La metamorfosis en el arte

Proyecto 3CMCV ‘Arte y Metamorfosis’
Daniel Jordán, Hugo Martínez-Tormo y Alejandra de la Torre
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 7 de febrero

El Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana presenta la exposición de la tercera edición del Proyecto 3 CMCV ‘Arte y Metamorfosis’ que se podrá ver en el Centro del Carmen del 5 de noviembre al 7 de febrero. En ella los artistas Daniel Jordán, Hugo Martínez-Tormo y Alejandra de la Torre presentan tres propuestas multidisciplinares que reflexionan sobre la idea de la transformación de la obra de arte y del propio artista.

Se trata de la tercera convocatoria del programa Proyecto 3 CMCV que publica el Consorcio de Museos anualmente. En ella, se seleccionan tres proyectos expositivos dotados cada uno con una ayuda a la producción de 5.000 €. Una vez realizados, los tres proyectos conforman una exposición que itinera por las tres provincias de la Comunitat.

Clásicos del cine y de la literatura universal como La ventana indiscreta de Hitchcock, en la pasada edición, o ahora La metamorfosis de Kakfa han servido de hilo conductor en las diferentes convocatorias proponiendo temas de interesante reflexión. Temas, por otra parte, muy recurrentes en la historia del arte como es este año la idea de la transformación, el cambio, o incluso la monstruosidad rozando ya la imagen fantástica.

A partir de la novela de Franz Kafka La Metamorfosis, de la que se cumple este año su centenario, los tres artistas presentan en esta exposición una obra de gran carga simbólica trabajando en diferentes disciplinas tales como pintura, escultura, instalación audiovisual o fotografía.

Formalmente la exposición presenta una obra por cada artista que no se centra en una única pieza sino en un conjunto de ellas con el objetivo tanto de transmitir su mensaje como de conocer la personalidad artística del creador.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

En el caso de Hugo Martínez-Tormo, éste centra la mirada sobre el proceso de creación de la obra de arte mostrando cada fase de transformación de la misma, pasando de la pintura a la escultura a través del audiovisual. Su obra titulada ‘Tríptico’ consiste en una instalación audiovisual compuesta por tres fotografías, tres vídeos y tres volúmenes geométricos, que a su vez recuerdan a tres crisálidas. Formas, volúmenes y colores, todos ellos primarios, que combinándose entre sí, producen variaciones infinitas y generan todas las formas y colores posibles.

Daniel Jordán, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Daniel Jordán, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

En su obra ‘The Fool Show’ (instalación a partir de esculturas y pinturas), Daniel Jordán hace una interpretación de la novela basándose en su carácter autobiográfico. Jordán se identifica como artista con la pasión que sentía Kafka por la escritura. La transformación muestra la situación en la que se encuentra el creador, quien se siente un bicho raro por querer dedicarse a su pasión, la cual es entendida de forma cuanto menos sospechosa a ojos de la sociedad mercantil moderna.

Alejandra de la Torre, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Alejandra de la Torre, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Alejandra de la Torre en su obra ‘El estigma del Parado’ hace una crítica social de la situación del parado en España. A modo autobiográfico describe el proceso transformador del ser humano, del artista, con sus ilusiones, su formación y su proyección profesional, en un objeto, en un parásito de la sociedad, en definitiva en un bicho, con las esperanzas ya mermadas por el fracaso ante la falta de apoyo y de salida laboral.

La exposición de esta tercera edición del Proyecto 3 CMCV se expondrá en el Centro del Carmen hasta el próximo mes de febrero de 2016, cuando viajará a Castellón para mostrarse en la Sala San Miguel y posteriormente a Alicante.

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

El ingenio mecánico de Petit Pierre

Petit Pierre, de Carles Alfaro a partir del texto de Suzanne Lebeau
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 4 al 15 de diciembre

Carles Alfaro se llevó una grata sorpresa cuando Bambalina Teatre le llamó para hacerse cargo de Petit Pierre. Llevaba ocho años sin hacer nada en Valencia. “No porque no quisiera, sino por falta de ofertas”. El que fuera director del emblemático Moma Teatre, cerrado en 2003 por el progresivo enflaquecimiento de ayudas institucionales, regresa con una obra que bien pudiera ser metáfora de la propia situación por la que atraviesa la cultura en este país. En medio de la vorágine bélica que sacude el siglo XX, Petit Pierre, o más exactamente Pierre Avezard (1909-1992), sobrevivió a las burlas que le procuraba su cuerpo deforme, para crear durante 40 solitarios años un sobresaliente ingenio mecánico. “Hay científicos que siguen sin explicarse cómo lo hizo con sus nulos conocimientos y dando soluciones a cosas que no estaban inventadas”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Carles Alfaro dirige este sorprendente Petit Pierre, interpretado por Adriana Ozores y Jaume Policarpo. Y lo hace para poner en pie una obra que cuenta “la historia del siglo XX”, por un hombre cuyas limitaciones le preservaron, paradójicamente, “de la conciencia de sufrimiento ajeno y de la absurdez humana”. Para ello, buscó refugio en su establo, rodeado de vacas, en medio del bosque y fue creando, pieza a pieza, un grandioso carrusel mecánico hoy visitado por miles de personas. “¿Era un artista, un genio?”, se pregunta Alfaro. “Probablemente, más genio que artista; alguien que tiene la mirada del niño y que, como el artista del arte povera, recoge elementos estériles para darles una nueva utilidad”.

“CULTURARTS ES UN INVENTO EMPRESARIAL PARA HACER EREs”

Petit Pierre estará en el Teatre Talia del 4 al 15 de diciembre. Carles Alfaro se sube así de nuevo a un escenario valenciano, tras cerrar Espai Moma. “Aquel cierre se produjo porque era mejor hacerlo que subsistir, por falta de ayudas, bajando el listón del proyecto artístico. Y el tiempo nos ha dado la razón”. Tras aquel cierre vinieron otros, siempre a rebufo de la ausencia de racionalidad en materia cultural. “Ni de los tiempos de vacas gordas hemos heredado nada”. La crisis no es más que un triste epílogo a esta novela corta. “CulturArts es un invento empresarial para hacer EREs. No hay una política racional en el que se optimicen los proyectos artísticos, de los que no se habla para nada”. Y aquí Alfaro entona cierta mea culpa: “Siempre hemos hablado del reparto del pastel, dejando de lado lo principal que son los proyectos y la creación de un tejido cultural de base”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Y volvemos a la metáfora que supone Petit Pierre, “un hombre aislado, autista, en medio de la mayor de las vorágines”. Este ser nacido en una zona rural a 200 kilómetros del sur de París, de familia analfabeta, y que a Carles Alfaro le recuerda a Kaspar Hauser, “aunque no en circunstancias y origen”, fue creando infinidad de figuras articuladas con alambres que encontraba. Así fue como, poco a poco, levantó el gran tiovivo de 200 figuras accionado con un simple pedal de bicicleta. Años más tarde, incorporó un motor para que tamaño carrusel se convirtiera en un verdadero parque temático en medio del bosque.

Jaume Policarpo encarna al alma gemela de Petit Pierre, mientras Adriana Ozores, todavía despojándose del aire malvado de la Doña Carmen de Gran Hotel, traduce en palabras el mundo inescrutable de Pierre Avezard. Su carrusel de vida, en medio de la devastación bélica, tendrá en el Talia otra puesta en escena. “No tenía sentido reproducir el mecanismo”, dice Alfaro. Lo que sí hace es “esencializar al límite de lo posible la metáfora del movimiento cinético”, mediante una “plataforma circular que va girando” y a cuyo alrededor se suceden los acontecimientos que jalonan “la Historia con mayúsculas y la historia con minúsculas de Petit Pierre”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

No es teatro infantil, por mucho carrusel que haya, sino teatro para adultos. Y en esto Carles Alfaro sigue al pie de la letra el espíritu de Suzanne Lebeau, autora del texto que recrea la vida de este singular hombre deforme. Dice la escritora canadiense: “Hay que sumergirse en los años de nuestra propia infancia y acordarse de que a los cinco años la araña en la pared tenía una carga como la pinta Kafka en La metamorfosis”. La increíble historia de Petit Pierre se merecía esa mirada, que Alfaro califica de “naif” y que viene a romper con la “razón especulativa” de los adultos. “Su obra tiende a expresar el alma”. Y ya a punto de irnos, Carles Alfaro remacha: “Es un acto de amor”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Salva Torres

El ingenioso hidalgo Joan Verdú

Mini, midi, maxi. Joan Verdú

Galería Mr. Pink

Avda. Guillem de Castro, 110. Valencia

Hasta finales de mayo

Antes de nada conviene aclarar lo de hidalgo. Joan Verdú (Alzira, 1959), aunque pueda llegar a confundir en su obra gigantes con molinos de viento, lo cual no andaría descaminado con su modo de proceder, no tiene nada de Quijote, ni por aspecto, ni por deshacedor de entuertos. Pero sí tiene, sin duda, mucho del ingenio que se le atribuye al ilustre caballero manchego. Pero está esa otra acepción de hidalgo, que a Joan Verdú, ahora sí, le viene que ni pintado: aquella que habla del color entre castaño y caoba. Esa indefinición, que ni es una cosa ni la otra, o ambas a la vez, permite dibujar un perfil más exacto de este ingenioso hidalgo de la Ribera.

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Su ingenio, repleto de ironía, y esa manera que tiene de transitar entre dos mundos, para reunirlos en su trabajo mediante sucesivas transformaciones, es la marca estilística de Joan Verdú. No es de extrañar que entre sus proyectos de futuro se encuentre su particular visión de Las metamorfosis de Ovidio. Y es que la mitología, junto al arte y el erotismo, es una de sus constantes referencias. Como puede verse en la exposición Mini, midi, maxi que acoge estos días la galería Mr. Pink: un conjunto de 12 trípticos en los que Verdú establece una cadencia formal para sus juegos reunidos…

Joan Verdú toma una misma imagen para, descomponiéndola en tres tamaños distintos, trazar cierto recorrido narrativo. De hecho, en su origen la exposición iba a llevar por título Relatos cortos. Título que el propio Verdú explica: “Un amigo me dijo que muchas exposiciones son un conjunto de imágenes desplegadas como si fueran una novela, pero que en mi obra él veía una serie de relatos cortos”. Como la serie que desarrolla en la galería Mr. Pink, donde esos relatos giran en torno a la mitología (Leda y el cisne), el arte (Candy Warhol o Playbeuys) o de su carpeta de imágenes (Mano-cerebro).

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Los juegos de palabras y esa transformación de la imagen tomando ciertos referentes conocidos son la base de su creación. Por ejemplo, la palabra cisne. “En valenciano, cigne y signe se pronuncian igual, de manera que el cisne se convertía en un interrogante”. Cuestión que abarca el conjunto expositivo, donde los juegos de palabras son constantes, al igual que constantes son las alusiones irónicas. Esa manipulación de imágenes para lograr las metamorfosis que incitan a la interpretación de sueños freudiana, también está explícitamente enunciada en su obra. Hay piezas que aluden a la manipulación de cerebros, cuyo repertorio Mini, midi, maxi parece ciertamente orquestada.

Relatos, entonces, cortos. Relatos que transmiten una sensación nada kafkiana, por cuanto Verdú alude a Las metamorfosis de Ovidio en lugar de a La metamorfosis del escritor checo. Ningún trasunto metafísico atraviesa el conjunto expositivo y sí, en cambio, una alusión directa al juego, la ironía, la fiesta de imágenes y palabras que pueden remitir al sueño, pero nunca a la pesadilla. Ni siquiera cuando alude a esa manipulación cerebral, aparentemente dolorosa por la sensación de vacío y alienación a la que apunta, ni siquiera entonces la obra de Verdú adquiere tintes dramáticos, sino jocosos, surrealistas, festivos. Diríase que Joan Verdú, una vez lanzados sus tentáculos sobre el mundo exterior, haya preferido recogerlos en su trabajo amortiguando lo real de ese mundo mediante la ironía. Más que molinos de viento, lo que este ingenioso hidalgo de La Ribera busca son motivos para seguir riéndose de su propia sombra, ya sea ésta Mini, midi, maxi.

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

 Salva Torres