Naturaleza extrema en Alba Cabrera

Naturaleza extrema, de Calo Carratalá y Helen Jones
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración: jueves 22 de septiembre, 2016, a las 20.00h

Con ‘Naturaleza extrema’, magnífica exposición de dibujo realizada por el artista torrentino Calo Carratalá y la británica Helen Jones, inicia la galería Alba Cabrera su temporada expositiva 2016-2017, que se inaugurará el jueves 22 de septiembre a las 20 hs.

Con esta muestra, la galería quiere volver a constatar el hecho, no por conocido menos importante, de la internacionalidad de sus propuestas. Los artistas puede que trabajen en distintos países, islas, o continentes, incluso que estén separados por una o más generaciones; también pertenecer a ámbitos académicos distintos. Todo ello no es óbice para que sus trabajos puedan coincidir e incluso establecer fuertes vínculos de unión antes de llegar a conocerse respectivamente.

En ‘Naturaleza extrema’ además de resaltar este hecho, se puede disfrutar de la maestría de estos dos artistas especializados en el campo del dibujo-paisaje, y pertenecientes a las últimas generaciones de artistas figurativos vinculadas a esta problemática; no sólo entendido el paisaje como el territorio que habitamos, conocemos, estudiamos, protegemos o soñamos, sino también el que interpretamos y cómo lo interpretamos.

Obra de Calo Carratalá en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Una propuesta donde nos damos de bruces con unos paisajes silenciosos, majestuosos y atávicos; donde el hombre y su presencia se reduce a la anécdota, como son las interpretaciones de las selvas de Calo Carratalá, inspirados en sus viajes al Amazonas.

Obra de Helen Jones en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Helen Jones en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Y como complemento, que no como contrapunto, apreciamos otros mares embravecidos, otros cielos de nubes blancas y fondos negros de la británica Helen Jones, paisajes vividos día a día, soñados noche tras noche desde su infancia y desde sus islas.

En esta exposición, se pueden apreciar unas obras que transitan entre la nueva metafísica del valenciano y el nuevo romanticismo de la británica, sustentado con una depurada técnica, tan pictórica y plástica como es la del carboncillo o el lápiz compuesto sobre distintos soportes, papel, calco, tabla, tela….

Obra de Calo Carratalá en la exposición 'Naturaleza extrrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en la exposición ‘Naturaleza extrrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

¡Dejad que los objetos se acerquen a mí!

Marisa Casalduero
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de enero de 2015

“Este es mi trabajo, el resultado de días, semanas, meses, años… con verdadera pasión, dedicación y amor”. Así se cierra el catálogo que resume la obra de Marisa Casalduero, expuesta en el Centro del Carmen, cuyas palabras finales testimonian la impronta que, sencillamente, deja todo artista en su paso por este mundo. Que no es poco, teniendo en cuenta el inmenso tiempo que otros dedican a contaminarlo, ya sea de palabra (perdón, verborrea), obra (perdón, sobras) y omisión (demasiadas).

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Casalduero, ajena, que no ciega, a todo ese tiempo desperdiciado en maledicencias y discursos desde la trinchera, se afanó en dejar una obra sencilla, cercana, alegre y vital, por utilizar expresiones de Marisa Giménez, comisaria de la retrospectiva que le dedica el Consorcio de Museos a modo de homenaje al año de su fallecimiento. Un total de 60 piezas cuidadosamente seleccionadas, que ilustran esa pasión por la vida que tan pronto se le fue de las manos.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Quizás por esa conciencia de que la existencia se escurría como la arena por entre los dedos, Casalduero abrazó la naturaleza desde muy temprano y no la soltó, extrayendo de ella múltiples sensaciones. Más que ir en busca de los objetos, que después pasarían a formar parte de su trabajo, diríase que la artista dejaba que fueran ellos quienes se acercaran a ella, convocándolos a base de paciencia, mirada contemplativa y simple observación minuciosa de cuanto la rodeaba. Por ejemplo, “el corazón de las islas, el espíritu de las estrellas de mar, el movimiento de la lluvia, el universo de los peces, las casas que albergan a los pájaros, a las personas”, por seguir lo que apunta Marisa Giménez.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Esto último, las personas, empezó Casalduero a incluir en su obra en los últimos cuatro o cinco años en forma de diminutas figuras. Como señala Giménez a este respecto, dados los “micromundos” que iba forjando “ve la necesidad de introducir vida humana en su trabajo”. Vida humana que, al igual que la naturaleza, comparece a escala reducida, como si fuera humilde testigo del más amplio y absorbente universo. Casalduero toma muestras de esa realidad inconmensurable para construir pequeñas grandes cosas que amortigüen el desvalimiento con relación al mundo.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Por eso las estrellas, los caracoles, las rosas o los peces quedan atrapados en su temprana obra como si fueran objetos de una vasta colección de instantes vividos a lo largo de un interminable tiempo. También habrá árboles, vasijas, tulipanes, bellotas, cortes de helado y, por supuesto, casas (“que simboliza mi apellido”), igualmente representados como parte de esa vivencia interior ligada inextricablemente a la naturaleza que sirve de cobijo a su obra.

Porque es su obra, una vez que los objetos se acercan a ella movidos por su natural cariño, la que encuentra acomodo en esa naturaleza y no al revés. La serie de sillas vacías con paisajes al fondo vendrían a confirmar esta sensación. Ante esos acantilados, playas y peñones, cierto mobiliario se descubre indisolublemente unido a la naturaleza, como perteneciente a ella, prestando la ausencia de figuras el misterio de la vida desaparecida. Marisa Casalduero, como si presintiera su temprana marcha de este mundo, deja constancia de su pasión por la vida introduciendo figuras, allí donde antes había sillas vacías, como colofón a su trabajo, resultado de días, semanas, meses, años…

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Obra de Marisa Casalduero en el Centro del Carmen.

Salva Torres

Pep Bonet y su crudo universo transexual

All Imperfect Things, de Pep Bonet
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 25 de mayo

Una joven observa una de las fotografías de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM

Una joven observa una de las fotografías de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

Decía el sociólogo Jesús Ibáñez que el universo ya no es lo que era, que se ha fragmentado en un conjunto de islas. Lo que antes parecía unido, ahora está constituido por múltiples pedazos. Por eso en la izquierda se produjo un estallido de siglas y subdivisiones del núcleo central del comunismo, que también se expandió luego al terreno de la sexualidad. De forma que la hegemónica heterosexualidad fue dando paso a la irrupción de la homosexualidad (gays y lesbianas), bisexualidad, travestismo y transexualidad. Pasado el tiempo, Ibáñez sugería la necesidad de restablecer conexiones entre las islas, para que todo ese archipiélago inconexo diera sus frutos mayores en un nuevo y más fértil continente. “Quizá haya que volver a Penélope”, concluía.

Obra de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Obra de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

El fotógrafo Pep Bonet se hace cargo de una de esas islas en su exposición All Imperfect Things. Y lo hace de forma abrupta, descarnada, incluso sucia. Su mirada, lejos de edulcorar la situación de la transexualidad en Brasil, pone en evidencia la desolación, el abandono y las nefastas condiciones vitales de un colectivo que se mueve un paso más allá de la propia marginalidad. “Las personas transgénero han tenido menos éxito que los hombres gay y las lesbianas en la obtención de alguna forma de aceptación pública y del reconocimiento legal de sus derechos”, cuenta Pep Bonet en el folleto de la exposición. Y “dado que en el marco de esos grupos  mixtos tienden a diferenciarse de los travestidos, se ha extendido el uso del término ‘GLBTT’: Gay, Lesbiana, Bisexual, Travestido y Transexual”.

'All Imperfect Things' de Pep Bonet en el IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

‘All Imperfect Things’ de Pep Bonet en el IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

Lo dicho: un conjunto de islas que, a fuerza de distinguirse unas de otras, terminan perdiendo potencia reivindicativa. De hecho, el activismo transgénero sólo empezó en el Brasil en los años 90, como consecuencia de la epidemia de sida, a diferencia (según se apunta en el folleto) de la movilización gay y lesbiana a favor de la igualdad, que databa ya de los años 70. Tania Castro, responsable de PhotOn Festival, subrayó que la transexualidad en España estaba más aceptada y extendida que en Brasil, tomando prestadas las explicaciones de Pep Bonet, ausente por motivos laborales en la presentación de All Imperfect Things en el IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Consuelo Císcar, directora del museo valenciano, se refirió a la secuencia de alrededor de 30 fotografías como la narración de una “historia oculta” acerca de una “profesión marginal relacionada con el narcotráfico, extorsión, proxenetismo, violencia, sadismo, drogadicción y la infección del sida”. Todos esos temas aparecen sugeridos en la muestra de Pep Bonet, que permanecerá en el IVAM hasta el 25 de mayo y que sirve de pistoletazo de salida a la cuarta edición de PhotOn.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Las crudas imágenes en blanco y negro de Bonet se complementan con tres cajas negras dispuestas en una sala superior que, a modo de cabinas de sex shop, permiten la contemplación voyeur de cierto espectáculo transexual. En una de las paredes, puede leerse la siguiente frase elegida por el artista, como si de una ráfaga explicativa se tratara: “Le saludé y le dije: ‘Un placer’. ‘El placer viene después’, respondió”. Pep Bonet, como destacó Tania Castro, “intenta no prejuzgar, para mostrar la problemática transexual lo más objetivamente posible”. Y del mismo modo que a Bonet, premio World Press Photo, le costó meses acceder a ese mundo marginal, ese mismo esfuerzo es el que solicitan las imágenes al espectador que ahora las contemple.

Patrocinada por la Fundación Cañada Blanch, Olleros Abogados, Centre Cultural La Nau, Metrovalencia, CccdProValencia, Fotopro y Arquitectura racional, la exposición All Imperfect Things es una radiografía descarnada del mundo transexual. Un mundo de “desamparados” (Tania Castro dixit) que en la mayoría de los casos tiene que recurrir a la prostitución para sobrevivir y costearse las operaciones de transformación corporal. Un mundo sórdido que Pep Bonet recoge en sus imágenes como reflejo de una discriminación cruda y feroz. Islas en medio del frágil archipiélago posmoderno.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Salva Torres

Calo Carratalá, el artista que surgió del frío

Noruega 2011. Calo Carratalá
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 24 de noviembre

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá expuesta en la Sala Ferreres del Centro del Carmen. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes de gran formato realizados hace dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen.

El conjunto compuesto por cerca de 70 piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en los cuadernos de viaje que figuran en una vitrina de la exposición, y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Enormes montañas en Lyngen, como la que preside la Sala Ferreres al fondo, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Obra de Calo Carratalá en la exposición Noruega 2011. Centro del Carmen

Salva Torres