La mujer y la ciencia ficción

#MAKMALibros #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Elia Barceló
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Domingo 2 de agosto de 2020

‘La mujer y la ciencia ficción’ es uno de los títulos más frecuentes en tertulias, mesas redondas, artículos de fanzines e, incluso, publicaciones académicas. O al menos lo ha sido hasta hace muy poco. 

Tenemos tanta costumbre de oírlo que casi ni nos llama la atención o, incluso, puede parecernos moderno, progresista, casi feminista, el unir estos dos términos tan dispares. ¿Tan dispares? Porque esa es la cuestión, que lo que implica ese título es que se trata de dos ámbitos que a nadie se le ocurriría poner juntos. ‘La berenjena y el chocolate’ o, todavía más atrevido, ‘La berenjena y la máquina de coser’. 

¿Alguna vez hemos tenido una tertulia, mesa redonda, conferencia o artículo sobre ‘El hombre y la ciencia ficción’? No, claro, porque se sobreentiende que ese es su dominio, tanto la ciencia como la ficción. Sin embargo, estadísticamente, hay menos lectores que lectoras (en cualquier género) y son muy pocos los hombres que leen ciencia ficción, comparados con los que prefieren la novela negra, el thriller, las historias de espías o los periódicos deportivos. Por no hablar de los que escriben ciencia ficción, que también son apenas un puñado entre los hombres que se dedican a otros géneros. 

ciencia ficción
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

No obstante, a nadie se le ha ocurrido hablar de ‘El hombre y (el género que sea)’. Desde que existe la escritura, los varones han considerado que todo lo que tenga que ver con creatividad, reflexión, análisis o cualquier actividad del espíritu era de dominio masculino, y las mujeres lo hemos aceptado con más o menos naturalidad, porque siempre nos dijeron que las mujeres no servimos para eso, que las mujeres nunca habíamos aportado al mundo nada que valiera la pena.

En nuestras escuelas jamás nos dijeron que el primer texto occidental que se conserva fue escrito por Enheduanna, una mujer en Sumeria; nunca nos hicieron aprender nombres femeninos y sus obras –que existen, que existieron en todos los siglos, a pesar de las obvias dificultades por la falta de formación para las mujeres–; nos ocultaron los logros de nuestras antepasadas en las ciencias y las artes, para dejar solo –puntualmente– el recuerdo de algunas mujeres que se destacaron por su belleza, su santidad o su perfidia, los únicos campos en los que una mujer tenía derecho a destacar: Eva, Helena de Troya, Penélope, la Virgen María, Cleopatra, Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús, Lucrezia Borgia, Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, Mata Hari… 

Ha costado mucho ir descubriendo pintoras, músicas, poetas, arquitectas, ingenieras, astrónomas, científicas de todas las ramas… y escritoras de género fantástico y de ciencia ficción. Se ha quitado importancia al hecho de que la primera novela de ciencia ficción –’Frankenstein’–, fue escrita por una mujer: Mary Shelley; y que las primeras novelas de terror fueron escritas por una mujer, que se hizo famosísima en su época: Anne Rathcliffe.

La ciencia ficción como género moderno dio un auténtico salto hacia la calidad literaria cuando, en los años sesenta del siglo veinte, irrumpieron las primeras mujeres en un panorama dominado por hombres que, en su mayor parte, escribían sin muchas ambiciones literarias para un público de hombres que se dedicaban a profesiones técnicas y no tenían mucha cultura de letras. 

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Las mujeres, que nos hemos formado en la lectura de obras clásicas de ciencia ficción escritas por hombres, sabemos hacerlo igual que ellos, pero hemos añadido muchos temas nuevos en el género por el simple hecho de que aportamos otra visión, otras preocupaciones. Las escritoras de fantástico y ciencia ficción hemos introducido temas de la enorme problemática del género y el sexo, temas de la maternidad, la reproducción… Problemas que siempre han existido en la realidad, pero que ningún hombre había considerado dignos de pasar a una novela.

A esto se añade que en los últimos tiempos hemos llegado a un nivel de exigencia literario que habría sido casi impensable cuando la CF era un dominio masculino para narrarle a los jóvenes técnicos e ingenieros pequeñas historias con protagonistas que empezaban siendo poca cosa y acababan siendo superhéroes, que rescataban a la chica florero –muchas veces la secretaria de la empresa donde trabajaba el técnico– del pérfido alienígena con pinta de insecto (el famoso BEM, por las siglas de Bug-Eyed Monster) y realizaban el sueño americano siendo ascendidos, comprándose un coche último modelo y una casa con jardín en un buen barrio periférico. 

Las mujeres actuales en la ciencia ficción hacemos cualquier cosa que queramos hacer, porque somos capaces de hacerlo. Hay quien se decanta por el space opera, la gran épica, la parodia, la literatura prospectiva o extrapolativa, la lírica, el terror, la novela enigma… Hay quien trata temas de primer contacto, de robótica, de catástrofes ecológicas, de dilemas éticos, de procreación, de diferentes posibilidades sexuales y eróticas, de batallas galácticas…

No hay ningún camino cerrado para nosotras y las mujeres más jóvenes, las que están empezando ahora, seguramente ni siquiera saben, más que desde una distancia histórica, que hubo un tiempo en que tuvimos que luchar por nuestro derecho a escribir lo que quisiéramos. Hubo un tiempo en el que a mí, por poner un ejemplo personal, un importante escritor alemán me dijo que “cómo es posible que una chica tan joven y tan simpática haya escrito un relato tan espantoso” (se refería a ‘Loca’, que estuvo nominado al Ignotus de 1994 y acaba de ser reeditado en la antología ‘Insólitas’, compilada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruíz) y que cuando escribiera “algo más bonito” (sic), le encantaría poder publicármelo. 

Nunca volví a mandarle nada y, desde entonces, he escrito con total pasión y libertad, he encontrado editoriales que han querido publicarlo, así como lectoras y lectores a los que no les ha importado que la autora fuera una mujer y escribiera ciencia ficción. 

‘Demon Girl III’, de la ilustradora De la Cage.

Elia Barceló

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

Un médico árabe entre cristianos

Los señores del fin del mundo, de Enrique Vaqué
Editorial Almuzara

Aparte de su mayordomo quien mejor conoce las flaquezas de un gran señor es su médico de cabecera. En virtud de su profesión los matasanos están legitimados para moverse de forma transversal en la sociedad, lo que les hace testigos de excepción. En este sentido, al igual que periodistas, policías y detectives resultan excelentes narradores de historias.

El escritor valenciano Enrique Vaqué ha optado por el punto de vista de un galeno para remontarse al pasado, cinco siglos atrás, en su segunda novela, Los señores del fin del mundo (Almuzara). Es Sidi Umar ibn Nasar, un médico árabe de la familia real nazarí inspirado en Averroes, que se codea indistintamente con cristianos y musulmanes. Quien relata retrospectivamente sus lances es su ayudante, Hasib ibn Al-Sharif, durante una cura que realiza a la reina Isabel la Católica.

Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

De esta forma, al estilo de Las mil y una noches se desgrana un apasionante relato de amor y de muerte, de ciencia y de guerra, de viajes y aventuras que lleva a los protagonistas desde Córdoba a la batalla de Olmedo, y desde allí a La Meca, a Pakistán asolado por la peste, a Constantinopla cercada por los turcos, hasta llegar a Granada a punto de caer en manos cristianas.

“Me atraía recrear esa época, mediados del siglo XV, que marca el fin de una edad y también el fin de un mundo”, dice Vaqué. “Creo hoy que estamos al final de otro mundo, del que empezó con la revolución francesa y acabó con la caída del muro de Berlín. Quería averiguar qué hacen las personas cuando la historia da un giro tan brusco. Cómo reaccionan, qué conservan y en qué cambian”.

Vaqué es químico, trabaja en una multinacional y ha invertido todo su tiempo libre estos últimos tres años en levantar un animado mosaico de la península ibérica en perpetua lucha de tronos entre los reyes castellanos, aragoneses y navarros, así como de los lugares exóticos donde transcurre la acción.

La biblioteca como trasfondo de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

La biblioteca como trasfondo de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

Para empaparse de la cultura islámica pasó muchas horas en el Instituto del Mundo Árabe de París, ha contado con la ayuda de José Durán y los artículos de la Revista Española de Estudios Medievales le sirvieron para retratar el convulso mundo cristiano. Además, siguió cursos de sufismo con un maestro árabe y hasta practicó esgrima en un castillo con espadas medievales. Los viajes forman parte activa del proceso de documentación.

“Los lugares que describo en la novela los conozco sólo parcialmente”, señala. “Estuve en Punjab pero no en Pakistán, Egipto o la península arábiga. Para describirlos me he basado en la imaginación y en los escritos de los viajeros árabes. Los lugares de la trama que transcurren en Europa, incluyendo Estambul, sí los he visitado”.

Los señores del fin del mundo no es una novela de médico al estilo de Noah Gordon, indica su autor, sino “un viaje al fin de una época para indagar en la naturaleza del mundo”. Pero sí da cuenta de la evolución de la medicina desde la muerte de Avicena al fin del medievo. Por entonces ya existían las operaciones de cataratas, de  oído, la ligadura de arterias para evitar el desangramiento, el hilo de seda para las suturas, el empleo del fórceps en los partos…

La cultura árabe como marco de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

La cultura árabe como marco de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

“Todo esto lo habían desarrollado los árabes y era común en la medicina medieval, pero en el siglo XIII el  médico valenciano Arnau de Vilanova situó a Occidente por delante”, dice Vaqué. “No descubrió la destilación de los alcoholes pero sí su poder antiséptico. También es un teórico práctico de la dosificación  de los fármacos basados  en las propiedades medicinales de las plantas. Ya las  habían puesto los antiguos de manifiesto pero  los monjes las  sistematizaron en sus herbolarios”.

Tras su inmersión por el mundo islámico Vaqué ha reflexionado a fondo en los motivos por los cuales una civilización tan refinada dejó en un momento de evolucionar para, en ciertos aspectos, quedar anclada en la Edad Media.

“Hay un momento clave en la historia del Islam, a finales del siglo XII, cuando el influyente teólogo persa Al-Ghazali escribe La incoherencia de los  filósofos, en la que declara que éstos no pueden dar explicaciones racionales para las cuestiones metafísicas, con lo que desacredita a la filosofía y al pensamiento crítico en general. Aunque el gran Averroes intentó refutarlo, no tuvo éxito porque llegaron los almorávides y los censuraron a los dos. En esta misma época se desarrolla la secta de los asesinos que cometen crímenes políticos por el procedimiento de la autoinmolación. O sea, el terrorismo. Mi impresión es que todo esto supuso un punto de inflexión para una de las civilizaciones más brillantes de la humanidad”, concluye Vaqué.

Cubierta de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Editorial Almuzara.

Cubierta de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Editorial Almuzara.

Bel Carrasco

Arden, el que a buen árbol se arrima…

20 años de la compañía Arden
Exposición comisariada por Isabel Mañas
Jueves 16 de abril
Gala conmemorativa
Viernes 24 de abril
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia

La compañía Arden toma su nombre de un bosque cercano a la ciudad natal de Shakespeare, Stratford-upon-Avon, del que hoy día solo queda un árbol. Desde 1995, cuando la fundaron Juan Carlos Garés y Chema Cardeña, el panorama cultural nacional y valenciano también se ha ido despoblando. Pero, como el árbol del bosque por el que paseó el dramaturgo inglés, esta formación veterana de la escena valenciana resiste y celebra su vigésimo aniversario con una exposición y una pequeña gala.

En dos décadas ha llevado a escena 24 montajes que incluyen grandes éxitos como ‘La puta enamorada’, ‘El idiota en Versalles’, ‘RIII’, ‘8 Reinas’ o la reciente ‘Alicia en Wonderland’, entre otros. Espectáculos en los que ha ofrecido nuevas visiones sobre personajes históricos entre los que se encuentran William Shakespeare, Isabel La Católica, Molière, Velázquez, Casanova, Sócrates o Robespierre y por los que ha recibido más de 70 reconocimientos en certámenes nacionales y autonómicos como los Premios de las Artes Escénicas de la GV, los Premios Abril, los Premios Max Aub, el Premio de la Crítica de Barcelona y los Premis Butaca, así como los Premios Max.

La compañía Arden al completo. Fotografía: Juan Terol. Cortesía de Sala Russafa.

Imagen de los profesionales técnicos, artísticos y administrativos de la compañía valenciana Arden Producciones. Fotografía: Juan Terol. Cortesía de Sala Russafa.

Dos décadas en las que han contado con la colaboración de grandes profesionales de las artes escénicas valencianas, nacionales e internacionales, como Michael McCallion, Carme Portaceli, Vicent Vila, Carles Alfaro o Josep Solbes, entre muchos otros, ya que sólo la lista de actores que ha intervenido en sus montajes incluye a nombres destacados de la escena valenciana como Amparo Vayá, Toni Aparisi, Juan Mandli, Josep Manel Casany, Ruth Lezcano, Rosa López, Jerónimo Cornelles, Pascual Peris, Álvaro Báguena, Enric Juezas, Rafa Alarcón, Iria Márquez y un larguísimo etcétera.

Además, la formación ha impulsado la creación de Sala Russafa, un centro cultural con 2.000 m² destinados a la producción, docencia y exhibición de las artes escénicas. Y, sobre todo, Arden ha sobrevivido al teatro. «Mantener viva una compañía teatral en Valencia durante 20 años es casi un milagro, así que queremos celebrarlo», reconoce Cardeña. Su aniversario coincide con el de formaciones como Albena, La Hongaresa o El Micalet. «A mediados de los años 90 se desmanteló el Centro Dramático de la Generalitat y los profesionales de las artes escénicas nos dimos cuenta de que teníamos que generar nuestras propias compañías para poder trabajar en Valencia. La suerte es que aquella cantera era increíble y de allí surgió gente que hoy día, a base de mucho esfuerzo, seguimos en pie» apunta el dramaturgo, profesor, actor y director.

La otra cara reconocible de Arden es Juan Carlos Garés, aunque todavía hay quien no los distingue. «Cuando no nos conocíamos, la gente me confundía con Chema, me decía que me había visto en obras en las que salía él, era bastante curioso. Al fin nos encontramos y supe que a él le pasaba lo mismo, hasta me enseñó el borrador del primer acto de una obra inspirada en aquella situación. Era el germen de ‘La Estancia’, que se convirtió en nuestro primer espectáculo y fue uno de los momentos creativos más bonitos de mis 33 años en esta profesión», recuerda Garés.

Escena de 'La puta enamorada', una de las obras de Arden Producciones.

Escena de ‘La puta enamorada’, una de las obras de Arden Producciones.

A sus 50 años, sigue teniendo las mismas inquietudes que cuando empezó: «Sin carácter emprendedor, es absurdo querer dedicarse a las artes escénicas porque en esta profesión hay que buscarse la vida. Lo bueno es que estamos en contacto con la gente joven, tanto en la Sala como en nuestros montajes, donde intentamos que siempre haya un nuevo talento entre el reparto, y vemos que hay relevo en las nuevas generaciones «, afirma el actor y productor.

La tercera pata de la compañía, quizá menos visible, es el músico David Campillos. «Empecé a trabajar con Arden cuando cumplían diez años y una década más tarde he de reconocer que me han permitido crecer muchísimo profesionalmente», comenta Campillos, quien se dedica a la producción y gestión tanto del centro cultural como de la compañía, siendo responsable de la programación de conciertos en Sala Russafa y de la ambientación musical de muchas de las piezas de Arden. «Solo pongo la cara cuando salgo al escenario para tocar en algunos montajes, el resto del tiempo estoy en los miles de detalles que necesita una obra para salir a escena cada día. La gente no se imagina cuánto trabajo supone, pero los que nos quedamos en las bambalinas también estamos enganchados al veneno del teatro» reconoce el tercer socio de la compañía valenciana.

Elenco de 'Alicia en Wonderland', obra de Arden Producciones.

Elenco de ‘Alicia en Wonderland’, obra de Arden Producciones.

Exposición y gala conmemorativa

Con la apertura en 2011 de Sala Russafa, Arden ha podido llevar a las tablas propuestas con mayor riesgo artístico y económico, haciendo evolucionar el sello de esta compañía de autor, que va a la raíz del teatro, centrando el peso de las producciones en el texto y la interpretación actoral. «Creo que es inevitable evolucionar si estás 20 años creando espectáculos, pero nuestras obras siguen teniendo un carácter propio y muy reconocible», afirma Cardeña, dramaturgo y director artístico de la compañía. El suyo es teatro que se inspira en el pasado, retomando personajes históricos, autores y estilos del teatro clásico, combinando realidad y ficción. Las obras de Arden miran atrás para entender el presente y ofrecer un punto de vista con el que enfrentarse al futuro.

«El nuestro lo vemos complicado, sinceramente. Lo llevamos viendo así desde que empezamos, pero ahora la precariedad de las artes escénicas es muchísimo mayor, así que queremos celebrar este aniversario porque no sabemos si vendrán otros después». Para hacerlo, el 16 de abril inauguran una pequeña muestra comisariada por Isabel Mañas en la que se incluyen carteles originales, recortes de prensa, vestuario, galardones y fotografías que sintetizan la experiencia de las más de 2.000 funciones que ha ofrecido la compañía valenciana desde el 95 en ciudades de toda España y en giras por Latinoamérica.

Además, el 24 de abril realizarán en el centro cultural de Ruzafa una pequeña gala en la que harán repaso a su trayectoria con la colaboración de una veintena de representantes de la escena valenciana entre los que se incluyen Juan Mandli, Mª Ángeles Marchirant, Cristina Pitarch o Amparo Vayá, entre otros.

Además, se ofrecerá un adelanto de la película del realizador Vicente Monsonís que ha llevado al cine uno de sus últimos espectáculos, ‘Matar al Rey’. Ése es uno de los proyectos más inmediatos de Arden para 2016. También está la realización de una nueva pieza que siga la estela marcada por ‘Revolución!’ y ‘Alicia en Wonderland’, combinando música en directo y análisis político. Y la creación de un nuevo espectáculo para niños basado en un popular personaje de la historia española. «Pero nuestro proyecto más importante, el que nos hace más ilusión, es cumplir 21 años en activo. Y 22, 23… todos los que podamos», confiesa Cardeña, quien se muestra absolutamente convencido de que siempre hay alguna manera de levantar el telón.

De izquierda a derecha, Juan Carlos Garés, Chema Cardeña y David Campillos, socios de la compañía Arden. Foto: Juan Terol.

De izquierda a derecha, Juan Carlos Garés, Chema Cardeña y David Campillos, socios de la compañía valenciana Arden Producciones. Foto: Juan Terol.

 

Dama y Rey

La dama del ajedrez, de Agustí Mezquida (investigación de José Antonio Garzón)
Matar al rey, de Arden, bajo dirección de Vicente Monsonís

Una especie de prodigio se ha producido a mediados de este mes de noviembre en Valencia al coincidir la presentación y el rodaje de sendos proyectos cinematográficos de contenido histórico. El preestreno en el IVAM  de ‘La Dama del Ajedrez’, largometraje documental sobre el origen valenciano del ajedrez moderno, y el rodaje de una adaptación cinematográfica de ‘Matar al rey’ en el castillo de Benisanó. ¿Brotes verdes en el desértico panorama audiovisual? Tal vez sea demasiado aventurado echar las campanas al vuelo, pero sin duda es una buena noticia que celebrar.

A partir de una exhaustiva investigación de José Antonio Garzón sobre la aparición en Valencia de la poderosa figura de la dama del ajedrez, el guionista y director Agustí Mezquida ha compuesto un largometraje de 90 minutos de carácter documental. Un proyecto desarrollado a lo largo de ocho años, con rodajes en varias ciudades y un presupuesto de 300.000 euros.

Agustí Mezquida junto a la imagen de su libro. Cortesía del autor.

Agustí Mezquida junto a la imagen de su libro. Cortesía del autor.

Según los estudios realizados por Garzón, el poema alegórico ‘Scachs d’Amor’ (1475), obra de tres autores valencianos, es el texto donde se menciona por primera vez la aparición de la dama en el juego del ajedrez. Esa datación descarta la idea de que la nueva pieza, que sustituyó al visir o general que acompañaba al rey en el tablero árabe, se inspirara en la figura de Isabel la Católica. Se especula que podría estar relacionada con María de Castilla, consorte de Alfonso el Magnánimo. Sin embargo, la especialista Marilyn Yalom, de la Universidad de Stanford, estima que probablemente esta pieza no surge de una sola figura, sino del hecho de que, desde hacía un par de siglos, las reinas tenían un protagonismo del que antes carecían.

En 1495, el erudito judío valenciano Francesch Vicent recopila estas normas y publica el considerado primer tratado del ajedrez moderno bajo el título ‘Llibre dels jochs partitis dels scachs en nombre de 100’, considerado el santo grial de los libros dedicados al juego.

Cartel de la película 'La dama del ajedrez', de Agustí Mezquida. Cortesía del autor.

Cartel de la película ‘La dama del ajedrez’, de Agustí Mezquida. Cortesía del autor.

‘La Dama del Ajedrez’ relata en imágenes la búsqueda del rastro del incunable de Vicent, del que sólo se conservaba un ejemplar en la biblioteca del monasterio de Montserrat, desaparecido en 1811 tras el asalto y saqueo de la abadía por las tropas napoleónicas, probablemente salvado de las llamas por los monjes. La pista del libro se recupera en Barcelona hacia 1913, y más tarde en Cleveland (Estados Unidos). Pero el destino del considerado grial del ajedrez sigue siendo un misterio lleno de posibilidades.

Jaque al Rey

Frente a la poderosa dama, la figura de un rey castellano que conocen bien quienes siguen la serie televisiva Isabel desde el principio. Se trata de Enrique IV, también llamado El Impotente, hermano de Isabel de Castilla, cuya misteriosa muerte es el tema central de ‘Matar al rey’, una  pieza teatral de Arden que Vicente Monsonís lleva a la gran pantalla. El castillo medieval de Benisanó y sus alrededores se convirtieron durante unos días en plató cinematográfico. Un equipo de más de 20 profesionales participan en una coproducción de Stanbrook, Arden y Godfader, con la colaboración del Ayuntamiento de Benisanó.  Los intérpretes son los mismos actores y actrices que representaron  la pieza teatral: Juan Carlos Garés, Chema Cardeña, Rosa López, Iria Márquez y Jaime Vicedo.

Los libros, series y películas ambientadas en periodos históricos están de moda, “pero siempre ha existido ese interés, no hay más que ver obras de Shakespeare o Bertolt Brecht”, dice Cardeña. “La realidad nos ofrece mejores tramas y personajes que la ficción. Pero lo más interesante no es la mera recreación, sino aportar el punto de vista de un autor, crear una pequeña historia paralela que encaje en la historia con mayúsculas y que permita entender mejor la sociedad de la época y la nuestra, porque siempre se pueden establecer paralelismos”.

Un momento del rodaje en el Castillo de Benisanó de la obra 'Matar al rey', de Arden, dirigida por Vicente Monsonís. Imagen cortesía del autor.

Un momento del rodaje en el Castillo de Benisanó de la obra ‘Matar al rey’, de Arden, dirigida por Vicente Monsonís. Imagen cortesía del autor.

El texto y la esencia de la obra se respetan al máximo, pero, según Monsonís, “no grabamos al estilo de Estudio 1, con teatro filmado”, afirma el director. “Queremos transformar la manera de contar la historia, adaptándola al lenguaje audiovisual, para encontrar nuevos públicos más habituados al cine”.

“Verte envuelto por la piedra afecta a la interpretación”, comenta Cardeña, “porque en el montaje teatral la escenografía es muy sobria. También cambia la forma de actuar para el cine, te permite relajar la voz y el cuerpo, centrarte más en la emoción, hacer escenas más íntimas”.

Un momento del rodaje en el Castillo de Benisanó de la obra 'Matar al rey', de Arden. Imagen cortesía de la compañía.

Un momento del rodaje en el Castillo de Benisanó de la obra ‘Matar al rey’, de Arden, dirigida por Vicente Monsonís. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Sala Russafa estrena Matar al rey

Matar al rey, de Chema Cardeña
Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Estreno: jueves 16 de octubre, a las 20.30h
Hasta el 9 de noviembre, 2014

Sala Russafa abre su nueva temporada acogiendo el estreno absoluto de la última pieza de Arden, ‘Matar al Rey’. Un thriller ambientado en la España del S.XV que tiene como protagonista al Rey Enrique IV y su repentino fallecimiento. Chema Cardeña es el autor y director de esta pieza que recrea situaciones históricas estableciendo paralelismos respecto a la convulsa vida social y política actual. El reparto está compuesto por Juan Carlos Garés, Rosa López, Iria Márquez, Jaime Vicedo y el propio Cardeña.

‘Matar al Rey’ es la pieza número 23 de la compañía valenciana Arden y, siguiendo su particular estilo,  vuelve la vista al pasado para ofrecer una nueva mirada sobre personajes y periodos históricos. En esta ocasión, la acción se traslada a la Castilla y León del S.XV, concretamente a la estancia de un alcázar de Madrid en el que se vela al Rey Enrique IV, fallecido en extrañas circunstancias, ya que el cadáver no presenta signos de enfermedad ni de violencia.

Fotomontaje de escenas de 'Matar al rey', de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Fotomontaje de escenas de ‘Matar al rey’, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sus familiares más allegados, entre los que se encuentra la reina consorte, Juana de Avis y Aragón; su hermana, Isabel la Católica, o Beltrán de la Cueva, valido y supuesto amante del Rey y de la Reina, están presentes en este velatorio repleto de intrigas. ¿Cuáles han sido las causas de la muerte del Rey? ¿O es que acaso ha sido asesinado? El ansiado poder que otorga ocupar el trono de Castilla convierte en sospechosos a los familiares y “amigos”.

Chema Cardeña escribe y dirige esta pieza que fotografía el alma de estos personajes del Medievo, estableciendo paralelismos con la actualidad. La codicia, la debilidad de la ética y la instrumentalización de las personas dan lugar a tramas novelescas que entremezclan historia real y ficción.

El reparto de este thriller medieval está compuesto por el propio Chema Cardeña, que interpreta al Rey;  Rosa López, Juan Carlos Garés, Iria Márquez y Jaime Vicedo, los cuales dan vida a los personajes que rodeaban a Enrique IV, un rey prácticamente olvidado e incluso considerado maldito.

Cartel de 'Matar al rey', de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de ‘Matar al rey’, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.