentación y de laboratorios de ideas geniales. La sección Amalgama, era eso, un nutrido conjunto de extrañeces, de raras avis audiovisuales estimulantes y difícilmente exhibibles en festivales menos aventureros, con formatos como video-arte, documental creativo o cine experimental. En ella vimos, entre otros, “Ivan Z”, “Dime quién era Sanchicorra” o el documental “El Gran Vuelo” de Carolina Astudillo. Un acierto fue el de la sección La Cabina Inèdits, donde se rescataban mediometrajes de directores bien consagrados, tales como Fellini con “Fellini: a director’s  note book” o “La Era de Nandú” de Carlos Sorín.

Pero lo que realmente me interesaba era comprobar el buen estado de salud del formato, porque el festival es el único evento así, de esas proporciones, en el mundo. Y he de reconocer que el diagnóstico es muy bueno visto lo visto. La Cabina quería éste año ser políticamente incorrecta, romper absurdos tabúes, y por qué no, llegar a otro tipo de público, y así, con valentía (a veces para proyectar películas que han despertado ciertas corrientes de opinión hay que ser valiente) exhibieron “Interior: Leather Bar” de James Franco y Travis Mathews. En éste incisivo y explícito mediometrajes los directores querían imaginar cómo eran los 40 minutos perdidos de la películas “A  la Caza”, (“Cruising”, 1980) y para ello desafían a los que estamos delante de la pantalla, ¿por qué le produce pudor al espectador ver el amor o el sexo entre personas del mismo sexo?, ¿por qué nos hace sentir incómodos? La obra es interesante como ejercicio de metacine y de reflexión sobre la moral, pero poco más. Otro de los aciertos de los programadores ha sido en esta edición, la de incluir el celebérrimo medio “Kung Fury” de David Sandberg. Un mediometraje divertido, lleno de reminiscencias al cine de serie b americano. Un éxito sin paragón en la red, y por descontado en el mundo del mediometraje, con lo cual debía estar en el festival, ¿cómo no va  estar el mediometaje más visto de Internet en el festival más importante de mediometrajes del mundo? Con estos trabajos el festival abre sus brazos a diferentes géneros, algo que se agradece, pues no acota el evento a unos pocos géneros, otra cosa es que la producción de éste tipo de trabajos sea alta o baja.

Durante unos días no podía quitarme de la cabeza la interpretación de Simon Schwartz y de la pequeña Julia Pointner, del fantástico mediometraje “Todo irá bien” de Patrick Vollrath. Sin duda de lo mejor que ha pasado por la filmoteca en esta edición. El drama de “Terremere”, con la presentación de su director Aliou Sow, nos dejó sorprendidos, yo lo vi el viernes, misma noche de los atentados en Francia.

A la sala no dejaba de entrar gente: jóvenes, mayores, novios, amigos… el festival era un hervidero todo el rato, incluso en la proyección de “Terremere” a las 10 pm de un viernes, donde el público aplaudió sin parar. “¿En tu casa?” del Sylvia Borges, me pareció una delicia, llena de momentos hilarantes, y de esos primeros cosquilleos en el estómago al despuntar los sentimientos de amor. Por último, aunque vi unas pocas más, “Nocebo”, que me recordó a cualquier película de acción, rápida, llena de matices, con una trama que por más que fuera poco original rezumaba dinamismo, con una música muy buena. ¿Quién dijo que en los mediometrajes solo cabe el drama? No podemos olvidar las cifras en las que se movía éste año el festival, y que parece que el Ayuntamiento se ha comprometido en mejorar, que transformaban al evento en una continua carrera de obstáculos. Con 15.500 euros, que fue el presupuesto que nos dijo Carlos Madrid en la presentación, ha conseguido llevar a cabo un festival a la altura de los más prestigiosos, esos que solo con el nombre ya consiguen patrocinadores, subvenciones y televisiones a su alrededor.

Pero todo lo bueno llega a su fin, y éste festival, quizás de los mejores de la Comunidad, tenían que cerrar la persiana para trabajar en el próximo. La NAU fue el lugar elegido para la clausura, en ella pudimos ver la película  ganadora de la sección Amalgama, la del premio del público y la de Mejor Mediometraje. Recordándonos que el mediometraje no es medio largo ni un poco más que un corto, es un formato con entidad, con personalidad, y tal vez festivales como éste demuestran que es necesario abrir más los ojos a otros formatos, porque, ¿para qué alargar una historia con paja o para qué meter subtramas sin sentido y carentes de coherencia, si se pueden hacer con su duración adecuada? Sin más. ¡Viva el mediometraje!

Palmarés

Dirección, Jean-Guilaume Sonnier por “Petit Homme”.

Guión, Lander Camarero, Nizar Rawi y Mohammed Rohaima por “A serious Comedy”

Actor, Simon Schwartz por “Todo irá bien”

Actriz: Malin Crèpin, “Lulu”

Fotografía, Jan-Marcello Kahl, por “Nocebo”

Música, Philippe Langlois, por “Lobos Solitarios en modo Pasivo” y G.J. Echternkamp, Morgan Kibby y Eben Smith, por “Para los que siempre es complicado”

Premio público: “Terremere” de Aliou Sow

Mejor Mediometraje: ‘Teenland’, de Maria Gratho Sorensen

Mención Especial: “Interior: Leather Bar” de James Franco y Travis Mathews

Premio Sección Amalgama: “El Gran Vuelo” de Carolina Astudillo

Mención especial: ‘Dime quién era Sanchicorrota’, de Jorge Tur Moltó

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Javier Caro

Sunny, la inversión de los roles

La cabina. VII Festival Internacional de Mediometrajes. Valencia

Definir Sunny como retrato de una paternidad temprana en un contexto cercano a la exclusión social resulta demasiado simple. Sin duda, Sunny podría formar parte de esa larga nómina de películas volcadas en el compromiso social donde los personajes resultan adolescentes marginales sin esperanzas; sin embargo, su planteamiento aún alcanza otras cotas. Únicamente treinta minutos le bastan a la alemana Barbara Ott para criticar un sistema de posos patriarcales ya caducos, unas condiciones laborales incompatibles con la vida familiar y una sociedad plagada de prejuicios en donde las segundas oportunidades parecen quimera.

Hajo aún no ha cumplido los veinte años. Se advierte en él una existencia azarosa con raíces de complicada poda. No sin desgana, dedica sus días al cuidado del pequeño Sunny mientras es su novia quien trabaja y mantiene a la familia. La reciente paternidad y la inversión de los roles tradicionales alimentan en él una frustración que se expresa de modo violento. Sin embargo, su agresividad −en absoluto indiscriminada y sí focalizada en la amenaza externa− es fruto de su instinto animal de supervivencia y defensa del clan familiar. El origen de su conflicto reside en la colisión entre la realidad y unas expectativas ya sin validez. Aquel hombre que le dijeron que debiera ser se ha esfumado y a Hajo no le queda sino redefinirse.

Ott revisa con solvencia los conceptos de maternidad y paternidad además de la tensa relación de éstos con el mundo laboral, ofreciendo un mediometraje que parte de mínimos para descubrir la gran verdad de sus protagonistas. Los pensamientos y sentimientos de Hajo –tan magistralmente interpretado por Vincent Krüger− afloran ante la cámara sin necesidad de extensos diálogos ni grandilocuencias. Alguien relacionó Sunny con la última de los Dardenne, bien pudiera estar en lo cierto.

Sunny MAKMA

Tere Cabello

«La política de Wert es de las más nefastas»

Desayunos Makma en Lotelito
Con Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina
Filmoteca de Valencia, La Nau de la Universitat de València e Institut Français
Del 6 al 16 de noviembre, 2014
Entrevista realizada por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Carlos Madrid no necesita alzar mucho la voz para decir cosas que transmiten la seguridad de quien confía ciegamente en lo que hace. “Si se cierra una puerta, siempre puede abrirse otra”. Él, como sus admirados directores de mediometrajes, posee la valentía de cuantos se dedican a sacar adelante proyectos casi imposibles, teniendo en cuenta el país en que vivimos. Un país cuyo ministro de Educación¿?, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, aprobó la subida del IVA cultural al 21%, y a quien Jordi Savall envió una dura carta de renuncia al Premio Nacional de Música 2014, “en defensa de la dignidad de los artistas”.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“La política de Wert es de las más nefastas”, subraya Carlos Madrid, en sintonía con la dura crítica de Savall. En este sentido dice que “cualquier protesta estará bien”. Aún así, el director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina sigue a lo suyo: que es abrir puertas allí donde suenan con más fuerza los portazos. Menos mal que la Universitat de València y la Filmoteca de CulturArts, o lo que es lo mismo, Antonio Ariño y José Luis Moreno, han visto el diamante en bruto que supone contar en Valencia con un festival único en su especialidad, y lo apoyan para que se consolide incluso en tiempos precarios.

“Hacer un mediometraje es un acto de valentía”

Y el caso es que, como dice Carlos Madrid, los mediometrajes “se ven más de lo que pensamos”. Se refiere al impacto actual de la series de televisión, cuya duración “es similar a la del mediometraje”. Hasta ahí el paralelismo en cuanto al formato, porque luego las series y las películas de entre 30 y 60 minutos van por caminos distintos. “Hacer un mediometraje es un acto de valentía, porque no hay canales de distribución y exhibición que permitan mostrar esas obras al público”. Por eso admira a los cineastas que se dedican a expresar lo que sienten, a través del mediometraje.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Como admira las políticas culturales que se hacen en Francia, donde existe “mucha producción y mucha distribución”, y donde la televisión juega un papel importante “exhibiendo sus mediometrajes”. “Los franceses pagan 50 céntimos por cada entrada de cine, que luego se destina a la producción de películas”, destaca Madrid. En España, ni siquiera se reconoce al mediometraje, aplastado entre el corto y el largo dentro de la industria de cine español. “Poco a poco hemos logrado que, al menos, la gente sepa que nuestro festival está dedicado al mediometraje, no al corto”.

“Hay que propiciar políticas de visibilidad de nuestro cine”

La secuencia sería la siguiente: realización de obras en ese formato, su distribución y exhibición, para lo cual un festival como La Cabina es fundamental y, lógicamente, “que la gente vaya a verlas”. Por eso Carlos Madrid piensa que las instituciones no deberían limitarse a dar el dinero y salir corriendo, sino a “propiciar políticas que permitan la visibilidad de esas películas mediante carteles por toda la ciudad”. Y pone el ejemplo de ‘Magical girl’, de Carlos Vermut, premiada en San Sebastián, y cuya promoción publicitaria posterior ha sido prácticamente nula.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Echo en falta una mayor profesionalización del sector, porque hay proyectos que pueden mejorar si contáramos con buenos profesionales”. En su caso, como recordó en rueda de prensa el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, esa profesionalización está fuera de toda duda. Aún así, él insiste en esa mayor capacitación para obtener los mejores resultados. La Cabina, desde luego, está en esa franca progresión. “A nivel de público, el año pasado superamos los 3.000 espectadores, una cifra que nos parece muy satisfactoria”. El presupuesto, alrededor de 12.000€, también ha mejorado con respecto a la pasada edición, aunque se halle lejos de los 48.000€ estimados de “coste real”.

De izquierda a derecha, Gonzalo de Zárate, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Carlos Madrid y Vicente Chambó, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

De izquierda a derecha, Gonzalo de Zárate, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Carlos Madrid y Vicente Chambó, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

En cuanto a la programación de esta séptima edición, Carlos Madrid destaca la “nueva hornada de cineastas polacos”, con un cine de “humor socarrón, fresco, irónico”, además de la abundante presencia francesa. Que haya más de unos países u otros depende única y exclusivamente de la calidad de las películas. “No buscamos determinado tipo de mediometrajes, sino que se impone la calidad, de ahí que tampoco hayamos querido mostrar cierto fatalismo, porque eso es algo que descubres después de la selección”.

Además de la novedad de proyectar las 24 películas a concurso en la Filmoteca, por primera vez después de haberlo hecho tres años en el MuVIM y tres más en el IVAM, La Cabina estrena sección en el Instituto Francés: Mediometrajes Panorama Francés, donde tres cineastas dialogarán acerca de sus respectivos trabajos. A futuro, Carlos Madrid piensa en “añadir mediometrajes de carácter documental y experimental” y, si el presupuesto lo permite, “traer más directores y aumentar la dotación de premios”.

Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Fotografía: Gala Font de Mora.

Salva Torres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Cabina 2013: La Comedia Humana (II)

Como si de una señal de buen augurio se tratase, siete fueron los mediometrajes premiados. Sin embargo, La Cabina ofreció quince películas más igualmente merecedoras de galardón. A continuación, las repasamos brevemente.

El discurso que Carlos Madrid, director del festival, leyó la noche de la inauguración expuso la situación de ostracismo a la que muchas producciones cinematográficas se ven abocadas por culpa de un metraje no ajustado a la norma. Tal circunstancia justifica la existencia de La Cabina, un festival nacido para dar cabida a películas con duración diferente a la estándar de un corto o un largometraje. Un ejemplo fue Los galgos (2011), trabajo final para la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de Madrid (ECAM) del valenciano Gabriel Azorín, quien hubo de abreviar su cinta para el visionado en diferentes certámenes dedicados al corto. La película cuenta la historia de tres amigos que tras una noche de ebriedad, deciden cazar al amanecer con la ayuda de unos galgos. Cuando sucede un hecho crucial, dos de los personajes se verán obligados a tomar una serie de decisiones en absoluto fáciles. De lectura abierta, Azorín sostiene que su mediometraje se trata de un alegato político y una llamada a la revolución, si bien existen otros muchos significados que aguardan a ser descubiertos por el espectador.

Fotograma del mediometraje Los Galgos de Gabriel Azorín

Fotograma del mediometraje Los Galgos (2011) de Gabriel Azorín

La teoría de Korso (Korsoteoria, Antti Heikki Pesonen, 2012) fue la ácida comedia que inauguró el festival. En palabras de su director, quien vivió en el deprimido barrio de Korso de Helsinki, se trata de una historia pesimista en absoluto ajena a aquel vecindario, si bien mudada en clave cómica para aliviar la negatividad. Elli es una treinteañera de fuerte carácter que trabaja en una gran nave industrial. Fuma, bebe, escupe y en ocasiones roba para poder pagarse el viaje de sus sueños fuera de Korso. Sin embargo, el encuentro casual con el romántico y tierno hijo adolescente de su jefe cambia los planes de esta dura superviviente. La teoría de Korso resulta una película de repeticiones y casualidades, un mediometraje circular de humor cáustico y sabor agridulce, pero depositario de un buen recuerdo en el espectador.

Fotograma de La teoría de Korso (2012) de Antti Heikki Pesonen

Fotograma del mediometraje La teoría de Korso (2012) de Antti Heikki Pesonen

Por su parte, Paréntesis (Parenthèse, Bernard Tanguy, 2013) retrata la crisis de los cincuenta de tres amigos de clase media-alta francesa, que para escapar de su monotonía, deciden emplear parte de sus vacaciones navegando. Durante el viaje, conocerán a tres chicas mucho más jóvenes que les restituirán la alegría por la vida, elevándoles algo más que el ánimo. Paréntesis es una película algo anodina y tópica, aunque productora de bastantes sonrisas; una obra algo autobiográfica a tenor de los comentarios del director, y una excusa para mostrar atractivas chicas enseñando cueros según las palabras de la actriz Sophie Verbeeck.

Océano (Océan, Emmanuel Laborie, 2013) parece narrar la sencilla historia de unas vacaciones familiares en la costa francesa, sin embargo, en realidad versa sobre el descubrimiento de la muerte –prefigurada en diversas ocasiones− por parte del primogénito de la familia, un niño alrededor de los diez años de edad. Su madre parece el único punto de referencia, apoyo y estabilidad en un entorno extraño y mudable. Océano es la historia de un viaje, pero no sólo físico; un recuerdo nostálgico de Laborie y una oda a la infancia aderezada con interesantes versiones de las Gymnopédies de Satie.

Los especialistas e incondicionales de Bergman no dudarían en vociferar la palabra sacrilegio en mi oído si afirmase que la holandesa Solsticio (Midzomernacht, Hiba Vink, 2011) posee un cierto regusto bergmaniano. Efectivamente, afirmar algo así puede ser desmesurado, pero existe alguna migaja en Solsticio que recuerda a Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955). Esta filiación, que muchos considerarán marciana, pudiera deberse −entre otras cosas− a un personaje determinante de la acción, Lena, una sueca que organiza una fiesta para celebrar la llegada del verano acorde con las tradiciones de su país y para anunciar su embarazo junto a su novio y amigos holandeses. Sin embargo, un personaje inesperado y ajeno –con aires a la Taylor de Who’s afraid of Virginia Woolf? (M. Nichols, 1966)− pondrá en jaque el amor y la amistad de todo el grupo. En definitiva, una cinta sobre secretos, lealtad, infelicidad y amnistía, con algún detalle fantástico y poético.

Fotograma del mediometraje Solsticio de Hiba Vink

Fotograma del mediometraje Solsticio (2011) de Hiba Vink

De nuevo, las relaciones de amistad fueron debatidas en otra película holandesa, Bowy está dentro (Bowy is Binnen, Aniëlle Webster, 2012), un mediometraje que recuerda demasiado a lo acontecido en Madrid aquel 31 de octubre. La película de Webster no sólo basa su argumento en las relaciones de una pareja con sus respectivos amigos, sino en la inconsciencia de estancias superiores demasiado preocupadas por cumplir un protocolo más allá de toda lógica. Concebida a ratos como falso documental –con entrevistas a los protagonistas de la tragedia− no exento de algún video colgado en youtube –sorprende ver la rapidez con que el último cine absorbe todas las innovaciones de la última revolución informática−, Bowy está dentro concluye como fábula contemporánea en donde los personajes se convierten en pequeñas hormigas hacinadas y sin salida posible.

En las antípodas de la anterior se encuentra la película El hámster (Chomik, Bartek Ignaciuk, 2012), una comedia entrañable y extravagante cercana al primer cine de Javier Fesser. El protagonista es la mascota de un matrimonio de ancianos, un hámster que ha sufrido un accidente paracaidístico. El hijo de esta pareja, junto al veterinario del pueblo, intenta solucionar la terrible tragedia, produciéndose una ingente cantidad de situaciones cómicas de toque pintoresco acentuadas por el uso del angular. Este mediometraje polaco resultó un golpe de aire fresco entre las butacas del IVAM, por lo que generó casi tantas risas como Bienvenidos y nuestras condolencias (Leon Prudovsky, 2012) o La tropa de la selva.

Fotograma del mediometraje El hámster de Bartek Ignaciuk

Fotograma del mediometraje El hámster de Bartek Ignaciuk

La última película mencionada supuso la representación del cine animado en La Cabina. La tropa de la selva (Les as de la jungle, David Alaux, Éric Tosti, 2013) sorprendió por su homenaje a Los siete magníficos (The Magnificent Seven, John Sturges, 1960) más que a la película de Kurosawa. Asimismo, la obra de Alaux y Tosti atrapó al público por la sabia elección y definición de los personajes, una tropa que consiguió un nuevo canto a la amistad y ofreció un ejemplo de superación frente a los obstáculos, incluso ante los biológicos.

Una comedia distinta fue la sueca Mousse (John Hellberg, 2012), en donde el protagonista es un francés sin recursos que necesita conseguir dinero fácil. Puesto que una importantísima carrera de caballos está a punto de celebrarse, los estancos han hecho buena caja, así que Mousse decide asaltar uno en las afueras de la ciudad. Sin embargo, tanto los rehenes como la policía resultan un poco particulares y caricaturescos, radicando ahí la vis cómica que, aunque consta de vigor en su comienzo, acaba por diluirse.

Fotograma del mediometraje Mousse de John Hellberg

Fotograma del mediometraje Mousse (2012) de John Hellberg

En Annalyn (Maria Eriksson, 2012), una atractiva joven filipina acaba de casarse con el padre de Agnes. Una y otra poseen la misma edad, idéntica jovialidad y sentimientos afines que terminan por enredarlas en una apasionada relación. Una película más sobre tórridos y complicados romances en el gélido y nevado contexto sueco.

Curiosa cinta la de Stian Kristiansen, Videoboy (2011), en la que unos amigos adolescentes conocen al siniestro Hijo del diablo, quien les ofrece la posibilidad de ver todas las películas que ellos deseen, incluso las que no son capaces de imaginar. Para ello, han de visitar a Videoboy, un misterioso chico pelirrojo dueño de la mayor colección de cine soñada. Una opresiva atmósfera recorre este mediometraje noruego que, salvando las distancias, podría acercarse a la ambientación de Kubrick para El resplandor (The Shining, 1980) o Eyes Wide Shut (1999). No en vano Videoboy suele vestirse con camisetas que lucen el rostro de Nicholson a la par que Suspiria (1977) de Argento.

Entre nosotros (Paloma Aguilera, 2011) y Los vivos también lloran (Os vivos tambem choram, Basil da Cunha, 2012) fueron proyectadas juntas en los dos pases que de ellas se ofrecieron. Buena vista la de los programadores del festival, que supieron reconocer dos historias similares sobre la emigración y la marca que ésta deja sobre los personajes. Si bien son historias sencillas y exentas de florituras formales, resultan impagables los momentos musicales de ambas: la cita a Los abuelos de la nada −entre otras tantas− en la primera, y el fado Estranha forma de vida de la segunda en el onírico momento final.

Nader es el protagonista de Las zapatillas del Aïd (My Shoes, Annis Lassoued, 2012), un niño que siempre corre entre sus vecinos repartiendo y vendiendo la pasta que su madre cocina para, posteriormente, poder contemplar todo el tiempo posible el verde valle que rodea su pueblo. Se acerca el Aïd (Ramadán) y acorde con la tradición, Nader podrá disponer de nueva ropa y quizá de unas flamantes deportivas con las que seguir corriendo, mas la pobreza familiar impide que esas zapatillas aladas que tanto desea acaben en sus pies. De nuevo, se nos ofrece un mediometraje sobre la infancia, donde la animación y la fantasía se entremezclan para representar la imaginación desbordada de un niño.

Si existiera un premio al mediometraje más tierno, el ganador indiscutible sería Todo lo que no puedes dejar atrás (Nicolás Lasnibat, 2013). Roberto es un entrañable anciano que ha perdido el trabajo de toda una vida. Ante tal circunstancia, decide viajar a Taltal, un pueblo del desierto chileno en donde nacieron él y su esposa. Lasnibat ofrece una bella historia de amor verdadero y atemporal semejante, y a la vez diferente, al retratado por Haneke en 2012. Un drama imprescindible con momentos subrayables como la aparición repetida de una tortuga o las conversaciones de Roberto con su esposa, quien suele aparecer desenfocada o en segundo plano con bastante asiduidad. Una película no aconsejable para insensibles y descreídos.

Fotograma del mediometraje Todo lo que no puedes dejar atrás de

Fotograma del mediometraje Todo lo que no puedes dejar atrás de Nicolás Lasnibat

La Cabina ofreció una programación variada y excelsa colmada de historias que reflejan vivencias y sentimientos, anhelos y fantasías, imperfecciones y aciertos de un ser humano siempre en perpetua ansia de aceptación y reconocimiento, en constante búsqueda y aprendizaje. Que el éxito del cartel diseñado por Paula Bonet sea un reverbero de la celebridad que persiga al festival en los próximos años, pues de la misma manera que aquella Alicia sucumbía al País de las Maravillas, un nuevo espectador desea traspasar el espejo y contemplar ese otro mundo ficticio, pero a la vez demasiado próximo, que le ofrece la pantalla de La Cabina.

Teresa Cabello

Lee la primera parte de este artículo: La Cabina 2013: La comedia humana (I).