La juventud lúbrica de Sandra Ferrer

Escaleras húmedas, de Sandra Ferrer
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 12 de junio, 2015

Un recurso dramático muy presente en el séptimo arte es el humedecimiento, sea a través del vaho de una ducha, de la niebla o la lluvia, la humedad sobre el cuerpo de los actores genera una atmósfera íntima y tensa a la vez, cargada de sensualidad. Somos, en un elevado porcentaje, agua y por eso eliminamos líquidos con nuestra saliva, nuestros flujos, sudores o incluso el vapor de aliento que sale de nuestras bocas cuando hablamos.

La adolescencia es la etapa en que queda más acentuada nuestra condición líquida pues experimentamos constantemente intercambio de fluidos, con los besos, con el roce de los sexos, con el llanto… Nos derramamos en el primer amor, ese que sucede entre adolescentes sin espacio propio donde desatar los impulsos básicos de experimentación, sometidos al azar de los rincones oscuros, intransitados, los portales de vuelta a casa, los escalones de patios conocidos o desconocidos terminan por recoger la humedad del deseo idealizado, torpe y pegajoso pero inolvidable.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

‘Escaleras húmedas’ es la primera exposición individual de la artista multidisciplinar Sandra Ferrer (Gandía, 1989) que reúne obra fotográfica, escultura, vídeo e instalación en torno a un tema tan sugerente como cercano, a saber, el amor adolescente, utilizando de hilo conductor la humedad divididad en tres estadios; el llanto, la transpiración y el flujo sexual, siempre evocando un mismo escenario que es el del portal.

Para trasladarnos a tal localización genérica se sirve del mármol blanco típico presente en muchas de las escaleras que recorren los edificios de nuestra ciudad, de estanterías en forma de escalera y de un podium de madera con escalones reales. Tres historias de amor juvenil inundan la sala de la galería Mr. Pink divididas en tres zonas y protagonizadas cada una por una modelo adolescente.

Obra de Sandra Ferrer en 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Maquillaje fucsia, labios carnosos, mechones de pelo sobre la cara, faldas ajustadas, prendas deportivas combinadas con tejidos plateados que remiten a la noche. Tras una noche de fiesta, roces y flirteos no es difícil volver acompañada a casa pero en casa no hay intimidad, hay padres, hermanos, familia, así que la intimidad se queda a las puertas del hogar, entre las escaleras del patio donde todos hemos vivido algún retazo de historia de amor en nuestra juventud. Amores y desamores, encuentros y desencuentros, malentendidos que acaban en llanto o florecen en la primera masturbación.

La obra de Sandra Ferrer está repleta de esas primeras veces, primeros besos, tocamientos, desengaños, como una oda a aquello que amamos en los otros cuando todavía no los conocemos. No es baladí la mezcla de timidez y sensualidad que encontramos en los tres vídeos mostrados en un loop monocanal, donde cada modelo lee a tientas lo que alcanza a ver en una hoja en la que la tinta solapa tres historias de amor acaecidas en un portal, impresas unas tapando parte de las palabras de las otras, escritas casi como un poemario por la propia artista.

En ellas está la esencia, desafiante, perdurable en nuestra memoria cual punzada de dolor: todas terminan pronunciando «aunque sigo enamorada de aquellas cosas que inventé sobre él». Porque todos reescribimos encima de las historias de amor pasadas, Escaleras húmedas nos convierte en voyeurs melancólicos a los que hace mucho que solo somos el pálido reflejo de una nínfula.

Detalle de una de las obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Detalle de una de las obras de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Marisol Salanova

Tuppersex o la sexualidad recreativa

Tuppersex, de Edu Pericas
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 16 de noviembre

Edu Pericas, director de ‘Tuppersex’, parte de un hecho obvio para montar su espectáculo: “Habla de la diferencia entre hombres y mujeres en cuestiones sexuales”. Diferencias que pone en escena en el Teatre Talia de Valencia con el concurso de las actrices Gretel Stuyck y Elena Fortuny. La primera encarna a la responsable de un curso para la venta a domicilio de juguetes eróticos. La segunda, más deslenguada, se mete en la piel de una peluquera sin pelos, con perdón, en la lengua.

Fortuny subrayó que, aunque era una “comedia de chicas”, su personaje tenía “un punto bastante masculino”. Seguimos, pues, con las diferencias. Diferencias que Pericas centró en la sexualidad recreativa. “Me llamaba la atención que las mujeres están más avanzadas que los hombres en la masturbación”. ¿Más avanzadas? Y lo aclaró diciendo que mientras las mujeres no tienen problemas en reunirse para hablar de esa  masturbación, “los hombres no lo hacemos”. Lo cual le llevó a concluir que las mujeres “están más liberadas”.

Una escena de 'Tuppersex', de Edu Pericas. Teatro Talia.

Una escena de ‘Tuppersex’, de Edu Pericas. Teatro Talia.

‘Tuppersex’ habla de esas diferencias en materia sexual entre hombres y mujeres. Hemos pasado de la sexualidad procreativa a la sexualidad recreativa; de la sexualidad encaminada única y exclusivamente al fin de la reproducción, a la sexualidad como juego entre iguales que intercambian placer. Incluso a la sexualidad sin intercambio alguno, salvo el que se deriva del consumo de juguetes eróticos para deleite personal. Pericas advirtió que se trataba de una “comedia blanca” salpicada con “toques de comedia de chicas”.

‘Tuppersex’ no es ni la televisiva ‘Mujeres desesperadas’ ni la más fuerte ‘Nymphomaniac’, sino un espectáculo para gente que “se ríe porque se siente identificada” con lo que cuentan Fortuny y Stuyck, cada una a su manera. La responsable del curso, ofreciendo datos “reales y curiosos” acerca de la sexualidad. La peluquera, hablando “sin tanto conocimiento”, pero soltándose el pelo cuando de lo que se trata es de gozar a pierna suelta.

Los espectadores tienen también mucho que decir en ‘Tuppersex’, ya que el espectáculo está concebido para que puedan formar parte de la plantilla de esa empresa de venta de juguetes eróticos. Juguetes que, a juicio de Edu Pericas, están más pensados para el placer femenino: “Es una industria que está creciendo muchísimo y está más enfocada a la mujer”. Es ella la que compra esos juguetes para después utilizarlos con sus parejas, apuntó el director de la obra.

Pericas, desatado por el ‘fenómeno Tuppersex’, afirma que esta liberación sexual ha provocado la llegada de “una nueva mujer al mundo”. “Una mujer a la que no sólo no le da miedo reconocer que se masturba, sino que incluso se reúne con un grupo de amigas para comentarlo sin complejos, con un sano sentido del humor, mientras compra penes de plástico que vibran”. Hasta hace nada, esa reunión de hombres haciendo lo mismo era el colmo del machismo. ‘Tuppersex’, he ahí el reverso de la moneda, pone en escena esa liberación sexual con tonalidades más rosas.

Detalle del cartel de 'Tuppersex', de Edu Pericas, en el Teatro Talia de Valencia. Imagen cortesía del Talia.

Detalle del cartel de ‘Tuppersex’, de Edu Pericas, en el Teatro Talia de Valencia. Imagen cortesía del Talia.

Salva Torres

Ver visiones: la juventud

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Darío Villalba (Galería Luis Adelantado) / Amparo Tormo (Galería Thema)
CIS: Los problemas de índole social / Los problemas relacionados con la juventud

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Sería por el año 1994 cuando leyendo el diario autobiográfico de Peter Bayne, se despertara en mí la curiosidad y me levantase a rebuscar en el último cajón de mi escritorio. «¡Bien! Encontré la regla». Decididamente, con la intención de comprobar si la investigación del médico americano que señalaba el protagonista era verdad, me bajé el pantalón, seguido de mis calzoncillos, y coloqué la regla sobre mi pene. El protagonista hablaba de la existencia de una correspondencia entre la edad de los chicos u hombres y la longitud del pene. «Puedo estar tranquilo, el mío entra en la media». El libro Diari d’un jove maniàtic se convirtió en una especie de guía de salud y, sobre todo, de sexualidad para parte de los jóvenes que cursaban la asignatura de valenciano en la década de los noventa. En él se trataban de una forma divertida los problemas y dudas que tienen los jóvenes.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Pero más allá de estas anécdotas juveniles, se suele pensar que los jóvenes adolescentes, tanto los de antes como los de ahora, se preocupan sobre todo por temas relacionados con la sexualidad –la masturbación, la pérdida de la virginidad, el interés por cuidar o resaltar el propio atractivo–. Y quizá sí haya algo de cierto en ello, de hecho, la iniciación en la práctica sexual en el colectivo juvenil es cada vez más prematura con un alarmante aumento de riesgos como los embarazos o el contagio de enfermedades. La necesidad de conocer y experimentar con el propio cuerpo y con el del otro, así como de establecer la identidad sexual y de género son cuestiones necesarias para la constitución de nuestro yo, que ahora se nos muestra múltiple y mutable. Sin embargo, si acudimos al Informe de la Juventud de España de 2012 es significativo que entre los aspectos más relevantes que afectan a la gente joven, la sexualidad se sitúa por detrás de cuestiones como la amistad, la familia, la salud, el trabajo, el ocio, los estudios o el dinero. La particularidad es que estos valores son tratados desde una posición individualista, hedonista, donde se da prioridad al aquí y ahora, y se desea retrasar cualquier responsabilidad. Estamos inmersos en una sociedad de yoicos o sociedad del yo, siguiendo al sociólogo alemán Ulrich Beck.

Vista de sala con obras de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obras de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

En el trabajo más reciente de Darío Villalba, lo carnal y lo sexual –como parte fundamental de la realidad del ser humano– aparece de una forma más rotunda y evidente. La insistencia por encontrar ese deseo (sexual) en la vida misma, así como su interés por el cuerpo y el placer, consecuencia de su experimentación, le ha llevado a recurrir a imágenes de chicos jóvenes y atractivos. Tanto el políptico Homeless doble (2009) como en el de Picadilly Rent (2013) presentan una composición y un lenguaje muy similar: el rostro de un joven se repite en varias ocasiones y se acompaña de imágenes del sexo del retratado. Villalba pinta con imágenes fotográficas todo el poder e intensidad emocional de las figuras, captando todo su exceso. Aunque siempre abordado desde una visión metafísica en el que los temas existenciales y los conflictos vitales de este mundo se manifiestan. Si bien, advertiremos que en ambos casos se trata de seres límite o marginados: un doble retrato sonriente de un joven rubio que dormía en la calle y un chapero adolescente del Picadilly Circus. Individuos que, en definitiva, han sido excluidos por su miseria física y existencial.

Vista de sala con obra de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obra de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Los principales problemas de exclusión social de los jóvenes a día de hoy son el paro y los problemas eco­nómicos. Muchos jóvenes españoles se ven actualmente empujados hacia el abismo. Según la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2013 más del 55% de los jóvenes se encuentran en paro (el doble que la tasa de desempleo en 1999), siendo el colectivo más castigado por la crisis económica. De los que el 15,6% ni trabajan ni estudian o como bien indicaba José Luis Sampedro, “ni tiene nada ni aspira a nada”. Como consecuencia de esta situación, más de la mitad de los jóvenes viven actualmente en casa de sus padres sin conseguir emanciparse. A esto hay que sumarle la precarización de los con­tratos, la disminución del salario medio y el recorte de las horas laborales. La idea que prevalecía en las generaciones pasadas de relacionar empleo con seguridad ha desaparecido. Ya no existe un trabajo de por vida, ni opciones donde elegir, lo que provoca una ruptura generacional, expulsando a los jóvenes del sistema. Así, estos se ven sumidos dentro de profundos cambios e incertidumbres, en los que la deriva, según Zygmunt Bauman, se presenta como una de las características de nuestro tiempo.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

La incertidumbre causada por no saber a qué nos enfrentamos es un recurso particular en el trabajo de Amparo Tormo. La artista produce un extrañamiento entre sus obras y el espectador a partir, no sólo de la confusión por no reconocer a simple vista los materiales utilizados, sino también por las composiciones que elabora. En su pieza La duda (2010) provoca una tensión pues la estructura principal –una figura rectangular de dm lacada en negro– aparece en un equilibrio aparente al quedar suspendida casi en el aire. Sobre ella se apoyan diversas placas de metal que refuerzan esa idea de inestabilidad. En la segunda obra seleccionada, el “elemento peso” condiciona la dirección de la línea, formando un ángulo de 90º. Le interesa enfatizar el espacio creado entre las diferentes piezas con el fin de contraponer la sensación de pesadez –aquello evidente– e inestabilidad –aquello imprevisible–. Las trayectorias, que para los jóvenes antes eran claras y fijas, ahora se mueven en un contexto de gran vulnerabilidad y precariedad. Los referentes se han desdibujado o, como en los dibujos de Tormo, tachados o silenciados. Ahora sólo cabe empezar de nuevo, plantear alternativas, que ni los mismos adultos ni las instituciones saben. Y mientras tanto, sólo queda resistir.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

José Luis Giner Borrull

Obietnica, una palabra tuya bastará…

Obietnica, de Anna Kazejak
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Aquella creencia bíblica en la palabra, una sola bastará para sanar, se torna en la película Obietnica (The Word), de la directora polaca Anna Kazejak, palabra maldita. Porque será la palabra a la que alude el título del film, pronunciada por la joven Lila (Eliza Rycembel), la que desencadenará la pulsión asesina de Janek (Mateusz Weiclawek). La perversa nínfula, que recuerda en esto la retorcida representación de la infancia en La cinta blanca, de Michael Haneke, pedirá a su novio infiel que si quiere volver a tener su amor mate a quien ha osado robarle el cariño: la atractiva Angelika (Luxuria Astaroth).

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Esa transformación de la palabra sanadora, que hasta hace bien poco servía igualmente para sellar acuerdos sin necesidad de papeles, aparece rebajada en Obietnica a palabra deudora de muerte. Habrá otras, pero serán de rango policial, sin duda necesarias para descubrir a los autores del crimen, pero incapaces de detener el mal de amores de los jóvenes adolescentes. Como sucede en la gran mayoría de películas a concurso en Cinema Jove (lo cual daría para un análisis más profundo), las familias apenas sirven de marco impotente a tamaña crispación juvenil.

Los padres, tanto en Obietnica como en Ártico, Nagima o Violet, por citar algunas de las ya presentadas a concurso, aparecen como meros comparsas de la desnortada vida de sus hijos, los cuales vagan como almas en pena en contextos, no por diferentes, igualmente vacíos de sentido. Anna Kazejak narra la desolación de Lila, tras descubrir la infidelidad de su novio, y su posterior sed de venganza, con la cámara pegada a los rostros de sus protagonistas. Resulta claustrofóbico ese seguimiento y, al hilo de las últimas tendencias, repetitiva esa manera de colocarse a sus espaldas, pero aunque plásticamente no haya aportaciones dignas de encomio, la narración crece en intensidad a medida que se va desvelando la autoría criminal.

Fotograma de la película 'Obietnica', de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Obietnica’, de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Lila lo fiará todo a la palabra con la que Janek ha sido abducido: jamás revelará que fue ella quien le indujo a cometer el vil asesinato. Lila se sabe fuerte, a pesar del llanto que sigue a su particular versión de los hechos, porque Janek la tiene por diosa de un amor eterno. Diosa que impone cierto sacrificio de muerte, que su novio cumplirá como fiel devoto; devoción imaginaria a la que sucumbe vía internet mostrándole Lila su desnudo cuerpo. La masturbación será el lógico desencadenante de su frustrada relación con aquella que le demanda muerte en lugar de encuentro amoroso.

Aceptado el lugar residual de los padres, patéticos adultos reflejo de la inmadurez de sus propios vástagos, sólo queda la red social como alternativa del sufrido amor esquivo o la crispación derivada de su imposible consumación. Obietnica es un ejemplo más, sin duda clarividente, del malestar juvenil en tiempos de indolencia paterna. Tachada la institución familiar de conservadora, por ese marchamo de rancio autoritarismo, el cine se llena de jóvenes perdidos que optan por la violencia o el crispado desencanto. Lo muestra la directora polaca Anna Kazejak, pero es el síntoma reflejado en otro buen puñado de películas y cortometrajes de Cinema Jove, sin duda magnífico escaparate para un posterior análisis sociológico.

Eliza Rycembel en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres