Un retrato de la lealtad: ‘Últimos días en La Habana’

‘Últimos días en La Habana’, de Fernando Pérez
Estreno en España: 7 de abril de 2017
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Tras su laureada presencia en la XXXVIII edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la reciente Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana en el XX Festival de Málaga, ‘Últimos días en La Habana’, bajo la dirección del realizador cubano Fernando Pérez, incoa su periplo por las salas españolas con la pretensión de diseminar la caleidoscópica radiografía de un particular microcosmos habanero, en el que confluyen algunos de los consabidos grandes temas de la idiosincrasia cubana.

Polarizada a través del pulso consuetudinario de sus dos personajes protagónicos -Miguel (Patricio Wood) y Diego (Jorge Martínez)-, la senda que rubrican el joven guionista Abel Rodríguez y el propio Fernando Pérez escenifica los vericuetos y singularidades de la amistad de dos individuos perfilados por sus lacerantes desdichas, cuyas respectivas naturalezas antagónicas, en lugar de alimentar el abismo que distancia sus inquietudes, solidifican un afecto mutuo edificado por un ignoto pasado común transmutado en lealtad.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Habita en ‘Últimos días en La Habana’ una omnipresente relación con el epílogo, que transita desde la razón cronológica del título hasta la turbada espera que reporte forma a los desenlaces respectivos de sus protagonistas. Si Patricio Wood encarna a un ser infausto, gobernado por la contención y el laconismo, Jorge Martínez procura dotar a su encamado estoicismo un hálito último de mundano  deseo, amparado por el maquillaje de la extroversión y la emotividad del recuerdo; y es la memoria la que solidifica el vínculo, por necesidad, entre Miguel y Patricio, entre el contumaz anhelo de la huida y la resignada expectativa de la muerte.

De este modo, “’Últimos días en La Habana’ trata de ser un filme sobre la amistad, sobre el derecho de cada individuo a expresarse a su manera: un filme sobre la diversidad”, tal y como ha sentenciado Fernando Pérez durante el cálido y honesto encuentro mantenido con el público durante el estreno de la cinta en los Cines Babel de Valencia.

Con una cierta e ineludible previsibilidad, a través de esta heterogénea relación umbilical entre Miguel y Diego, Fernando Pérez merodea algunos de los acostumbrados y recurrentes asuntos que han sido abordados -con notorios resultados en numerosos casos- por la filmografía cubana de las últimas décadas, como son la diáspora y el exilio, la homosexualidad y la prostitución masculina y, en menor medida, la enfermedad del SIDA.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Películas como ‘El súper’ -de León Ichaso, Orlando Jiménez Leal y Manuel Arce-, ‘Una noche’ -de Lucy Mulloy-, ‘Habana Blues’ -de Benito Zambrano-, ‘La ciudad perdida’ -de Andy García- o ‘Regreso a Ítaca’ -de Laurent Cantet-, han diseminado, con acento local e internacional, el apesadumbrado y espectral poso del éxodo cubano, mediante ejemplo de aspiración, huida y revistación nostálgica.

‘Conducta Impropia’ -de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal-, ‘La Partida’ -Antonio Hens-, ‘Viva’ -de Paddy Breathnach- o ‘Fátima o el parque de la fraternidad’ -de Jorge Perugorría-, han retratado, documental o ficcionalmente, el uliginoso y habanero territorio nocturno de la homosexualidad, con el diástole de la marginalidad, el oprobio político y el lupanar masculino como metodología superviviente.

Por su parte, ‘El acompañante’ -de Pavel Giroud- y ‘Boleto al paraíso’ -de Gerardo Chijona- han sido los filmes que con más lúcida precisión y especificidad han volcado su evolución argumental sobre la enfermedad del SIDA, mediante el acerbo retrato del Sanatorio de los Cocos, ignominioso ejemplo de la política de reclusión y control implementada por el totalitarismo castrista.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

E instituidas con referencia propia, por razones de compendio temático y fulgor internacional, ‘Fresa y Chocolate’ -de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío- y ‘Antes que anochezca’ -de Julian Schnabel-, enarboladas a partir de las figuras de Roger Salas (consecuencia e inspiración literaria) y Reinaldo Arenas (gestada a partir de su imprescindible y homónimo legado autobiográfico).

De este modo, ‘Últimos días en La Habana’ no se resiste a elevar su testimonio sin la inclusión de estos elementos que aún palpitan en la memoria colectiva y en la educación cinematográfica de la isla, aderezado con el heteróclito folclorismo de los solares y cuarterías -populares corralas de vecinos de una Habana en ruinas- y procurando al espectador la sensación de encontrarse ante un reconocible canto radiográfico del temperamento capitalino cubano, cuyos personajes secundarios y elementos terciarios no hacen sino reforzar la impresión de pleonasmo, oxigenado, eso sí, por la amarga e introspecitva circunspección de la benevolencia que se encarama, nocturna y silente, sobre los piadosos hombros de Miguel, convertido, a la postre, en una excepcionalidad por la que ‘Últimos días en La Habana’ se justifica y cobra sentido último, consolidando a Fernado Pérez como unos de los imprescindibles cronistas de la capital cubana que -como lo procura su compatriota, el escritor Leonardo Padura- construyen un relato de conceptos universales a partir del ceñido cinto de la inmediatez habanera.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Jose Ramón Alarcón

 

“Trato de escribir con la mayor independencia posible”

Entrevista con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 Leonardo Padura, a propósito de su reciente participación en la XXIX Semana Negra de Gijón

Portando frescos los vestigios de su galardón como Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, el escritor cubano Leonardo Padura ha procedido con su natural y habitual visita al festival noir por excelencia, rubricando una de las ediciones de mayor calado programático en las casi tres décadas de trayectoria de la Semana Negra de Gijón.

Padura, quien afirma que el premio ha tenido “a nivel oficial muy poca repercusión” en su país, admite que “ha sido una gratificación a muchos años de trabajo y también un reconocimiento a la cultura y literatura cubanas”. Durante la clausura del festival se ha exhibido en primicia el documental ‘Vivir y escribir en La Habana’, dirigido por su esposa, Lucía López Coll, que retrata al escritor transitando por el callejero de Mantilla, en el extrarradio sur-habanero, mientras fuma café y se desgrana parte del acervo que particulariza la saga de su heterodoxo policía Mario Conde.

En un encuentro con los medios, Leonardo Padura insiste en que “no soy economista, ni sociólogo, ni politólogo. Soy un escritor que vive, observa y escribe sobre una realidad desde una perspectiva más íntima y afectiva que sociológica o política”, aunque no evita las ineludibles referencias a los últimos acontecimientos diplomáticos entre Cuba y Estados Unidos. De hecho, anuncia que “estoy escribiendo una novela, ‘El último despertar’, en la que recupero a mi personaje, Mario Conde. Despierta el 17 de diciembre de 2014, día en que se anunció el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Mario se levanta temprano con una de sus resacas habituales y tiene el presentimiento de que ese día va a pasar algo”. Un suceso que “no sabemos cómo va a evolucionar, ya que quedan muchas cosas pendientes, más allá de las cuestiones diplomáticas. Falta el restablecimiento de una serie de puentes que se rompieron durante cincuenta años, principalmente a nivel económico”.

Leonardo Padura durante un instante de su encuentro con los medios en la XXIX Semana Negra de Gijon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Leonardo Padura durante un instante de su encuentro con los medios en la XXIX Semana Negra de Gijon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Conversando sobre Mario Conde y acerca de un país que “ha visto quebrada su homogeneidad” desde los años del período especial, en la yerma década de los 90′, en la que, desde entonces, su personaje “recorre La Habana tratando de dar testimonio” -“me interesa la crónica de la realidad cubana contemporánea”, aunque con un “extraño sentimiento de no reconocer, de pertenecer cada vez menos”-, Leonardo Padura responde a algunas cuestiones para Makma acerca del universo literario, periodístico y social emparentados con su devenir biográfico.

En las últimas cuatro décadas su país ha transitado de la generación del marielito, del ostracismo de Reinaldo Arenas, por ejemplo, a una generación ulterior -de la que usted es uno de sus más ínclitos exponentes- que ha permanecido en Cuba y ha ofrecido un testimonio singular de la isla a través de la obra literaria. Sin embargo, ¿existe un poso evidente de tal metamorfosis entre los lectores cubanos, teniendo en cuenta los problemas de distribución de ejemplares en el país?

Creo que sí existe una metamorfosis en el lector porque existe una metamorfosis en el consumo de la cultura. Este es un tema muy complejo porque es muy abarcador. No podemos entender lo que está pasando con los lectores si no entendemos qué está pasando con los consumidores de cine y televisión, que son los medios más influyentes. En Cuba existen diferentes maneras de acceder a los consumos audiovisuales. Existen vías alternativas que reciben programación fundamentalmente de canales de Miami. Otra vía se llama el paquete, personas que reúnen toda una enorme cantidad de información y programación y la distribuyen en discos duros para descargar en las computadoras de los usuarios, a diferentes costes. Los que quieren estar al día pueden tener acceso. Hay una diversidad que antes no existía. El acceso a internet sigue siendo muy limitado, pero mucho más posible que hace cinco años.

Con respecto a la literatura, es un poco más complicado. Igualmente existen vías digitales, como por ejemplo ‘Campaña por la literatura inteligente’, desarrollada por un muchacho cubano, quien desde hace años sube a una gran lista de correo electrónico toda la literatura digital que recibe; de hecho, ahora mismo estoy leyendo una vieja novela de Tom Wolfe por esa vía. El libro físico tiene el gran problema de que no se importan libros en Cuba. El Grupo Planeta en México ha obtenido un permiso para importar fondos que allá no se distribuyen para venderlos en Cuba. Pero la producción de libros internos está deprimida y con los problemas económicos actuales se va a deprimir un poco más. Tan solo se publica el 40% de los libros previstos y ello genera una gran carencia de posibilidades de lectura, lamentablemente, en el país de lengua española donde se creó una gran y mayor masa de lectores potenciales. Hay libros que circulan poco o mal. De mi novela ‘Herejes’ se hicieron 4.000 ejemplares y se distribuyeron 2.000. Sin embargo, en la pasada Feria del Libro de La Habana se hizo una edición cubana de ‘1984’ (el más maldito de los títulos en Cuba) y se presentó, convirtiéndose en el libro suceso de la feria.

¿Qué le parece que su Mario Conde circule generosamente por las mesas del Café Versailles de Miami, durante décadas epicentro de la emigración cubana anticastrista en Litte Havana?

Mira, lo de Miami me ha sorprendido muy gratamente. Siempre tuve la impresión de que Miami era una ciudad poco lectora. Estamos hablando específicamente de la comunidad cubana. En los últimos años he tenido dos o tres presentaciones en su feria del libro muy satisfactorias. En el documental que presentamos acá (‘Vivir y escribir en La Habana’), que hizo mi esposa Lucia López Coll, que tiene que ver con la serie de Mario Conde, se exhibió en el Centro Cultural Español de Miami y hubo personas que lo vieron por los vidrios por la cantidad de gente que acudió. Ha habido un recambio generacional, una gran cantidad de jóvenes que llegan con referencias de lo que ha ocurrido en la comunidad cubana de los últimos años.

Leonardo Padura, junto al actor Jorge Perugorría, durante un instante del rodaje de 'Vientos de La Habana'. Imagen cortesía de la productora.

Leonardo Padura, junto al actor Jorge Perugorría, durante un instante del rodaje de ‘Vientos de La Habana’. Imagen cortesía de la productora.

Recientemente se ha exhibido en España la película ‘Viva’, una coproducción cubano-irlandesa, dirigida por el realizador dublinés Paddy Breathnach, cuyo argumento se adentra en ciertos sótanos de La Habana, en la sordidez y la nocturnidad de las drag queens, entre otras cuestiones. A pesar de su condición de foráneo, retrata la capital de un modo muy sobrio, difícilmente visto en otras cintas. ¿Considera que la sobriedad es el mejor modo de retratar y dignificar la ciudad de La Habana?

A veces se abusa a la hora de representar las ruinas de La Habana, que existen, que son reales. Pero es mucho más rica La Habana que las ruinas. Hay lugares muy precarios y otros relucientes, donde se aprecia esa revitalizacion de la ciudad. En general, muchas veces al mirar solamente a la parte sórdida de la ciudad se da un retrato parcial. Por esa época reciente circuló también ‘El rey de La Habana’, inspirada en la novela de Pedro Juan Gutierrez, que presenta esa parte de la ciudad de un modo mucho más profundo. Creo que ‘Viva’ lo presenta con cierta distancia, quizás más objetiva. En San Sebastián se va a presentar la película y la serie de Conde. La película ‘Vientos de La Habana’, a partir de mi novela ‘Vientos de Cuaresma’, y la serie para televisión de cuatro películas de 90 minutos con las cuatro primeras novelas de Mario Conde, protagonizada por Jorge Perugorría. Creo una de las cosas más interesantes es la forma en que el director español Félix Viscarret se acercó y fotografió La Habana, la estética de esa riqueza posible de ciudad, esa grandeza en su decadencia, que puede ser contradictoria.

¿En qué medida afectan a su proceso de escritura los ineludibles márgenes de censura con los que debe convivir en su país?

Trato de escribir con la mayor independencia posible. En el primer momento que fue posible me hice escritor independiente, siendo el pionero en Cuba. Tengo en mi casa el documento que atestigua que fui el primero que acudió al Instituto del Libro y se inscribió con la figura de escritor independiente, en 1995. Tras el premio ‘Café Gijón’ de 1996, entré en contacto con la editorial Tusquets y esto me ayudó muchísimo a tener esa independencia. He escrito lo que he querido escribir. Siempre uno respeta determinadas convenciones que no tienen que ser necesariamente políticas, sino sociales.

Recuerdo una anécdota de hace siete u ocho años. ‘El País’ me pidió un pequeño cuento para el suplemento de verano. Había leído en un periódico varios años antes la noticia acerca de un señor que había esperado a cumplir ochenta años para matar a su esposa. El hombre no resistía a la vieja y la mató, porque a los ochenta años, aunque se tiene responsabilidad civil, ya no vas a la cárcel. Me dije, “voy a escribir un cuentecito sobre esta historia”. Se lo mandé a una amiga lectora, residente en España, y me dijo: “ni se te ocurra, si publicas eso te van a crucificar”. Así que lo viré al revés. La vieja mata al viejo, lo cual también es posible. Eso demuestra determinados conceptos: que algo puede resultar desapropiado e hiriente.

Leonardo Padura durante un instante de su encuentro con los medios en la XXIX Semana Negra de Gijon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Leonardo Padura durante un instante de su encuentro con los medios en la XXIX Semana Negra de Gijon. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Adentrándonos en el territorio del periodismo cubano, ¿qué le parce la figura y el fenómeno de Yoani Sánchez y su ‘Generación Y’, quien ha adquirido una gran relevancia internacional y permanentemente suena como candidata para los Premios Princesa de Asturias? ¿Ha tenido contacto con ella en la isla durante los últimos años?

Poco contacto. Conozco desde hace mucho tiempo a su esposo, Reinaldo Escobar; fue compañero mío en el diario ‘Juventud Rebelde’. Me cuesta mucho trabajo acceder a su labor por los problemas de acceso a internet a los que hacía referencia. Creo que han demostrado un poder de resistencia tremendo. Primero en el blog y ahora en el periódico ’14ymedio’, que veo y leo de manera aleatoria.

Usted, que ha crecido como escritor al paso de las sucesivas ediciones de la Semana Negra -de hecho, acudió a la primera, en 1988, como corresponsal de ‘Juventud Rebelde’, ¿qué cambios advierte en el devenir de la Semana Negra como formato y cuál ha sido su experiencia particular en el festival?

Yo vine a la primera y a la segunda edición como periodista. Sentí en aquellas primeras semanas negras algo que siento menos ahora (pero es lógico), en lo que empezó siendo un festival muy gremial. El primero se hizo en El Musel, fuera de la ciudad. Sentía una gran comunicación entre los escritores que venían. Todo el tiempo estábamos juntos, comíamos juntos, hablábamos mucho. Era un momento en que editorialmente había un boom de la novela negra en España. Surgieron colecciones como ‘Etiqueta Negra’ y ‘Cosecha Roja’. La novela negra acababa de independizarse del resto de la literatura y tenía un carácter propio. Eso hacía que el grupo también lo tuviera. Para mí fue decisivo en mi trabajo como escritor; haber podido, con muy poco dinero, comprar algunos libros, ir con dos maletas para La Habana repleta de ejemplares, algunos regalados; conocer a Manolo Vázquez Montalbán, Juan Madrid, González Ledesma, escritores norteamericanos, franceses e italianos. Se creó una cofradía y eso es muy difícil de mantener. El festival ha tenido que adaptarse a diferentes momentos políticos y económicos. Sigue siendo un festival de resistencia, lo cual es casi un milagro. Sigue siendo una referencia para los escritores y lectores de novela policíaca. A pesar de que ahora existen muchos festivales de novela negra, el origen de todo eso estuvo aquí, en Gijón, con aquella primera Semana Negra que sentó las bases de lo que ha pasado hasta hoy.

El escritor cubano Leonardo Padura posa frente a los neones diurnos de la Semana Negra. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor cubano Leonardo Padura posa frente a los neones diurnos de la Semana Negra. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

El reggaetón de Gente de Zona llega a Valencia

Gente de Zona
Marina Real Norte
Puerto de Valencia
Domingo 24 de julio, 2016, a las 22.00h

La esencia más exportable de esa Cuba aperturista actual llega a Valencia este mes de julio. Se trata del grupo de reggaetón, Gente de Zona, compuesto por Alexander Delgado y Randy Malcom, que actuará en la Marina Real Norte del Puerto de Valencia el domingo 24. Un auténtico fenómeno de masas que sólo durante el último mes alcanzó los cerca de cuatro millones de escuchas a través de la todopoderosa plataforma digital Spotify, verdadero indicador global de gustos y tendencias musicales en cuanto a consumidores de nuevos sonidos se refiere.

Y es que las cifras que rodean a este dúo de reguetoneros avalan un éxito vertiginoso. En 2014 encabezaron, durante 41 semanas seguidas, la lista de Hot Latin Songs con ‘Bailando’, un auténtico rompepistas producido para Enrique Iglesias que obtuvo tres Grammy Latinos y seis premios Billboard de la música latina en 2015.

Imagen del videoclip de 'La Gozadera', de Gente de Zona.

Imagen del videoclip de ‘La Gozadera’, de Gente de Zona. Imagen cortesía del grupo.

Este pasado año, junto a Marc Anthony, colocaron ‘La Gozadera’ directamente en el número uno en las listas de Latin Airplay, Canción Tropical, Latin Rythm, así como en iTunes, ocupando simultáneamente la primera posición en países tan dispares como EE UU, Costa Rica, Perú, Colombia y España. Y así, hasta convertirse en Disco de Oro e himno por antonomasia del verano a uno y otro lado del Atlántico.

Imagen del videoclip 'Traidora', de Gente de Zona. Imagen cortesía del grupo.

Imagen del videoclip ‘Traidora’, de Gente de Zona. Imagen cortesía del grupo.

Ahora, en 2016, este dúo macerado en la mejor tradición del son cubano, el reggaetón y hasta ese sonido jamaicano setentero que es el dancehall, se lanza a la definitiva conquista mundial con ‘Traidora’, single cocinado de nuevo junto a Marc Anthony e incluido en el magnífico, ‘Visualízate’, destinado a ser el nuevo éxito estival.

Lo harán, para empezar, en una gira española que les llevará este mes de julio a Murcia (22), Tarragona (23), Valencia (24), Leganés (29), Marbella (30) y Barcelona (31).

Cabe señalar, con todo, el largo recorrido musical de Alexander Delgado y Randy Malcom, quienes comenzaron a rapear en el año 2000 en Alamar, distrito de La Habana considerado como la cuna del hip-hop cubano. Así, ya en 2007 habían facturado ‘Lo mejor que suena ahora’, en 2010 ‘A full’ y en 2012 dejarían fuera cualquier tipo de duda con ‘Oro: Lo nuevo y lo mejor’.

Gente de Zona.

Alexander Delgado y Randy Malcolm, Gente de Zona. Imagen cortesía del grupo. 

Los sótanos de ‘VIVA’ elevan Cinema Jove

VIVA, de Paddy Breathnach (Irlanda-Cuba, 2015)
Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove
Sección oficial de largometrajes
Del 17 al 24 de junio de 2016

Aproximarse a la capital cubana con una mirada foránea, sometida por la idiosincrasia de un clima templado oceánico que viene a perfilar el devenir del director dublinés Paddy Breathnach, atesora el riesgo de merodear el previsible territorio del folclorismo y el hirviente aceite del exceso, más aún cuando el guión -que rubrica su compatriota Mark O’Halloran- vaga y husmea las razones nocturnas y la cámara se adentra en los sótanos etílicos y la prosodia escénica del submundo drag habanero.

Sin embargo, ‘VIVA’ -producida por Benicio del Toro y seleccionada por Irlanda para competir en la categoría a la Mejor Película de Habla No Inglesa en la pasada edición los Oscar- aguanta el pulso con la cinética del comedimiento y la naturalidad actoral de un Héctor Medina que soporta con solvencia el torrente del eximio Jorge Perugorría.

Jorge Perugorría y Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

Jorge Perugorría y Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

‘VIVA’ -heterónimo del personaje nuclear del filme- se acerca a la figura de Jesús, un joven rent boy homosexual y peluquero, cuya flamante dedicación es la de recomponer los postizos que pueblan las cabelleras transformistas de un cabaré, quien, amén de revelarse dotado para el show noctívago, se enfrenta al reencuentro, quince años después, con la áspera figura paterna de un rústico boxeador, dipsómano y recién excarcelado -encarnado por Perugorría-, y cuya relación viene a dotar de fondo argumental al previsible (y fascinante) territorio de las imposturas que habita en la espuma de la superficie.

Por la cinta transitan secundarios decisivos, como la severa y honda pluma de ‘Mama’, hipocorístico encarnado por el mirífico actor Luis Alberto García -personaje que atesora todo el interés y gravedad necesarios para elucubrar con un spin-off acerca de este show director tabernario, audaz y purpurino-, la exudación caribeña y la transpiración urbana, el olor a comino de un precario arroz con frijoles, el ron blanco Planchao y el tabaco negro excluido del racionamiento, la voz gemebunda de la cosmética Rosita Fornés -perfumando el hilo discursivo del guión a ritmo desgarrado de ‘Qué te pedí’, ‘Es mejor que tú lo sepas’ o ‘El mañana vendrá’- y el agradecido sonido directo de ‘El Amor’, a lomos guturales de María de los Ángeles Félix Massiel. Todos los elementos del acervo social contenidos en un cuadrilátero de la Habana nunca antes retratada con semejante profundidad de campo reducida, que auxilia a reportar indubitable veracidad a las isobaras del exceso.

Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

Con estos mimbres, ‘VIVA’ conversa y reflexiona (desde la acción y algunos artificios argumentales) acerca de la identidad construida a la contra, la insospechada perseverancia y pundonor de la fragilidad, la insumisa naturaleza extravertida frente al oscurantismo, las densas cicatrices de la marginalidad y, sobre todo, edifica un permanente y universal conflicto paterno-filial con pretensiones de redención para ambos dechados generacionales, gestados al calor subterráneo de las agrestes afueras de lo social.

Sin dubitaciones (por necesario y radical subjetivismo), magnífica elección para incoar este trigésimo primer Cinema Jove, aún cuando su singladura concluya huérfana de laureles.

Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

Héctor Medina en un instante de VIVA, de Paddy Breathnach. Fotografía cortesía de Cinema Jove.

Jose Ramón Alarcón

 

Michelangelo Pistoletto y el teorema de la Trinámica

La Trinámica en la nueva fase de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Estimados Raúl Castro y Barack Obama,

El 16 de diciembre de 2014, la Embajada Cubana del Renacimiento y Galleria Continua, en colaboración con el artista Alexis Leiva “Kcho” y los pescadores de La Habana, lograron dibujar en las aguas próximas a las costas de Cuba el símbolo Renacimiento- Tercer Paraíso. Al día siguiente se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Gobierno de Cuba y el Gobierno de los Estados Unidos de América. Esta coincidencia de eventos ha puesto de manifiesto la congruencia entre el símbolo del Renacimiento y la emergencia de nuevos escenarios geopolíticos, los cuales tienen un impacto directo no solo en estos dos países, sino también en el resto del orbe.

El 23 de noviembre de 2015 fui recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución, junto con el artista Kcho. Durante una extensa conversación el Presidente dejó claro su pleno acuerdo con la importación del símbolo Renacimiento-Tercer Paraíso, agregando su convicción de que este podría servir como guía en el establecimiento de un nuevo equilibrio político, tanto a escala local como global. Un equilibrio que resulta indispensable para superar los conflictos que dividieron al mundo durante la Guerra Fría y que ahora resurgen bajo una nueva forma en todo el planeta. En lo personal creo que Cuba es, desde un punto de vista simbólico y práctico, el lugar justo para comenzar de nuevo.

Desde el día siguiente y hasta el 26 de noviembre, se celebró en La Habana el 1er. Foro del Renacimiento — Geografías de la Transformación. En ese evento mostramos que a través del arte se pueden echar a andar prácticas de un cambio responsable para reconciliar posturas diferentes y opuestas que condicionan la sociedad y la política.

El método de trabajo adoptado posibilita la creación de entidades capaces de promover intercambios interculturales e interdisciplinarios, así como el diálogo y la interacción entre las estructuras públicas y privadas. Se trata del método de la Trinámica, desarrollado por nuestra organización, Cittadellarte Fondazione Pistoletto, cuyo propósito es estimular el progreso y la paz en el mundo.

El teorema de la Trinámica está representado por el círculo triple: dos círculos opuestos que se entrelazan en el centro, dando lugar a un tercero, como una unidad completamente nueva y distintiva. Este es el símbolo de la creación, del nacimiento y renacimiento, que ocurre mediante la combinación fortuita o deliberada de dos sujetos, objetos o conceptos, como los polos positivo y negativo que producen electricidad o como el totalitarismo y la anarquía, de la que se desarrolló la democracia.

Queremos adoptar este principio en la reformulación de las relaciones políticas y en todas las áreas de la sociedad: deseamos ver su aplicación, específicamente, en la nueva fase de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de América. Nos proponemos establecer talleres prácticos enfocados en la creación de una red de proyectos encaminados a promover un cambio en la sociedad, de conformidad con el Objetivo 17 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Organización de Naciones Unidas.

Estamos listos y dispuestos para trabajar con vuestras organizaciones gubernamentales y ofrecer nuestro Taller del Renacimiento, instalado en Cuba tras el Foro, como un medio para alimentar las actividades que persiguen alcanzar resultados reales dentro de un cambio equilibrado y responsable.

Mis mejores saludos,
Michelangelo Pistoletto

 

Mariscal: “El nacionalismo es algo primario”

Sabios en Rambleta: Javier Mariscal
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Miércoles 7 de octubre, 2015

Javier Mariscal pasó por Factoría Rambleta en calidad de ‘sabio’. Y famoso. Sin embargo, no dejó de poner en cuestión ambos términos. Mariola Cubells, directora de Relaciones Externas de Espai Rambleta, intentó atarle en corto procurando que se ciñera a sus preguntas. Y él, con cara (mucha) de sabio ¿? despistado, vino a decirle: a otro perro con ese hueso. Porque lo cierto es que se iba constantemente por los cerros de Úbeda que, en su caso, transitan entre Valencia, su ciudad natal, y Barcelona, la ciudad de acogida que le hizo famoso gracias a la olímpica mascota Cobi de los Juegos de Barcelona 92.

Javier Mariscal, en un momento de la conversación con Mariola Cubells, en Espai Rambleta.

Javier Mariscal, en un momento de la conversación con Mariola Cubells, en Espai Rambleta.

Cubells le recriminó que se fuera de Valencia, dejando a la ciudad huérfana de su creatividad. “Yo nunca me he ido de ninguna parte. No le doy importancia a dónde vives. De hecho, pensaba que en Barcelona iba a durar dos telediarios y ahí me he quedado, quizás por pereza”. Y para escapar de esa red que Cubells le tendía en torno a su huida de Valencia, Mariscal fue primero romántico y después taxativo cosmopolita. “Valencia es como una madre divina, acogedora, que te da caloret, te abraza y te produce un gran bienestar”. He ahí la luz romántica. Y, después, su sombra: “¡El nacionalismo es de tan niño pequeño, algo tan primario! Vas a Japón y enseguida echas de menos las lilas o lo que sea de Valencia”.

Javier Mariscal, junto a Mariola Cubells, observando la proyección de algunos de sus dibujos, en Espai Rambleta.

Javier Mariscal, junto a Mariola Cubells, observando la proyección de algunos de sus dibujos, en Espai Rambleta.

Su larga y distendida conversación con Mariola Cubells, ante un centenar de espectadores que acudió a escuchar al ‘sabio’, transcurrió a caballo entre ese caloret de la patria como infancia y los esfuerzos por despegarse de él. “Mis primeros recuerdos son dibujar, dibujar y dibujar”. Sobre todo chicas desnudas. “En 1964 no había ni el Playboy, entonces te las tenías que inventar”. Y como lo hacía muy bien, los compañeros de clase le pedían sus dibujos. “¡Qué te van a pagar! Al principio, el mayor reconocimiento era que les gustara y te robaran los dibujos”. Algo que le sigue ocurriendo en la actualidad. “Fernando Trueba tiene libretas mías enteras de La Habana en su casa”, en alusión a Chico y Rita, película de animación realizada junto al director de Belle Époque.

“Todas las conexiones neuronales importantísimas las he tenido en Valencia”, recordó. Eso sí, “yo en Barcelona aprendí a dibujar”, en Barrachina, espacio que había “en la plaza del Caudillo, donde ahora hay un McDonalds”. Fue allí donde saltó a la fama por la mascota Cobi que dibujó para los Juegos Olímpicos del 92. “Es muy difícil que te vuelva a tocar hacer algo así, tan difundido mundialmente”. Aquello lo recuerda con un punto de nostalgia y crudeza, porque Javier Mariscal narra su vida así: dando una de cal y otra de arena. “Los Juegos Olímpicos los veía como un negocio de un señor llamado Samaranch”. También como la “excusa para sacar dinero al Gobierno central”.

La mascota Cobi, de Javier Mariscal, proyectada en Espai Rambleta en un momento de la conversación de 'Sabios en Rambleta'.

La mascota Cobi, de Javier Mariscal, proyectada en Espai Rambleta en un momento de la conversación de ‘Sabios en Rambleta’.

Y puestos a valorar su trabajo, Mariscal explicó que una mascota tenía que ser “fácilmente reconocible”, con una identidad “potente y fuerte”. “Cuando creas un personaje [como Cobi], sabes que lo has logrado cuando te habla y estás ya hablando con él”. En este sentido, mencionó a Paco Roca: “Cada vez dibuja mejor, y sus soldados se ve que le hablan a él”. De todo aquello aprendió, con la distancia, “a perder el tiempo” en un mundo que “cada vez va a mejor”, algo en lo insistió: “Todos los días somos más felices y más sabios”.

Felicidad y sabiduría, a pesar de los pesares. “Hasta todo lo malo un día se acaba”, dijo en alusión al gobierno del PP en la Comunidad Valenciana. “¡Cómo se puede hacer eso [lo del Cabanyal], la tía gorda sinvergüenza [por Rita Barberá]!”, exclamación que arrancó en Espai Rambleta los mayores aplausos de la noche. Y volvió a Valencia, madre divina, al tiempo que demoniaca. “Tengo una tendencia bestial a la autodestrucción, que es muy valenciano”. Y puso como ejemplo las Fallas: “Se pasan el tiempo fabricando algo bellísimo para después destruirlo”. Creación y destrucción que atraviesa como un torrente el discurso de Javier Mariscal. “¿Qué es eso de tu tierra? Los únicos que tienen su tierra son los árboles”. Los demás lo que buscamos “es el cariño, desde los chimpancés”. Y así fue, a salto de mata, como Javier Mariscal fue desgranando su ‘sabiduría’ en Factoría Rambleta.

Javier Mariscal en 'Sabios en Rambleta' de Espai Rambleta.

Javier Mariscal en un momento de ‘Sabios en Rambleta’ de Espai Rambleta.

Salva Torres

Mr. Pink y sus paraísos artificiales

Les Paradis Artificiels
Leonardo Gutiérrez Guerra, Kalo Vicent y Tactelgraphics
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: viernes 18 de septiembre, a las 20.00h
Hasta el 30 de octubre de 2015

Cada vez que irrumpe la sombra de Charles Baudelaire en una muestra que se apoya en el medio fotográfico, se produce una seductora paradoja si tenemos en cuenta que el poeta francés se refería en 1859 a tal formato como a un síntoma de la “estupidez de las masas”. Para el maestro de los simbolistas, la capacidad de la fotografía de mostrar el mundo de una manera realista y fiel no era bella. Cuando publicó El pintor de la vida moderna subrayó que el artista debía mirar todo lo que le rodea como si fuera un niño ebrio que ve todo por primera vez. Se trata de un “conflicto” para el que el Surrealismo ofrece una salida o justificación.

André Breton tenía claro que el error estaba en pensar que el modelo solo podía ser tomado del mundo exterior. En esta dirección, la fotografía jugó un papel crucial en la construcción de una estética surrealista toda vez que se presentaba como un instrumento para atrapar lo “maravilloso” (pensemos en Claude Cahun, Hans Bellmer, o Man Ray), para cuestionar las diferencias entre la realidad interna y externa, y dejar al desnudo una cualidad onírica que Baudelaire se empeñaba en negar en los comienzos de tal medio. Los surrealistas rompieron con el dominio de la realidad apoderándose de otras imágenes que van más allá, una estela seguida por generaciones posteriores en la que podemos encajar las modalidades “paradisíacas” que nos ofrecen los proyectos fotográficos que integran esta muestra.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

En esta propuesta de lectura de Les Paradis Artificiels, dentro de la primera modalidad citada y de un posible subapartado dedicado a la memoria de  las experiencias sensoriales personales, Kalo Vicent (Valencia, 1965) lleva a cabo un terapéutico proyecto fotográfico con el que a través de unos espacios domésticos y unos personajes reales, resuelve algunos episodios de su biografía mientras nos desvela su personal temporada en los “paraísos artificiales”.

En Appartament 34 vivienda y estupefacientes se alían en escenas similares a las que sucedieron dentro de los muros de otros bloques de occidente en las décadas de los ochenta y noventa (análogas habitaciones y rellanos con biografías semejantes aparecen, por ejemplo, en las imágenes del desaparecido Hulme Crescent de Manchester). Se trata de instantáneas que  testifican, siguiendo a Artaud, que “los sueños o las ideas delirantes no son menos reales que lo que está ahí fuera”. La memoria del edificio y sus alrededores experimentados desde los estupefacientes se vuelve inédita, más bella, una belleza en este caso y en palabras del artista “metáfora del abismo, de la desorientación, del suicidio posible, del suicidio lento”.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Apnea es otra propuesta que podríamos situar en la segunda línea temática por lo que tiene de simulación de una realidad paralela. Leo Gutiérrez (La Habana, 1973) enlaza a través del título una enfermedad asociada al sueño y a la muerte (la interrupción temporal de la respiración mientras se está dormido), con un deporte subacuático. Se trata de una poética de la ensoñación, apoyada de nuevo en la fotografía, que tiene que ver con esa otra vía en la que se representa la realidad onírica o la alucinación y que sirve para delimitar otra versión del “paraíso artificial”.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Tactelgraphics son los autores de Paradise Waterfall, una tercera llamada al “paraíso” que podemos posicionar en esa otra realidad/irrealidad construida sin sustancias. Ismael Chappaz (Valencia, 1982) y Juanma Menero (Vila-real, 1982) han diseñado para esta ocasión una trilogía de entidades compuestas por imágenes de cascadas artificiales de los siglos XVIII y XIX, extraídas de internet y manipuladas mediante el dibujo para “devolver lo digital a lo analógico”, y por fotografías del parque de Benicalap, un “escenario idílico” para los que han vivido este espacio de la periferia valenciana. El resultado de esta apropiación es una inquietante suerte de folly reversible que funciona, citando a Foucault, como “heterotopía feliz” y como puente onírico entre el imaginario personal (en este lugar Menero fue atracado y Chappaz estuvo a punto de ser secuestrado) y el colectivo, y que nos sitúa en un ambiguo emplazamiento de naturaleza domesticada donde la decadencia es subrayada y poetizada al incluir imágenes semi-abstractas que ocultan lugares como el bosque de Vincennes, el parque Des Buttles Chaumont o el Palacio Real de Caserta.

Obra de Kalo. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Francisco Ramallo*

*Extracto de su texto de la exposición Les Paradis Artificiels

 

Lecturas con aire acondicionado

Lecturas estivales
María Dueñas, Isabel Allende y Paula Hawkins, líderes en ventas
Verano de 2015

Tres damas de distintas generaciones y latitudes, en lo más alto del podio, comparten la gloria de ser las autoras más vendidas a lo largo de este largo y tórrido verano. Si las chicas son las que más leen ficción es justo que sean ellas quienes arrasen. Dos muy nuestras y tan conocidas como María Dueñas e Isabel Allende, y una británica, Paula Hawkins que irrumpe con fuerza y viaja en el primer vagón con La chica del tren, best-seller indiscutible de la temporada. Sus derechos de publicación se han vendido a 30 países, estuvo 18 semanas en el número uno en la lista de The New York Times y Amazon, y ya se prepara una película.

Rachel, una obsesiva y observadora treintañera en paro y crisis personal, se acaba de mudar a las afueras de Londres con una amiga y coge el tren de las 8.04 horas todas las mañanas para simular que todavía trabaja, una situación que recuerda la película española La vida de nadie inspirada en un hecho real. En una de las paradas, observa la casa de su ex, Tom, que acaba de tener un hijo y a una pareja que vive cerca de la estación, un toque a lo Hitchcock de la La ventana indiscreta. Comienza a fantasear con ellos y a indagar compulsivamente en su intimidad. Un día, la mujer desaparece y Rachel inicia por su cuenta y riesgo la investigación. Una lectura adictiva, ejemplo perfecto de lo que los anglosajones llaman un libro pageturner, es decir, pasapáginas.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

En El amante japonés Isabel Allende sitúa en la ciudad de San Francisco la historia de una dama adinerada que abandona su mansión y se refugia en una residencia de ancianos que alberga unos clientes bastante peculiares. Mantiene las distancias con los demás excepto con Irina Bazili, una joven moldava a la que convierte en su colaboradora, y que descubre unas cartas en sobres amarillos que contienen misteriosas historias.

Por su parte María Dueñas da de nuevo en la diana con La Templanza su tercer título ambientado en escenarios de la joven república mexicana, la Habana y Jerez durante la segunda mitad del XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita. Historias bien contadas con un punto de intriga detectivesca, como el caso de La chica del tren, o con un despliegue de dramas humanos en lugares lejanos en el tiempo o en el espacio. Es lo que lectores más piden en todas las estaciones del año, especialmente en un tórrido verano como éste, en el que no conviene calentarse la cabeza, sino optar por lecturas que lleven incorporado un buen sistema de aire acondicionado.

A cierta distancia E.L. James exprime el jugo a un fulano llamado Christian en Grey, que en esta cuarta entrega cuenta en primera persona sus trucos de seductor. Aunque la crítica la ha puesto de vuelta y media, se vende bien en competencia con otros muchos títulos en esa línea, erotismo pseudo-duro para amas de casa.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro. Editorial Planeta.

En cuanto a los autores de la tierra, la castellonense Rosario Raro con Volver a Canfranc y el valenciano Joaquín Camps y su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, encabezan el ránking de los más vendidos.

También esto pasará, un relato íntimo en el que Milena Busquets evoca la relación con su madre, la famosa editora Esther Tusquets; La casa de las miniaturas, una intriga romántica  de Jessie Burton o el polémico libro de Michel Houellebecq, Sumisión son algunos otros títulos que se mantienen en posición destacada.

Historias de ayer

La Segunda Guerra Mundial sigue dando juego, como demuestra La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, Premio Pulitzer de este año, una emotiva historia de amor entre una francesa invidente y un alemán obsesionado por los aparatos de radio. Con Volver a Canfranc, la castellonense Rosario Raro viaja también al pasado para relatar las vicisitudes de un grupo de héroes que ayudan a los judíos a huir del desastre a través de la estación pirenaica. Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro.

La mágica ciudad de Estambul a principios del siglo XVI es el telón de fondo del último libro de Elif Shafak, El arquitecto del universo. El protagonista es Jahan, un muchacho que llega desde la India acompañado de Xota, su elefante blanco que causa gran sensación en la corte y encandila a la hija del sultán.

Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte,  Flor de piel de Javier Moro o La ley de los justos de Chufo Llorens son otras novelas históricas que han gozado de la estima del público.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cosecha ‘negra’

La literatura de intriga policíaca o detectivesca y los thrillers son sin duda el género más en boga con ejemplos tan sonados como la trilogía de Batzán de Dolores Redondo o el brillante  debú del valenciano Joaquín Camps, una sólida apuesta de Planeta por su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza.

En este apartado se puede citar, entre otros muchos títulos y autores, a Pierre Lamaitre con Iréne, Alex y Vestido de novia, Mikel Santiago  (El mal camino) y una de espías, Soy Pilgrim, de Terry Halles.

Como se pudo comprobar en el Festival Valencia Negra, numerosos autores valencianos se adentran por los vericuetos de la criminalidad en todas sus variadas formas. Santiago Álvarez con La ciudad de la memoria, Jordi Llobregat con El secreto de Vesalio, Carlos Aimeur con Destroy. El corazón del hombre es un abismo, Bel Carrasco con Abrir en caso de muerte, y un largo etcétera. ¿Se trata de una moda pasajera más o menos efímera o de un edificio de sólidos cimientos? El tiempo y los lectores tienen la última palabra.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Inmortales

Don Quijote en la versión actualizada de Andrés Trapiello ha mantenido el pulso contra las típicas lecturas banales del verano, así como autores consagrados por premios importantes o por su fallecimiento. Es el caso del valenciano Rafael Chirbes, cuyas magníficas obras sobre la crisis, Crepúsculo y En la orilla,  no son precisamente la típica lectura playera.

Leonardo Padura, el cubano ganador del Premio Princesa de Asturias y Eduardo Galeano, también fallecido este año, destacan en la sección de los grandes maestros llamados a ser inmortales.

Ensayo

La actualidad inmediata interesa. Así lo demuestra el éxito indiscutible de dos obras de tipo periodístico: Final de la Partida, de Ana Romero sobre el declive de Don Juan Carlos, y Mañana será tarde, un análisis profundo de la realidad política y social española de José Antonio Zarzalejos. También un clásico de autoayuda, Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreú y Templarios, nazis y objetos sagrados, de Fernández Bueno. Una nota humorística la pone Laura Norton con el elocuente título, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas.

Librerías consultadas: El Corte Inglés, París-Valencia y Soriano.

Bel Carrasco

¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe “el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis”, la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que “creíamos era una buena persona” el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista “bipolar” (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra “esquizofrenia”, mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una “pintura automática” al modo de la “escritura automática” de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas “ataduras” de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano