Del futuro al pasado

Fahrenheit 451
Escritores en plena canícula (V)
Marisa Alemany y Jose Antonio Vidal Castaño
Lunes 24 de agosto de 2020

El mayor privilegio de los escritores es poder elegir el tema sobre el que van a escribir. Entre la infinidad de materias a tratar, unos optan por aventurarse en un hipotético futuro como hizo Ray Bradbury, mientras otros se sumergen en el pasado para recrearlo y fabular sobre hechos pretéritos mezclando la realidad histórica con su imaginación.

En esta quinta entrega tenemos representantes de ambos ‘bandos’. Marisa Alemany, autora de una novela fantástica en clave humanística/feminista y José Antonio Vidal Castaño, cuyo mayor éxito hasta la fecha es un completo estudio sobre los maquis, a los que ha convertido en personajes de ficción en diversos relatos. Ambos aprovechan el verano para seguir maquinando historias lo más cerca posible del agua.

Marisa Alemany. Imagen cortesía de la autora.

Marisa Alemany pasa el verano en un pueblo cuyo nombre prefiere mantener en secreto por motivos obvios. “Es un pueblecito de casas colgantes cara a un valle profundo, digno de elfos y hadas.  Por él pasa un rio con puentes y pozas heladas. Nos visitan amigos y familiares que de longanizas, chuletas y verdura fresca, se llenan las barbas.  Somos felices pues charlamos sin tele y dormimos sin horas”.

Aprovecha la paz bucólica para trabajar en una novela de intriga histórica con un toque de realismo mágico ambientada en la época victoriana que espera terminar este verano. “La protagonista es Ada Lovelace precursora de la algoritmia informática, única hija legítima de Lord Byron. Desde niña estuvo destinada a dejar huella, y lo hizo. No se ha escrito hasta la fecha ninguna obra de ficción sobre este personaje tan fascinante”.

Su última novela, ‘Diosa de tierra y metal’ (El Transbordador)  es un relato fantástico feminista que narra la historia de una mujer poderosa capaz de comunicarse con los elementales y dominar un planeta. “Se trata de una aventura sobre la búsqueda de la identidad de una adolescente que adolece un trastorno de percepción que le permite ver más de lo que parece. Un futuro especulativo sobre la espiritualidad y la capacidad de los seres humanos para trascender la normalidad”.

Portada del libro ‘Diosa de tierra y metal’, de Marisa Alemany.

Entre sus últimas lecturas que se atreve a recomendar: ‘Los Solteros’ de Muriel Spark, “una novelista de principios del siglo XX con un bisturí por pluma, imprescindible para conocer el Londres de la época con toques de misterio y humor”. También  ‘Matsumae’ (Vinatea), recopilatorio de fábulas sobre distintas facetas de la vida. “Habla del amor, la amistad, la economía, las posibilidades de un mundo con valores, tremendamente sabio, escrito por Pascual Olmos. Debería ser manual de cabecera de los políticos y personas influyentes”.

Por último, ‘La ridícula idea de volver a verte’ de Rosa Montero. “Lo releí confirmando la autenticidad de la autora cuando lo escribió y la grandeza de la mujer de ciencia que fue Madame Curie, especialmente en su faceta humana y emocional. Puesto que estoy escribiendo una novela sobre otra mujer de ciencia, quise interiorizar la sinceridad de Rosa Montero hacia su protagonista con el mismo respeto con el que yo he escrito mi nueva novela hacia la mía”, concluye Alemany.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño pasa el verano en su casa de Benimàmet, a la sombra del campanario de la iglesia, con el alivio de una piscina. “Sólo salgo lo imprescindible, y no sólo por la COVID-19”, afirma. “Es mi forma de protestar al monótono ruido de la ‘nueva normalidad’, contra el rebaño y las manadas de adoradores de la publicidad, el turismo y las falsas tecnologías; contra los adoradores del progreso. No hace falta decir que echo de menos hablar, conversar, discutir, y el contacto físico directo”.   

Dedica el autoconfinamiento estival a varios proyectos de manera que, “uno me permite descansar del otro”. Combina un ensayo, una novela interrumpida, unos poemas y una colección de pequeños relatos al hilo del coronavirus. “Los relatos los ha escrito un tal Juan Afligido y me los ha enviado, clandestinamente, por valija diplomática secreta”, bromea. “Incluye la receta china sobre las 666 maneras de servir unas sabrosas rodajas de pangolín crudo con vinagre de Módena, ajos picados y pimientos del piquillo. Debe cocinarse todo con mascarilla homologada por el centro de salud más próximo”.   

Portada de ‘La España del maquis’, de José Antonio Vidal Castaño.

Su último libro publicado es la segunda edición de ‘La España del maquis, 1936-1965’ (Punto de Vista). “Debe leerse, entre otras cosas, para ver cómo los molinos de la historia muelen despacio y muy fino triturando el progreso  para meternos de lleno en la vida que es, como es. En un ensayo sobre muchas cosas que acontecieron y que, con nuevas formas y personajes, nos siguen incordiando”.

En el suplemento ‘Posdata’ (‘Diario Levante’) publica casi cada semana reseñas sobre libros recomendables, también en su blog, Pensar históricamente, hoy y en las redes sociales. Sin orden de preferencia cita:  ‘Unmundo feliz’ de Aldous Huxley; ‘Los fuegos de otoño’de Irene Némirovsky, ‘A corazón abierto’ de Elvira Lindo y ‘Elorden del día’ de Eric Vuillard; la autobiografía de Woody Allen, ‘A propósito de nada’, la biografía que escribió David Foenkinós sobre Lennon, y el poderoso ensayo de Alvarez Junco, ‘La invención de España’. Y para quienes quieran protestar por como esta el percal, ‘La insurrecciónque viene’ por el Comité invisible (varios autores).

Bel Carrasco

El arte como cebo

Blanco Nocturno, de Chema López
Galería Rosa Santos
C / Bolsería, 21. Valencia
Hasta el 25 de noviembre de 2016

“¿Tú qué ves ahí?”, interroga el artista junto a la obra que sirve de arranque a la exposición ‘Blanco nocturno’ en la galería Rosa Santos. Una obra de intenso fondo negro que termina abriéndose a la luz en su parte superior. “Yo diría que un pozo”. El artista asiente, aunque reconoce que muchos ven la luna. En todo caso, da igual, porque a Chema López lo que le interesa es precisamente eso: generar la inquietud de lo que significa ese blanco en medio de tamaña negritud. Para ello, invita al espectador a seguirle en la serie de pistas que conforman el recorrido narrativo de la muestra con la que ganó el Abierto Valencia, la fiesta de apertura de la temporada de las galerías de arte en la Comunidad Valenciana.

El título ‘Blanco nocturno’ dice provenir de una novela de Ricardo Piglia: “Me gusta por su estructura policiaca”. La misma con la que el propio Chema López construye su relato expositivo. “Me interesa crear cierto suspense, de manera que el espectador tenga que descifrar el contenido de los cuadros, más allá de su parte superficial”. Acostumbrados al aluvión de imágenes que ofrece la televisión y que circulan por Internet, López invita a una lectura más atenta, casi detectivesca.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno'' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno» de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

De hecho, en el primer piso de la galería muestra un dibujo infantil extraído de la película ‘El cebo’, de Ladislao Vajda. Un cebo utilizado como máxima del trayecto expositivo. “En la película, el asesino hace trucos de ilusionismo con los que atrae a las niñas, al tiempo que ese dibujo de la niña sirve a la policía como prueba para irlo descubriendo”. De manera, como dice Chema López, que la ficción “es manipulación” pero también “fuente de verdad”. De ahí, la alusión a Demócrito: “Si existe la verdad está en el fondo de un pozo”.

Por eso ‘Blanco nocturno’ empieza aludiendo al pozo de la entrada, en cuya imagen está impreso el título de la exposición y el nombre invertido del artista (“como si fuera un reflejo más”), y concluye en el tercer piso con otro pozo, éste rodeado de cañas, “para que la gente no se caiga”. Entre ambos, Chema López va dejando huellas de su inquietud artística que el espectador, adoptando su misma posición, recorre con la curiosidad de quien sigue un rastro criminal.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

El blanco y negro que caracteriza la obra de Chema López tiene mucho que ver con esa visión oscura de la realidad. “Estoy muy influenciado por las películas antiguas y por la crónica negra”, reconoce. También por cierto “pensamiento trágico”. Pensamiento que le lleva a plantear su ‘Blanco nocturno’ como el “intento de salir a la luz”, concitado en la imagen de entrada, a través de diversos “señuelos”. La linterna y la lupa, en manos del director de cine Nicholas Ray, otro de sus referentes, vendrían también a arrojar luz en esa oscuridad integrada por una talla de la cabeza de San Juan Bautista, el bosque por el que se adentra la niña de ‘El cebo’ a modo de Caperucita, o los cuerpos sin vida de los maquis asesinados en Mas Clarà el 4 de enero de 1960.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

La infancia, tan presente a lo largo del recorrido, se enmarca en esa crónica negra dominada por la violencia más extrema. Atinada es, en este sentido, la referencia a ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice, allí donde la niña protagonista pregunta, viendo a su vez ‘Frankenstein’, “¿por qué la mata?”. La “intertextualidad”, tan utilizada por Chema López, va dejando una pista tras otra con el fin de que el espectador vaya desentrañando el misterio. “Trabajo como si fuera un montaje cinematográfico”. Misterio asociado a la infancia (“nunca deberíamos perder esa mirada inocente de ver las cosas”) y a los peligros que la acechan. Peligros que tienen que ver con cierta luz de blancura tan cegadora y siniestra como iluminadora.

¿Qué es la imagen?, se pregunta Chema López en una de las piezas. “Un abrir y cerrar de ojos”, responde. ‘Blanco nocturno’ es una sucesión de esas imágenes que, mediante un montaje narrativo valedor del premio a la mejor exposición de Abierto Valencia 2016, ofrece la posibilidad de adentrarse en la ficción como artificio donde rastrear cierta verdad. La verdad del artista que hurga en las formas para ceñir el caos dotándolo de sentido.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

“La guerra civil aún interesa a los jóvenes”

Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal
Editorial Mandor

Una locomotora, un grupo de maquis, una pareja de guardias civiles y el jefe de una estación. Son los distintos puntos de vista desde los que José Antonio Vidal Castaño urde un relato de corte cinematográfico, escrito “como si llevara la cámara al hombro en vez de un lápiz en la mano”, inspirado en un hecho real ocurrido en Teruel, en 1946. El asalto y robo a un tren en la estación de Caudé llevado a cabo por los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) que consiguieron un importante botín, 750.000 pesetas de la época.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Asalto al tren pagador es el primero de una colección de doce relatos, publicados por  Mandor con ese título, elegido por el autor para encabezarlos, “porque las historias relacionadas con trenes tienen un halo entre romántico y aventurero”. Su hilo conductor es la guerra civil española, inagotable filón que ha inspirado no ríos sino océanos de tinta. “La guerra civil ya no apasiona tanto como en la Transición, pero sigue despertando interés, sobre todo entre los jóvenes que la ven idealizada como una época épica”, dice Vidal Castaño.

Aventuras, batallas, sexo salvaje y desenfrenado, tiernos recuerdos de la infancia, amor, humor y muerte se entrelazan en estas historias, “la mayoría escritas en los últimos años”, dice Vidal Castaño. “Si tengo una idea que puede dar origen a un cuento, la anoto en el primer papel que tenga a mano. Hay tres relatos  publicados en mi primer libro de narraciones, Ciudad sitiada, que he recuperado para conectar pasado y presente. Componen un libro que puede leerse cuento a cuento y salteados o todo seguido como si formasen parte de una novela.  En el orden hay un contexto común, los imaginarios  de guerra y posguerra, que parecen enredar y envolver al conjunto”.

De colofón, Vidal Castaño viaja al futuro y cuenta una sorprendente noticia, fechada en abril de 2019, que reproduce una patriótica receta de sopa de ajo a la burgalesa atribuida al  mismísimo General Franco, elaborada con productos genuinamente españoles.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds, de José Antonio Vidal Castaño.

Varios relatos están protagonizados por el inefable Oriol Ruvira i Furtamantes, inspirado en los personajes de Eduardo Mendoza. “Es una mezcla de periodista free-lance al servicio de quién le contrate y también un peculiar investigador privado, no exento de un toque de romanticismo y enajenación”, comenta Vidal Castaño. Las potentes figuras de Ernest Hemingway y Manolo Vázquez Montalbán también están representadas. “Además de ser dos grandes escritores, eran personajes polémicos, con amigos y enemigos, con personalidades poliédricas. Hemingway fue uno de los protagonistas de la guerra civil y se suicidó de manera poco usual. Vázquez fue protagonista, por sus escritos y actitud vital de la transición a la democracia en España. Ambos merecían el interés de un investigador tan peculiar como Oriol Ruvira i Furtamantes”.

Este año se publicará un nuevo ensayo histórico de Vidal Castaño, La España del maquis, 1936-1965 editado por Punto de Vista,  inicialmente en formato e-book. “Trata de ser un libro riguroso y a la vez de divulgación. Una visión panorámica de los maquis, de su mundo y de sus luchas en los más variados escenarios, desde Galicia o Cantabria hasta Levante o Andalucía, sin olvidar a los anarquistas catalanes y de otras zonas. Abordo esta temática con rigor pero sin academicismos”.

Doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Vidal Castaño  ha combinado la docencia con la escritura en una doble vertiente, ensayo y ficción. Los maquis son uno de sus temas preferidos. “Fueron los resistentes contra el franquismo más silenciados y su historia se ha movido siempre entre la fantasía y la realidad en base a testimonios a veces confusos o incompletos y llenos de temor”, comenta. “El miedo y sus consecuencias en el comportamiento humano han tejido la historia de las gentes que militaron en la guerrilla o que la ayudaron, sin recibir nada a cambio. Es un terreno abonado a los actos de generosidad e incluso de heroísmo, pero también a las delaciones, emboscadas y actos de crueldad, entre los propios maquis y entre estos y sus perseguidores. Mientras que la figura del maqui era asimilada por el franquismo a la de un “bandolero”; para las fuerzas de oposición era un luchador por las libertades políticas; es decir casi un héroe de leyenda. Tal vez todo eso y la soledad e incomprensión en la que vivieron envueltos hizo de ellos una figura romántica y atractiva que me esfuerzo en encajar en personajes, paisajes y circunstancias que sin disminuir su halo romántico nos hagan ver también su lado más dolorosos y sórdido”.

Su próximo proyecto es una novela que a través de una pareja central y un perro camina desde la guerra civil hasta casi nuestros días. “Una novela que se inicia alternando escenas de amor con las de odio, celos, guerra, en la que aparecerán desde seres anónimos y corrientes hasta importantes figuras históricas, todos ellos, pasados por el tamiz de la imaginación”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco