Calles negras, periodismo sórdido

Calles negras. Valencia 1980-2000
J. Aleixandre, G. Lucas, V. Martínez, M. Molines y Vicent M. Pastor
Sala Alta del MuVIM
C/ Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 29 de junio

Aunque faltan muchas cosas por esclarecer, el asesinato de Isabel Carrasco conmueve por la visceralidad, paradójicamente calculada, de un crimen que entronca con la larga cadena de crímenes que jalonan la historia de la humanidad. Al margen de las igualmente viscerales salidas de tono en las redes sociales, que funcionan en muchos casos al modo de La jauría humana, magnífica película de Arthur Penn, el sórdido suceso viene a dar la razón a los organizadores de la exposición ‘Calles negras’, cuyas 50 fotografías exhibidas en el MuVIM, como parte del festival Valencia Negra, muestran un similar reguero de víctimas y criminales a ojos de un espectador atraído por tan bárbaros sucesos.

Fotografía de Vicente Martínez. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Vicente Martínez. Imagen cortesía del MuVIM.

Si dejamos de lado la ideología que viene a empobrecer lo que sin duda puede dar lugar a una buena crónica literaria del suceso, nos encontraríamos con la fuente misma del periodismo: el esclarecimiento de cierta verdad, a partir de un confuso material proveniente del igualmente confuso deseo humano. Lástima que el periodismo haya basculado entre ‘El Caso’, célebre semanario de noticias escabrosas, y la adopción del suceso como hijo legítimo de la prensa en general, una vez hallado en el morbo fuente de negocio.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Sea como fuere, lo cierto es que la exposición ‘Calles negras’ nos recuerda la atracción humana por lo sórdido, allí donde la víctima es reflejo de la muerte que nos acecha, y el criminal, figura del exceso cuyo contagio tememos y en el fondo ansiamos. A través de las imágenes de los fotoperiodistas valencianos José Aleixandre, Guillermo Lucas, Vicente Martínez, Manuel Molines y Vicent M. Pastor, podemos contemplar algunos de esos sucesos recogidos en la prensa entre 1980 y 2000. Sucesos que los autores de las fotos se limitan a mostrar, más allá de la calidad de sus imágenes.

Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía del MuVIM.

Son fotografías disparadas con el mismo grado de improvisación que se les supone a los sujetos y objetos retratados, fruto del desgarro existencial que confiere al suceso la cualidad de agujero negro en la vida cotidiana. Como apuntaba Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’, toda una “gama de sorpresas” acompaña las imágenes de ‘Calles negras’. Sorpresas que evitan caer en la tentación de abundar en la calidad fotográfica de los trabajos, en su mayoría ausente, debido a la premisa mayor de captar el instante fugitivo del siniestro en caliente.

Fotografía de Guillermo Lucas. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Guillermo Lucas. Imagen cortesía del MuVIM.

Desde la captura de un delincuente, cuya mirada fría atraviesa en ocasiones el objetivo de la cámara, al cadáver calcinado o fugazmente cubierto por un plástico, pasando por escenas masivas de duelo o el simple refugio sombrío de la droga, todas las imágenes poseen ese aire de suciedad que pone en relación la depravación de unas mentes supuestamente racionales, con los instintos o más bajas pasiones. Aleixandre, Lucas, Martínez, Molines y Pastor se limitan a pasar por ahí, casi de puntillas, para dejar constancia gráfica del realismo sucio que, como su otra cara, vive en paralelo con la más laboriosa, aseada y brillante vida cotidiana.

De todas esas ‘Calles negras’ se nutre el periodismo de sucesos, antaño pasto de ciertas publicaciones especializadas y hoy campando a sus anchas por las páginas de casi todos los periódicos y pantallas televisivas. Diríase que hemos llegado al punto de preferir lo crudo a lo cocido; de masticar imágenes con ojos de depredador, en lugar de digerirlas con calma, para que lo sórdido, siendo plato de mal gusto, adquiera en el fondo cierto sentido.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

La nostalgia adolescente de Claude Nori

Vacaciones de a la italiana, de Claude Nori
Foto librería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 10 de diciembre

Hay, sin duda, alegría. Una jovialidad mediterránea que parece sanar la mirada, purificarla. El ambiente soleado de las playas del sur de Italia (alguna hay del suroeste francés) y las jóvenes adolescentes que las pueblan en bikini, son los elementos de los que se vale Claude Nori (Toulouse, 1949) para que sus fotografías rezuman esplendor juvenil; un elixir de vida que, sin embargo, deja un halo fantasmal inquietante. “Diríase que, aterrado, el fotógrafo debe luchar tremendamente para que la fotografía no sea la muerte”, apunta Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Claude Nori, más que aterrado, parece embelesado por esas jóvenes adolescentes recién salidas del cascarón familiar. Y, más que luchando para que sus imágenes no sean la muerte, se limita a dejarse llevar por ese aire cálido, ingenuo, despreocupado del ambiente playero, con el fin de atrapar en sus fotografías la mucha vida que esas jóvenes tienen todavía por delante y que el espectador recibe como una bocanada de viento fresco. Pues bien: a pesar de todo, el terror y la muerte apuntadas por Barthes no terminan de desaparecer de esas imágenes de luminosidad veraniega.

Fotografía de la exposición 'Vacaciones a la italiana', de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la exposición ‘Vacaciones a la italiana’, de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Las Vacaciones a la italiana de Claude Nori, que la Fotogalería Railowsky acoge hasta el 10 de diciembre, conjugan ambas cosas a la vez: lo luminoso y lo sombrío, la inocencia y la melancolía. Lo dice el propio artista, en un extracto de su libro ‘Les désirs sont déjà des souvenirs’, cuyo título ya es harto significativo: “De aquellas vacaciones en Italia me quedó sin duda, al mismo tiempo que la nostalgia, un estilo de vida que la fotografía me ha permitido desarrollar con total impunidad”. Cada verano, ayudado de su cámara fotográfica, Nori se remonta en el tiempo viajando a lugares que le permiten reencontrarse “con el adolecente que fui”.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Esa búsqueda del tiempo perdido, de los deseos que son recuerdos, es lo que imprime al trabajo de Claude Nori ese carácter ambivalente de inyección vital y blanda letanía. Las jóvenes adolescentes de sus fotografías están ahí para recordarnos, ya sea abstraídas, mirando a cámara, besándose a la claridad furtiva del día o jugando en la playa, la fugacidad del tiempo que el artista niega con su arrebatada mirada impregnada de nostalgia. De nuevo, Barthes: “La foto, de por sí, no es animada, pero me anima: es lo que hace toda aventura”.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

La animación, que igualmente caracteriza esas Vacaciones a la italiana de Nori, sin duda anima a establecer vínculos “con el adolescente que fui”, que fuimos. Y, por tanto, a iniciar una aventura por el tiempo y el espacio evocados en esas playas y esas jóvenes sin conciencia de la vida que, mortecinamente, pasa. Claude Nori se acerca con su cámara hasta ellas, unas veces de puntillas y otras abiertamente descarado, con la intención de atrapar el inmenso mar reflejado en sus delgados cuerpos, en sus gestos distraídos, en sus encuentros veraniegos.

Diríase que Nori, como el Humbert de ‘Lolita’, no puede dejar de exclamar: “Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girls-scouts, no siempre señalará a la nínfula”. A no ser, continúa diciendo Humbert, que seas un artista y un loco, “un ser infinitamente melancólico”, para reconocer al “pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas”. Y ahí están, “ignorantes de su fantástico poder”, esas adolescentes o nínfulas en las imágenes de Claude Nori; fotografías tan bien encuadradas como deficientemente reveladas, dejándonos esa nostalgia que incita a la aventura y a la mirada descaradamente furtiva.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Las mujeres pixeladas de Fabio Camarotta

Tattoo You, de Fabio Camarotta
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de noviembre

“Para mí, el órgano del fotógrafo no es el ojo (que me aterra), sino el dedo: lo que va ligado al disparador del objetivo”. Si esto es lo que piensa Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’ acerca del trabajo del fotógrafo, qué decir de Fabio Camarotta y su quehacer como artista plástico que va de la fotografía al dibujo, de éste a la pintura y de la pintura a la imagen “pixelada”. Pues que combina el ojo, los dedos de sus hábiles manos y hasta sus pies a la hora de realizar su obra. Una obra que empieza siendo figurativa y concluye abstracta. Al igual que sus modelos, cuya percepción inicial es bellamente traslúcida para acabar misteriosamente difuminados tras el largo proceso creativo del artista. Proceso que ha dado en llamar Pressed Paints o pinturas prensadas.

Tattoo You, de Fabio Camarotta en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Tattoo You, de Fabio Camarotta en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

De todo ello da buena cuenta la exposición que, bajo el título de Tattoo You, acoge la galería Alba Cabrera. En ella, Fabio Camarotta recoge tres de sus obsesiones: el cuerpo de la mujer, el tatuaje (al igual que antes fue el tabaco) como temática a la hora de trabajar, y el misterio de la abstracción fruto del azar creativo. Así lo va precisando el propio artista: “El cuerpo de la mujer me interesa muchísimo”. Luego: “Me encanta ver una chica bonita tatuada”, como antes fue el tabaco y “lo provocativo del humo”. Y finalmente: “Parto de la fotografía y de un dibujo perfecto que voy cubriendo con pintura, para pixelarlo al poner un cristal encima”.

La pintura prensada o Pressed Paint de Fabio Camarotta es una técnica inventada por él, quizá llevado por ese afán de “pasar de un extremo al otro” que tanto seduce al artista. En un extremo, la fotografía, donde el ojo que aterraba a Barthes se ocupa del cuerpo femenino para recoger su belleza tatuada. De ahí, al dibujo, siguiendo el mismo camino de perfección que anima al voyeur en su búsqueda del fetiche imaginario. Y sobre el dibujo, a modo de mapa cuadriculado, Camarotta va depositando con minuciosidad de relojero pintura acrílica que va del blanco al negro. “Empiezo por lo claro para ir poco a poco hacia lo oscuro”. Las gotas de pintura que suministra en la superficie bajo un orden sumiso, son las que luego cobrarán vida propia al colocar un cristal, que el artista prensa con sus manos e incluso con los pies una vez subido encima. E voilà.

Obra de Fabio Camarotta para 'Tattoo You' en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Fabio Camarotta para ‘Tattoo You’ en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Lo que en principio eran cuerpos femeninos bellamente reconocibles, se transforman, por obra y gracia de Fabio Camarotta, en figuras abstractas “pixeladas” por efecto de esa impresión del cristal. Nada, pues, de fotografía. En Tattoo You, como en otras obras del artista, lo que hay es un laborioso trabajo plástico que va, efectivamente, de la figuración a la abstracción; de la percepción traslúcida al misterio de la carne convertida en depósito de azarosas combinaciones. “Una vez colocado el cristal encima ya todo es producto del azar”. Y eso es lo que a Fabio Camarotta le maravilla: la libertad de las gotas de pintura una vez aplastadas por el vidrio; sus imprevistos caminos.

De esta forma, el cuerpo femenino, en esta última serie tatuado, adquiere bajo el dominio plástico de Camarotta las proporciones de un vasto territorio por explorar. Y al igual que los buenos amantes se entretienen recorriendo palmo a palmo el cuerpo de la mujer, también Fabio Camarotta explora las enormes posibilidades que le ofrece su pintura prensada, para deleitarse y deleitar al espectador con los misterios de su obra abstracta. Un mapa de sensaciones que la galería Alba Cabrera despliega hasta finales de noviembre.

Obra de Fabio Camarotta para 'Tattoo You' en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Fabio Camarotta para ‘Tattoo You’ en la galería Alba Cabrera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres