Relectura del franquismo por las vanguardias

España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Desde el 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel G. Cortés, y el comisario de la muestra, Sergio Rubira, han presentado la exposición Caso de estudio ‘España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976’, que lleva el mismo título que la célebre exposición que se presentó en la Bienal de Venecia de 1976.

«La Bienal de Venecia de 1976 fue un acontecimiento histórico muy importante en el mundo del arte ya que por primera vez se planteó para el Pabellón Español un proyecto alejado de la oficialidad», explicó el director del IVAM sobre la muestra que reúne 33 obras de la Colección del museo de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Julio González, Josep Renau, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Monjalés, Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Eduardo Arroyo y Alberto Corazón, que formaron parte de aquella exposición histórica.

La intención principal de la exposición que se organizó en la Bienal de 1976 era corregir la imagen que el régimen franquista había dado del arte español de vanguardia en el contexto internacional y evidenciar cómo ese vanguardismo había sido moldeado por el proceso de una lucha ideológica. «En este nuevo curso en el que el IVAM celebrará su aniversario en 2019 nos planteamos conocer el pasado para construir el futuro», comentó Cortés sobre la importancia de este nuevo Caso de Estudio del IVAM, la línea de exposiciones que investiga los fondos de la Colección.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

El comisario de la exposición, Sergio Rubira, destacó que «nunca hasta 1976 se había hecho una exposición que contextualizara las condiciones políticas y sociales de la producción de las obras». De ahí la importancia de aquélla muestra para entender «el relato de la historia del arte durante la dictadura», resumió.

Considerando el papel que desempeñaron los críticos y artistas valencianos como Tomás Llorens, que ejerció de co-comisario, Manuel García, que actuó como secretario de la ‘Comisión de los Diez’ que organizó la exposición, junto con artistas como Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Equipo Realidad o Monjalés, no es extraño que la Colección del IVAM conserve más de 40 obras que formaron parte de la muestra de 1976. «Algunas de las ideas de aquella muestra tomaron forma posteriormente en la creación de la Colección del IVAM. Es el caso, por ejemplo, de Julio González», apostilló Rubira.

El recorrido de la exposición en la galería 3 del IVAM mantiene el orden que se le dio en la muestra del 76 y que «comenzaba mostrando las raíces de la vanguardia con imágenes de la Guerra Civil y el Pabellón de la República de la Exposición de París de 1939», manifestó el comisario.

A partir de ese momento, la exposición sigue un recorrido circular con la escultura Cabeza de Monserrat girando, (1942) de Julio González para culminar con otra imagen de mujer, el retrato Sama de Langreo (1970) de Eduardo Arroyo, que muestran la heterogeneidad de lenguajes artísticos, sin olvidar los artistas forzados al exilio.

Vista de la exposición 'España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976'- Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976’- Imagen cortesía del IVAM.

Ilustrando personajes valencianos

Ilustres Valencians Il.lustrats, de Migue Martí y Judith Coronado
Estudio 64
C/ Benicolet 2. Valencia
Del 12 de enero al 9 de febrero de 2016

Ilustres Valencians Il.lustrats, del diseñador Migue Martí y la historiadora Judith Coronado, comprende una cuidada selección de personajes valencianos nacidos entre los siglos XIX y XX, destacados por su aportación al arte y a la cultura. Personajes caídos en el olvido o, en muchos casos, desafortunadamente desconocidos, rescatados por dos jóvenes valencianos interesados en la historia, la cultura y el arte que define nuestra identidad.

Migue Martí  diseñador gráfico y natural de Ontinyent, crea un proyecto que aglutina diseño y cultura, “La ilustración es una herramienta perfecta para sintetizar formas y recordar nuestros referentes”. La historiadora Judith Coronado, también del mismo pueblo que el diseñador, desarrolla las biografías que acompañan a las ilustraciones, con las que trata de dar a conocer las características principales de nuestros ilustres valencianos. Busca ser “un texto sencillo que incite a la investigación para dar respuesta a muchas curiosidades”, ese es el objetivo de los dos ontinyentins. Rescatar del olvido el arte y la cultura de los últimos dos siglos y utilizar a nuestros referentes valencianos para reivindicar el arte y la cultura de nuevo, a través del diseño y la investigación. Una aportación imprescindible a la formación de nuestra identidad.

Diseño de Joan Fuster. Imagen cortesía Estudio 64.

Diseño de Joan Fuster. Imagen cortesía Estudio 64.

Según afirman los autores, la selección de personajes fue un arduo trabajo ya que, “todos ellos nos parecían muy interesantes y nos parecía decisiva su aportación”. Aseguran haber aprendido mucho haciendo el trabajo y lo que es más importante, haber disfrutado en su desarrollo, durante los casi dos años que ha durado el proceso de ilustración e investigación. Según Martí, “ha sido toda una aventura buscar imágenes de todos los personajes para convertirlos en diseño, hacer de esos retratos antiguos ilustraciones ha sido un trabajo enriquecedor y divertido”. El ilustrador utiliza pequeños guiños a los personajes como es el caso de las teclas de piano que hacen a su vez de pestañas de Amparo Iturbi o de la nota musical que adorna el pelo de Lucrezia Bori. “Muchos personajes no tenían prácticamente rasgos característicos y tuve que jugar de manera hábil con ciertos recursos a modo de pista. En el caso de los hombres he trabajado mucho con rasgos evidentes como bigotes, barbas o sombreros. Pero reconozco que ilustrar a muchos de los personajes ha sido un reto”.

En el libro encontramos desde personajes tan conocidos como el escritor y político Blasco Ibáñez o el pintor y artista gráfico Josep Renau, hasta cineastas como Luis García Berlanga y cantantes como Bruno Lomas o Nino Bravo, pasando por escritores y gramáticos que tanto han hecho por la lengua y la cultura como Enric Valor o Joan Fuster.

En cuanto a las mujeres, como indica Judith Coronado, solo forman el 25 % del libro ya que fue un trabajo costoso encontrar más y añade “desafortunadamente las mujeres no tenían un espacio en igualdad al de los hombres para poder desarrollar con libertad sus profesiones. A las trabas políticas y sociales se les sumaba el mero hecho de ser mujer”. Aun así destacan en el libro personalidades de todos los ámbitos como la escritora Amalia Fenollosa, la ginecóloga Concepción Aleixandre, la soprano Lucrecia Bori, la militante feminista Pura Arcos, la pintora Juana Francés de la Campa o la bailarina Olga Poliakoff.

Diseño de Joaquín Sorolla. Imagen cortesía Estudio 64.

Diseño de Joaquín Sorolla. Imagen cortesía Estudio 64.

El libro consta de 95 ilustraciones, susceptibles de estar colgadas en cualquier rincón de la casa y esconde 95 biografías que nos sirven para adentrarnos en el contexto económico, político y social de finales del siglo XIX y el siglo XX. Como si de la Nouvelle Historie se tratase, el lector puede conocer su pasado a través de la historia de las mentalidades que fijará en su recuerdo de forma gráfica gracias a la peculiaridad de las ilustraciones de Migue Martí.

Con este libro el diseñador e ilustrador  Migue Martí y la historiadora Judith Coronado, obtienen su objetivo que es conocer quien somos y de dónde venimos, para poder entender y valorar nuestra identidad como valencianos.

El próximo jueves 12 de enero, algunas de las ilustraciones de Migue Martí colgaran de las paredes de Estudio 64, librería-galería especializada en ilustración, en la Plaza de Benimaclet de Valencia. Una exposición dedicada al trabajo de selección e investigación de los personajes así como a los procesos de bocetaje y diseño de las ilustraciones. La exposición permanecerá en Estudio 64 hasta el jueves 9 de febrero.

11 Meses que cambiaron Valencia

Todo está por hacer. Valencia capital de la República (1936-1937)
La Nau de la Universitat de Valéncia
C / Universitat, 2. València
Inauguración: lunes 7 de noviembre de 2016

No es la primera vez que la Universitat de València conmemora la proclamación de esta ciudad como capital de España durante los últimos y convulsos meses de la guerra civil. Lo hizo en 2007,  con una exposición sobre Juan Negrín y, en 2008,  otra sobre Renau. Pero en esta ocasión, en el 80 aniversario, lo hace con mayor énfasis, que en algo debe de notarse el cambio de gobierno autonómico y municipal. Buena muestra de ello es que cuenta con la colaboración de CulturArts Música y de la Concejalía de Cultura y Juventud del Ayuntamiento.

Del 7 de noviembre de 1936 al 31 de octubre de 1937, Valencia fue el centro de operaciones del Gobierno de la II República. Durante ese periodo la ciudad vivió una gran efervescencia social y cultural, y una transformación de su fisonomía que afectó tanto al callejero como a algunas fiestas populares.

Cartel de la República.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

A través de conciertos, obras de teatro, mesas redondas y una gran exposición se reviven esos once meses de cambios al filo de la navaja de la historia. El acto inaugural, el pasado 19 de octubre, en La Nau, fue la mesa redonda, “Valencia capital de la República: la música del ‘Grupo de los jóvenes’”. Una introducción al concierto que se ofreció el día siguiente con el objeto de  contextualizar la música que se interpretaba en la época. La Orquestra Filharmònica de la Universitat de València  recuperó las composiciones de aquellos años, obra de los artistas valencianos más dinámicos y relevantes del momento, al mismo nivel que sus colegas coetáneos de otros territorios.

El programa recuperaba piezas de los integrantes del llamado ‘Grupo de los jóvenes’, que, el 18 de enero de 1934, publicaron un manifiesto en el diario La Correspondencia de Valencia. Estaba integrado por: Ricardo Olmos, Vicent Garcés, Luis Sánchez Fernández, Vicent Asencio y Emilio Valdés. El concierto incluyó piezas del maestro Manuel Palau y de Matilde Salvador, una de las pocas mujeres compositoras de aquel periodo, vinculada al ‘Grupo de los jóvenes’,  discípula y esposa de Vicent Asencio.

Documento. Imagen cortesía de La Nau.

Documento periodístico. Imagen cortesía de La Nau.

Imágenes y documentos

‘Todo está por hacer. Valencia capital de la República (1936-1937)’ es el título de la exposición que se inaugura el próximo 7 de noviembre en La Nau y que acercará al público a la Valencia convulsa en tiempos de guerra. Reúne objetos originales como carteles, folletos, artículos de prensa y documentos, así como imágenes reproducidas de archivos públicos y privados. Coincidiendo con  su inauguración, la Capella de la Sapiència de La Nau acogerá un concierto dedicado al ‘Grupo de los jóvenes’, a cargo de la soprano Marta Estal Vera y del pianista Javier Caballero Ros.

Escena Erasmus

Por otra parte, durante el mes de diciembre, el teatro  se sumará a este aniversario con el estreno de una obra, ‘La guerra civil europea’, interpretada por 22 jóvenes actores y actrices de Escena Erasmus y dirigida por Antoni Tordera. La obra reflejará la labor de los brigadistas y enfermeras en la retaguardia conectando los problemas del pasado con los que sufre hoy día Europa. Se representará del 12 al 16 de diciembre en la sala Matilde Salvador de La Nau, que también acogerá dos montajes más. En febrero se representarán:  La carta (1931-1941), de Emili Chaqués, interpretada por L’Últim Toc Teatre y Malatesta Teatre, y dirigida por Moreno y Amparo Pedregal. También Prohibida la reproducción, de José Ricardo Morales, dirigida por Inma Garín e interpretada por el Aula de Teatre de la Universitat.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

Bel Carrasco

Cultura desde la guerra

La UNESCO crea un grupo de expertos en conservación del patrimonio cultural
Acuerdo firmado el 16 de febrero de 2016

En 1945 leíamos el horror desde las voces de los supervivientes y, tras una lección mal aprendida, lo hacemos de nuevo a través de las imágenes y testimonios de los refugiados que huyen de la guerra. Theodor Adorno afirmaba entonces que «escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie», pero actualmente mientras se suceden los viajes sin destino, los muros y el drama humano, el arte continua aportando un extraño sentido. Desde la UNESCO esta cuestión despierta, una vez más, la voluntad por conservar el patrimonio en las zonas de conflicto como símbolo de la cultura y la identidad, para establecer quizás un lenguaje común por encima del caos.

Por esta razón, hace unos meses conocíamos la noticia sobre la creación de una fuerza operativa que actuará en casos de «emergencias culturales» (y cito textualmente la curiosa expresión). El 16 de febrero, Irina Bokova (Directora General de la UNESCO) y Paolo Gentiloni (ministro italiano de Relaciones Exteriores) firmaban el acuerdo para establecer un grupo especial de expertos en conservación, con el fin de poder desplegarlos en lugares cuyo patrimonio cultural esté en peligro de destrucción o de saqueo. De esta forma, la estrategia se incluiría en las acciones humanitarias y de paz, como elemento para promocionar la diversidad y la cohesión social.

Palmira Decumanus.

Imagen de Palmira Decumanus.

Sin embargo, esta respuesta no es nueva y contamos con antecedentes cercanos que indican el destacado papel de la Guerra Civil Española en los primeros pasos de los estudios técnicos para la protección del patrimonio. En ese contexto, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes ofreció custodia oficial a todos los bienes integrantes del patrimonio histórico y artístico de la época. Las primeras medidas de protección puestas en práctica por los arquitectos conservadores de los edificios públicos, bajo la dirección de Josep Renau, se realizan según los principios técnicos establecidos por la Office International des Musées (OIM), organismo creado en 1926 por Naciones Unidas con el objetivo de promover la cooperación internacional de los museos. La segunda de las reuniones de la OIM, la conferencia de Atenas celebrada en 1931, estuvo dedicada a la preservación de momumentos y constituyó un hito en la historia de la conservación. De ese encuentro nacía la Carta de Atenas, primer documento internacional sobre criterios de restauración y políticas de protección, que sería la base de muchas legislaciones europeas sobre patrimonio.

Cinco años después, los centros de cultura oficiales españoles eran bombardeados (Museo del Prado, Museo Arqueológico Nacional, Academia de Bellas Artes de San Fernando o Biblioteca Nacional, entre otros). Las acciones realizadas entonces consistieron básicamente en el traslado de las obras a los sótanos de los museos y edificios públicos, en la protección de objetos de grandes dimensiones mediante sacos de tierra apilados y puntales, así como en el refuerzo de los servicios de vigilancia y contraincendios (el traslado de las obras a Valencia merecería otro artículo).

Imagen de Aleppo.

Imagen de Aleppo.

Actualmente sabemos que la influencia que tuvo la experiencia española en la orientación para el proyecto de la OIM y en las recomendaciones técnicas fue decisiva y, como resultado, en 1939 se publicaría el manual La Protection des Monuments et Oeuvres d’Arte en Temps de Guerra. A pesar de la suspensión de actividad de la Oficina Internacional de los Musos durante la ocupación nazi de París y el cierre definitivo en 1946, su labor tendrá importante repercusión en la Convención de la Haya de 1954. En este marco, la aprobación de la Convención para la Protección de Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado, fue el primer tratado internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, centrado exclusivamente en esa función.

Si en aquellos momentos el comité de expertos lo formaban juristas, militares y museólogos, en esta ocasión, los llamados cascos azules de la cultura estarán integrados por profesionales en patrimonio cultural y miembros de la policía italiana, Carabinieri, especializados en la lucha contra el tráfico ilegal de bienes culturales. El objetivo de la llamada Operación Unite4Heritage (unidos por el patrimonio), consistirá en activar el despliegue cuando lo solicite un Estado miembro de la ONU que sufra un conflicto y que pueda afectar a su patrimonio histórico y cultural. Esta fuerza especial trabajará para conservar y restaurar las obras dañadas, y contarán con un centro de formación en Turín.

Templo Baal Palmira.

Templo Baal Palmira.

La propuesta italiana para activar el trabajo de la UNESCO viene provocada tras la reciente destrucción de los vestigios arqueológicos en Irak y Siria, y la trágica devastación de la ciudad de Palmira. Sin embargo, mientras se consolidaba este proyecto en la 38ª Conferencia General, alcanzando su aprobación por 53 países, la vida en las regiones asediadas continuaba su curso. Desde ese día a día, algunos artistas han desarrollado acciones de recuerdo o de salvaguarda sobre al patrimonio local.

Destaca por un lado el grupo de artistas refugiados en Jordania que reproducen miniaturas de monumentos históricos que la guerra en Siria ha reducido a polvo (rincones de la antigua ciudad de Palmira, el puente colgante de Deir ez-Zor, la Ciudadela de Alepo, o la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco). Por otra parte, la voluntad de supervivencia en un entorno de desesperación provocó que el escultor Assem Al Bacha enterrara gran parte de sus esculturas en un lugar del desierto sirio durante la noche. El artista, que en la actualidad reside en Granada, ocultó sus obras antes de dejar su país, con la esperanza de protegerlas de los bombardeos y recuperarlas al volver. Pudimos ver su exposición de Casa Árabe en 2013, donde sólo mostró las piezas que cabían en unas maletas.

La destrucción deliberada del patrimonio cultural puede considerarse un crimen de guerra (en virtud del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional) y, desde este alcance, la protección de los monumentos y de la producción artística es un factor más, generador de paz. Por lo tanto, las leyes quedan establecidas y la coordinación de acciones diplomáticas también, pero el núcleo parece un tanto absurdo cuando dependerá únicamente de la decisión de un combate. El presidente de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual resumía esta idea en la siguiente frase, pronunciada en 1932: «Si se tiene la suficiente sensatez para respetar los monumentos y las obras de arte, sería mejor comenzar por tener la sensatez de no hacer la guerra».

Palmira.

Ciudad de Palmira.

Maite Ibáñez

La explícita intrahistoria del cartel taurino

Feria de Fallas 2016
Plaza de Toros de Valencia
Xátiva 28, Valencia
Del 11 al 20 de marzo de 2016

Atesorar más de dos siglos y medio de una trayectoria por la que han transitado y se han visto implicados diversos oficios, razones estéticas, perfiles artísticos y el desarrollo de un sector de la industria, permite volcar, cuando menos, una mirada analítica tras la que obtener un fragmento del devenir histórico. Alguna de las extremidades o aditamentos del cartel taurino nos brindan un mapa –exquisito, en ocasiones- del acontecer político, económico y social, henchido de instrumentos con los que descifrar usos y costumbres, preceptos, comedidos giros copernicanos de la tecnología, acontecimientos singulares, episodios de relevancia y magnitud, sucesos luctuosos y la explícita composición de una Fiesta cuya idiosincrasia va adquiriendo tintes arquetípicos anexos a una columna vertebral definida, fruto del transcurso de las sucesivas generaciones.

Desde que en septiembre de 1737 se anunciase la celebración de una corrida de toros en la plaza del Soto de Luzón (Madrid), “para convertir su producto en alivio de los pobres enfermos de los Reales Hospitales”, la apariencia y evolución de la cartelería transita de la mano de cuantas transformaciones decisivas dibujan el horizonte del país. Se convierte en un fenómeno ineludible de comunicación visual que nos permite conocer advertencias y preceptos, reglamentación, prelación de ganaderías, distintas modalidades de espectáculo, alternativas y figuras.

Cartel de Cecilio Plá anunciando la "gran corrida de toros de muerte" en la nueva plaza de toros de Barcelona (1902). Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Cecilio Plá anunciando la «gran corrida de toros de muerte» en la nueva plaza de toros de Barcelona (1902). Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Durante el siglo XVIII y hasta 1840, el cartel taurino se caracteriza por un encabezamiento estricto que reporta el protagonismo a la figura del Rey o de la Reina, quienes autorizan y disponen la celebración del festejo. Una corrida en Madrid en honor de la Constitución de 1837, tras la regencia de María Cristina de Borbón y la Primera Guerra Carlista, suprime estos determinismos estéticos y permite gestar un proceso de innovación progresivo que no cesa hasta la década de los años treinta del siglo XX.

“En honor a…”, “A beneficio de…”, “Destinado para…”,  suelen ser exordios o encabezamientos habituales, acompañados de curiosas orlas y viñetas –grabadas en madera hasta el último cuarto del siglo XIX- surgidas en provincias y ulteriormente difundidas por Madrid y Sevilla. Desde 1850 en adelante comienzan a introducirse imágenes con motivos de escenas específicas de la plaza, como barrera y tablas, suerte de varas, banderillas, etc.

Coincidiendo con la pérdida de protagonismo del toreo de origen caballeresco y nobiliario en beneficio del toreo de a pie –de raíces plebeyas-, los rudimentos técnicos para la composición de los carteles se transforma, dando paso a la litografía, la cromolitografía y el fotograbado, siendo acogidos como una revolución decisiva en el oficio. Hasta tal punto suponen un punto de inflexión, que brotan diversas imprentas especializadas –de entre las que debe destacarse sobremanera la valenciana José Ortega, a partir de 1871- fruto de un nuevo horizonte de necesidades económicas. Es entonces cuando los artistas a quienes se encargan los motivos estéticos manuscriben sus primeras rúbricas; Marcelino de Unceta, Daniel Perea y Emilio Porset se erigen en referentes ineludibles.

Cartel de Roberto Domingo anunciando la "Gran corrida extraordinaria" en estío valenciano de 1925. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Roberto Domingo anunciando la «Gran corrida extraordinaria» en estío valenciano de 1925. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Tras una longeva etapa de influencias negras de Goya o pintoresquismos becquerianos, con un predominio de la silueta y los colores netos, así como un folclorismo regional, con un punto de vista burgués de lo pintoresco alentado por la Restauración, asistimos a una generación de “luminismo” y “modernismo” radicalmente emparentado con los artistas que pueblan el Mediterráneo, determinados por la Escuela Valenciana de Sorolla o Muñoz Degrain. Destacan los valencianos Cecilio Plá (1860-1934) –colaborador habitual de la revista ‘Blanco y Negro’ y del Circulo de Bellas Artes de Madrid-, José Mongrell y Torrent (1870-1937) y Genaro Palau (1868-1933). Sobresalen por un academicismo y naturalismo nutrido de policromías que permite concluir un influjo heterodoxo del impresionismo.

Una modernización industrial tardía exhorta a emplear en el cartel estampas vinculadas con el ferrocarril, los automóviles y grandes transatlánticos. El desarrollo de técnicas inéditas, facilitadas por el cinematógrafo y la fotografía, polariza el uso de la cartelería como publicidad personal, democratizándose el usufructo de la imagen, en pos de caballistas, banderilleros, cómicos, figuras de la canción y del cine, propiciando un tipo de cartel menos alegórico y más populista.

En pleno apogeo de las artes gráficas, encontramos un determinante cenit de expresión artística en la denominada “Edad de oro” del cartel taurino (1923-1931), en plena dictadura de Primo de Rivera y reinado de Alfonso XIII, hasta los albores de la proclamación de la Segunda República Española . Destacan de un modo sobresaliente el alicantino Carlos Ruano Llopis (1878-1950) –formado en la Real Academia de San Carlos de Valencia- y Roberto Domingo (1883-1956). Su magisterio artístico asienta las bases del cartel moderno, fijado y uniformado con claves y aditamentos que perduran hasta la actualidad.

Cartel de Martínez Ortiz para las "Corridas Generales de Bilbao" de 1934. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Martínez Ortiz para las «Corridas Generales de Bilbao» de 1934. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Mientras las corrientes artísticas van desintegrando sus lazos con estilos pretéritos, como el Art Déco, el Fauvismo o el Futurismo –con modestas incursiones en cuanto al tema que nos trata-, en España asistimos a un predominio del cubismo –ya exhausto a nivel internacional- en la publicidad, con tímidas aportaciones, sin embargo, en cuanto al cartel taurino se refiere. Se aprecia  entonces un contumaz inmovilismo que perdura hasta nuestros días, a pesar de brillantes y diversas iniciativas para promulgar una nueva regeneración estética. Citemos como ejemplos al insigne artista valenciano Josep Renau (1907-1982) –quien, en 1934, obtiene el primer premio en un concurso de cartel taurino que atesora por objetivo su renovación estilística, a través de un mayor esquematismo y sintetización-, los postmodernistas y noucentistas catalanes o los intentos de transformación de la escuela vasca y navarra, de generosa originalidad en sus diseños.

Sumidos en los primeros pasos del siglo XXI, las novísimas técnicas del diseño gráfico permiten, a la par que la comunicación, reportar un cariz de inmediatez a las labores de producción y difusión. Sin embargo, han de ser indefectiblemente los artistas –con sus propuestas- y, sobremanera, las empresas del sector quienes propicien una siguiente metamorfosis (si lo estiman necesario), alentando nuevas vías acordes con las corrientes estéticas que nos son coetáneas. La estética visual supone indefectiblemente un auxilio determinante para la comunicación y, por ende, para la transmisión del conocimiento y de la cultura taurina.

Jose Ramón Alarcón y Merche Medina

El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

IVAM, lo pequeño es grande

Sala de exposiciones de la biblioteca. Inauguración
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Jueves 5 de octubre de 2015

El IVAM se amplía. José Miguel Cortés, director del museo valenciano, no se refería al solar ubicado junto a la fachada trasera del edificio. La ampliación era de puertas adentro. Y sabedor de que la noticia podía ser objeto de menor atención, que si se hubiera tratado del agrandamiento hacia el exterior, destacó: “Cuando todo se mide por miles de metros cuadrados y espectáculo, hay pequeños actos que parecen no tener importancia pero que encierran un gran contenido simbólico”. Hablaba de la inauguración de la sala de exposiciones de la biblioteca, “un pequeño rincón oscuro” abierto para mostrar los sobresalientes fondos impresos de su colección.

Algunos de los libros expuestos en la nueva sala de la biblioteca del IVAM.

Algunos de los libros expuestos en la nueva sala de la biblioteca del IVAM.

Tan sobresalientes que Eloísa García, responsable de la biblioteca del IVAM, no dudó en calificar de “gran prestigio a nivel del Estado español” la posesión de esos más de 47.000 volúmenes de su colección. Volúmenes, entre libros, revistas y documentos, que irán viendo la luz en sucesivas exposiciones, a razón de tres por año. Con ‘Arte moderno en la España franquista’ arranca esa nueva línea abierta en la biblioteca del museo. Cortés insistió en la importancia de ese acto aparentemente pequeño: “Nace con el objetivo de impulsar el conocimiento, la investigación y la educación”.

Frente al chaparrón de lluvia que parece llevárselo todo para que después salga el sol como si no hubiera pasado nada (“algo muy valenciano”), José Miguel Cortés apeló a la “gota malaya”, al “sirimiri” que representa esa apuesta por la reflexión y el conocimiento. Conocimiento encerrado en unos libros “frágiles en su contenido, pero que son parte fundamental del museo”, subrayó el director del IVAM. Una primera selección de esos libros, revistas y documentos, en torno al arte moderno durante el franquismo, revela el potencial atesorado en la biblioteca que ahora ve la luz.

Fotografías del Grupo Afal en uno de los libros expuestos en la nueva sala de la biblioteca del IVAM.

Fotografías del Grupo Afal en uno de los libros expuestos en la nueva sala de la biblioteca del IVAM.

Irene Bonilla, conservadora del museo valenciano y comisaria de la exposición, desgranó sus contenidos. Libros, catálogos, revistas y documentos relacionados con la actividad artística de cuantos se esforzaron por esa investigación del arte contemporáneo en los duros años del franquismo. Bonilla recordó el dilema entre quienes optaron por el exilio y quienes se quedaron, a pesar de las adversas condiciones, y fraguaron algunas de las obras expuestas. Entre ellos, Vicente Aguilera Cerni, “cabeza pensante del Grupo Parpalló” (Bonilla), además de otros colectivos surgidos en la Valencia de la década de los 60.

‘Arte moderno en la España franquista’ sirve a su vez de complemento a la exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo’ que acoge el museo hasta el 3 de enero. Entre los documentos mostrados destacan las revistas Dau al Set y Arte Vivo, el cartel de la primera exposición de arte normativo español en 1960, que contó con la participación de Monjalés, Eusebio Sempere, Isidoro Balaguer o Equipo 57, y originales del propio Grupo Parpalló. El bloque ‘Citas colectivas 1951-1960’ reúne muestras impresas de la internacionalización del arte español mediante su participación en las principales bienales, como Venecia, París o Sao Paulo.

La labor arqueológica que supone la muestra de todo ese material impreso sobre el arte durante el franquismo, gracias también a los archivos de Josep Renau, Jacinta Gil y Manolo Gil, revela, según Bonilla, el grado de “aceptación del arte moderno y abstracto por parte del Gobierno” en los años 60 de la dictadura. La sala recién abierta pretende ser, en este sentido, “lugar de reflexión en torno a todos estos materiales”, concluyó Eloísa García.

Imagen de la presentación del nuevo espacio expositivo de la Biblioteca del IVAM. Cortesía del Instituto valenciano.

Imagen de la presentación del nuevo espacio expositivo de la Biblioteca del IVAM. Cortesía del Instituto valenciano.

Salva Torres

Los secretos del Cabanyal

Ruta turística por el Cabanyal
Turismo Cultural Turiart
Todos los jueves de agosto, 10 y 24 de septiembre y 8 de octubre

El barrio de El Cabanyal es uno de los escenarios más auténticos y con más historia de la ciudad de Valencia. Gracias a su idiosincrasia y diversidad cultural, su popularidad ha crecido exponencialmente en los últimos años aunque no ha estado exento de polémica. Con el objetivo de dar a conocer este barrio tan conocido y olvidado a la vez, la empresa de Turismo Cultural Turiart ha preparado una ruta a la fresca durante los meses de verano la cual se estrenó el 6 de agosto de 2015.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Durante hora y media Turiart acercará al carácter propio de este distrito de pescadores, conocido por su carácter popular, su tranquilidad y la vida de sus calles. El itinerario, el cual comienza desde la propia Estación de Renfe con el mismo nombre, abarca desde la historia y pasado del barrio hasta la problemática más reciente, conocida por todos a través de medios de comunicación y asociaciones proteccionistas del barrio.

Así mismo se recordará la presencia de valencianos ilustres como Joaquín Sorolla o Josep Renau, quienes escogieron este escenario para inspiración de sus obras. Se atravesarán calles que aún conservan la arquitectura decimonónica popular y casas que narran historias de gente humilde y sencilla a través de sus paneles cerámicos. Bajo la luz cálida de las farolas y la suave brisa marítima se conocerán los secretos de este barrio con encanto que está por reconsiderar y redescubrir.

La creación de la ruta corresponde a Turiart, empresa líder en Turismo Cultural en la Comunidad Valenciana. La ruta está dirigida tanto a valencianos como a visitantes de la ciudad y se llevará a cabo todos los jueves de agosto, el 10 y 24 de Septiembre y el 8 de Octubre de 2015. Ésta partirá a las 23.00h desde la estación de Renfe-Cabanyal.

El coste por persona es de 10 Euros aunque la empresa ofrece descuentos para grupos y familias. Se pueden consultar más detalles en www.turiart.com así como realizar solicitudes de información para grupos en exclusiva o en idioma.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

 

Oltra y Carmena ya son objeto artístico

Exposición colectiva
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de agosto

Mónica Oltra y Manuela Carmena, recién alcanzado el poder en Valencia y Madrid, ya se codean con grandes monarcas. Al menos en la galería Alba Cabrera, donde Javier Marisco las incluye en su serie de ilustres personajes bajo el título de M Onarchy. Ejerciendo el papel de los antiguos pintores de corte (Velázquez, Rubens o Goya), Marisco superpone imágenes para construir mediante dispositivo LED retratos poliédricos de reyes y reinas de once monarquías. Oltra y Carmena se cuelan entre ellas, como representantes del poder plebeyo.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Se trata de “dibujos sueltos” sobre metacrilato, realizados a partir de “imágenes de revistas” como “reflejo de personajes públicos”. Con un estilo de línea de calco y en papel cuché, Marisco superpone en una misma imagen tres generaciones dinásticas que, en el caso de España, representarían la Reina Sofía, Doña Letizia y su hija Leonor. También ilustra las líneas sucesorias de Inglaterra, Holanda, Bélgica o el “presidencialismo eterno” de Corea del Norte. “Me apetecía ponerme en la situación de aquellos pintores de la corte”. De hecho, en una de las obras aparece él mismo retratado igualmente por triplicado.

Más que una crítica a la monarquía (“aunque los dibujos sean frívolos”), a Marisco le interesaba el rastro pictórico de quien realiza su trabajo por encargo del poder, en tiempos siempre difíciles para el artista que intenta avanzar por libre. La galería Alba Cabrera acoge, además de la obra de Javier Marisco, la de otros seis artistas, cuyas obras poseen un mismo trasfondo crítico, siempre supeditado a cierta visión poética de la realidad. Como son los casos de María Albero-Maestre y CoRTarcabezas (Toño FM y Raúl Lago).

Obra de María Albero.

Obra de María Albero-Maestre en la exposición colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Bajo el título de Coordenadas de ausencia, Albero-Maestre se sirve de diferentes tejidos y de hojas que encuentra por las montañas de Biar, su pueblo natal, para hablar del dolor que provoca la pérdida de seres queridos. “La gente me dice que la obra es alegre y yo no la veo así”. Los colores otoñales, siendo amables, remiten precisamente a ese ocaso estacional de la luz que poco a poco se esconde y desaparece. Materiales orgánicos que aluden a su vez al trabajo del bordado caracterizado como femenino. “Lo hacían mujeres que para nada eran frágiles”. Esa fragilidad sin duda resistente es la que Albero-Maestre muestra en Alba Cabrera como “expresión visual de lo que no alcanza a decir las palabras”. En suma: “Apelo a la emoción”.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Toño FM afirma que lo de CoRTarcabezas, nombre con el que se presentan él y Raúl Lago, “no está planteado como algo violento”. De hecho, la utilización del infinitivo conecta, según su comisaria Ania González, “con la acción viva del lenguaje, que recorta y monta para construir diversos significados”. A la manera de Josep Renau o Martha Rossler (recién expuestos en el IVAM), CoRTarcabezas utiliza la técnica del collage para criticar aspectos denigrantes de la realidad mediantes contrastes de imágenes de gran potencia visual. “Son paradojas del mundo contemporáneo”, subraya Toño.

La exposición colectiva que hasta mediados de septiembre permanecerá en Alba Cabrera la completan los trabajos de Lourdes Fisa, Jacinto Moros, Marga García Polanco y Carmen Baena. Mónica Oltra, invitada al pase de prensa, todavía tiene tiempo de contemplar el que quizás sea su primer retrato público en el marco de una singular muestra de jóvenes artistas.

Salva Torres