Pequeños grandes artistas

Talleres didácticos del IVAM
Arquilecturas, de Sonia Rayos y Silvana Andrés

El cerebro de los niños es como una esponja que absorbe  lo que ocurre a su alrededor. cualquier actividad que fomente su vena creativa tiene un efecto positivo en la configuración de sus futuras capacidades para enfrentarse al desafío que es la vida.  Aproximarse a las distintas ramas del arte desde la tierna infancia, garantiza un aprendizaje más pleno y participativo. Los ya tradicionales talleres didácticos del IVAM  y algunas nuevas iniciativas como Arquilecturas  abren aulas a la creatividad invitando a los niños a visitar el país del arte.

Talleres didácticos en el IVAM. Imagen cortesía del IVAM.

Talleres didácticos en el IVAM. Imagen cortesía del IVAM.

Desarrollo personal

“Los talleres han pasado de ser un simple ejercicio puntual y una mera visualización de lo hecho por otros profesionales más capacitados a convertirse en un acto creativo y social”, explica José Agustín Martínez, técnico de didáctica del IVAM desde 2002.  “En ellos se  propone la exploración de las artes plásticas como una vía hacia la investigación, el autoconocimiento, el desarrollo de las propias habilidades, el trabajo en equipo, la socialización entre los distintos agentes educativos y la construcción de la identidad. “El objetivo último es estimular el desarrollo personal y promover la expresión plástica y el autoaprendizaje, siempre convenientemente guiado y asesorado por el monitor o profesor encargado del aula, que no es ya un mero juez y director de las actividades, sino un guía y  un compañero más en la aventura creativa”.

Mediante la puesta en práctica de los conocimientos artísticos adquiridos, los estudiantes entran en contacto con distintos materiales, se enfrentan de manera constructiva a situaciones reales como la temida  página en blanco comprendiendo así el proceso creativo desde dentro. “Para superarlo, el alumno echa mano de los conocimientos memorizados y, a través de un proceso de reflexión, investigación y puesta en común con los profesores y alumnos, se familiariza con materiales y obras de artistas relacionados con el taller temático”, indica Martínez. “De esta forma, además de tratarse de una actividad educativa, los talleres artísticos se convierten en un medio de educación en valores y de desarrollo personal de gran potencial didáctico”.

Arquilecturas, de Sonia Rayos y.

Arquilecturas, de Sonia Rayos y Silvana Andrés.

Ciudades para niños

La arquitecta Sonia Rayos y Silvana Andrés profesora de Plástica crearon  hace un año un taller para niños, Arquilecturas en el que trabajan con medios de representación arquitectónica como maquetas, fotomontajes, collages, planos, dibujos y medios digitales, entre otros materiales.  Un innovador concepto inspirado en las escuelas Vittra, colegios públicos suecos;  ARKKI, escuela de arquitectura finlandesa para niños y jóvenes, en Francesco Tonucci, impulsor de la Ciudad de los Niños, o las propuestas de Maushaus en San Sebastián.

“Con la experiencia obtenida durante estos meses estamos totalmente convencidas de que la arquitectura para niños y niñas es una herramienta idónea para trabajar en la escuela”, dicen Andrés y Rayos. “Nuestros alumnos merecen tener acceso a una lectura didáctica del entorno y a la cultura de otros lugares. Creemos firmemente que la escuela es el espacio adecuado para conseguir este fin, y lo es por su función social”.

Consideran que la arquitectura en la escuela ha de ser una herramienta de conocimiento, no el objeto de conocimiento y que el acceso a la educación arquitectónica y urbanística en la infancia transforma la manera de ver y entender el espacio. Comprender e interiorizar el espacio puede despertar después el interés en cuidarlo, transformarlo y mejorarlo.

Arquilecturas organizan talleres a partir de cuatro años y, a partir de tercero y cuarto de primaria abordan competencias más complejas que requieren de un mayor grado de madurez. “No hay ninguna diferencia entre niños y niñas”, comentan. “En nuestras clases se dan tantas conductas diferentes como número de alumnos, esa es la verdadera proporción, y esa variedad y riqueza productiva es sin lugar a dudas lo que más nos maravilla de nuestro trabajo.

Rayos y Andrés emplean métodos vinculados a la arquitectura y el arte para abordar otros objetivos. Trabajan unidades didácticas basadas en la música, las matemáticas, la física, las ciencias sociales o la filosofía. “Tenemos cada día a niños y niñas de primaria explorando los números primos, la sección áurea, conociendo a Pitágoras, trabajando las fuerzas, y además, disfrutando de lo lindo con ello”.

Talleres para niños. Imagen cortesía del IVAM.

Talleres para niños. Imagen cortesía del IVAM.

Programa estival del IVAM

Del 4- 8 julio. Escoleta de verano Giros infinitos basada en la danza creativa y la expresión artística, impartido por Elena Barrera, relacionado con la exposición Perdidos en la ciudad. La vida urbana en las colecciones del IVAM.

Del 27 de junio al 10 de julio. Exposición de los trabajos de los alumnos que han participado en los talleres didácticos escolares realizados a lo largo del curso, en torno a la exposición Construyendo nuevos mundos. Las vanguardias históricas en la colección del IVAM (1914-1945): El móvil de Calder, el Fanzine Vanguardista, y los juguetes de Joaquín Torres-García.

Bel Carrasco

Árbol ‘in’ urbe

Árbol objeto, de Álvaro Tamarit
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de enero

Los árboles en las ciudades es el último vínculo que nos conecta con la naturaleza de la que hemos sido voluntariamente desterrados. Una naturaleza pródiga y benéfica, pero también hostil y destructora, que de amante madre puede mudar en un instante en cruel madrastra. El árbol en la urbe nos recuerda de dónde venimos, cuando una ardilla podía atravesar la península desde Gibraltar a los Pirineos yéndose por las ramas. También dónde podemos acabar, en un árido desierto, donde la felicidad y la belleza serían espejismos imposibles.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Implantados entre el asfalto y el cemento, cada uno en su respectivo alcorque, los árboles prestan su sombra en los sofocantes meses estivales, consumen los detritos de los coches y ponen una nota de gracia y color en un ambiente gris. ¿Quién no ha soñado alguna vez en vivir en la copa de un árbol gigantesco como Tarzán, o en el interior de un tronco hueco, como la pandilla de Peter Pan?

Algunas personas tienen una conexión especial con estos vegetales que pueden vivir cientos de años y  saben morir dignamente de pie.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Algunas incluso los convierten en materia artística, como Álvaro Tamarit (Xàbia, 1976) cuya última exposición,  Árbol objeto, en la sala Alba Cabrera, es una reflexión sobre su importancia en el complejo y delicado tapiz de la vida.

“Llevo años trabajando sobre este tema, el uso que damos a los árboles y a la madera, una materia viva que derrochamos demasiado”, dice Tamarit. “En esta muestra presento una mezcla de piezas antiguas y otras más recientes”.

Los trabajos de Tamarit combinan el procesamiento de la madera con el soporte collage analógico y los relieves en tres dimensiones. Esculturas singulares que ensalzan  la belleza de la madera, bajorrelieves de ciudades invadidas de vegetación, grandes árboles que acogen ciudades. También objetos juguetes a la manera de Joaquín Torres García, como su barco biblioteca, inspirado en la noticia de que un cargamento de libros iba a ser enviado a África por mar.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A diferencia de otros artistas que buscan durante años su propio camino y lenguaje, Tamarit confiesa que desde que estudiaba en Bellas Artes “tenía mi propia forma de pensar y sabía cuál iba a ser mi camino siempre en libertad”.

En su taller de Xàbia la madera es la gran protagonista y utiliza fotografías de sus viajes, imágenes de periódicos y revistas para componer sus collages, “siempre analógicos”, reivindica.

“Utilizo algunas máquinas sencillas como lijadoras o taladros, pero las manos son las que más trabajan”, apunta.

Vive entre Xàbia y Cambridge, un eje privilegiado que le permite contrastar las grandes diferencias en la apreciación del arte entre España e Inglaterra. “Allí dan ayudas desde 100 a 2.000 euros a devolver sin interés para que la gente adquiera piezas artísticas”, comenta.

Sus últimas exposiciones se presentaron en Alemania, Holanda y en Valencia, en la galería Set.

Bel Carrasco

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Ciudad en la sierra, de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.