El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

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Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

El MuVIM, contra el pensamiento único

Presentación de los nuevos directores del MuVIM y Museu d’Etnologia
Rafael Company y Francesc Tamarit
Diputación de Valencia

Xavier Rius, diputado de Cultura, presentó a los nuevos directores del MuVIM y Museu d’Etnologia, Rafael Company y Francesc Tamarit, respectivamente, como “personas de la casa”. Sus predecesores en el cargo, Francisco Molina y Joan Gregori, también lo eran. Al menos así fueron presentados en su momento. ¿La diferencia? Que ahora, según se desprendió de las palabras de Rius, los directores gozarían de total independencia, libres de las injerencias políticas habidas en muchos casos hasta la fecha. Rafael Company, al tomar la palabra, fue más lejos al señalar que el MuVIM impulsará el debate social, pudiendo incluso “resultar una entidad incómoda para los abanderados del pensamiento único”.

Rafael Company, director del MuVIM. Foto: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Rafael Company, director del MuVIM. Foto: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Company, que fue quien dirigió el MuVIM en su nacimiento hace ya 14 años, pretende volver a los orígenes de un museo caracterizado por la exposición de obra gráfica, carteles y fotografías precisamente enmarcadas en la Ilustración y la Modernidad de la que hace gala el nombre de la institución museística. De esta forma, Company, que fuera alumno aventajado de Román de la Calle, su sucesor en el cargo en aquellos tempranos días del MuVIM, parece igualmente querer recuperar lo que tantas veces promovió su mentor: que no hubiera exposición, sin reflexión.

Francesc Tamarit, director del Museu d'Etnologia. Foto de Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Francesc Tamarit, director del Museu d’Etnologia. Foto de Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Francesc Tamarit viene a reemplazar a Joan Gregori, quien a su vez reemplazó hace bien poco a Joan Seguí, al frente del Museu d’Etnologia. En este caso, navegará por aguas menos turbulentas que las del MuVIM, por cuanto Seguí ha gozado durante los ochos años que ha dirigido el museo de un reconocimiento al que se sumó el propio Tamarit. De hecho, desembarca con la idea de seguir interpretando la cultura popular valenciana, al tiempo que se profundiza en el estudio de sus valores vigentes. Puso un ejemplo: el planteamiento de una exposición acerca de si nuestros antepasados eran más ecologistas que los ciudadanos actuales.

Xavier Rius quiso dejar claro que la dirección de ambos museos estaba ahora en manos de “profesionales con experiencia” y, sin duda, “personas de la casa”. Y lo justificó diciendo: “No podemos buscar fuera lo que tenemos dentro”. Sobre todo después de responder a la pregunta de por qué no se han sacado ambas plazas a concurso público, alegando que la Diputación de Valencia no puede hacerlo porque “la tasa de reposición impuesta por el Gobierno central es cero”.

La presentación de Company y Tamarit vino acompañada de cierta declaración de intenciones acerca de la “transversalidad” entre los distintos organismos culturales de la Diputación, de “recuperar la valencianidad”, así como “redescubrir el riquísimo patrimonio artístico de la Diputación de Valencia”. También José Miguel Cortés, director del IVAM, apostó al tomar el cargo en sustitución de Consuelo Císcar por potenciar el valioso patrimonio artístico con el que cuenta el museo valenciano de arte moderno. La necesidad, por aquello de la crisis económica y, sin duda, de la propia convicción en lo que se tiene, transformándose en virtud.

De la exposición permanente ‘La aventura del pensamiento’, auténtica joya del MuVIM impulsada originariamente por quien ahora vuelve a tomar las riendas del museo, dijo Company que se abrirá “a la mayor brevedad posible”. Problemas derivados de la licitación pública destinada a renovar sus contenidos, han obligado a mantenerla cerrada más allá del tiempo previsto.

De izquierda a derecha, Rafael Company, Maria Josep Amigó, Xavier Rius y Francesc Tamarit.

De izquierda a derecha, Rafael Company (MuVIM), Maria Josep Amigó, vicepresidenta de la Diputación de Valencia, Xavier Rius, diputado de Cultura, y Francesc Tamarit (Etnologia).

Salva Torres

El MuVIM, ¡a todo gas!

En Moto!
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 30 de noviembre, 2014

Joan Gregori, director del MuVIM, se remontó al caballo para, tirando de esas riendas antropológicas, alcanzar el presente de las motos, que es a lo que iba. A lomos de esa reflexión, con alusiones a los centauros, mitad hombre mitad animal, y a los cyborgs, mitad hombre mitad máquina, justificó las cinco exposiciones que ocupan todas las salas del museo para hablar de la pasión de los valencianos por las motos. Y motos hay más de 120, de todos los tiempos y estilos. Desde el primer prototipo de 1889 de Francesc Bonet a las últimas que ruedan por los grandes circuitos. Y así, como una moto, arranca la temporada el Museu Valencià de la Ilustració i la Modernitat.

Detalle de una de las fotografías de Danny Lyon para 'The Bikeriders', de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Detalle de una de las fotografías de Danny Lyon para ‘The Bikeriders’, de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

“¿Por qué nos gustan tanto las motos a los valencianos?”, se preguntó la diputada de Cultura, María Jesús Puchalt. La respuesta, añadió, estaba en el MuVIM, que trata de hacerlo “en forma de exposición”. En realidad se divide en tres: ‘Gas al museu’, donde se recoge el mundo de las competiciones deportivas, con sus héroes y monturas; ‘Històries de motocicleta’, con un tropel de vehículos para nostalgia de aficionados y público en general, y ‘The Bikeriders’, una exposición fotográfica de Danny Lyon producida por la Fundación Colectania. Una instalación de Juan Miguel Aguilera y el artista fallero Manolo García, y una muestra de Juan Luis Durán completan el macro montaje expositivo.

Detalle del cartel de la exposición 'En Moto!', en el MuVIM.

Detalle del cartel de la exposición ‘En Moto!’, en el MuVIM.

La pasión por ese “animal mecánico” que es la moto, según expresión de Gregori, queda principalmente reflejado en las 51 imágenes del singular Danny Lyon. Pasión, pasión. Porque el recorrido por las decenas de motocicletas que pueblan el museo está salpicado de nostalgia (¡mira, un sidecar y una vespino!), de recuerdos y remembranzas, incluso de datos sugerentes, pero la espectacularidad del montaje tiende a abotargar los sentidos. Lyon es otra cosa.

Detalle de la obra de Juan Miguel Aguilera para la exposición 'En moto!, en el MuVIM.

Detalle de la obra de Juan Miguel Aguilera para la exposición ‘En moto!, en el MuVIM.

“Danny era motero”, explica Pepe Font de Mora, de la Fundación Colectaina. Se hizo motero, “porque necesitaba la proximidad”, empaparse de aquello que quería contar en imágenes. “Prácticamente no había mitología y Danny rompe el cliché para mostrar a esos personajes”. Moteros del medio oeste americano que en la década de los 60 del pasado siglo se lanzaron a la carretera en busca de libertad. Como bien recordó Joan Gregori, esa visión “romántica” tenía su contrapunto con esa otra de los policías en moto reprimiendo ciertas manifestaciones políticas.

Fotografía de Danny Lyon para 'The Bikeriders', de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Fotografía de Danny Lyon para ‘The Bikeriders’, de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Las exposiciones del MuVIM pretenden hacerse cargo de esas múltiples facetas de la moto. Salvador Calabuig, uno de los encargados de coordinar el conjunto expositivo, habló de “clave social, bélica, industrial, rural, deportiva”, de un vehículo que además de instrumento de locomoción cumple otras funciones, desde la puramente icónica a la más libre y salvaje relacionada con la “pulsión por la velocidad” (Gregori dixit).

Fotografía de Danny Lyon para 'The Bikeriders', de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Fotografía de Danny Lyon para ‘The Bikeriders’, de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Hay Bultacos, Montesas, Ossas, Vespinos, Harleys, Ducatis, Derbis. Hay cascos, buzos, letreros luminosos, antiguas máquinas de gasolina, imágenes sepia y publicidad antigua. Y hay rostros de viejos conocidos: Ángel Nieto, Sito Pons, Aspar, Champi Herreros, Paco González o César Gracia, éste último recordando en vivo y en directo tiempos pasados. Hay de todo un poco y, eso sí, muy bien montado, para deleite de cuantos sienten el vértigo de la moto, ya sea por devoción o simple admiración.

Fotografía de Danny Lyon en la exposición 'The Bikeriders', de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Fotografía de Danny Lyon en la exposición ‘The Bikeriders’, de la Fundación Colectania, en el MuVIM.

Salva Torres

José Antonio Orts y los sonidos del agua

Hidrofanías, de José Antonio Orts
Sala Parpalló
Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 14 de septiembre

La Sala Parpalló del MuVIM acoge la exposición de José Antonio Orts ‘Hidrofanías’, que en palabras de la diputada de Cultura, María Jesús Puchalt, tiene relación con «la dimensión social y cultural incuestionable del agua». Orts ha seleccionado para el MuVIM una serie de sorprendentes instalaciones que adentra al público en una experiencia artística interactiva donde sus esculturas generan la imagen y los sonidos del agua.

Estas manifestaciones acústicas ─sonidos del agua y sus reflejos─ son precisamente las claves que explican el título escogido por el artista: ‘Hidrofanías’. Según explicó el propio Orts, “fanía” alude a la revelación poética que la exposición realiza alrededor del agua. “El agua contiene todas las notas musicales. Eso es algo científico, como el prisma que convierte la luz blanca en toda la gama cromática”.

José Antonio Orts, junto a una de sus piezas de la exposición 'Hidrofanías' en la Sala Parpalló. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

José Antonio Orts, junto a una de sus piezas de la exposición ‘Hidrofanías’ en la Sala Parpalló. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

A partir de un único “chorrito de agua” –que es el que tiene todas las notas musicales-, José Antonio Orts ha sacado las distintas notas que pueden escucharse en cada una de las instalaciones expuestas en la Sala Parpalló del MuVIM. El autor, calificado por el comisario Amador Griñó de “escultor interactivo y músico”, señaló que “las oscilaciones del agua corresponden con los armónicos que puede conseguir un músico al hacer vibrar las cuerdas de un instrumento”.

La obra de José Antonio Orts recuerda la importancia del líquido elemento. Como ejemplo, el comisario aludió a la instalación ‘Huit Canelles’ que recuerda a los caños que vierten el agua en ocho acequias, tal como ocurre con la ciudad de Valencia y el río Turia, con las acequias de Quart, Tormos, Mislata, Mestalla, Favara, Rovella, Rascaña y Faitanar, que son las que han proporcionado de agua a la ciudad de Valencia y su huerta.

Obra de José Antonio Orts en la exposición 'Hidrofanías'. Sala Parpalló del MuVIM.

Obra de José Antonio Orts en la exposición ‘Hidrofanías’. Sala Parpalló del MuVIM.

Para esta exposición, y dado el vínculo histórico de la Sala Parpalló con las vanguardias, se han desarrollado, en colaboración con NOP films, un total de siete vídeos explicativos con el proceso de montaje de las obras, en castellano e inglés, accesibles junto a las instalaciones mediante códigos QR y etiquetas NFC. Haciendo uso de componentes electrónicos, circuitos, sensores, altavoces, tubos y espejos, José Antonio Orts construye hermosas esculturas ―consideradas únicas dentro del panorama del arte contemporáneo― que permiten crear armonías de agua, únicas, irrepetibles, admirables, y que nos adentran en el universo del arte total.

Las piezas instaladas en la Sala Parpalló, sensibles a la presencia del espectador, han sido diseñadas para emitir sonidos afinados o luces como respuesta a la irrupción de los visitantes. Adentrarse en ‘Hidrofanías’ hace partícipe al visitante del universo creador del artista y, como consecuencia de su deambular entre ellas, construye efímeras sinfonías que se consumen a la vez que se generan, en un acto escénico que trasciende el ámbito de las artes implicadas.

Obra de José Antonio Orts en la exposición 'Hidrofanías'. Sala Parpalló del MuVIM.

Obra de José Antonio Orts en la exposición ‘Hidrofanías’. Sala Parpalló del MuVIM.

 

Valencia y Perú, tan lejos, tan cerca

‘Perú. Martín Chambi – Castro Prieto’, organizada por DKV Seguros
‘La Valencia olvidada’, de Joaquín Collado
Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 6 de julio

Dicen que la primera fotografía fue realizada por Niépce hacia 1826. El título ya era elocuente: Vista desde mi ventana. La luz asoladora apenas dejaba ver muros, tejados y fachadas. Martín Chambi, casi un siglo después, se hizo cargo de esa luz borrosa, en su Cuzco natal, mejorándola en ese avance de la fotografía por captar con nitidez la realidad. Joaquín Collado, ya desde Valencia, siguió acercando la calle a su objetivo, prendado de los mismos rostros que Chambi captó a miles de kilómetros de distancia muchos años antes. Juan Manuel Castro Prieto, imantado por esa fotografía humanista, siguió los pasos de sus antecesores para darle una nueva vuelta de tuerca a esas imágenes tomadas a ras de tierra.

Fotografía de Joaquín Collado. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Joaquín Collado en la exposición ‘La Valencia olvidada’. Imagen cortesía del MuVIM.

El MuVIM, inaugurando al alimón dos exposiciones, ‘Perú. Martín Chambi-Castro Prieto’ y ‘La Valencia olvidada’ de Joaquín Collado, no hace más que reconocer los estrechos vínculos que unen a los tres fotógrafos implicados, por muy distantes que sean geográficamente sus respectivas experiencias. “Lo local y lo global dialogando entre sí”, según destacó Joan Gregori, director del Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto, en la exposición 'Perú. Martín Chambi - Castro Prieto', en el MuVIM.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto, en la exposición ‘Perú. Martín Chambi – Castro Prieto’, en el MuVIM.

Martín Chambi (1891-1973) se hizo cargo de la sociedad peruana de principios del pasado siglo, haciendo buena la frase del propio Collado: “Me gusta fotografiar los ojos,…en los ojos está todo”. Y éste (Valencia, 1930), valiéndose de esa declaración de intenciones, reflejó la Valencia de los años 70 como si fuera un avezado carterista de imágenes prohibidas. Castro Prieto (Madrid, 1958), en comunión con ese “gusto por el ser humano”, según sus propias palabras, siguió el trayecto del maestro peruano para tomar las mimas calles, pero en color, del cronista visual Chambi.

Fotografía de Martín Chambi en la exposición 'Perú. martín Chambi - Castro Prieto', en el MuVIM.

Fotografía de Martín Chambi en la exposición ‘Perú. martín Chambi – Castro Prieto’, en el MuVIM.

Un siglo entero les contempla a los tres, arrancando con Martín Chambi, pasando por Collado y desembocando en Castro Prieto. Un siglo de fotografía a pie de calle, cuyo epígrafe de fotografía documental más que revelar cierta forma de mirar, lo que hace es ocultar la singularidad de sus imágenes. Chambi retrata de tal manera a sus personajes que, como decía Barthes, sus rostros parecen asaltar al espectador en el ‘punctum’ exacto en que algo se sale de su torpe adscripción documental. Lo mismo sucede con la Valencia de Collado: gitanos, prostitutas y diversas gentes de la calle son atrapadas por su cámara, dando cuenta de una vida que, aún congelada en el tiempo, parece renacer en cada mirada presente.

Fotografía de Martín Chambi, en la exposición 'Perú. Martín Chambi - Castro Prieto', en el MuVIM.

Fotografía de Martín Chambi, en la exposición ‘Perú. Martín Chambi – Castro Prieto’, en el MuVIM.

Juan Manuel Castro Prieto, conocedor de ambos, se siente fotógrafo a la antigua, más que artista. De ahí su atracción por esa calle repleta de gente, de personajes, de vivencias. “El paisaje y la arquitectura me interesan en cuanto que lo habita el ser humano”, dijo en la presentación de la muestra que le emparenta con Martín Chambi, organizada por la Diputación de Valencia y DKV Seguros, y comisariada por Alejandro Castellote y Alicia Ventura. Dialogando en la Sala Parpalló con el maestro peruano, las casi 100 imágenes de Chambi y Castro Prieto evocan el Perú habitado por indígenas alejados del exotismo folclórico e impregnados de dignidad.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Imagen cortesía del MuVIM.

Luis Carrasco, comisario de ‘La Valencia olvidada’, aseguró que el espectador que acuda a la exposición de Collado se sentirá “observado” por esos personajes capturados al natural. “Sabía lo que me jugaba”, dijo Collado, que tosía cada vez que tomaba una foto para silenciar el ruido del disparo. Esa fotografía callejera, que comparte con Martí Chambi y Castro Prieto, fruto de un intenso humanismo, es la que acerca a Valencia y Perú, más allá de distancias espaciales y temporales.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto en la exposición 'Perú. Martín Chambi - Castro Prieto', en el MuVIM.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto en la exposición ‘Perú. Martín Chambi – Castro Prieto’, en el MuVIM.

Salva Torres

El MuVIM se adentra en el pensamiento salvaje

Otras fronteras

Museo Valenciano de la Ilustración y Modernidad (MuVIM)

C / Quevedo, 2. Valencia

Hasta el 29 de septiembre

El delirio de la razón produce monstruos y el siglo XX tiene un amplio muestrario de ellos en forma de dictadores, ya sean nacionalsocialistas, fascistas o comunistas, incluso de rancio y más cercano abolengo racial. Pero puestos a denostar los efectos indeseados de la racionalidad ilustrada, nos podemos topar con su otra cara romántica, irracionalista, pasional y, en el linde, igualmente destructiva. Por eso conviene articular luces y sombras, mediante relatos simbólicos que canalicen los desvaríos de uno y otro lado.

La coleccionista de Amuletos, María Victoria Liceras, en la exposición Otras fronteras del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

La coleccionista de Amuletos, María Victoria Liceras, en la exposición Otras fronteras del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

El director del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), Joan Gregori, habló de “la noche de los tiempos” para referirse a la natural tendencia de los seres humanos por los rituales, en tanto formas de “protección contra el mal”. Y Antonio Lis, director de Gestión Cultural de la Diputación de Valencia, señaló que en los momentos de crisis como el que ahora estamos padeciendo, “suele producirse una vuelta a esos mundos antitéticos”. Hastiados de un pensamiento racional que, en lugar de arrojar luz, parece devorado por las sombras de tanta sospecha, buscamos en el denominado pensamiento salvaje, primitivo, la esencia perdida de las cosas.

Para adentrarse en ese pensamiento de otros mundos, que parece columpiarse entre lo pintoresco o exótico y lo atractivo, el MuVIM acoge cuatro exposiciones entrelazadas por el denominador común de Otras fronteras. Cuatro exposiciones repletas de objetos, figuras y ropajes directamente conectados con esos universos espirituales a los que, paradójicamente, volvemos nuestra mirada igualmente hipnotizada por el consumo material que prima en Occidente. Entre los mundos: el chamanismo en los pueblos de Siberia, Fotografiando el Far East, Las brujas y su mundo, y Amuletos son los títulos de unas muestras que permanecerán en el MuVIM hasta el 29 de septiembre.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

La amplia colección del Museo Ruso de Etnografía, cuyos objetos salen por primera vez de sus vitrinas de San Petersburgo, permite la contemplación de tambores, baquetas, pecheras, gorros y vestimentas de chamán. Objetos todos ellos que vienen a cumplir una función ritual y simbólica para unos pueblos y sus habitantes que creen en su poder mediador a la hora de ahuyentar los malos espíritus. En ese sentido, se alejan de la estricta finalidad consumista de los objetos de nuestro más inmediato entorno, para transmitir una fuerza ligada a su carácter sagrado. La práctica de los chamanes en la zona de Siberia subraya, a juicio de Joan Gregori, la existencia esas “otras fronteras más allá de las que podemos ver físicamente”, y que entroncan con “la imaginación de los hombres”.

El Far East, siguiendo la estela dejada por el más conocido Far West, también señala esa otra dirección  que tomó el elemento eslavo con relación a Occidente en la conformación del Nuevo Mundo. Otra dirección y otra frontera, establecida por la migración de esos pueblos siberianos con sus rituales y prácticas religiosas diferentes. De nuevo la industrialización y modernidad racionalizadora, en contraste con el residual pensamiento salvaje.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Las brujas y su mundo, comisariada por Salvador Calabuig, es igualmente un acercamiento a esas prácticas asociadas a mundos ocultos, perseguidas por el saber oficial. Estampas de la serie Los caprichos de Goya, la obra de Francisco Mateos y Bernardo Ferrándiz, junto a las de Josep Estruch, Daniel Sabater y José Segrelles, permiten rastrear la huella de conductas asociadas con el diablo, la cara maligna indisociable de nuestra más amable condición humana. La exposición incluye brujas románticas, pero también brujas televisivas, como Averías, o cinematográficas, la de Blair, hasta llegar a la Bruixa d’Or que tantos premios ha repartido en la localidad de Sort.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Foto: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Foto: Pedro Hernández

Para la muestra de Amuletos se ha contado con la colección de María Victoria Liceras, compuesta por 400 objetos que siguen evocando ese pensamiento primitivo alejado de la estricta racionalidad. De nuevo la protección contra el mal y, de nuevo, la necesidad humana de encontrar vías simbólicas al sinsentido de la vida. Quizás la crisis, expresión de ese caos de lo real que constantemente nos amenaza, sea momento propicio para el resurgimiento de prácticas que atemperen la angustia existencial. Otras fronteras que, desde luego, dan que pensar. Como da que pensar el lugar elegido para cuatro exposiciones de marcado carácter etnográfico. El Museo de la Beneficencia parece ampliar su radio de acción hasta el MuVIM. Pero esa es otra historia y otra frontera.

Uno de los objetos de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Uno de los objetos de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

 Salva Torres