Un día con El hombre de la cámara

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov
Sala Berlanga de La Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 18. Valencia
Jueves 28 de enero, a las 19.00h

La Filmoteca de CulturArts proyecta el jueves 28 de enero (19.00h), en la sala Berlanga, El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov, dentro del ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’, que en esta edición se centra en la historia del cine documental. La presentación de la película y el posterior coloquio correrán a cargo del profesor de la Universitat de València, Juan Miguel Company. La proyección contará con el acompañamiento musical al piano de Arcadi Valiente.

Considerado como uno de los grandes clásicos del cine documental y experimental del cine soviético en su etapa más brillante, El hombre de la cámara muestra un día en la vida de un operador soviético, dedicado a filmar San Petesburgo desde el amanecer hasta la noche.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El film de Dziga Vertov (1896-1954) se ha relacionado con un tipo de documentales urbanos que tuvo éxito en los años veinte, las «sinfonías de grandes ciudades», ejemplificadas por películas como Berlín, sinfonía de una gran ciudad (1927), de Walter Ruttmann, o Lluvia (1929) de Joris Ivens. La película de Vertov se distingue  por intentar  realizar un análisis marxista de las relaciones sociales mediante el montaje.

Las sesiones de ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’ se celebran todos los jueves a partir de las 19 horas, son de un marcado carácter didáctico y cuentan con una presentación y un coloquio a cargo de un especialista cinematográfico. Al igual que en las anteriores ediciones, algunas de las películas serán presentadas por críticos de la revista Caimán Cuadernos de Cine, colaboradora del proyecto.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Como dos gotas de agua

Agua de luna, de Compañía Improvisada
Espacio Inestable
C / Aparisi i Guijarro, 7. Valencia
Días 4 y 5 de enero de 2016

Casi la tercera parte de la superficie del planeta Tierra está cubierta de océanos y mares. El agua parece un bien inagotable. Sin embargo, de la cantidad total de agua sólo el 3,5% es  dulce, y la apta para el consumo humano todavía más escasa. En muchos lugares de África y Sudamérica su consumo se encuentra limitado, tanto en lo que se refiere a cantidad  como a redes de distribución. En un próximo futuro, debido al efecto del cambio climático y las consiguientes prolongadas sequías, todavía se acentuará más el déficit acuático.

Es importante concienciar a las nuevas generaciones sobre la necesidad de administrar este precioso elemento esencial para la vida y la supervivencia del hombre. Una de las formas más amenas y eficaces es hacerlo a través del arte, en concreto de la danza.

Agua de Luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Agua de Luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Danza y ecología

El agua fluye libremente, al igual que el movimiento y la música en Agua de Luna, un ballet ecológico que se representa en Espacio Inestable el 4 y 5 de enero. Cuenta la historia de Agua de Luna y Gotagualina, dos gotas de agua que viven en el mar, obligadas a separarse a causa de una fuerte tormenta. Una es arrastrada por el viento y otra engullida por las profundidades marinas. Así se inicia un original espectáculo que combina la  danza, la ecología y la poesía para concienciar al público, a partir de los cinco años de la importancia del agua en la vida de la Tierra.

La danza se pone al servicio del medioambiente en un montaje dirigido e interpretado por los bailarines y coreógrafos Henar Fuentetaja y Miguel Tornero, integrantes de la Compañía Improvisada. “Promover el respeto por el agua, su uso y buen aprovechamiento, y mostrar al público la pluralidad de la danza, desde la danza clásica, la contemporánea, la española o el jazz”, es el objetivo de este montaje, según sus creadores. Subvencionado por CulturArts como proyecto emergente 2015, ha sido seleccionado para el catálogo Red a Escena 2016.

Agua de luna, de Compañía Imrovisada, en Espacio Inestable. Imagen cortesía de la compañía.

Agua de luna, de Compañía Imrovisada, en Espacio Inestable. Imagen cortesía de la compañía.

Viaje acuático

La coreografía describe el viaje de las dos gotas de agua. Su deseo de volver a casa, a la superficie del mar, les hace emprender una travesía en la que descubren diferentes paisajes del agua: grutas subterráneas, manantiales, ríos, lagunas, etcétera. En ellas conocen a seres mágicos que les enseñan a convivir de forma más ecológica con el agua y les ayudan en su camino de regreso a casa.

Los versos de Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, junto a los de la cubana Dulce María Loynaz, el mejicano Gerardo Beltrán y escritor hindú Rabindranath Tagore, acompañan al espectador durante este paseo por el universo acuático.

Agua de luna persigue un triple objetivo, cultural, medioambiental y social. “Buscamos acercar la danza al público en general para una mejor promoción y difusión de ésta”, dicen los miembros de Compañía Improvisada. “Pero vamos más allá de la mera exhibición del espectáculo con un proyecto pedagógico que pone en relación la danza, la temática del montaje sobre el agua y la ecología, los aspectos literarios presentes en el mismo y la interacción e inserción de la danza en la Comunidad”.

El 4 de enero, antes de la función de las 18 horas se celebrará, a las 11,  el Taller de Danza en Familia Agua de Danza en el que, a través de un enfoque lúdico, se tratará la temática de la obra y sus distintos componentes.

Aguas de luna. Fotografía de María Tornero.

Agua de luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Bel Carrasco

La juventud lúbrica de Sandra Ferrer

Escaleras húmedas, de Sandra Ferrer
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 12 de junio, 2015

Un recurso dramático muy presente en el séptimo arte es el humedecimiento, sea a través del vaho de una ducha, de la niebla o la lluvia, la humedad sobre el cuerpo de los actores genera una atmósfera íntima y tensa a la vez, cargada de sensualidad. Somos, en un elevado porcentaje, agua y por eso eliminamos líquidos con nuestra saliva, nuestros flujos, sudores o incluso el vapor de aliento que sale de nuestras bocas cuando hablamos.

La adolescencia es la etapa en que queda más acentuada nuestra condición líquida pues experimentamos constantemente intercambio de fluidos, con los besos, con el roce de los sexos, con el llanto… Nos derramamos en el primer amor, ese que sucede entre adolescentes sin espacio propio donde desatar los impulsos básicos de experimentación, sometidos al azar de los rincones oscuros, intransitados, los portales de vuelta a casa, los escalones de patios conocidos o desconocidos terminan por recoger la humedad del deseo idealizado, torpe y pegajoso pero inolvidable.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

‘Escaleras húmedas’ es la primera exposición individual de la artista multidisciplinar Sandra Ferrer (Gandía, 1989) que reúne obra fotográfica, escultura, vídeo e instalación en torno a un tema tan sugerente como cercano, a saber, el amor adolescente, utilizando de hilo conductor la humedad divididad en tres estadios; el llanto, la transpiración y el flujo sexual, siempre evocando un mismo escenario que es el del portal.

Para trasladarnos a tal localización genérica se sirve del mármol blanco típico presente en muchas de las escaleras que recorren los edificios de nuestra ciudad, de estanterías en forma de escalera y de un podium de madera con escalones reales. Tres historias de amor juvenil inundan la sala de la galería Mr. Pink divididas en tres zonas y protagonizadas cada una por una modelo adolescente.

Obra de Sandra Ferrer en 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Maquillaje fucsia, labios carnosos, mechones de pelo sobre la cara, faldas ajustadas, prendas deportivas combinadas con tejidos plateados que remiten a la noche. Tras una noche de fiesta, roces y flirteos no es difícil volver acompañada a casa pero en casa no hay intimidad, hay padres, hermanos, familia, así que la intimidad se queda a las puertas del hogar, entre las escaleras del patio donde todos hemos vivido algún retazo de historia de amor en nuestra juventud. Amores y desamores, encuentros y desencuentros, malentendidos que acaban en llanto o florecen en la primera masturbación.

La obra de Sandra Ferrer está repleta de esas primeras veces, primeros besos, tocamientos, desengaños, como una oda a aquello que amamos en los otros cuando todavía no los conocemos. No es baladí la mezcla de timidez y sensualidad que encontramos en los tres vídeos mostrados en un loop monocanal, donde cada modelo lee a tientas lo que alcanza a ver en una hoja en la que la tinta solapa tres historias de amor acaecidas en un portal, impresas unas tapando parte de las palabras de las otras, escritas casi como un poemario por la propia artista.

En ellas está la esencia, desafiante, perdurable en nuestra memoria cual punzada de dolor: todas terminan pronunciando «aunque sigo enamorada de aquellas cosas que inventé sobre él». Porque todos reescribimos encima de las historias de amor pasadas, Escaleras húmedas nos convierte en voyeurs melancólicos a los que hace mucho que solo somos el pálido reflejo de una nínfula.

Detalle de una de las obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Detalle de una de las obras de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Marisol Salanova

¡Dejad que los objetos se acerquen a mí!

Marisa Casalduero
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de enero de 2015

“Este es mi trabajo, el resultado de días, semanas, meses, años… con verdadera pasión, dedicación y amor”. Así se cierra el catálogo que resume la obra de Marisa Casalduero, expuesta en el Centro del Carmen, cuyas palabras finales testimonian la impronta que, sencillamente, deja todo artista en su paso por este mundo. Que no es poco, teniendo en cuenta el inmenso tiempo que otros dedican a contaminarlo, ya sea de palabra (perdón, verborrea), obra (perdón, sobras) y omisión (demasiadas).

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Casalduero, ajena, que no ciega, a todo ese tiempo desperdiciado en maledicencias y discursos desde la trinchera, se afanó en dejar una obra sencilla, cercana, alegre y vital, por utilizar expresiones de Marisa Giménez, comisaria de la retrospectiva que le dedica el Consorcio de Museos a modo de homenaje al año de su fallecimiento. Un total de 60 piezas cuidadosamente seleccionadas, que ilustran esa pasión por la vida que tan pronto se le fue de las manos.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Quizás por esa conciencia de que la existencia se escurría como la arena por entre los dedos, Casalduero abrazó la naturaleza desde muy temprano y no la soltó, extrayendo de ella múltiples sensaciones. Más que ir en busca de los objetos, que después pasarían a formar parte de su trabajo, diríase que la artista dejaba que fueran ellos quienes se acercaran a ella, convocándolos a base de paciencia, mirada contemplativa y simple observación minuciosa de cuanto la rodeaba. Por ejemplo, “el corazón de las islas, el espíritu de las estrellas de mar, el movimiento de la lluvia, el universo de los peces, las casas que albergan a los pájaros, a las personas”, por seguir lo que apunta Marisa Giménez.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Esto último, las personas, empezó Casalduero a incluir en su obra en los últimos cuatro o cinco años en forma de diminutas figuras. Como señala Giménez a este respecto, dados los “micromundos” que iba forjando “ve la necesidad de introducir vida humana en su trabajo”. Vida humana que, al igual que la naturaleza, comparece a escala reducida, como si fuera humilde testigo del más amplio y absorbente universo. Casalduero toma muestras de esa realidad inconmensurable para construir pequeñas grandes cosas que amortigüen el desvalimiento con relación al mundo.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Por eso las estrellas, los caracoles, las rosas o los peces quedan atrapados en su temprana obra como si fueran objetos de una vasta colección de instantes vividos a lo largo de un interminable tiempo. También habrá árboles, vasijas, tulipanes, bellotas, cortes de helado y, por supuesto, casas (“que simboliza mi apellido”), igualmente representados como parte de esa vivencia interior ligada inextricablemente a la naturaleza que sirve de cobijo a su obra.

Porque es su obra, una vez que los objetos se acercan a ella movidos por su natural cariño, la que encuentra acomodo en esa naturaleza y no al revés. La serie de sillas vacías con paisajes al fondo vendrían a confirmar esta sensación. Ante esos acantilados, playas y peñones, cierto mobiliario se descubre indisolublemente unido a la naturaleza, como perteneciente a ella, prestando la ausencia de figuras el misterio de la vida desaparecida. Marisa Casalduero, como si presintiera su temprana marcha de este mundo, deja constancia de su pasión por la vida introduciendo figuras, allí donde antes había sillas vacías, como colofón a su trabajo, resultado de días, semanas, meses, años…

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Salva Torres

Russafa Escènica concluye con récord de público

Balance de Russafa Escènica
IV Edición del Festival de Otoño de Artes Escénicas
Diversos espacios del barrio de Russafa. Valencia
Del 19 al 28 de septiembre, 2014

Ni la lluvia ha podido minar el ánimo de los 10.361 espectadores que se han acercado al barrio de Ruzafa durante los diez días que ha durado el que ya se ha consolidado como festival de otoño de las artes escénicas. En total han sido un millar más el número de pases repartidos en esta edición respecto a la anterior.

Imagen de uno de los espectáculos de Russafa Escènica extraída del video realizado por Miguel Serrano como resumen de la cuarta edición del festival de otoño de artes escénicas.

Imagen de uno de los espectáculos de Russafa Escènica extraída del video realizado por Miguel Serrano como resumen de la cuarta edición del festival de otoño de artes escénicas.

Unos números que se podían prever teniendo en cuenta el incremento en la oferta de propuestas que Russafa Escénica albergaba en esta cuarta edición bajo el lema de “Lo prohibido”, con 30 estrenos absolutos repartidos en 23 Viveros, que en total han atraído a casi 7000 espectadores; 6 Bosques por los que han pasado alrededor de 3000 personas y el Invernadero, un taller de creación teatral puesto en marcha por alumnos de último curso de artes escénicas bajo la dirección de Gabi Ochoa que ha acercado a la Sala Ruzafa a medio millar de personas.

'Motel Damm', de Pilar Suay y Lucía Aibar, será uno de los 'Bosques' de Russafa Escènica. Imagen cortesía de la organización.

‘Motel Damm’, de Pilar Suay y Lucía Aibar, fue uno de los ‘Bosques’ de Russafa Escènica. Imagen cortesía de la organización.

Las actividades paralelas propias del festival: visitas guiadas, diálogos entre música y pintura, representaciones en balcones, jornadas escénicas y charlas han conseguido colgar el cartel de completo en muchas ocasiones durante la semana y media que dura un festival que comenzó hace cuatro años con apenas siete propuestas y alrededor de 3000 espectadores.

Jerónimo Cornelles, director artístico del festival, destaca la colaboración e implicación de todo el barrio, además de agradecer especialmente “la labor de la asociación vecinal Plataforma per Russafa, la participación de un nuevo sponsor que se suma este año a los que ya estaban, cerveza Turia, y el trabajo de la Junta municipal del barrio por facilitarnos los permisos para organizar conciertos en el marco del festival, algo histórico”.

Imagen de uno de los espectáculos de Russafa Escènica, extraída del video realizado por Miguel Serrano como resumen de la cuarta edición del festival de otoño de artes escénicas.

Imagen de uno de los espectáculos de Russafa Escènica, extraída del video realizado por Miguel Serrano como resumen de la cuarta edición del festival de otoño de artes escénicas.

Una consigna de todo el equipo es que Russafa Escènica es el festival de las personas, y ello lo demuestran cada una de las 300 que participaron este año para sacar adelante el festival, entre actores y actrices, profesionales de otras disciplinas artísticas, voluntarios y organizadores.

Todavía se desconocen los datos de la próxima edición de Russafa Escènica, la que sería la quinta, pero como afirma Cornelles, la clave para seguir trabajando es recordar que “los proyectos pueden ser más o menos viables y más o menos exitosos, pero segurísimo que como ser humano te darán una felicidad que ninguna otra cosa similar pueda aportarte”.

Escena de 'Peón blanco a E2', de Pablo Tomás, que se representó en Espacio 40 dentro de Russafa Escènica. Imagen cortesía del autor.

Escena de ‘Peón blanco a E2’, de Pablo Tomás, que se representó en Espacio 40 dentro de Russafa Escènica. Imagen cortesía del autor.

Video resumen del Russafa Escènica 2014 realizado por Miguel Serrano de EscaparateVisual:

 

 

Pomo – Final Russafa Escènica 2014 from Miguel Serrano Gil on Vimeo.