La convocatoria Under25 precisa de artistas valencianos

‘Under25 Alternative routes to ripen through theater’, convocatoria pública internacional para residencias artísticas

Valencia, junto a otras dos ciudades europeas de Portugal y Reino Unido, desarrollará, bajo el nombre ‘Under25 Alternative routes to ripen through theater’, un proyecto cultural que reunirá a doce jóvenes de menos de 25 años, cuatro de ellos valencianos. A través de residencias y laboratorios en los diferentes países organizadores, los seleccionados llevarán a cabo un proceso de convivencia, creación y crecimiento que desembocará en una obra colectiva. El objetivo es facilitar la emergencia de nuevas voces, discursos y producciones únicas, así como promover el intercambio cultural y lingüístico entre los países participantes y estimular la conexión con un público nuevo.

Hasta el 7 de mayo abre una convocatoria pública para recibir solicitudes de todos aquellos artistas de entre 18 y 25 años que quieran aprovechar la oportunidad de formarse en común siguiendo un estimulante proceso creativo en el que participarán profesionales a nivel internacional y que realizará, arrancando el próximo mes de julio, entre Valencia (Espai Rambleta), Manchester (Peshkar) y Torres Vedras (Joäo Garcia Miguel). Los interesados pueden optar a las plazas a través de la web creada para la ocasión.  <25 arranca la última semana de junio, en Espai Rambleta, con el laboratorio ‘Nuevos Lenguajes para nuevos públicos’, dinamizado por profesionales nacionales referentes en la creación, gestión y acompañamiento de procesos artísticos y creación de públicos.

Espai Rambleta, la Escuela del Actor  e Inestable, como asesor técnico y artístico, son la representación valenciana de esta iniciativa,  que se ha hecho valedora de una ayuda de 200.000 €, una co-financiación a cargo del programa Europa Creativa de la Unión Europea destinado a favorecer las relaciones culturales y la diversidad lingüística. La experiencia combina laboratorios formativos, residencias artísticas y la creación de un espectáculo que se estrenará en cada una de las sedes. “Se trabajarán nuevas metodologías, nuevas tecnologías, nuevos procesos, nuevos lenguajes, nuevos públicos. Un aprendizaje que beneficiará a todos, jóvenes y adultos, y perdurará, gracias a la creación de un modelo de residencia, para seguir dando oportunidades a otros jóvenes en el futuro”, apuntan sus impulsores.

“En <25, la idea principal es reunir un grupo de personas menores de 25 años de distintos países y pedirles que creen una pieza. Esta pieza se irá elaborando en varias residencias en España, Portugal y el Reino Unido. Las residencias permiten proteger el proceso de las influencias externas. Es una forma de vivir. Es una cuestión social y artística. La coexistencia generará nuevos materiales. Será crucial la realización de tres laboratorios previos a cada una de las tres residencias, donde jóvenes participantes y tutores se capacitarán y recibirán estímulos de mediadores y especialistas de diferentes disciplinas de artes escénicas. Así como la creación de un nuevo modelo de residencias artísticas internacional”, explican desde la organización.

Calendario Laboratorios y Residencias:

Esapi Rambleta, VALENCIA (España) del 27 de junio al 31 de julio de 2016.

TORRES VEDRAS (Portugal). Del 12 de enero al 12 de febrero de 2017.

OLDHAM – MANCHESTER (UK). Del 15 de junio al 16 de julio de 2017.

Calendario de Ensayos y Muestras:

Espai Rambleta, VALENCIA (España). Del 4 al 17 de septiembre de 2017.

TORRES VEDRAS (Portugal). Del 18 de septiembre al 24 de septiembre de 2017.

OLDHAM – MANCHESTER (UK). Del 25 al 28 de septiembre de 2017.

Imagen de presentación del proyecto europeo Under25. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de presentación del proyecto europeo Under25. Fotografía cortesía de los organizadores.

Weegee The Famous

Weegee The Famous
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 31 de agosto, 2015

Ilustrar las páginas de sucesos con imágenes frescas más o menos truculentas, retratar el cadáver cuando todavía estaba caliente, llegar el primero a los restos del naufragio. Fue la vocación de un intrépido fotógrafo que no temía la nocturnidad ni el crimen, y armado con su cámara exploró los bajos fondos de Nueva York entre los años treinta y cuarenta.

Estamos hablando de Weegee, antropónimo de Arthur Fellin, protagonista de una muestra organizada por el III Festival Valencia Negra que se expone en el MuVIM hasta el 31 de agosto. La exposición fotográfica Weegee The Famous, compuesta por 95 imágenes de gran tamaño, resume el trabajo de pionero del fotoperiodismo, comisariada por Silvia Oviaño, de Caravan Cultura. La vida de película de este artista fue llevada al cine por Howard Franklin en el filme El ojo público.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Con diez años, hijo de emigrantes austrohúngaros, Weegee llegó a Nueva York como Arthur Fellig en 1909. Ejerció de aprendiz de fotógrafo en las calles del Lower East Side hasta que, en 1923, empezó a trabajar en el laboratorio Acme Newspictures. Doce años después comenzó su carrera como fotógrafo independiente y, en 1938, consiguió permiso para instalar en su casa y en su coche una emisora que le permitía escuchar la frecuencia de la policía.

También adaptó el maletero de su vehículo para convertirlo en un laboratorio de revelado y positivado. Con todo ese equipamiento conseguía llegar antes que nadie a la escena del crimen y salir de allí con copias en positivo, acuñadas por detrás con la leyenda Weegee the famous, que vendía a los más importantes diarios y agencias de Nueva York y de Estados Unidos.

Sobre el antropónimo empleado por el fotógrafo hay diversas teorías. Bernardo Carrión, responsable de prensa del Festival y organizador de la muestra, recordó que Weegee en sus años de juventud trabajó en un lavadero de coches y quizá su nombre artístico haga alusión al sonido del parabrisas cuando se limpia. Según la comisaria Silvia Oviaño, surgió de la afición de Weegee por el espiritismo y por el juego de la Ouija, cuya pronunciación se asemeja con el nombre escogido por el personaje.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

“Weegee le tomó el pulso a la ciudad”, dijo Oviaño en la inauguración de la muestra. “Fue uno de los precursores de la inmediatez periodística al instalarse en su vehículo un laboratorio de revelado y un receptor para escuchar la emisora de la policía. Esta circunstancia le permitía llegar a los lugares críticos, antes incluso que la policía.

Como una auténtica pesadilla de los actuales CSI, su gusto por la estética le llevaba a retocar las escenas de los crímenes e incluso a modificar la posición de los cadáveres para lograr una mejor composición fotográfica.  Otra de sus máximas era contextualizar las imágenes que servían de decorado a la escena del crimen, y prefería tomar una fotografía lejana que permitiera observar el entorno antes que un primer plano de un cuerpo ensangrentado.

“Desde medianoche hasta la una, escuchaba todas las llamadas que hacían sobre mirones en las azoteas y en las escaleras de incendios de las habitaciones de enfermeras. De una a dos, los que se resistían a dejar los últimos delicatessen abiertos. De dos a tres, accidentes de coche e incendios. A las cuatro cerraban los bares y los chicos estaban achispados por las bebidas. Los camareros gritaban ‘estamos cerrando’, pero los clientes se negaban a salir… Los chicos de azul los escoltaban hasta la salida y luego entraban ellos para tomar algunas copas a oscuras en los cuartos de atrás. Después, de cuatro a cinco, venían las llamadas por robos y rotura de escaparates”, solía explicar Weegee cuando alguien le preguntaba cómo transcurría su jornada laboral. También alardeaba sobre la importancia de sus retratos: “Aunque figure entre los enemigos públicos número uno de la lista del FBI, ningún malhechor alcanza su consagración hasta que yo lo haya fotografiado”.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

De Nueva York a Hollywood

Durante la década de los cuarenta su prestigio creció. En 1941, la Photo League de Nueva York organizó su primera exposición bajo el título Murder is my business, y en el 43 el MOMA adquiere cinco fotografías suyas para la muestra Action Photography. En 1945, publica su primer libro, Naked City, al que sigue un año después Weegee’s People. A finales de 1948 se muda a Hollywood, donde Naked City se convierte en una película y produce su primer documental, Weegee’s New York. Fruto de su estancia en la cuna del cine es el libro Naked Hollywood. A finales de los 50 Weegee es ya un afamado artista que recorre el mundo dando conferencias. Murió en Nueva York en 1968.

La obra de Weegee, donada por su viuda al ICP de Nueva York, se encuentra en la colección de numerosos museos de todo el mundo y ha servido de inspiración a artistas como Diane Arbus, Andy Wharhol o Stanley Kubrick. No solo incluye escenas de sucesos, sino también instantáneas que atestiguan el modo de vida de los habitantes de la Gran Manzana en actividades de asueto: en el cine, en el teatro o en bares y todo tipo de locales, muchos de ellos marginales. También el cine se ha sentido atraído por sus imágenes y su vida; Howard Franklin dirigió en 1992 El Ojo Público, una película basada en su personaje protagonizada por Joe Pesci.

Una mirada muy personal

En tiempos en los que en el mundo de la prensa aún se valoraba la primicia y la exclusiva, Weegee logró sorprender infinidad de veces con sus fotografías descarnadas tomadas segundos después de haber ocurrido el suceso. Sus imágenes, directas, sorprendentes y con una mirada muy personal, captaron momentos dramáticos de los neoyorquinos. Para rebajar su descarnado realismo, solía trabajar en el laboratorio con una iluminación lateral que él mismo llamó “estilo Rembrandt”.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Bel Carrasco

Ferran Adrià and the art of food

El Bulli: Ferran Adrià and the art of food
Somerset House
Strand London WC2R, 1 LA, Reino Unido
Hasta el 29 de septiembre

Hace casi un mes, concretamente el 5 de Julio, se inauguró en el Somerset House de Londres la exposición ”El Bulli: Ferran Adrià and the art of food” que formará parte de las propuestas de esta institución hasta el 29 de septiembre de este año, siguiendo la estela y ampliando la muestra que se llevó a cabo en el Palau Robert de Barcelona a finales del año pasado. Parece una intentona de retrospectiva emocional y pastelera, valiéndome del contexto que se trata, del restaurante El Bulli convertida en un exagerado ensalzamiento de la figura de Ferran Adriá y de su inminente proyecto, ávidos de soporte institucional y económico, más que apariencia moral y que a modo de gira promocional, después de Londres recorrerá otras ciudades del planeta.

El comisario Sebastià Serrano nos propone un recorrido lleno de imágenes, excéntricos recuerdos y anécdotas, en las que se ve el desarrollo de este pequeño local que en su día se convirtió en el mejor restaurante del mundo y que tiene ante sí un reto impresionante.

Entrada a la exposición. Fotografía: Anna Gottardo

Entrada a la exposición. Fotografía: Anna Gottardo

Desde un punto de vista que gira en torno a una casa-museo o un museo de ciencias naturales, en las dos plantas que componen la muestra se presenta la idea central: la cocina como laboratorio de sensaciones y el comer como verdadera experiencia de los sentidos. Es esto, precisamente, lo que acerca el paladar al arte y da sentido al trabajo entre fogones de estos maestros gastronómicos. En las propuestas que ofrece este venerado cocinero catalán, más allá de la deconstrucción de la comida, de los utensilios que inventa, del cuidado enfermizo en la presentación de los alimentos y su elaboración, se intenta descontextualizar, provocar y, sobre todo, aportar conceptos a través de una recerca técnico conceptual que ayuda a crear, crear, crear…

A nivel funcional, la exposición empieza con un flash back en el que se proyecta un vídeo que representa, como en un último vals, el último postre y los últimos aplausos del famoso restaurante y finaliza en una sala con la impresionante maqueta de lo que será la fundación que están proyectando desde que el local cerró sus puertas hace dos años.

Entre estos dos momentos se sigue una línea temporal que recorre todo el discurso expositivo. Fotografías-recuerdo y cronología de hechos, archivos, documentos cuentan, como repasando el antiguo álbum de la abuela, todos los pasos que se fueron dando desde la compra del terreno, hasta convertirse en el lugar donde mejor se comía del mundo. Subiendo las escaleras se deja atrás la parte emocional y se hace partícipe al visitante del frenesí de tres horas en la cocina de El Bulli en cinco minutos presentado en tres pantallas simultáneas, que dan paso a la parte más científica, práctica y de impacto visual de la muestra. Hay puntos que suscitan la curiosidad como la mesa virtual de comensales donde los visitantes se sienten protagonistas del menú propuesto por la voz real de uno de los camareros que explica minuciosamente cada uno de los platos servidos. En otros momentos el comisario juega con el paralelismo entre el arte culinario y el mundo artístico convencional; en una  entrevista, el artista Richard Hamilton define a Ferran Adrià como inventor y lo compara con figuras como Duchamp o Shakespeare al ser todos intérpretes de un lenguaje nuevo, mientras la melodía de Bruno Mantovani “El libro de las ilusiones”, compuesta para Ferran Adrià por el músico francés, traduce en sonido las emociones del menú degustación de 35 platos.

Entre estas curiosidades encontramos extraños utensilios, platos, cubiertos, comidas de plastilina y fotografías de platos que nos envuelven en la idiosincrasia de un concepto de comida diferente, inusual para la vista. Es lo que pretende El Bulli en su menú, engañar a los sentidos para mantenerlos alerta, como sucede con el arte contemporáneo; el espectador se tiene que despojar de todas sus preconcepciones y prejuicios y recibir desnudo de conceptos el mensaje, en este caso el alimento.

Modelado para los platos. Fotografía: Anna Gottardo

Modelado para los platos. Fotografía: Anna Gottardo

A partir de ahí fechas, datos, fotografías, menús, uniformes, recuerdos tienden a desviar la atención del sujeto expositivo, y pueden resultar más curiosidades y relleno que información complementaria al mensaje que se pretende sugerir: el punto de inflexión y paso adelante para adaptar un elemento tan característico como la cocina a las nuevas tecnologías, de las que se sirve para encontrar caminos diferentes y vislumbrar unas nuevas expresiones, no siempre aceptadas por los defensores de la gastronomía tradicional, que ven la innovación excesiva como un desarraigo y a los que deberá todavía conquistar.

 

Ferran Adrià y Bart Simpson. Fotografía: Miguel Mallol

Ferran Adrià y Bart Simpson. Fotografía: Miguel Mallol

Miguel Mallol