George Méliès y el giro copernicano del cinematógrafo

‘Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900’
Obra Social La Caixa
Jardines del Náutico
Paseo Muro de San Lorenzo s/n, Gijón
Hasta el 20 de julio de 2017

Obra Social La Caixa implementa su habitual propuesta canicular citadina para los Jardines del Náutico de Gijón en torno de la ínclita figura del cineasta francés George Méliès, mediante la exposición ‘Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900’, comisariada por Sergi Martín en colaboración con el Ayuntamiento de Gijón y la Cinemathèque Française, que puede visitarse hasta el jueves 20 de julio de 2017, antes de reportar epílogo a su itinerancia en tierras alicantinas.

Postulada a través de un justificado acento didáctico, mediante la formulación de un recorrido sugerido ahíto de infografías, instantáneas y referencias contemporáneas audiovisuales, ‘George Méliès y el cine de 1900’ cumple con el cometido de acercar al gran público la otrora conspicua obra del ilusionista galo, erigida en excelso giro copernicano de la historia universal del cine, habiendo descubierto, a través de innovaciones metodológicas, el insospechado potencial que atesoraban entre manos los célebres Lumière, cuyo cinematógrafo parecía abocado a un horizonte de espuma y finitud decimonónica y quienes rehusaron colaborar con el director parisino en su pretensión de dotar de carácter escénico y dramático al registro de la imagen en movimiento, ya en sí una revelación huérfana de precedentes, con permiso del zoopraxiscopio de Eadweard Muybridge y el kinetoscopio de William Kennedy Laurie Dickson -en colaboración con Thomas Alva Edison-.

Maqueta del estudio que George Méliès hubo diseñado para la filmación de sus películas en la localidad de Montreuil. Fotografía: Merche Medina.

Maqueta del estudio que George Méliès hubo diseñado para la filmación de sus películas en la localidad de Montreuil. Fotografía: Merche Medina.

Planteada como un doméstico y civilizado galpón ferial de comienzos del siglo XX, la exposición permite adentrarse por la senda de las incipientes proyecciones del cinematógrafo, en particular, aquellas que formaron parte de la primera sesión de cine que tuvo lugar el 28 de diciembre de 1895, amén de transitar por el devenir biográfico y técnico de Méliès, incluyendo una maqueta de su estudio, en la localidad de Montreuil, que hubo diseñado reproduciendo con exactitud las medidas del teatro Robert Houdin y concibiendo la estructura como un ingenioso edificio de cristal con el que servirse del fulgor natural -que habría de regularse mediante un sistema de persianas que permitía el acomodo de un abanico de luz difusa-, además de completar la estructura con la construcción de fosos, trampillas, rampas y decorados de ingentes proporciones. Un complejo modo de traducir los elementos propios de la escena teatral al servicio de los primeros pálpitos de esta novedosa cosmogonía de la ficción.

Cumplidos los rigores propedéuticos, ‘George Méliès y el cine de 1900’ justifica su morfología expositiva proyectando una de las eximias películas de ineludible referencia en el dilatado cronograma de la historia del séptimo arte, ‘Le Voyage dans la Lune’ (1902), inspirada en las quimeras literarias de Julio Verne en ‘De la Tierra a la Luna’ y ‘Los primeros hombres en la Luna’, de H.G. Wells. Apenas catorce minutos de metraje (de generosísima extensión para la época), cuyas celebradas proyecciones internacionales marcarían un hito técnico y ficcional, amén de contribuir a la educación visual de los epatados espectadores del momento.

Panel de instantáneas que ilustran la exposición 'Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900'. Fotografía: Merche Medina.

Panel de instantáneas que ilustran la exposición ‘Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900’. Fotografía: Merche Medina.

Las sombras del ocaso, el declive y la ruina, a causa de la preeminencia del nuevo curso de la industria cinematográfica, dibujan buena parte del epílogo de la muestra, transitando por el curso anónimo de un Méliès que, tras reencontrarse con una de sus actrices más distinguidas, Jeanne d’Alcy, comulga marital y laboralmente tras el mostrador de una tienda de juguetes en la estación de Montparnasse -celebrado y popular episodio de su biografía gracias a la abemolada recreación cinematográfica de Martin Scorsese en ‘La invención de Hugo’, título presente en la exposición mediante la proyección de una secuencia de la película-, lugar en el que es reconocido por el periodista Léon Druhot, quien auxiló a redescubrir su trayectoria fílmica -si bien numeroso material de su obra hubo desaparecido o fue destruido por el propio Méliès-, hasta verse recompensado con la Legión de Honor en los albores de los años treinta del pasado siglo.

‘Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900’ se completa con la colaboración de los directores Juan Antonio Bayona y Javier Ruiz Caldera, el guionista y director Oriol Capel, el escenógrafo Ignasi Cristià, la crítica de cine Desirée de Fez, el director de fotografía Óscar Faura, la actriz Greta Fernández, el productor Enrique López Lavigne, el director publicitario Fernando Mainguyague, el especialista en maquillaje y efectos especiales David Martí y el montador Jaume Martí, quienes se pronuncian acerca de la obra del director parisino y procuran iluminar la deriva metodológica de los diversos oficios que se concitan en una producción cinematográfica contemporánea, en comparación con las virtudes renacentistas de un excelso como George Méliès.

George Méliès y su esposa, la actriz Jeanne d'Alcy tras el mostrador su juguetería en la estación de Montparnasse. Fotografía: Merche Medina.

George Méliès y su esposa, la actriz Jeanne d’Alcy tras el mostrador su juguetería en la estación de Montparnasse. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

El mejor cine polaco según Scorsese

Martin Scorsese presenta: Las obras maestras del cine polaco
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Eroica, de Andrzej Munk
Martes 11 de abril, 2017, a las 18.00h

La Filmoteca inicia el martes 11 de abril el ciclo ‘Martin Scorsese presenta: Las obras maestras del cine polaco’ con la proyección, a las 18 horas, de ‘Eroica’ (1957) de Andrzej Munk. Organizado por AVA Arts Foundation con la finanaciación del Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia y en colaboración con el Instituto Polaco de Cultura en Madrid y las filmotecas de varias ciudades españolas, el ciclo está compuesto por nueve títulos esenciales de la cinematografía polaca, seleccionados por el cineasta norteamericano Martin Scorsese.

Fotograma de 'El azar'.

Fotograma de ‘El azar’, de Krzysztof Kieslowski. Imagen cortesía de la Filmoteca.

En 2011, Scorsese viajó a Polonia para recibir el título Doctor Honoris Causa de la Escuela Nacional de Cine de Łódź. Allí se reunió con Andrzej Sabliński, experto en digitalización cinematográfica, para revisar el listado de las restauraciones digitales del cine polaco. Así nació la idea de organizar un ciclo de las obras maestras del cine polaco restauradas digitalmente. En 2014 el ciclo fue presentado en el Lincoln Center de Nueva York, luego viajó por los Estados Unidos, visitó también Inglaterra, Canadá, Australia. Del extenso catálogo de películas digitalizadas, Scorsese eligió 21 títulos, entre los que destacan los nueve que se podrán ver en La Filmoteca en copias de la mejor calidad posible.

Fotograma de 'el tren'.

Fotograma de ‘El tren’, de Jerzy Kawalerowicz. Imagen cortesía de la Filmoteca.

Entre los títulos seleccionados figuran películas fundamentales en la filmografía de Andzej Wajda como ‘Cenizas y diamantes’ (1958) y ‘La tierra de la gran promesa’ (1975). También dos películas importantes de  Krzysztof Kieślowski como ‘El azar’ (1981) y ‘No matarás’ (1988). El ciclo ofrece la posibilidad de ver en Valencia películas fundamentales del cine polaco, pero que son poco conocidas en nuestro país como ‘El tren (1959) de Jerzy Kawalerowicz, ‘Walkover’ (1965) de Jerzy Skolimowski, ‘El sanatorio de la clepsidra (1973) de Wojciech J. Has o ‘Constans’ (1980) de  Krzysztof Zanussi.

Como señala Martin Scorsese en su presentación del ciclo: “Son películas con gran fuerza visual y emocional, películas serias, cuya complejidad hace que las descubramos una y otra vez. Las historias de estas películas conmueven al espectador y me afectaron profundamente a mí. Hay muchas verdaderas revelaciones en este ciclo de obras maestras de la cinematografía polaca. Independientemente de si uno las conoce o no, es una oportunidad única para descubrir la gran fuerza del cine polaco, en pantalla grande, con una calidad digital estupenda. Espero que disfruten viendo estas películas tanto como las he disfrutado yo”.

Fotograma de 'Cenizas y diamantes'. Imagen cortesía de la Filmoteca.

Fotograma de ‘Cenizas y diamantes’, de Andrezj Wajda. Imagen cortesía de la Filmoteca.

El Festival Antonio Ferrandis suma cine y gastronomía

Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna
Gran Teatre Antonio Ferrandis
Plaza del Ejército Español, 4. Paterna (Valencia)
Del 14 al 16 de octubre de 2016
Comida tertulia en el restaurante Casa Toni
C / Comte Montornès, 6. Paterna
Sábado 15 de octubre, 2015, a las 13.00h

El Festival Antonio Ferrandis de Paterna dedicará, en su primera edición, un apartado importante de la programación a los coloquios de índole cinematográfica e interpretativa. El primero de ellos tendrá lugar el sábado 15 a partir de las 13 h. en el restaurante Casa Toni de la localidad, y consistirá en una comida-tertulia sobre cine y gastronomía en la que participarán, entre otros, el actor y director Sergio Villanueva, la actriz Cristina Perales o la chef Begoña Rodrigo.

Fotograma de 'Los comensales', de Sergio Villanueva. Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna.

Fotograma de ‘Los comensales’, de Sergio Villanueva. Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna.

La actividad incluirá la elaboración de diferentes platos con referencias cinéfilas y contará con la colaboración de varios restaurantes de la localidad. A continuación, el Gran Teatro Antonio Ferrandis acogerá una proyección exclusiva de ‘Los comensales’, película dirigida por el propio Villanueva y protagonizada por Juan Diego Botto, Sergio Peris-Mencheta y Silvia Abascal.

Diferentes actores y actrices de nuestra comunidad formarán parte a su vez el domingo 16 de una mesa redonda acerca de la situación actual y las perspectivas de la profesión. Entre los asistentes previstos se encuentran los actores Sergio Caballero y Juli Mira, las actrices Lola Moltó e Inma Sancho –esta última nacida en Paterna– o el realizador Sigfrid Monleón. El acto, que dará comienzo a las 16 h. en el Gran Teatro, será presentado y moderado por el periodista, actor y director valenciano Julio Martí Zahonero.

Jorge Torregrossa. Imagen cortesía del festival.

Jorge Torregrossa. Imagen cortesía del festival.

Por otra parte, el festival de Paterna contará en esta primera edición con la presencia de dos de los realizadores más destacados del cine español actual: Jorge Torregrossa y Mariano Barroso.

Nacido en Alicante y formado en Nueva York bajo la tutela de Martin Scorsese, Torregrossa se ha convertido en uno de los valores más firmes de nuestra industria gracias a sus múltiples reconocimientos como cortometrajista y a su gran capacidad para cambiar de registro en las dos películas que ha dirigido hasta la fecha: el drama apocalíptico ‘Fin’ y la comedia ‘La vida inesperada’. Ambos títulos, rodados en gran parte en escenarios de la Comunidad Valenciana, se proyectarán la noche del viernes 14 en el Gran Teatro Antonio Ferrandis en un programa doble que será presentado por el propio cineasta.

Mariano Barroso. Imagen cortesía del festival.

Mariano Barroso. Imagen cortesía del festival.

Por su parte, Mariano Barroso es uno de los nombres fundamentales del cine nacional de las últimas dos décadas. Responsable de obras tan significativas como ‘Mi hermano del alma’, ‘Éxtasis’, ‘Los lobos de Washington’ o ‘Todas las mujeres’, ha sido reconocido con tres premios Goya y ha alternado la dirección con su actividad como docente. El domingo 16, impartirá en el Gran Teatro la clase magistral “Dirección de cine. Puesta en escena y dirección de actores”, con acceso libre para los asistentes. Por la tarde, presentará la proyección de su película ‘Lo mejor de Eva’, filmada en la ciudad de Valencia.

El festival, organizado por el Ayuntamiento de Paterna, cuenta con la colaboración de B&B Hotels y Cabify.

Los comensales, de Sergio Villanueva.

Fotograma de ‘Los comensales’, de Sergio Villanueva. Imagen cortesía del festival.

El Ultimo Vals, 40 años después en Frías

El Ultimo Vals
Frías (Burgos)
1, 2 y 3 de Julio del 2016
Copernicus Dreams, Frank, Danny & The Champions of The World, Still River, The Walnut Co, La Gran Esperanza Blanca, The Fakeband, Bantastic Fand, Zimmerband.

A1Comenzó a anunciarse a partir del mes de diciembre del pasado 2015 uno de los festivales más auténticos, originales e ilusionantes que se van a efectuar a lo largo y ancho del territorio nacional durante el presente 2016.

Hablamos de un homenaje a The Last Waltz, el mítico concierto de despedida de The Band en 1976 donde compartieron escenario con la flor y nata de artistas de la época tales como Bob Dylan, Van Morrison, Dr. John, Muddy Waters, Joni Mitchell, Neil Young, Ronnie Hawkins, Ringo Starr, Ron Word, Neil Diamond, Eric Clapton, Emmylou Harris, The Staple Singers,… y del que Martin Scorsese rendiría debida cuenta con un documental dos años más tarde.

Ese imperecedero concierto va a recibir un enorme homenaje en un bellísimo paraje como es la Plaza de Armas del Castillo medieval de Frías (Burgos) durante los próximos días 1, 2 y 3 de Julio. Y ya de paso servirá para homenajear a Dylan por su 75 cumpleaños junto a los casi 300 habitantes que pueblan la mencionada localidad.

Cartel Frias Last Waltz

Nos contaba su organizador Joserra Rodrigo en exclusiva para esta redacción que “es fácil relacionar la escapada de Bob Dylan y The Band a la sierra de Nueva York, a Woodstock con Frías, media montaña, escapar lejos del mundanal ruido y de la crudeza del rock and roll y la life on the road.Esa montaña baja y verde, caminos de grava, zonas de roca y toba, la busqueda de las raíces de la música para avanzar. El retiro espiritual, el ambiente campero y el pan de horno de pueblo. Eso es The Band y eso es Frías. Un gran belleza de roca rugosa y perfiles definidos, el canto de un gallo y el sonido de las campanas de la Iglesia. Rock of Ages, en Frías se tenía que bailar el Vals, como fuera. Ni en sueños hubiera imaginado que lo que escuchaba en esos discos a finales de los setenta de chaval iba a sonar dentro de ese castillo.El escenario es perfecto para recrear esa celebración de música que fue el último vals de The Band. Frías desde el IV Rust Fest de Neil Young es algo norteamericana.”.

Será a partir del miércoles 20 de abril a las 11 horas de la mañana, no antes, cuando se podrán reservar y adquirir las entradas. El importe total del bono es de 25 euros y para los menores de 12 años y acompañados por adultos será gratuita la entrada. Para su adquisición hay que ponerse en contacto con la Oficina de Turismo de Frías (turismo@ciudaddefrias.com). Se recomienda hacer dicha reserva por email, indicando nombre, apellidos, DNI y teléfono de contacto, para después seguir las instrucciones sobre el abono del importe en la cuenta de la Organización. Los días del concierto se canjeará el bono por una pulsera diseñada especialmente para el evento.

Habrán micros abiertos en la zona de bares antes de comenzar los conciertos, así como una conferencia sobre el evento original y sus derivadas a cargo de Mikel Muñoz, autor del primer libro en castellano sobre The Band; Miguel López, autor de un libro sobre El Último Vals y sus anécdotas, Luis Lapuente (Radio 3) , Fernando Navarro ( El País , La Ruta Norteamericana) y, el impulsor del evento Joserra Rodrigo.

programa

Cartel de “El Ultimo Vals’ de Frías

Vamos con las excelentes 9 bandas que formarán parte del histórico cártel y cuyos repertorios propios contarán con detalles dedicados a los homenajeados del festival.homenajeados del festival.

El viernes 1 de julio 2016 a partir de las 20:00 h.

Copernicus Dreams, desde Castro Urdiales en Cantabria con esa música de raíces americanas con trazos psicodélicos. Su último disco lleva por título “Sunrise”.

Copernicus Dreams

Copernicus Dreams

Frank, grupo donostiarra con excelente voz femenina al frente y que han debutado con un emocionante y bucólico folk-rock en un album titulado “The mud and the thirst”

Frank

Frank

Danny And The Champions Of The World, el plato fuerte del evento es este grupo londinense que no para de crecer con ese cóctel de folk-rock y soul. Su estupendo último álbum del pasado año llevaba como título “What kind of love”.

Danny & The Champions of the World

Danny & The Champions of The World

Still River, los bilbaínos poseen claras influencias de Dylan y similares. Su último disco lleva por título “Wood & wire”

Still River

Still River

El sábado 2 de julio 2016 a partir de las 20:00 h.

The Walnut Co., también de Bilbao, son la apuesta más rockera del festival.

The Walnut Co

The Walnut Co.

La Gran Esperanza Blanca, histórica banda valenciana, palabras mayores dentro del cancionero español con un repertorio cuyas influencias van desde Bob Dylan a Woody Guthrie pasando por Neil Young o Hank Williams. Un sobresaliente “Tren fantasma” es su último álbum.

La Gran Esperanza Blanca

La Gran Esperanza Blanca

The Fakeband, los de Getxo serán los encargados de tocar el Último Vals con ilustres invitados. Aprovechamos para recomendar su último álbum del 2014 y que llevó por título “Shining on everyone”.

Fakeband

The Fakeband

Bantastic Fand, desde Almería y Cartagena, practican música americana y cuentan con dos álbumes ejemplares, el último ha sido publicado hace poco menos de un mes y lleva por título “Welcome to desert town”.

Bantastic Fand

Bantastic Fand

Zimmerband se encargarán del cierre como grupo de la región de Las merindades con un amplio tributo a Dylan.

Zimmerband

Zimmerband

Para más información visiten la página oficial del evento: http://elultimovalsfrias.jimdo.com/

Ahora ya no hay quien lo pare. Todo apunta a que va a ser una experiencia irrepetible muy difícil de olvidar.

JJ Mestre

“Valencia debe ser capital del mercado del mediometraje”

Entrevista a Carlos Madrid, director de La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 5 al 15 de noviembre de 2015

Lleva ocho años al frente del único festival de mediometrajes que hay en España y, por su carácter internacional, único en el mundo. Y durante todo este tiempo La Cabina no ha parado de crecer: en número de películas recibidas y seleccionadas para su sección oficial, en número de espectadores y hasta en presupuesto. A pesar de todo, Carlos Madrid, director del certamen, se muestra cauto porque en esto de la gestión cultural “nunca se sabe”. Pero sí, admite que las sensaciones de futuro “son buenas”. Tanto es así, que ya piensa en convertir a Valencia y La Cabina en “capital del mercado del mediometraje”.

“Queremos que vengan compradores y que La Cabina sea referente como mercado de cara a los canales de televisión”. Y para ello ya ha dado un primer paso trayendo este año a Hélène Vayssières, responsable de contenidos de Arte France. Considera injustificable que los canales españoles no hayan puesto todavía su mirada en el festival como fuente de contenidos para sus respectivas programaciones. “En Francia y Alemania sí hay canales de televisión que compran mediometrajes”. Sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un formato (películas de entre 30 y 60 minutos) “muy parecido al de las series de televisión que tanto éxito están alcanzando”.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid piensa, como proyecto a más largo plazo, que el mediometraje pueda entrar incluso a “formar parte de las salas comerciales”. Aunque eso sean palabras mayores. “Queremos que La Cabina sea un semillero no sólo de producción, sino de distribución, aunque todavía no lo sea”. “Es una carrera de fondo”, apostilla. Como lo es para cuantos han decidido apostar por un formato para cuya realización se necesita “un acto de valentía”.

Aún así, ahí están los directores, muchos de ellos famosos como Woody Allen, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Andrei Tarkovski o Jean Vigo, que han realizado en alguna ocasión mediometrajes. La Cabina Inèdits se hace cargo de ello, contando este año con películas de Federico Fellini, Claire Denis o la recientemente fallecida Chantal Akerman. “Fue una casualidad fatal que tuviéramos previsto programar una de sus películas y muriera justo unas horas antes. Sirva la proyección de homenaje, no sólo por ella, sino porque se dedicó al mediometraje”, subraya Madrid.

Novedad en la edición de este año, que se celebrará del 5 al 15 de noviembre, es la sección ‘A Mal Gam A’, tomando ese título de una película homónima de Iván Zulueta y que da idea del tipo de obras que se pretenden incluir: “Videoclips, rarezas, cine experimental, documentales pero no del tipo entrevista y voz en off”. Wikipedia se refiere a esos otros más convencionales que La Cabina en esa página por actualizar dice no incluir. “Recuérdame que la actualice porque es verdad que está desfasada”, se disculpa el director. Díptico Rock es otra de las novedades. “Arrancamos con Néstor Mir (La conquista del oeste) y el documental de Carlos Aimeur de seguimiento del grupo La Muñeca de Sal, que pondrá el colofón presentando oficialmente su disco”.

El crecimiento de La Cabina está, sin embargo, lejos de equiparar esfuerzo y presupuesto destinado a cubrir costes, aunque Carlos Madrid reconozca que esa diferencia se ha aminorado. “Este año tenemos 17.000€ gracias a la subida de CulturArts y de La Nau de la Universitat de València”, que siguen apostando por el festival. Nada que ver con la nula respuesta que en su momento obtuvieron por parte de la concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, y del secretario autonómico de Cultura, Rafael Ripoll. Del nuevo equipo de gobierno dice tener buenas sensaciones. “Hemos hablado con Carmen Amoraga [directora general de Cultura y Patrimonio] y con Glòria Tello [concejala de Cultura] y ambas han mostrado interés por La Cabina”. Un festival que en su octava edición contará, entre sus apuestas más destacadas, con la película de James Franco y Travis Mathews Interior. Leather Bar, de Mike Leigh Carrera de obstáculos y Kung Fury (David Sandberg), “un auténtico fenómeno viral”, resalta Madrid.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres

Jersey Boys, un Eastwood en do menor

Jersey Boys, de Clint Eastwood
Película estrenada el viernes 5 de septiembre, 2014

Quien vaya a ver ‘Jersey Boys’, la última película de Clint Eastwood, que se olvide de ‘Mystic River’, ‘Million dollar baby’, ‘Cartas desde Iwo Jima’ o ‘Gran Torino’. La fuerza dramática y expresiva de estas películas ejemplares de su más reciente filmografía, dejan paso a un musical sin duda fresco, repleto de pegadizas canciones del grupo de Jersey The Four Seasons, pero débil argumentalmente. De hecho, diríase que la historia, santo y seña del mejor Eastwood, es una simple excusa para adornar la vida de los ‘Jersey Boys’ a los que alude el título de la recién estrenada película.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Eastwood se recrea en las peripecias de Frankie Valli (John Lloyd Young), Tommy Devito (Vincent Piazza), Bob Gaudio (Erich Bergen) y Nick Massi (Michael Lomenda) para narrar el humilde origen de la banda, al amparo de la mafia (magnífico Christopher Walken), sus éxitos y fracasos, sus confrontaciones internas y la lucha por salir adelante cuando las condiciones son más adversas.

Hay, qué duda cabe, trama argumental, pero el relato y la fuerza expresiva de las imágenes a que nos tiene acostumbrado el director de ‘Los puentes de Madison’, se debilitan aquí para que en su lugar brillen los números musicales, la atracción por canciones como ‘Sherry’, ‘Big girls don’t cry’ ‘Walk like a man’ o la más pegadiza de todas ‘Can’t take my eyes off you’. De manera que la nostalgia musical termina empañando la historia, siempre al servicio de la música.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de 'Jersey Boys', de Cint Eastwood.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de ‘Jersey Boys’, de Cint Eastwood.

Algunos se sentirán decepcionados por este quiebro de Clint Eastwood, pero tomadas las lógicas reservas hacia un musical que se sigue a golpe de pie y tarareo, se pueden encontrar las huellas, por débiles que sean, de su potente cine. Entre ellas, como ya sucediera en la oscarizada ‘Sin perdón’ (perdón, valga la redundancia, por la comparación), la reflexión acerca de la culpabilidad por abandonar las obligaciones familiares llevado por la pulsión, asesina en el western y más poética o artística en el caso del musical que nos ocupa.

Eastwood se toma un respiro con ‘Jersey Boys’ para sumergirse en los ‘falsetes’ de voz de Frankie Valli y sus muchachos. La violencia tan presente en su filmografía encuentra su acomodo en el musical, aunque rebajada a la categoría de anécdota sin duda hilarante y jocosa en ocasiones, para que la carrera de The Four Seasons tenga la aspereza que sus canciones endulzan.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood.

‘Can´t take my eyes off you’, compuesta por Bob Gaudio en pleno duelo de Frankie Valli por la muerte de una de sus hijas, resume esa mezcla de dolor y emocionada recreación de la vida de la que se nutre ‘Jersey Boys’. Dolor, eso sí, carente de la intensidad de sus mejores películas, porque en esta ocasión Clint Eastwood ha preferido darse una alegría musical en tiempos de revival: el propio Martin Scorsese prepara un biopic sobre el grupo los Ramones. Con todo, más vale un musical de un gran maestro que ciento volando. Utilicen los pies y el corazón, más que la cabeza, para seguir las andanzas de los Jersey Boys.

Fotograma de 'Jersey Boys', la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys’, la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Salva Torres

El Festival de Cannes, por Pedro Hernández

Cannes, Boulevard de la Croisette (1980-1991)
Pedro Hernández
Festival de Cannes
La 67ª edición concluye el sábado 24 de mayo

Como no podía ser de otra manera, el Festival de Cannes arrancó el miércoles 14 con polémica, debida a la presentación de la película Grace de Mónaco, de Olivier Dahan, protagonizada por Nicole Kidman. Forma parte del ADN del certamen. Polémica no exenta del grado de provocación que los organizadores del festival han ido alimentando edición tras edición, hasta llegar a la 67ª que concluye el próximo sábado 24 por exigencias del guión: al día siguiente hay elecciones europeas.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

El Festival de Cannes nació al hilo de declararse la II Guerra Mundial, a modo de protesta por lo acontecido en Venecia, donde triunfaron películas italianas y alemanas arropadas por el contexto de exaltación patria. Tuvo que pasar la contienda bélica para ver la primera edición en Cannes. En 1954, justo ahora hace 60 años, se produjo otro revolcón decisivo en la imagen del certamen: la actriz Simone Silva mostraba sus pechos al aire, abrazándose jovial a un no menos jovial Robert Mitchum. Nacía la sensualidad provocadora que ha caracterizado al Festival de Cannes, y de la que Brigitte Bardot dio buena cuenta citándose con los periodistas cada año en la playa objeto de intensas sesiones fotográficas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández, nacido en El Cabanyal de Valencia, se adentró en ese mundo de erotismo cinematográfico, tras recalar en Marsella por exigencias del guión franquista. Armado con su cámara de reportero gráfico, acudió al Festival de Cannes durante 11 años para retratar como ninguno esa atmósfera de libertad, no exenta de calculada provocación, que se respiraba por dentro y por fuera del certamen. Aquellas imágenes, que Simone Silva inauguró para deleite de la prensa y del público voyeur, con actrices y modelos haciendo topless y mostrando sus encantos más allá de toda prenda, serían hoy en día políticamente incorrectas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Los desnudos playeros, taladrados por los objetivos de un sinfín de periodistas, han pasado a mejor vida, transformados ahora en grandes escotes y transparencias sobre una atiborrada y más glamurosa alfombra roja. No está bien visto que la mujer pose semidesnuda en la playa de Cannes, objeto de lascivas miradas. Quien desee recuperar esa visión cuya carnalidad hoy sigue asombrando, deberá depositar su mirada en vestidos cuyo coste marea, enfundados en actrices que brillan engalanadas con joyas de cifras igualmente mareantes.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández retrató durante años esa cara lúdica, publicitaria, provocativa, sensual y, debidamente encuadrada y trabajada la luz radiante que venía de esa Cannes florida, sin duda artística. Lo hizo a contracorriente, situándose allí donde nadie lo hacía; captando del Festival de Cannes, no sólo el glamour de las estrellas, sino el halo que dejaba en las miradas e incluso el silencio que, una vez pasado ese primer fulgor, Pedro Hernández reflejaba en forma de simetrías y composiciones de indudable cualidad estética.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Aprovechando los días que aún quedan para que concluya la 67ª edición del Festival de Cannes, mostramos un buen puñado de aquellas imágenes que Pedro Hernández ha expuesto en diversos espacios bajo el título de ‘Cannes. Boulevard de la Croisette (1980-1991)’. Imágenes cuyo visionado resume el pasado del certamen que premió Viridiana, de Luis Buñuel, La Dolce Vita, de Federico Fellini, Blow-up, de Michelangelo Antonioni, Taxi Driver, de Martin Scorsese, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, Bailando en la oscuridad de Lars von Trier o El Pianista, de Roman Polanski, pero que se alarga hasta el presente, dejando huella de las transformaciones del festival bajo un mismo corolario de industria que se alimenta a partes iguales de cierto imaginario, cierta economía del derroche y el trasfondo artístico que parece quedar eclipsado por el glamour y las cifras.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Marie Trintignant. Foto: Pedro Hernández

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Salva Torres

La obscenidad del dinero

El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese
Con Leonardo Dicaprio, Margot Robbie, Jonah Hill y Matthew McConaughey
Estrenada en cines

“La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia” (Plutarco)

Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Blue Jasmine, de Woody Allen, La gran estafa americana, de David O. Russell y El Lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, han sido estrenadas este invierno en nuestras pantallas cinematográficas. Tres películas valoradas por el público y por los críticos. Tres películas con una estética y narrativa diferentes, pero igual de estimulantes para la mirada del espectador. Tres películas con un tema en común en la estructura de la trama: la avaricia. Uno de los siete pecados capitales que, ya en el siglo XV, el pintor El Bosco representó en su cuadro titulado Mesa de los pecados capitales, con un juez aceptando soborno de las dos partes en litigio.

Margot Robbie en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Tres películas que hablan de la avaricia en su componente de la usura. La usura, ese  modo de utilizar el dinero para obtener más dinero, sin ningún límite ético. Un intercambio monetario que nuestra sociedad nihilista y relativista de alguna manera ha incentivado. Sólo hay que ver cómo se enriquece la banca, la Bolsa y las grandes corporaciones.

De las tres películas, El lobo de Wall Street, basada en la autobiografía del broker-estafador Jordan Belfort,  es la que mejor refleja ese ansia ilimitada de un personaje que vive para hacer dinero, caiga quien caiga.  Un personaje, Belfort, al igual que todos los que trabajan con él, con un solo objetivo en su vida: hacer dinero, para consumir, para gastar, para derrochar. Y, en principio, para eso sirve el dinero, para que fluya creando  lazos sociales. El problema surge cuando ese fluir monetario, como ha ocurrido en nuestra época, se ha convertido en una especulación financiera obscena, donde unos se enriquecen de manera impúdica arruinando a otros.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

La cámara de Martin Scorsese nos muestra, con el mismo ritmo pulsional que actúa el protagonista, a esos millonarios usureros que viven contentísimos de sí mismos al margen de cualquier problema de conciencia. Esos personajes que nuestra sociedad ha colocado como héroes, “ falsos héroes”, -recordemos a Mario Conde, Jesús Gil, Jaume Matas, Francisco Correa…-,  que sin ningún tipo de honestidad muestran su poder económico.

El lobo de Wall Street describe esa vidas de obscenidad monetaria, donde el dinero es un fin, para convertir todo y a todos en objetos de cambio. Una vida donde lo humano se escora hacia la jauría animal y el sálvese quien pueda. El hombre como lobo para el hombre. Aullidos alrededor del becerro de oro.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Begoña Siles

La femme fatale: continuidades y rupturas

Gilda vs Casino. El arquetipo femenino de la femme fatale. Continuidades y rupturas

Los hombres actúan y las mujeres aparecen.
Los hombres miran a las mujeres.
Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas.(BERGER, 2000)

De la parte baja del plano surge como una lengua de fuego una larga y abundante cabellera de color rojo. Iluminada como una verdadera diosa, Gilda aparece como un volcán, sacude hacia atrás su seductora melena, que como un auténtico látigo se prolonga en un largo y esbelto cuello. Cautivadoramente, sonríe a los dos hombres que, expectantes en el contraplano, le preguntan: «Gilda ¿estás visible?». Mientras el primer plano medio deja ver únicamente su rostro y sus hombros desnudos su provocadora respuesta: «¿Quién, yo?», sugiere intencionadamente que no lo está. Ballin, su marido, hace las presentaciones: «Johnny, esta es Gilda». El plano se abre y comienza la representación. Vemos en el plano general a Gilda en el tocador, con las cortinas a modo de escenario. Tras ella, un espejo nos devuelve su imagen desdoblada. De espaldas, en el horizonte lejano, otra mujer – su pasado− se oculta tras su fascinante presencia. Johnny y Gilda intercambian miradas, ella sostiene sensualmente un cigarro en su mano, mostrando el hombro que su vestido a punto de deslizarse deja al desnudo, mientras mantienen un enigmático diálogo. La escena los sitúa a ambos juntos en el mismo plano, dejando al marido al margen, fingen sorpresa al conocerse. En la pantalla, a la izquierda vemos la espalda de Johnny, – su parte oculta, él también tiene un pasado−, y a Gilda, que como objeto de su mirada se sitúa a la derecha, frente al espectador. Su posición coincide con el lugar al que dirige la mirada el sujeto occidental, en la habitual lectura de izquierda a derecha que se hace de imágenes y objetos. En el contraplano vemos que el origen de la mirada es el hombre, Johnny, situado a la izquierda del plano. Es él, con su rostro hacia el espectador quien dirige nuestra mirada hacia la derecha, hacia el pasado oculto de Gilda.

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Fotograma de la película Gilda (1946), de Charles Vidor

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Fotograma de la película Gilda (1946), de Charles Vidor

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Fotograma de la película Gilda (1946), de Charles Vidor

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Fotograma de la película Gilda (1946), de Charles Vidor

En el cine clásico de Hollywood predomina la mirada masculina dominante, que cargada de poder social, político, económico y sexual, relega a las mujeres a la ausencia, el silencio y la marginalidad, mediante una serie de mecanismos cada vez más perversos. Los mecanismos que controlaban la sexualidad femenina en el cine de los años treinta y cuarenta, admitían de forma implícita el poder y el peligro de la sexualidad femenina. Los años cincuenta marcan una inflexión en el cine clásico: cuando el miedo a esa sexualidad parece reprimido, es cuando se desborda por todas partes sin aparecer en ninguna. La liberación de la mujer, y la ruptura con ese modo de representación institucional que realizaron las nuevas olas cinematográficas y el cine independiente de los sesenta a los ochenta, han sido asimiladas por el cine de Hollywood. Las producciones de fin de siglo han seguido métodos de narración distintos que recuperan u homenajean la esencia del cine clásico, manteniendo los estereotipos que, sin embargo, carecen de su halo mítico. «En las narrativas dominantes en el cine, en las formas clásicas, las mujeres, tal como las han representado los hombres en esos textos, adoptan imágenes que poseen una categoría “eterna” y se repiten en lo esencial a través de las décadas: la representación cambia superficialmente con arreglo a los estilos y modas de cada momento, pero, si se rasca esa superficie, se halla un modelo conocido» (KAPLAN, 1998: 31).

Gilda, dirigida por Charles Vidor en 1946 es uno de los títulos míticos del cine negro, una película con personajes rotundos, pero sobre todo, una película de diálogos, irónicos y agresivos, cargados de dobles sentidos. Un prototipo de la concepción del cine clásico americano de serie negra. «El personaje de Gilda ha generado una auténtica mitomanía, su presentación, su striptease, la bofetada y las canciones están en el imaginario cinematográfico de generaciones enteras.» (SÁNCHEZ NORIEGA, 2002: 161). Casino, producción de 1995, dirigida por Martin Scorsese, es la última de las películas que su director realizó para la Universal, su guión está basado en hechos reales. Aunque los parámetros en los que se desarrolla la historia son similares a los de Gilda, la denominación de cine negro suele circunscribirse al cine clásico, mientras que las producciones posteriores adoptan la calificación más genérica de cine de gánsteres. Uno de los elementos característicos del cine negro ha sido la mujer fatal, un estereotipo de mujer perversa, maligna, seductora o caprichosa que asigna a la mujer un poder del que ella es la principal víctima.

El concepto de femme fatale surge en la segunda mitad del siglo XIX, un término que recoge una imagen ya creada años antes por la literatura que luego se plasma en las artes plásticas. Los rasgos, tanto visuales como psicológicos, de la mujer fatal eran descritos ya en 1884 por J. K. Huysmans, en su novela A rebours, al describir a la Salomé pintada por Gustave Moreau. La apariencia física de esta mujer se describe como una belleza turbia, perversa, de larga y abundante cabellera y, en muchas ocasiones, rojiza. Su aspecto físico debe ser voluptuoso y seductor, debe encarnar todos los vicios. En cuanto al psicológico se define por su capacidad de dominio, de incitación al mal, y su frialdad. Sin embargo, se le hace poseedora de una fuerte sexualidad, «lujuriosa y felina». El mito es asimilado por la industria del celuloide, cuando los productores norteamericanos crearon en la primera década del siglo XX el star system, actualizando en una serie de personajes seductores de voraz sexualidad y peligrosa cabellera la fascinación que sintió la sociedad masculina del siglo XIX, que el cine recuperó para alimentar «su mundo de quimeras eróticas en la oscuridad de las salas cinematográficas» (BORNAY, 1990: 115).

Las protagonistas de estas dos películas, Gilda y Ginger, en Casino, tienen en común que habitan un mundo de hombres, su papel está limitado y previamente asignado. Ambas aparecen como objetos de deseo, se configuran bajo la atenta mirada de los hombres, mientras la cámara nos sitúa en la piel del hombre que las contempla. Como afirma Berger, según las convenciones, la presencia social de hombres y mujeres es diferente, mientras que el hombre encarna una promesa de poder, «sugiere lo que es capaz de hacer para ti o de hacerte a ti, la presencia de una mujer expresa su propia actitud hacia sí misma, y define lo que se le puede o no hacer» (BERGER, 2000: 54). Su presencia se manifiesta a través de sus gestos, ropas, expresiones, gusto, voz, sus actos no son más que manifestaciones de su apariencia, y así, la apariencia es percibida por los hombres como esencia. De su habilidad dependerá la afirmación personal que obtengan, bajo esa tutela masculina a la que se someten, siempre encerradas en esos parámetros de lo femenino. Ser ella misma es ser como los otros la ven, el aspecto que tenga una mujer para un hombre determina cómo será tratada por él. De este modo, una mujer debe contemplarse a sí misma, supervisar su imagen, todo lo que es y todo lo que hace, porque su presencia ante los demás, ante los hombres, es fundamental para obtener éxito en la vida. Gilda y Ginger lo saben, aparecen como radiantes bellezas a las que admirar, su futuro está en manos de los hombres que las desean, son portadoras del deseo, ellas no lo construyen, en silencio son prisioneras del orden simbólico que las convierte en destino de las fantasías y obsesiones del hombre, poseerlas es una demostración más de poder. Gilda y Ginger construyen su imagen en base a esa seducción que ejercen, su supuesta frialdad, sus gestos, sus frases, su indiferencia, su fortaleza está en la capacidad de atraer el interés del protagonista. En su papel tradicional, las mujeres son miradas y exhibidas bajo «una apariencia muy codificada para causar un fuerte impacto visual y erótico, por el que connotan una “ser-mirada-idad”. La mujer sostiene la mirada, representa y significa el deseo masculino» (MULVEY, 1988: 10). Una mujer que es exhibida como objeto sexual y sobre la cual recae el espectáculo erótico.

La continuidad de un modelo del cine clásico que perdura, así podemos observar en Casino, que Ginger también aparece en pantalla como Gilda, bajo la atenta mirada masculina, en este caso de Ace, el verdadero protagonista de la película, el héroe masculino. Ginger, con la mirada puesta en la mesa de juego, sonríe en primer plano junto a un hombre que a su espalda la observa, a continuación, con la barra de labios en la mano, es observada por el mismo hombre mientras con la boca entreabierta desliza la barra sensualmente por sus labios. En el contraplano tres hombres la miran, Ace, en actitud firme, con los brazos cruzados, impasible observa sus argucias mientras se le dibuja una sonrisa en el rostro. Una belleza rubia, fascinantemente atractiva le devuelve la mirada con una seductora sonrisa. Todos la observan, y Ginger se contonea mientras se desplaza entre la gente, estableciendo un intermitente juego de miradas que acaba en un primerísimo plano del rostro de Ace, que, algo circunspecto, ha sido atrapado ya por el atractivo de esta mujer fatal. Tras la conquista de Ginger, en la escena siguiente se produce la declaración de Ace, un primer plano de ambos mientras se besan, continúa con un plano detalle en el que las manos de él depositan billetes en las de ella. Un travelling circular realiza un recorrido desde el plano fragmentado del rostro de ella que sonríe mientras le mira, al plano siguiente que muestra el rostro de él mirando su dinero, y de nuevo, otra vez las manos que intercambian dólares, ascendiendo la toma hacia el rostro de ella, mientras nos enseña la joya que lleva en su pecho. Acto seguido, el montaje sitúa ya a la protagonista en la siguiente escena, deslumbrante, bajando de un fastuoso vehículo, luce un llamativo abrigo de visón blanco bajo un techo de focos de luz que la ilumina como una auténtica joya, ella se revaloriza gracias al dinero de él.

Fotograma de la película Casino

Fotograma de la película Casino (1995) de Martin Scorsese

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Fotograma de la película Casino (1995) de Martin Scorsese

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Fotograma de la película Casino (1995) de Martin Scorsese

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Fotograma de la película Casino (1995) de Martin Scorsese

Poco después, convertida ya en madre, pero como si fuera algo ajeno a ella, se celebra la boda. Durante la fiesta Ginger se encierra en una habitación a hablar por teléfono con el chulo de tres al cuarto que la explota. Ella llora frente a un espejo escuchando las falsas palabras de ánimo de él, mientras él, junto a una prostituta, esnifa la coca que ha comprado con el dinero que ella le ha dado. Y podemos comprobar que tal como afirma Balló (2000: 60): «la imagen especular tiene en el cine un sentido metalingüístico». Ginger se mira en el espejo consultando, meditando, desdoblándose en dos, toma conciencia de ser mirada por Ace, que entra en el cuarto mientras su reflejo le devuelve una mujer que no tiene salida alguna. Es bella, tiene dinero, coches, pieles, joyas, un hombre que la colma de cosas pero para el cual es solo un objeto precioso más que poseer. Un hombre que acabará maltratándola, física y psicológicamente, cuando sea consciente de que nunca conquistará su alma. Porque ella no la tiene, él nunca la podrá poseer, la temible femme fatale pende psicológicamente de un hilo, perdió su alma al dejarse atrapar por un chulo al que está unida por una necesidad protectora, que aquel alimenta con su dependencia económica.

El prototipo tiene continuidad, Ginger como Gilda, aparecen dejándose fascinar por el dinero. Gilda durante la cena de la presentación enseñaba a Johnny la pulsera de 50.000 pesos que Ballin le ha comprado. Pero tiene otro sentido, para Gilda forma parte de un papel, Gilda interpreta a una mujer fatal con el fin de desatar los celos de Johnny. Es la escena que transcurre alrededor de la mesa del casino, la noche de la presentación, la pareja está en el mismo plano mientras con insinuantes diálogos frente al marido, que solo, en el contraplano les contempla. Brindan y él dice que: como el bastón, una mujer aparenta ser una cosa y, de repente, se convierte en otra.

Ginger y Gilda son dos mujeres que, a pesar de la distancia cronológica de los filmes, asumen un rol semejante. El cine se refuerza con patterns preexistentes de fascinación, que el sujeto tiene aprendidos de la sociedad en la que se desenvuelve. El inconsciente de la sociedad patriarcal configura los modelos cinematográficos. El cine refleja, y a la vez participa de la forma erótica de mirar, controlando las imágenes con la interpretación correcta de la diferencia sexual que la sociedad establece. La presencia visual de la mujer funciona contrariamente al desarrollo fílmico, congela la acción mediante la contemplación erótica. Así es más importante que ella misma lo que representa, lo que la heroína provoca. «Es ella, o el amor o miedo que inspira en el héroe, o la atracción que él siente hacia ella, la que le hace actuar en el sentido en que lo hace. En sí misma la mujer no tiene la menor importancia» (MULVEY, 1988: 10). Tradicionalmente, el papel de la mujer exhibida funciona como objeto erótico tanto para los personajes de la historia diegética como para el espectador en la sala. De acuerdo con las ideologías dominantes y las estructuras psíquicas que las sostienen, la división heterosexual divide el sexo en activo/pasivo, lo cual condiciona y controla también las estructuras narrativas. El rol del hombre en tanto que sujeto activo, hace que las cosas sucedan, es él quien controla la fantasía fílmica. Mientras, adicionalmente, aumenta su poder como poseedor de la mirada del espectador.

Mulvey (1988: 10) afirma que «existen tres diferentes miradas asociadas con el cine: la de la cámara en la medida que registra el acontecer profílmico, la del público que mira el producto final, y la de los personajes que se miran entre sí en el interior de la ilusión cinematográfica». Según define Kaplan: «en el cine dominante se juega con el acto de mirar para crear un placer, que posee orígenes eróticos». La mirada se construye sobre las diferencias de sexo que establece la cultura y también para Kaplan (1998: 37) hay tres formas de mirar en el cine: dentro del propio texto fílmico, los hombres miran a las mujeres, que se convierten en objetos de la mirada, como vemos en la aparición de Ginger. La segunda mirada es la del espectador, que «se ve obligado a identificarse con esa mirada masculina y a cosificar a las mujeres de la pantalla, y por último, la mirada original de la cámara que actúa en el hecho de la filmación». Algo que vemos claramente en sus apariciones, tanto Gilda como Ginger son objeto de la mirada de los hombres en la pantalla, ambas películas encuadradas en el género del cine criminal están dirigidas al espectador masculino, que se identifica con esa mirada cosificándolas a ellas. Mientras la mirada original, la del director que ubica la cámara, también es también masculina.

El lenguaje elíptico y críptico del relato en el cine negro está condicionado por la censura política y comercial que el Código Hays implantaba acerca del sexo y la violencia. Una censura autoimpuesta por el sistema de estudios norteamericano que acabó abandonando paulatinamente el cine de Hollywood, mientras dejaba de ser clásico. Gilda y Casino se desarrollan en el mundo del crimen, ambas películas comienza con una agresión durante la presentación de los dos protagonistas masculinos.

Sin embargo, en esto sí hay claras diferencias y rupturas, mientras en Gilda la violencia se omite y únicamente vemos, en un plano detalle, el elegante bastón con el que Ballin realiza la agresión, en Casino, es una diminuta pluma en manos de Niki la que provoca una truculenta escena. La cámara nos muestra, también en un plano detalle, el cuello de la víctima en el momento de la agresión. La pluma penetra en el cuello haciendo saltar un chorro de sangre enorme. Y, a diferencia también de Gilda, en la que los golpes durante la pelea son sugeridos, Casino no ahorra al espectador las violentas patadas con las que arremete Niki, el verdugo, contra su víctima ya en el suelo. Ginger es víctima de la violencia de los hombres que supuestamente la aman, y se deja maltratar, Ace la tira de casa arrastrada casi por los pelos, Niki la empuja cruel y sanguinario por una escalera mientras la expulsa hacia la calle como a un perro, la violencia es clara y explícita. La mujer no tiene dignidad alguna para ellos, y así lo vemos, sin tapujos ni justificaciones, una mujer así no merece ser tratada de otra manera por los hombres, y el director no le ahorra ni un ápice de crueldad al espectador. Eso, presentado con toda su crudeza es el maltrato a una mujer, a eso lleva la consideración de la mujer como objeto. Frente a esta violencia, la famosa bofetada que Johnny propina a Gilda tras el striptease más mítico del cine, la situaba en un plano de igual. Equiparándola frente a frente con su amante, quedaba clara la supremacía masculina, pero ella mantenía la dignidad, aunque asumiendo su subordinación al poder del hombre.

Podemos afirmar que el modelo perdura, en ninguna de las dos películas, la narración se realiza en ningún momento desde el punto de vista de las mujeres. Ni a Ginger ni a Gilda se les otorga autoridad alguna, no se les da el protagonismo, no se introduce su mirada sobre los acontecimientos en la narración, no dominan la acción, únicamente aparecen como objetos por su valor estético. Sus gestos, sus peinados, el fabuloso despliegue de vestuario, las convierten en el objeto al que se dirigen las miradas y los deseos, pero nunca encarnan el deseo. Sin embargo, en su papel de falsa mujer fatal, Gilda mantiene inteligentes diálogos que tienen como fin crear una imagen icónica a la que adorar, para finalmente descubrirse su condición de mujer enamorada del primer hombre y, tras la muerte de su ex-marido, ser rehabilitada convertida en una respetable mujer casada. Este es el modo en el que el cine clásico hace perdurar los modelos, la mujer perversa debe ser redimida, en este caso era falsa su apariencia, tras purgar durante años el desprecio de su amado, retorna al camino que la sociedad patriarcal asigna a la mujer. La escena final en la que vestida de manera austera, eliminando lo erótico y perverso espera con anhelo las palabras de su héroe que la lleven de vuelta a casa, una vez redimida.

Ginger, en cambio, fuera ya del estricto patrón moral ideal del cine clásico, es claramente solo un objeto, y como tal se comporta. Su estatus de vamp se lo dan sus fines perversos, a Ginger solo le interesa el dinero. Pero Ginger ha nacido en otra época, una época en la que el espectador ya no espera redenciones. En la que la autodestrucción es el único destino de una perversa y atormentada mujer, que acabará muriendo como un verdadero despojo en el pasillo solitario de un hotel. Una mujer que encarna las dos grandes constantes vitales, sexo y muerte, principio y final que conforman a esta femme fatale de fin de siglo. Una mujer que es suma a partes iguales de Eros y Tánatos.

Mª Ángeles Pérez Martín

La Cabina se consagra

La Cabina. VI Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Sala Berlanga de la Filmoteca, IVAM, La Nau, Jardí Botànic
Inauguración: viernes 8, a las 20.00h., en la Sala Berlanga
Del 8 al 17 de noviembre

A Carlos Madrid, tras seis años al frente de La Cabina, se le iluminaron los ojos cuando escuchó los parabienes que el vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antonio Ariño, le lanzó durante la presentación del VI Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia. A su lado, Manuel Tomás, director general de CulturArts, asentía. Las palabras oficiales, en esta ocasión, parecían cargadas de una voluntad sincera por impulsar un certamen único a nivel mundial. Los mediometrajes de alcance internacional tienen su inigualable escaparate en Valencia. Ariño y Tomás parecen haber entendido la ocasión que se les brinda de alardear de un proyecto tan singular como La Cabina.

Fotograma de 'Antes que perderlo todo'. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma de ‘Antes que perderlo todo’. Imagen cortesía del festival La Cabina.

El festival nació para llenar un sorprendente hueco: nadie había prestado atención al formato del mediometraje. Hasta que Carlos Madrid y su joven equipo se puso a ello. Y lo hicieron por una sencilla y aplastante razón: “La calidad es lo que nos mueve”. Y había tanta en el terreno del mediometraje, que la apuesta del festival parecía condenada al éxito. Empezaron con ocho películas a concurso y durante cinco días. Ahora, en su sexta edición, se presentan 22 mediometrajes, de los más de 200 recibidos, en un certamen que se alarga por espacio de diez días, del 8 al 17 de noviembre.

Fotograma de Bowy is inside. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma de Bowy is inside. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Este año la gran novedad es La Cabina Inedits, sección destinada a acoger obra de directores consagrados, cuyos mediometrajes pasaron prácticamente desapercibidos para el gran público y los canales de distribución. Son los casos de Woody Allen, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese con Historias de Nueva York; Jean Vigo, con Cero en conducta; Andrei Tarkovsky, con El violín y la apisonadora; Albert Lamorisse, con El globo rojo, y Nicolas Ribowski, con Cours du soir. Todo ello en el Aula Magna de La Nau.

Fotograma del mediometraje 'Parenthese'. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma del mediometraje ‘Parenthese’. Imagen cortesía del festival La Cabina.

De las historias neoyorquinas, Woody Allen se hace cargo del episodio Edipo reprimido, un mediometraje centrado en los problemas psicoanalíticos que tanto atraen al director de Annie Hall. Coppola firma Vida sin Zoe y Scorsese, Apuntes al natural. La Cabina Inedits permitirá a su vez contemplar la ópera prima de Tarkovsky, un trabajo ya repleto de las constantes poéticas del autor de Sacrificio, y la polémica Cero en conducta de Jean Vigo, que estuvo prohibida en Francia más de diez años tras su estreno en 1933. De Lamorisse, fallecido en accidente de helicóptero, se podrá ver su premiado El globo rojo, interpretado por dos de sus hijos. Ribowski, con Jacques Tati como protagonista, firma Cours du soir o Clases nocturnas, que aparece como cortometraje del director francés. La diferencia entre corto y mediometraje daría, como apunta Carlos Madrid, director de La Cabina, “para un extenso debate”.

Fotograma del mediometraje Océan. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma del mediometraje Océan. Imagen cortesía de La Cabina.

Esa dificultad de encaje del mediometraje es, precisamente, lo que hace de La Cabina un lugar de encuentro privilegiado para aquellas producciones a caballo entre el corto y el largo. Los galgos, de Gabriel Azorín (31 minutos de duración), única película española a concurso, y la israelí Aya, de Mihal Brezis y Oded Binnum (39’), podrán verse al completo en la sección oficial: “Se han presentado cortadas en otros festivales”, subraya Carlos Madrid. Junto a ellas, mediometrajes de 11 países, destacando principalmente este año la aportación francesa.

Fotograma del mediometraje Los galgos, de Gabriel Azorín. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma del mediometraje Los galgos, de Gabriel Azorín. Imagen cortesía de La Cabina.

La Cabina Día 0, con la proyección de Un día en la galería, de Neil Young, y música en directo del grupo valenciano Senior i el Cor Brutal, servirá de prólogo al festival en la Explanada de la Biblioteca Pública el jueves día 7. La inauguración, un día después en la Sala Berlanga de la Filmoteca, con la película finlandesa La teoría del Korso, presentada por su director Antti Heikki Pesonen. El resto de la sección oficial se irá proyectando en el IVAM. Rebeca Romero, Gabriel Ochoa y Eva Peydró, jurado del festival, otorgará un premio de 600€ al mejor mediometraje. Y entre inéditos, proyecciones “al completo”, comedias, dramas, animación y ciencia ficción, La Cabina se consolida en los peores años de la crisis. Tomen nota.

Fotograma del mediometraje Midsummer Night. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma del mediometraje Midsummer Night. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Salva Torres