Pulsión artística en tiempos de pulsión política

‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 21 de marzo de 2021
Jueves 22 de octubre de 2020

Cuando Luis Buñuel iba a estrenar en 1930 su película ‘La edad de oro’, dice que llenó sus bolsillos de piedras por si tenía que defenderse de un público intolerante, incapaz de entender su provocadora propuesta fílmica. Cuál no sería su sorpresa al comprobar el júbilo con el que fue, en cambio, recibida. Y es que el periodo que media entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, objeto de la exposición ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’, que el IVAM acoge hasta el 21 de marzo, fue un periodo tan convulso como repleto de intensas contradicciones.

Artistas, en su mayoría de clase acomodada (“gran parte de ellos tenía las espaldas cubiertas”, reconoció Juan Vicente Aliaga, comisario de la muestra), se sirvió del arte para arremeter contra una burguesía a la que ellos mismos pertenecían. Entendían que los valores inherentes a su propia clase, sin duda conservadora, debían ser puestos en cuestión, con el fin de dar rienda suelta a una pulsión tan reprimida que exigía la puesta en práctica de su total liberación. La autenticidad de sus propuestas artísticas, ya fueran mediante la pintura, el dibujo, la fotografía, el grabado, la escultura o el cine, pasaba por quitarse el corsé del orden moral imperante.

pulsión
Vista de la exposición ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’, en el IVAM.

Sucedió, en muchos casos, que para combatir esa moral necesitaron de otra, en sentido inverso, pero igualmente exigente. Una moral basada en la ejecución a rajatabla de unos postulados donde primaba la libertad sin cortapisas, la puesta en escena de una sexualidad desbocada y la ruptura violenta con aquellos lazos sociales que percibían como pura mordaza. En una sociedad que impedía la inscripción en su universo de esa fuerza reprimida, los artistas de aquellas vanguardias proclamaron su derecho a que brotara sin límites todo ese aluvión de energía.

Como apunta José Miguel Cortés, ex director del IVAM, en el catálogo que acompaña la muestra, “las décadas que trata ‘Des/Orden Moral’ fueron años de grandes esperanzas y profundas frustraciones, de increíbles avances y desastrosas derrotas”. Una época, continúa diciendo, “en la que el arte, la cultura y las ansias de libertad y goce irrumpen en la vida cotidiana con una fuerza inusitada”.

Vista de la exposición ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’. Imagen cortesía del IVAM.

En las obras de estos artistas, singularmente expuestas en el IVAM a través de siete apartados, se puede observar esa fuerza, en ocasiones desgarrada por la propia pulsión, ya sea mediante las culturas del cuerpo decantado clásicamente; el desnudo entre erótico y feroz; el deseo más o menos perverso; las diversas identidades sexuales que afloraban una vez liberadas de la moral burguesa; el sexo encadenado a ciertos abismos o más contenido pícaramente (la sicalíptica española), y, por último, la ligazón de toda esta energía artística con esa otra que dio lugar al totalitarismo en el campo político.

El vitalismo de Nietzsche, al que alude Aliaga en su texto del catálogo, para referirse a la dualidad apolíneo/dionisíaca circunscrita al fervor por el cuerpo atlético, no deja de ser otra pista sobre la que pivota la pulsión sexual que atraviesa el conjunto expositivo. De hecho, lo dionisíaco termina prevaleciendo como fuerza primordial de la muestra ‘Des/Orden Moral’, en tanto conjuga la fuerza, la desmesura, la embriaguez y la violencia, con la destrucción, sin duda vinculada con lo siniestro de los extremos bélicos que vienen a enmarcar el periodo de entreguerras.

Vista de la exposición ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’, en el IVAM.

El escritor Stefan Zweig, igualmente referido en la exposición, aludió al Berlín de aquellos años como “la Babel del mundo”, subrayando la aparición de los locales de diversión que entonces “crecían como setas” y donde se podía ver a “importantes financieros cortejando sin ningún recato a marineros borrachos”. “Una especie de locura se apoderó precisamente de los círculos burgueses cuyo orden había sido inamovible hasta ese momento”, añade Zweig.

El amor loco, tan querido por los surrealistas, igualmente mencionados en el discurso expositivo, aparece como emblema, en cierta forma, de las diversas obras contenidas en el IVAM. Desde Otto Dix, pasando por Francis Picabia, George Grosz, Man Ray, Claude Cahun, Tamara de Lempicka, Eugène Fredrik Jansson, Jeanne Mammen, Gregorio Prieto, Salvador Dalí o Federico García Lorca, todos ellos decantan en su obra la pulsión sexual, con más o menos destilados. Pulsión, que no deseo, por cuanto el goce desbocado que anidaba en sus propuestas encuentra dificultades para alcanzar el sentido.

Nuria Enguita y Juan Vicente Aliaga, en la presentación de la muestra ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’. Imagen cortesía del IVAM.

“Copulé con Duncan de nuevo esta tarde y en este momento él está en Cambridge copulando con Keynes. No sé si soy feliz o infeliz”, proclama el escritor inglés Lytton Strachey, en una de las citas que figuran en el recorrido expositivo.

Ya sea en el contexto del Círculo de Bloomsbury inglés, en el Berlín de la Alemania que empezaba a mostrar su faz totalitaria, o en el París de la gauche divine donde germina ese amor fou, lo cierto es que en todos ellos, incluida la España libertaria previa al franquismo, se daba ese cruce paradójico entre ruptura del orden burgués establecido y la emergencia, por entre las grietas abiertas de esa subversión, de ese otro orden férreo del fascismo en sus diversas variantes.

‘Des/Orden Moral’ es una exposición que, desplegada en siete capítulos, con más de 200 piezas de unos 50 artistas, da cuenta de esa pulsión artística de entreguerras, unas veces mostrando sin ambages los espacios a los que da lugar cierta libertad soñada, y, en otras, manifestando la desazón que provoca la propia pulsión transformada en siniestra energía política. Una exposición “actual, a pesar de ser histórica”, como bien apuntó Nuria Enguita, que se estrenaba como directora del IVAM con esta muestra. La actualidad de un tiempo igualmente convulso, al que le conviene tomar buena nota de ese pasado habitado por una pulsión loca.

Vista de la exposición ‘Des/Orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras’, en el IVAM.

Salva Torres

Nuria Enguita quiere extraer el potencial utópico del IVAM

Presentación de Nuria Enguita como directora del IVAM
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Jueves 24 de septiembre de 2020

Decía María Zambrano que las utopías nacen solamente “dentro de aquellas culturas donde se encuentra claramente diseñada una edad feliz que desapareció”. Nuria Enguita se ha presentado como nueva directora del IVAM, sucediendo en el cargo a José Miguel Cortés, apelando al “potencial utópico” que el museo valenciano tuvo en su nacimiento, con el fin de recuperarlo: “Eso es lo que me anima”, dijo. Aquella edad feliz del IVAM de los 80 (“entonces fue más fácil”, subrayó), que propicia todo nacimiento, por aquello de llevar en su germen la ilusión de todo lo que está por hacer, parece congruente con los deseos implícitos en todo recién llegado.

Nuria Enguita, sin embargo, fue combinando, durante la presentación de su proyecto para el IVAM de los próximos cinco años, elementos propios de esa utopía que pretende potenciar (“grandes exposiciones históricas”, apostar por “mujeres de la vanguardia de las que no se han hecho exposiciones” o potenciar la web para convertirla “en un espacio virtual del museo abierto al mundo”), con otros más cercanos, igualmente soñados y puestos en práctica por Cortés: como son el trabajo con los fondos de la colección del IVAM, la apertura del museo a la sociedad, la vertebración territorial, la colaboración público privada o la internacionalización del museo, líneas de actuación ya promovidas por su antecesor.

Vicent Marzà y Nuria Enguita, durante la presentación de ésta como nueva directora del IVAM. Imagen cortesía del instituto valenciano.

De manera que la utopía que quiere potenciar Enguita se halla trufada de anhelos pasados, que ella quiere poner al día, de forma que el IVAM avance hacia terrenos inexplorados, dado el contexto diferente del que se parte, con otros presentes en la edad feliz igualmente tramada por Cortés, al querer desprenderse de la nefanda etapa de Consuelo Císcar.

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, sentenció Arquímedes. Enguita lo tiene, en su ánimo utópico y en el hecho de que Vicent Marzà, conseller de Cultura, declaró su apoyo incondicional hacia quien había ganado el concurso público para suceder a Cortés, tras el “rigor y el trabajo de los integrantes de la comisión de valoración” para su elección como directora del IVAM.

Marzà también apeló a la “independencia” que caracteriza “a esta institución de primer orden cultural”, afirmando que velará por ella “para continuar profundizando en los diferentes ejes que anclan al IVAM con su entorno inmediato y lo resitúan en el mapa en el ámbito internacional”.

Quiso olvidar, así, las muestras de contrariedad que formularon tanto la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo (ADACE), el Consejo Asesor del IVAM, que dimitió en bloque, y buena parte del Consejo Rector (hasta ocho vocales), por entender, en unos casos, que se había incumplido el Código de Buenas Prácticas y se había faltado al respeto de dicho Consejo Rector al no haber respetado sus competencias, y, en otros, por entender a su vez que se había “perdido una oportunidad para llevar a cabo un proceso dialogado y participativo que hubiera ofrecido a la sociedad una visión más transparente y consensuada de la toma de decisiones”.

Nuria Enguita
Nuria Enguita, en el exterior del IVAM, poco después de ser presentada como nueva directora del instituto valenciano. Imagen cortesía del IVAM.

Nuria Enguita prefirió mirar, lógicamente, hacia adelante, en lugar de hurgar en ese reciente y polémico pasado: “Yo estoy presentando mi proyecto. No voy a hablar del pasado. Se ha valorado mi proyecto y no tengo nada más que decir”. Marzà guardó igualmente silencio, al igual que hizo con el desvelamiento de la subsede que tendrá el IVAM en Valencia, que dijo se anunciará en breve y a su debido tiempo, aunque sí dejara algunas pistas: que sería un “espacio diferente”, con otra forma arquitectónica, de unos 800 m2 y que estaría “en otro lugar” ajeno al barrio del Carmen, para que se puedan buscar otro tipo de relaciones.

Enguita siguió desvelando su proyecto como directora del IVAM, a falta de conocer ella misma esa subsede, poniendo el énfasis en su interés por promover muestras históricas, a partir de la colección del IVAM que, subrayó, “tiene un siglo”, al tiempo que pretendía consolidar la internacionalización y vertebración territorial del instituto valenciano, entendiendo ambas cosas como la “sístole y diástole” del corazón museístico. También dijo que persistiría en potenciar las muestras en torno al Mediterráneo, que Cortés impulsó, si bien precisó que trataría de “ampliar ese contexto”.

Vicent Marzà y Nuria Enguita, durante la presentación de ésta como nueva directora del IVAM. Imagen cortesía del instituto valenciano.

La pandemia a causa del coronavirus salió igualmente a relucir, destacando Enguita su firme propósito de “fortalecer” la relación del museo con la sociedad: “Debemos hacer que sea más poroso, para dejar que el conocimiento que está fuera entre dentro y viceversa”. También aludió a la necesidad de “trabajar más que nunca en programas presenciales y virtuales”.

Planteó más líneas de actuación, muchas de ellas en la línea propositiva de Cortés, que ya abrió la colección del IVAM como fuente de investigación para futuras exposiciones, así como el despliegue de un trabajo para que el museo valenciano esté integrado en el circuito internacional, mediante colaboraciones con otros espacios relevantes fuera de nuestras fronteras. “Hay que internacionalizar el IVAM. Se ha hecho y hay que seguir haciéndolo”, resaltó Enguita, en el primer día de la utopía que pretende potenciar durante el próximo lustro. ¿Para qué sirve la utopía?, se preguntaba Eduardo Galeano, si a cada paso que das, ella se aleja otro. “Sirve para caminar”, concluía. Nuria Enguita ya está en camino.

Nuria Enguita, en el hall del IVAM, tras ser presentada como nueva director del instituto valenciano. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

La misión expansiva de Sandra Guimarães

Presentación de Sandra Guimarães como nueva directora de Bombas Gens
Fundació Per Amor a l’Art
Avda. de Burjassot, 54, València
Sábado 19 de septiembre de 2020

“Hace un año, Nuria [Enguita] nos dijo que dejaría Bombas Gens para ampliar su carrera de manera independiente”, aseguró Vicent Todolí, director del Área de Arte de la Fundació Per Amor a l’Art, antes de presentar a Sandra Guimarães, nueva responsable del centro de arte. Justo hace ahora, también, prácticamente un año, comenzaron las desavenencias entre José Miguel Cortés, director del IVAM, y la Conselleria de Cultura que dirige Vicent Marzà, a causa del prolongado silencio sobre la renovación del contrato de Cortés, que ha terminado por apartarle del cargo, tras la convocatoria de un concurso público que ha ganado precisamente Nuria Enguita.

Un año ajetreado que ha provocado este movimiento en los cargos de dirección del IVAM y de Bombas Gens, dos instituciones próximas, una pública y la otra privada, que ahora parecen más afines que nunca. Afinidad que puede venir bien a los propósitos de la entidad cuya vicepresidenta es Susana Lloret. “La Fundació Per Amor a l’Art es un proyecto vivo”, aseveró. Tan vivo que tiene un doble propósito: “Consolidar lo esencial y abrirnos a nuevos horizontes”. Entre esos nuevos horizontes figuran las relaciones con otras instituciones del ámbito local, entre ellas, claro está, el propio IVAM, estatal e internacional, labor para la que ha sido contratada Guimarães.

De izda a dcha, Vicent Todolí, Susana Lloret y Sandra Guimarães. Imagen cortesía de Bombas Gens.

“Es un inmenso privilegio aceptar esta misión”, apuntó la nueva directora de Bombas Gens, durante su presentación. Esa palabra, “misión”, estuvo en boca de todos: Lloret, Todolí y la propia Guimarães, aceptando gustosa el guante que le lanzaban. “En esta segunda etapa, me gustaría que Bombas Gens fuera un lugar de visita obligada para el público de cualquier parte del mundo”, resaltó Lloret. “Queremos que sea un centro de arte cosmopolita”, añadió, calificando, en este sentido, a Sandra Guimarães como “ciudadana del mundo con amplitud de miras”.

Nuria Enguita, cuando el centro de arte celebró su primer aniversario, ya utilizó cierta piedra a modo de metáfora de ese espíritu expansivo ligado a la misión de la nueva directora: “Hay que tirar la piedra más fuerte, para que la onda vaya creciendo y llegando más lejos”, proclamó entonces Enguita. Un año después, al parecer, ya estaba pensando en que esa piedra la siguiera lanzando quien viniera a sustituirla. Lloret trasladó a Guimarães “el reto de llevar a Bombas Gens más allá, ampliando horizontes”, de manera que el centro se convierta en el “más visitado, más vivo y más cosmopolita todavía”.

Vicent Todolí, que ha formado parte del jurado de expertos que ha considerado a Enguita como la mejor opción para dirigir el IVAM, de las dos únicas propuestas presentadas a concurso, recalcó esa necesidad del centro de arte de hacerse visible más allá de las paredes de su propia ubicación en el barrio de Marxalenes. “Queremos unas exposiciones itinerantes”, siendo ésta una de las líneas que Bombas Gens pretende “extender por toda España”, remarcó Todolí. “Si Mahoma no va a la montaña, que la montaña vaya a Mahoma”, añadió de forma ilustrativa.

Sandra Guimarães
Sandra Guimarães, directora de Bombas Gens. Foto: MAKMA.

Sandra Guimarães, como explicó el director del Área de Arte de la Fundació Per Amor a l’Art, inició su trayectoria realizando prácticas en Serralves, cuando él era director de ese museo. Después ha ido pasando por diferentes instituciones, como el Remai Modern de Canadá, hasta irse granjeando un brillante currículum en el mundo de las artes visuales. En agosto de 2017 ya estuvo en Valencia visitando la colección que ahora tratará de “explotar”, en aras de esa ambición por ir más allá del horizonte local. “La colección puede ser investigada de formas creativas”, destacó, quien también se pone como meta “posibilitar la ejecución de proyectos ambiciosos”.

Para esa ejecución tendrá que esperar un poco, al menos desde el punto de vista de la impresión de su sello personal, por cuanto Todolí avanzó que las programaciones “se suelen concebir con dos años de antelación”. “Sandra se concentrará en la programación de después”, apostilló. La idea de la nueva directora es seguir promoviendo “un museo que sea inclusivo, centrado en el artista, activo y que desarrolle la investigación a varios niveles”.

Guimarães insistió en la necesidad planteada por Lloret y Todolí de dar a conocer Bombas Gens “en España y en el extranjero”, y “colaborar con instituciones de aquí y de fuera”, al tiempo que proclamaba la importancia de los museos (“hay que demostrar por qué son necesarios”) en un momento como el que se está viviendo, de incertidumbre por el coronavirus. Y, de nuevo, la misión, cada vez más destacada, “de llevar la institución al siguiente capítulo de su historia”. A escasos metros, su antecesora en el cargo, Nuria Enguita, también prepara su presentación como nueva directora del IVAM. La sombra de Vicent Todolí es alargada.

Sandra Guimarães, en Bombas Gens como nueva directora. Imagen cortesía de Bombas Gens.

Salva Torres

El IVAM Produce, a la espera de Nuria Enguita

‘IVAM Produce’
Llorenç Barber, Pilar Beltrán, Álex Marco, Xisco Mensua y Mau Monleón
IVAM
Guillem de Castro 118, València
Miércoles 16 de septiembre de 2020

Mala suerte, o no, lo cierto es que José Miguel Cortés no pudo estar en la presentación de su última exposición en Valencia como director del museo que ha dirigido durante los últimos seis años. Del proyecto ‘IVAM Produce’ se hizo cargo la secretaria autonómica de Cultura, Raquel Tamarit, que dio la enhorabuena a Nuria Enguita (“méritos tiene de sobra”, dijo) como nueva directora del IVAM a partir del 23 de septiembre.

Enguita, que tan solo tuvo un competidor en el precipitado concurso para acceder al cargo (“no ha sido una cuestión precipitada”, objetó Tamarit), sustituirá a Cortés, una vez elegida por una comisión de expertos entre los que estaba Vicent Todolí, director artístico de Bombas Gens Centre d’Art, el centro que hasta la fecha ha dirigido la propia Enguita.

IVAM
Llorenç Barber, en las escaleras, durante la presentación de su proyecto ‘Músicas desconfinadas’. Imagen cortesía del IVAM.

“El concurso se ha hecho con todas las garantías del mundo, con una comisión de gente experta absolutamente mayoritaria, en el que la Administración tenía un 25% del total”, subrayó Tamarit, añadiendo que desde la Conselleria de Cultura de iba a trabajar “codo con codo” junto a la nueva directora. Tamarit insistió, pese a las declaraciones de una parte del Consejo Rector del IVAM que calificó de apresurado todo el asunto de la convocatoria del concurso, que se hizo público en el momento oportuno, “porque nadie éramos conocedores de que finalmente esa imposibilidad [la de renovar el contrato de Cortés] existía”.

De la futura subsede para la ampliación del IVAM, Tamarit se limitó a decir que “estará ubicada en València” y que “tendrá a partir de 600 m2”. Sobre los rumores de que pudiera estar esa subsede en las Naves de Ribes, la secretaria autonómica de Cultura optó por el aplazamiento de la respuesta, porque no le gustaba vender el pescado antes de tenerlo.

Todo eso sucedía después de que Llorenç Barber proclamara el “éxito asegurado” de su instalación al “empezar con campanas”, sonido que forma parte de su proyecto ‘Músicas desconfinadas’, uno de los cinco presentados dentro de la línea ‘IVAM Produce’: los otros corresponden a Xisco Mensua, Patricia Beltrán, Álex Marco y Mau Monleón.

El de Barber, realizado junto a Montserrat Palacios, se ubica en el primer tramo de la escalera principal del museo. Un sonido de campanas se activa, mientras se suceden las pisadas de ascenso por las escaleras. “El azar controlado por los algoritmos”, explicó Barber, que volvió a reivindicar la presencia del arte sonoro en las instituciones públicas: “No necesitamos héroes, sino instituciones que apuesten por el arte sonoro, que es el arte de nuestros días”.

Pilar Beltrán, durante la presentación de su proyecto del ‘IVAM Produce’. Foto: Makma.

Tras esa primera reivindicación, se sucedieron otras dos de corte más social, esta vez por parte de Beltrán y Monleón. La primera se centró en el derecho al agua que tenemos todos los ciudadanos del mundo: “El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna”, lo cual ha sido el germen de su instalación ‘Proyecto Agua’.

Proyecto que se compone de una serie de cianotipias, mostrando hasta 60 recipientes de plástico (botellas, garrafas, cubos y vasos) que, por 10 litros en cada uno, dan la idea de los 600 litros de agua evocadores de una necesidad que, en muchos puntos del planeta, se hurta a la población. Por ejemplo, la desplazada en Idlib (Siria), a la que se pretende destinar una aportación económica, tras el canje de las imágenes tomadas por la gente en un proyecto que se quiere interactivo.

Monleón sigue esta línea de “arte comprometido” mediante su proyecto ‘Portal de igualdad’, en este caso instalado en el Pati Obert del IVAM o jardín de esculturas. Su pieza se enmarca dentro de la Campaña por la Igualdad entre Mujeres y Hombres en el Museo, que reclama la inclusión de las artistas en las webs de los espacios museísticos. Un cartel con letras blancas (‘Espai per a dones. ¡Si tu vols!’) sobre fondo rojo, clama al cielo por esa llamada de atención.

Álex Marco, junto a su proyecto del ‘IVAM Produce’. Imagen cortesía del IVAM.

Más puramente artísticos son los proyectos de Mensua y Marco. El primero, pintando “a la manera de los copistas medievales”, resaltó el propio artista, reproduce cubiertas de una serie de libros seleccionados en la biblioteca de arte contemporáneo de un amigo. ’48 publicaciones’, tal es el título de su proyecto, se ubica en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca del IVAM, donde Mensua exhibe sus pinturas y dibujos de amanuense como parte de un proceso creativo que le lleva a los años 60 y al eco de los artistas Fluxus.

Álex Marco, tirando de ese hilo ‘fluxus’ con reminiscencias dadaístas, huye como estos del arte serio o, al menos, férreamente encorsetado por la conciencia más racionalista, dejándose llevar por los trazos infantiles descubiertos en el suelo del jardín trasero del IVAM. ‘Lo que pasa en el parque, se queda en el parque’, proyecto ubicado en el hall de entrada del IVAMLab, se nutre de las “intervenciones y dibujos de los niños, muy prolíficas, por cierto”, explicó el artista, que dijo haber hecho un “inventario de sus grafismos”, al modo de una “especie de abecedario”.

A base de esmaltes sintéticos, ceras de colores, tizas, rotuladores e incluso chicles, Marco traza en el suelo el mapa gestual de toda esa inventiva infantil, siguiendo de esta forma la máxima de Picasso: “Todos los niños nacen artistas, lo difícil es seguir siendo un artista cuando crecemos”. 

 

Los artistas del ‘IVAM Produce’, junto a Raquel Tamarit, con camiseta verde. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres   

El plátano monstruoso y durmiente de Artur Heras

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras
Fachada del IVAM
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 21 de marzo de 2021
Sábado 12 de septiembre d 2020

Artur Heras, en lugar de despertarse una mañana, “tras un sueño intranquilo”, convertido “en un monstruoso insecto”, vio la figura de un gran plátano sobre una enorme cama. ‘La metamorfosis’ de Kafka, a la que alude el propio artista como germen de su obra ‘Plàtan-siesta’ (1970), sufre de esta forma otra metamorfosis menos siniestra y más lúdica, al estar a su vez influenciada por ‘El hijo del hombre’ de Magritte, donde el autor belga pinta a un sujeto cuyo rostro está oculto tras una manzana. Del insecto, producto de una pesadilla, a la verde manzana, fruto de un sueño menos oscuro, pasamos al plátano que, desde este pasado viernes, ocupa la fachada del IVAM.

El gran plátano amarillo descansa sobre una enorme cama, en tanto lecho que tan pronto sirve como tálamo nupcial, que se convierte en nicho mortuorio. “La cama es el elemento doméstico más onírico que hay. Uno nace y muere ahí”, apuntó el artista, manifestando que el lienzo ‘Plàtan-siesta’ reaparecía, 50 años después, “versionando el espacio interior como iniciaron Kafka y Magritte”. Un espacio interior sin duda inquietante, que se nutre de las peores pesadillas y de los más edificantes sueños.

Artur Heras
Artur Heras, junto a su obra ‘Plàtan-siesta’, en la fachada del IVAM.

“Dicen que mi obra tiene un aspecto irónico, lo cual pienso que es importante tanto en las relaciones humanas como en las plásticas, siempre que esa ironía no sea burda”, explicó Heras. Ironía que, al modo surrealista de raigambre kafkiana o, con perdón, magrittiana, traza el magnético poder de la obra de Artur Heras. Diríase, como creía firmemente el novelista Patrick Modiano con respecto a ese surrealismo, que incluso las cosas que nos parecen más banales “contienen un misterio que, si uno las mira fijamente, acaba por desvelarse, como si todo tuviera una especie de subrealidad. Hay misterio en todo”.

Artur Heras, sabedor de que ese misterio constituye la esencia del acto creativo, seguramente vio en ese plátano de 1970, una mañana que se despertó somnoliento, la dimensión onírica que trasladó al lienzo y que ahora, 50 años después, ha ido agrandándose hasta alcanzar esa otra dimensión que acapara la fachada del IVAM: una obra de 9×9 metros. Obra, paradójicamente, tapada parcialmente desde la carretera por unos plataneros, estos sí a tamaño natural, a modo de contrapunto entre la naturaleza exterior y la naturaleza interior propiamente del artista arrebatado por las musas.

Artur Heras y José Miguel Cortés, bajo la obra ‘Plàtan-siesta’. Imagen cortesía del IVAM.

Si a todo esto le añadimos el hecho, subrayado por Artur Heras, de que se trata de una pintura, “en una época en la que la pintura no es primera dama”, entonces el fuera de lugar de la intervención queda completado. Fuera del lugar común, cotidiano, con el que percibimos la realidad, para adentrarnos en ese mundo onírico de ‘Plàtan-siesta’ que ocupa, si aceptamos la media de ocho horas diarias de sueño, un tercio nada despreciable de nuestras vidas.

Heras, haciendo caso a André Breton cuando se dirigió a su querida imaginación (“lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas”), no ha dejado a lo largo de su dilatada y brillante trayectoria de tirar de esa imaginación imperdonable, para seguir realizando una obra plástica sorprendente, así pasen los años: “Sigo siendo joven”, replicó a un periodista que quiso llevarle al año de creación de la obra allí expuesta, para anotar las muchas décadas de trabajo a sus espaldas. “Yo trabajo de forma diacrónica, volviendo sobre obras del pasado, porque la vida no tiene una línea continua, está llena de altibajos”.

‘Plàtan-siesta’ (1970), de Artur Heras.

La pandemia que viene a contextualizar su obra, destacando el aspecto más kafkiano, en un septiembre soleado, de un color tan amarillo como el plátano de un sueño más florido, también da lugar a cierta reflexión por su parte con respecto al otro elemento de la cama: “Es sinónimo de concentración humana en hospitales, acuartelamientos y similares. Habla de la memoria, de la gravedad de los cuerpos sólidos, de una materia pesada que hay que transformar en vez de olvidar”. Materia pesada como la del “duro caparazón” de la espalda de Gregorio Samsa, que vio “la figura convexa de su vientre oscuro, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha”.

De nuevo la rima literaria y plástica, puesto que la colcha de la cama que aparece en ‘Plàtan-siesta’ también sugiere las arrugas de lo que pierde consistencia. Arrugas vinculadas con esos agujeros por los que parecen colarse y desaparecer los sueños, siguiendo la propia interrogación que formula el artista, como contrapunto a ese signo de interjección incluido en la obra: “Una cabeza en exclamación, entre otros puntos formando un pequeño mapa de constelaciones”.

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras, en la fachada del IVAM.

El proyecto ideado por Artur Heras dentro de la línea IVAM Produce, con el que José Miguel Cortés, director del museo valenciano, está a punto de ceder el cargo a Nuria Enguita, su sucesora a partir del próximo día 23, sirve de contrapunto irónico al sueño culminado de quien se va y a ese otro sueño de la que empieza. El plátano, cuya piel es sin duda resbaladiza, testimonia los avatares del IVAM que Artur Heras, artista referente dentro del arte en la Comunidad Valenciana (“no se puede entender sin conocer su obra”, subrayó Cortés), ha seguido siempre desde muy cerca.

Y un último guiño. Recientemente, el artista Maurizio Cattelan vendió por 120.000 dólares la obra ‘Comedian’, que consistía en un plátano pegado a la pared con cinta adhesiva. Otro artista, David Datuna, se comió ese plátano a modo de performance con la que venía a denunciar cierta estupidez del arte contemporáneo. “Las redes sociales piden escotes, porque se consumen. Eso se difunde y lo más profundo queda silenciado”, lamentó Heras, mientras su plátano hecha una profunda siesta en la fachada del IVAM, de la que despertará el 10 de marzo de 2021.

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Karamustafa, un canto a lo kitsch y la pluralidad

Gülsün Karamustafa
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Del 29 de julio al 18 de octubre de 2020
Miércoles 29 de julio de 2020

“Yo no me considero 100% de nada”, aseguró José Miguel Cortés, director del IVAM, al tiempo que comisario de la exposición dedicada a Gülsün Karamustafa, con la que cierra en Valencia su ciclo como máximo responsable del instituto valenciano. En la que es, por el contrario, la primera muestra de la artista turca en España, Cortés puso el acento en la “hibridez” de su obra, que viene a recoger “lo mejor de cada mundo”, refiriéndose al oriente y el occidente del Estambul donde reside. De manera que, al igual que Karamustafa no se siente de ninguno de esos dos mundos en su plenitud, también Cortés se despide del IVAM dejando esa impronta de museo mediterráneo, plural y ajeno a la modernidad homogénea de la que dijo huir.

Karamustafa
Un espectador contempla la obra ‘Shrine on line’, instalación de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Para hablar del trabajo de Karamustafa, Cortés titula su texto en el catálogo “Entre dos mundos”, recalcando en todo momento esa preposición “entre” como la mejor forma de caracterizar una obra que el IVAM acoge hasta el 18 de octubre. De manera que si “pintar es recordar la oscuridad”, tal y como proclama el Premio Nobel turco Orhan Pamuk, su homóloga en el terreno de la plástica se zambulle en esa oscuridad, motivada en su caso por el encarcelamiento durante meses por oponerse a la dictadura militar de su país, para aclarar las dudas que motivan su quehacer artístico.

“Soy una contadora de historias. Cuando un tema me atrae, para entenderlo y captar bien su esencia lo abordo, en un primer momento, desde un ángulo muy amplio”, dice la artista en una cita recogida en la exposición, entresacada de su entrevista con Frida Sandström, que continúa así: “Puede ser algo relacionado con mi vida diaria, un fragmento de la historia o de mi memoria”. A veces, incluso, le gusta ponerse “a prueba con relatos de otros lugares y conectarlos con los míos”. Todo ello, volviendo a lo expuesto por Cortés, con la finalidad de atrapar lo que ocurre entre esos dos mundos, recogiendo lo mejor de cada lado.

Visión parcial de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Su visión, por tanto, no es nada oscura, aunque su creatividad transite por esas zonas sombrías a las que Pamuk alude, sino altamente colorista, rayando en ocasiones el kitsch del que se nutre para que emerja en su obra, de nuevo, el espacio fronterizo entre la alta cultura y la cultura popular. Como apuntó el director del IVAM, ante la imagen de esa niña asomada a la ventana del tren que le llevaba de su Ankara natal al gran Estambul, cruce de caminos entre Asia y Europa, Karamustafa no ha dejado de acoger en su trabajo los elementos traídos por la migración rural, imbricados con los propios de la ciudad cosmopolita, para reflejar las contradicciones de esa mezcolanza.

“La obra de la artista turca se ha centrado en representar todo ese mundo híbrido, barroco y sugerente que ofrecía una nueva realidad social en la que muy varios elementos, como la ropa o los diferentes objetos de uso cotidiano (alfombras, tejidos o piezas decorativas), nos abrían a nuevas visiones y relaciones con nuestro entorno más inmediato”, explica Cortés. Sus pinturas, he aquí la gestación del mundo plural fruto de la dialéctica entre espacios opuestos, “se convierten así en una especie de campo de batalla”, que el comisario de la exposición enseguida corrige para hablar mejor de “lugar de convivencia”, en el que cohabitan la cultura moderna, “producto de la desarrollada urbe metropolitana”, y ese otro “deseo por preservar las tradiciones más arraigadas en los pequeños pueblos de Turquía”.

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Gülsün Karamustafa, siendo ésta su primera exposición en España, ya estuvo antes por aquí con un proyecto en torno a los travestis y transexuales realizado en Puerto de Sagunto, que la artista desarrolló en los balcones del renovado Teatro Romano. ¿Por qué en los balcones?, se preguntó Cortés, para poner el acento en ese carácter íntimo de las casas y el propiamente público de los balcones que dan al exterior. De nuevo, la frontera entre lo privado y lo social, siempre el “entre” como característico de su producción, en este caso poniendo en diálogo Valencia y Estambul, dos ciudades mediterráneas hermanadas por esa focalización de lo marginal.

“Más que los entornos artísticos lo que me atraía era la calle”, resalta la artista en su entrevista con Cortés. Una calle poblada de seres que tan pronto sacaban a relucir sus costumbres rurales, objeto de cierta controversia, como un cosmopolitismo igualmente desafiante. “Del choque entre la ciudad y la cultura rural nació una cultura híbrida que acabó enriqueciéndose considerablemente y conquistando a ciudad”, apunta Karamustafa, destacando los objetos más coloristas de los migrantes “para alegrar sus grises, tristes y paupérrimas vidas”, lo cual “condujo a una explosión de lo kitsch”.

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Explosión recogida en la muestra a través de alfombras, paneras con edredones de chillones colores o instalaciones con gallos cerámicos y peanas de indudable homenaje kitsch. La memoria, el exilio, los orientalismos a ojos del occidental medio y propiamente el kitsch son las temáticas que atraviesan la obra de la artista turca, según explicó el comisario. También la masculinidad y la feminidad están contempladas en el conjunto expositivo, mediante videos y fotografías. Una masculinidad en su versión más llorona, fruto de la tristeza que en tres varones provoca el abandono de sus respectivas mujeres, que Karamustafa recoge en un audiovisual protagonizado por tres ilustres actores turcos.

El harén, en tanto espacio de esa otra feminidad fantasiosa desde el punto de vista masculino, le ofrece a la artista la posibilidad de poner en cuestión ese lugar, poniendo en relación cuerpos desnudos de mujer con otras siluetas negras que realzan la sensualidad enturbiándola. Aquella oscuridad de Pamuk recordándonos ahora que la frontera entre el placer y el goce siniestro es muchas veces sutil y objeto de indudables riesgos. “Mis obras abren casi siempre nuevas vías, creando a cada paso lecturas distintas con los espectadores”, destaca la artista en su entrevista con Cortés, quien resume así la exposición: “Es un canto a la pluralidad de visiones”. Amplitud que también asume como propia, a modo de despedida: “En contra de toda visión cerrada y sectaria, he apostado por la multiculturalidad y la amplitud de miras”. 

   

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa, que aparece de niña en la fotografía cuando viajaba en tren de Ankara a Estambul. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

El hogar, extraño hogar, del IVAM más internacional

‘¿Cuál es nuestro hogar?’
Comisariado: José Miguel Cortés
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Del 16 de julio de 2020 al 31 de enero de 2021
Jueves 16 de julio de 2020

‘¿Cuál es nuestro hogar?’ Tal es el título de la exposición con la que el director del IVAM, José Miguel Cortés, a su vez comisario de la misma, se va despidiendo del museo que ha dirigido durante los últimos seis años. “Me voy con la satisfacción inmensa de haber sido director del IVAM”, dijo. Termina contrato en septiembre y la Conselleria de Cultura ha decidido dar por finalizada su etapa, sacando a concurso público la plaza. ¿Hogar, dulce hogar? Sí al menos para Cortés, a tenor de la experiencia acumulada al frente del museo (“tengo una sensación de gran placer”), pero no tanto si observamos las 12 instalaciones que integran la exposición, destilando ahora una “sensación de extrañamiento y de soledad”, según palabras del propio Cortés.

Aristóteles habló del Domus (Oikos) para referirse a la casa u hogar, por oposición a la polis, en tanto espacio de lo social. Y del Oikos dijo que se trataba de una “comunidad naturalmente constituida para satisfacer las necesidades cotidianas”, mediante la cual amortiguar el acoso de lo político. Cortés se refirió a esta doble vertiente, poniendo en relación el hogar íntimo y el público: “No se entiende el uno sin el otro”. Mediante las 12 piezas distribuidas con holgura por las Galerías 4 y 5 del IVAM, en una exposición realizada en colaboración con el Museo Nazionale delle Arti del XXI Secolo (MAXXI) de Roma, ese hogar va dejando una estela más tenebrosa que luminosa, más agreste que dulce, más carcelaria que protectora del alma sometida al ingrato cuerpo social.

José Miguel Cortés junto a la pieza de William Kentridge, en la exposición ‘¿Cuál es nuestro hogar?’

“Eso a lo que usted llama infierno, él lo llama hogar”, dice un coronel con respecto a  Rambo en la película Acorralado. La exposición del IVAM también se hace cargo de ese hogar más próximo al infierno que al espacio amable, íntimo, sin duda difícil de construir simbólicamente por esa amenaza de lo real que procede de la sociedad. Sociedad que en la muestra aparece desde la vertiente del consumo alienante o desde el sistema de control político que, en ambos casos, impide la emergencia de un hogar a salvo de la corrupción sistémica.

Hay, eso sí, hogares refugio a modo de casas pensadas para defendernos del acoso social. Por ejemplo el de Jana Sterbak quien, bajo el título de ‘Faradayurt’, muestra un espacio físico en forma de tienda nómada, en la que protegerse de la inclemencias del tiempo, siguiendo en esto la idea de casa del arquitecto Le Corbusier: “Es darle al ser humano una cáscara”. Esa dualidad entre el adentro protector y ese afuera inhóspito y amenazante atraviesa el conjunto, según resaltó Cortés: “Hay una doble lectura en todas las piezas, algunas contradictorias”.

‘Infinite Cell’, de Alfredo Jaar, en la exposición ‘¿Cuál es nuestro hogar?’

Doble lectura que, sin embargo, suele escorarse del lado de esa extrañeza apuntada por el propio director del IVAM, aflorando en todo momento una idea de hogar más próxima al sentimiento carcelario que Alfredo Jaar, en una de las piezas más impactantes de la muestra, construye basándose en ‘Los cuadernos de la cárcel’ de Antonio Gramsci, de quien todavía colea su famoso “pesimismo del espíritu, optimismo de la esperanza”. Diríase que estos ecos del pensador italiano están en la base del conjunto expositivo y del propio talante de Cortés, quien se refirió al confinamiento vivido recientemente como caracterizado por un “silencio sepulcral”, apenas alterado por el “sonido de las ambulancias”, sonido que dijo no olvidará jamás.

De hecho, ante la pregunta ‘¿Cuál es nuestro hogar’?, con la que se interpela al espectador, Cortés apuntó como una de las posibles respuestas: “Si es que lo hay”. Acto seguido, se refirió a la muestra en estos términos: “Habla de espacios físicos, pero sobre todo de espacios mentales”. Una mentalidad sobrecogida por esa sensación de extrañeza que destilan en todo momento las diferentes instalaciones, “la mayoría de ellas jamás vistas en España”, recalcó el director del instituto valenciano.

José Miguel Cortés, al fondo, durante la presentación de la muestra ‘¿Cuál es nuestro hogar?’ Imagen cortesía del IVAM.

El diálogo entre algunas piezas de la colección del IVAM, obra de Bruce Nauman, Richard Hamilton o Gabriele Basilico, y aquellas otras del MAXXI, firmadas por Mario Merz, Francis Alys, Kara Walker, Teddy Cruz, Ilya y Emilia Kabakov, William Kentridge, Atelier Van Lieshout o el propio Jaar, revela esa construcción del hogar amenazado por fuerzas externas, ya no solo climáticas sino de la incontinencia y depredación del poder, que hace que las personas se sientan “extranjeras en cualquier lugar pues llegan a pensar que sus existencias transitan, con un cierto sentimiento de angustia, por unas ciudades que ya no se reconocen y por unos espacios urbanos en los que no encuentran ni sitio ni lugar”, señala Cortés.

Hogar, triste hogar, más bien, el que transcurre a lo largo de la exposición, que arranca con la mencionada pieza de Sterbak, ubicada en el exterior justo de la entrada a las Galerías 4 y 5, y prosigue, ya una vez dentro, con las de Hamilton, dedicadas a la sociedad de consumo y sus iconos culturales. Una instalación “multisensorial” en la que el espectador se puede dejar llevar por esa otra sensación más optimista que ofrecen la publicidad y los mass media, una vez vaciados de contenido sus referentes para una digestión ya baja en calorías.

‘Cultural Traffic’, de Teddy Cruz. Imagen cortesía del IVAM.

Francis Ays se hace cargo de esa otra cara menos amable de las ciudades, tomando como referencia de su obra fotográfica a los denominados sleepers o durmientes en la calle, gente sin otro hogar que la intemperie, contrastando con el bienestar de la sociedad que malamente los acoge. Teddy Cruz abunda en esta línea subrayando la idea de frontera que separa y aísla a los seres humanos, con una instalación repleta de agresivos conos de tráfico a modo de punzante recinto amurallado. De la soledad se ocupa Basilico, mediante sus imágenes de grandes ciudades deshabitadas. “Quién podía imaginar que íbamos a vivir lo que estamos viviendo”, subrayó Cortés, con respecto a esas fotografías tomadas hace 20 años y que ahora de pronto cobran sorprendente actualidad.

‘¿Where is our place?’, de Ilya y Emilia Kabakov. Imagen cortesía del IVAM.

Kentridge y Van Lieshout, cada cual a su manera, ponen el acento en el control social por parte del poder, mientras Nauman se centra en la fragilidad que, paradójicamente, pueden llegar a poseer las estructuras más sólidas. La pareja formada por Ilya y Emilia Kabakov deconstruye un Salón de Arte del siglo XIX, para revelar la inconsistencia del propio arte por la desproporción de sus elementos. Las piezas de Mario Merz y la ya mencionada de Jaar destacan del conjunto. El iglú acristalado de Merz remite a “tiempos pretéritos”, aunque “construidos con materiales de la modernidad”, señaló Cortés, para resaltar la importancia del cristal por su transparencia ligada al control y la vigilancia, y los números Fibonacci incluidos en su interior a modo de infinitud replicante.

Como infinita es la cárcel de Alfredo Jaar, con sus barrotes de acero y, de nuevo, los cristales de 12 espejos reflejando la extensión inabarcable del encierro. Una ventana de luz permite imaginar un mundo exterior, como contrapunto a tanta clausura. ‘¿Cuál es nuestro hogar?’ interroga al espectador, precisamente ahora que el reciente confinamiento nos ha obligado a repensar nuestra posición dentro de él, tal y como lo hiciera Picasso: “Tu hogar es tu refugio, pero no acabes encerrado en él”. Un hogar extraño que José Miguel Cortés está a punto de dejar a modo de legado: “Si alguien considera que el IVAM no ha sido internacional, la pregunta está contestada”, dijo tras enumerar las diferentes exposiciones realizadas en colaboración con diversos museos extranjeros. Lo dijo tras habérsele mencionado lo que figura en las bases del concurso público convocado para elegir al nuevo director del IVAM, quien deberá tener “una perspectiva clara hacia la intensificación de la internacionalización del museo”. La Conselleria de Cultura, al parecer, considera insuficiente la internacionalización hasta la fecha realizada. Aunque eso será ya otra historia.

‘Senza titolo (Triplo Igloo), de Mario Merz. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

El polémico concurso para dirigir el IVAM

Concurso Internacional para elegir al director del IVAM
Miércoles 10 de junio de 2020

“La ley ni es la verdad ni es el bien”, señala Josep Ramoneda en ‘Después de la pasión política’. “La ley da un marco de objetividad… pero la sociedad abierta es mucho más que la ley, la cual no puede ser autoridad moral, ni convertirse en el límite de lo pensable”, añade. Valga este marco teórico para repensar lo que está sucediendo en el IVAM desde que el 20 de mayo se le comunicara a José Miguel Cortés, por parte de la Conselleria de Cultura, la intención de no renovar su contrato, que expiraba el próximo mes de septiembre. Existía la posibilidad de prorrogarlo, pero la Generalitat lo descartó alegando que la Ley del IVAM de 2018 impedía contratos como el que tenía Cortés, por reunir en una sola figura los cargos de director artístico y director gerente.

Hasta ahí, ningún problema: el propio director del IVAM se mostró en todo momento dispuesto a la revisión de ese contrato, tal y como ya le sucediera a Manuel Borja-Villel, cuando el Museo Reina Sofía cambió de estatuto y obligó a modificar su contrato como director para que se ajustara al nuevo reglamento. Sin embargo, un informe de Auditoría del verano de 2019 establece la necesidad de un nuevo contrato que obliga a la convocatoria de un concurso público, según marca la Ley del IVAM, y que ha desencadenado la polémica entre ambas partes. Cortés alude a un informe jurídico que nadie le ha presentado, en el que se demuestre esa obligatoriedad, mientras la Conselleria insiste en su escrupuloso cumplimiento de la ley.

Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas. Imagen cortesía de la Generalitat.

“Lo del informe jurídico se lo ha inventado él, disculpa que sea tan clara”, resalta Raquel Tamarit, secretaria autonómica de Cultura, quien añade: “Yo he estado presente en todas las reuniones y nunca, repito, nunca, se ha hablado de un informe jurídico. Él tenía firmado un contrato de seis años, prorrogable a otros seis, más otros seis, y según el Código de Buenas Prácticas tampoco puede ser así, porque son contratos por cinco años y, previa presentación de una actualización del proyecto tal cual está en las bases, cinco más. ¿Qué problema hay en que José Miguel Cortés se presente a un concurso público, con un jurado que es impecable, y que revalide con todas las garantías y sin poner en cuestión el nombre del IVAM?”. Y apostilla: “El conseller [Vicent Marzà] y yo le pedimos que se presentase, porque pensamos que puede seguir haciéndolo muy bien”.

A pesar de reconocer la Conselleria de Cultura la excelente labor de José Miguel Cortés al frente del IVAM durante estos últimos seis años, su trabajo ha quedado en un segundo plano, imponiéndose los razonamientos legales por encima de consideraciones artísticas y baremos profesionales, dada la imposibilidad que, según la Administración, existe de plantear un nuevo contrato sin que tenga que pasar por concurso, cuya convocatoria nace así en medio de la polémica.

Miembros del Consejo Rector. Imagen cortesía del IVAM.

Según la Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE) y el propio Consejo Asesor del IVAM, que dimitió en bloque, la Conselleria de Cultura ha incumplido el Código de Buenas Prácticas. Por un lado, dicen, porque, tras reconocerse públicamente el buen trabajo realizado por Cortés, no se ha procedido a su renovación, tal y como recomienda el citado documento. Y, por otro, porque la Conselleria no ha respetado las competencias del Consejo Rector, cuyas atribuciones consideran que han quedado en entredicho, principalmente en lo que respecta a los vocales que figuran como expertos de arte en dicho órgano, como después se pudo comprobar.

En un comunicado firmado por dichos vocales (Lola Bañón, Vicente Benet, Román de la Calle, Rosa Castells, José Luis Cueto, José Pedro Martínez, Ester Pegueroles y Tatiana Santemans), tras la reunión mantenida el pasado 5 de junio, lamentan la “precipitación” con la que se ha abordado el asunto de la no renovación del contrato de José Miguel Cortés y la posterior decisión de sacar a concurso la dirección del IVAM. “Nuestra valoración en ese momento”, dicen, “fue que se había perdido una oportunidad para llevar a cabo un proceso dialogado y participativo que hubiera ofrecido a la sociedad una visión más transparente y consensuada de la toma de decisiones”.

Cuatro de esos ocho vocales terminaron por abstenerse a la hora de aprobar el nuevo concurso, que fue ratificado por los miembros restantes del Consejo Rector, si bien Román de la Calle no pudo manifestar su voto al fallar la comunicación virtual a través de la cual asistía a la reunión. Una convocatoria a la que se llegaba sin que los vocales del Consejo hayan tenido la oportunidad de barajar otras opciones, puesto que el conseller de Cultura, Vicent Marzà, les comunicó su decisión unilateral apelando de nuevo a la Ley del IVAM e incluso trasladándoles el nombre de los miembros del jurado que deberán seleccionar al nuevo director.

José Miguel Cortés (izda) y Vicent Marzà. Foto: José Cuéllar.

Tamarit asegura que, tras comunicarle a Cortés la necesidad de convocar un nuevo concurso, al que insiste estaban obligados por ley, “acto seguido se habla con los miembros del Consejo Rector y se les indica lo hablado con Cortés y que habíamos pensado que en la comisión de valoración [jurado] estuvieran estas cuatro personas [Manuel Borja-Villel, Vicent Todolí, Iwona Blazwick y Bernard Blistène]. En cualquier órgano alguien lleva una propuesta, esta se debate y se perfila. Y las bases se llevan al Consejo Rector porque creemos que así debe hacerse”.

“La comunicación de esta decisión a los vocales designados del Consell Rector se produjo mediante llamada telefónica del propio Conseller el día 20 de mayo de 2020, invitándonos a aportar sugerencias a las bases que se encontraban en fase de redacción durante los siguientes días”, apuntan los ocho vocales en su comunicado. Invitación, por tanto, que nada tiene que ver con las competencias del Consejo que le atribuye la ley en tanto “órgano superior de gobierno del IVAM”, al que le corresponden, “con carácter general, las facultades de dirección, control y supervisión de éste”.

Además, corresponde al Consejo Rector, según consta en el artículo 6 de la Ley del IVAM de 2018, “informar favorablemente sobre la norma de organización y funcionamiento del IVAM, que aprobará el Consell, así como sobre la aprobación o el desarrollo de la organización interna de la entidad, conforme a lo dispuesto en esta norma organizativa”, entre otras cuestiones. La decisión de no renovar el contrato de Cortés se transmitió vía telefónica, sin convocatoria por escrito y, por tanto, sin el correspondiente orden del día “junto a la documentación necesaria para su deliberación cuando sea posible”, estableciendo asimismo “las condiciones en las que se va a celebrar la sesión, el sistema de conexión y, en su caso, los lugares en que estén disponibles los medios técnicos necesarios para asistir y participar en la reunión”, tal y como se recoge en el apartado 3 del artículo 7 de la mencionada ley.

Fachada del IVAM, por cortesía del instituto valenciano.

La reunión del pasado 5 de junio, celebrada para acordar la aprobación del concurso, se estableció siguiendo esos parámetros, cosa que no sucedió con respecto a la decisión de no renovar a Cortés, que se le hizo llegar al Consejo Rector vía telefónica y sin que hubiera constancia del informe jurídico que justificaba dicha decisión.

“Nunca se ha hablado de que hubiera un informe jurídico, lo que sí hay es un informe de Auditoría que es público y que se llevó al Consejo Rector para dar cuenta, como es la obligación. Ese informe de Auditoría, que firma la Intervención de la Generalitat, hace referencia a eso. Nunca se habló de un informe jurídico adicional. En Administración me dicen que en la Ley del IVAM nuevo contrato significa nuevo concurso y eso es lo que hacemos”, remacha Tamarit, molesta con ciertas informaciones que acusan a la Conselleria “de amañar algo” con respecto al concurso, cuando “políticos en esa comisión de valoración vamos a estar dos de ocho y porque lo dice el Código de Buenas Prácticas”.

Tamarit reconoce que algo no se ha hecho del todo bien, cuando la ADACE, el Consejo Asesor y una parte muy significativa del Consejo Rector, además del propio Cortés y otras asociaciones, han manifestado con mayor o menor rotundidad sus discrepancias. “Yo siempre digo que las cosas se pueden hacer mejor”, remarca. Entre ellas, qué duda cabe, la de no haber sabido despejar las dudas que ligan esas lagunas en la transparencia con la injerencia política. Tiempo habrá de despejarlas. O no.

Reunión del Consell Rector en el Aula Magna del IVAM, por cortesía de la Generalitat Valenciana.

Salva Torres

El Consejo Rector del IVAM tiene ahora la palabra

Dimite el Consejo Asesor del IVAM
Lunes 1 de junio de 2020

La dimisión en bloque del Consejo Asesor del IVAM, compuesto por David Pérez, Catedrático de la Universitat Politècnica de València, Álvaro Pons, profesor titular de la Universitat de València, Pedro Azara, profesor de Estética de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC-ETSAB) de Barcelona, y María Dolores Jiménez-Blanco, directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, traspasa ahora la patata caliente del conflicto abierto en el IVAM a su Consejo Rector, que tiene previsto reunirse el próximo viernes 5 de junio.

Los miembros del Consejo Asesor consideran, como órgano consultivo del IVAM, “que las decisiones políticas unilaterales, conocidas por la prensa, que plantean el cese y la sustitución del actual equipo directivo, constituyen no solo un incumplimiento del Código de Buenas Prácticas en la cultura valenciana, de obligado cumplimiento para la administración, sino subsidiariamente también del Código de Buenas Prácticas de ámbito estatal y del Código deontológico del ICOM para los museos”.

Miembros del Consejo Rector del IVAM. Imagen cortesía del IVAM.

El Consejo Asesor continúa su escrito de denuncia señalando que dichas decisiones “suponen, fundamentalmente, una vulneración de la independencia de la institución, que debe decidir su futuro y funcionamiento desde el Consejo Rector, tal y como establece la Ley 1/2018, de 9 de febrero, de la Generalitat, reguladora de l’Institut Valencià d’Art Modern”. Ante esa situación, que coloca ahora en el punto de mira al Consejo Rector ninguneado por la Conselleria de Cultura, el Consejo Asesor del IVAM “entiende que no puede ser partícipe de este tipo de situaciones, por lo que anuncia que todos sus miembros han decidido, por unanimidad, presentar su dimisión”.

Al Consejo Rector corresponde ahora pronunciarse, sabedor del clima enrarecido que ha generado la no renovación de José Miguel Cortés, por todos señalada como decisión unilateral que vulnera el Código de Buenas Prácticas sobre el que el conseller de Cultura, Vicent Marzà, ha edificado su política cultural.

El propio Cortés lamenta en un comunicado la dimisión del Consejo Asesor, compuesto por “reconocidos profesionales” que “tanto han ayudado a la consolidación del IVAM como un museo de referencia nacional e internacional”. “Defender el Código de Buenas Prácticas”, insiste Cortés, “significa posibilitar el intercambio de opiniones con todas las personas implicadas; contar con los profesionales del mundo del arte; hacer partícipe al Comité Asesor y al Consejo Rector del IVAM de las decisiones a tomar”, y, concluye a modo de subrayado, “valorar exclusivamente las razones profesionales y no dejarse llevar por cuestiones políticas o personales”.

Cortés resalta en su escrito la actitud de la Conselleria de Cultura impropia de quien ha abanderado su gestión con el Código de Buenas Prácticas ahora puesto en entredicho: “Estoy convencido de que el IVAM se hubiera ahorrado todo este doloroso proceso si se hubiese evitado caer en actitudes impositivas y se hubiese contado con todos los sectores, ya que el proyecto del IVAM no es un proyecto particular”. Difícil papeleta la que tiene ahora por delante el Consejo Rector, que deberá optar entre asumir esa “actitud impositiva” y esa “decisión unilateral” de la Conselleria de Cultura, aportando cuantos matices considere oportunos, o defender su importancia como órgano de gobierno del IVAM que Marzà ha dejado en mala posición.

Fachada del IVAM.

Fuentes de la Conselleria de Cultura niegan que se haya vulnerado el Código de Buenas Prácticas puesto que entienden que desde Cultura de la Generalitat «se trasladó a todos los miembros de este órgano [Consejo Rector] cuál es el procedimiento que se ha de seguir de forma escrupulosa, marcada en la ley del IVAM, para la dirección del centro una vez vence el actual contrato». «Hay que recordar», insisten, «que no se ha ejecutado ninguna decisión al margen del órgano que es competente», poniendo como muestra de ello el hecho de que el Consejo Rector esté convocado para el 5 de junio, «precisamente para convocar el procedimiento de selección de la dirección siguiendo el Código de Buenas Prácticas en la Cultura valenciana».

Estas mismas fuentes señalan que poner en duda los procedimientos y los órganos rectores del IVAM muestran «un desconocimiento de la estructura del espacio museístico y son un agravio a la institución». Recuerdan que la actual dirección del IVAM tiene un contrato vigente hasta septiembre de 2020 y que «en ningún caso se ha planteado cesar a la dirección». «Es por eso», añaden, «que lo que se ha hecho en todo momento ha sido seguir escrupulosamente el procedimiento que hay que llevar a término para cuando finaliza el contrato de dirección».

Lamentan la dimisión de los integrantes del Consejo Asesor del IVAM y respetan su decisión, «a pesar de que las argumentaciones dadas no se corresponden con la realidad», porque aseguran que «ni se cesa a la dirección ni se incumple el Código de Buenas Prácticas».

Miembros del Consejo Asesor del IVAM, con su director José Miguel Cortés en el centro. Imagen cortesía del IVAM.

S. Torres

¿El IVAM se politiza?

#MAKMAOpinión | Nuevo concurso público para la dirección del IVAM
José Miguel Cortés termina contrato en septiembre
Martes 26 de mayo de 2020

El conseller de Cultura, Vicent Marzà, declaró, tras el anuncio de su Conselleria de impulsar en octubre de 2015 una nueva ley que determinara la estructura orgánica y el funcionamiento del IVAM, con el fin de ajustarse a los criterios éticos del Código de Buenas Prácticas, que la principal consecuencia de esa nueva regulación era la “despolitización de la entidad cultural y la introducción de criterios de calidad, transparencia y exigencia al museo de referencia del arte contemporáneo valenciano”.

Tras la aprobación de esa ley, el IVAM “aumentaría de manera importante su autonomía, siempre evaluada de manera continua por unos órganos en que estarán representados los colectivos culturales y creativos valencianos”, apuntó Marzà, quien fue un poco más lejos al decir que, con la aplicación de los nuevos criterios, “los cargos políticos perderán peso a favor de la sociedad civil y los expertos, puesto que solo podrán constituir un tercio de los órganos representativos”. 

José Miguel Cortés, en la mesa, junto al exsecretario autonómico de Cultura Albert Girona, en la presentación del congreso ‘Más allá del museo’. Imagen cortesía del IVAM.

La forma en que se ha comunicado la no renovación del contrato de José Miguel Cortés como director del IVAM, cuyo mandato finalizaba en septiembre aunque contara con la posibilidad de prorrogarse, pone en entredicho la declaración de intenciones de la Conselleria de Cultura tras el anuncio de aquella ley. Los buenos propósitos, que pueden hacerse extensibles al afamado Código de Buenas Prácticas, han sido desmentidos por la realidad.

La Conselleria aduce que, tras los cambios operados por la nueva ley del IVAM, aprobada en 2018, Cortés no podía reunir en una sola figura los cargos de director artístico y director gerente, tal y como se recogía en su contrato. De manera que había que rescindirlo y convocar un concurso público para adecuar las características de dicho contrato a la nueva ley. Cortés señala que él nunca se ha opuesto a revisarlo, de ahí que instara a la Generalitat a pronunciarse para llevar a cabo dicha revisión, puesto que su mandato estaba ya próximo a expirar.

‘Crucifixion’, de Carlos Saura, en la exposición ‘España. Vanguardia artística y realidad social’. Imagen cortesía del IVAM.

Como no obtenía respuesta a sus requerimientos, fue la Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE) quien, tras conocer el asunto, ha denunciado el doble incumplimiento por parte de la Conselleria de Cultura del tan referido Código de Buenas Prácticas. “Por un lado no ha procedido a la renovación, tras reconocer públicamente el buen trabajo realizado por su actual director, José Miguel Cortés, tal y como recomienda el citado documento”, se dice en el escrito.

“Por otro”, continúa la ADACE, “no ha respetado la competencia del Consejo Rector del IVAM, que él mismo (Marzà) preside, en esta cuestión imponiendo de antemano sus decisiones al hacer público el cese encubierto y el procedimiento a seguir tras la no renovación, sin ni siquiera haber convocado y escuchado al citado Consejo Rector”. En el escrito enviado al conseller de Cultura, se insiste en el ninguneo al Consejo Rector, al no ser convocado “antes de que se anunciara la voluntad del conseller”.

Fuentes del citado Consejo afirman que Marzà les llamó por teléfono, dado que no podía convocarles físicamente debido al estado de alarma, para dar respuesta a un escrito del propio Consejo en el que se pedía información acerca de la situación de Cortés, cuyo contrato estaba a punto de finalizar. En esa llamada se les comunicaba ya la decisión de no renovarlo y de convocar un concurso público cuyas bases, como subraya la ADACE, también habían sido ya redactadas, al igual que la conformación del posible jurado. “En esta situación el Código de Buenas Prácticas salta por los aires”, destaca el escrito.

Consejo Rector del IVAM. Imagen cortesía del Instituto Valenciano.

El Consejo Rector del IVAM, que fue ampliado a 15 miembros en junio de 2018 y cuya nueva configuración pretendía demostrar esa preponderancia de los profesionales del sector y expertos en arte en detrimento de los cargos políticos, ha quedado, según lo acontecido, como un órgano testimonial o meramente consultivo, con el que la Conselleria de Cultura justifica un Código de Buenas Prácticas que, como resalta la ADACE, ha quedado en mal lugar.

Fuentes del Consejo Rector manifiestan su “sorpresa” por el desarrollo de los acontecimientos, dado el escaso margen de maniobra con el que se han encontrado, y algunos de los términos “vagos” que caracterizan su función, como el que se manifiesta en ese “oído el Consejo Rector” que supuestamente suele ser previo a cualquier decisión que la Generalitat adopte con respecto al IVAM. Ahora le queda al Consejo, eso sí, la labor, de nuevo consultiva, con respecto a esas bases del concurso que la Conselleria de Cultura quiere terminar de redactar, para lanzar la convocatoria pública de la que salga el futuro director del IVAM.

Vista de la exposición ‘Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias’. Foto: MAKMA.

El jurado que deberá seleccionarlo también dice mucho de esa politización del IVAM, que Marzà decía querer reducir. Si en el concurso del que salió elegido el propio Cortés no había ni un solo cargo político en el jurado, en esta ocasión estarán presentes Raquel Tamarit, secretaria autonómica de Cultura, y Carmen Amoraga, directora general de Patrimonio de la Generalitat, junto a Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, Vicent Todolí, director del Área de Arte de la Fundació Per Amor a l’Art, Iwona Blazwick, directora de la Whitechapel Gallery de Londres y Bernard Blisténe, del Centro Pompidou de París, todavía por confirmar.

Al margen de las cuestiones administrativas y legales del contrato de Cortés, objeto de su no renovación, parece clara la decisión de la Conselleria de Cultura de tomar las riendas del IVAM, por encima del buen hacer profesional con el que Marzà ha reconocido el trabajo del actual director. Fuentes de la Conselleria, según recoge Ferrán Bono en El País, consideran a su vez “recomendable un cambio para relanzar el IVAM, tanto en el plano de la programación artística como en el de la implantación popular del museo”. De ser así, el papel del Consejo Rector, en ese hipotético cambio de rumbo, vuelve a quedar en entredicho.

De izda a dcha, Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en 2015. Imagen cortesía de la Generalitat Valenciana.

Salva Torres