Un alumbramiento de vértigo

Ángulos del vacío, de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de febrero de 2017

“Muy inquietante y desasosegante”, acertaron a decir dos jóvenes cuando Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda les preguntaron acerca de la instalación que recoge el título del conjunto expositivo: ‘Ángulos del vacío’. Y no es para menos. Los 16 módulos cuadrangulares, dispuestos sobre un gran espejo, iluminados como grandes luciérnagas en la noche cerrada, desconciertan. De manera que el alumbramiento de la primera instalación que juntas realizan, después de compartir estudio durante años y trayectorias por separado, resulta de vértigo. Un vértigo que asumen como parte intrínseca del propio proceso creativo.

“La verdadera herramienta del artista es la incertidumbre”, comentan. Incertidumbre nacida del mismo instante en que la comisaria Isabel Justo les propuso la realización de la que a la postre ya es su primera exposición conjunta. Y visto lo visto, exclaman: “¡No concebimos cómo no se nos ha ocurrido antes!” Lo cierto es que ahí está, invitando al espectador, en la Sala Refectorio del Centre del Carme, a perderse por el infinito túnel de geometría y luz que Sepúlveda y Ferrer construyen a modo de inquietante sueño.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Queremos que el espectador se sienta inmerso en otro mundo”. Siguiendo a Paul Éluard, que dijo aquello de “hay otros mundos, pero están en éste”, las artistas ensayan en ‘Ángulos del vacío’ a sentir esa experiencia. Lo hacen sumando sus respectivos lenguajes: más geométrico, lineal, poblado de repeticiones, en el caso de Encarna Sepúlveda, y más lumínico, alentando cierta poética del vacío, en el caso de Carolina Ferrer. De ahí que, sumadas ambas visiones, a la poetisa Lola Andrés se le ocurriera el título que ha dado forma a la exposición realizada ex profeso para las salas Refectorio y Contrafuertes. Suyos son, al mismo tiempo, los poemas que acompañan la muestra.

“La instalación no tiene fin y posibilita múltiples puntos de vista”, explican a pie de obra. Esa multiplicación obedece al modo en que ha sido concebida tan enriquecedora fusión de elementos. Y en semejante marco. “Lo gótico y lo futurista conviven felizmente”. De manera que el Refectorio del Centre del Carme, al tiempo que remite a una época pretérita, se proyecta hacia delante estirando ese tiempo como suele hacerse en los mejores sueños y las peores pesadillas. “En el arte no hay propósitos, sino descubrimientos. Los artistas no sabemos lo que buscamos”, explican ambas artistas.

Esos descubrimientos, alumbrados en la exposición tras hurgar en lo desconocido (el propio ensamblaje de sus respectivas trayectorias), convierten ‘Ángulos del vacío’ en una experiencia creativa en toda regla. Experiencia ofrecida al espectador con la intención de “hacerle sentir algún tipo de emoción”. Para ello, se hace necesario, dicen, “dejarse embargar” por la instalación, que “ha de verse en soledad”. Porque Ferrer y Sepúlveda conciben así el arte, como un acto que “requiere contemplación y un ejercicio lento de asimilación”.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Esa lentitud, en una sociedad agitada por las prisas y la “sobredosis informativa, icónica”, ya es de por sí un acto de resistencia. “Sí, pensamos que es un ejercicio de resistencia, porque te obliga a entrar en un espacio regido por otros parámetros”. Y aunque el espectador tiene siempre la última palabra, se atreven a decir: “Ojalá tuviera nuestra obra el poder de sugerir, evocar, formular preguntas” y, en última instancia, “suscitar la reflexión”. En todo caso, como dijeron los jóvenes que en ese momento observaban la instalación, “impresiona”.

Es a partir de esa impresión que la obra de Sepúlveda y Ferrer puede dar pie a la reflexión. Para ello sólo es necesario sumar el espejo, a modo de profundas aguas, la repetición de los módulos cuadrangulares, la intensa y cautivadora luz de las fluorescentes y el reflejo que producen conjuntamente la “sensación de abismo”, a la que aluden las propias artistas. Abismo hacia el mundo telúrico vertical y hacia el espacio infinito horizontal que remite al sueño o la pesadilla.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

-¿A ti qué te sugiere?, cuestionan ahora las artistas.

-Me viene la secuencia final de ‘La dama de Shanghai’, en la que un desencajado Orson Welles dispara contra sucesivos espejos intentando matar a su antagonista reflejado en multitud de cristales. La sensación, tan contemporánea, de fractura del yo dada la dificultad para construir una identidad que ya no es uniforme.

Y vuelven a evocar la tarea del espectador, a quien corresponde interpretar su obra. “Como autoras, no disponemos de más respuestas que los espectadores”, subrayan. Además, explican que a la hora de producir son “lentas”, porque controlan mucho el proceso. Aún así, atesoran una larga trayectoria artística, representada en numerosas colecciones y jalonada de premios. Trayectorias que ahora desembocan en su primera exposición común y su primera instalación. Carolina Ferrer ya tuvo una experiencia similar antes, mientras que para Encarna Sepúlveda es su estreno, aunque no dudan a la hora de señalar el buen sabor de boca que les ha dejado tan feliz descubrimiento.

“Sí, pensamos repetir, seguir haciendo nuevas instalaciones”. Como piensan seguir ahondando en la creación: “Es lo que nos da vida”, apuntan iluminadas por la cercanía de su más reciente instalación y por la propia pasión creativa. Agradecidas por el apoyo de las empresas Cristalería Berol, Alumida, Re-habitStudio o Bodegas Chozas Carrascal, que patrocina a su vez el concierto del 20 de diciembre en la Sala Refectorio a cargo de la soprano Isabel Monar con Conchita Sánchez-Ocaña al piano, Ferrer y Sepúlveda apuntan el vértigo que les provoca cada nueva obra. Un vértigo al que no se pueden resistir.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Paisajes de contradicciones

Paisajes de contradicciones, Alba Cataluña
Espai d’Art Colón
C/ Colón 27. Valencia
Hasta el 27 de noviembre de 2016

Las obras de la joven artista Alba Cataluña se exponen en el espacio del Ámbito Cultural de El Corte Inglés de la calle Colón. La tarea de promoción y divulgación de arte joven que lleva a cabo el Corte Inglés, la Real Academia de Bellas Artes y el Centre de Documentació d’Art Valencià Contemporani Román de la Calle, ha tomado un nuevo rumbo al trasladarse, por fin, al centro de la ciudad de Valencia.

Alba Cataluña es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia donde se especializó en pintura. En la actualidad, trabaja en sus proyectos artísticos y los compagina con la ampliación de sus estudios.

En el texto crítico que escribe Gabriela Georgieva se explica que “su pintura es poesía visual. Mediante una profunda introspección la pintora se centra en la búsqueda constante entre el contraste creado entre la ausencia o presencia de la luz. La artista presenta una variación constante en su percepción del mundo, fluctuando en su cambiante sentido, dominado solamente por el color y la luz.

Así pues, pigmentos y luz se funden en una danza interminable, mágica. Crean movimientos como si de un vals de altibajos se tratase. Ella es su propia obra de arte: muchas veces incapaz de dominar la fuerza que brota del lienzo, que llama a gritos al espectador, pero sí con la fuerza suficiente para mandar sobre sí misma. Sus pensamientos, sentimientos y deseos únicamente pueden ser descubiertos a través de la contemplación serena de sus piezas.

Una de las obras de Alba Cataluña. Imagen cortesía Centro de Documentación de Arte Valenciano Contemporáneo.

Una de las obras de Alba Cataluña. Imagen cortesía Centro de Documentación de Arte Valenciano Contemporáneo.

Alba se presenta en la actualidad como una autora que emplea todas las herramientas que se encuentran a su disposición, para centrarse, primordialmente, en la realización de pinturas en las cuales el dripping, el assemblage y el violento pero preciso rasgado de las telas se convierten en su signo de identidad.”

La obra de la artista se fundamenta en fragmentos de paisajes blancos y negros, parajes desolados, donde el tiempo, en su soledad, nos muestra superficies aparentemente limpias en las que puede plasmar el dibujo de la línea, línea como escritura, como huella, como un diario, un abecedario propio, en el cual simplemente recoger la tranquilidad que éstas superficies le confieren al artista día tras día. El enfrentamiento entre estas obras crea un deseo de tocar, la necesidad del tacto mediante la mirada, ese otro tacto que puede llegar a ser embarazoso y al mismo tiempo perturbador de la sensibilidad.

Cartografías de Óscar Carrasco

Cartografías del olvido, de Óscar Carrasco
Galería Luis Adelantado
C/ Bonaire, 6 Valencia
Hasta el 17 de noviembre de 2016

Se dice de la figura del artista que debe mantener su estilo, esa transmisión estética y conceptual que le haga reconocible. Al mismo tiempo no debe perder originalidad, ni tampoco contemporaneidad, la obra creada debería formar parte del momento histórico social, debería ser fruto de las preocupaciones, inquietudes o desvelos del creador. Plasmar estos deberes es un reto diarios que el artista debe salvar de manera continuada en su día a día. Las fotografías de Óscar Carrasco consiguen compaginar todos estos ‘deberes’ y darles una nueva significación.

La exposición ‘Cartografías en el olvido’ se puede observar de dos formas diferenciadas. Una primera en la que posicionarse en frente de la obra crea, gracias al reflejo, una extraña sensación de  inmersión. Al igual que el paisaje ha sido olvidado, el espectador se transforma en un intruso cuya presencia, humana, no acaba de encajar. El segundo modo de observar las cartografías presentadas, hoja de sala en mano, es la forma que permite identificar lugares y la mejor manera de excarbar, solo con saber su aproximación geográfica aproximada, en los recovecos de las estructuras fantasmales.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Una serie de elementos, como la arquitectura inundada de graffitis, basura y escombros, se repiten y dotan a la imagen de un carácter simbólico. Ese simbolismo se logra gracias a la creación de un muestrario ejemplar de la técnica fotográfica: buen encuadre, luz adecuada y puntos de fuga irreales. A pesar de esa realidad inherente en las piezas, volvemos a trasladarnos a una utópica y extraña materialidad. La fotografía, una vez más, se convierte en el medio que se extiende hacia una nueva dimensión, más allá de la captada por el ojo.

El propio Óscar Carrasco confiesa que le interesa “la ruina como crítica a la civilización y al poder devastador del ser humano, como recordatorio de su vanidad y fracaso ante el tiempo y el entorno”. Es casi inevitable analizar su visión de la sociedad, esa que realiza a través de nuestros vestigios actuales, al igual que los románticos del XIX buscaban respuestas en la pureza de paisajes furiosos. Una analogía dispar con un mismo resultado: la razón del ser humano, que toma forma de construcción aquí, se torna nimia ante la resistencia de la naturaleza.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

María Ramis

El lado decadente de las barracas

Vale por un viaje, de Alejandra de la Torre
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2016

Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) viene a llevarle la contraria a Françoise Sagan cuando dijo aquello de que los objetos eran los amigos que ni el tiempo, ni la belleza, ni la fidelidad consiguen alterar. En su caso, el paso del tiempo sí modifica la percepción que tenemos de algunos objetos: por ejemplo, la serie de atracciones de las ferias veraniegas con sus inconfundibles barracas. Es lo que hace en la exposición Vale por un viaje, que hasta el 3 de septiembre acoge la galería Pepita Lumier de Valencia.

Lejos de presentar el bullicio de la gente, las atracciones a pleno rendimiento y la conjunción de ambas cosas como reflejo del aire festivo propio del verano, De la Torre muestra en soledad algunos de los objetos más representativos de todo ese carnaval. Hay, así, autos de choque, caballitos, lanzaderas, hinchables, fichas de diversas atracciones e incluso carteles donde se anuncia dónde sacar esas fichas en taquilla, todos ellos fuera del contexto dinámico inherente a la feria. Como la propia artista dice, le interesa esos objetos en la actitud “decadente” que “los vuelve interesantes y únicos”.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No son objetos, a pesar de su soledad, que evoquen la naturaleza siniestra conferida por algunos autores a las máquinas. Ni siquiera los payasos, protagonistas tradicionales de ese mundo, dejarían el rastro en la obra de Alejandra de la Torre que deja el payaso Pennywise en la novela de terror It, de Stephen King. La artista castellonense se acerca a ese mundo para dejar constancia de lo que cambia la percepción de las barracas pasado el tiempo. De aquella niñez e incluso adolescencia mágica en relación con las ferias, se pasa en Vale por un viaje a las sensaciones más crudas de la edad adulta cuando hace memoria de todo aquello.

De manera que hay dos capas en la exposición: una colorista, como destilado de cierta ingenuidad primigenia, y otra más descarnada, en alusión a esa distancia o desencanto de los objetos. Esa primera capa, Alejandra de la Torre la describe así: “La feria como espacio de luz, color y diversión”. De esa otra, la artista dice: “A medida que vamos creciendo [la feria] nos muestra otra cara más castiza, sucia y mísera, que es lo que las diferencia de los parques de atracciones”. Esa parte más “cutre” (Alejandra dixit), no termina de comparecer del todo y sí, en cambio, cierto desencanto en su literalidad: objetos que han perdido su encanto, a pesar de mantener a duras penas su intenso color.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Porque colores llamativos,  fosforescentes, estridentes, hay muchos. Todos ellos a modo de maquillaje con el que la vieja actriz quisiera ocultar el paso del tiempo. Y al lado de esos colores, junto a ellos, remiendos de papel que la artista introduce mediante el collage para subrayar el carácter artificioso del mundo narrado en Vale por un viaje. De la Torre nos invita a ese viaje aparentemente luminoso, a base de intenso dulce de algodón, iconos hinchables como Bart Simpson o Bob Esponja, fichas de colores y llamativas atracciones, para mostrarnos en paralelo la pérdida de toda esa magia.

Por eso es normal que en lugar de hinchables, llame “deshinchables” las obras relacionadas con esos grandes muñecos de plástico. Porque el viaje de Alejandra de la Torre está plagado de las baldosas amarillas del cuento, en cuyo trayecto han ido perdido el encanto para devenir objetos solitarios; máquinas a falta de la ficha oportuna que las ponga en movimiento. Fichas de colores que en la obra de Alejandra de la Torre aparecen desanimadas.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

Del Sol Negro al oscuro misterio femenino

Sol Negro, de Rubenimichi, y Similar Soul, de Seven Moods
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Del 3 de junio al 29 de julio

Sol Negro es uno de los múltiples nombres que recibe Saturno, dios de la cosecha que representa los ciclos de la vida, pero también el paso implacable del tiempo y, por lo tanto, la muerte. Conocerlo es intentar entender nuestro significado y nuestro fin, y buscar su influjo es abrazar el conocimiento, aunque sea atravesando la oscuridad.

Lo saturniano nos rodea. Existen miles de símbolos que nos indican el camino, tratan de darnos las respuestas. Y aunque no queramos verlos, todos responden a un lenguaje único. Todo: lo referente a lo bueno y a la luz, y lo que representa lo malo y la oscuridad.

Sol Negro. Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Titan, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Sobre este planteamiento Rubenimichi consiguen acercarse a ese lenguaje cósmico, rastreando los símbolos, asumiéndolos como propios y jugando con su misterio. Porque si algo fascina a Michi, Rubén y Luisjo, es lo oculto, lo secreto, lo oscuro o lo mágico, que mueve y domina una buena parte de su trabajo. Y también todos sus ritos, aplicados incluso al propio proceso creativo. A nadie se le escapa. Algo hay de brujos en esta oscura y, en apariencia, simpática trinidad.

En sus cuadros, Rubenimichi se dejan llevar por una audaz intuición que parte del asombro por ciertas realidades cotidianas y que culmina en la asimilación de cualquier fenómeno que se presente como indescifrable. Según sus planteamientos ahí es donde está el poder, la energía o la magia. Y es ahí donde encuentran su espacio, uno en el que especular a través de la pintura, buscando las respuestas, ofreciendo una documentación exahustiva de su fascinación. Hay que añadir aquí, aunque suene excesivo, que su trabajo es un fiel reflejo de sus dogmas e ideales.

Dione, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Dione, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Las respuestas están más cerca de lo que creemos y posiblemente jamás permitirán que las descubramos. Sin embargo, y mientras tanto, podemos comenzar a observar estos símbolos como lo han hecho Rubenimichi, con curiosidad y delicadeza, con placer persuasivo.

En ‘Sol Negro’ comulgamos con este conocimiento oscuro, diferente y atractivo, seductor, cercano a la frivolidad o a lo sádico, pero también a lo poético, a lo luminoso y a lo inspirador. Es un poder contradictorio y fascinante colmado de claroscuros en los que encontramos ritos y diosas, jóvenes vírgenes y sacerdotisas en Misas Negras o Saturnalias, envueltas en una voluptuosidad romántica…

Hermandad, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Hermandad, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

En estos cuadros fluye como un torrente la imaginería de lo oculto: el velo que cubre y esconde. La hoz, el estramonio, los altarcillos, los huesos y todo lo mortuorio. El hexágono, como el triple seis satánico o como el hexagrama o estrella de seis puntas, que se transforma en cubo en su perspectiva caballera. Pero también el hexágono como la celdilla de la abeja, representación de las sociedades secretas. Es un juego acumulativo, sí pero… ¿sólo un juego? ¿O más bien un lenguaje?

Si hay algo después de la muerte, sólo Saturno nos lo puede explicar. Ése es el poder del Sol Negro: la oscuridad total que nos deslumbrará a la vez que nos dará las respuestas.

Texto sobre Rubenimichi, de Roberto Salas

Por su parte, las nuevas obras de Seven Moods nacen evidentemente de varios elementos recurrentes que, al entrelazarse entre sí, dan origen a una serie de obras de arte que cuentan un secreto, una historia misteriosa y altamente sugerente que se ocupa de la representación de las mujeres y de sus alter egos. El elemento principal de cada composición es de hecho la figura femenina: las mujeres están en el centro de cada pieza, ocupando casi toda la configuración. Estas parecen acabadas de aterrizar del futuro, o desde el espacio exterior.

Kinoly, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Kinoly, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Según el artista, las mujeres poseen múltiples expresiones; pueden ser madres, amantes, santas, o por el contrario, demonias. Así pues, la figura femenina se convierte en una forma viva, una esencia que respira, un símbolo de una dimensión humana universal, así como de una sensibilidad intelectual individual. Sus miradas fuertemente emocionales nos dicen que están enfocadas en algún pensamiento muy personal.

Casi todas las mujeres representadas, por otra parte, están llorando. Las lágrimas que caen por sus caras actúan como un medio de interacción para conectar al artista con los seres en sus obras. Sin embargo, estos llantos no son causados por el sufrimiento, sino más bien por una conmoción fuerte frente a la belleza -en particular la belleza de la naturaleza-; alternativamente, son causadas por una necesidad de purificar y liberarse de negatividad.

Make me laugh, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Make me laugh, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Tal tensión emotiva habita en cada escena y también gira alrededor de los otros elementos principales de la composición: las formas geométricas y los animales.

La geometría está siempre presente en las creaciones de Seven Moods, pero especialmente estas nuevas obras representan una selección de formas que le concede un cierto carácter a los escenarios. Maestros del pasado como Salvador Dalí han comentado, que la geometría es esencial y se tiene que seguir durante la composición la obra de uno; pero aquí, la geometría va incluso más allá; se convierte en los medios y el objeto de las piezas.

Las formas se utilizan no sólo para definir el espacio, pero sobre todo para la adquisición de nuevos significados, fluctuando en torno a las figuras y emanando toda esa belleza intrínseca que existe en la naturaleza, que demasiado a menudo es invisible al ojo humano. La tarea de los artistas es, por lo tanto, dejar que su belleza salga de las formas geométricas que organiza cuidadosamente en sus obras de arte.

Dorian, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Dorian, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Los animales, también, constituyen uno de los elementos principales de las composiciones. Ellos son el gran misterio, una fuerza iconográfica que posee también una cierta función esotérica. Estos animales, que crecen junto con las mujeres representadas, están fuertemente entrelazados con estas figuras femeninas y representan una clave para interpretar la pintura a la manera personal de cada uno.

La relación entre los animales y las niñas representadas es misteriosa, pero muy profundamente arraigada. La presencia de estos seres representa la terminación de la estructura de las piezas, que se hace eco de la misma integridad nata que existe entre los seres humanos y los animales. Por otra parte, la unión entre las mujeres y los animales se convierte en paralelo a la conexión establecida entre las figuras de las obras de arte y los espectadores.

Esta sensación de plenitud, la atmósfera misteriosa y la complicidad entre todos estos factores es lo que hace que estas obras destaquen como una excepcional nueva serie que puede hablar en silencio a los corazones de los espectadores. Al invitar a los espectadores a encontrar su propia interpretación de cada obra, el artista también les anima a pasar por una experiencia catártica y purificante, con el fin de escapar, aunque sólo sea por unos minutos, su realidad.

Texto sobre Seven Moods, de Alessandra Manzanatti

Rea, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Rea, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

 

“A través de la sombra impera la belleza”

‘Esta noche no dormirás’, de Luís Moscardó.
Círculo de Bellas Artes
Espai Llum
Cadirers 5, Valencia
Hasta el 30 de junio de 2016

“La música ambiente necesitaba menos emoción”. Con semejante apreciación, el artista de Benigánim Luis Moscardó recibe a Makma en la antesala del Espai Llum del Círculo de Bellas Artes de Valencia, formalmente inaugurado con la muestra que el artista valenciano ha denominado ‘Esta noche no dormirás’.

No cabe duda de que la emoción sobreviene frente al lienzo de gran formato ‘Tiempo de lluvia y fuego’, obra con la que Moscardó sugiere un impactante paisaje y pretende preconizar ese horizonte incitador a la inmersión, como preámbulo del súbito descenso por los peldaños del Espai Llum, que someten y sumergen al espectador en una calima, casi en penumbra, con el que el artista comienza su diálogo expositivo. Papel, látex, barnices y juego de luces, materia, collage y sombras se estructuran a modo de travesía, que desemboca en una instalación de quirúrgica estética.

Imagen de la obra 'La última carta', de Luis Moscardó. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de la obra ‘La última carta’, de Luis Moscardó. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Con ‘La última carta’, Moscardó sorprende con el planteamiento de una caja de luz, con morfología de mesa de operaciones, que ilumina centenares de papeles en blanco -que el propio artista fabrica artesanalmente-, esparcidos aleatoriamente o agrupados a modo de hatillo, con unos sutiles pero firmes hilos de cuerda que los envuelven cual fases del silencio. “La utilización de materiales es decisivo, (…) pienso que mi querencia inconsciente es esa mirada oriental. El papel servirá de base para una posible carta o mancha de tinta negra. La luz la expansiona, la hace mas traslúcida; son cartas inútiles que no están escritas”.

Moscardó razona que este collage, equipado con luz propia, “funciona como un espejo”, pretende dotar de voz a esas cartas nunca escritas, “visibilizar la imposibilidad de comunicarte con personas cercanas” y refrendar aquellas palabras tan necesarias para transmitir emociones, propiciar reconciliaciones y confesiones recónditas -“el blanco enfatiza esta intención”-. En uno de los extremos de la instalación, reposando sobre la superficie retroiluminada y en comunión con las cartas no escritas, cobra protagonismo una bandeja metálica erigida en el epílogo en el que “desembocan todos los silencios y una (carta) acaba flotando en el líquido rojo”, que anuncia la herida. El artista incide en la importancia visual del aspecto lumínico y traslúcido del papel para explicitar con sutileza la levedad del sinfín de misivas que, ad eternum, restarán por escribir.

Imagen de la obra 'Autorretrato mudo', de Luis Moscardó. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de la obra ‘Autorretrato mudo’, de Luis Moscardó. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Con ‘Ave Fénix’ ahonda metafóricamente en la semántica del ave mitológica que resurge de sus cenizas, como un apéndice visual dentro del estudio ‘Borrar, llorar, llenar’, una instalación vertical proveniente del nadir y las pavesas, vertebrada a modo de hojas y restos de esas cartas impregnadas de un intenso bermellón, colgadas, dirigidas hacia el cenit. “La obra evidencia ese resurgir, se sale de la pena y de la culpa. Plantea otra parte más positiva, que se refleja en la pieza enmarcada en cristal con restos de esas hojas de papel, del mismo color y forma”. Esta pieza encapsula la capacidad de transformar la realidad, desechando la caducidad y confiriéndole un estatus eterno. “El reflejo es muy importante, quería significar la transparencia más que la evidencia”, fenómeno al que suma ‘Autorretrato mudo’, una pieza que forma parte de una serie de siete, realizada con pedazos de papel que Moscardó confecciona y a los que incorpora materiales como el látex, barnices y acuarelas, entre otros. Continuando con esta estela, el autor integra una pieza cuyo corpus visual semeja un exvoto dorado y adquiere una intensa tridimensionalidad lumínica gracias al juego de luces y sombras orquestado en el espacio, que equilibra la energía entre las piezas.

Luis Moscardó, consciente de la reacción contradictoria que desencadena la luz entre lo real y lo virtual, integra la proyección de la sombra como un elemento técnico que envuelve todo el espacio (e igualmente al espectador), concebida la penumbra como un componente escueto, turbio y orgánico -generosamente oriental- que predispone a la introspección. “A través de la sombra impera la belleza”.

Luis Moscardó posa delante de su obra 'Tiempo de lluvia y fuego'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Luis Moscardó posa delante de su obra ‘Tiempo de lluvia y fuego’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

 

Mecenas al rescate de la poesía

21veintiún versos
Revista de poesía

Cerca de un centenar de personas, asociaciones culturales, editoriales y despachos de abogados han aportado dinero para que la revista 21veintiúnversos nazca en Valencia con vocación de perpetuarse en el tiempo. El objetivo, apunta Francisco Benedito, coordinador de la publicación junto a Víctor Segrelles, es “acomodar en sus páginas toda la poesía que seamos capaces”. Lo harán por entregas, ya que siguiendo al pie de la letra el nombre de la revista, en cada número habrá textos inéditos de 20 poetas, acompañados de la obra de un artista plástico de renombre. De hecho, arrancan con una de Jordi Teixidor, Premio Nacional de Artes Plásticas 2014.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

El poeta Juan Pablo Zapater es el director de 21veintiúnversos, para quien la revista surge de la “necesidad de sentirnos cerca de la belleza”. Partiendo de esa necesidad, la propia publicación está concebida como un objeto bello, impreso en offset sobre papel de alta calidad, reproduciendo en su cubierta la obra plástica realizada para cada número por un artista invitado. Carmen Calvo, la que fuera igualmente Premio Nacional de Artes Plásticas un año antes de que lo fuera Teixidor, será la encargada de ilustrar el número 2 previsto para febrero de 2016, dada la periodicidad cuatrimestral de la revista.

“¿Para qué poetas en tiempos de penuria?”, se preguntó Benedito en la librería Ramón Llull, donde se presentó la publicación arropada por algunos de sus mecenas. Zapater, poco antes, había anticipado su respuesta al tomar prestada una frase de Georges Braque, a su vez citado por Rosa María Mateo: “El arte es una herida hecha luz”. A esa herida abierta por la crisis viene a echar luz cicatrizante la revista 21veintiúnversos, nacida igualmente “con el propósito de preservar algo tan trascendente como es el intercambio entre esos mundos interiores que sobreviven aislados, y a veces hasta amordazados, por la sociedad materialista que los rodea”, según explicaron sus creadores a modo de pistoletazo de salida.

Ejemplares del número 1 de 21veintiúnversos.

Ejemplares del número 1 de la revista de poesía 21veintiúnversos.

Como antídoto a ese materialismo, la revista inyecta esas 21 dosis cuatrimestrales de alma en forma de poemas. De hecho, el alma está inscrita en el origen del nombre de la publicación. “Dicen que el alma no es una sustancia medible”, explicó Zapater. Pero echando mano del físico estadounidense Duncan MacDougall, que postuló que el alma humana pesaba 21 gramos a tenor del peso corporal que se perdía tras la muerte, Zapater lo asumió como seña de identidad del proyecto editorial recién nacido: “El autor no muere al escribir el poema, pero sí que se desprende algo de su espíritu”.

Y como 21 son también los poetas y artistas plásticos reunidos en cada número, además de hallarnos en el siglo XXI, todo llevaba al nombre de 21vientiúnversos como corolario final de tanta casualidad. Incluso casual ha sido el éxito a la hora de captar recursos mediante el micromecenazgo. “Ha sido una sorpresa maravillosa”, destacó Segrelles. Los mecenas particulares tienen tres opciones: 20€ y el derecho a un número de la revista; 30€, por dos ejemplares de la revista, y 50€ por un número y la obra del artista firmada y numerada. La gestación del número 2 ya está en marcha y la campaña de micromecenazgo se mantendrá hasta el 15 de enero.

Las voces más sobresalientes de la poesía contemporánea encontrarán su espacio en la revista. Como ejemplo, César Simón, prematuramente fallecido y del que se recoge un texto inédito de su brillante producción. Junto a él, forman parte del primer número Xelo Candel, Fernando Delgado, Almudena Guzmán, Jaime Siles, Pilar Verdú, Roger Wolfe, José Luis Falcó y Marc Granell, estos dos últimos recitando sus propios poemas durante el acto de presentación en la Ramón Llull. La poesía, como apuntó Gabriel Celaya, es un arma cargada de futuro. Gracias, sobre todo, a las balas de los micromecenas.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Salva Torres

Seis estados de la mente

A Certain State of Mind
Ryan Gander, Roman Ondák, Mark Geffriaud, Ting-Ting Cheng, Rubén Guerrero y Yann
Sérandour
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Del 20 de noviembre de 2015 al 14 de enero de 2016

La galería Luis Adelantado Valencia acoge la exposición colectiva A Certain State of Mind en la que se dan cita una serie de artistas contemporáneos que invitan a reflexionar en torno a la idea de percepción y las múltiples lecturas que la alteración de la misma puede ofrecer. Este co-comisariado entre Solene Guillier y Olga Adelantado, consigue reunir a artistas con una trayectoria internacional a destacar. Esta trampa visual se conceptualiza desde la visión de los siguientes artistas: Ting-Ting Cheng, Ryan Gander, Mark Geffriaud, Rubén Guerrero, Roman Ondák y el recién incorporado a la galería valenciana Yann Sérandour.

En la exposición se muestran piezas en distintos soportes: instalación, fotografía, luz e ironía. Bien cierto es que, en las dosis adecuadas, la ironía forma parte de la percepción, de sus matices y de las ideas complejas y cotidianas a la vez que se materializan en los trabajos conceptuales. Encontramos una cierta transgresión serena, unos límites desdibujados que se completan con la mirada del espectador.

Obra de Ting-Ting Cheng. Cortesía de la Galería Luis Adelantado.

Obra de Ting-Ting Cheng. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Podremos ver los trabajos más recientes de la taiwanesa Ting -Ting Cheng, artista de la galería desde 2013. Su serie de fotografías You See What I See nos invita a reflexionar en torno al control de la información. La sutileza no esconde la realidad, el poder de la palabra para dirigir nuestras ideas y, por ende, nuestra actitud.

Obra de Mark Geffriaud. Cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Mark Geffriaud. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Su trabajo entronca con la propuesta del consolidado artista francés Mark Geffriaud, quien plantea un material editorial que, a su vez, nunca fue concebido para su distribución. Una edición que se convierte en el objeto de arte soñado por el artista.

Obra de Yann Serandour y Ryan Gander. Cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Yann Sérandour y Ryan Gander. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Con un trabajo de una gran meticulosidad que le acerca en cierta medida a una labor historiográfica, se encuentra Yann Sérandour. Su trabajo para la muestra interpela y nos devuelve un reflejo cuyos límites son indefinidos. Su instalación Untitled entronca con un ensayo en torno al artista conceptual Daniel Buren.

Obra de Roman Ondak. Cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Roman Ondák. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

En una especie de trampantojo que apela a nuestro intelecto, la instalación del artista eslovaco Roman Ondák genera una conversación ficticia con la directora de la galería, en una pieza única.

Obra de Ryan Gander. Cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Ryan Gander. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Ligado a esta irónica idea de trampa visual, se muestra el trabajo del conocido artista Ryan Gander por primera vez en Valencia. Su proceso de experimentación artístico busca recomponer el espacio a partir de materiales dislocados (un globo de fibra de vidrio suspendido, lámparas diseñadas con objetos cotidianos, una caja de alquimia…).

Obra de Rubén Guerrero. Cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Rubén Guerrero. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

En esa línea, el artista de la galería Rubén Guerrero avanza en su investigación en torno a los límites de la pintura en el s. XXI, y presenta tres lienzos en los que reivindica el gesto de lo efímero como parte de la pintura.

 

María Barranco es Legionaria en el Talía

Legionaria, de Fernando Quiñones, bajo la dirección de Manuel Iborra
Con María Barranco
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 30 de septiembre al 4 de octubre de 2015

La actriz María Barranco estrena en el Teatro Talía el montaje Legionaria, basado en la novela Las mil noches de Hortensia Romero, de Fernando Quiñones, bajo la dirección de Manuel Iborra. En Legionaria, Hortensia Romero, una puta, cuenta su vida. La acción transcurre en el patio de la casa de la protagonista. Allí, Hortensia irá recordando a solas, a veces con la complicidad del público, su vida.

A través de sus recuerdos veremos desfilar a todos los personajes de su vida, sus padres, el novio con el que nunca se casó, el legionario con el que se fugó, las putas de la “casa” donde trabajó en Sevilla y sus clientes, los ricos, los pobres, los próceres, los artistas, los viciosos, los raros y los beatos.

María Barranco en una escena de Legionaria. Teatro Talía de Valencia.

María Barranco en una escena de Legionaria. Teatro Talía de Valencia.

“Me gustaría -dice Quiñones- que en el decorado se viera la luz de Cádiz, un patio blanco, con una buena sombra. Me gustaría que se oliera a la cal con la que se enlucen las casas, a geranio de las macetas, que se guisara una tortillita de camarones en un fuego, que saliera el agua de un grifo del patio y pudiera lavarse la cara o refrescarse de tanta calor”.

“Me gustaría -continúa diciendo- que sonaran unas alegrías de Cádiz o música carnavalesca, de esa que siempre te hace reír…. que hubiera una canción del gran Javier Ruibal… Prepárense para oír marranadas, pero ¡tan bien dichas, que da gloria oírlas!”

El productor de la obra Pedro P. Pérez (más de 30 películas: desde Solas a las 16 nominaciones de El Niño) regresa a la producción teatral con Legionaria, “porque la adaptación del fabuloso texto de Quiñones tiene el concepto de los grandes éxitos teatrales: te ríes y lloras… Te emocionas… ¡Y sexo!… Picante, como se solía decir”, explica.

Y añade:  “Esas ganas de comerse la vida de Hortensia, a pesar de las dificultades, es toda una lección en la actualidad: de cómo la alegría de vivir y la dignidad pueden con todo”.

De María Baranco destaca Pérez “su gracia natural, su habla guasona andaluza, su técnica, que proviene de la experiencia y, sobre todo, su carisma de cara al público. Una Legionaria ideal que dará muchísimo que hablar y desternillarse”.

María Barranco como 'Legionaria'. Teatro Talía.

María Barranco como ‘Legionaria’. Teatro Talía de Valencia.