Tres ‘negras’ con mucha historia

‘1793’, de Niklas Nat och Dag (Salamandra)
‘Estudio en negro’, de José Carlos Somoza (Espasa)
‘Metrópolis’, de Philip Kerr (RBA)
Viernes 24 de julio de 2020

En esta sociedad de consumo cuando algo triunfa, es decir cuando algo se vende bien, está condenado a la copia y réplica ‘ad infinitum’ mientras resulta rentable. Y no sólo  ocurre con los objetos materiales, sino también con los bienes que nutren el espíritu. El ‘boom’ de la novela negra ha provocado una avalancha de ‘thrillers’ con distintas dosis de violencia, sordidez y erotismo. En vez de detectives o policías machotes y dipsómanos, ahora los protagonistas  suelen ser mujeres atractivas, bien polis, periodistas o profesiones afines que llevan la voz cantante. Se publica mucho y a destajo con el consiguiente desconcierto del lector, que ya no sabe si lo que está leyendo es una novela policíaca, costumbrista, romántica o simplemente un pestiño. Aunque, naturalmente también te tropiezas con auténticas obra de arte. Pocas.

No voy a meterme en camisa de once varas ni a trillar en esta era para separar el grano de la paja. Pero sí sugerir tres libros que serán fieles compañeros de viaje y aventuras. Ambientados, respectivamente en los siglos XVIII, XIX y XX en distintos lugares de Europa, los tres combinan una prosa brillante y una ingeniosa intriga con un transfondo histórico que aporta un rico filón de conocimientos.

Niklas Nat och Dag. Fotografía de Kiefer Lee por cortesía del autor.

Debido a la dificultad de suministro de nuevas lecturas durante el confinamiento, me zampé dos veces ‘1793’ de Niklas Nat och Dag (Salamandra). Cuando releés con gusto una novela en un corto intervalo de tiempo sólo hay dos posibilidades. O la historia es de esas con garra que te atrapan o es que eres tonto. Como no soy tonta, garantizo que la historia a la que me refiero es de las buenas.

Tiene una arranque espléndido con la presentación del dúo protagonista que entabla una simbiosis de alto voltaje. Mickel Cardell, un ex soldado mutilado que arrea mamporros con un brazo de madera y Cecil Winge un joven abogado tísico que intenta ahondar en la mente de los criminales. La historia empieza cuando el primero descubre flotando en un lago apestoso el cuerpo del delito, aunque tal vez sea excesivo llamar cuerpo a quien carece de piernas, brazos, incluso lengua y ojos. Truculento, sí. Tal vez excesivo, de acuerdo. Pero no se trata de un truco efectista con  toques macabros. A lo largo de las siguientes páginas todo va cobrando sentido en un muy bien hilvanado relato de amor, perversión y venganza.

La investigación del dúo protagonista adentra al lector en un Estocolmo asolado por las secuelas de la guerra con Rusia, epidemias, hambre, miseria y putrefacción física y moral. Con pincel hiperrealista el autor carga las tintas en la descripción de un ambiente de extrema sordidez, al tiempo que recrea con detalle una antigua ciudad que ha estudiado a fondo.

Más allá de la trama policiaca e histórica Nat och Dag (Noche y día literalmente), vástago de una familia sueca de alcurnia,  construye un retablo social al incluir otros dos personajes en sendas subtramas. Un joven pueblerino, simpático y apuesto que llega a la ciudad con el sueño de ser médico y, enganchado a la buena vida y costumbres picarescas, acaba esclavizado por un señor muy, muy oscuro. Y una joven de la calle acusada de prostitución que  logra escapar de una espantosa cárcel donde las mujeres son obligadas a hilar sin descanso.

Así, el lector disfruta arrancando distintas capas y profundizando cada vez más hondo, pues la intriga criminal se entrelaza con el retablo social y antropológico. Y en el núcleo central, el eterno debate filosófico que enfrentaba a el marqués de Sade y Jean-Jacques Rousseau. ¿Nuestra naturaleza básica es corrompida por la sociedad, según decía Rousseau, o la sociedad es el resultado lógico de nuestra naturaleza retorcida, como defendía Sade?

José Carlos Somoza. Fotografia de Nines Mínguez por cortesía del autor.

Con ‘Estudio en negro’ (Espasa) de José Carlos Somoza viajamos al Londres de 1882, donde Anne McCarey, una cuarentona poco agraciada se gana la vida cuidando ancianos adinerados, mientras mantiene una relación sentimental con un marinero que la maltrata. McCarey es la narradora y protagonista de este delicioso relato victoriano en primera persona en el que Somoza recrea los orígenes de Sherlock Holmes.

Al quedar huérfana, McCarey acepta un puesto de enfermera en la localidad portuaria de Portsmouth, en una residencia privada para caballeros de alta cuna. Allí le asignan el cuidado del señor X con quien entabla una relación peculiar que evoluciona desde el recelo mutuo a la complicidad. Dueño de una gran cabeza, enclenque de cuerpo y con un ojo de cada color, el señor X pertenece a una distinguida familia y ha pasado la vida ingresado en distintas residencias debido a su caracter singular. La aparición de un apuesto doctor que se presenta como Arthur Conan Doyle y la muerte de varios mendigos, un niño y otros habitantes de la localidad en extrañas circunstancias desencadena una investigación por parte señor X, con la ayuda de sus ‘chicos de la calle’.

El teatro, gran pasión de Somoza, es telón de fondo. Pero no el oficial que se anuncia en los diarios para un público bienpensante, sino el secreto y prohibido, los llamados escandalosos o clandestinos con una puesta en escena picante o explícitamente erótica. Diversas modalidades del teatro de variedades que nació en París, en 1790, y se extendió con gran éxito por Europa, desde el burlesque, el vodevil a la revista o cabaret.

Los dos libros que comento tienen en común el hecho de ser primeras entregas de sendas trilogías. Dado que dejan buen sabor de boca, despiertan el deseo de conocer más historias sobre unos personajes que nos han seducido.

Philip Kerr. Imagen extraída de Wikipedia.

Por desgracia la tercera novela de mi selección, ‘Metrópolis’ (RBA) no tendrá secuela, pues es la última que escribió Philip Kerr, fallecido en Londres, en 2018.   En su novela póstuma relata los inicios del personaje protagonista de su memorable serie.  Un joven Bernie Gunther que, en el Berlín de 1928, en vísperas del fin de la República de Weimar persigue a un asesino de prostitutas a las que les arranca el cuero cabelludo en plan indio y de tullidos de la guerra. Magnífico punto final para una obra memorable.

Bel Carrasco

«Todos somos varias personas a la vez»

‘Estudio en negro’, de José Carlos Somoza
Editorial Espasa. 2019

José Carlos Somoza es Anne McCarey, una cuarentona poco agraciada que, tras la muerte de su madre se gana la vida en el Londres de 1882 cuidando de ancianos adinerados, mientras mantiene una relación sentimental con un marinero que le da mala vida. McCarey es la narradora y protagonista de ‘Estudio en negro’ (Espasa), la última novela de un autor avezado en estremecer y sorprender con relatos fantásticos que desbordan los límites de la imaginación.

En esta ocasión Somoza ahonda en los orígenes de Sherlock Holmes y para ello aparenta dar un giro en su trayectoria  plasmando un delicioso retrato de la Inglaterra victoriana. Pero es sólo apariencia, pues no tarda en sumergir al lector en oscuras trastiendas donde se libran terribles pugnas entre el placer y la muerte.

Portada del libro ‘Estudio en negro’, de José Carlos Somoza.

Al quedar huérfana, McCarey  acepta un puesto de enfermera en la localidad portuaria de Portsmouth, en Clarendon House, una residencia privada para caballeros de alta cuna. Allí le asignan el cuidado del señor X con quien entabla una relación peculiar que evoluciona desde el recelo mutuo a la complicidad. Dueño de una gran cabeza, enclenque de cuerpo y con un ojo de cada color, el señor X pertenece a una distinguida familia y ha pasado la vida ingresado en distintas residencias debido a su caracter singular.  La aparición de un apuesto doctor que se presenta como Arthur Conan Doyle y la muerte de varios mendigos, un niño y otros habitantes de la localidad en extrañas circunstancias desencadena una investigación por parte señor X, con la ayuda de sus ‘chicos de la calle’, Arthur y Anne.

«A los trece o catorce años mi padre me regaló un libro de Conan Doyle y me dijo: «Léelo»», recuerda Somoza. «Holmes es un personaje muy querido al que he seguido a través de las películas y series que ha inspirado. Quería escribir sobre él pero de forma absolutamente libre por ello cree al Señor X, que en vez de médico es paciente y, a diferencia de Holmes no busca aplausos ni reconocimiento sino descifrar los misterios que le atraen. Es una mente inquisitiva y con más matices psicológicos, con un toque de Freud».

Somoza empezó a escribir guiado por la voz de Anne McCarey. «Fue el pistoletazo de salida que me puso en marcha y que se desarrolló con una gran naturalidad, como si fuera una persona que ya estaba en mí y que se manifestaba a medida que la construía. Estoy muy satisfecho porque varias escritoras me han dicho que es una voz femenina muy auténtica. Todos somos varias personas a la vez y los escritores debemos saber oírlas y expresarlas».

El teatro, otra gran pasión de Somoza, es el telón de fondo. Pero no el oficial que se anuncia en los diarios para un público bienpensante, sino el secreto y prohibido, los llamados escandalosos o clandestinos con una puesta en escena picante o explícitamente erótica. Diversas modalidades del teatro de variedades que nació en París, en 1790, y se extendió con gran éxito por Europa, desde el burlesque, el vodevil a la revista o cabaret. A ellos añade Somoza otros de su propia cosecha como los niños de arena que representan falsas luchas totalmente desnudos o los One Day Only, llamados así porque la actriz que los protagoniza ya no podía actuar de nuevo. «Quería expresar el contraste que se daba en la sociedad victoriana entre un puritanismo rígido y la necesidad de desahogarse», dice Somoza.

José Carlos Somoza junto a la periodista Bel Carrasco. Imagen cortesía del autor.

El arte dramático le fascina, incluso escribió una farsa cómica que enfrenta a Cervante y Shakespeare, en su opinión, el mejor escritor del mundo. «Me gusta bajar a los grandes personajes del pedestal», afirma, «y el drama me interesa sobre todo en el aspecto conceptual porque nos lleva a preguntarnos quién somos y a expresar nuestros deseos más ocultos. Además, tiene una gran influencia como demuestra la fascinación de hoy día por las pantallas».

Somoza es escritor diurno y confiesa una manía. «Soy incapaz de escribir si no tengo cerca una goma de borrar de esas grandes y blandas como un amuleto que me sirviera para borrar los fallos». De su extensa obra destaca ‘Clara o la penumbra’, «no porque sea mejor que las otras, sino porque marca un punto de inflexión», aclara. «Antes hacía una especie de metaliteratura pero con ‘Clara.. me decidí a contar historias de verdad mintiendo todo lo que hiciera falta».

‘Estudio en negro’ es un cuidada edición que incluye facsímiles de programas y anuncios de teatro imaginarios, y márgenes de las páginas aque simulan el desgaste del tiempo. Quienes caigan rendidos a su encanto y atractivo, que serán muchos, están de enhorabuena, porque es sólo la primera entrega de una trilogía holmesiana en la que Somoza dedica estos años de plenitud.

José Carlos Somoza. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco