Colectivos literarios: Yo escribo, tú escribes…

Colectivos literarios de Valencia
Generación Bibliocafé, El Cuaderno Rojo, Lab, Valencia escribe

El oficio del escritor es solitario, una pugna diaria entre la creatividad de su mente y las exigencias de la página en blanco. Los autores se nutren de su propia experiencia, de sus lecturas y viajes, pero también de su relación con otros colegas en las que con frecuencia se entremezclan rivalidad y compañerismo. Las tertulias de poetas, filósofos y literatos son tan antiguas como la Humanidad y han perdurado durante siglos.

Con la irrupción de las nuevas tecnologías se ha dado un paso más, una nueva vuelta de tuerca. Una interrelación más frecuente y estrecha entre los escritores a través de internet y las redes sociales. También la oportunidad de la autoedición, pues muchos que antaño sólo tenían la posibilidad de publicar si ganaban algún premio literario puedan ver hoy sus textos en papel compartiendo páginas y título con sus compañeros. Obras ‘multifirmas’. Los colectivos literarios que funcionan en Valencia ya han generado una biblioteca propia que crece cada día. Los más prolíficos son ‘Generación Bibliocafé’ y ‘El Cuaderno Rojo’. Pero también ‘Lab’ o ‘Valencia escribe’ han editado recientemente libros de relatos.

‘El Cuaderno Rojo’, en homenaje a la novela de Paul Auster, se creó en 2010. Varios alumnos que ese año cursaron los talleres de Antonio Penadés y Santiago Posteguillo decidieron crear un grupo que les permitiese seguir en contacto. “No sólo para tomar cervezas, que también, sino para seguir aprendiendo a escribir y darnos apoyo mutuo en la creación de textos”, dice Bernardo Carrión, uno de los fundadores. ‘El Cuaderno Rojo’ nació en una fecha simbólica, el 23 de abril de 2010, Día del Libro con un grupo de nueve personas en torno a Santiago Álvarez y un grupo de Yahoo!

“Durante los tres años siguientes el grupo cruzó 6.000 mensajes y se sucedieron todo tipo de reuniones para hablar de tramas, personajes o cualquier asunto relacionado con la creación literaria”, recuerda Carrión. “El grupo también se abrió a su entorno y programó actividades abiertas como las liturgias del escritor, en que un autor explicaba su forma de trabajar, o las mesas redondas con varios invitados. Esta primera etapa culminó con la publicación de 11 monstruos por encargo, una antología editada por Acen”.

Portada del libro '11 Monstruos por Encargo'. Cortesía de sus autores.

Portada del libro ’11 Monstruos por Encargo’. Cortesía de sus autores.

Tras tres años de actividad se duplica el número de sus miembros, de 11 a 22, y en mayo de 2014 aparece la segunda antología de 22 relatos, Cuentos del tarot. Actualmente se están preparando dos nuevas antologías: Sangre y niebla y Guerra y mujer.

Varios miembros del grupo ya han publicados novelas en solitario, en el caso de Jordi Llobregat (El secreto de Vesalio) con derechos vendidos a varios países. También son autores conocidos: Marta Querol, Vicente Marco, Santiago Álvarez y  Miguel Ángel Badal. Además del propio Carrión otros miembros ya tienen novelas acabadas en fase de prepublicación: Enrique Huertas, Raúl Borrás, Marina López y Yolanda León.

Con una docena de títulos publicados, ‘Generación Bibliocafé’ (GB) es uno de los colectivos más prolíficos, vinculado a la cafetería librería del mismo nombre que cerró el año pasado. Desde entonces Wayco, en la calle Gobernador Viejo, es su punto de encuentro al que también acuden los colegas de ‘El Cuaderno Rojo’.

“Este año hemos publicado dos libros y tenemos otros dos en marcha”, dice Mauro Guillén uno de los fundadores que se encarga de las tareas de edición. “Al principio éramos ocho autores y ahora ya somos 56 escritores que disfrutamos con los libros por partida doble, al  escribirlos y al leerlos”.

Portada de Horacio Silva del libro 'Por amor al arte',

Portada de Horacio Silva del libro ‘Por amor al arte’. Cortesía de sus autores.

Arte e inmigración

Uno de sus últimos trabajos es Por amor al arte, 28 relatos sobre museos y el mundo de las artes plásticas, con una magnífica portada de Horacio Silva. “Es el libro que mejor ha funcionado, se ha vendido bien y a la gente le gusta mucho. Se nota que el grupo ha madurado y se empiezan a vislumbrar a buenos autores”, cuenta Guillén.

La GB editó un libro comprometido contra la violencia de género y también Relatos sin fronteras, un proyecto solidario en colaboración con el CEAR  y la Fundación por los Derechos Humanos. Son 23 historias, la mayoría muy duras, pero llenas de esperanza. Los beneficios de las ventas están destinados a estas dos instituciones.

Lab, portada del libro.

Portada del libro ‘Once cámaras acorazadas’, de Lab. Cortesía de sus autores.

Sin dogmatismos

Imprevisualizaciones y Once cámaras acorazadas son los títulos editados por ‘Lab’, colectivo de escritores fundado en 2011 que celebra reuniones periódicas en la Galería Imprevisual. “Nos caracterizamos por rehuir todo tipo de dogmatismos, por poner a prueba el empaque de los escritores criticados y por cierto frikismo en torno hasta qué punto las metáforas deben ser sutiles”, dice Ximo Azagra, uno de los fundadores.

En Once cámaras acorazadas, pese a la libertad de temática, género y estilo se da un punto común: una visión existencial desencantada. “Los protagonistas no tienen grandes aspiraciones y llevan con relativo estoicismo su enfrentamiento a conflictos vitales, pero dudan que su solución vaya a mejorar su vida”, comenta Azagra. “Hay tres tipos de miradas: realistas, con más mala uva y más especulativas”.

‘Valencia escribe’ es otro colectivo que se mueve mucho por  Facebook, que ha publicado su primer libro de relatos, Buffet Libre, editado por Guillen, en el que participan también algunos autores de la GB.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Bel Carrasco

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: “Amo esta horrible ciudad”. Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Nos apasiona el dolor y la tragedia de otros”

La mujer que no bajó del avión, de Empar Fernández Editorial Versátil De venta en librerías

Empar Fernández. Imagen cortesía de la autora.

Empar Fernández. Imagen cortesía de la autora.

¿Una novela se puede incluir en el género negro aunque no esté protagonizada por policías o detectives, ni siquiera por periodistas o abogados? Empar Fernández considera que sí y prueba su afirmación con su último libro, La mujer que no bajó del avión  (Versátil) que presentó recientemente en la librería Cosecha roja de Valencia, acompañada de Marina López, profesora de la Universidad de Castellón y comisaria de Valencia Negra. En una audaz vuelta de tuerca, Fernández no sólo elige como protagonista a un ciudadano normal y corriente, carente de los atributos y destrezas del sabueso tradicional. Además, adopta la voz y el punto de vista de Álex Bernal, un joven abúlico y apático, sin oficio ni beneficio que vaga por el mundo algo desnortado. Un autodidacta que se alimenta de libros de ficción y que, influido por su padre droguero y seguidor del Pantone, le gusta llamar a los colores por su nombre y apellido. Una vocación cromática que contrasta con la atmósfera gris asfalto que impregna la historia. Una Barcelona primaveral en torno al Día de Sant Jordi con rosas y petardos, es escenario y también protagonista de la historia. Fernández describe con solvencia y cariño el ambiente de los barrios limítrofes afectados por la crisis por los que se mueven los personajes. La acción arranca con una escena muy contemporánea. Álex Bernal, tras pasar una desastrosa temporada en Roma, espera en el aeropuerto de El Prat que la cinta transportadora vomite su equipaje, mientras observa girar una maleta solitaria al parecer abandonada por su propietario. En un impulso se apropia de ella, ignorando que contiene una doble sorpresa que va a cambiar su vida. Una carga de culpa y remordimientos, la historia trágica de una mujer, Sara Suárez que por egoísmo y omisión ha causado un gran daño a sus semejantes. A través de las vacilantes anotaciones de una desconocida, su confesión a corazón desnudo y canto de palinodia, Bernal reconstruye poco a poco su identidad como persona y afianza su posición en la vida. Empar Fernández Gómez (Barcelona, 1962)  alterna la docencia en los campos de Historia y Psicología con la escritura. Junto a Pablo Bonell Goytisolo creó al inspector Santiago Escalona, protagonista de las tres novelas que escribieron a cuatro manos: Las cosas de la muerte, Mala sangre y Un mal día para morir. Fue finalista del IX Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones con El loco de las muñecas, historia de un mendigo y , en 2008,  publicó Hijos de la derrota, que parte del fin de la guerra civil para contar cómo afecta a la vida de tres niños.  Obtuvo el Premio Rejadorada de Novela Breve por La cicatriz, en 2009, y al año siguiente publicó Mentiras capitales, ambientada en la posguerra.

Portada del libro 'La mujer que no bajó del avion', de Empar Fernández.

Portada del libro ‘La mujer que no bajó del avion’, de Empar Fernández.

Policiaca, negra, intriga psicológica, thriller. ¿Dentro de qué apartado se siente más cómoda? Quiero pensar que no son excluyentes y que la ficción admite diversas fórmulas y combinaciones. Me identifico con las etiquetas negra y psicológica. ¿A qué atribuye el gran éxito que tiene hoy la novela negra? Creo que al lector le apasiona leer sobre el dolor y la tragedia que afectan a otros, el crimen interesa siempre que podamos contemplarlo desde la distancia. Eros y Thanatos mueven el mundo. Además la novela negra proporciona el misterio y estimula eficazmente el interés, propiedades de las que otros géneros carecen. ¿Cree que puede morir de éxito si no se renueva? No creo que la novela negra llegue a desaparecer ni a morir de éxito, goza de buena salud y creo que, afortunadamente, se renueva constantemente. Siempre puedes encontrar alguna novedad que te sorprende por la trama, el enfoque, la estructura, el lenguaje… La renovación es necesaria para no encasillar la novela negra en patrones inamovibles, en fórmulas leídas mil veces que pueden llegar a resultar repetitivas. Harta de policías o detectives, en ‘La mujer que no bajó del avión’ se plantea una audaz innovación. ¿Cómo se enfrentó a ese reto?  En esta ocasión me planteé que el investigador fuera una persona cualquiera, sin preparación, sin método, simplemente un joven que tropieza con una historia muy oscura y llega a desentrañarla. ¿Le costó mucho meterte en la piel de Sara Suárez, un personaje con el que no es fácil empatizar por su egoísmo atroz? Sí, es un personaje difícil, atrevido, valeroso y egoísta y completamente carente de escrúpulos. Una mujer que corre riesgos, que calla, que traiciona  y que acaba pagando muy caros sus errores. Los autores de novela negra hemos aprendido a trabajar con personajes verdaderamente odiosos, con verdaderos criminales; en ese sentido tenemos una experiencia que nos ayuda a enfrentar el mal con la mente fría.

Portada de El loco de las muñecas, de Empar Fernández.

Portada de El loco de las muñecas, de Empar Fernández.

La Barcelona que describe delata un gran amor a su ciudad. ¿Cómo la vive día a día y qué queda de la huella  olímpica? Me gusta Barcelona por su diversidad de gentes, de paisajes urbanos, porque cambia continuamente y porque sigue conservando rincones que valen la pena. Me gusta porque cada barrio es un mundo y porque es un escenario inmejorable y sirve para grandes historias. Creo que amo la ciudad porque la conozco bien. De la huella olímpica solo aprecio las infraestructuras que cambiaron la apariencia de la ciudad. No es poca cosa. ¿El contacto con sus jóvenes alumnos le sirve de alguna manera para estar al día e imaginar historias conectadas con el presente? ¿Cómo ve a estas nuevas generaciones? El contacto diario con los alumnos sirve para crear nuevas historias y para actualizar el lenguaje coloquial que a menudo va más deprisa en las calles y entre la gente muy joven. Respecto a las nuevas generaciones creo que no conviene generalizar. Hay gente dispuesta a todo: a estudiar, a invertir tiempo y esfuerzo, a emigrar en un futuro si es necesario… y alumnos que se limitan a esperar que llegue el momento de abandonar el instituto. No  se puede establecer una norma. ¿Cómo están recibiendo los lectores su novela ‘La mujer que no bajó del avión’? Por el momento las impresiones que he recogido son inmejorables. He recibido numerosas felicitaciones de lectores y de críticos. Me siento muy satisfecha de los comentarios que me envían los lectores. Hasta el momento no pueden ser más halagadores.

Detalle de la portada del libro 'La mujer que no bajó del avión', de Empar Fernández.

Detalle de la portada del libro ‘La mujer que no bajó del avión’, de Empar Fernández.

Bel Carrasco