Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje
Fundación Museo Salvador Victoria
Calle Hospital, 13, Rubielos de Mora, Teruel
Inauguración el 9 de abril de 2016, a las 20h.

Tanto para Joan Hernández Pijuan como para Eusebio Sempere, el paisaje siempre estuvo fuertemente unido a su trayectoria artística. Durante sus primeras etapas figurativas, el pintor barcelonés realizó obras como Paisatge d´Horta de 1950; el de Onil paisajes de palmeras y en 1949 la acuarela Paisaje, con claras influencias de Paul Klee.

En la década de los sesenta, ya dentro de la abstracción lírica, Sempere profundiza en el tema del paisaje, castellano principalmente. También hizo referencia a las tierras aragonesas, como consecuencia de sus visitas veraniegas a la población turolense de Mosqueruela, lugar de origen de Abel Martín, pintor, amigo y serigrafísta de la obra gráfica de Sempere. Paisaje Aragonés, de 1964, sería un ejemplo. Solo en 1962 llegó a realizar más de veinte paisajes. Tres años más tarde pintó Paisaje lluvioso, Paisaje de junio y Campo de mimbre, donde podemos apreciar la bella gama cromática utilizada, esos verdes de los que habló el pintor Fernando Zóbel:”Sempere consigue unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”. Es la época de sus viajes a la ciudad de la Casas Colgadas, de los preparativos para la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y de la adquisición de una casa en la parte alta de la ciudad natal de su buen amigo Gustavo Torner. También en 1965 ingresó en la galería Juana Mordó, y para ella realizó su primera carpeta de serigrafías: Las cuatro estaciones, estampada por Abel Martín, quien llegó a realizar para el pintor cinético más de doscientas serigrafías durante toda su trayectoria artística. La carpeta, editada por Mordó, estaba acompañada por textos de Pedro Laín Entralgo.

A partir de 1966 comenzó una larga etapa en la que la geometría toma posesión de la obra, en detrimento de aspectos más líricos y poéticos, aunque con paréntesis como el de 1969 con la carpeta Cuando estuvo en Cuenca D. Luis de Góngora, donde podemos apreciar los colores del paisaje conquense. En los años setenta realizó una decena de obras de carácter paisajista, todas ellas sobre tabla, en las que predomina el formato cuadrado, dividido ópticamente en cuatro cuadrantes delimitados por las rayas finas del gouache; son composiciones con líneas de horizontes claros, colores terrosos y cálidos en la parte inferior, y claros en la superior, en las que en ocasiones aparecen formas que recuerdan el Sol, la Luna o el Arco Iris, un buen ejemplo son Paisaje amarillo (1976); Horizontes y El día, la noche, la tierra (1978); y El día y la noche (1979). También vemos las líneas del horizonte en composiciones monocromas, como en Espacio Ocre de 1977, donde nos sugiere un paisaje más geometrizado.

Hernández Pijuan, tras dejar atrás una etapa de investigación pictórica basada en la relación entre el espacio y el objeto, en la que convirtió en imagen elementos como el huevo, las tijeras, la regla o la cinta métrica, llegó al paisaje a principios de los setenta. Realizó la serie Acotacions, obras monocromas de sutiles gradaciones verdes, paisajes de la población de Folquer que el autor interiorizó y plasmó sobre la tela de manera minuciosa, con pinceladas cortas y sucesivas, llegando a provocar la sensación de la insignificancia que tiene del hombre ante la naturaleza. En alguna de las composiciones pintó en su centro una centenaria encina, la que podía ver desde su estudio a través de la pequeña ventana que daba a la Sierra de Comiols. En 1976 estampó Proyectos para un paisaje y diez aguafuertes y aguatintas para La Polígrafa, donde el color es capaz de crear una atmósfera cálida y profunda, al igual que en el aguafuerte y aguatinta Doble paisatge de 1977.

Detalle de la exposición: "Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje." 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria

Detalle de la exposición: “Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje.” 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria.

En el verano de 1980, en su estudio de la Casa Gran de Folquer, realizó dos pequeños óleos preparatorios para el gran formato Tríptic de Montargull, a los que tituló Colors per tríptic de Montargull, piezas que hacen clara referencia al paisaje de la pequeña localidad leridana del mismo nombre. Paisajes de pinceladas de óleo en tonalidades ocre, como los campos de cereales presentes en esta comarca de la Noguera, que nos hipnotizan hasta hacer difícil apartar la mirada.

Si para Sempere los primeros años de la década de los ochenta son el fin de su carrera debido a su enfermedad y fallecimiento en 1985, para Hernández Pijuan es el arranque de una nueva etapa, tal vez la más conocida por el gran público. El pintor de Folquer en los veranos de principios de los ochenta desplazó su estudio a una de las plantas inferiores de la Casa Gran, donde ya no le era posible observar el paisaje de manera directa. Desde este nuevo emplazamiento nos habló de la memoria de un paisaje sintetizado en signos. Las mallas, los caminos, la morera, el ciprés o las nubes serán sus referentes.

Con la llegada de los noventa, el pintor de silencios trabajó sobre grandes superficies y sin apenas elementos iconográficos. A partir de una masa central de óleo y esmaltes industriales, el autor esparcía la materia y la modulaba sobre la tela, dejando zonas muy densas en el centro y otras sin apenas textura, en los bordes del lienzo. La luz y la oscuridad se disputan el espacio ocupado y el vacío. Toda esta superficie es surcada por líneas que se entrecruzan a modo de malla metálica o de caminos encontrados.

Hernández Pijuan en sus últimos óleos utilizó el color blanco como fondo, y sobre éste extendió una mancha negra, rotunda y dramática, como presagio de un final próximo. En una de sus últimas reflexiones escribió: “podría decir también que se trata de convertir el paisaje en algo que uno mira“.

El intermedio de Ana H. del Amo

Entre la O y la Y, de Ana H. del Amo
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del Mocadoret, 4. Valencia
Inauguración: viernes 15 de enero, a las 20.00h
Hasta el 5 de marzo de 2016

Bajo el título Entre la O y la Y, Ana H. del Amo (Cáceres, 1977) presenta en Set Espai d’Art una selección de sus últimos trabajos donde despliega una reflexión sobre la propia pintura, su materia y objetualidad. El “entre” del título señala esa condición de lugar intermedio, de estar en medio, en el interior, dentro, pero también marca el índice de cooperación y reciprocidad donde se quiere situar esta reflexión sobre y desde la pintura.

Formada en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona en los años noventa, donde fue alumna de pintores de la talla de Joan Hernández Pijuan y Joaquim Chancho, Ana H. del Amo parte de la práctica de la “pintura pintura” para, en los últimos años, desarrollar una desarticulación el cuadro como objeto y soporte de la pintura, jugando con su estructura para ampliar las claves de su trabajo más allá del lienzo.

Obra de Ana H. del Amo. Galería Set Espai d'Art.

Obra de Ana H. del Amo. Galería Set Espai d’Art.

Por una parte, resultará clave la importancia del espacio, de una geometría intuitiva y de cierto carácter arquitectónico, en definitiva: la importancia de la forma y del diseño de las estructuras. Por otra, la importancia del color, que en estas obras se retrae o minimiza para poder explotar con toda su fuerza, con toda su luz, subrayando los cantos de los listones de madera que recuerdan al bastidor, un color texturado, denso, aplicado por capas. Claves que se perfilan y completan a través de una particular actitud de base conceptual en esa revisión de la pintura y de lo pictórico, su materialidad, que no olvida en ningún caso la sensualidad de lo plástico, su comportamiento.

La exposición se compone de varias piezas de pared donde se articula esa ”reconversión” del cuadro hacia un nuevo paradigma de la pintura que se fundamenta en el reciclaje y ensamblaje de listones, y cuya construcción subraya la calidez de la madera al tiempo que sugiere una perversión de la geometría minimalista; una estructura central que obliga al espectador al juego, a girar a su alrededor descubriendo las aristas de un volumen vacío; y varios trabajos sobre papel, realizados con ceras y barras de óleo donde apreciamos la fuerza del color, la vibración del gesto y ese gusto de Del Amo por la “pintura pintura”.

Obra de Ana H. del Amo. Set Espai d'Art.

Obra de Ana H. del Amo. Galería Set Espai d’Art.

Especies de espacios, en el MACBA

Especies de espacios
MACBA-Museu d’Art Contemporani de Barcelona
Plaça dels Àngels, 1. Barcelona
Comisario: Frederic Montornés
Hasta el 31 de enero de 2016

Un edificio fragmentado es lo que nos propone en esta ocasión el MACBA de Barcelona en su exposición Especies de espacios, título que nos remite a una libre interpretación del libro Especies de espacios de George Perec y materializa las consecuencias de su aplicación al ámbito artístico.

Logo de la exposición Especies de Espacios (Espècies d'espais). 2015. Cortesía de MACBA.

Logo de la exposición Especies de Espacios (Espècies d’espais). 2015. Cortesía MACBA.

Comisariada por Frederic Montornés, contiene más de cincuenta obras procedentes de colecciones públicas y privadas, la Colección MACBA y producciones específicas que contribuyen a la reflexión sobre los 13 espacios en los que, según Perec, “nos mostramos, somos, nos movemos, actuamos, nos relacionamos, pensamos… En suma, donde vivimos.” El transcurrir de nuestra vida, junto a las experiencias, es complicado de explicar sin un marco temporal y espacial que nos define en función del uso que hacemos de ellos, posibilitando a su vez un nuevo concepto de vida más allá de una linealidad principio-final –vida y muerte-, fragmentario y apoyado en los cimientos de los espacios por los que deambulamos y evolucionamos. Perec se convierte en el guía más adecuado y el que suministra los espacios a los que anhelamos acceder, sin una voluntad enciclopédica y sí reflexiva, en torno a los significados que cada espacio encierra para cada uno de nosotros.

Los artistas que nos ofrecen los espacios vistos desde su propia óptica son Ignasi Aballí, Lara Almarcegui, Serafín Álvarez, Martí Anson, Marcel Broodthaers, Luz Broto, stanley brouwn, Victor Burgin, Luis Camnitzer, Azahara Cerezo/Mario Santamaria, Joan Colom, Jordi Colomer, Guy Debord, Pep Duran, Andrés Fernández, León Ferrari, Lucio Fontana, Dora García, Gego, Joan Hernández Pijuan, Francisco Ibáñez, Marla Jacarilla, Adrià Julià, Emma Kay, Guillermo Kuitca, Manolo Laguillo, MAIO, Gordon Matta-Clark, Ester Partegàs, Lois Patiño, Gerhard Richter, Humberto Rivas, Pedro G. Romero, Gino Rubert, Francesc Ruiz, Edward Ruscha, Daniel Steegmann Mangrané, Saul Steinberg e Ignacio Uriart.

Leon Ferrari. Cidades. 1980. Cortesía de MACBA.

León Ferrari. Cidades. 1980. Cortesía de MACBA.

Sin ninguna pretensión de convertirse en una exposición de tesis, archivo o documentación, Especies de Espacios debe ser afrontada como una libre interpretación de un libro que deambula por lugares concretos del espacio público y privado, la intimidad y la vida pública, lo que somos y lo que el resto ven de nosotros. Una deriva de la existencia humana desde un espacio delimitado y reducido hasta la imposibilidad de poner limitaciones al espacio en general.