Beatles y Ron Howard, los años de histeria

Título original: The Beatles: Eight Days a Week – The Touring Years
Año: 2016
Director: Ron Howard
Protagonistas: Paul McCartney, John Lennon, Ringo Starr y George Harrison

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La canción “Eight days a week” fue compuesta por John Lennon con Paul McCartney y se incluyó en el álbum “Beatles for sale” de 1964. En febrero de 1965 alcanzó como single el número 1 en Estados Unidos junto a su cara b “I don’t want to spoil the party”. Ahora esa canción es el título de un reportaje que consigue, si cabe un poco más, hacer más grande el mito.

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Entre el pasado 15 y el próximo 22 de Septiembre va a estar en la cartelera de cine española. Ni ocho días va a durar, al menos podían haber tenido ese detalle. Y sí, la hemos catado y lo podemos confirmar, no aporta mucho más de lo que se sabía acerca de un tema tan explotado como es THE BEATLES pero resulta una delicia que alguien realice un trabajo detallista y minucioso que nos pueda servir para refrescar la memoria, para regenerar esas neuronas que puedan andar alejadas de la cultura pop y, en su caso, para introducir la beatlemanía como cultura de masas sobre aquellos que nunca han comulgado, con alusión expresa a las nuevas generaciones que, entre tanta morralla y desperdicios musicales de reggaeton o similares que imperan en el ambiente, ignoran cuántos beneficios ha aportado a la Humanidad el grupo más famoso de la historia del rock. A título personal un orgullo haber puesto una semilla más al visionarla junto a una de mis hijas con la que, a pesar de la preadolescencia, pude comprobar que disfrutó de lo lindo.

Chapeau por tanto para el oscarizado director Ron Howard y sus estrechos colaboradores en “Eight days a week – The Touring Years” que, a modo de documental, relata las andanzas de los Fab Four entre el 62 y el 66, con mención especial para sus conciertos en directo y un breve repaso discográfico hasta el “Sgt.Peppers”.

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Cierto es que por tratarse del período más lozano de los de Liverpool parece como si casi todo fuese perfecto, todavía no habían comenzado problemas ni disputas, todos parecían ir a una como en Fuenteovejuna en un ambiente de camaradería incluso hasta en la recta final del film donde comienzan a estar desbordados por el acoso de los medios y de algunos sectores sociales de diversos países donde tenían que realizar conciertos.

Me quedo principalmente con los testimonios de actrices de cine como Whoopi Godberg o Sigourney Weaver y lo que para ellas supusieron los Beatles, también con un crack musical como Elvis Costello, muy interesante lo que dice sobre la publicación de “Revolver”, de sentirse traicionado a totalmente abducido por el álbum en unas semanas. Pero por encima de todo considero para destacar el detalle de lo que significó la cohesión de la banda en un tema espinoso de aquella época como era la segregación racial. Quizás muchos no lo habíamos valorado en su justa medida hasta ahora pero aquel concierto en Jacksonville (Florida) fue una ayuda y un punto de inflexión para cambiar sociedades xenófobas e intolerantes como la americana. Me encantó, por ejemplo, escuchar las reveladoras declaraciones de la profesora e historiadora Kitty Oliver.

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Eso sí, por supuesto para un melómano y amante del pop-rock como el que suscribe lo más interesante de la cinta es la segunda parte con treinta minutos de actuación en el Shea Stadium de Nueva York durante el 15 de agosto de 1965, un documento inédito con imágenes exclusivas de Apple y una labor tremenda de restauración y remasterización para que las canciones no quedasen con poca intensidad por debajo de las enloquecidas fans y donde además se puede comprobar que a pesar de la locura reinante los cuatro miembros mantenían el sentido del ritmo y de la melodía.

Pues eso, no entraremos a polemizar con la frase de Lennon de que son más famosos que Jesucristo pero lo cierto es que la leyenda de los Beatles continúa y poquitos, quizás contados con los dedos de una mano, les podrían disputar el cetro y la corona de la popularidad. Larga vida a los fabulosos.

* Texto adaptado para Makma del artículo publicado en enlace del Espacio Woody/Jagger.

Juanjo Mestre

“Jesús ejerció como un verdadero político”

El trono maldito
José Luis Corral y Antonio Piñero
Editorial Planeta

Jesús de Nazaret es el principal protagonista del libro más leído del mundo, la Biblia, y también la figura que inspira miles, quizá cientos de miles de relatos,  tanto en clave de ensayo como de ficción, en torno a su vida y su mensaje. Los historiadores y catedráticos españoles, José Luis Corral y Antonio Piñero, han unidos sus fuerzas y conocimientos para trazar un fresco del tiempo de Jesucristo en el contexto político de su tiempo, en el marco de Israel y el Imperio Romano en el cénit de su poder. ‘El trono maldito’ (Planeta) se presentó este mes en L’Iber con presencia de los autores, Antonio Zarza y Alejandro Noguera.

La historia comienza en el 4 a.C. tras la muerte del cruel tirano Herodes el Grande, cuando se inicia una lucha de poder entre sus hijos. Una truculenta competición de pasiones, sexo y violencia para ganarse el favor del emperador Augusto quien dirá la última palabra. En medio de la vorágine aparece Jesús, un predicador que revoluciona al pueblo judío, pues arremete contra los romanos y la casta sacerdotal judía.

Los autores se han documentado ampliamente  en obras de referencia, como ‘Guerra de los judíos’, de Favio Josefo; ‘Historia romana’, de Dión Casio; ‘Cartas’, de Plinio el Joven; ‘Vidas de los doce césares’, de Suetonio; ‘Historia de Roma desde su fundación’, de Tito Livio, y, por supuesto, los Evangelios y el Nuevo Testamento.  El libro cuenta con mapas, árboles genealógicos de sus principales protagonistas y un apéndice cronológico con los hechos más destacados de la época que retrata.

A lo largo de sus páginas desfila una rica galería de personajes históricos. Desde el difunto Herodes El Grande hasta sus hijos Arquelao, Antipas y Filipo. Desde los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula a los sacerdotes Anás y Caifás. Mitos como Salomé y Livia, mujeres influyentes en la política de su tiempo, como Glafira, Herodías o Rut.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

¿Qué aporta su historia respecto a las escritas sobre esta encrucijada histórica?

‘El trono maldito’ es una novela, y, por tanto, contiene ficción, pero se basa en los documentos que se conservan de la época de Cristo. La principal novedad es que partimos de fundamentos históricos y literarios ausentes de prejuicios. Uno de los principales problemas al abordar la vida de Jesús ha sido precisamente el basarse en demasiados juicios previos. Nosotros los hemos evitado. Algunos lectores me han dicho que la novela les ha hecho reflexionar mucho.

¿Cómo se han organizado Piñero y usted el trabajo?

La novela surge de un guión de Antonio Piñero de unos 400 folios que yo convertí en 800. Después, durante dos años, hemos ido añadiendo o quitando cosas, tras intercambiar correcciones ambos una y otra vez. Ha sido muy fácil trabajar con Antonio porque es un gran historiador y un hombre muy sensato. La obra es 100% de los dos.

¿Cuál es su valoración personal sobre la figura de Jesús?

Es complicado emitir una valoración breve porque la figura histórica de Cristo ha sido muy manipulada y contaminada por siglos de enfoques predeterminados. Yo creo que Jesús fue menos idealista de cómo se presenta en los textos cristianos, y que ejerció como un verdadero político, actuando como tal durante los últimos años de su vida.

¿Por qué un pueblo tan beligerante y defensor de su libertad como el judío se dejó llevar siglos después al matadero?

La resignación que los judíos mostraron en la Alemania nazi es extraña, sí. Los nazis prepararon a conciencia el holocausto, y lo diseñaron con precisión. Los judíos no se esperaban semejante ataque, de modo que los pillaron desprevenidos. Los nazis supieron desarticular cualquier conato de resistencia y los judíos se resignaron a un destino terrible. Además, en los primeros años de la represión nazi nadie los ayudó, pues el ‘odio al judío’, especialmente activo en la Edad Media, estaba todavía presente en el imaginario colectivo de muchos países.

¿Se resolverá alguna vez el eterno problema judeo-palestino?

Hay una parte muy importante del pueblo judío, y todavía con mayor influencia en la política del Estado de Israel, que se considera ‘el pueblo elegido de Dios’ y que tienen ‘derecho divino’ a la Tierra Prometida. Con postulados así, donde se mezclan el más rancio nacionalismo excluyente con el más atávico sentimiento religioso exclusivista, es muy difícil llegar a una situación de paz y estabilidad permanente. La única esperanza es que las nuevas generaciones de judíos y de palestinos aprendan y entienda que el género humano es uno solo, y que deben entenderse y respetarse. Si no ponen en práctica esta idea, el enfrentamiento este estas dos comunidades seguirá durante mucho tiempo.

Portada del libro 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

Portada del libro ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

Bel Carrasco

“Dios es el gran ausente del arte contemporáneo”

Homenatge a Déu, de Gabriel Alonso y Tomàs Serra
Galería estudio de Gabriel Alonso
C / Denia, 23. Valencia
Hasta mediados de mayo

Las figuraciones plásticas de Dios han sido una constante en la historia de los textos artísticos. Hasta que llegó Nietzsche y decretó su muerte, confirmando así su existencia. Si muere es porque antes estaba vivo. En todo caso, la figura divina como tal desaparece del arte, dejando que su vacío sea llenado por abstracciones más desgarradas. Gabriel Alonso y Tomàs Serra, quién sabe si para abrir cierto debate al hilo de la reciente Semana Santa, retoman aquel halo místico para montar una exposición que pretende ser un singular Homenatge a Déu.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del autor.

Singular porque, aún volviendo a Dios, lo que hacen Alonso y Serra es aproximarse a su figura desde lugares distintos y controvertidos. Gabriel Alonso toma prestadas las imágenes de la crucifixión y de la María Magdalena para suavizar tanto dolor y sufrimiento. “Son imágenes más suaves y amables, y menos sanguinolentas de lo que hizo Mel Gibson en el cine (La pasión de Cristo)”. Es precisamente esta pasión del hijo de Dios la que seduce a Alonso: “La idea de un hombre clavado en una cruz tiene mucha fuerza, más allá de la liturgia”.

Tomàs Serra por su parte se acerca a la figura de Dios adoptando un punto de vista más humano, menos dado a mitologías y escenas metafísicas. Lo suyo es el cuerpo con toda su crudeza. “Tiene poca literatura”, explica Gabriel Alonso, en cuyo estudio de la calle Denia en Ruzafa se exhiben las diez obras que integran el Homenatge a Déu. Así, en valenciano, dice Alonso que suena mejor. Además, sin proponérselo, resulta que déu se refiere tanto a Dios como a diez, que son las piezas mostradas.

Obra de Tomàs Serra en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del estudio Gabriel Alonso.

Obra de Tomàs Serra en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del estudio Gabriel Alonso.

Ya hace diez años, un grupo de artistas valencianos, entre los que se encontraban los propios Alonso y Serra, expuso en la galería Rosalía Sender una serie de obras bajo el título de Plaers de butxaca. Siguiendo esa estela más lúdica y placentera, vuelven ahora a la carga ellos dos en solitario con esta propuesta nacida de cierta “tormenta de ideas”. Lo sintomático es que haya sido Dios el tema elegido. “Dios es el gran ausente del arte contemporáneo”, subraya Gabriel Alonso. De manera que volver sobre sus pasos era una manera de abrir cierto debate o, cuando menos, “buscar su resonancia para ver qué pasa”.

Y lo que pasa es que Dios, como aquello que no termina de ser entendido, se halla en el centro del acto creativo. “La representación tiene mucho que ver con lo sacro: el símbolo y el mundo”. De hecho, como destaca Alonso, el origen del arte tiene una de sus explicaciones en los chamanes, “que eran intermediarios entre la gente y esa fuerza X que nos desborda”. Homenatge a Déu es una forma de plantarle cara a ese origen sacro por caminos que huyen de él.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del autor.

“El concepto de Dios ha cambiado mucho, antes era más jerárquico y autoritario, mientras que ahora nos ablandamos y eso se refleja en su figuración”. Un Cristo blando, a veces diminuto en proporción a María Magdalena, secundado en el calvario por figuras igualmente blandas, es el que Alonso representa. También juega con una lapidación a San Esteban con toques futbolísticos, en tanto los que apedrean visten camisetas de Madrid y Barça. “Es que el fútbol es una religión, con su templo del Valencia [por Mestalla] y todo”.

Tomàs Serra se ciñe al cuerpo desnudo por todo campo de operación profana. Toma como referentes ciertos cuerpos del natural para recrearlos a base de multitud de líneas que parecen diseccionarlo. “Su obra tiene mucho de análisis, de ver más allá de la apariencia”. Reconstruye anatomías como si fuera Prometeo o Frankenstein, para hurgar en la creación por vía recreativa. Su Dios tiene que ver con la materia en continua transformación. Gabriel Alonso y Tomàs Serra homenajeando a Dios cada cual a su manera.

Obra de Tomàs Serra en la exposición 'Dios'. Imagen cortesía de la galería estudio de Gabriel Alonso.

Obra de Tomàs Serra en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía de la galería estudio de Gabriel Alonso.

Salva Torres

“La ciencia ficción es más difícil que la fantasía”

Sindbad en el País del Sueño
Juan Miguel Aguilera
Editorial Fantascy
De venta en liberías

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) estudió diseño industrial, pero su vocación es la de diseñar historias en mundos paralelos, tanto en el ámbito de la ciencia ficción hard como de la fantasía oriental. A esta modalidad del género fantástico pertenece su última novela, Sindbad en el País del Sueño, un magnífico relato de aventuras de corte clásico, inspirado en las leyendas de Las Mil y Una Noches. Su trayectoria lo sitúa en uno de los peldaños más altos del podio de los escritores de literatura fantástica que en Valencia cuenta con dos primeras figuras: Laura Gallego, en versión juvenil, y Pilar Pedraza, en la línea gótica.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Aguilera escribió sus primeras obras en colaboración con Javier Redal, historias enmarcadas en la ciencia ficción dura, y ambientadas en La Saga de Akasa-Puspa, una recreación de mundos y ambientes consistente y detallista. Mundos en el abismo y sus continuaciones, Hijos de la eternidad y Mundos y demonios, combinan una trama típica de Opera Space con elementos de ciencia ficción hard. El refugio muestra una gran influencia científica en biotecnología, bioquímica, comunicación entre especies o en evolución. También ha colaborado con el conocido autor Rafael Marín Trechera y participado como guionista en la película Náufragos y en el cómic Avatar. Como ilustrador ha elaborado numerosas portadas para libros de ciencia ficción.

¿Su Sindbad tiene algo que ver con el de Las Mil y Una Noches?

He jugado con la idea de que se trata del personaje real cuya leyenda dio origen a los relatos de Las Mil y Una Noches. Para ello lo he situado en esta época, en el Bagdad del califa Harún al-Rashid, en el año 800 de nuestra era. Nunca me planteé adaptar los cuentos originales, sino crear una historia nueva con este personaje legendario. El que esté interesado en las historias de Sindbad que aparecen en Las Mil y Una Noches, podrá acceder a ellas en la traducción de Vicente Blasco Ibáñez gracias a unos códigos QR contenidos en mi libro. También he usado estos códigos, que se pueden entender como notas a pie de página, para ampliar la información histórica relacionada con la época y la ambientación de la novela.

¿El País de los Sueños y los seres que lo pueblan como djinn en sus diversas variantes están inspirados en algún relato o leyenda oriental, o son fruto de su imaginación?

Los djinn son citados muchas veces en el Corán. Es más, una de las suras está dedicada íntegramente a ellos. Por lo tanto, para un musulmán devoto los djinn existen sin ninguna duda, creen en ellos como yo creo en los maoríes aunque nunca haya visto a ninguno. Según el Corán, Alá creó a los ángeles en primer lugar, pero los hizo perfectos y sin voluntad propia. Luego se le ocurrió la idea de crear a los djinn, unas criaturas menos poderosas que los ángeles pero con libre albedrío, que decidirían por sí mismos si le eran fieles o no, y les dio la Tierra para habitarla. Por fin, Alá creo al ser humano, le dio la capacidad de decidir y también le dio la Tierra, lo que hizo inevitable el enfrentamiento entre hombres y djinn. Me parece una mitología fascinante, y aún más cuando es algo real para una parte importante de la humanidad. Organizando y dándole un poco más de coherencia a estas leyendas creé la trama fantástica de mi novela, imagino que de una forma semejante a como Tolkien utilizó las antiguas leyendas centroeuropeas como base para su Tierra Media.

Portada del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Portada del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo combina la fantasía y la realidad en cuanto a la descripción de lugares reales como Bagdag o las costas de África?

He intentado ser lo más riguroso posible con el entorno histórico, no olvidando nunca que se trata de una novela de aventuras. Es divertido pensar que algún detalle histórico le parecerá increíble a más de uno. Por ejemplo, el personaje de Yahiz es real; escribió el Libro de los Animales del que se habla en la novela, un claro precedente a la teoría de la evolución de Darwin. La embajada de Carlomagno es real y sucedió en esa época. Carlomagno, al hostigar a los rebeldes de al-Ándalus desde el norte, se convirtió en un inesperado aliado del califa Harún al-Rashid. Mi objetivo de mezclar datos reales con fantasía es suspender la incredulidad del lector, facilitarle que se sumerja en la historia, que crea que está leyendo algo real y que así disfrute más con la novela. Es como hacer un truco de magia: es una ilusión pero parece verdad.

¿Cómo se inserta este libro en el conjunto de tu obra?

Suelo decir que soy aficionado a la ciencia ficción pero no tanto a la fantasía. Sin embargo hay un tipo de fantasía que siempre me ha fascinado y es la que leía de niño, la que está relacionada con el universo de Las Mil y Una Noches y con películas como El viaje fantástico de Simbad, con los maravillosos efectos de Ray Harryhausen, o El ladrón de Bagdad, la versión protagonizada por Sabú. Es decir: Bagdad, las aventuras de navegantes en océano Índico, los comerciantes que regatean en un mercado por el valor de unas perlas, los genios (o djinn) saliendo de una lámpara, los animales gigantescos y fabulosos como el ave Roc, los desiertos misteriosos, las noches árabes, las junglas impenetrables… Ese era el mundo de fantasía de las novelas con las que crecí y todo eso está en Sindbad en el País del Sueño. Descubrí a Tolkien mucho más tarde y aunque también me gusta no puede emocionarme igual.

Varias veces ha escrito a cuatro manos con otro autor. ¿Qué sistema utilizasen estos casos?

Es difícil. Para empezar necesitas trabajar con alguien con quien ya exista un respeto mutuo, una admiración por la obra del otro, sólo así es posible confiarse tanto como para ceder parte de tu autonomía como autor. Después de eso, lo mejor es seguir un esquema muy detallado, no puedes empezar sin tenerlo todo claro de antemano. Aun así he tenido varios fracasos, novelas que he empezado con algún compañero y que no he llegado a terminar. Pero cuando sale bien, te sientes arrastrado por una especie de sinergia que hace que todo el esfuerzo valga la pena.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

¿La ciencia ficción es en su opinión un apartado dentro del género fantástico o algo autónomo? Lo fantástico arrasa, sin embargo la ciencia ficción parece en punto muerto.  ¿Qué opina al respecto?

Creo que son géneros diferentes y tienen historias diferentes. La fantasía existe desde hace mucho, las novelas de caballería que leía don Quijote eran novelas de fantasía no muy diferentes a las actuales. La ciencia ficción es hija de la revolución industrial y la primera novela que podemos considerar como tal es el Frankenstein de Mary Shelley. Creo que la ciencia ficción es un género más difícil, mucha gente piensa en la saga de Star Wars cuando se habla de ciencia ficción, pero estas películas están más cerca de la fantasía que de la ciencia ficción. Blade Runner es un buen ejemplo de película de ciencia ficción, es más difícil, responde a los miedos de una época, muchas veces trata temas profundos y no suele ser tan divertida y escapista como la fantasía. Quizá por eso tiene menos éxito.

Es evidente que siente una fascinación por lo oriental y su rica y milenaria civilización. ¿Qué piensa cuando lee las noticias sobre los conflictos que asolan esa parte del mundo? ¿Por qué esos países se han quedado tan atrasados?

Tras publicar mi novela Rihla, palabra que significa viaje iniciático en árabe, me invitaron a un festival en Egipto, unos meses antes de la caída de Mubarak. Pasé el mes de junio de 2010 en el Cairo e hice buenos amigos allí. Gran parte de la documentación sobre los djinn, y la forma en la que los musulmanes los ven, la obtuve en ese viaje. Cuando volví a España seguí en comunicación con mis amigos y amigas egipcios, que a través de chats me informaban de todo lo que estaba pasando y cómo lo estaban viviendo. Muchos de ellos fueron muy activos durante la revolución y recuerdo que me emocioné a altas horas de la madrugada, cuando me contaron desde la plaza de Tahrir la dimisión de Mubarak. Me recordaron los sentimientos de alegría durante la Transición española, ese deseo legítimo de vivir en un país libre. Pero claro, entonces aparecieron los religiosos que habían permanecido agazapados durante toda esa lucha. ¿Por qué están atrasados? Porque el gran avance de occidente es la separación entre la religión y el Estado, y ese es un paso que ellos aún no han dado.

Las ilustraciones del libro son también suyas. ¿Aparte de escribir se dedica también a la pintura?

Soy diseñador. Tenía un estudio de diseño e ilustración con Paco Roca, el autor de Arrugas. La portada y las ilustraciones interiores de Sindbad en el País del Sueño las tuve claras desde el principio, formaban parte de mi imaginación mientras estaba escribiendo la novela. Hice muchos bocetos para decidir el aspecto de los djinn, quería diferenciar las distintas razas que los componen y a la vez ser fiel a las descripciones de los textos antiguos. Hice un modelo en 3d del dhow de Sindbad para orientarme en las descripciones, imaginaba la luz del puerto de Basora y también la de la jungla, y el aspecto físico de los personajes con mucho detalle. Tengo una imaginación visual y a veces intento plasmar estar imágenes con palabras y otras con ilustraciones.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco