Una España negra como el carbón

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Javier Valenzuela
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Me hubiera gustado inventarme un personaje tan fantástico como el llamado Yonqui del Dinero, ese valenciano que, una vez detenido por la Guardia Civil, tuvo una epifanía: descubrió que llevaba la vida miserable de un drogadicto, siempre en busca de material, siempre necesitando más y más. La droga, en su caso, era el dinero que conseguía mediando en chanchullos corruptos de los políticos de derechas y sus amiguetes empresarios. Puesto en libertad provisional, el Yonki del Dinero, como ustedes saben, se marchó en busca de iluminación a la India, de donde regresó convertido en un gurú y dispuesto a colaborar con la Justicia.

Cuando en 2016 escribí ‘Limones negros’, mi novela sobre la corrupción española, el Yonki del Dinero era ampliamente conocido en España, así que no pude inventármelo como personaje de ficción. Lo que hice fue otorgarle una especie de cameo, hacer que la imaginaria Lola Martín, capitana de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, le contara en Tánger al también imaginario profesor Sepúlveda cómo ella había participado en su detención e interrogatorio. Pero, ¿saben una cosa?, creo que jamás me hubiera atrevido a concebir un personaje semejante al del Yonki del Dinero, lo hubiera considerado demasiado perfecto, poco verosímil por decirlo de alguna manera.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Y es que la realidad de la corrupción española, revelada por el periodismo y la justicia independientes, supera la imaginación más fértil. Un presidente de una comunidad autónoma que guarda un millón de euros en billetes de quinientos en un altillo y cuando es descubierto afirma que se lo olvidó allí un fontanero o un empleado de IKEA. Una presidenta que falsifica un máster y solo dimite cuando también se airea que robaba cremas de belleza en un supermercado. Un banquero que ha estafado a miles de pequeños inversores y termina apareciendo muerto de un disparo de escopeta en una partida de caza. Políticos y empresarios que pagan con el dinero de los contribuyentes a las putas que llevan a sus orgías. Fiscales anticorrupción a los que les roban en sus casas los portátiles donde guardan los datos de sus investigaciones. No me digan que todo esto no es negro como el carbón.

Negro, por supuesto, a la manera española. Más próximo al cine de Azcona y Berlanga o la literatura de Eduardo Mendoza que a los ríos de sangre y vísceras del thriller norteamericano. Más emparentado con la picaresca del Siglo de Oro que con las obras de James Ellroy y Don Winslow. Más pegado a tierra que a las angustias existenciales de los escandinavos. En definitiva, tan español como el chorizo.

Como en el resto del planeta, el género negro ha sido el gran protagonista de la escena literaria española en el último lustro. ¿Qué premio prestigioso no ha recaído más de una vez sobre una novela negra? ¿Qué presentadora de televisión no ha publicado ya la suya? ¿Qué ciudad de la piel de toro no cuenta con su festival consagrado a la ficción policial y criminal? ¿Qué librería no dispone de un generoso rincón dedicado a ella? Año tras año, se equivocan los que predicen que el noir va a pasar de moda. Año tras año, cuenta con más autores y lectores.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿Por qué? Pues porque seguimos en crisis. Aquí y en todo el mundo. Crisis profunda de modelo político e institucional, de sistema económico y social, de ideas y valores. Y, como también saben ustedes, ningún género novelesco cuenta tan bien como el negro la realidad del mundo urbano y capitalista en crisis. Nació por y para ello en el Estados Unidos de la Ley Seca y la Gran Depresión, con las obras de Dashiell Hammett, James M. Cain, Jim Thompson y Raymond Chandler. Y llegó a la España de la Transición, la Crisis Petrolera y la Inseguridad Ciudadana con las obras de Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid.

Convendrán conmigo en que lo que llevamos de siglo XXI tiene muchas más sombras que luces. Es difícil contar en rosa un siglo que arrancó con el derribo de las Torres Gemelas y la quiebra de Lehman Brothers y sigue hoy con las barbaridades de los yihadistas y los despropósitos de Donald Trump. Un siglo que, en el caso español, ha sido el de la ruina de las clases populares y medias, el de la denuncia de la mediocridad de nuestra democracia por los jóvenes de edad o espíritu del 15-M y el del descubrimiento de que el régimen está podrido de corrupción. La novela realista solo puede contar en negro este tiempo.

Muchos autores y autoras están en ello. También aquí. No citaré ningún nombre porque bastantes de ellos son amigos míos y no quiero incurrir en ningún olvido. Lo que si diré es que todos intentan que sus ficciones no se queden cortas en comparación con lo que ocurre en nuestras cloacas y callejones oscuros. Y añadiré que muchos cuentan lo que no cuenta la Prensa adocenada: que los que mandan de verdad son los grandes banqueros y empresarios, no los políticos a los que votamos, y que los corruptos de postín, los curas pedófilos y los violadores de mujeres reciben mejor trato en nuestros tribunales que los que roban gallinas o no pagan la hipoteca. Por eso la gente los lee, porque entretienen dando las claves del presente.

La vie en rose? Pas maintenant, cherie.

‘Salón con lobo’, de Marta Beltrán.

Javier Valenzuela

Entre rejas: Javier Valenzuela

‘Pólvora, tabaco y cuero’, de Javier Valenzuela
Huso, 2019
XXXII Semana Negra de Gijón

Debido a los inquietantes testimonios que referían virulentos encomios, siniestras soflamas y ácratas exhortaciones recogidos durante el desenlace crepuscular de la segunda jornada de la trigésimo segunda edición de la Semana Negra de Gijón, MAKMA se ve impelida a interrogar al escritor y periodista garnatí Javier Valenzuela, con motivo de su laringítica e incendiaria presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019), novela de umbilicales acentos republicanos asentados, “con plomo en las entrañas”, en el luctuoso, gélido y sombrío Madrid de la Navidad de 1936.

Huérfano de flexos y bajo el fulgor desocupado e indulgente de los neones feriales, Valenzuela se persona sardónico y donoso, con paso de hechuras vívidas y bélicas, a media voz de nicotinas pretéritas y corresponsalías comanches, provisto con la osadía rotativa de todos los enveses y el denuedo ineludible de la obra literaria sapiente y joven. Impleméntese preventivo control sobre el subversivo discurso de este individuo aventurado y expuesto.

¿Dónde estaba usted durante la tarde-noche de autos del sábado 6 de julio de 2019?

Se lo confieso, señor comisario, estaba en la Semana Negra de Gijón, pero le juro por la salud de mis hijas que me pagué todos los libros que compré y todas las cervezas que bebí, y, además, también se lo aseguro, todas las cervezas que ingerí eran sin alcohol (contrastar con los encargados vespertinos de la Carpa del Encuentro).

Jose Ramón Alarcón y Javier Valenzuela durtante la presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019) en la XXXII Semana Negra de Gijón. Fotografía: Mayda Bustamante.

¿Era aún a la luz del día y ante el inquieto público esa presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’?

Era a la luz del día y no sé si había sido autorizada o no por los responsables gubernativos pertinentes (alzamiento de hombro diestro y siniestro).

¿Confiesa usted haber perpetrado un hallazgo literario ambientado en la Guerra Civil Española?

Sí. Sí, señor comisario, pero yo creía que el delito de decir que los republicanos tenían razón en 1936 estaba prescrito, porque hace ya más de ochenta años del final de la Guerra Civil (tono instructivo y cáustico).

Yo creía que escribir que aquella era gente leal y valiente que defendía la capital de España frente a las fuerzas del general Franco y sus aliados, Hitler y Mussolini, yo creía, se lo juro, que ese delito estaba ya prescrito (reitera, jadeante).

Si hubiera sabido que no se puede hacer, no lo hubiera hecho (contrición dubitativa. Revisar prosodia de la grabación).

¿Mantiene que le han auxiliado en este crimen noir Miguel de Cervantes Saavedra y Benito Pérez Galdós?

Lo confieso. Pero los dos están muertos, señor comisario. Don Miguel –ya sé, ya sé–, no se me escapa que pudo ser un judío converso, y don Benito Pérez Galdós también, que era un liberal republicano, y en el ejemplo de ambos me inspiré. Sí, lo reconozco. Pero, bueno, es gente que ya está muerta, que no hace daño a nadie (parece reportar periferia anacrónica a sus responsabilidades).

¿Ha insinuado en algún momento que es Madrid, de nuevo, ciudad sitiada, como asevera que lo fue en el 36?

No. Ahora la ciudad ha sido tomada desde dentro por los que quizás sean herederos de aquel general Franco y de sus aliados. Han conquistado el poder sin necesidad de bombardearla por tierra, mar y aire, sino ganando unas elecciones. Pero intuyo que vienen a ser más o menos los mismos, solo que en versión 2019, claro. Ahora ya no se lleva lo de las camisas negras y azules y los correajes paramilitares (desliza quebrantado y febril).

¿Ha encontrado usted sospechosos en la presente Semana Negra de Gijón, de la que pretendía huir ahora por ferrocarril?

Sí, estaba llena de sospechosos, de gente que tendría un gran interés para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los servicios de inteligencia. Todo gente que escribe un periodismo y novelas negras que son críticas con el sistema y que, verdaderamente, pertenecen a ese gremio que son calificados como «sospechosos habituales».

Ahí estaba, por ejemplo, Alberto Arce, un periodista gijonés que cubrió las guerras y las matanzas de Centroamérica y que, al parecer, en sus artículos y crónicas periodísticas de aquellos sucesos era muy crítico con las organizaciones capitalistas y derechistas que dominan el continente (ufana delación).

¿Corrobora haber escrito usted, y solo usted, un artículo titulado ‘Una España negra como el carbón’ en la revista MAKMA en papel de 2018? En caso afirmativo, ¿suscribe ahora sus palabras?

De haber sabido que eso podía molestar a los que llevan con tanta maestría nuestro país no lo hubiera escrito (analizar en este punto fonética y gesto de aparente contrición). Pero en aquel momento estaba muy impresionado por la cantidad de casos de corrupción que gangrenan nuestra vida política, económica y cultural.

Lo escribí en lo que llamaríamos un arrebato de indignación; así que, aunque tenga que ser condenado en forma de multa e, incluso, de cárcel por esos hechos, creo que tengo el atenuante y hasta el eximente, reitero, del arrebato de ira y de indignación.

El escritor y periodista Javier Valenzuela en la Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón

Jose Ramón Alarcón

El olor a pólvora noir de Javier Valenzuela

‘Pólvora, tabaco y cuero’, de Javier Valenzuela (Huso, 2019)
Casa del Libro de Gran Vía
Gran Vía 29, Madrid
Presentación: miércoles 3 abril de 2019 a las 19:00

La Casa del Libro de Gran Vía (Madrid) acoge, el miércoles 3 de abril a las 19:00, la presentación en primicia de la novela negra ‘Pólvora, tabaco y cuero’, del escritor y periodista Javier Valenzuela, publicada bajo el sello Huso, que comanda la editora Mayda Bustamante. El acto contará con la presencia del prolífico y referente de la literatura noir española Juan Madrid.

Javier Valenzuela. MAKMA‘Pólvora, tabaco y cuero’ es una obra de múltiples resonancias: el primer detective anarquista en la historia de la novela negra; una protagonista que libra una batalla por la igualdad de las mujeres en unos tiempos particularmente machistas; la presencia en el relato de personajes históricos como el general Miaja o el escritor Arturo Barea; un homenaje al momento más heroico de Madrid, aquel del “¡No pasarán!”, cuando la ciudad, cercada y bombardeada, hambrienta y aterida de frío, se convirtió, como dijo el poeta Antonio Machado, en “rompeolas de todas las Españas”.

La aparición de esta novela negra, la tercera de Javier Valenzuela, coincide con el 80 aniversario del final de la Guerra Civil española.

Cubierta de 'Pólvora, tabaco y cuero', de Javier Valenzuela (Huso, 2019), cuya portada y creatividades interiores han sido creadas por el artista valenciano Fernando García del Real.

Cubierta de ‘Pólvora, tabaco y cuero’, de Javier Valenzuela (Huso, 2019), cuya portada y creatividades interiores han sido creadas por el artista valenciano Fernando García del Real.

Javier Valenzuela ha publicado con anterioridad 11 libros, 9 periodísticos y 2 novelas de temática noir ambientadas en Tánger. Nacido en Granada en 1954, trabajó durante 30 años en El País, donde fue director adjunto y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. Entre 2004 y 2006 fue director general de Comunicación Internacional en La Moncloa y en 2013, uno de los fundadores del digital infoLibre y el primer director de su revista tintaLibre. Recibió en 2017 el Premio de Periodismo Turia.

Valencia Negra da en el blanco

Valencia Negra
III Festival de Género Negro de Valencia
Del 7 al 17 de mayo de 2015

Lo hacen por amor a la cultura. ¡Cómo si no! Ahora que es tiempo electoral, no hay partido que se haga cargo de ella. La cultura brilla por su ausencia en las proclamas políticas. De manera que Valencia Negra, como tantas otras iniciativas culturales, salen hacia delante por el amor, no correspondido económicamente, de gente como Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión, al frente del festival de género negro que se celebra del 7 al 17 de mayo. Y como llover llueve sobre mojado, tienen claro que el negro del festival adquiere un tinte menos siniestro gracias al esfuerzo y la respuesta de participantes y público.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, directores del festival, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

“La tercera edición es la de la consolidación”, sostiene Álvarez, director de Contenidos de Valencia Negra. Y para ello enumera las 15 sedes que se extienden por toda la ciudad (“esperemos que el año que viene sean 20”), las más de 60 actividades y los cerca de 100 participantes. Y, por encima de todo, el nacimiento (“toda una responsabilidad”) del Premio Ledesma, en homenaje a Francisco González Ledesma, que se crea para reconocer toda una carrera literaria, siendo el primero en recibirlo Andreu Martín, uno de los “cuatro jinetes del apocalipsis en materia de novela negra”, según Álvarez. Los otros tres: Vázquez Montalbán, Juan Madrid y el propio Ledesma. “Queremos que sea un premio de larga trayectoria”, remacha Llobregat.

Fotograma de 'Vivamente el domingo', de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Vivamente el domingo’, de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Y puestos a entregar premios, Valencia Negra los amplía este año. Al honorífico Ledesma se le suma el ya “tradicional” premio Mejor Novela y otros dos nuevos: Millor novel.la y Best Novel. Los votos de los lectores a través de la web del festival serán los que dicten los ganadores; más de 2.000 personas ya lo han hecho.

Ése es uno de los platos fuertes de la Valencia Negra consolidada. Pero hay más. Por ejemplo, la presencia de escritores como Dolores Redondo, famosa por su trilogía protagonizada por Amaia Salazar y enmarcada en el Baztán, Rosa Ribas, Juan Ramón Biedma o Javier Valenzuela, hasta un total de 40 narradores que pasarán por un festival con más autores valencianos que nunca, entre ellos Ferràn Torrent. El carácter internacional, autentificado el pasado año por Petros Márkaris, se profundiza en esta ocasión con la presencia del argelino Yashmina Khadra (seudónimo de Mohammed Moulessehoul), los argentinos Carlos Salem y Marcelo Luján, y los peruanos Santiago Roncagliolo y Jorge Eduardo Benavides.

Fotograma de 'Frío en julio', de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Frío en julio’, de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de 'Los canallas', de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Los canallas’, de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

El cine también contribuye a dar esplendor al festival, saltando a la Sala Rialto de la Filmoteca Valenciana. Se proyectarán cuatro películas, dos de ellas inéditas en Valencia: ‘Los canallas’ (Les salauds), de Claire Denis, y ‘Frío en julio’ (Cold in july), de Jim Mickle. Las otras dos: ‘Vivamente el domingo’ (Vivement dimanche!), de François Truffaut, e ‘Inquietudes’ (Trouble in mind), de Alan Rudolph.

El certamen #60EnNegro, al que se han presentado 53 trabajos en formato de un minuto, también da fe del auge del festival. Finalmente, 12 son los seleccionados para una competición en la que ya han votado 3.000 personas, según cifras facilitadas por Bernardo Carrión, director de Comunicación. Paco Plaza, director de la saga ‘REC’, y Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo o Víctor Ros, entre otras) mantendrán una charla antes de la entrega del premio al corto ganador.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Otro plato fuerte es la exposición que se abrirá al público el 14 de mayo en el MuVIM dedicada a Arthur Fellig, más conocido por Weegee. Fue uno de los pioneros del fotoperiodismo que, como recordó Carrión, “llegaba antes que nadie al lugar del crimen para fotografiar los sucesos”, al tiempo que revelaba y positivaba en vivo gracias al laboratorio instalado en su automóvil. También se le recuerda por sus fotografías a celebridades como Marilyn Monroe. La muestra cuenta con 96 imágenes del archivo de Side Gallery y permanecerá expuesta hasta el 31 de agosto.

El teatro en la Sala Russafa, con la reposición de ‘Matar al rey’ (Arden Producciones), y el cómic de Paco Roca, que dibujará a ritmo de jazz en la librería Bartleby, son algunas otras actividades de una Valencia Negra bien completa. Diez días de género negro que, como refleja el cartel realizado por Gustavo Ten, “da miedo, pero aún así incita a querer verlo”. Palabra de Santiago Álvarez, uno de los tres artífices de este festival en cuarto creciente, que le sigue el rastro a los tres más importantes: Gijón, Barcelona y Getafe. Todo ello en 2015, “el año de los festivales negros en España”.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Salva Torres