Paisajes de Lituania cogidos al vuelo

Lituania inédita, de Marius Jovaisa
Sala Alta del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 6 de enero de 2016

El MuVIM acoge la exposición Lituania inédita, del fotógrafo Marius Jovaisa, que inauguró esta semana el diputado de Cultura de la Diputación de Valencia, Xavier Rius, que se muestra en la Sala Alta del MuVIM y en cuya presentación estuvo igualmente el cónsul de Lituania en Valencia, Tomas Irnius, y el director del museo, Rafael Company.

La muestra expone imágenes aéreas de la República de Lituania realizadas por el fotógrafo lituano Marius Jovaiša entre los meses de mayo a octubre del año 2007. Las 45 fotografías corresponden a paisajes, tanto del interior como de la costa, urbanos y rurales, lugares históricos, tierras de cultivos y grandes bosques con ríos y lagos, algunos de ellos protegidos por la Unesco.

Inauguración de 'Lituania inédita', de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

Inauguración de ‘Lituania inédita’, de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

Constituyen una selección de un proyecto mayor realizado con vuelos en ultraligero con motor, en Wilga o avión polaco de cuatro plazas, en CTws o biplaza alemán, en helicóptero militar Mi-8 y en globo aerostático.

Los pilotos volaban unas dos horas antes de la salida del sol y una hora y media después de su puesta, momentos en los que es mucho más difícil planear y volar, pero fueron los momentos elegidos por el fotógrafo para conseguir estos instantes más artísticos y bellos.

Marius Jovaiša nació el 21 de junio de 1973 en Vilnius, capital de la República de Lituania. Ha fotografiado desde el aire los países de Australia, Hawai, la Polinesia, Namibia, Nueva Zelanda, Lituania y Cuba, publicados en diversos libros.

Fotografía aérea de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía aérea de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM.

Bichobola o la luz interior de la naturaleza

Naturaleza enmascarada, de Davy Bytrap y Mercedes Mollá
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta finales de marzo

Cogen troncos que yacen junto a los lagos y les dan vida. Es la manera que tienen Davy Bytrap y Mercedes Mollá, con su proyecto artístico Bichobola Creativo, de poner en cuestión la naturaleza robada por los múltiples enmascaramientos de la sociedad contemporánea. Hablan, lógicamente, de la naturaleza exterior con la que ellos trabajan, pero incidiendo en la repercusión que tiene sobre la naturaleza humana. Al conjunto expositivo que presentan en la galería Imprevisual lo han llamado Naturaleza enmascarada, porque a su juicio “nuestra esencia queda oculta bajo máscaras sociales que nos convierten en seres neutros”.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y como queriendo dar cuenta de esa esencia, Bichobola arroja luz al interior de esos troncos, después del adecuado tratamiento plástico de la naturaleza rescatada. De manera que Bytrap y Mollá intervienen las piezas con resina de poliéster, a las que añaden trozos de mecedoras o telas de ganchillo a sus esculturas de luz. El resultado es un inquietante paisaje de restos mortales procedentes de esa naturaleza que los artistas invocan, devolviéndoles la vida tras la inyección de diversos artificios. El desenmascaramiento de esa esencia interior oculta, luminosa, se lleva a cabo mediante la naturaleza enmascarada a la que alude el título del conjunto expositivo.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Así explica Bichobola su laborioso trabajo: “Realizamos esculturas de luz partiendo de estructuras naturales a las que alteramos su carácter expandiendo sus formas y aplicándoles capas de color”. Esta alteración del carácter natural de los troncos de árbol, que luego se convierten en piezas expositivas, tiene algo del enmascaramiento que los artistas denuncian. Por lo que se daría la paradoja de estar señalando cierta recuperación de la identidad perdida, enmascarándola de nuevo. “Transformamos partes de árboles varados en lagos, en objetos atrayentes que enmascaran formas existentes en la naturaleza”, explican Bytrap y Mollá.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Lo antiguos griegos lo tenían claro, cuando los actores en sus representaciones de la tragedia clásica utilizaban máscaras, que etimológicamente asociaban con la palabra persona. Y es que para tocar lo real de la experiencia humana, necesitaban esas máscaras que amortiguaban el dolor o el intenso goce narrado. La persona, su identidad, guardaba relación con la máscara, la cual además de ocultar servía para acceder a ese interior en llamas del sujeto. La posmodernidad ha hecho de esa máscara un lugar vacío.

Bichobola retoma ese debate para ofrecernos la posibilidad, mediante sus esculturas de luz, de avivarlo. Así lo proclaman en su proyecto artístico, el cual se anuncia como una “apuesta por establecer conexiones con la naturaleza como medio para recuperar nuestra identidad perdida en la masificación y el gregarismo de la ciudad”. Sus conexiones con esa naturaleza pueden verse en la galería Imprevisual, donde se exhiben sus esculturas de luz con el objeto de proyectar las sombras de nuestra sociedad contemporánea.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Salva Torres

La Noruega de Carratalá, en pequeño formato

Noruega 2011, pequeño formato, de Calo Carratalá
Galería Cuatro
C/ La Nave, 25. Valencia
Inauguración: jueves 16 de enero, a las 20.00h
Hasta el 17 de febrero

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá que, tras ser expuesta en el Centro del Carmen, recala ahora en la Galería Cuatro en pequeño formato. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes realizados hace poco más de dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

El conjunto de piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en unos cuadernos de viaje y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Enormes montañas en Lyngen, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Salva Torres

Calo Carratalá, el artista que surgió del frío

Noruega 2011. Calo Carratalá
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 24 de noviembre

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá expuesta en la Sala Ferreres del Centro del Carmen. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes de gran formato realizados hace dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

El conjunto compuesto por cerca de 70 piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en los cuadernos de viaje que figuran en una vitrina de la exposición, y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Enormes montañas en Lyngen, como la que preside la Sala Ferreres al fondo, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Salva Torres