«La crisis de credibilidad es peor que la económica»

Petros Márkaris, autor de ‘Pan, educación, libertad’
Invitado al Festival Valencia Negra
Librería Cosecha Roja

Petros Márkaris (Estambul, 1937) más que cruzarse de brazos ante la crisis económica, los despliega para subrayar su posición enérgica. El escritor griego, autor de la trilogía sobre la crisis que concluye con Pan, educación, libertad, sólo se serena cuando habla de literatura, de su comisario Kostas Jaritos. Entonces, el descontento con lo que está pasando en su país, fácilmente extrapolable al nuestro, se torna amable sonrisa, yendo y viniendo de la política a la literatura como quien da un portazo y enseguida abre risueño la puerta. Sólo la ficción, que en el caso de Márkaris sirve para revelar los estragos de la crisis, puede amortiguar su desazón por lo que está pasando.

Petros Márkaris, posando en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris, posando en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

“Existe la posibilidad de que caigamos todavía más”. Lo dice amparado en una evidencia: “En los países del sur se está destruyendo la clase media, que es la columna vertebral”. Sin esa columna, Márkaris piensa que el derrumbe proseguirá, por mucho que los políticos lo nieguen. “Los políticos no aprenden, porque nos decían que esto no iba a durar y la crisis se ha quedado y no se va”. Ni siquiera los cantos optimistas que anuncian cierta recuperación se los cree el autor de Con el agua al cuello y Liquidación final, que completan esa trilogía sobre la crisis. “Los políticos embellecen las cosas”, lo cual le lleva a tildar de “cínicos” a quienes sostienen que esto “va a mejor”.

Con ser la crisis económica de suma gravedad, Márkaris pone el acento en otro aspecto de la misma, que enuncia en forma interrogativa: “¿La crisis de credibilidad no es todavía peor que la económica?”. Y aquí, quien sabe si azuzado por el propio comisario Jaritos, arroja una infinidad de pistas. Por ejemplo, la similitud entre los periodos de transición política acaecidos en Grecia y España. Similitud de entusiasmo, de errores y de nefastas consecuencias. “Cometimos los mismos errores, difíciles de detectar por el incontrolable entusiasmo, que los políticos aprovecharon”.

Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja del barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja del barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Esa mezcla de pasión política y pulsión económica es la que Márkaris denuncia ofreciendo nuevas pistas. “En periodos de crisis, Europa bascula hacia la derecha”. Y recuerda que mientras en Estados Unidos tenían a Roosevelt, “en Europa teníamos a Mussolini, Hitler y Franco”. Su cruda radiografía de la situación, le lleva a afirmar que el mito actual europeo lo sería Laocoonte devorando a sus hijos: “En Europa nos comemos unos a otros”. Por eso le asusta el Parlamento que pueda salir de las elecciones del 25 mayo, con partidos de extrema derecha ganando posiciones y celebrando, a su juicio, “el rapto de las niñas en Nigeria, porque ganan votos de quienes se asustan y tienen dudas”.

La marcha de Europa la ve, por tanto, con recelo. No entiende que los políticos sigan valorando la salida de la crisis en términos exclusivamente económicos. “Se busca una construcción económica y no política”. Y agrega: “Cómo se puede hablar de éxito y de que la crisis ha pasado, cuando hay un 35% de desempleo y un 60% de paro juvenil” en su país. Sólo cabe una razón: que la crisis se está superando “porque los inversores ganan más o porque invierten en Grecia”. Al presentar su novela en Hamburgo, advirtió un cansancio por parte de la clase de trabajadora, que se preguntaba  si valía la pena “trabajar toda la vida para al final tener que ir contando céntimo a céntimo”. Y de nuevo, la interrogación: “¿Qué crisis hemos pasado?”

Café y pipa de Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja. Fotografía: Santiago Carrión.

Café y pipa de Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris, que estuvo en la librería Cosecha Roja de Valencia invitado por la organización del festival Valencia Negra, dedicado al género negro literario, concluyó diciendo que los temas sobre los que transcurre buena parte de las obras creativas son dos: “El amor y el dinero; se enamorarán y matarán”. Pasión y destrucción, sin  término medio. Muy de género negro. Y muy a tono con la novela ganadora del I Premio de Novela Negra Cosecha Roja, que fue a parar al argentino Fabio Nahuel Lezcano, autor de Crímenes apropiados, de entre un total de 288 obras presentadas a concurso.

Márkaris, tras dar por concluida su trilogía sobre la crisis, busca nuevos horizontes a su comisario Kostas Jaritos, que se ocupará de asuntos de capitalismo menos salvaje y más dado a temas existenciales. Eso sí, que conste que las aceradas críticas del escritor griego tienen su razón de ser: “Soy crítico con la Unión Europea y con mi hija, porque la amo”.

El escritor griego Petros Márkaris, con su pipa, en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

El escritor griego Petros Márkaris, con su pipa, en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Salva Torres

«Nos apasiona el dolor y la tragedia de otros»

La mujer que no bajó del avión, de Empar Fernández Editorial Versátil De venta en librerías

Empar Fernández. Imagen cortesía de la autora.

Empar Fernández. Imagen cortesía de la autora.

¿Una novela se puede incluir en el género negro aunque no esté protagonizada por policías o detectives, ni siquiera por periodistas o abogados? Empar Fernández considera que sí y prueba su afirmación con su último libro, La mujer que no bajó del avión  (Versátil) que presentó recientemente en la librería Cosecha roja de Valencia, acompañada de Marina López, profesora de la Universidad de Castellón y comisaria de Valencia Negra. En una audaz vuelta de tuerca, Fernández no sólo elige como protagonista a un ciudadano normal y corriente, carente de los atributos y destrezas del sabueso tradicional. Además, adopta la voz y el punto de vista de Álex Bernal, un joven abúlico y apático, sin oficio ni beneficio que vaga por el mundo algo desnortado. Un autodidacta que se alimenta de libros de ficción y que, influido por su padre droguero y seguidor del Pantone, le gusta llamar a los colores por su nombre y apellido. Una vocación cromática que contrasta con la atmósfera gris asfalto que impregna la historia. Una Barcelona primaveral en torno al Día de Sant Jordi con rosas y petardos, es escenario y también protagonista de la historia. Fernández describe con solvencia y cariño el ambiente de los barrios limítrofes afectados por la crisis por los que se mueven los personajes. La acción arranca con una escena muy contemporánea. Álex Bernal, tras pasar una desastrosa temporada en Roma, espera en el aeropuerto de El Prat que la cinta transportadora vomite su equipaje, mientras observa girar una maleta solitaria al parecer abandonada por su propietario. En un impulso se apropia de ella, ignorando que contiene una doble sorpresa que va a cambiar su vida. Una carga de culpa y remordimientos, la historia trágica de una mujer, Sara Suárez que por egoísmo y omisión ha causado un gran daño a sus semejantes. A través de las vacilantes anotaciones de una desconocida, su confesión a corazón desnudo y canto de palinodia, Bernal reconstruye poco a poco su identidad como persona y afianza su posición en la vida. Empar Fernández Gómez (Barcelona, 1962)  alterna la docencia en los campos de Historia y Psicología con la escritura. Junto a Pablo Bonell Goytisolo creó al inspector Santiago Escalona, protagonista de las tres novelas que escribieron a cuatro manos: Las cosas de la muerte, Mala sangre y Un mal día para morir. Fue finalista del IX Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones con El loco de las muñecas, historia de un mendigo y , en 2008,  publicó Hijos de la derrota, que parte del fin de la guerra civil para contar cómo afecta a la vida de tres niños.  Obtuvo el Premio Rejadorada de Novela Breve por La cicatriz, en 2009, y al año siguiente publicó Mentiras capitales, ambientada en la posguerra.

Portada del libro 'La mujer que no bajó del avion', de Empar Fernández.

Portada del libro ‘La mujer que no bajó del avion’, de Empar Fernández.

Policiaca, negra, intriga psicológica, thriller. ¿Dentro de qué apartado se siente más cómoda? Quiero pensar que no son excluyentes y que la ficción admite diversas fórmulas y combinaciones. Me identifico con las etiquetas negra y psicológica. ¿A qué atribuye el gran éxito que tiene hoy la novela negra? Creo que al lector le apasiona leer sobre el dolor y la tragedia que afectan a otros, el crimen interesa siempre que podamos contemplarlo desde la distancia. Eros y Thanatos mueven el mundo. Además la novela negra proporciona el misterio y estimula eficazmente el interés, propiedades de las que otros géneros carecen. ¿Cree que puede morir de éxito si no se renueva? No creo que la novela negra llegue a desaparecer ni a morir de éxito, goza de buena salud y creo que, afortunadamente, se renueva constantemente. Siempre puedes encontrar alguna novedad que te sorprende por la trama, el enfoque, la estructura, el lenguaje… La renovación es necesaria para no encasillar la novela negra en patrones inamovibles, en fórmulas leídas mil veces que pueden llegar a resultar repetitivas. Harta de policías o detectives, en ‘La mujer que no bajó del avión’ se plantea una audaz innovación. ¿Cómo se enfrentó a ese reto?  En esta ocasión me planteé que el investigador fuera una persona cualquiera, sin preparación, sin método, simplemente un joven que tropieza con una historia muy oscura y llega a desentrañarla. ¿Le costó mucho meterte en la piel de Sara Suárez, un personaje con el que no es fácil empatizar por su egoísmo atroz? Sí, es un personaje difícil, atrevido, valeroso y egoísta y completamente carente de escrúpulos. Una mujer que corre riesgos, que calla, que traiciona  y que acaba pagando muy caros sus errores. Los autores de novela negra hemos aprendido a trabajar con personajes verdaderamente odiosos, con verdaderos criminales; en ese sentido tenemos una experiencia que nos ayuda a enfrentar el mal con la mente fría.

Portada de El loco de las muñecas, de Empar Fernández.

Portada de El loco de las muñecas, de Empar Fernández.

La Barcelona que describe delata un gran amor a su ciudad. ¿Cómo la vive día a día y qué queda de la huella  olímpica? Me gusta Barcelona por su diversidad de gentes, de paisajes urbanos, porque cambia continuamente y porque sigue conservando rincones que valen la pena. Me gusta porque cada barrio es un mundo y porque es un escenario inmejorable y sirve para grandes historias. Creo que amo la ciudad porque la conozco bien. De la huella olímpica solo aprecio las infraestructuras que cambiaron la apariencia de la ciudad. No es poca cosa. ¿El contacto con sus jóvenes alumnos le sirve de alguna manera para estar al día e imaginar historias conectadas con el presente? ¿Cómo ve a estas nuevas generaciones? El contacto diario con los alumnos sirve para crear nuevas historias y para actualizar el lenguaje coloquial que a menudo va más deprisa en las calles y entre la gente muy joven. Respecto a las nuevas generaciones creo que no conviene generalizar. Hay gente dispuesta a todo: a estudiar, a invertir tiempo y esfuerzo, a emigrar en un futuro si es necesario… y alumnos que se limitan a esperar que llegue el momento de abandonar el instituto. No  se puede establecer una norma. ¿Cómo están recibiendo los lectores su novela ‘La mujer que no bajó del avión’? Por el momento las impresiones que he recogido son inmejorables. He recibido numerosas felicitaciones de lectores y de críticos. Me siento muy satisfecha de los comentarios que me envían los lectores. Hasta el momento no pueden ser más halagadores.

Detalle de la portada del libro 'La mujer que no bajó del avión', de Empar Fernández.

Detalle de la portada del libro ‘La mujer que no bajó del avión’, de Empar Fernández.

Bel Carrasco