Macrocosmos y microcosmos de García Cano

El universo pictórico de Miguel García Cano

Si analizamos la realidad bajo el prisma de la unicidad básica del mundo, si aceptamos que tanto lo cósmico y lo grandioso como lo cotidiano y lo pequeño se han modelado en la misma fragua, si entendemos que la misma lógica y las mismas reglas sirven para hablar de asteroides que de patatas, ya tendremos abierta una puerta esencial para penetrar en el universo pictórico de Miguel García Cano, cordobés afincado en Valencia, donde prosigue con indudable tesón una indagación personal al margen de cualquier capilla o escuela, un camino solitario y displicente, por el que camina él solo, por el que a veces se pierde, y  por el que, de tarde en tarde, alcanza hallazgos que se parecen mucho a la verdad del arte.

Miguel García Cano ha llegado a sus patatas cósmicas por exigencias de su propio instinto, incluso traicionando las demandas de su racionalidad pictórica y tomando una carretera secundaria por la que nunca tuvo la intención de transitar. Aquellos vibrantes pimientos, las sugerentes berenjenas y aun las tristes cebollas que, como «cuadros menores», y a veces puramente «comerciales», acompañaban los grandes lienzos de sus ambiciosas exposiciones, fueron adquiriendo, a su pesar y como sin querer, empotrados en aquellos fondos negros y zurbarianos, la fuerza de auténticas presencias telúricas, imposibles de ignorar.

Miguel García Cano. Fotografía de Maite Bäckman.

Miguel García Cano. Fotografía de Maite Bäckman.

Un tomate o una granada podían alcanzar una luz del fin del mundo, sin perder su textura comestible y un punto de ironía. Sí, porque en esta pintura, que excluye a los humanos, son los vegetales los que nos observan, a veces con ironía y a veces casi con ternura, con una discreta compasión. Sin pertenecer a la categoría pictórica de las «naturalezas muertas», yo diría que nadie siente frente a esas frutas y hortalizas la tentación de comérselas; como si uno intuyera, no que sean venenosas, sino que tienen un alma mineral y también un alma espiritual que no nos van a facilitar la digestión.

Las patatas de Miguel García Cano vuelan en el espacio sideral porque allí es donde está el ámbito en que su ser se muestra en su verdadera plenitud. Fuera de su contexto práctico (ya sea comercial, ya sea culinario, incluso fuera de su contexto agrícola), las patatas reivindican su condición de objetos únicos, radicales, indiferentes hacia nuestra cotidianidad. De tal forma se alejan de ese prisma práctico, que más parecen en efecto asteroides perdidos en la oscuridad primordial del universo. Rocas volantes surcando un vacío ilimitado sin destino ni dirección.

Cuando las cosas abandonan los planos más usuales de la realidad y buscan su esencialidad, aparece no solo su vertiente más ignorada sino también su vínculo con la totalidad. Es entonces cuando el macrocosmos (y su lejanía y dimensión terroríficas) se acerca al microcosmos (tan palpable en su accesibilidad) y podemos, por un instante, por un simple instante, acceder al secreto más profundo del universo. La radical unidad de todo lo que hay.

Miguel García Cano.

Miguel García Cano. Imagen cortesía del autor.

Pero también hay otra dura lección. Nuestra antropología lo ha reducido todo a la medida de nuestra arbitraria condición. En la enciclopedia del saber no hay ninguna entrada que remita a las patatas cósmicas de García Cano. Ni puede haberla. Allí está solo lo que dominamos, clasificamos, utilizamos, definimos y arbitramos. La kantiana «cosa en sí» ha sido abolida, pues no sirve a nuestros propósitos de dominio. Por eso la mirada de García Cano es tan extraña y singular: la indiferencia con que esa patata estalar se aleja en el espacio infinito no nos permite pensar ni en la tortilla de patatas ni en el hervido. Algo está fuera de lugar. Algo ha abandonado su casillero habitual. La patata ha entrado en otra dimensión. Una dimensión que nos habla de que las cosas viven y son al margen de nuestra condición. Que las cosas aspiran a una cierta totalidad. A su fusión con el universo. Que reivindican su condición de misterio y revelación. Exigen, y a veces claman, su propia metafísica. A través de ellas también se manifiesta la oculta esencia del mundo.

Al fusionar micro y macrocosmos, Miguel García Cano emprende un viaje singular. Se aleja aún más de las especies pictóricas a la moda y busca refugio en la esencia de la pintura. Un viaje en el que no encontrará ni acompañantes ni consuelo. Tampoco nosotros podemos hallarlo al ver esas patatas alejarse y perderse en la infinitud del espacio. Buscando no la lejanía, sino la plenitud de su ser. Y entonces sospechamos, con recelo, que nos vamos a quedar sin cenar.

Patata, obra de Miguel García Cano.

Patata, obra de Miguel García Cano. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano, escritor y editor de Contrabando

Bodas de sangre flamencas en Flumen

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Sáiz
Saga Producciones
Teatro Flumen
C / Gregorio Gea, 15. Valencia
Estreno: jueves 15 de octubre, a las 21.00h
Hasta el 29 de noviembre de 2015

La terrible historia que en su día escribiera Lorca, tras quedar impresionado al leer la noticia en un periódico, del cruento suceso acaecido en El Cortijo del Fraile de Nijar (Almería), el 22 de Julio de 1928, representada en el Teatro Flumen de Valencia.

Bodas de Sangre, dirigida por José Saiz, reproduce los versos de Lorca al compás del flamenco más puro, donde el amor y la traición, la tradición y el instinto, el honor y la muerte se conjugan en una noche sin luna. Con esta obra Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos con la tragedia como base, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. En Bodas de Sangre se viven sentimientos tan fuertes como el amor, el deseo y los celos, capaces de cegar la razón y hacer añicos la cordura.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Es la mañana de una boda. Leonardo es el primero en llegar a la casa de la novia y habla con ella, recordándole el pasado. Leonardo ha amado a la hermosa novia y ha sido correspondido; pero rechazado por el padre debido a la dudosa moralidad de su familia, se ha casado con otra mujer, prima de ella; sin embargo, en ambos ha quedado latente la primera pasión y él sigue asediándola con su deseo. La novia, llena de orgullo y despecho, ha aceptado un matrimonio que le significa liberación, pero no siente amor por el que será su esposo.

El recuerdo del pasado se hace tan apremiante entre ambos que, celebrada la ceremonia nupcial, la recién casada huye con su antiguo pretendiente. El novio persigue a la pareja fugitiva. Cae la noche. La luna, desde arriba, contempla la huida y la persecución. Se producen el encuentro y el duelo entre los dos hombres, en el que ambos mueren. La novia sobrevivió de milagro a las manos de mujer que la intentaron estrangular.

Es también una historia de viejas rencillas familiares, la familia del joven novio había sido víctima de la pérdida del padre y el hijo mayor en manos de la familia del joven Leonardo, lo cual engendra en la madre un rencor-odio hacia todo lo relacionado con dicha familia, y un temor-odio hacia cualquier arma que atente contra la vida del hombre.

La novia, que siente que ya no tiene motivo por el que vivir, visita a la madre, no para pedirle perdón sino para que le quite la vida a ella también. La madre, por su parte, no es capaz ni de tocarla, aunque le gustaría hacerlo hasta acabar con ella, no tiene fuerzas para hacer nada, ya que acaba de perder a lo único que le quedaba; su hijo.

Con esta obra, Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos a base de la tragedia, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. El amor, el deseo, los terribles celos que nacen de las mismas entrañas y abrasan el corazón, cegando la razón que hace añicos la quebradiza cordura. Este es el auténtico catalizador que libera la furia aletargada en el interior de las pasionales personas.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

 

Desnudos fotovoltaicos de Pedro Hernández

Sens/Sex. El cuerpo la arma, de Pedro Hernández
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta el 11 de julio de 2015

Si de la actriz Ava Gardner se llegó a decir que era “el animal más bello del mundo”, entonces del fotógrafo Pedro Hernández se puede decir que es el mejor cazador de esa belleza animal. Nada de erotismo suave. Puestos a encarar el lado salvaje del cuerpo femenino, el artista del Cabanyal residente en Marsella prefiere dejarse llevar por el instinto de su alma periodística. Porque él, por encima de todo, se considera “un curioso” de cuanto le rodea. De forma que ante un desnudo, y son miles ya los que han pasado por delante de su inquieta mirada, se comporta como el predador que sigiloso aguarda el instante oportuno.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición 'Sens/Sex. El cuerpo la arma',  de Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición ‘Sens/Sex. El cuerpo la arma’, de Espacio 40. Cortesía del autor.

Casi medio centenar de esos instantes pueden verse en la galería Espacio 40 del barrio de Ruzafa, que de este modo se sumerge en el verano con una exposición de alto voltaje erótico. Cuídense mucho de acudir quienes, acostumbrados a la carnaza televisiva, piensen que ya lo han visto todo. Los desnudos de Pedro Hernández están hechos sin concesiones, pero su radicalidad escapa al torpe visionado del cuerpo dejado de la mano del morbo. Con ser explícitas, sus fotografías arropan hasta el desnudo más obsceno merced al cuidadoso trabajo del blanco y negro.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex'. Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex’. Espacio 40. Cortesía del autor.

Cada una de esas imágenes le lleva horas y días de trabajo. Se cabrea y mucho cuando alguien se fija en sus desnudos pasando por alto el encuadre, la luz, la composición y el riesgo que conlleva fotografiar al natural sus modelos. Apasionado del trabajo artesanal que conlleva el revelado analógico y detractor de cierta insustancialidad digital, Pedro Hernández se pasa horas y horas en lo que él llama su sala de maternidad, hasta parir fotografías escandalosamente cuidadas hasta el más mínimo detalle.

Fotografía de Pedro Hernández, en Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández, en Espacio 40. Cortesía del autor.

Los desnudos que muestra en Espacio 40, bajo el elocuente título de ‘¡El cuerpo la arma!’, destacan por su potencia visual, más allá de la explicitud sexual de algunas de sus imágenes. No hay culos, ni senos, ni coños (con perdón), que se resistan al látigo con que Pedro Hernández domeña tan fiera naturaleza. Lo hace, sin duda, de manera provocadora, ya sea por el descaro de tamaña desnudez, bien por la forma que tienen las modelos de entregarse al deseo carnal que el artista, lejos de encubrir, alienta con su penetrante cámara. Pero es una provocación sometida al exacto cumplimiento de una de sus máximas artísticas: “¡Vivo de la imagen profundamente!”.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex'. Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex’. Espacio 40. Cortesía del autor.

Tan profundamente que no entiende la dejadez con que algunos dan por buenas ciertas fotografías mal encuadradas, sin blancos y negros puros, descuidando la posición de las modelos. Las suyas, por muy desnudas, abiertamente desnudas, que se muestren, siempre aparecen cubiertas de sombras, de geometrías o del propio marco de la representación. Ya sea en confesionarios de iglesias, en la barra de algún bar, en cementerios, en terrazas, salas o dormitorios, incluso en la Malvarrosa o la Ciudad de las Ciencias, sus desnudos tan pronto acarician la gloria de un placer intenso como la tierra de la aspereza carnal.

No caben medias tintas en las fotografías de Pedro Hernández, en sus desnudos. Puestos a cazar esa belleza animal, cualquier distracción puede resultar nefasta: un mal gesto, una luz mal tratada o cierta sensualidad de postal y adiós erotismo. Con 40 años de profesionalidad a sus espaldas y multitud de premios en su Francia adoptiva, Pedro Hernández sube ahora la temperatura de Valencia con una exposición de alta graduación visual.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex. El cuerpo la arma', en Espacio 40. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex. El cuerpo la arma’, en Espacio 40. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Östlund: “La cobardía es lo más habitual”

Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia
30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 19 al 26 junio de 2015

Ejemplo del modelo sueco, Ruben Östlund (Gotemburgo, 1974) acudió a la entrevista con sus dos hijas gemelas. Y mientras ellas, sin alborotar, se entretenían con el móvil antes de poder ir a la playa Malvarrosa, su padre respondía a las preguntas moviendo las manos como queriendo ahuyentar esos primeros planos que tan esporádicamente utiliza en su cine. En Fuerza mayor (2014), Premio del Jurado en el Festival Cannes, lo hace casi por simpatía con el título: “Me sentí obligado, porque la verdad es que no estoy acostumbrado a ellos”.

Fotograma de Force Majeure (Fuerza Mayor), de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de Force Majeure (Fuerza Mayor), de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Si los utilizó fue para mejor indagar en la psicología (otra palabra de la que huye) del personaje protagonista: un padre (Johannes Kuhnke) que abandona a su mujer y sus hijos cuando una avalancha de nieve amenaza con sepultarlos. “No tenía muchas esperanzas de que allí  fuera a pasar algo, pero lo cierto es que en el rostro de la actriz (Lisa Loven Kongsli) sí ocurrió”. De pronto, esa mujer descubre la cobardía de su marido como parte de esa fuerza mayor a la que alude el film.

“Yo nunca intento hacer análisis psicológico en mis películas, sino que muestro situaciones”, explica Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove. Situaciones que, en el caso de su último trabajo, tienen que ver con la cobardía como actitud universal cuando las cosas vienen mal dadas. “La cobardía es el acto más habitual ante una situación catastrófica. Y eso es verificable”. Pone como ejemplos diversos acontecimientos navales, como el Titanic, donde la mayoría de muertos eran mujeres y niños, mientras que muchos hombres se salvaron. Y se pregunta: “¿Qué hace que los hombres actúen de manera tan egoísta?”. Como el asunto da para una tesis doctoral, Östlund lo deja caer y prosigue por otros derroteros.

Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia.

Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia.

“El cine no me interesa en sí mismo, sino que son las temáticas las que centran todo mi interés”. Y como cada proyecto le suele llevar dos o tres años, elige los temas que más le atraen para dedicarle todo ese tiempo. Aunque hay un hilo conductor (palabra que enseguida retomará en otra dirección) en su cine: “Me gusta poner al hombre en situaciones y bajo puntos de vista diferentes”. Por ejemplo: cansado de la más repetida visión del héroe, Östlund prefiere presentar “antihéroes”. O mejor aún: “Indagar en sus motivaciones”.

Motivaciones para las que considera (y aquí reaparece lo del conductor) muy relevante lo que sucede en el interior de un autobús o un tranvía. “El viaje en autobús es un microcosmos de la sociedad, porque tenemos un conductor que gobierna el vehículo y unos pasajeros que aceptan ese gobierno y comparten, hasta cierto límite, una serie de valores”. En su cine, también hasta cierto límite, coloca a los personajes en situaciones que terminan por gobernar sus vidas o, cuando menos, las desestabilizan. Por eso utiliza el término orteguiano “circunstancias” de vida. Circunstancias que atraviesan y articulan cada una de sus películas presentadas en Cinema Jove: The Guitar Mongoloid (2004), Involuntary (2008), Play (2011) o la mencionada Force Majeure.

“No soy un frikie, un apasionado del cine, lo que me apasionan son las imágenes en movimiento, por eso empecé haciendo películas relacionadas con la aventura”. Y siempre un cine que tiene que ver con el espectáculo, entendido desde el análisis “de su dinámica, de su dramaturgia”. Más cercano a su paisano Roy Andersson que a su también destacado paisano Ingmar Bergman, insiste en el cine de situaciones frente al más psicologista del primer plano: “En Suecia existen esos dos bandos, el de Andersson frente al de Bergman”. Como existe esa “relación amor odio” entre los “hermanos mayores suecos y los hermanos menores noruegos”, hasta que el petróleo le dio la vuelta a esa situación. El cine de Ruben Östlund es así: inquietante y en constante movimiento por la tensión de las situaciones y sus circunstancias.

Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia.

Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia.

Salva Torres

Made in Martillopis, la vida que hay en ti

Made in Martillopis
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Inauguración: jueves 23 de abril 2015, a las 20.00h

A partir de la pintura acrílica y colores al agua se intenta expresar día a día la vida que nos desborda, nuestras alegrías y desilusiones, sin contenido expreso alguno y de manera no voluntaria, pero sin estridencias. Tampoco se trata de un análisis psicológico de nuestra alma, sino de mostrar aquello que somos mientras andamos, contamos y vivimos expresándolo de una manera instintiva y a la vez automática, en tanto en cuanto nos dejamos llevar hacia terrenos movedizos, a veces insinuando imágenes abstractas, otras cuadriculándolas y las mas, como ya hemos dicho, en el día a día, expresando abstractos inconformistas.

Apreciamos la forma, la figura, jugamos con ellas, pero no nos compensa, como tampoco nos convence lo que vemos, lo que hoy vivimos, en plena solitud ciudadana, sin ideales, sin cultura, tan solo absortos en este sistema privatizado de unos pocos privilegiados de la usura y la avaricia. Buscamos lo que con ella o sin ella, la forma, la idea, la figura en definitiva la cultura, nos pueda sugerir y más aun lo que al final le llegue al espectador, fuera ya de nuestro control. Buscamos despertar inquietudes, no por la forma en sí, sino más bien por la osadía de mostrarlo al mundo.

La pintura, la cultura, el arte en definitiva se insinúa y por ende incita, es inconformista. Ahora bien solo se puede apreciar desde una sensibilidad virgen, pero educada, sin complejos ni ataduras. Paso a paso, la vida tan solo se llega a concretar en alguna de sus vertientes, en el trabajo. Día a día, la vida que hay en ti puede ya no ser tuya y ser en los demás. Todo eso y más, en la exposición de pintura y serigrafía ‘Made in Martillopis’.

Obra de Made in Martillo. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de la exposición ‘Made in Martillopis’. Imagen cortesía de Espacio 40.

La mujer salvaje, en Bluebell Coffee

La mujer salvaje, por Araski
Bluebell Coffee co.
C/ Buenos Aires, 3. Valencia
Inauguración: sábado 17 de enero, a las 20.00h

«Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas», señala Clarissa Pikola Estés.

Los arquetipos son prototipos que ordenan la psiquis en imágenes arquetípicas que sólo se pueden reconocer por los efectos que producen. La mujer salvaje es el alma femenina, es el origen de lo femenino. Ella es el Yo instintivo intrínseco en cada mujer. Se trata de una mujer completa, con ganas de vivir plenamente su feminidad con convicción.

El nombre del proyecto lleva intrínseco el origen del mismo. «Mujer» y «Salvaje» son dos palabras que llaman a la puerta de la profunda psique femenina. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de lo femenino.

Nastassja Kinski en 'El beso de la pantera' (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

Nastassja Kinski en ‘El beso de la pantera’ (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

“Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras mujer y salvaje», subraya Pikola Estés.

La representación de la mujer salvaje se vincula directamente con el retrato de estas mujeres como forma de representación. Para ello se utiliza el desnudo como forma de destapar su Yo instintivo y los elementos de la naturaleza las pone en contacto con el Yo salvaje del que están tan desvinculadas. En definitiva, se trata de mostrar la naturaleza salvaje con una identidad propia e integridad.

Este es un proyecto muy personal que intenta proyectarse a un nivel más colectivo. El objetivo del proyecto es mostrar de una manera artística el arquetipo de ‘La Mujer Salvaje’ que tanto me ha ayudado a mí y que creo que puede ayudar a muchas mujeres. Se centra en el género femenino como base de la creación de una “nueva” manera de hacer y construir las cosas. Una manera muy merecedora de nuestra atención, pero sobre todo, olvidada y desvalorizada durante muchas generaciones.

Simone Simon en 'La mujer pantera', de Jacques Tourneur.

Simone Simon en ‘La mujer pantera’ (1942), de Jacques Tourneur.

“La identidad de las mujeres es el punto clave. Definiendo ésta como el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la experiencia de la vida en sociedad. Perspectiva ideológica a partir de la cual, cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría y de los confines de su universo”, postula Marcela Lagard en ‘Identidad femenina’.

La exposición intenta hacer una mínima representación de este arquetipo, teniendo como nexo de unión el hecho de ser mujeres salvajes, reales, naturales y diferentes, desligadas de cualquier estereotipo impuesto por la sociedad. Teniendo como objetivo principal el dar a conocer este arquetipo como manera profunda de conexión con el instinto de la psique femenina y motivar a las mujeres a sentirlo sin miedo.

«La Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece, debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan”, concluye Pikola Estés.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Labelle Coffee.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Bluebelle Coffee.

Araski

Arte en la calle: Henry Moore

Esculturas de Henry Moore
Obra social “La Caixa”, en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao
Parque de Doña Casilda, entorno del Museo de Bellas Artes de Bilbao
Hasta el 17 de julio, 2014

¿Cómo sería la vida en el vientre materno? ¿Cómo fue? Y la desesperada bocanada de aire, el primer grito, ¿qué podrá nunca contener aquel desgarro, cuando un momento antes se estaba entre la vida y la muerte? ¿Y qué relación hubo luego entre la madre y su hijo durante aquellos primeros días y meses? Posiblemente, sólo la sensación de un cuerpo. Sin cambio, sin tiempo, un movimiento sostenido. La mente tiende a regresar de una manera instintiva a ese punto cero.

Lo hace Henry Moore, intentando encontrar una forma, una expresión que lo sintetice, que lo resuma. Intentando dar con la forma que haga resonar ese misterio como la invocación de una palabra mágica. La forma de un estado que como no podrá ser nunca conocido, seguirá siendo eso, un eterno misterio inviolado, y por lo tanto, inconsciente, poderoso y sobrenatural.

'Formas conectadas reclinadas', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda. Fotografía: Pilar Torres

‘Formas conectadas reclinadas’, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda. Fotografía: Pilar Torres

Madre e hijo reclinados: el niño está hecho de ondulaciones como bocas abiertas que buscan el palpitante seno; la madre, sin boca, con ojos diminutos como los de una alienígena, muestra el seno que lo atrae y lo completa. El niño, la ondulante figura torneada que lo sugiere, se yergue probándose a sí mismo, su equilibrio; la madre se recuesta un poco cansada, lo deja hacer. El niño y la madre se funden en un solo cuerpo geométrico, porque lo geométrico es el cuerpo de la idea, y lo que aquí se expresa es la idea, el esquema de las cosas, el espectro de lo real.

'Gran figura de pie: filo de cuchillo', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Fotografía: Pilar Torres

‘Gran figura de pie: filo de cuchillo’, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Fotografía: Pilar Torres

Es uno de los siete bronces de gran tamaño que la obra social La Caixa, en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao, muestra en el entorno ajardinado del Museo de Bellas Artes. Las otras piezas, creadas entre 1960 y 1982 (como la anterior), forman parte de la apuesta de acercar el arte a la calle: «Formas conectadas reclinadas”, «Gran figura de pie: Filo de cuchillo», «Pieza de bloqueo», «Figura reclinada», «Figura reclinada en dos piezas número 2» y «Óvalo con puntos».

Aparte de la relación madre-hijo, todas ellas revelan la fascinación que sobre el artista ejerce el discurso latente entre la figura humana y el paisaje, convirtiendo los hombros, los brazos, los pechos en montañas rocosas, o las piernas y los troncos en pasadizos y grutas calizas sobre el mar…

'Figura reclinada en dos piezas, número 2', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Foto: Pilar Torres.

‘Figura reclinada en dos piezas, número 2’, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Foto: Pilar Torres.

La idea de una exposición itinerante es, no sólo sacar el arte fuera del marco de los museos, sino quizá aún más importante, la de compartir el arte. En los años 70 las sondas Voyager llevaban un disco de oro con una selección de música que provenía de múltiples culturas del mundo, saludos en 55 idiomas y una mezcla de sonidos característicos del planeta, entre otros mensajes e informaciones de la tierra. Los bronces de Moore que ahora pueden verse en Bilbao, ya han estado antes en Las Palmas, Tenerife y Valencia. La idea que las mueve, la de compartir la experiencia cultural, es la misma.

'Madre e hijo reclinados', escultura de Henry Moore expuesta en los aledaños del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

‘Madre e hijo reclinados’, escultura de Henry Moore expuesta en los aledaños del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

Iñaki Torres

La esencia de lo femenino a través de la naturaleza

Huellas In-ciertas. La esencia de lo femenino a través de la naturaleza. Exposición de arte colectivo entre cuyos artistas encontramos a Evarist Navarro, María Cukier, Dilena Díaz, Antonio Samo, Chiara Sgaramella, Pilar García-Huidobro, Nuria Ferriol, Julia Casesnoves, Josep Aparici y Estela de Frutos.
Comisaria: Sara Abad Catalán
Gestión cultural: Vanesa Abad Catalán
En la Sala de exposiciones de la Facultad de Sociales
C/ De Albalat dels Tarongers, 0. Valencia
Hasta el 10 de Enero de 2014.

Esta exposición colectiva de arte propone una reflexión y una mirada dialogada en torno al vínculo entre Naturaleza y lo Femenino, entendiendo este último a través de conceptos clave como proceso, presencia, instante, cuerpo, receptividad, ecología, imaginación e instinto. A su vez las conexiones con elementos del entorno natural como paisaje, atmósfera, materiales o biología del medio establecerán claves de interpretación y apropiación de significados ocultos más allá de los valores culturales o sociales asociados. Se busca en este recorrido disociar lo femenino del género, en una sociedad que en muchos aspectos, todavía lo vincula a cuestiones de determinismo biológico.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. 

HUELLAS IN-CIERTAS recoge múltiples significados en sí, que viene a mostrar lo esquivo de esta esencia. Ese mostrar es abriendo, dejando a la vista lo que normalmente se queda oculto en lo visible e interpretando indicios a modo de huellas. (Huellas) refleja la memoria de lo que no está, la presencia de una ausencia, algo que hay que desvelar pararse a mirar, buscar e investigar porque no es evidente a primera vista. (In-Ciertas) apunta a la confrontación que se establecerá entre lo que se destila más allá de lo cultural, político o social, a través de esta mirada de lo biológico enraizado en el medio natural y lo que de hecho la conciencia colectiva construida respecto a lo femenino muestra en sí, despertando así valores que quedan ocultos en las sociedades contemporáneas (In), que a la vez han sido o son negados (In), (Ciertas) por entenderlas como esenciales y formando parte de un todo, e (Inciertas) por la ambigüedad también del concepto en sí, en su afirmación-negación presente en los valores sociales y culturales así como por su presencia en la conciencia subjetiva y psicológica individual en constante cambio y mutación.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier.

De esta manera, se pretende mostrar en estas relaciones con la naturaleza y sus elementos señales que nos aproximen a una de-construcción y posterior re-construcción del concepto de lo femenino para revisar, ampliar o cuestionar los significados atribuidos e independizarlos del concepto de género. Con medios de expresión artística como la escultura, la instalación, la fotografía, el dibujo, el audiovisual y la performance haremos un recorrido por el diálogo propuesto. A este itinerario a través de la obra artística se le añade la voz del pensamiento, la de los mismos artistas, que acompañan su obra con una breve cita propia, que aumentará la conciencia reflexiva en torno al enfoque propuesto.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier. 

El ingenio mecánico de Petit Pierre

Petit Pierre, de Carles Alfaro a partir del texto de Suzanne Lebeau
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 4 al 15 de diciembre

Carles Alfaro se llevó una grata sorpresa cuando Bambalina Teatre le llamó para hacerse cargo de Petit Pierre. Llevaba ocho años sin hacer nada en Valencia. “No porque no quisiera, sino por falta de ofertas”. El que fuera director del emblemático Moma Teatre, cerrado en 2003 por el progresivo enflaquecimiento de ayudas institucionales, regresa con una obra que bien pudiera ser metáfora de la propia situación por la que atraviesa la cultura en este país. En medio de la vorágine bélica que sacude el siglo XX, Petit Pierre, o más exactamente Pierre Avezard (1909-1992), sobrevivió a las burlas que le procuraba su cuerpo deforme, para crear durante 40 solitarios años un sobresaliente ingenio mecánico. “Hay científicos que siguen sin explicarse cómo lo hizo con sus nulos conocimientos y dando soluciones a cosas que no estaban inventadas”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Carles Alfaro dirige este sorprendente Petit Pierre, interpretado por Adriana Ozores y Jaume Policarpo. Y lo hace para poner en pie una obra que cuenta “la historia del siglo XX”, por un hombre cuyas limitaciones le preservaron, paradójicamente, “de la conciencia de sufrimiento ajeno y de la absurdez humana”. Para ello, buscó refugio en su establo, rodeado de vacas, en medio del bosque y fue creando, pieza a pieza, un grandioso carrusel mecánico hoy visitado por miles de personas. “¿Era un artista, un genio?”, se pregunta Alfaro. “Probablemente, más genio que artista; alguien que tiene la mirada del niño y que, como el artista del arte povera, recoge elementos estériles para darles una nueva utilidad”.

“CULTURARTS ES UN INVENTO EMPRESARIAL PARA HACER EREs”

Petit Pierre estará en el Teatre Talia del 4 al 15 de diciembre. Carles Alfaro se sube así de nuevo a un escenario valenciano, tras cerrar Espai Moma. “Aquel cierre se produjo porque era mejor hacerlo que subsistir, por falta de ayudas, bajando el listón del proyecto artístico. Y el tiempo nos ha dado la razón”. Tras aquel cierre vinieron otros, siempre a rebufo de la ausencia de racionalidad en materia cultural. “Ni de los tiempos de vacas gordas hemos heredado nada”. La crisis no es más que un triste epílogo a esta novela corta. “CulturArts es un invento empresarial para hacer EREs. No hay una política racional en el que se optimicen los proyectos artísticos, de los que no se habla para nada”. Y aquí Alfaro entona cierta mea culpa: “Siempre hemos hablado del reparto del pastel, dejando de lado lo principal que son los proyectos y la creación de un tejido cultural de base”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Y volvemos a la metáfora que supone Petit Pierre, “un hombre aislado, autista, en medio de la mayor de las vorágines”. Este ser nacido en una zona rural a 200 kilómetros del sur de París, de familia analfabeta, y que a Carles Alfaro le recuerda a Kaspar Hauser, “aunque no en circunstancias y origen”, fue creando infinidad de figuras articuladas con alambres que encontraba. Así fue como, poco a poco, levantó el gran tiovivo de 200 figuras accionado con un simple pedal de bicicleta. Años más tarde, incorporó un motor para que tamaño carrusel se convirtiera en un verdadero parque temático en medio del bosque.

Jaume Policarpo encarna al alma gemela de Petit Pierre, mientras Adriana Ozores, todavía despojándose del aire malvado de la Doña Carmen de Gran Hotel, traduce en palabras el mundo inescrutable de Pierre Avezard. Su carrusel de vida, en medio de la devastación bélica, tendrá en el Talia otra puesta en escena. “No tenía sentido reproducir el mecanismo”, dice Alfaro. Lo que sí hace es “esencializar al límite de lo posible la metáfora del movimiento cinético”, mediante una “plataforma circular que va girando” y a cuyo alrededor se suceden los acontecimientos que jalonan “la Historia con mayúsculas y la historia con minúsculas de Petit Pierre”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

No es teatro infantil, por mucho carrusel que haya, sino teatro para adultos. Y en esto Carles Alfaro sigue al pie de la letra el espíritu de Suzanne Lebeau, autora del texto que recrea la vida de este singular hombre deforme. Dice la escritora canadiense: “Hay que sumergirse en los años de nuestra propia infancia y acordarse de que a los cinco años la araña en la pared tenía una carga como la pinta Kafka en La metamorfosis”. La increíble historia de Petit Pierre se merecía esa mirada, que Alfaro califica de “naif” y que viene a romper con la “razón especulativa” de los adultos. “Su obra tiende a expresar el alma”. Y ya a punto de irnos, Carles Alfaro remacha: “Es un acto de amor”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Salva Torres