Poética y lírica adolescencia

Diarios de adolescencia, de Rafa Palomares
Teatro de lo Inestable
Del 21 al 23 de marzo de 2016

Teatro de lo Inestable presenta su última creación, ‘Diarios de adolescencia’, bajo la dirección de Rafa Palomares e interpretación de Maria José Guisado y Maribel Bayona, encarnando un texto escrito por el propio director y las dos actrices protagonistas. La escenografía corre a cargo de Diego Sánchez.

Diarios de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

Diarios de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

Esta vez, Teatro de lo Inestable ha decidido trabajar por y para los adolescentes, de manera que durante las tres mañanas que se representará la obra, en horarios de 10.00 y 12.00, visitarán el espacio más de 500 adolescentes.

Esta creación es un nuevo reto para la compañía y es la consecuencia lógica del plan artístico-pedagógico que viene desarrollando desde hace tres años, llamado Inestables por la educación.

‘Diarios de adolescencia’ es un alegato a la propia adolescencia como etapa de la vida, de descubrimientos iniciáticos apasionantes, a partir de la propia adolescencia de las actrices y de la lectura de sus diarios, con un único lenguaje artístico que le es propio a la adolescencia, la poesía, la lírica como lenguaje de expresión de los sentimientos y como pensamiento lúcido de grandes poetas poetas en tierra bilingüe: Juan Ramón Jiménez, Mario Benedetti, Vicent Andrés Estellés, Julio Cortázar, José Hierro, Salvador Espriu, Lluís Llach, Cerverí de Girona y Joaquín Sabina, entre otros.

Diario de adolescentes. Teatro de lo Inestable.

Diario de adolescencia. Imagen cortesía de Teatro de lo Inestable.

Como dos gotas de agua

Agua de luna, de Compañía Improvisada
Espacio Inestable
C / Aparisi i Guijarro, 7. Valencia
Días 4 y 5 de enero de 2016

Casi la tercera parte de la superficie del planeta Tierra está cubierta de océanos y mares. El agua parece un bien inagotable. Sin embargo, de la cantidad total de agua sólo el 3,5% es  dulce, y la apta para el consumo humano todavía más escasa. En muchos lugares de África y Sudamérica su consumo se encuentra limitado, tanto en lo que se refiere a cantidad  como a redes de distribución. En un próximo futuro, debido al efecto del cambio climático y las consiguientes prolongadas sequías, todavía se acentuará más el déficit acuático.

Es importante concienciar a las nuevas generaciones sobre la necesidad de administrar este precioso elemento esencial para la vida y la supervivencia del hombre. Una de las formas más amenas y eficaces es hacerlo a través del arte, en concreto de la danza.

Agua de Luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Agua de Luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Danza y ecología

El agua fluye libremente, al igual que el movimiento y la música en Agua de Luna, un ballet ecológico que se representa en Espacio Inestable el 4 y 5 de enero. Cuenta la historia de Agua de Luna y Gotagualina, dos gotas de agua que viven en el mar, obligadas a separarse a causa de una fuerte tormenta. Una es arrastrada por el viento y otra engullida por las profundidades marinas. Así se inicia un original espectáculo que combina la  danza, la ecología y la poesía para concienciar al público, a partir de los cinco años de la importancia del agua en la vida de la Tierra.

La danza se pone al servicio del medioambiente en un montaje dirigido e interpretado por los bailarines y coreógrafos Henar Fuentetaja y Miguel Tornero, integrantes de la Compañía Improvisada. “Promover el respeto por el agua, su uso y buen aprovechamiento, y mostrar al público la pluralidad de la danza, desde la danza clásica, la contemporánea, la española o el jazz”, es el objetivo de este montaje, según sus creadores. Subvencionado por CulturArts como proyecto emergente 2015, ha sido seleccionado para el catálogo Red a Escena 2016.

Agua de luna, de Compañía Imrovisada, en Espacio Inestable. Imagen cortesía de la compañía.

Agua de luna, de Compañía Imrovisada, en Espacio Inestable. Imagen cortesía de la compañía.

Viaje acuático

La coreografía describe el viaje de las dos gotas de agua. Su deseo de volver a casa, a la superficie del mar, les hace emprender una travesía en la que descubren diferentes paisajes del agua: grutas subterráneas, manantiales, ríos, lagunas, etcétera. En ellas conocen a seres mágicos que les enseñan a convivir de forma más ecológica con el agua y les ayudan en su camino de regreso a casa.

Los versos de Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, junto a los de la cubana Dulce María Loynaz, el mejicano Gerardo Beltrán y escritor hindú Rabindranath Tagore, acompañan al espectador durante este paseo por el universo acuático.

Agua de luna persigue un triple objetivo, cultural, medioambiental y social. “Buscamos acercar la danza al público en general para una mejor promoción y difusión de ésta”, dicen los miembros de Compañía Improvisada. “Pero vamos más allá de la mera exhibición del espectáculo con un proyecto pedagógico que pone en relación la danza, la temática del montaje sobre el agua y la ecología, los aspectos literarios presentes en el mismo y la interacción e inserción de la danza en la Comunidad”.

El 4 de enero, antes de la función de las 18 horas se celebrará, a las 11,  el Taller de Danza en Familia Agua de Danza en el que, a través de un enfoque lúdico, se tratará la temática de la obra y sus distintos componentes.

Aguas de luna. Fotografía de María Tornero.

Agua de luna, de Compañía Improvisada, en Espacio Inestable. Fotografía de María Tornero por cortesía de la compañía.

Bel Carrasco

“Escribo poesía occidental inspirada en la oriental”

La durmiente, de Susana Benet
Editorial Pre-Textos. Valencia

Una veintena de poemas leves y etéreos, como la pluma de un ave o el pelo de un gato que flotan en el aire y atrapan un último destello de luz. Veinte cápsulas de belleza concentrada que de lo mínimo asciende a la cumbre desde que se otea la existencia y que reflejan una larga trayectoria, del 2007 al 2013. La fascinación de Susana Benet por la cultura oriental en general y los ‘haikus’ en particular se refleja en su último libro, ‘La Durmiente’, publicado por Pre-Textos, que se presentó el 14 de enero, con la presencia de la autora, escoltada por José Saborit, pintor y poeta, y el editor Manuel Ramírez.

Susana Benet (Valencia, 1950) es licenciada en Psicología y combina la escritura, poesía sobre todo, con la pintura de acuarelas, aunque dice “sentirse más poeta que pintora”. Ha publicado varios poemarios: ‘Faro del bosque’, ‘Lluvia menuda’, ‘Huellas de escarabajo’ y ‘Jardín’. Ha sido incluida en antologías de ‘haikus’ y como acuarelista ha ilustrado varios libros dedicados a esta exquisita expresión poética japonesa.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué ‘La Durmiente’? 

El título tiene que ver con esa frontera que existe entre el mundo real y el soñado, una frontera difusa pues, a veces, ambos se confunden. Duermo mucho y presto mucha atención a los sueños. Algunos poemas han brotado en momentos de somnolencia o de calma, estados de donde surge a veces la inspiración. También me ha sucedido despertarme en mitad de la noche para escribir unos versos que me venían a la cabeza con mucha insistencia. El mundo del sueño es enigmático. Según una de las citas del libro, en el sueño aprendemos a morir y dedico algunos poemas a personas fallecidas.

El libro como tal está dedicado a tu ex pareja, el también poeta José Luis Parra ya fallecido. ¿Qué comentarios crees que le habría suscitado su lectura? 

Creo que habrían sido positivos, pues él fue quien me inició en la poesía y estuvo muy presente en la elaboración de este libro. Conté con su apoyo y su consejo. Desgraciadamente no llegó a ver el resultado final, no llegó a leer todos los poemas que he incluido, pero estoy segura de que habrían tenido su aprobación. Aprendí mucho leyendo sus poemas, que solía pasar a limpio en mi ordenador. Esto me influyó y creo que se percibe en mi tendencia a escribir sobre lo cotidiano, aunque mi forma de expresarme sea distinta a la suya. Es un libro que, de algún modo, le pertenece.

Háblanos de tu fascinación por el ‘haiku’ y la cultura japonesa en general. 

Fue el ‘haiku’ el que me introdujo en la poesía. Fue su brevedad y sencillez lo que me sedujeron. No sé por qué razón me he sentido siempre muy fascinada por lo oriental. No solo por el ‘haiku’, sino también por la poesía china clásica. En este tipo de poesía el lenguaje es claro y sugerente, huye de la pomposidad y el artificio. Predomina la naturalidad, algo que en occidente no es tan frecuente. Lo mismo sucede con la pintura ‘sumi-e’, en la que lo importante es sugerir con pocos trazos una imagen. Con el ‘haiku’ descubrí que podía escribir sobre pequeños acontecimientos cotidianos y transmitir emociones en pocas palabras. Y me di cuenta de que todo, por pequeño e insignificante que parezca, puede convertirse en poema, desde una hormiga hasta una piedra.

Portada de 'La durmiente', de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de ‘La durmiente’, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué crees que la gente lee poesía y por qué es tan minoritaria? 

Constato que existen muchos lectores de poesía, incluso entre personas que no se dedican a la literatura. En los talleres de ‘haiku’ que imparto, los niños parecen disfrutar poniendo en marcha su lado creativo y muestran interés por componer y leer estas pequeñas estrofas. Algo que no siempre se estimula en la enseñanza. En mi caso, leo poesía porque es algo capaz de provocar emociones, lo mismo que la pintura o la música. Tal vez sea minoritaria porque no se divulga ni promociona lo suficiente.

¿Qué te impulsa a ti a escribirla  y cuáles son las vivencias y sentimientos que pretendes expresar con ella? 

Creo que es un impulso que brota de forma espontánea, por el puro deseo de crear, aunque en mi caso también influyó haber tenido acceso a ella durante mi adolescencia. En aquel tiempo, cuando leí a Juan Ramón Jiménez, me impactó tanto que deseaba imitarlo y convertirme en poeta. Más tarde conocí a otros poetas que también me impresionaron, como Rilke o Dickinson.

¿Estás al tanto de las últimas generaciones de poetas? 

Aprecio a muchos poetas actuales, aunque me siento más cercana a José Corredor-Matheos, Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Cabrera o Miguel d’Ors, por citar algunos. Sin olvidar, por supuesto, a José Luis Parra. Y en poesía oriental, podría nombrar a poetas chinos clásicos, como Su Dongpo, Li Po o la poetisa Li Qingzhao, conocidos en España gracias a editoriales como Hiperión. En realidad, lo que intento es escribir poesía occidental inspirándome en la oriental, que me parece de una delicadeza extrema.

La pintura y la poesía combinan bien. ¿Cómo se ‘maridan’ en tu caso?  

Algunos poetas chinos y japoneses eran también pintores. En occidente, también encontramos personajes como Ramón Gaya, pintor y poeta. En cuanto a mí, me considero más poeta que pintora, aunque disfruto mucho con los pinceles, como simple aficionada. Todavía tengo mucho que aprender tanto en pintura como en poesía.

Que una prestigiosa editorial como Pre-Textos apueste por segunda vez por tu obra es un motivo de gran satisfacción. ¿Qué significa esa confianza para ti? 

Que Pre-textos me propusiera publicar mi primer libro de haikus, Faro del bosque, fue una de las mayores alegrías de mi vida y también una sorpresa, pues me dedicaba a escribir haikus por el placer de cultivar esa estrofa, sin más pretensiones. Con los poemas de La durmiente me sentía menos segura, pues nunca me había atrevido con más de tres versos. Sin embargo, la editorial ha vuelto a abrirme sus puertas y brindarme su apoyo, algo que agradezco de corazón. Gracias a ellos comencé a tomarme en serio como poeta.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Bel Carrasco

“La crisis ha ajusticiado el materialismo”

Entrevista al poeta Juan Pablo Zapater por su libro La velocidad del sueño
Editorial Renacimiento
De venta en librerías

Salinas, Neruda, Hernández, Aleixandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez y Rabindranath Tagore. Fueron los primeros guías que iniciaron a Juan Pablo Zapater (Valencia, 1958) en la poesía cuando era un niño. Una colección de libros de estos autores, un tesoro que encontró en el cajón de la mesita de noche de su madre,  lo contaminó con el veneno de la poesía y desde entonces se consagró a ella, alternando periodos de voz y de silencio. Este otoño su voz se alza doblemente con la aparición de dos de sus poemarios separados por veintidós años: La velocidad del sueño (Renacimiento) Premio de la Crítica literaria Valenciana y una reedición de La coleccionista, Premio Fundación Loewe, 1989 realizada por Leteradura.

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

¿Cómo ha evolucionado el Zapater hombre y poeta entre estos dos libros?

Estoy plenamente convencido de que no se escribe igual a los veintitantos años que habiendo sobrepasado la frontera de los cincuenta. Tampoco se vive de la misma forma, ni corporal, ni espiritualmente. Porque si bien las cuestiones eternas que desvelan al ser humano en sus diferentes edades no varían en su esencia, sí que resultan distintos los puntos de vista desde los que se observan y se asimilan. En mi primer poemario, La coleccionista, o en este último recientemente publicado en Editorial Renacimiento, La velocidad del sueño, se tocan temas como el amor, la soledad, el placer, el desengaño o la muerte, pero la mirada del poeta ya no es la misma, como tampoco es idéntico el sentimiento que esa mirada le provoca. Quizás ahora exista menor ímpetu, menor vehemencia contenida en mis poemas, aunque han ganado absolutamente en cuanto a la profundidad, a la matización y a la autenticidad de lo expresado.

¿Qué impresión le causa verlos en sus manos?

Cuando tomo en mis manos los dos libros, el de mi juventud y el de mi madurez, llego a reconocerme en ambos, pero me identifico más con el último escrito, como es natural. Es lo mismo que repasar las fotografías de un viejo álbum y después contemplar tu imagen de hoy en el espejo. En todo caso, cada nuevo libro no deja de ser un puente entre el poeta que uno fue y el que será, con la continuidad y el alcance que la poesía y la propia vida le concedan.

¿Cuáles son los temas recurrentes en sus poemarios?

Cualquiera que lea La coleccionista se da cuenta al momento de que el amor pasión y el erotismo son los temas predominantes en el libro. Eso no quiere decir que no aparezcan en segundo plano otra serie de cuestiones que ya entonces formaban parte de mis preocupaciones vitales, como la soledad y el desengaño, por poner dos ejemplos. Lo que resulta evidente es que, sin dejar de lado lo anterior, en La velocidad del sueño se amplía mi universo poético y se abordan nuevos temas como el del menoscabo de la fe, la consagración de la amistad, el valor de la familia, la celeridad del paso de los años o la consideración de la vida como un hotel de paso.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

¿Hay vida más allá de la poesía de la experiencia?

La poesía es tan generosa que en su seno admite muy diversos credos. Lo que verdaderamente importa no es el tipo de poesía que se escriba o se lea, sino que se trate en todo caso de buena poesía. La literatura de calidad no sabe de tendencias, a veces surge como la flor silvestre y otras veces se cultiva como la flor de invernadero. Yo disfruto con toda clase de manifestación poética y no sólo con la que se basa en las palabras, también con la que se apoya en las imágenes o la música.

¿Cuál es la función de la poesía en estos tiempos tan malos para la lírica?

Yo no creo que los de hoy sean tan malos tiempos para la lírica. De hecho cada vez se programan más actos, se crean más asociaciones, se adivina un mayor interés de la gente por el fenómeno poético y se crean nuevas editoriales, como esta surgida del Café Malvarrosa de Valencia que ha reeditado mi primer libro, bajo el sello de Leteradura editores. Acabamos de dejar atrás un largo periodo de materialismo que la propia crisis económica se ha encargado de ajusticiar en la plaza pública. Tal vez a partir de ahora el ser humano se dé cuenta de que su bien más preciado reside en la espiritualidad, en la riqueza interior que es capaz de atesorar y compartir. La poesía es un buen camino para conocerse, para intentar salvarse del vacío existencial que todo hombre y mujer llega a sentir en tantas ocasiones a lo largo de su vida.

¿Le preocupa la creciente competencia de las redes sociales, blogs, microrrelatos y  otras propuestas que absorben el tiempo y el interés de los presuntos lectores?

¿Debería estar preocupado por eso? Creo que el poeta tiene que dedicarse fundamentalmente a observar, sentir y escribir, a pesar de que no pueda quedar aislado del inquieto y cambiante mundo que le rodea. Si en palabras de Eliot la “Poesía es la zona de intersección de lo intemporal con el tiempo”, será necesario que el poeta se adapte a ese tiempo que le ha tocado vivir, pero igualmente será preciso que contribuya a preservar lo que de mágica intemporalidad encierra el hecho poético. Luego vendrá a plantearse el posible interés de los lectores, que siempre los habrá, aunque ya se sabe que la poesía va para la “inmensa minoría” a la que dedicó su obra Juan Ramón Jiménez.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

¿Se interesa por la poesía que hacen hoy los jóvenes?

Claro que me intereso por lo que hoy escriben los jóvenes poetas. De lo contrario estaría perdido como un ciego sin lazarillo en mitad de una inmensa plaza desconocida. Y además, gozo leyendo a muchos de ellos. En nuestra Comunidad van apareciendo nombres, como los de Lola Mascarell, primera mujer que ha obtenido el prestigioso Premio Emilio Prados, Natxo Vidal, candidato al último Premio de la Crítica literaria valenciana, o Bibiana Collado Cabrera, reciente ganadora del Premio Arcipreste de Hita, por citar sólo algunos de los ejemplos que conozco y que ya están recibiendo un merecido reconocimiento.

¿Nunca sintió la tentación de pasarse a la prosa?

No, nunca he sentido ese impulso, ni como autor de novela, ni como creador de cuento, ni siquiera como escritor de prosa poética. Tal vez esto último lo haga algún día, pero siempre será buscando otros caminos para desplegar mi poesía, para experimentar con ella. Admiro a los narradores y disfruto enormemente leyendo sus obras, esos formidables entramados de palabras que transcurren como ríos caudalosos hacia su desembocadura, pero yo prefiero el rumor de ese arroyo cristalino o la densidad contenida de esa oscura ciénaga que, según los casos, se adivina en cada poema.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Bel Carrasco