La tecnología humanista de Fernand Léger

Fernand Léger y la vida moderna
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Del 3 de mayo al 15 de septiembre de 2019

“Quiso abrazar la tecnología de forma positiva”, dijo Darren Pih, comisario de la exposición Fernand Léger y la vida moderna, que el IVAM presenta en colaboración con la Tate Liverpool. Exposición que, según José Miguel Cortés, director del instituto valenciano, marca un hito, porque no se había visto “en los últimos 20 años una exposición así y pasarán otros 20 para ver algo igual” en un museo español, para destacar a continuación los préstamos de distintos museos europeos a la hora de confeccionar la muestra. Un centenar de pinturas, dibujos, grabados, fotografías y cine de un artista que humanizó el maquinismo en su obra.

“Su experiencia en las trincheras y la crudeza de la guerra le llevó a querer humanizar lo que vio a través del arte”, explicó Pih, dejando constancia de la fe que Léger tenía en la tecnología y en el arte como transmisor de energías positivas. “Aunque veamos formas abstractas son reconocibles”, destacó el comisario, poniendo enseguida el foco en la necesidad del artista de aproximar el arte a la ciudadanía: “Quería que su arte tuviera sentido para la gente”. “Veía belleza en los objetos sencillos, hasta en un montón de platos”, añadió.

Vista de la exposición de Fernand Léger en el IVAM. Foto: MAKMA

Su fe inquebrantable en el progreso de la humanidad, reflejado en el maquinismo de principios del siglo XX, fue tal que ni siquiera los avatares de la guerra le hicieron cambiar de idea. El barro y los cuerpos mutilados, las botas de los soldados y los troncos de los árboles, como se apunta en el catálogo que acompaña a la exposición, lejos de convertirse en un amasijo de objetos sin sentido, a Léger le provocaba la necesidad de transformar lo siniestro en belleza. He ahí, el cubismo humanizado del artista que, según Pih, “anticipó el Pop Art”. 

“Es un artista fundamental para entender las vanguardias del siglo XX y lo que estamos haciendo actualmente”, afirmó Cortés, que citó al Equipo Crónica como “altamente influido por Léger”, avanzando una próxima exposición en torno a esa influencia entre quien “creó un lenguaje propio que pocos artistas han conseguido”, y el grupo artístico fundado en 1964 por Manolo Valdés, Rafael Solbes y Joan Antoni Toledo. 

El comisario Darren Pih (izda), junto a José Miguel Cortés. Imagen cortesía del IVAM.

“Quedó marcado por el cambio en el paisaje urbano de la época y quiso reflejar la rapidez de la vida moderna, con la maquinaria, la rotación, el movimiento, los colores de la publicidad”, señaló Pih, quien se atrevió a destacar el fotomural de la Exposición Internacional de 1937 como su preferido de la exposición. Léon Blum, del Frente Popular francés, fue quien le llamó para que lo hiciera, centrándose Léger en recoger lo que él entendía como la fuerza motora de la humanidad, que Pih resumió en la famosa frase de la unión hace la fuerza: “A partir de lo colectivo y lo humano entendía que hay esperanza”, resaltó el comisario.

Los trabajadores juntos que aparecen en algunas de sus obras son el símbolo de esa fuerza, proyectando “un mensaje positivo a pesar de la contienda bélica”. Ese humanismo, actualmente superado en lo que se ha dado en llamar pos humanismo protagonizado por los robots, y la creencia en las virtudes del arte, ahora que muchos lo dan por muerto, convierten a Léger en un artista a contracorriente del propio cubismo y del pensamiento líquido de la posmodernidad. “Espero que no fuera demasiado optimista, porque de hecho los museos existen demostrando que necesitamos el arte. Idealista tal vez sí fuera”, apuntó Pih.

Una joven observa dos obras de Fernand Léger. Imagen cortesía del IVAM.

El IVAM celebra sus 30 años vanagloriándose con esta exposición dedicada a Fernand Léger (1881-1995), cuyo cubismo humanizado muestra esa paradoja de la industrialización, que parece reducir al sujeto a mero engranaje de una portentosa maquinaria, al tiempo que le ofrece un poder inusitado. Léger se hizo cargo de ambas cosas, anticipando incluso lo que ya se veía venir con la tecnología: “Un hombre moderno registra 100 veces más impresiones sensoriales que un artista del siglo XVIII”. Ahora se quedaría corto.

“Entendió que había que cambiar el discurso de la pintura para reflejar el dinamismo que observaba en París”, explicó Pih, mientras iba destacando diferentes aspectos de algunas de las obras de la exposición que el IVAM acoge hasta el 15 de septiembre. El cine, por el que sintió una admiración que le llevó a experimentar con él en Ballet Mécanique, y la publicidad callejera, que influyó en sus composiciones murales, son muestras de su inquietud por incorporar a su obra distintos lenguajes.

“La pintura de caballete es estrictamente individual, mientras que la pintura mural es de un orden intrínsecamente colectivo”, afirmaba Léger, artista de profundas convicciones socialistas. “Apeló a atraer a la gente corriente al arte y a fomentar la colaboración entre los sujetos”, señaló el comisario, que en todo momento se refirió a la simbiosis que el artista hacía entre las máquinas y su humanidad: “Incluso cuando representa a soldados como robots sigue mostrando humanidad”, remarcó Pih del artista cubista que, por todo lo apuntado, huyó del frío que destilaban en otros campos artísticos y sociales las máquinas. 

Vista de la exposición de Fernand Léger con el mural ‘Joies essentielles’ al fondo. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Las entretelas del IVAM en un cómic de Paco Roca

Diario del dibujante de El Dibuixat, de Paco Roca
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Viernes 12 de julio de 2019

El dibujante Paco Roca, Premio Nacional de Cómic, ha presentado en el IVAM ‘Diario del dibujante de El Dibuixat’, un cómic editado por el museo valenciano con motivo de su 30 aniversario. «Estoy muy agradecido al IVAM por la oportunidad de idear la exposición, así como de crear esta publicación. Se trata de un diario en el que se relata la vida del IVAM, cuenta la historia de cómo lo vi nacer hace 30 años cuando estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios y cómo veníamos aquí admirados por el edificio y las exposiciones y cómo a través del trabajo en el museo se ha ideado una exposición mía para celebrar el aniversario», señaló el autor valenciano sobre el tebeo que narra en viñetas el proceso creativo de la exposición ‘El Dibuixat’ que ocupó la galería 6 del IVAM hasta el pasado 30 de junio.

Paco Roca añadió que la publicación «consiste en la visión del autor frente a un encargo, cómo se construye, mostrar que detrás del trabajo hay mucha gente y este diario habla de esa gente que hay detrás. A su vez, funciona como un catálogo, sin ser un catálogo, ya que tiene un epílogo al final en el que se incluyen fotografías».

La historieta narra cómo surgió el proyecto de la exposición ‘El Dibuixat’, las reuniones con el comisario Álvaro Pons y la coordinadora de la muestra, cómo trabajan los distintos departamentos del museo, anécdotas de los visitantes, al tiempo que se recrean espacios del IVAM como las cámaras que custodian las obras de arte, las galerías o los almacenes de tránsito de las piezas.

A través del cómic, Paco Roca va desgranando de forma didáctica las historias cotidianas de una institución como el IVAM con dosis de humor y ternura, como cuando ilustra el «sudor frío» que surge ante el reto de diseñar una exposición.

Paco Roca, sentado, junto a José Miguel Cortés (de pie a la izda) y Álvaro Pons. Imagen cortesía del IVAM.

Junto con las viñetas creadas por Paco Roca, ‘Diario del dibujante de El Dibuixat’ cuenta con fotografías exclusivas de Juan García Rosell, fotógrafo del IVAM, en una cuidada edición a color de 24 páginas limitada a 1.500 ejemplares. El cómic se complementa con un apartado que sirve de catálogo con fotografías de la exposición. La publicación se podrá adquirir en las taquillas del museo y a través de su tienda online tienda.ivam.es a un precio de 3€.

El objetivo de la publicación es aproximar a los lectores el trabajo que se hace desde el IVAM y que sientan como suya una institución valenciana con 30 años de historia. Justo con este cómic, Paco Roca también ha diseñado una camiseta con un dibujo exclusivo con motivo del 30 aniversario del museo. El dibujante de cómics tan aplaudidos como ‘Arrugas’ o ‘Los surcos del azar’ cambia de registro para utilizar el tejido de una camiseta como soporte de una viñeta en la que el personaje ‘dibuja’ el logotipo del IVAM.

El director del IVAM, Jose Miguel G. Cortés, indicó que el trabajo de Paco Roca en el IVAM a través de la exposición que hizo en y para el museo, tenía un carácter muy efímero, ya que era un proyecto específico para la sala, motivo por el que queríamos algo que pudiera quedar, de ahí surgió el proyecto de desarrollar una publicación, que es este cómic”.

Por su parte, Álvaro Pons matizó que el cómic es el epílogo perfecto de la exposición, subrayando que jamás había tenido una experiencia como la de trabajar con Paco, ya que «tú le das una idea y él te la devuelve multiplicada, como ha sido en el caso de esta publicación, que es una reflexión del paso del tiempo y la creación».

Diario del dibujante de El Dibuixat, de Paco Roca. Imagen cortesía del IVAM.

Música electrónica bajo la ‘nube’ del IVAM

Los Escalones del IVAM
El IVAM y The Basement
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Viernes 12 de julio de 2019, de 20.30 a 00h

El IVAM y The Basement continúan con el ciclo de música electrónica ‘Los Escalones del IVAM’ animando la noche del viernes 12 de julio bajo la instalación del grupo Aranea. Se trata de un anillo suspendido de 13×8 metros que emite agua pulverizada, de ahí que la intervención haya sido apodada como la ‘nube’ del IVAM.

Instalación del grupo Aranea. Imagen cortesía del IVAM.

Por segundo año consecutivo ‘Los Escalones del IVAM’, en colaboración con el grupo de música electrónica The Basement, reúne la mejor música house, funk y disco a cargo de los pesos pesados de la escena loca durante la noche de los viernes de julio. Este viernes, de 20.30 a 00h la velada temática girará en torno a los ritmos más setenteros y ochenteros del disco y el funky. El trío de residentes del colectivo formado por Toni Copas, Whatever y Boranimals, encenderán la mecha del baile para ver caer la noche con los grooves del house más selecto.

‘Los Escalones del IVAM’ se convierten así en el punto de encuentro gratuito durante los viernes de julio donde bailar, tomar unas copas a ritmo de house y refrescarse bajo la instalación artística del grupo Aranea que tiene programadas lluvias cada media hora .

El objetivo es crear lo que el grupo Aranea denomina «un abrazo atmosférico que incite al encuentro”, un microclima en el entorno del IVAM y una especie de oasis en la ciudad. 

Instalación del grupo Aranea. Imagen cortesía del IVAM.

Muere Joan Cardells, el artista «febril”

Joan Cardells, fundador junto a Jorge Ballester de Equipo Realidad, falleció el pasado sábado 6 de julio (2019) de forma «inesperada», según informaron fuentes cercanas a la familia. Con él se va un artista que, como recordó en la entrevista realizada con motivo de su exposición ‘Grafitos’, en la Galería Punto hace cinco años, trabajaba con enorme pasión. No sabía de las medias tintas, sino de volcarse por completo en una obra que ahora deja por razones ajenas a su voluntad. Una voluntad de hierro que su muerte funde, dejando un gran vacío en el mundo del arte. A continuación reproducimos tal cual, el artículo publicado en Makma con motivo de aquella muestra.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

El cine marginal de los 70 y 80, en el IVAM

Sexopolíticas del cine marginal: años 70 y 80
Sala de la Biblioteca
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 6 de octubre de 2019

Durante los años setenta y los inicios de los ochenta hubo, en España, un espacio de creación y experimentación que tuvo el centro de sus discursos en las sexualidades disidentes. Todo definido por la convergencia de tres ámbitos de marginalidad (social, política y cinematográfica).

En este clima cohabitaron, entre otros, los directores de cine Pedro Almodóvar, Esteve Rovira, Pierrot, Carles Comas, Rafael Gassent, Lluís Fernández, Antonio Maenza, José Romero Ahumada, el colectivo Els 5 QK’s y Barcelona Súper 8, así como algunos artistas y activistas, como por ejemplo José Pérez Ocaña o Rampova.

‘La caperucita encantada en el bosque rojo’, fotonovela dirigida por Nazario publicada en la revista Víbora Cómixx nº 8 y 9, 1980. Imagen cortesía del IVAM.

Ahora, el IVAM programa una serie de proyecciones y conferencias para analizar este fenómeno ligado, no solo al cine, que es fundamental en la historia de la lucha por los derechos del colectivo LGTBi.

Desde el inicio de la década de los setenta, gays, lesbianas y trans empezaron a organizarse en los primeros colectivos militantes. Desde el pionero MELH, fundado en Barcelona en 1971, hasta los que llegaron después de la muerte del dictador, como el vasco EHGAM, el catalán FAGC, el madrileño FLHOC o el valenciano MAG-PV, los grupos activistas permitieron la organización de las manifestaciones principales, las que registraron las cámaras de José Romero (Barcelona, 1977) y Miquel Alamar (Valencia, 1979), y facilitaron la creación de lugares de encuentro y de actividades culturales y de ocio, como las primeras muestras de cine gay.

Esta cultura incipiente de la liberación sexual pronto se articuló, también, más allá de los colectivos, y los desbordó, quizás, a través de revistas, boletines, pasquines, carteles, libros, películas de ficción y fotografías que circularon por las calles, cuerpo a cuerpo, y dieron testigo de la revuelta y, al mismo tiempo, la alimentaron de imágenes.

Revista ‘La pluma’ nº 5, Barcelona, 1979. Coordinadora de Col·lectius per l’Alliberament Gai. Colección José Romero. Imagen cortesía del IVAM.

La doble militancia marxista/homosexual fue un hecho habitual, de forma que los colectivos de gays, lesbianas y trans se sumaron a causas proletarias, como el Primero de Mayo, y mantuvieron complicidad con otros movimientos, como el ecologista y antinuclear, por ejemplo. Esta tendencia se reprodujo con toda claridad en la esfera cinematográfica, en películas como ‘Orfeo filmado en el campo de batalla’ (1969), de Maenza. Las películas de Els 5 QK’s, como ‘Identitat’ (1976), sobre la reconfiguración de las identidades políticas y sexuales en los tiempos fugaces de la Transición, son, también, un buen ejemplo.

La cinefilia fue un elemento de resistencia común, como se puede ver en la emergencia de una crítica especializada o en la realización de festivales y sesiones de cine underground, pero también en los cómicos de Rampova y en los films y los carteles de películas de Els 5 QK’s, Rafael Gassent o los realizadores próximos a Barcelona Súper 8.

El discurso de la sexopolítica cobró forma en algunas propuestas cinematográficas mainstream y oficiales (Eloy de la Iglesia, Cecilia Bartolomé) o se entremezcló con subculturas, como el fantaterror de Pierrot, y actitudes experimentales de la mano de Carles Comas, Barcelona S8 y Maenza, y enlazó directamente con la obra de Zulueta, Arrieta o Teo Hernández. 

Cómic ‘Quiero la cabeza de Lou Lou García’, revista Mundo musical, Valencia, 1982. Imagen cortesía del IVAM.

La vanguardia social de Léger en el IVAM

‘Fernand Léger y la vida moderna’
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, Valéncia
Del 3 de mayo al 15 de septiembre de 2019

«Fernand Léger fue un artista de su época y de su tiempo, imbuido de ese mundo fragmentado, moderno e industrializado de los años 30 que le tocó vivir». El director del IVAM, José Miguel G. Cortés, y el comisario Darren Phi, han presentado la exposición ‘Fernand Léger y la vida moderna’, organizada por el museo en colaboración con la Tate Liverpool, que presenta a Léger como un artista comprometido socialmente que creó su propio lenguaje innovador lidiando con el mundo que lo rodeaba.

La muestra, en la que colabora la Fundación Banco Sabadell y que se exhibe del 3 de mayo al 15 de septiembre de 2019, reúne un centenar de obras, entre pinturas, dibujos, textiles, cine y fotografía, realizados por Fernand Léger desde 1918 hasta 1955, que presentan a «un artista multidisciplinar», como ha destacado Cortés, «que creó un estilo propio, algo que pocos artistas han logrado». Las obras proceden de museos como Tate Liverpool, Moderna Museet, Victoria & Albert, Centre Pompidou, Musée des Beaux Arts de Lyon o el Reina Sofía.

El comisario Darren Phi ha explicado que «Fernand Léger entendió que debía cambiar el lenguaje de la pintura. Aunque en sus obras veamos formas abstractas, resultan reconocibles, lo que enlaza con las obras de cubistas como Picasso o Braque». A partir de encontrar su propio estilo, su historia se ensancha, se abre y se ramifica, dejando como legado una obra exquisita y enorme. No obstante, Léger no se mueve solo en un plano estético. Estaba convencido de que el arte debía estar ligado a la realidad social de su tiempo. Y en su caso se trata de una sociedad industrial y urbana.

El comisario Darren Phi y el director del IVAM José Miguel G. Cortés junto a la obra ‘»Les Constructeurs»: l’équipe au repos’. Fotografía cortesía del museo.

«Léger creía que en todos los objetos cotidianos podemos encontrar la belleza», ha explicado el comisario sobre la obra ‘Nature morte à la chope de bière’ (1921 ), en la que se reconoce una jarra de cerveza en primer plano. Su obra «quiere conectar con la clase obrera, quiere crear un arte para toda la sociedad»

Junto a las obras que expresan la vivacidad de la era moderna, la exposición también incluye la película experimental ‘Ballet mécanique’ (1924), que el artista realizó en colaboración con Dudley Murphy y Man Ray, donde muestra su interés y admiración por el celuloide. «Entendió que el cine era un nuevo medio de expresión válido para llegar a las masas», en palabras del comisario. La tercera sala muestra el fotomural que el pintor francés realizó con la arquitecta Charlotte Perriand para el Pabellón de Agricultura de la Exposición Internacional de París en 1937, y que ocupa toda la pared. Léger también se comprometió con los acontecimientos políticos de su tiempo (a su regreso de EE.UU., tras la Segunda Guerra Mundial, se afilió al Partido Comunista). Concibió el arte moderno como vehículo de la educación, así como un medio para elevar la calidad de vida colectiva. Entre las últimas obras de la exposición se encuentra ‘Los Constructores’ (1950), en la que vemos a unos obreros construyendo los engranajes de una arquitectura metálica con un cielo azul intenso de fondo. «Esta obra encierra un mensaje personal de Léger: la unión hace la fuerza», ha comentado Darren Phi.

La exposición que le dedica el IVAM a Léger confirma que su defensa de un arte accesible para todos y su renovación del lenguaje artístico sigue siendo relevante hoy. Una influencia que fue muy importante para los artistas del pop art, como ha destacado el director del IVAM, quien ha anunciado la presentación de la exposición Equipo Crónica y las vanguardias que ahondará en los vínculos de artistas como Fernand Léger con el Equipo Crónica.

Imagen del fotomural realizado por Léger para el Pabellón de Agricultura de la Exposición Internacional de París en 1937. Fotografía cortesía del IVAM.

MAKMA

El IVAM presenta su tienda online con 400 volúmenes

Botiga IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, Valéncia

Desde el 19 de abril de 2019 todas las publicaciones del IVAM están al alcance de un clic en la web de la institución (botiga.ivam.es), una iniciativa que el Instituto Valenciano de Arte Moderno ha querido hacer coincidir con las celebraciones en torno al Día Internacional del Libro.

Se trata de una web de visita obligada para los amantes de las publicaciones de arte, donde se han puesto a la venta más de 400 volúmenes editados a lo largo de los 30 años de vida del IVAM y en ella se pueden encontrar obras descatalogadas y auténticas joyas bibliográficas difíciles de reeditar. Entre las obras expuestas se halla el catálogo de Alfaro publicado en 1991 o la última publicación del IVAM, el catálogo de la exposición ‘Tiempos Convulsos’, que se puede visitar hasta abril de 2020.

Hay publicaciones para todos los bolsillos: desde ofertas por menos de 3 euros, como ‘Ramon Dachs. Escritura geométrica, escritura fractal’ o ‘José Mª Báez’, hasta la obra de Julio González recogida en el catálogo razonado que asciende a 260 euros.

Portada de la web Botiga IVAM.

En la web se puede efectuar la compra, como es habitual, con tarjeta bancaria y se envía a cualquier lugar del mundo con el objeto de que estas ediciones estén al alcance de cualquier particular o institución, independientemente de su localización.

Desde su creación en 1989, el IVAM cuenta con un servicio de publicaciones que, cosa muy poco habitual en los museos, se encarga de todo el proceso de producción de los materiales que generan las exposiciones y las actividades de la institución: desde la creación, el diseño y la producción hasta su comercialización, control de distribución y almacenaje.
Coincidiendo con el lanzamiento de la web de la tienda online, accesible en valenciano, castellano e inglés, el IVAM estará presente en la Fira del Llibre de Valéncia, donde expondrá sus fondos.

En la feria se podrán adquirir también obras muy demandas, tales como ‘A Contratiempo, medio siglo de artistas valencianas 1929-1980’, publicación que recoge textos de José Miguel G. Cortés, Isabel Tejeda y María Jesús Folch, entre otros, editado el año pasado y que reúne obras de artistas como Amparo Segarra, Jacinta Gil, Juana Francés, Ana Peters, Monika Buch, Isabel Oliver, Ángela García Codoñer, Cristina Grau, Victoria Civera, Soledad Sevilla o Cecilia Bartolomé. Otro ejemplo sería el catálogo de Joan Miró, ‘Orden y desorden’, uno de los referentes de las primeras vanguardias del siglo XX.

Catálogos del IVAM. Imagen cortesía del museo.

Nuevas vías de aproximación a Julio González

Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2021

“No acabamos de entender su importancia”, se apresuró a decir José Miguel Cortés, director del IVAM, con respecto a la obra de Julio González. Y añadió después: “No valoramos lo que tenemos en casa; la importancia de su escultura”. Para poner en valor su obra, el museo presenta la exposición Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias, en lo que supone “una vuelta de tuerca más” (Cortés) al trabajo de un creador sobre el que pivota buena parte de la colección del instituto valenciano.

“Julio González vivió y murió prácticamente en la miseria, retrasándose de manera especial en su caso el análisis de su aportación trascendental a la escultura artística de vanguardia”, dijo hace 35 años el crítico de arte Francisco Calvo Serraller. El IVAM, que celebra su 30 aniversario, se hace cargo de ese análisis con el fin de ir restañando una herida que, en el caso del escultor, permanece todavía abierta, al igual que una producción que sigue por descubrir. “Nos sigue sorprendiendo la capacidad de misterio de su obra”, destacó Josep Salvador, comisario de la muestra junto a Irene Bonilla y Sergio Rubira.

Obras de Julio González en el IVAM.

Obras de Julio González en el IVAM.

Como avanzó el propio Calvo Serraller, “la huella fecunda de Julio González ha sido efectivamente decisiva en las últimas décadas y todo parece indicar que seguirá aún operativa por mucho tiempo”. De ese hilo tiran los comisarios a la hora de reunir más de 200 piezas de la colección del IVAM, que sitúa la obra del escultor “en la encrucijada de una época de cambios y tensiones que tuvieron en el arte un espacio para la investigación y la reflexión”. En esa primera mitad del convulso siglo XX, González fue realizando su dilatada producción, que el museo pone en diálogo junto a la de artistas coetáneos como Picasso, Gargallo, Miró, Torres-García, Brancusi, David Smith, Kurt Switters, Jean Arp, Alexander Calder o Jean Hélion.

La exposición, que Cortés calificó de “magnífica” y de “muy bonita, porque amplía los sentidos”, ocupa cinco salas, mostrando algunas piezas inéditas, como Los vencedores de Brihuega de Arturo Ballester, y material documental cuya mayoría tampoco se había expuesto nunca. Maestro del hierro forjado y de la sutileza a la hora de mostrarlo, hasta el punto de ser calificado su estilo con la idea de “dibujar en el espacio”, según explican los comisarios, Julio González fue pasando de la figuración a la abstracción, tal y como se recoge en la muestra de forma “más o menos cronológica”, señaló Bonilla.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Rubira puso el acento precisamente en la “tensión entre abstracción y figuración” que atraviesa su trabajo, resaltando el carácter figurativo: “Nunca quiso abandonar la representación”. La contraposición entre la Montserrat que presentó en el pabellón republicano de la Exposición Universal de París de 1937, “aterrorizada” y “encarnación del sufrimiento por los totalitarismos”, y la más abstracta Mujer ante el espejo, condensa la tensión aludida por Rubira, para quien Julio González “incorpora diferentes lenguajes para crear el suyo propio”.

Es precisamente este carácter híbrido y ajeno a la rigurosa etiqueta, el que quizás haya dificultado la valoración y difusión de su trabajo. “Recorre todas las vanguardias de un modo muy personal”, apuntó Rubira. “Queríamos evidenciar la imposibilidad de clasificar la obra de González, porque no es surrealista pero se habló de un trabajo surrealizante, no es cubista pero tiene trabajos cubistas y no es novecentistapero hay obra de novecentismo”, agregó el comisario. En este mismo sentido se expresó Cortés: “Su riqueza consiste en que es un artista que plantea lenguajes distintos. Representa esa personalidad fuerte que sobrepasa las etiquetas”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

“En sus textos habla del concepto de unir materia y espacio, como el cuerpo y el alma. Siempre en esa dualidad se mueve un poco la obra de González, entre la luz y la sombra”, explicó Salvador, para quien el espacio juega un papel activo, al tiempo que la ausencia de materia genera “una capacidad de empatía”. Inclasificable e inabarcable, el IVAM sigue profundizando en el trabajo del escultor, para dar fe de lo que todavía queda por descubrir en su obra.

Ampliación de su trabajo que aparece ligada a esa otra ampliación del propio museo, a la que se refirió Cortés, requerido por las declaraciones del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, a Valencia Plaza, donde afirmó que se trataba de algo “irrenunciable”. “Si dice que la ampliación es irrenunciable me alegro sobremanera, porque para este director lo es”. Y con respecto a la posibilidad de crear otra subsede en Castellón, siguiendo el ejemplo de la de Alcoi, también le pareció una excelente noticia. “Ojalá no sea un proyecto solo del presidente, sino que sea de toda la sociedad valenciana, porque es algo muy positivo para la Comunitat que las instituciones culturales se amplíen y tengan mayores recursos”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Salva Torres

Mona Hatoum, Premio Julio González 2020 del IVAM

Mona Hatoum (Beirut, 1952)
Premio Julio González 2020
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Miércoles 27 de marzo de 2019

La artista de origen palestino Mona Hatoum (Beirut, 1952) recibirá el Premio Julio González 2020 que concede el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM). Esta creadora multidisciplinar es la segunda mujer que recibe este galardón que, en sus 20 años de historia, ha premiado el trabajo de artistas como Andreu Alfaro, Annette Messager o Christian Boltanski.

Mona Hatoum es una “creadora sutil y enigmática que nos enfrenta a las más profundas emociones y sentimientos” en palabras del director del IVAM, José Miguel G. Cortés, quien además ha mencionado la gran potencia ideológica y solidez poética de la obra de la artista.

Obra de Mona Hatoum

Obra de Mona Hatoum.

La artista Mona Hatoum se ha mostrado muy satisfecha por un galardón que reconoce su contribución a la escultura contemporánea. “Es un placer verme asociada al trabajo de Julio González y al nombre de otros grandes artistas que han recibido el premio anteriormente”, destacó. La artista añadió que “es una oportunidad para mostrar más extensamente mi trabajo y para ofrecer al público local una experiencia más profunda de mi obra”.

La galardonada ha creado un amplio conjunto de obras que recuerdan o se asocian con diferentes tipos de mapas de la cultura mediterránea, que no sólo hablan de los aspectos geográficos, sino también de las situaciones personales, sociales y políticas de los individuos que habitan en ellos. Su trabajo ha sido expuesto en grandes ferias y certámenes internacionales como la Document de Kassel, la Bienal de Venecia y otros eventos centrales de la escena artística contemporánea.

Hasta abril de 2020, Hatoum exhibe su obra ‘3-D Cities’ (2008-2010) en la exposición del IVAM ‘Tiempos Convulsos. Historias y microhistorias en la colección del IVAM’. Su instalación habla de la realidad urbana de tres ciudades fundamentales del mundo árabe (Beirut, Bagdad y Kabul). Las geografías cambiantes, la guerra, la violencia o la experiencia del tránsito son algunas de las fuentes fundamentales de su trabajo creativo.

El premio, concedido por la Generalitat Valenciana a propuesta del presidente del Consejo Rector del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), se instauró en el año 2000 con el fin de distinguir y reconocer a aquellas personas por su trabajo, méritos y actividad a lo largo del tiempo. Está dotado con 20.000 euros y los artistas premiados son objeto de una exposición en el IVAM que usualmente va acompañada de un acto de homenaje.

Mona Hatoum, en su estudio de Londres en 2018. Fotografía de Gabby Laurent por cortesía del IVAM.

Mona Hatoum, en su estudio de Londres en 2018. Fotografía de Gabby Laurent por cortesía del IVAM.

Soledad Sevilla evoca los azulejos de su infancia

El Patriarca, de Soledad Sevilla
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta septiembre de 2019

“Pertenezco a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado”. La frase está extraída de Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, que Soledad Sevilla (Valencia, 1944) citó como “muy importante” para ella. “Me gusta esa filosofía poética que vierte Pessoa en el libro”, subrayó la artista. Como el escritor portugués, también Soledad Sevilla parece formar parte de esos márgenes de la cultura ajenos a la multitud y al ruido mediático, para orientar su mirada hacia lo más íntimo y minúsculo que agranda con su visión plástica.

La pancarta con la que ocupa parte de la fachada del IVAM es un ejemplo de esa mirada extraviada y poética, que logra concitar en 90 m2 un “elemento indentitario de Valencia”, por utilizar las palabras de José Miguel Cortés, director del instituto valenciano. Elemento que proviene de los recuerdos de infancia de la propia artista: “He recorrido los lugares de infancia que solía recorrer con mis padres”. Entre ellos, la iglesia del Patriarca que hay en la calle La Nau y de la que ha rememorado el zócalo de azulejos geométricos que cubre la parte baja del claustro eclesial.

El Patriarca, de Soledad Sevilla, en la fachada del IVAM.

El Patriarca, de Soledad Sevilla, en la fachada del IVAM.

“Hice fotos de otros muchos lugares, pero al final elegimos esta imagen de común acuerdo”, explicó Sevilla, con pena por no haber podido expandir su idea más allá de los 90 metros cuadrados reservados para tal fin. “Propuse toda la fachada, porque me gusta apoderarme del espacio”, ironizó, sabedora de las limitaciones contempladas en el proyecto y que ha titulado El Patriarca. “Me pareció importante buscar una imagen que tuviera que ver con la ciudad”. Y ese azulejo que ha realizado a gran escala, tras pintarlo en papel transparente y a mano alzada, remite a esa iglesia de su infancia que ahora pone a disposición de toda la ciudadanía.

“Es la primera obra que hago inspirada en Valencia”, dijo quien se fue joven de su ciudad natal y ahora se siente por fin “artista de Valencia”, tras el reconocimiento que le ofrece el IVAM con esa grandiosa pancarta. “Es muy emocionante”, apostilló la artista en una mañana fría que amortiguaba la calidez sentida. “La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto a la inteligencia”, afirma Pessoa en su Libro del desasosiego, como pretendiendo explicar la forma en que Soledad Sevilla recordaba su infancia plasmada en ese zócalo de azulejos geométricos.

El Patriarca ha sido configurado mediante la superposición de dos imágenes: la fotografía que sirve de referente y el dibujo creado a mano alzada. “La suma de ambas crea una vibración nueva”. La vibración de un pasado que sorprende al actualizarse. De nuevo, Pessoa: “Vivir es ser otro. Ni sentir es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir, es recordar hoy lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida”.

Es en este sentido, profundamente poético, que Soledad Sevilla huye del compromiso del artista hoy tan promocionado: “Nunca he tenido una actitud reivindicativa en mi trabajo, que va por otro lado”. Sólo recuerda como tal, y de forma sutil, la instalación Temporada de lágrimas, que la artista creó a partir de la imagen de una mujeres llorando por la guerra. “Mi obra circula por otros derroteros. Es más inmaterial”.

El mural creado para la fachada del IVAM, y que permanecerá hasta septiembre, es del gusto de la artista, que reconoce sentirse cómoda con esos grandes formatos: “Si no hago más es porque no tengo propuestas”, aclaró, para señalar a continuación que su modo de atacar ese tipo de formatos es trabajándolos por escalas. La imagen de El Patriarca prevaleció sobre el resto de las barajadas por esa elección consensuada. “Tomar una decisión siempre es difícil. Los artistas tenemos una visión sobre nuestras obras que están condicionadas, por eso prefería que fueran otros quienes en este caso la eligieran”.

El libro de Fernando Pessoa le atrajo también por su escritura repleta de aforismos, “que te permite dejarlos y no pasa nada”. Los recorridos de Bernardo Soares por la baja Lisboa, trasunto del escrito, sintió Soledad Sevilla que tenía que vivirlos, de ahí los “muchos paseos que hice por allí”. Algo parecido a lo hecho en Valencia para crear su mural, aunque aquí fue “más fácil porque son los recorridos de mi infancia y había una urgencia que en Lisboa no tenía”, concluyó quien se congratuló de lo “muchísimo” que había mejorado la presencia de la mujer en el arte.

Soledad Sevilla, junto a su obra 'El Patriarca', en la fachada del IVAM.

Salva Torres