La red social: “¡Facebookéame!”

Nuevas tecnologías, ¿sociedad de la información o de la incomunicación?
Palau de Cerveró
Plaza de Cisneros, 4. Valencia
Piratas de Silicon Valley (Martyn Burke): jueves 6 de febrero, a las 18.00h
La red social (David Fincher): 13 de febrero (18.00h)
La sala de los suicidas (Jan Komasa): 20 de febrero (18.00h)
Hello! How are you (Alexandru Maftei): 27 de febrero (18.00h)

La red social, de David Fincher, es una de las cuatro películas del ciclo Nuevas tecnologías, ¿sociedad de la información o de la incomunicación? que este mes acoge el Palau de Cerveró. Y en esa sobresaliente película, Eduardo (Andrew Garfield) le dice a su amigo Mark (Jesse Eisenberg), a la sazón fundador de Facebook, lo siguiente, después del efímero diálogo con una atractiva joven: “Me ha dicho: Facebookéame y podríamos ir a tomar algo. ¿Alguna vez habrás oído tantas cosas buenas juntas en una sola frase?”. He ahí, concentrado, el sentido más preciso de la red social, tanto por lo que se refiere a la película misma, como por lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías a las que alude el ciclo organizado por el Aula de Cinema de la Universitat de València y el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero (Palau de Cerveró).

Fotograma de 'La red social', de David Fincher.

Fotograma de ‘La red social’, de David Fincher.

“En esencia”, le explicará el propio Mark a su amigo Eduardo, “en eso va a consistir TheFacebook. Todos sabrán que tras esa parafernalia existe la posibilidad real…”. Eduardo le interrumpe para completar la frase: “…de echar un polvo”. Mark le corrige ligeramente: “…de conocer a una chica”. La red social, como sucede con Piratas de Silicon Valley, de Martyn Burke, película con la que arrancó el ciclo la semana pasada, se centra en la historia fundacional de las nuevas tecnologías y sus sorprendentes aplicaciones en el terreno de la comunicación. Es decir, narran los inicios de quienes revolucionaron el mundo de la informática.

Fotograma de 'La red social', de David Fincher

Fotogramas de ‘La red social’, de David Fincher

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Y en la narración de los hechos, David Fincher (hablamos de uno de los grandes directores actuales) acierta al dibujar las dos caras de la red social: su rostro más eficaz, pura expansión del discurso capitalista fraguado en torno a la objetividad científica, y su envés pulsional, allí donde el sujeto busca el goce que el tejido de signos informático le escamotea. De manera que sí, Facebookéame, ponte en contacto conmigo, infórmame, comunícate, utiliza la red que nos protege con su lógica interna, para luego dar rienda suelta al más intenso placer que reclama la experiencia subjetiva.

Fotograma de 'La sala de los suicidas', de Jan Komasa

Fotograma de ‘La sala de los suicidas’, de Jan Komasa

Lo estamos viendo últimamente, en películas que hablan igualmente del poder que ofrecen las nuevas tecnologías para amasar fortunas en apenas un click de ordenador, al tiempo que las drogas y el sexo se suman al vértigo que produce el dominio de la informática (El lobo de Wall Street, La gran estafa americana, El consejero…). La red social y Piratas de Silicon Valley diríamos que ponen el acento en el combate que ciertos jóvenes mantuvieron por liderar esa revolución informática, mientras que La sala de los suicidas (Jan Komasa) y Hello! How are you?, de Alexandru Maftei, se centran en las consecuencias del uso y abuso de esa red social.

Fotograma de Hello! How are you? de Alexandru Maftei

Fotograma de Hello! How are you? de Alexandru Maftei

En cualquiera de los casos, el discurso cibernético y cierta pulsión difícil de encauzar van de la mano. De hecho, Mark Zuckerberg, creador de Facebook, aparece en la película de David Fincher como un joven obsesionado por las nuevas tecnologías, al que cierto desengaño amoroso le espolea a la hora de configurar su exitoso programa. Una mente de gran capacidad lógica, incapaz, paradójicamente, de sostener una relación amorosa con Erica Allbright (Rooney Mara), a la que adora tanto como odia. Y una Erica que, dirigiéndose a Mark, dolida (“me llamaste zorra en Internet”), le echará en cara algo que también suscita la red social: “Escribes tus chorradas denigrantes desde la sombra, porque eso hace la gente frustrada hoy en día”. La sociedad de la información, en tanto eficaz aparato de transmisión de mensajes, conviviendo peligrosamente con la sociedad de consumo, en tanto espacio diseñado para la obtención del máximo placer, incluido, claro está, el placer más siniestro.

Rooney Mara en 'La red social', de David Fincher.

Rooney Mara, como Erica Allbright, en ‘La red social’, de David Fincher.

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Jesse Eisenberg, como Mark Zuckerberg, en 'La red social', de David Fincher.

Jesse Eisenberg, como Mark Zuckerberg, en ‘La red social’, de David Fincher.

Salva Torres

La obscenidad del dinero

El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese
Con Leonardo Dicaprio, Margot Robbie, Jonah Hill y Matthew McConaughey
Estrenada en cines

“La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia” (Plutarco)

Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Blue Jasmine, de Woody Allen, La gran estafa americana, de David O. Russell y El Lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, han sido estrenadas este invierno en nuestras pantallas cinematográficas. Tres películas valoradas por el público y por los críticos. Tres películas con una estética y narrativa diferentes, pero igual de estimulantes para la mirada del espectador. Tres películas con un tema en común en la estructura de la trama: la avaricia. Uno de los siete pecados capitales que, ya en el siglo XV, el pintor El Bosco representó en su cuadro titulado Mesa de los pecados capitales, con un juez aceptando soborno de las dos partes en litigio.

Margot Robbie en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Tres películas que hablan de la avaricia en su componente de la usura. La usura, ese  modo de utilizar el dinero para obtener más dinero, sin ningún límite ético. Un intercambio monetario que nuestra sociedad nihilista y relativista de alguna manera ha incentivado. Sólo hay que ver cómo se enriquece la banca, la Bolsa y las grandes corporaciones.

De las tres películas, El lobo de Wall Street, basada en la autobiografía del broker-estafador Jordan Belfort,  es la que mejor refleja ese ansia ilimitada de un personaje que vive para hacer dinero, caiga quien caiga.  Un personaje, Belfort, al igual que todos los que trabajan con él, con un solo objetivo en su vida: hacer dinero, para consumir, para gastar, para derrochar. Y, en principio, para eso sirve el dinero, para que fluya creando  lazos sociales. El problema surge cuando ese fluir monetario, como ha ocurrido en nuestra época, se ha convertido en una especulación financiera obscena, donde unos se enriquecen de manera impúdica arruinando a otros.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

La cámara de Martin Scorsese nos muestra, con el mismo ritmo pulsional que actúa el protagonista, a esos millonarios usureros que viven contentísimos de sí mismos al margen de cualquier problema de conciencia. Esos personajes que nuestra sociedad ha colocado como héroes, “ falsos héroes”, -recordemos a Mario Conde, Jesús Gil, Jaume Matas, Francisco Correa…-,  que sin ningún tipo de honestidad muestran su poder económico.

El lobo de Wall Street describe esa vidas de obscenidad monetaria, donde el dinero es un fin, para convertir todo y a todos en objetos de cambio. Una vida donde lo humano se escora hacia la jauría animal y el sálvese quien pueda. El hombre como lobo para el hombre. Aullidos alrededor del becerro de oro.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Begoña Siles