GRUP MIXTOUR REGRESA A ESCENA EN ENSEMS

‘in vain’, de Grup Mixtour
Festival Ensems
Palau de la Música
Paseo de la Albereda 30, Valencia
Miércoles 27 de abril, a las 20 horas

El estreno en Valencia de la ambiciosa obra ‘in vain’ (2000), del compositor austriaco Georg Friedrich Haas, es la propuesta del Grup Mixtour en su regreso a los escenarios dentro del programa del festival Ensems, organizado por CulturArts Música – Generalitat Valenciana con la colaboración del Palau de Les Arts Reina Sofia, el Consorci de Museus, el Palau de la Música (Ajuntament de València), la Fundación SGAE, el Institut Français y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Inaem). ‘in vai’ podrá escucharse, como pieza única, en el concierto de Mixtour el próximo 27 de abril, a las 20.00, en el Palau de la Música, bajo la dirección de Pablo Rus. La entrada es libre.

Haas nació en 1953 en Graz, una ciudad en el este de Austria. Su infancia transcurrió en la montañosa provincia de Vorarlberg, en la frontera suiza. El paisaje y la atmósfera del lugar han dejado una impresión duradera en su personalidad. La noche, la oscuridad, la pérdida de las ilusiones han jugado un papel importante en su obra, y los efectos de luz son una parte integrante de su producción.

Georg Friedrich, compositor de 'in vain'. Fotografía cortesía de los organizadores.

Georg Friedrich, compositor de ‘in vain’. Fotografía cortesía de los organizadores.

En cuanto a su estilo, se le ha definido como un músico a caballo entre Europa y los estados Unidos; ha sido influido por el espectralismo francés pero también utiliza técnicas microtonales como algunos colegas americanos. Tampoco teme los gestos teatrales o la opulencia sonora casi wagneriana.

La obra ‘in vain’ (en vano), para orquesta de cámara, refleja la amarga conciencia de Haas respecto a su impotencia como compositor: no hay manera de que la música pueda mejorar el mundo, parece decir. La escribió con motivo del ascenso del Partido de la Libertad, de extrema derecha, en las elecciones de Austria de 1999, y como señal de desesperación ante la pérdida de esperanzas para el progreso social.

El director de orquesta Simon Rattle describe ‘in vain’ como una obra maestra del siglo XXI. La característica más llamativa de la pieza son los pasajes en los que las luces de la sala se apagan y los intérpretes tocan de memoria, en total oscuridad. El compositor pretende que la escucha se intensifique con la desaparición de otros estímulos sensitivos. Lo que queda es una música que algunos han descrito como de una belleza extraña; Alex Ross, autor del libro El ruido eterno, escribió que «esta moderna obra maestra transforma la sala de conciertos en un lugar de misterio estremecedor, lo que sugiere que el camino de la verdad pasa por la oscuridad».

Pablo Rus, director de Grup Mixtour. Fotografía cortesía de los organizadores.

Pablo Rus, director de Grup Mixtour. Fotografía cortesía de los organizadores.

Grup Mixtour es un colectivo joven fundado en 2011 bajo una premisa principal: que la excelencia artística y el contacto directo con el público en su sentido más amplio no tienen por qué ser dos actitudes contrapuestas. Su director al tiempo que uno de sus fundadores, Pablo Rus Broseta, es actualmente uno de los directores valencianos con mayor proyección internacional. Es director asociado de la Orquesta Sinfónica de Seattle, en EUA, y acaba de debutar al frente del prestigioso Ensemble Intercontemporain, uno de los principales conjuntos dedicados a la música actual.

Ensems continua el próximo viernes 29 también en el Palau de la Música con la primera de las actuaciones de la Orquesta de Valencia en el cartel del festival. El programa incluye el poema sinfónico ‘Pelleas und Melisande’, de Arnold Schoenberg, y el concierto para violín de Brahms.

Una instantánea de la formación Grup Mixtour. Fotografía cortesía de los organizadores.

Una instantánea de la formación Grup Mixtour. Fotografía cortesía de los organizadores.

 

Edith Piaf, la vida en rosa sepia

‘Fotos Encontradas’, exposición de Edith Piaf
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 4. Valencia
Hasta el 31 de octubre

Edith Piaf murió a los 47 años, porque la vida, en el fondo, le fue extendiendo pagarés como amortización de la deuda contraída con ella. Nació a duras penas, en la calle, debajo de una farola del nº 72 de la calle Belleville en París. Creció a trancas y barrancas, primero en un prostíbulo de su abuela paterna y después en el circo ambulante de su padre. Y desarrolló su talentosa voz en medio de una sucesión de romances, accidentes y adicción a las drogas. Cuando un cáncer hepático se la llevó al otro mundo el 10 de octubre de 1963, Edith Piaf ya había extraído todo su jugo a La vie en rose, sin duda fucsia intenso ahora en rememorado sepia, que durante años cantó, padeció y gozó la Môme Piaf (la niña gorrión).

Imágenes y video de la exposición 'Fotos encontradas' dedicada a Edith Piah. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Imágenes y video de la exposición ‘Fotos encontradas’ dedicada a Edith Piah. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Cantar, decía, “es una forma de escapar; es otro mundo”. De manera que cantando Milord, Hymne à l’amour, Non, je ne regrette rien o su famosa La vie en rose, Edith Piaf lo que hacía era abandonar el desgraciado mundo para adentrarse en aquel otro más luminoso de la música. Lo hacía a través de una voz que, como señala Gérard Teulière, el nuevo director del Institut Français de Valencia, producía “un escalofrío de emoción”. Esa voz y esa vida en rosa fucsia vuelve ahora en sepia, 50 años después de su muerte, en la exposición que el instituto francés le dedica para conmemorar el medio siglo de su triste desaparición.

AMOR, LUCHA, MENTIRAS Y BOFETADAS

“No me molestaría en lo más mínimo volver a la Tierra después de mi muerte”. Y, como escuchando sus palabras, ahí están las 25 imágenes y el video con algunas de sus actuaciones, que la muestra acoge como resucitando su figura. Imágenes nunca antes mostradas al público. Imágenes de una caja de fotos encontrada en el archivo de la desaparecida agencia Mobba Press. Su calidad es lo de menos, aunque las haya sin duda estimables. Lo que cuenta es el testimonio documental de esas Fotos encontradas, según el título de la exposición, dando fe de su apasionada vida.

Imagen de algunas de las fotografías de la exposición dedicada a Edith Piaf en el instituto francés. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Imagen de algunas de las fotografías de la exposición dedicada a Edith Piaf en el instituto francés. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

“En lo que a mí respecta, el amor significa lucha, grandes mentiras, y un par de bofetadas en la cara”. Edith Piaf ya vino al mundo con ese sentimiento, como si fuera una imagen de marca. Nació luchando por salir del vientre de su madre, sola en esos momentos, abofeteada por la vida de unos padres inmaduros. Pero el gorrión, lleno el cuerpo de perdigones, no dejó nunca de volar alto. “Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa. Pasé hambre, frío, pero era libre, de no levantarme, de no acostarme, de emborracharme, de soñar”. Y así lo hizo toda su vida, que Gérard Teulière recuerda repleta de “decepciones, dolor y alegrías”: una vida “excepcional” jalonada de “muchas experiencias amorosas”.

AMANTES Y MORFINA

En las fotografías encontradas que aparecen expuestas en el Institut Français, se puede ver a Edith Piaf con algunos de sus numerosos amantes: Charles Aznavour, Georges Moustaki, Yves Montand, Eddie Constantine, su último compañero Théo Sarapo o su gran amor, el boxeador Marcel Cerdan, trágicamente fallecido en accidente de aviación cuando volaba para encontrarse con la cantante que se hallaba de gira en Nueva York. Cuando la vida le golpeaba las alas que batía alegre mientras cantaba, Edith Piaf recurría a la morfina que, poco a poco, la fue consumiendo por dentro.

Gérard Teulière destaca de Fotos encontradas la novedad de una serie de imágenes hasta la fecha inédita, así como el “interés artístico y social” que destilan esas 25 fotografías de pequeño formato, en tanto testimonian “la vida cultural artística del París de los años 40, 50 y 60”. En el video que acompaña la muestra, se puede ver a Edith Piaf cantando en el famoso Olympia, con su vestido negro, sus brazos agitándose como si fueran las alas del gorrión, y una voz que trina sin desmayo contra un cúmulo de adversidades. Jean Cocteau, al enterarse de su muerte, dijo: “Ella no entrega su alma, la regalaba; ella tiraba oro por las ventanas”.

Fotografía de Edith Piaf. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Fotografía de Edith Piaf. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Salva Torres

Xavier Moingeon, leyendo entre líneas

Conexión, de Xavier Moingeon
Institut Français
C / Moro Zeit, 6. Valencia
Hasta el 15 de noviembre

No termina de estar claro en la obra de Xavier Moingeon dónde empieza el expresionismo abstracto del que se nutre, y dónde acaba el discurso analítico que se va derramando entre líneas. ¿Expresionismo analítico? Ésa es la sensación que destila su obra, siete piezas de gran formato expuestas en el Institut Français de Valencia, donde la gestualidad impetuosa del trazo parece sujeta por las riendas de la razón, como si los textos que acompañan las obras hubieran impedido volar más alto a sus expresivas formas.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Moingeon ha denominado Conexión al conjunto expositivo. Una conexión que los títulos y textos destacan, mientras las líneas sinuosas y los colores se pliegan a esa exigencia de entrelazar sentimientos opuestos. La impresión es que el movimiento de la mano ha seguido los dictados del pensamiento, perdiendo el vigor que la demanda racional de conexión exigía. De manera que las “fuerzas contrapuestas” invocadas en su obra, han dado como fruto cierto combate ganado a los puntos por la sugerencia temática.

En todo caso, la intención de Xavier Moingeon, en tiempos de febriles disputas excluyentes, es sin duda loable. La obra plástica expuesta en el Institut Français juega con ese entrelazamiento formal que figura en el planteamiento base. De manera que la conexión del título entre fuerza y debilidad, profundidad y superficie, lo justo y lo injusto, lo encadenado y lo libre, el movimiento y la pasividad, que sirven de contrapunto a cada una de las piezas, permite la ligazón del conjunto.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

En una de las obras sin título, Moingeon explica lo que parece el resultado final de su trabajo: “Sujeto y esclavo de su propia textura”. Otra de las piezas la describe así: “Trazos cargados de energía que se prolongan en movimientos involuntarios”. Pese a todo, su voluntad es diáfana: establecer conexiones entre esas fuerzas contrapuestas a las que alude constantemente. Y pesa más la voluntad que el trazo involuntario, permitiendo al espectador seguir el camino plástico, no exento de sinuosidades y diferentes colores, bajo la cadencia armónica del hilo conductor expresado en el título de la exposición.

Chapeau rouge, Cité Volante, Equité, Sorry Angel y varias piezas sin título conforman el conjunto. Un conjunto modulado tan pronto por “un cuerpo de mujer salido de formas cubistas abstractas” (sumisión y rebelión), como un ser vivo que “necesita de formas duraderas e idénticas para apoyarse en ellas” (lo justo y lo injusto). Xavier Moingeon va estableciendo esa Conexión entre opuestos con suma pericia dialéctica, restando la declaración de intenciones carga poética al sin duda bien estructurado conjunto expositivo.

Moingeon11

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Salva Torres