“Muchos políticos ponen su ego sobre el bien común”

Elia Barceló, Premio de Narrativa de la Crítica Literaria Valenciana
La Maga y otros cuentos crueles
Editorial Cazador de ratas

Elia Barceló nació en Elda (Alicante) en una casa llena de libros, creció rodeada de ellos, devorándolos. Su destino estaba escrito; maquinar historias. Una colección de 14 de sus relatos, ‘La Maga y otros cuentos crueles’ (Cazador de ratas) se alzó con el Premio de Narrativa de la Crítica Literaria Valenciana desbancando por su carácter innovador a la brillante prosa de Manuel Vicent en ‘Desfile de ciervos’.

Residente desde hace 38 años en la bella ciudad alpina de Innsbruck (Austria), considera que este galardón “es una bonita manera de decirme que soy un poco profeta en mi tierra, que lo que escribo interesa y se aprecia”, dice. “Que se trate de un libro de cuentos es un regalo añadido porque me encanta el género que muchos especialistas consideran el más difícil del mundo”.

Cubierta de 'La Maga y otros cuentos crueles', de Elia Barceló.

Cubierta de ‘La Maga y otros cuentos crueles’, de Elia Barceló.

Tras su primer libro de relatos, ‘Sagrada’ (1989) y ‘Futuros peligrosos’, una antología de ciencia ficción prospectiva, ‘La Maga y otros cuentos crueles’ reúne 14 historias escritas en distintas épocas  cuyo denominador común es cierto punto de crueldad. “Cuando los reuní para publicarlos, cada uno me traía recuerdos de cómo se me ocurrió, de qué estaba haciendo por entonces, de qué edad tenían mis hijos. Por eso decidí añadir un comentario al final explicando a los lectores algo sobre el contexto en el que surgió el relato. Me encanta escribir cuentos. Como a mi admirado Julio Cortázar, me encanta sentir ese momento fulgurante en que algo se te ocurre de pronto, se condensa, te sientas a escribir y sale el cuento de un tirón. Con suerte, esférico, como una pompa de jabón que se desprende de ti y adquiere existencia propia”.

Cubierta de 'Las largas sombras', de Elia Barceló.

Cubierta de ‘Las largas sombras’, de Elia Barceló.

Barceló acaba de terminar una novela en la misma línea que sus dos títulos anteriores: ‘Disfraces terribles’ y ‘Las largas sombras’. “Todavía no tiene título y es una historia realista que comienza en Australia y se desarrolla entre Madrid y Rabat. Una historia de secretos ocultos en el pasado que afectan hasta hoy en día a las personas de una familia, que comienza en los años veinte y termina en la actualidad”

La llamada la Dama de los Mil Mundos por su fértil imaginación no cree que el género fantástico sea minoritario ante el interés que despiertan sagas y series como ‘Canción de Hielo y Fuego’, o el entusiasmo que existe hoy en día por las distopías y el terror.  “Creo que cada día hay más lectores que se interesan por el fantástico o que, al menos, no tienen prejuicios a la hora de elegir. Como lectores nos estamos haciendo cada vez más abiertos y flexibles. Por fortuna empezamos a perder esas manías heredadas de la crítica del XIX y de la crítica marxista que consideraban que lo único que tenía valor literario era lo realista, sin darse cuenta de que el realismo también es sólo una técnica, una moda que no siempre es la mejor herramienta para narrar lo que uno quiere narrar. Lo que sí es minoritario en España es el público lector”.

Desde su perspectiva austriaca lamenta el declive de la imagen que estas últimas décadas ofrece España. “Parece que vuelve a ser lo que afirmaban los viejos estereotipos. El país de mañana, menos desarrollado, del sur, con su siesta, sus tapas y sus playas. Un lugar al que ir de vacaciones, pero donde nada funciona como debiera, un sitio donde campa la corrupción en los ambientes políticos y nadie paga por sus delitos, donde una gran parte de la población dice en las encuestas que no confía en la justicia. Después de haber visto desde fuera lo que podía ser España y haberme sentido tan orgullosa por ello, me da mucha pena ver cómo todo se va perdiendo y cómo tantos de nuestros políticos ponen su imagen y su ego por encima del bien común”.

Observa con recelo el ascenso de las derechas en su país de adopción, aunque considera que se trata de un fenómeno global en Europa y América (Trump). “En Austria siempre ha habido una cierta tendencia al radicalismo de derechas, pero últimamente lo que más influye es que las grandes masas de población inmigrante que viven y trabajan en Austria ya en la segunda o tercera generación son los que más votan a la derecha para impedir que el país se abra a los nuevos inmigrantes. Temen que haya que repartir entre más personas los beneficios sociales que son abundantes, aunque los impuestos son muy fuertes. También cuentan con los votos de los agricultores y de gran parte de la clase obrera que ya no se siente representada por los socialistas, y de las capas sociales de educación más baja. Además, hace unos años se rebajó la edad del voto a los 16 y muchísimos chavales ignorantes votan a Hofer porque es más joven. Menos mal que por fin ganó Van der Bellen”.

Elia Barceló.

Elia Barceló. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Poética y lírica adolescencia

Diarios de adolescencia, de Rafa Palomares
Teatro de lo Inestable
Del 21 al 23 de marzo de 2016

Teatro de lo Inestable presenta su última creación, ‘Diarios de adolescencia’, bajo la dirección de Rafa Palomares e interpretación de Maria José Guisado y Maribel Bayona, encarnando un texto escrito por el propio director y las dos actrices protagonistas. La escenografía corre a cargo de Diego Sánchez.

Diarios de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

Diarios de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

Esta vez, Teatro de lo Inestable ha decidido trabajar por y para los adolescentes, de manera que durante las tres mañanas que se representará la obra, en horarios de 10.00 y 12.00, visitarán el espacio más de 500 adolescentes.

Esta creación es un nuevo reto para la compañía y es la consecuencia lógica del plan artístico-pedagógico que viene desarrollando desde hace tres años, llamado Inestables por la educación.

‘Diarios de adolescencia’ es un alegato a la propia adolescencia como etapa de la vida, de descubrimientos iniciáticos apasionantes, a partir de la propia adolescencia de las actrices y de la lectura de sus diarios, con un único lenguaje artístico que le es propio a la adolescencia, la poesía, la lírica como lenguaje de expresión de los sentimientos y como pensamiento lúcido de grandes poetas poetas en tierra bilingüe: Juan Ramón Jiménez, Mario Benedetti, Vicent Andrés Estellés, Julio Cortázar, José Hierro, Salvador Espriu, Lluís Llach, Cerverí de Girona y Joaquín Sabina, entre otros.

Diario de adolescentes. Teatro de lo Inestable.

Diario de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

El ‘siete’ de Aranda en Imprevisual

Septies Septem, de Miguel Ángel Aranda
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 8 de mayo, a las 20.30h
Hasta el 22 de junio, 2015

“No me intereso solamente sobre el arte, sino que me intereso sobre la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto” (Robert Filliou)

Con la colección ‘Septies Septem’ Miguel Ángel Aranda (Córdoba, 1975) nos presenta siete series con un nexo, podríamos decir, mágico: siete pecados capitales, siete demonios, siete virtudes, siete notas musicales, siete mares, siete artes y siete colores.

'Gramática', de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Gramática’, de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Toda la colección gira en torno a ese número sagrado que ya definió Pitágoras como el número perfecto. No es al azar la mágica presencia del siete en aquellos hechos que han explicado la historia de la humanidad. Este número tiene una apariencia más que curiosa en la vida de Aranda. Desde el número del autobús que nos deja en la puerta de su estudio, hasta los 77 peldaños que conducen hasta la entrada de éste que también muestra un pequeño número siete que nos recuerda que en ‘Septies Septem’ nada es al azar; tampoco el formato de las series es casualidad, 30X40 cm nos induce rápidamente a que tres más cuatro también suman siete.

En ‘Septies Septem’ Aranda nos muestra su visión estética e ideológica. Al igual que Robert Filliou no se interesa sólo por el arte, sino que lo hace también por la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto. Nos podríamos plantear, de la misma forma que Filliou, la posibilidad de cualquier hombre de ser artista poniendo en cuestión el narcisismo de éste y su pretensión de que se le distinga y se le reconozca como tal –algo que se puede observar en el cuento de Kafka ‘Un artista del hambre’. Estas siete series nos plasman la necesidad de Aranda de dejar clara esa intención. La concepción, en principio, caótica de las obras nos llevaría a reflexionar acerca del posicionamiento del artista en el entorno social en el que se encuentra inmerso. No es un simple “hacedor” y cada obra se convierte en un acto.

Obra de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

En todas ellas observamos un predominio del color sobre la forma, el artista se maneja con la desenvoltura de alguien que es consciente de cuál es su papel. Encontramos evocaciones a Malévich y el arte geométrico como en la serie siete colores, o al funk-art como en siete demonios, a Pollock y el expresionismo abstracto o incluso al pop-art como en siete notas; la presencia de collages y la inclusión de objetos que forman parte de algunas piezas nos recuerda las esculturas de Bruce Conner. Se produce en estas series una hibridación estilística, una fusión de diferentes estilos que inevitablemente hace que nos cuestionemos si se trata de un trasiego inconexo entre diferentes corrientes artísticas, que históricamente se mostraron como antagónicas, o si por el contrario es una búsqueda constante de la contradicción, de la amalgama entre la low culture y la high culture.

'Música' de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Música’ de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Llama la atención en Aranda esa aparente falta de disciplina que está presente en toda su obra. Lo indisciplinar, la indisciplina es consubstancial a la práctica artística, en la medida que ésta no está asociada a lo normativo. De alguna forma es una rebelión contra la academia. El arte, en todas sus expresiones ha dado muestras de ello; desde el poeta visual y artista Joan Brossa –autor indisciplinar por excelencia–, el artista Tadeusz Kantor, el director de cine Jean Luc Godard, el escritor Julio Cortazar o el músico Carles Santos. En todos ellos la indisciplina está sometida, de una forma muy marcada, a la disciplina.

Nos podríamos plantear qué es arbitrario y qué está justificado en la obra de Aranda; la inclusión de objetos encontrados, desde partituras de música, pasando por piezas de un violín hasta collages que permiten al artista mostrar la inmediatez de lo real. En la mayoría de las piezas podemos encontrar referencias que muestran la tensión del artista con la disciplina propia. Al adentrarnos en cada una de ellas nos enfrentaremos con un universo personal muy particular con el que conectaremos como si estuviésemos sometidos al embrujo de ese número siete.

Obra de Miguel Ángel Aranda. Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Ximo Rochera

Joaquín Camps: “Estoy viviendo un sueño”

La última confidencia del escritor Hugo Mendoza
Joaquín Camps
Editorial Planeta

Que una primera novela de largo aliento, sin ganar ningún premio literario, despierte el interés de una editorial importante es el sueño de todo escritor. Un sueño que ha hecho realidad el valenciano Joaquín Camps con ‘La última confidencia del escritor Hugo Mendoza’. Un título que lo acredita como nuevo y rutilante astro en la constelación Planeta.

“La idea matriz me vino a la cabeza hace cuatro años, un día que estaba en el aeropuerto de Bérgamo”, cuenta Camps, profesor de Recursos Humanos en la Universitat de València. “No me puse de inmediato a desarrollarla, la dejé reposar un par de meses y luego, a lo largo de otros tres, me dediqué a montar el armazón o estructura de la trama, aunque sobre la marcha introduje algún cambio. Soy organizado pero no rígido”.

El sólido armazón del argumento, lo bien que está cerrado, sin cabos sueltos deslumbró, primero a una agente literaria y acto seguido a los responsables de Planeta. La viuda de un famoso escritor presuntamente fallecido en el mar, Hugo Mendoza, recibe pruebas irrefutables de que está vivo. A partir de este enigma, el protagonista, Víctor Vega, un atractivo profesor universitario, se enfrenta a una carrera de obstáculos con la ayuda de una matemática obesa o una monja experta en informática.

La acción se desarrolla en las ciudades de Madrid, Valencia, la costa alicantina y escapadas a Barcelona y Londres. También aparece París, escenario de un paralelismo subliminal entre la figura de Mendoza y Cortázar. La calle Alcalá de Madrid es otro enclave carismático, con grandes iconos arquitectónicos como el Círculo de Bellas Artes o el edificio Metrópoli.

Portada del libro 'La última confidencia del escritor Hugo Mendoza', de Joaquín Camps. Editorial Planeta.

Portada del libro ‘La última confidencia del escritor Hugo Mendoza’, de Joaquín Camps. Editorial Planeta.

Extrañas sectas religiosas, mafiosos rusos, matones rumanos y editoras malignas desfilan por las casi 800 páginas de este relato bajo la sombra del escritor Hugo Mendoza. El mar es un espacio recurrente, dinamizador de los sentimientos de los personajes y catalizador de la historia.

¿Tiene Víctor Vera mucho de Joaquín Camps? “Es  imposible que al escribir no aparezcan rasgos de uno mismo”, responde Camps. “Experiencias que has vivido y otras cosas que has leído. Todo se  mezcla”.

Hacer pensar y entretener

Precisamente dotarlos de personalidad y sustancia es, según Camps, una de las principales bazas de su historia. “La escribí sobre todo para pasarlo bien, pero también procurando un equilibrio armónico entre el entretenimiento y la reflexión, entre el hacer soñar y el hacer pensar. Por otra parte, es un reflejo muy fiel de nuestra realidad, con amores, desamores y crítica social”.

Camps asegura que no siente la presión de su repentino y fulminante éxito a la hora de escribir una segunda novela. “Ésta la acabé hace ya tiempo y la tuve dormida en un cajón, así que empecé otra sin sentirme presionado por factores externos. Sí, la verdad es que floto en una nube, estoy viviendo un sueño», concluye.

Joaquín Camps. Imagen cortesía del autor.

Joaquín Camps. Foto: Nines Minguez. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Jules Julien, Blues en Espai Tactel

‘Blue Series: A Romantic Cluedo’, de Jules Julien
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 14 de noviembre
Hasta el 31 de diciembre de 2014

El misterio que desprenden las imágenes de Jules Julien sitúa al espectador en un escenario de duda. Le obliga a convertirse en parte del proceso –en “sospechoso”– de la recomposición de las memorias personales del artista, como si de un cadavre exquis se tratara, que ahora aparecen reflejadas en nuestro propio espejo. Desde hace varios años su trabajo artístico consiste en interpretar la realidad y sus experiencias pasadas a través de composiciones digitales. Unas veces son rostros o fragmentos del cuerpo en los que enfatiza diferentes aspectos mediante el encuadre. Otras se trata de objetos o situaciones. Son imágenes que dejan de ser aquello que representan al desdoblarse, se transforman en símbolo y son dotadas de una gran carga enigmática y de extrañeza.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Jules Julien con ‘Blue Series: A Romantic Cluedo’ presenta su primera exposición individual en Espai Tactel. La cual articula bajo un solo color: el azul. Otras series anteriores han sido dedicadas a otros colores, como pueden ser el blanco o el rojo. Si bien es cierto que existen precedentes en la elección monocroma como es el caso de los monochromes blues del también artista francés Yves Klein o de la trilogía Trois couleurs del cineasta polaco Krzysztof Kielowski, la muestra de Julien se compone, por un lado, de una serie de imágenes digitales impresas en diversas tonalidades de color azul –unas partes más claras, con leves matices de un azul claro y otras más oscuras– que componen un fuerte universo poético fácilmente reconocible por el uso de las formas limpias y depuradas. Algunas de las imágenes aparecen duplicadas, mirándose a sí mismas en un intento de recuperar esos recuerdos.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Se trata de imágenes-reflejo. Su obra rezuma una nostalgia por recoger figuras y objetos familiares. Pero siendo conscientes de que, como advierte Enrique Vila-Matas, “la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”.

Por otro lado, encontramos una proyección en el que se superponen imágenes creando un juego visual a modo de flashback que producirá un efecto confuso y de desorden ante el espectador.

Obra de Jules Julien en la exposición Blues. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Asimismo, la muestra se completa con el libro Les Souveniers –‘Los recuerdos’. Una publicación que recoge fragmentos de aquellas situaciones vividas por el artista: desde los objetos tan bien iluminados y perfectamente definidos en una noche fluorescente azul o un hombre subido a un tractor vestido con unas bermudas azules de lycra hasta la acogedora habitación azul de una artista o las salpicaduras azul-púrpura en las manos al presionar con ellas los racimos de uva en una cubeta. Y es que el azul sirve de nexo de unión de todas sus vivencias. El azul lo impregna todo como el sonido melancólico del blues.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blues Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blues Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En definitiva, la obra de Julien reunida para esta exposición responde a su personalidad particular que logra elaborar un complejo pero homogéneo discurso poético y plástico a la vez que se constituye como sujeto dentro de su producción. Este trabajo se presenta como piezas de un relato: representaciones de objetos –flores, cráneos, urracas, chicharras, perros–, escritos y proyecciones, que narra un itinerario de las memorias de su universo personal, de su forma de entender la realidad. Además, la estructura hermética de sus obras hace que se presenten como jeroglíficos y exigen al espectador mantener una actitud consciente y activa. Es decir, a ser partícipe de este cluedo. Una verdadera invitación a andar y seguir las pistas en las habitaciones, estancias y pasajes secretos de la Mansion Boddy de Jules Julien. Pues, en cierto modo, como escribe Julio Cortázar en Rayuela: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

José Luis Giner Borrull

Tras el rastro parisino de Cortázar

Diario de París, de Miguel Herráez
Editorial Trea

Hay que haber alcanzado la cima de la madurez y asentarse sobre una sólida carrera literaria para permitirse el lujo de escribir un libro como éste. ‘Diario de París’ con 26 notas a pie, de Miguel Herráez, combina las rutas por el París de Cortázar con una serie de evocaciones íntimas de su propia infancia en Valencia. Londres, Nueva York, Moscú, San Petersburgo, Praga y Buenos Aires también aparecen en esta selecta guía para viajeros sin prisas, que recorren las ciudades en busca de las huellas que dejaron en ellas grandes escritores.

Miguel Herráez, autor del libro 'Diario de París', de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Miguel Herráez, autor del libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Publicado por el sello Trea, que acaba de recibir un premio nacional a su labor editora, el libro es fruto de las numerosas visitas de Herráez a la École Normale Supérieure de París y otros de sus trayectos por el mundo. Catedrático de Literatura Española de la Universidad Cardenal Herrera, es uno de los grandes expertos en Cortázar, con tres estudios en su haber, y autor de numerosos ensayos y novelas.

“A Julio Cortázar se le suele ligar siempre a la orilla izquierda, el Barrio Latino hasta Montparnasse”, dice Herráez. “Pero también le gustaba mucho el París del norte, justamente donde vivió la última etapa de su vida, en la rue Martel. La zona de los pasajes, los grandes bulevares, los alrededores del canal de Saint-Martin, L´Arsenal. Es inevitable caminar, por ejemplo, por la galerie Vivienne y dejar de percibir que es atmósfera cortazariana por su cuento ‘El otro cielo’, o, por supuesto, el Pont des Arts con todas las referencias a Oliveira, la Maga, de ‘Rayuela’.  En mi libro establezco varios espacios Cortázar, que son esenciales para situar su vida y obra”.

Buenos Aires es otra de las capitales más literarias para Herráez, y también Londres, que conecta en su libro con George Orwell y los bombardeos alemanes, el blitz del 41. “Me seduce mucho ese fenómeno, que es una tragedia, precisamente por su componente literario. Del mismo modo, cómo despegar la ciudad de Praga de lo que implicó en primer lugar la figura de Kafka, o El Golem, del austríaco Gustav Meyrink”.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro 'Diario de París', de la editorial Trea.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Memoria de ayer

Intercaladas con las rutas de ciudades lejanas, la de la ciudad propia, Valencia en la que nació, vive y escribe. “Ando mucho por Valencia, y lo único que han cambiado sustantivamente desde mi infancia son los nombres de algunas calles”, dice Herráez. “Sigo viendo los bares, cines y los comercios de entonces. Es un ejercicio agridulce, como diría David Le Breton. Quizá tenga también ya su buena carga de nostalgia. Confieso que me sobran palmeras. En mi infancia prevalecían los plátanos, que me agradan más”.

Según el catedrático y escritor, “el imaginario de una ciudad se construye a base de capas, de miradas literarias. Lo que vemos de una ciudad no es la ciudad real, sino la que han visto otros, y que nos la han trasladado por medio de un discurso. Por eso cuando caminas por primera vez por Nueva York tienes la sensación de que ya has estado antes”.

Max Aub, Baroja, Azorín, Ferran Torrent, Josep Francesc Mira o  Manuel Vicent. Son algunos autores que han contribuido con sus libros a recrear una imagen literaria y a la vez reconocible de Valencia, que Herráez ha plasmado en su exquisito y sosegado paseo. En cuanto a la memoria de Blasco Ibáñez, considera que  “se halla muy presente y sobradamente rentabilizada. No es un nombre que decaiga”, concluye.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Bel Carrasco