“Las oligarquías se diferencian en la forma”

El silencio del pantano, de Juanjo Braulio
Ediciones B

Una novela negra, sí, pero también mucho más. Al igual que hicieron otros autores desde Vázquez Montalbán a Rafael Chirbes, Juanjo Braulio en su brillante debut literario, El silencio del pantano (Ediciones B), utiliza el crimen y la corrupción como escalpelo para abrir en canal nuestra sociedad y exhibir sus impudicias y miserias, y lo hace con una solvencia asombrosa en una primera novela.

Su historia no es un relato lineal con su correspondiente dosis bien medida de intriga, suspense y violencia, que también. Además, construye un artefacto metaliterario con un doble nivel. La voz del narrador, un escritor de novela negra de cierto éxito que tiene una forma peculiar de documentarse, y las andanzas de sus personajes; David Grau, un picoleto gay licenciado en Historia del Arte, y su superior, Manceñido, de carácter bonachón y espontáneo.

A través de una red de narcotráfico y blanqueo de dinero que vincula las altas esferas y los bajos fondos, el escritor y sus personajes navegan por la marisma soterrada bajo montañas de ladrillos y hormigón. Un pantano en el que las cañas forman empalizadas indestructibles y las anguilas compiten por descollar, a sabiendas de que si sacan la cabeza del agua alguien se apresurará a decapitarlas.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Construida sobre los sólidos cimientos de una exhaustiva documentación, la novela recrea una Valencia imaginaria de la poscrisis en la que cualquier parecido con la realidad es deliberado. La histeria futbolera, los falsos ricos de la burbuja, la aniquilación universitaria de la huerta, los cuarentones obsesionados por el running y, sobre todo la casta. Los de Siempre. Esas cañas, algarrobos u olivos,  apropiada metáfora agrícola, que cortan el bacalao y que, gobierne quien gobierne, son los que realmente mandan.

Un retrato hecho desde el amor y el profundo conocimiento de lo nuestro, Semana Marinera del Cabanyal o mascletàs incluidas, que no excluye una crítica demoledora y argumentada. Algo que no abunda por estos pagos y que se  agradece por su efecto tonificante y terapéutico sobre una sociedad que en menos que canta un gallo pasa de la indignación furibunda a la apatía sin enterarse de cómo la manipulan los amos del corral.

La novela se presentó el jueves, 1 de octubre, en la librería Leo, con la presencia del autor, el periodista Ramón Palomar y el cantante de ‘Seguridad Social’ José Manuel Casañ.

Con sólo dos semanas en las librerías El silencio del pantano ha recibido el aplauso de la crítica y los derechos de la historia han sido vendidos para una posible película o serie de televisión. “La verdad es que no me puedo quejar en absoluto, al menos hasta ahora”, dice Braulio. “La acogida de la crítica en blogs y webs especializadas ha sido especialmente buena y cuando desde la editorial me dijeron que la productora de la película Anacleto, agente secreto, que se estrenó el pasado 4 de septiembre quería adquirir los derechos de mi novela para un proyecto audiovisual no me lo podía creer, literalmente. No obstante, ahora, con el libro en la calle, la novela ya no es mía sino de quien la lee, de quien le gusta o de quien le disgusta”.

Da la impresión al leer su novela que los protagonistas han vivido lo suyo. ¿Cuándo y cómo se forjaron y cobraron vida en su mente?

El proceso de creación de personajes, al menos en mi caso, no es ni lineal ni espontáneo. Grau nació de un conocido mío que pertenece a un determinado cuerpo de funcionarios del Estado donde la homosexualidad sigue siendo un tabú. No está prohibida, faltaría más, pero no es tan entendida como en otros sectores de la sociedad. En el caso de Manceñido, su gestación fue por oposición. El culto, sensible e inteligentísimo Grau necesitaba un contrapunto picante. Ese contraste tenía que venir de un personaje forjado en la calle, con los mimbres del hombre común y corriente –alejado de veleidades intelectuales– pero dotado de mucho sentido común y sensatez. Así como David Grau sí nació de una persona real, Manceñido es una criatura literaria al cien por cien, creado por oposición al otro.

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de intercalar sus aventuras con las de “Q”, ex periodista y escritor, en la original estructura de su relato?

Lo más difícil fue dar con el ritmo adecuado para las dos historias. El silencio del pantano se estructura en dos historias que se entrecruzan y se mezclan en dos planos de realidad. Tenía que conseguir que un plano y otro se distinguieran por sí mismo. De hecho, me propusieron usar tipografías diferentes para distinguir un plano del otro pero no quise porque las dos realidades tenían que tener la entidad suficiente por sí mismas como para no necesitar la maquetación para distinguirlas. No obstante, también necesitaba que una y otra caminaran juntas, cogidas de la mano, pero con su propia personalidad. Eso fue lo que más me costó de armonizar, sin duda.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

¿Cree que la casta valenciana tiene algún rasgo distintivo que la diferencia de otras?”

No lo creo. Las diferencias entre las oligarquías son más folclóricas o, si se quiere, de color y de forma, pero no de fondo. Al poder le gusta travestirse de sabor local para hacerse más soportable pero, en esencia, es siempre lo mismo. Con El silencio del pantano he escrito una novela sobre el poder que tiene Valencia como escenario pero que podría ocurrir en cualquier otra parte y con resultados parecidos. Que el teatro de operaciones esté en nuestra ciudad no significa que la historia que cuento sea local o incluso pueblerina sino que, precisamente por eso, es universal porque puede pasar en cualquier lugar del mundo y, si me apuras, en cualquier época.

Este año se han publicado muchas y muy buenas novelas negras escritas por valencianos. ¿Un fenómeno puntual que quedará en nada o un incipiente boom literario?

Quizá sí que estamos viviendo una cierta burbuja “negrocriminal” porque la industria editorial se ha dado cuenta, gracias a determinados éxitos, que ahora hay más público dispuesto a leer novela negra. Todavía quedan rescoldos del boom de la novela erótica que explotó hace un par de años y, sin embargo, el subgénero de novelas de vampiros ya ha desaparecido del todo. No obstante, es posible que ahora estemos viviendo un momento de subida de este tipo de literatura que nunca ha desaparecido. De hecho, El silencio del pantano se publica dentro de la colección La trama de Ediciones B que es la colección más antigua de género negro de la literatura en castellano.

¿La novela negra no enmascara a veces la novela social de toda la vida?

No la enmascara sino que es la novela social, al menos, desde los últimos cincuenta años. La novela social químicamente pura gozó de buena salud en toda Europa hasta la II Guerra Mundial, más o menos, y, a partir de ahí, los miedos y preocupaciones de las sociedades occidentales se plasmaron en el género negro entendido éste en un sentido amplio ya que, dentro de lo ‘negro’ ya caben muchas cosas: desde la novela detectivesca a la policial, pasando por el thriller, la intriga o incluso el terror urbano. Probablemente, los historiadores del futuro, además de los medios de comunicación, tendrán que leer novelas negras para entender mejor cómo era la época que estamos viviendo, aunque sea a través de fábulas.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Su libro destila mucha rabia y también grandes dosis de amor y odio por Valencia. ¿Tenemos los valencianos suficiente capacidad de autocrítica o pasamos de la indignación furibunda al pasotismo meninfot?

No creo en la autocrítica porque es una palabra tan manoseada que ha terminado por significar justo lo contrario. Si te fijas, casi nadie dice “debo hacer autocrítica” sino que es otro el que dice “debes hacer autocrítica”, o sea, que es una manera de despellejarte sin decírtelo. En todo caso, el meninfotisme es el pecado tradicional de los valencianos y el más común. Las indignaciones furibundas valencianas siempre han sido más tracas que cañonazos. Y así nos ha ido.

El propio narrador reconoce la exigencia de la literatura frente al periodismo. ¿Qué le resultó más difícil en este salto?

Se dice que el diablo vive en los pequeños detalles. El periodismo exige rigor y precisión pero, es evidente, que no necesita de la creación de todo un universo porque el universo donde actúa ya está creado. En la literatura, aunque los escenarios estén basados en la realidad, como es mi caso, es necesario crearlo todo y preverlo todo, aunque después no sea utilizado en la narración. Las buenas novelas son aquellas que, como las casas, tienen buenos cimientos, aunque no se vean desde fuera.

Se nota que ha trabajado mucho  la documentación previa, aunque ello no altere el ritmo de la acción. ¿Dónde ha tenido que hurgar más para dar verosimilitud a su historia?

En cuestiones de informática y redes sociales. Como cualquiera, soy usuario de tecnología y me doy cierta maña en las redes sociales pero, en determinado momento de la novela, fue necesario estudiar de verdad determinados procedimientos para garantizar la verosimilitud. Como es natural conté con la ayuda de expertos a los que agradezco de nuevo su colaboración. También hubo que mirar bien algunos procedimientos fiscales para que la red de blanqueo de dinero que imaginé fuera creíble y que nadie pudiera sacarme los colores.

Bel Carrasco

“La guerra civil aún interesa a los jóvenes”

Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal
Editorial Mandor

Una locomotora, un grupo de maquis, una pareja de guardias civiles y el jefe de una estación. Son los distintos puntos de vista desde los que José Antonio Vidal Castaño urde un relato de corte cinematográfico, escrito “como si llevara la cámara al hombro en vez de un lápiz en la mano”, inspirado en un hecho real ocurrido en Teruel, en 1946. El asalto y robo a un tren en la estación de Caudé llevado a cabo por los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) que consiguieron un importante botín, 750.000 pesetas de la época.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Asalto al tren pagador es el primero de una colección de doce relatos, publicados por  Mandor con ese título, elegido por el autor para encabezarlos, “porque las historias relacionadas con trenes tienen un halo entre romántico y aventurero”. Su hilo conductor es la guerra civil española, inagotable filón que ha inspirado no ríos sino océanos de tinta. “La guerra civil ya no apasiona tanto como en la Transición, pero sigue despertando interés, sobre todo entre los jóvenes que la ven idealizada como una época épica”, dice Vidal Castaño.

Aventuras, batallas, sexo salvaje y desenfrenado, tiernos recuerdos de la infancia, amor, humor y muerte se entrelazan en estas historias, “la mayoría escritas en los últimos años”, dice Vidal Castaño. “Si tengo una idea que puede dar origen a un cuento, la anoto en el primer papel que tenga a mano. Hay tres relatos  publicados en mi primer libro de narraciones, Ciudad sitiada, que he recuperado para conectar pasado y presente. Componen un libro que puede leerse cuento a cuento y salteados o todo seguido como si formasen parte de una novela.  En el orden hay un contexto común, los imaginarios  de guerra y posguerra, que parecen enredar y envolver al conjunto”.

De colofón, Vidal Castaño viaja al futuro y cuenta una sorprendente noticia, fechada en abril de 2019, que reproduce una patriótica receta de sopa de ajo a la burgalesa atribuida al  mismísimo General Franco, elaborada con productos genuinamente españoles.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds, de José Antonio Vidal Castaño.

Varios relatos están protagonizados por el inefable Oriol Ruvira i Furtamantes, inspirado en los personajes de Eduardo Mendoza. “Es una mezcla de periodista free-lance al servicio de quién le contrate y también un peculiar investigador privado, no exento de un toque de romanticismo y enajenación”, comenta Vidal Castaño. Las potentes figuras de Ernest Hemingway y Manolo Vázquez Montalbán también están representadas. “Además de ser dos grandes escritores, eran personajes polémicos, con amigos y enemigos, con personalidades poliédricas. Hemingway fue uno de los protagonistas de la guerra civil y se suicidó de manera poco usual. Vázquez fue protagonista, por sus escritos y actitud vital de la transición a la democracia en España. Ambos merecían el interés de un investigador tan peculiar como Oriol Ruvira i Furtamantes”.

Este año se publicará un nuevo ensayo histórico de Vidal Castaño, La España del maquis, 1936-1965 editado por Punto de Vista,  inicialmente en formato e-book. “Trata de ser un libro riguroso y a la vez de divulgación. Una visión panorámica de los maquis, de su mundo y de sus luchas en los más variados escenarios, desde Galicia o Cantabria hasta Levante o Andalucía, sin olvidar a los anarquistas catalanes y de otras zonas. Abordo esta temática con rigor pero sin academicismos”.

Doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Vidal Castaño  ha combinado la docencia con la escritura en una doble vertiente, ensayo y ficción. Los maquis son uno de sus temas preferidos. “Fueron los resistentes contra el franquismo más silenciados y su historia se ha movido siempre entre la fantasía y la realidad en base a testimonios a veces confusos o incompletos y llenos de temor”, comenta. “El miedo y sus consecuencias en el comportamiento humano han tejido la historia de las gentes que militaron en la guerrilla o que la ayudaron, sin recibir nada a cambio. Es un terreno abonado a los actos de generosidad e incluso de heroísmo, pero también a las delaciones, emboscadas y actos de crueldad, entre los propios maquis y entre estos y sus perseguidores. Mientras que la figura del maqui era asimilada por el franquismo a la de un “bandolero”; para las fuerzas de oposición era un luchador por las libertades políticas; es decir casi un héroe de leyenda. Tal vez todo eso y la soledad e incomprensión en la que vivieron envueltos hizo de ellos una figura romántica y atractiva que me esfuerzo en encajar en personajes, paisajes y circunstancias que sin disminuir su halo romántico nos hagan ver también su lado más dolorosos y sórdido”.

Su próximo proyecto es una novela que a través de una pareja central y un perro camina desde la guerra civil hasta casi nuestros días. “Una novela que se inicia alternando escenas de amor con las de odio, celos, guerra, en la que aparecerán desde seres anónimos y corrientes hasta importantes figuras históricas, todos ellos, pasados por el tamiz de la imaginación”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Valencia Negra da en el blanco

Valencia Negra
III Festival de Género Negro de Valencia
Del 7 al 17 de mayo de 2015

Lo hacen por amor a la cultura. ¡Cómo si no! Ahora que es tiempo electoral, no hay partido que se haga cargo de ella. La cultura brilla por su ausencia en las proclamas políticas. De manera que Valencia Negra, como tantas otras iniciativas culturales, salen hacia delante por el amor, no correspondido económicamente, de gente como Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión, al frente del festival de género negro que se celebra del 7 al 17 de mayo. Y como llover llueve sobre mojado, tienen claro que el negro del festival adquiere un tinte menos siniestro gracias al esfuerzo y la respuesta de participantes y público.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, directores del festival, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

“La tercera edición es la de la consolidación”, sostiene Álvarez, director de Contenidos de Valencia Negra. Y para ello enumera las 15 sedes que se extienden por toda la ciudad (“esperemos que el año que viene sean 20”), las más de 60 actividades y los cerca de 100 participantes. Y, por encima de todo, el nacimiento (“toda una responsabilidad”) del Premio Ledesma, en homenaje a Francisco González Ledesma, que se crea para reconocer toda una carrera literaria, siendo el primero en recibirlo Andreu Martín, uno de los “cuatro jinetes del apocalipsis en materia de novela negra”, según Álvarez. Los otros tres: Vázquez Montalbán, Juan Madrid y el propio Ledesma. “Queremos que sea un premio de larga trayectoria”, remacha Llobregat.

Fotograma de 'Vivamente el domingo', de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Vivamente el domingo’, de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Y puestos a entregar premios, Valencia Negra los amplía este año. Al honorífico Ledesma se le suma el ya “tradicional” premio Mejor Novela y otros dos nuevos: Millor novel.la y Best Novel. Los votos de los lectores a través de la web del festival serán los que dicten los ganadores; más de 2.000 personas ya lo han hecho.

Ése es uno de los platos fuertes de la Valencia Negra consolidada. Pero hay más. Por ejemplo, la presencia de escritores como Dolores Redondo, famosa por su trilogía protagonizada por Amaia Salazar y enmarcada en el Baztán, Rosa Ribas, Juan Ramón Biedma o Javier Valenzuela, hasta un total de 40 narradores que pasarán por un festival con más autores valencianos que nunca, entre ellos Ferràn Torrent. El carácter internacional, autentificado el pasado año por Petros Márkaris, se profundiza en esta ocasión con la presencia del argelino Yashmina Khadra (seudónimo de Mohammed Moulessehoul), los argentinos Carlos Salem y Marcelo Luján, y los peruanos Santiago Roncagliolo y Jorge Eduardo Benavides.

Fotograma de 'Frío en julio', de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Frío en julio’, de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de 'Los canallas', de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Los canallas’, de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

El cine también contribuye a dar esplendor al festival, saltando a la Sala Rialto de la Filmoteca Valenciana. Se proyectarán cuatro películas, dos de ellas inéditas en Valencia: ‘Los canallas’ (Les salauds), de Claire Denis, y ‘Frío en julio’ (Cold in july), de Jim Mickle. Las otras dos: ‘Vivamente el domingo’ (Vivement dimanche!), de François Truffaut, e ‘Inquietudes’ (Trouble in mind), de Alan Rudolph.

El certamen #60EnNegro, al que se han presentado 53 trabajos en formato de un minuto, también da fe del auge del festival. Finalmente, 12 son los seleccionados para una competición en la que ya han votado 3.000 personas, según cifras facilitadas por Bernardo Carrión, director de Comunicación. Paco Plaza, director de la saga ‘REC’, y Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo o Víctor Ros, entre otras) mantendrán una charla antes de la entrega del premio al corto ganador.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Otro plato fuerte es la exposición que se abrirá al público el 14 de mayo en el MuVIM dedicada a Arthur Fellig, más conocido por Weegee. Fue uno de los pioneros del fotoperiodismo que, como recordó Carrión, “llegaba antes que nadie al lugar del crimen para fotografiar los sucesos”, al tiempo que revelaba y positivaba en vivo gracias al laboratorio instalado en su automóvil. También se le recuerda por sus fotografías a celebridades como Marilyn Monroe. La muestra cuenta con 96 imágenes del archivo de Side Gallery y permanecerá expuesta hasta el 31 de agosto.

El teatro en la Sala Russafa, con la reposición de ‘Matar al rey’ (Arden Producciones), y el cómic de Paco Roca, que dibujará a ritmo de jazz en la librería Bartleby, son algunas otras actividades de una Valencia Negra bien completa. Diez días de género negro que, como refleja el cartel realizado por Gustavo Ten, “da miedo, pero aún así incita a querer verlo”. Palabra de Santiago Álvarez, uno de los tres artífices de este festival en cuarto creciente, que le sigue el rastro a los tres más importantes: Gijón, Barcelona y Getafe. Todo ello en 2015, “el año de los festivales negros en España”.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Salva Torres

El desencanto mortal de Leopoldo María Panero

El desencanto, de Jaime Chávarri
Básicos de la Filmoteca
CullturArts de La Filmoteca-IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 27 de marzo, a las 19.00h

El jueves  27 de marzo,  tres semanas después de la muerte del poeta Leopoldo María Panero, el IVAC-La Filmoteca de Valencia proyecta en su programación Básicos de la Filmoteca, el documental El desencanto de Jaime Chávarri rodado en 1976 sobre la familia Panero.

“Tanto sobre la familia como sobre los individuos. En particular, hay dos historias que se pueden contar. Una es la leyenda épica, esto es, las hazañas del yo, y otra es la verdad. Y la leyenda épica de nuestra familia, que es la que me figuro que se ha contado en esta película, es muy bonita, romántica y lacrimosa, pero la verdad es una experiencia deprimente.” (Leopoldo María Panero)

Felicidad Blanc con sus tres hijos en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Felicidad Blanc con sus tres hijos en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

El  relato El desencanto no narra la leyenda épica de la familia Panero, sino que nos devela la “verdad” sórdida de esta saga de escritores y poetas. Una “verdad” que empieza a manifestarse cuando hace acto de presencia en el documental  Leopoldo María Panero.

“Leopoldo María es el alma de la película, sin su intervención y su  visión opuesta al resto de los miembros de la familia, de lo que fue la vida familiar, no hubiese habido película.” (Jaime Chávarri)

En El desencanto, como señala Chávarri, “se hace una reflexión de la familia y, más concretamente, sobre el padre, sobre la figura del padre.”

El inicio y el final de El desencanto es el mismo. Esto es, el plano de una fotografía de la madre, Felicidad Blanc, con sus tres hijos, Juan Luis, Leopoldo María y Michi, cuando eran pequeños, y, por corte, se pasa al plano de una estatua tapada y maniatada por un plástico que oculta la figura del padre.

Estatua del padre de los Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri,

Estatua del padre de los Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri,

 

Por tanto, una estructura circular que nos muestra una desgarradora presencia de la madre que no permite la visualización de la figura del padre, ni como estatua.  Así pues, si la figura paterna está eclipsada por los fascinantes rayos de la madre, serán los hijos los que ocupen su lugar, a modo de deseo metafórico,  en el lecho de la madre.

“Una vez en un restaurante, el camarero tenía la idea de que yo era el gigoló de mi madre. Y me hizo mucha ilusión. Me excitó sexualmente, era muy divertido.”  (Juan Luis Panero)

Probablemente, sea ese deseo de querer ocupar la posición del padre, el lugar de encuentro y desencuentro entre los hermanos Panero, Juan Luis y Leopoldo María.

Juan Luis Panero, a la derecha, y Michi Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Juan Luis Panero, a la derecha, y Michi Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

“A raíz de la muerte de mi padre todo fue un desastre, parte de ese desastre fue porque cada uno quiso ocupar el lugar del padre. (…) A mi lo que me gustaría sería acostarme con mi madre. Soy plenamente consciente de ese deseo.” (Leopoldo María Panero)

Tras la muerte del padre, el desastre familiar, económico y emocional se apoderó de los Panero. La escritura era, como dice el poeta Leopoldo María Panero, “la salida que nos quedaba para existir en el círculo vicioso, imposible de romper, de desastre familiar.”

Un desastre familiar que Leopoldo María Panero atribuye con cruel desgarro, tanto en la realidad como en la creación poética, a su madre.

“Mi madre también fue la causa de mi desastre”, palabras pronunciadas en el documental de Chávarri. O en los versos de “Ma Mère”, dedicado “A mi desoladora madre, con extraña mezcla de compasión y náusea que puede sólo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto desastre.”

Una escritura para sobrevivir al estrago de la madre. “Juan Luis y yo éramos los que más bebíamos, llevábamos una conducta parecida a la de mi padre, nos convertimos en los sustitutos de mi padre, a nivel más malo, no como metáfora paterna sino como realidad. Mi madre nos convierte en sinónimos de lo peor de mi padre.” (Leopoldo María Panero)

Una escritura, la de Leopoldo María Panero, que grita desgarradora y enloquecedora el doloroso interrogante de ¿Quién soy yo? o como él mismo dice en el documental: “ Yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos.”

Poesía para sobrevivir a la locura o locura sobreviviendo en la poesía.

Felicidad Blanc junto a Leopoldo María Panero, izquierda, y Michi Panero, en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Felicidad Blanc junto a Leopoldo María Panero, izquierda, y Michi Panero, en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

Réquiem

“Me despierto a las cuatro de la madrugada y me arrodillo para rezarle a la muerte. Mi madre pisotea mi tumba.” ( Leopoldo María Panero)

Leopoldo María  Panero nació un 16 de junio de 1948 y murió durmiendo un 6 de marzo de 2014 en Las Palmas de Gran Canaria, en el Hospital Juan Carlos I en el área de salud mental. Esa madrugada la muerte no despertó al poeta.

Hijo de otro gran poeta, Leopoldo Panero, y de la escritora y actriz Felicidad Blanc, hermano del también poeta Juan Luis Panero y de Michi Panero, Leopoldo María Panero perteneció al grupo de los Nueve Novísimos, creado en 1970 por Josep María Castellet, junto con  Pere Gimferrer, Ana María Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero y José María Álvarez.

Leopoldo María Panero escritor -ensayista, narrador y poeta, pero ante todo poeta-, vivió cubierto por la máscara de la locura. Una locura que arrastró tanto por los diferentes manicomios en los que estuvo internado prácticamente toda su vida,  como por su poesía. “No sé si está loco, ni qué tipo de locura es la suya, pero si debe tener alguna que justifique todo, será una platónica locura poética de altísima calidad, a la altura misma de su ironía.” (Segundo Manchado, su psiquiatra, ex director del Hospital Psiquiátrico de Gran Canaria).

Una poesía, transgresora, irracional y marcada por un vacío delirante, que empezó a escribir a los cuatro años, sumiendo a sus padres en un estado de total  desconcierto.

“Mi corazón temblaba y no era un sueño/ fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey/ y mi corazón seguía temblando.” “Los libros hablaban, hablaban y Dios iba diciendo: pronto se acabará el mundo.” (Poemas escritos por Leopoldo María Panero a los cuatro años y recitados por él mismo en el documental El desencanto).

Esos poemas infantiles son para Leopoldo María Panero “lo mejor que he escrito y además anticipa toda mi poesía posterior, hasta la temática del apocalipsis que la escogí más tardíamente está en ellos.”

Una infancia perdida, pero constantemente anhelada.

“En la infancia vivimos, después sobrevivimos.” (Leopoldo María Panero)

Leopoldo María Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Leopoldo María Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

Begoña Siles

 

 

 

 

 

 

 

 

TV & Miseria de la II Transición

TV & Miseria de la II Transición de Carme Portaceli
En la Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Del 5 al 8 de diciembre de 2013

Vuelve a Sala Russafa Carme Portaceli con el nuevo espectáculo de su compañía, Factoría Escénica Internacional. Afincada en Barcelona, esta valenciana trabaja habitualmente con el CDN (Centro Dramático Nacional) o el Teatre Nacional de Catalunya en la dirección de montajes. Pero su trabajo más personal lo realiza con su compañía, que en 2012 pasó por el centro cultural de Ruzafa con el espectáculo Nuestra clase, seleccionado entre los mejores de la temporada por la crítica valenciana.

Esta semana estrena en la Comunitat TV&Miseria de la II Transición, con cuatro únicas funciones (5-8 de diciembre en Sala Russafa). Se trata de un montaje ácido, un ataque en clave de humor al sistema social y político actual.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Este texto, escrito por Albert Boronat para Factoría Escénica Internacional, se inspira en la lucidez del periodista y escritor Manuel Vázquez Montalbán. La obra critica el papel homogeneizador de la televisión, sobrevenido por el nacimiento de una nueva Europa tras la segunda Guerra Mundial y de la caída del Muro de Berlín. Con la llegada de la globalización, reina el lema “piensa globalmente y actúa localmente”. Pero el ansiado sueño de crear un mundo mejor se ve destronado por una realidad con crecientes desequilibrios financieros y desigualdades sociales.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Tv&Miseria de la II Transición los retrata inteligentemente y desde el humor. A través de una escenografía sencilla pero efectiva, los actores David Bagés, Lluïsa Castell, Gabriela Flores y Albert Pérez transportan al espectador a lugares tan cotidianos como el comedor de un hogar, un colegio o un hospital. Allí, se recrean situaciones delirantes, pero no irreales, que retratan la extraña realidad a la que nos hemos acostumbrado.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Desde la comedia alocada y el gag, la nueva propuesta de Carme Portacelli no abandona en ningún momento la ironía para provocar en el espectador una reflexión al tiempo que ríe en su butaca. Una de las escasas ocasiones para disfrutar del teatro de calidad y con sustrato de Factoría Escénica Internacional en Valencia.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.

Momento de la obra. Imagen por cortesía de la Sala.