Melancolía, de Valladolid a Valencia y Palma

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro
Museo Nacional de Escultura
Palacio de Villena
C / Escaleras de San Gregorio, 1. Valladolid
Hasta el 12 de octubre de 2015

La melancolía puede ser devastadora o germen creativo. Es más, si no fuera por la creatividad a que da pie, en el mejor de los casos, la constatación de sentirnos mortales o cuando menos imperfectos, esa melancolía avanzaría letal en busca del abismo al que nos convoca. El director danés Lars von Trier se ha hecho cargo de ella en la película precisamente titulada Melancolía (2011). Y el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hace lo propio mediante una espléndida exposición: Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro.

Vista de la entrada a la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de la entrada a la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Y es que la melancolía, que la muestra focaliza entre el tardío Renacimiento y el Barroco, se extiende a nuestros días y se retrotrae a tiempos lejanos. “Su nombre se remonta al siglo V a.c. –tratados hipocráticos- y dura hasta hoy”, se explica en el catálogo de la exposición. Un verso de Quevedo, intercalado entre las más de 60 piezas que integran el recorrido, ofrece plausible explicación de su alargada influencia: “No hay día que pase por ti que no vaya sacando tierra de tu sepultura”.

Fernando Colina, en su texto ‘Melancolía universal, melancolía particular’, apunta cómo unos la despreciaron –Cicerón y Séneca-, otros se refugiaron en ella, mientras otros la temían. Desprecio que en la propia exposición manifiesta Santa Teresa cuando dice: “No hay otro remedio para él [el aquejado de melancolía] si no es sujetarlo por todas las vías y maneras que pudieren; si no bastaren palabras, sean castigos (…) si no bastara un mes de tenerlos encarcelados, sean cuatro, que  no pueden hacer mayor bien a su alma”.

Dos de las piezas expuestas en 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Dos de las piezas expuestas en ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Quienes se refugiaron en ella fueron los monjes en la Edad Media, cuya acedía o tristeza los tentaba al recogimiento, sufriendo los embates de la melancolía particular que Hipócrates define como “el miedo o la tristeza que duran mucho tiempo”. Y quienes la temían, quién sabe si al descubrir lo que Diderot proclamara de ella (“la melancolía es el sentimiento habitual de nuestra imperfección”), tomaron dos direcciones subrayadas por Colina: “Tan melancólicos son los signos explícitos de tristeza como las reacciones de defensa contra ella, que la cubren de una máscara de actividad, contento y ligereza”.

Lo que el Museo Nacional de Escultura de Valladolid muestra, antes de que lo hagan Valencia y después Palma de Mallorca, es una serie de obras de maestros como José de Ribera, Durero, Berrugete, Velázquez, Rubens, Antonio de Pereda o Diego Bejarano, en las que se reflejan la tensión de tan penetrante bilis negra en conflicto con la pujante razón. Rostros a punto de desfallecer o buscando con la mirada esa luz exterior que les sustraiga del abatimiento; luz procedente del conocimiento, ya sea éste ilustrado o sacralizado. Naturalezas muertas, objetos quebrados, calaveras que simbolizan el fatal destino que nos aguarda.

Vista de una de las salas de la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de una de las salas de la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Tiempos de melancolía, comisariada por María Bolaños y producida por Obra Social La Caixa, recoge lo que Colina llama el “escalón en el desarrollo del sujeto” o “nacimiento de la identidad personal”. Identidad dividida entre la totalidad de la que procedemos (cuerpo materno y su proyección como naturaleza entera) y la difícil asunción de su pérdida. Miradas, pues, extasiadas por alcanzar esa totalidad fascinante, al tiempo que deprimidas fruto del desconcierto que provoca su halo fantasmal. Hay cristos desolados como hay pensadores hurgando en las entrañas de esa melancolía, ya sea para hundirse en ella o para emerger de sus tinieblas con el rostro iluminado tras experimentar y asumir el dolor de tanta pérdida.

Pinturas, esculturas, dibujos y grabados procedentes de diferentes museos e instituciones, a través de los cuales percibimos esa melancolía centrada en el Siglo de Oro pero que sin duda llega hasta nuestros días. Porque la melancolía, he ahí su pertinaz razón de ser, nos convoca a la experiencia de la mortalidad. Experiencia que atraviesa el tiempo y nos atraviesa como sujetos habitados por esa conciencia de muerte.

'Tiempos de melancolía. Desencanto en la España del Siglo de Oro'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Detalle de la Sibila, de José de Ribera, en ‘Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Salva Torres

El Carmen ‘obligado’ a acoger a Císcar

Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia

“Vivo sin vivir en mí”, que decía Santa Teresa. Felipe Garín, director del Centro del Carmen, podría decir algo parecido. La exposición ‘Espacialismo Cromático’, dedicada a la santa con motivo de la celebración del V Centenario de su nacimiento, en cuyo comisariado participa Consuelo Císcar, ha encontrado hueco en El Carmen. Lo ha tenido que encontrar. Después de que fuera rechazada por el actual director del IVAM, José Miguel G. Cortés, Garín se ha visto ‘obligado’ a encajarla entre dos de sus exposiciones programadas por decisión de las altas instancias.

“Me pidieron de la Conselleria de Cultura que hiciera un hueco a la exposición, y es lo que he hecho”, aseguró Garín en el contexto de presentación de la Colección Mariano Yera. Estaba pensada para la Sala la Muralla del IVAM, cuando Consuelo Císcar regía los destinos del instituto valenciano. Pero la actual dirección del museo rechazó tal posibilidad. De manera que la exposición, para no quedarse en el limbo, recala en El Carmen a petición expresa de la Conselleria de Cultura. Será presentada el próximo 17 de febrero y permanecerá por espacio de un mes largo.

Obra de Equipo Crónica de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Equipo Crónica de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

‘Espacialismo cromático’ es una muestra dedicada a la figura de Santa Teresa de Jesús con motivo de la celebración del V Centenario de su nacimiento y dentro del programa cultural previsto a nivel estatal para este año 2015. La exposición cuenta con varios comisarios, entre ellos José Siles y la ex directora del IVAM Consuelo Císcar, recuperada de esta forma para la causa artística en Valencia poco menos de un año después de su ¿dimisión? al frente del museo valenciano.

La selección de piezas para la exposición procede, en muchos casos, de los propios fondos del IVAM, que cederá obras para este proyecto ‘encajado’ en El Centro del Carmen, tras su rechazo por parte del actual equipo de dirección del instituto de arte moderno. ‘Espacialismo cromático’ forma parte de un programa global elaborado por la Comisión Ejecutiva para el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, promovida desde el Gobierno Central, que incluye proyectos de distintas administraciones y entidades para conmemorar la vida y obra de una de las máximas exponentes del Siglo de Oro español.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

El Museo de Bellas Artes inaugurará también en Valencia, del 15 de junio al 1 de septiembre de 2015, una muestra sobre La Huella de Teresa de Jesús en el Arte Valenciano, según adelanta Daniel Borrás en El Mundo Comunidad Valenciana. Dirigida por el catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Valencia Daniel Benito, estará compuesta por obras de José de Ribera y por los lunetos de José Vergara Gimeno (Valencia 1726-1799), que relatan pasajes de la vida de la Santa, procedentes del desaparecido Convento de San Felipe en Valencia. Además, se expondrán obras de Andrea Vaccaro, Gaspar de la Huerta, Vicente Salvador Gómez y algunas otras obras procedentes de museos de Valencia.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Salva Torres

Tocar (y de qué manera) el arte

Museo de Bellas Artes

Arte para tocar

Bilbao

C/ Museo Plaza, 2

El arte se democratiza a marchas forzadas. Ya está a disposición de casi todos los sentidos. La vista, por supuesto, y el oído, mediante una audio-guía. El olfato es más difícil, pero de momento ya se ha incorporado también el tacto. Así da gusto. Arte para tocar es una actividad pionera que el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en colaboración con Iberdrola, ha puesto en marcha gracias a la técnica Didú creada por Estudios Durero. Novedosa técnica que permite conocer la pintura a través del tacto, por lo que todas aquellas personas con algún tipo de discapacidad visual tendrán ahora el arte al alcance de su mano. Democratización de los sentidos y, con ello, del público que hasta hace nada se perdía tamaña experiencia.

Podrán “ver” las grandes obras de la pintura a través de la yema de sus dedos. Obras como las puestas a disposición por el Museo de Bellas Artes, sacadas de su colección permanente. Nada menos que La Anunciación, de El Greco; Mujer sentada con un niño en brazos, de Mary Cassatt; Lot y sus hijas, de Orazio Gentileschi; Figura tumbada en el espejo, de Francis Bacon, y San Sebastián curado por las santas mujeres, de José de Ribera. Todas ellas intervenidas mediante la técnica Didú de los bilbaínos Estudios Durero, que confiere a esas imágenes texturas y un relieve de hasta cinco milímetros a superficies planas.

El resultado salta a la vista, sin duda, pero permite que el salto se produzca igualmente a través de la yema de los dedos. Digitalización manual que tiene su origen en la técnica más avanzada. El proceso es como sigue. A partir de una fotografía de la imagen en alta resolución, de cada una de las cinco grandes obras referidas, se van definiendo los volúmenes y texturas con una tinta especial. Un trabajo que puede llevar 40 ahoras. Después se necesitan otras 12 horas de aplicación de un procedimiento químico que consigue dar volumen a elementos inicialmente planos.

Sobre ellos se imprime luego la imagen real con los colores originales y en formato de 80 x 120 cm. El resultado final es la pintura con relieve para que pueda ser recorrida por las manos, con la ayuda de una alocución audio-guía. De esta manera, el arte pasa por el sentido del tacto, mezclado con el del oído, para que las personas con alguna discapacidad visual puedan “ver” lo que antes les estaba vedado. De momento, estas cinco grandes obras de El Greco, Cassatt, Bacon, Gentileschi y Ribera. Pero la técnica Didú está esperando nuevas obras que intervenir; nuevas instituciones dispuestas a revelar obras de su colección a personas incapaces hasta ahora de poder hacerlo. ¿Ver para creer? No: ahora basta con tocar, y de qué manera.

Salva Torres