Fire And Forget. On Violence

KW Institute for Contemporary Art
KUNST-WERKE BERLIN e.V.
Auguststraße 69. Berlin
Hasta el 30 de agosto de 2015

«Fire and Forget” (dispara y olvida) es un término de uso común de la jerga militar para sistemas de armas que se disparan a una distancia segura del enemigo, y que llegan a su destino de manera independiente. La exposición colectiva FIRE AND FORGET. ON VIOLENCE toma el término militar como un punto de entrada a un discurso sobre las ideas actuales de la guerra y la violencia en el arte contemporáneo. La exposición está dividida en cuatro complejos temáticos: ‘fronteras, afecto, memoria y eventos/acaecimiento.

James Bridle, DRONE SHADOW, proyecto en curso, realización según modelo de la sombra de unavión no tripulado, instalación. Fotografía de Timo Ohler.

James Bridle, DRONE SHADOW, proyecto en curso, realización según modelo de la sombra de un avión no tripulado, instalación. Fotografía de Timo Ohler.

Nuevas tecnologías de armas implican la pérdida del enfrentamiento corporal directo y con ello la pérdida del peligro o riesgo para la propia vida. Por eso se necesitan nuevas maneras de expresión de violencia sufrida, atestiguada o solamente temida. Uno de los lugares donde se busca estas maneras se encuentra en el arte. Aunque las armas en el ámbito artistico muchas veces ya estan connotadas como algo malo en si, sin dar referencia a posibles contextos sistematicos o historicos. La exposición se ve a si misma como el intento de mostrar que la complejidad de la violencia no puede ser justificada por sus cálculos lógicos o económicos ni siquiera simplemente por su afecto emocional y se enfrenta de manera autoreflexiva a las posibilidades y limites de lo que el arte puede ser capaz de contribuir hoy en día a esta discusión.

Julius von Bismarck. "POLIZEI", instalación, 2015.

Julius von Bismarck. «POLIZEI», instalación, 2015. Cortesía del artista.

Se presentan obras de Marina Abramovic y Ulay; Ron Amir; Julius von Bismarck; Roy Marca, Ori Scialom, y Keren Yeala Golán; James Bridle; Luis Camnitzer; Mircea Cantor; Jota Castro; Chto Delat; Marcelo Cidade; Jem Cohen; Martin Dammann; Öyvind Fahlström; Harun Farocki; Daniil Galkin; Rudolf Herz; Damien Hirst; Clara Ianni; Emily Jacir; Hunter Jonakin; Joachim Koester; Korpys / Löffler; Barbara Kruger; Armin Linke; Robert Longo; Jazmín López; Kris Martin; Ana Mendieta; Michael Müller; Timo Nasseri; NEOZOON; Katja Novitskova; Jon Rafman; Pipilotti Rist; Robbert & Frank Frank & Robbert; André Robillard; Julian Röder; Henning Rogge; Martha Rosler; Hrair Sarkissian; Santiago Sierra; Timur Si-Qin; Tal R; Javier Téllez; Sharif Waked; Gillian Wearing; Él Xiangyu; Amir Yatziv; Ala Younis.

Mircea Cantor, SHOOTING, 2005, Cortesia de la artista y Dvir Gallery.

Mircea Cantor, SHOOTING, 2005, Cortesia de la artista y Dvir Gallery.

Además fotografías de la colección de Martin Dammann /Archive of Modern Conflict in London (Archivo de Conflicto Modern de Londres) se extienden por toda la exposición como un motivo que la acompaña. Este elemento documental, junto con los enfoques artísticos, es una invitación a reflexionar sobre lo que imágenes artísticas en comparación a imágenes documentales son capaces de retratar – o no. La publicación que acompaña la exposición, así como su programa público y educativo iluminan el tema desde otras perspectivas: El libro FRIENDLY FIRE & FORGET (Matthes y Seitz Berlin) recoge textos literarios producidos para esta ocasión por autores alemanes e internacionales, entre ellos Schorsch Kamerun, Wladimir Kaminer y Kathrin Passig. En las fechas seleccionadas, algunos invitados que han sido afectados personalmente por la violencia guían a los visitantes por la exposición, o invitan para discutir posibles formas de tratar con el tema desde un punto de vista cinematografico, teatral o musical.

Obras de Kris Martin (en primer plano), Henning Rogge, Hrair Sarkissian y Martha Rosler en una de las salas de exposición. Fotografía de Timo Ohler.

Obras de Kris Martin (en primer plano), Henning Rogge, Hrair Sarkissian y Martha Rosler en una de las salas de exposición. Fotografía de Timo Ohler.

Festival de cine online

AtlántidaFilmFest.

 

Del 22 de marzo al 22 de abril

 

www.atlantidafilmfest.com

 

 

VHS, Betamax, Laserdisc, DVD, Blue-ray, la aparición de la televisión y el desarrollo de la tecnología ampararon nuevas formas de consumo de cine al margen de la vieja pantalla blanca, tradicional espacio de exhibición de películas desde que vio la luz el invento de los Lumière. En tiempos más recientes y siguiendo con esta lógica, la expansión de Internet en el ámbito doméstico pronto se reveló también como un espacio privilegiado para la difusión de material audiovisual. Dejando de lado la polémica de las descargas (legales o ilegales, lícitas o no), en los últimos años han aparecido en la red algunas iniciativas para la difusión de películas bajo demanda. Son otras formas de distribución que, buscando abrir líneas de negocio para la industria, tratan de adaptarse a las nuevas necesidades de consumo de los espectadores que han aparecido con el desarrollo del imperio de las tres uves dobles.

 

De acuerdo con esta tendencia, Filmin (filmin.es) iba a presentarse, desde su lanzamiento, como una propuesta pionera de este tipo de plataformas en nuestro país. Una marca bajo la cual se reunirían algunas de las firmas más importantes en la distribución de cine independiente en España: Cameo, Golem, Avalon, Wandavisión, Vértigo, Altafilms o Versus, viejos conocidos de aquellos espectadores que buscan en el cine las propuestas más arriesgadas y vanguardistas.

Ausente de Marco Berger

Pues bien, con este catálogo a sus espaldas, desde hace tres años, Filmin iba a respaldar una iniciativa que, con el tiempo, sin duda cambiará también la formas de promoción de largometrajes. Una nueva vía que trata de ofrecer una oportunidad a aquellos trabajos formalmente más arriesgados que encuentran dificultades para exhibirse por los canales tradicionales: la organización de un festival de cine enteramente on-line.

 

AtlántidaFilmFest es un certamen que, en palabras de su director, Jaume Ripoll, responde a la lógica evolución de los modelos convencionales. “Lo que hace Filmin en distribución de películas a través de Internet, en el caso de Atlántida trataría de emular el modelo de festival tradicional”. Aunque a Ripoll no le molesta reconocer que no hay nada que sustituya a la experiencia del cine en pantalla grande, esta forma de exhibición también ofrece muchas ventajas para el espectador. “Estés donde estés, ya tengas una conexión 3G o una conexión más buena, puedes ver ese tipo de películas. Sólo o con colegas, a un precio infinitamente menor de lo que cuesta una entrada de cine y en V.O.S. Cuando quieras, como quieras y donde quieras, ese es un poco nuestro lema.”

 

AtlántidaFilmfest es un certamen que se divide en dos secciones paralelas. La primera de ellas, la sección oficial a concurso, está dedicada al cine español y latinoamericano. Y es que, a parte de los estrenos internacionales, que también ofrece, y como recuerda su director, Atlántida “es un festival español y nuestra misión, como sección oficial, debe ser la de apoyar y difundir obras de autores nacionales o latinoamericanos que no se puedan ver aquí.” Una cuidada colección de operas primas o segundas obras de algunos de los autores patrios y de América latina que, sin duda, marcarán la senda de la vanguardia en los próximos años. David Valero, Michel franco, Marco Berger, Jazmín López o Carlo Serrano Azcona son  algunos de los nombres que empezarán a sonar entre el público y la crítica a partir de esta edición de Atlántida.

 

Además de la sección a concurso, y como ya hemos comentado, la sección Atlas es la que, con toda seguridad, supone el mayor reclamo para los potenciales espectadores de este certamen. Un espacio donde, a lo largo de todo el mes que dura el festival, podremos disfrutar de una selección de películas que han triunfado en los festivales más importantes del mundo. Una especie de “best of “, como lo describe Ripoll, “de lo mejor que se ha visto en este último año en festivales”. Grandes nombres como Michel Gondry, Abbas Kiarostami o Sarah Polley nos darán la oportunidad de disfrutar de sus últimas obras, antes, incluso, de que se exhiban en las salas comerciales.

 

Pero, al margen de los autores consagrados, Atlántida ofrece otras novedades. Todos los géneros, todos los estilos y propuestas narrativas se dan cita en este festival. “Aquel espectador que quiere género, que quiere peripecia, una película cuya trama me absorba o me lleve”, dice Ripoll, “tiene películas como Call Girl (de Michael Marcimain, Premio Fipresci del Festival de Toronto), Todas las cosas buenas (de Andrew Jarecki, director de la reconocida Capturing the Firedmans, con Ryan Gosling y Kirsten Dust) o Stories we tell (de Sarah Polley). Y quien quiera un cine más hermético, más arriesgado o que te lleve a terrenos poco confortables tiene también Post Tenebras Lux (de Carlos Reygadas)”. Por supuesto, también quien quiera simplemente divertirse y “pasar un buen rato”, encontrará alguna propuesta a su medida. Como Mi loco Erasmus, de Carlo Paidal, documental que narra las experiencias de los estudiantes extranjeros en Barcelona, o L’Âge Atomique, historia de amistades, drogas y sexo, opera prima de la directora francesa Hélena Klotz que mereció el  Premio Fipresci en el Festival de Berlín o el Premio Jean Vigo. Hay mucho más. Como un padre de familia numerosa, Ripoll quiere a todos sus hijos por igual, pero también tiene, inevitablemente, sus preferencias, entre las que destaca Sonidos del barrio, de Kleber Mendonça, “una película brasileña que ganó el festival de Rotterdam y estuvo elegida entre las diez películas del año por el New York Times. Es una película sobre la nueva clase burguesa en Brasil con un poderío visual y una épica sorprendente”.

The We and the I de Michel Gondry1

De lo que se trata, fundamentalmente, nos recuerda el responsable de Atlántida, es de romper con los tópicos y los prejuicios. “Lo que tenemos que hacer es que la gente le pierda el miedo al cine independiente y al cine que va a festivales y que entienda que puede ser igual de entretenido, igual de apasionante e igual de evasivo que el cine comercial. Y que del mismo modo que la gente escucha grupos de música en los festivales y no creen que sea algo denso, oscuro y obtuso, deben empezar a entenderlo igual con aquellos títulos que van a los festivales de cine”.

 

A Ripoll se le percibe satisfecho de la evolución que ha experimentado el certamen en su, todavía, corta vida. “Sí, hemos crecido mucho en cantidad y calidad de títulos. Habría sido impensable el primer año de Atlántida tener la nueva película de Michel Gondry, Abbas Kiarostami o Sarah Polley, por ejemplo. Nos hemos ganado un poco la confianza, por un lado, de los creadores españoles, que ven en Atlántida una manera de ganar un nuevo público, de darse a conocer y de llegar a más gente. Y de los distribuidores internacionales y nacionales, que entienden que Atlántida puede ser un paso muy positivo para la distribución de sus películas.”

 

Con estas credenciales en su currículum, la última edición de AtlántidaFilmFest empieza y concluye con dos platos fuertes, las últimas creaciones de dos cineastas que responden estrictamente con la etiqueta de autor. El mencionado Carlos Reygadas, con Post Tenebras Lux, film con el que obtendría el Premio al Mejor Director en Cannes 2012, y la segunda película del director español Jonás Trueba. Para ambos trabajos, Ripoll sólo alberga elogios. En el caso de la cinta de Reygadas, Ripoll nos invita a quitarnos prejuicios y concederle un par de horas de nuestro tiempo. “Es una película que te deja como mínimo una media docena de imágenes imborrables y que, después de unos meses, aún sigues recordándola. Tiene momentos impactantes y a mi me parece una auténtica obra de arte.” De Los ilusos, de Jonás Trueba, afirma que es “una prueba de cómo se puede hacer películas sobre el arte de hacer películas. Cómo podemos recuperar la estética y la temática del cine francés de la Nouvelle Vague y llevarlo a la España del 2013. Jonás da un paso más allá de Todas las canciones hablan sobre mi, multiplicando las virtudes de esa película”.

 

Pero, ¿y cómo podemos disfrutar de todos estos trabajos?, se preguntará, a estas alturas, el lector interesado. Pues muy fácil, nos cuenta el director de Atlántida. Basta con entrar en atlantidafilmfest.com o en filmin.es y apuntarse a cualquiera de las modalidades de suscripción que ofrece el certamen, ya sea por la vía de pago por película o adquiriendo un bono de 20€ para disfrutar de los 34 trabajos que ofrece el festival. No es mal acuerdo, tal y como están las cosas. Para los suscriptores habituales de Filmin, el bono cuesta 10€. Además, y de acuerdo con estos tiempos de dominio de las redes sociales, Atlántida es un festival que quiere contar con la participación de la concurrencia. Es por esta razón que ha organizado su propio Premio del Público. En este apartado, los organizadores proponen a los espectadores organizar la proyección de las películas que participan en el festival según su criterio personal e iniciativa y, más tarde, mandar las fotos del evento. Los autores de las fotos más divertidas contarán con una suscripción anual a Filmin.

Gerardo León