La irreflexiva creatividad de Juanjo Hernández

Automatic Tales, de Juanjo Hernández
Casa de Cultura de El Campello
Plaça de la Constitució, 4. El Campello (Alicante)
Hasta el 11 de junio de 2016

A esta cita con la Casa de Cultura de El Campello, el artista, ilustrador y diseñador gráfico Juanjo Hernández (Alicante, 1961) acude con su ‘Automatic tales’, una serie de obras realizadas en diferentes formatos y técnicas en las que prima el gesto, la rapidez del movimiento, la inmediatez del dibujo realizado sin una idea preconcebida, sin un orden preestablecido, con absoluta libertad creativa, a través de la que Juanjo Hernández narra de manera irreflexiva diferentes escenas que se unen bajo un mismo soporte -como en las lonas de más de dos metros- en lo que el autor ha denominado Cuentos automáticos o Automatic Tales.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Siguiendo la trayectoria de este artista, podemos distinguir en sus obras muchas de las novedades del arte de la segunda mitad del siglo XX, como los soportes, técnicas o materiales utilizados por los grandes informalistas. Formas similares de ejecutar una idea a la que, en esta ocasión, se llega por percepción y convicción. Técnicas como el grattage o el driping utilizadas en sus obras nacen en torno a 1950, al igual que la pintura sígnica y gestual, que presta gran importancia a la velocidad de ejecución, al impulso personal, cinético e irreflexivo. Cuadros con signos que parecen indescifrables y que surgen de manera automática, recordando las caligrafías orientales, y que refuerzan la expresividad del creador y su libre proyección corporal sobre el soporte pictórico. Las obras se realizan directamente sobre el suelo, al igual que pinta Juanjo Hernández los grandes formatos.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Entre los movimientos incluidos por el crítico de arte Michel Tapié, en 1952, dentro del Art Autre, se encuentran el Informalismo, el tachismo, la pintura matérica, el espacialismo o el art brut surgidos tras las devastadoras consecuencias y el horror de la II Guerra Mundial, una época de crisis, de profunda transformación de la concepción del mundo, en la que el artista se vuelca en su interior para encontrar respuesta a todas sus preocupaciones, claves en la fuerza expresiva de estos movimientos, que encuentran su paralelismo en la serie Bombardeig, dedicada por Juanjo Hernández a uno de los episodios más tristes acaecidos en Alicante durante la Guerra Civil transmitido por su padre, que lo vivió en primera persona.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

En esta exposición, el artista nos muestra obras grandes, pintadas sobre lonas, otras de menor formato realizadas sobre papel, en blanco y negro o color. Obras mayoritariamente figurativas, creadas entre 2010 y 2016 bajo la técnica de pintura automática, en las que predomina el dibujo, la velocidad de ejecución, el gesto espontáneo y la libertad de trazo. Obras divertidas, con un lenguaje llano, accesible, directo, con una iconografía que se nutre de elementos del mundo cotidiano, de imágenes procedentes de la fotografía, del cómic, de las revistas, la publicidad, el cine o la televisión y que entroncan con aspectos del Pop-art y de las primeras manifestaciones del graffiti como arte urbano.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Pilar Tébar
Comisaria y Vicepresidenta (Alicante) de la Associació Valenciana de Crítics d’Art –AVCA-

 

Darío Villalba: Aquí y ahora

‘Aquí’ de Darío Villalba
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 13 de junio de 2016

Darío Villalba es un artista que no necesita presentación. Ya en los años 50, al comienzo de su trayectoria artística, era reconocible por su actitud transgresora y rompedora con el movimiento artístico imperante en la época: el informalismo. Tomando el riesgo como una medida para encarar su trabajo desde el principio, Darío Villalba se reafirma en un estilo que ha sabido mantener, introduciendo mejoras, a lo largo de los años, y que, desde luego, podemos ver en la nueva exposición en la galería Luis Adelantado.

Nos cuenta que en ‘Aquí’ “se entiende el hecho de que todo fluye hacia delante y hacia atrás”, un guiño que continúa la idea de la exposición institucional que llevó a cabo hace tiempo llamada ‘Now’, es decir, ahora. Para Luis Adelantado presenta más de 40 nuevas piezas en las que ha trabajado durante más de tres años, y donde podemos ver cómo recupera una estética algo más colorista de los 80 pues ha utilizado algunas de las fotografías de sus ‘3000 Documentos Básicos’. En toda esta serie de fotografías podemos observar cómo se lleva a cabo un recorrido expositivo regido principalmente por el hilo conductor del color y cuyas obras tienen un común que todas han sido tomadas en la ciudad de Londres.

Dos de las obras expuestas en Aquí. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Dos de las obras expuestas en Aquí. Fotografía: Nacho López Ortiz.

En la primera planta de la galería podemos observar cómo el color predomina, destacando una obra casi abstracta que lleva a pensar en la premisa que Darío siempre tiene en mente que “la fotografía es pintura y la pintura es fotografía”. Es quizá esta idea la que le ha llevado a usar su técnica de intervenir sus fotografías a través de la emulsión u otras técnicas, hasta convertidas en algo prácticamente pictórico. En la segunda planta de la exposición, se repite como algo simbólico la imagen de un niño, a veces, dicho niño se adentra en un agua que parece actuar de catalizador purificante. Además de por la técnica y por una estética referencial, la producción de Darío Villalba se ha identificado por representar de forma continúa a iconos del ser humano en referencia a la mendicidad o marginalidad, un hecho que también podemos ver en esta exposición. Dos sorpresas a descubrir casi al final de la muestra son los homenajes que el artista realiza a dos grandes artistas: Pablo Picasso e Ingres.

Reinterpretación obra de Ingres. Imagen cortesía de la galería.

Reinterpretación obra de Ingres. Fotografía: Nacho López Ortiz.

En palabras del artista descubrimos que trata de no establecer novedades ni diferenciaciones entre sus trabajos sino que todo su quehacer “es un fluir de sensaciones y emociones que van a parar a la obra final”, el cuadro acaba por recabar la mayor parte de sus vivencias casi íntimas y personales. Algo en lo que reparamos sin duda con echar un simple vistazo a su producción. Desde sus famosos ‘Encapsulados’ que le dieron fama internacional en 1970, su obra ha llegado a grandes colecciones como por ejemplo a la del Metropolitan Museum (Nueva York), la de Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York), la Colección AENA (Madrid) o Fundación Juan March (Palma de Mallorca), entre otras. Le consultamos sobre su relación con Luis Adelantado y por qué ha decidido presentar estas obras en la galería, referencia cuando en 1994, tras una exposición en el IVAM, Luis Adelantado le sugirió hacer una exposición en la galería, “de ahí hasta la fecha surgió un entrañable respeto y amistad entre los dos”.

“Siempre he tenido un interés muy grande en expresar el dolor. A medida que he ampliado mi referente conceptual hacia otras emociones, el marco del dolor se ha disipado un tanto para dar cabida a otras sensaciones”, declara en cuanto a sus motivaciones. Para enfrentarse a ‘Aquí’ Darío Villalba nos relata que “el espectador debe despojarse de todo y dejar que las emociones fluyan desde las obras a su retina”. Adentrarse en ‘Aquí’ requiere su tiempo, unos minutos por pieza que acabarán en una buena reflexión mientras, y a medida que avanzamos vemos cómo la obra del autor ha ido evolucionando y podemos, casi como si de una retrospectiva se tratara, conocer mejor la producción de este gran artista que irrumpió con fuerza allá por los años 50 y que aún a día de hoy continúa sorprendiendo.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía galería Luis Adelantado

Vista general de la exposición. Fotografía: Nacho López Ortiz.

María Ramis

Sobre el escaso coleccionismo y otros silencios

A propósito de Evolución
Centro del Carmen de Valencia

‘Evolución’ es el título de la muestra que recientemente se clausuró en una de las salas de exposiciones del Centro del Carmen de Valencia. Esta importante selección de obras de la colección Aena consta de artistas españoles, portugueses e iberoamericanos, representativos del intervalo de tiempo que transcurrió entre el informalismo y el grupo El Paso, junto a lenguajes y creaciones más recientes de las artes plásticas.

Admirable el mérito de esta exposición de Aena que recorre el país para mostrar las más de 1700 obras de arte contemporáneo que integran este valioso conjunto artístico y, repito, admirable y valiente, cuando el coleccionismo contemporáneo sigue siendo escaso y, sobre todo, silencioso en España. La carencia de estudio y atención hacia estas colecciones nada tienen que ver con los estudios realizados hacia grandes colecciones formadas por la nobleza, la iglesia y las casas reales de siglos anteriores, pero las modas cambian, hay nuevos perfiles de coleccionistas, y los lugares geográficos que acogen estas colecciones son cada vez más exóticos y lejanos.

Sin ir más lejos, en pleno siglo XX y XXI importantes coleccionistas están surgiendo por Oriente Medio como es el caso de la casa Real de Catar, que aspira a situar su colección de arte entre las mejores del mundo, algo nada extraño cuando este pequeño Emirato disfruta de la mayor renta per cápita del planeta.

De todas formas, en los siglos XIX y XX el poder económico de las clases altas para algunos, coleccionistas-mecenas para otros, son impulsados a coleccionar junto a nuevos coleccionistas como la clase media o los ricos industriales. La colección Lladró es un claro ejemplo de nuevos ricos que han apostado por el arte, centrando sus adquisiciones mayoritariamente en pintura valenciana como Ignacio Pinazo, Juan Ribalta o Joaquín Sorolla entre otros,  junto a artistas significativos del arte español.

Pero los coleccionistas en su mayoría buscan y necesitan de la cooperación con instituciones que persigan fines culturales para asegurar la viabilidad y sostenibilidad de sus colecciones, como la de Patricia Phelps de Cisneros, una importante colección que mantiene fructíferas relaciones con el museo Reina Sofía en Madrid e instituciones como el Moma de Nueva York y parte del territorio de América del Norte y del Sur.

Vista general de la exposición Evolución en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición ‘Evolución’, de la colección Aena, en el Centro del Carmen.

La importante ex galerista Soledad Lorenzo tras cerrar las puertas de su espacio madrileño de la calle Orfila en 2012, nos recuerda la mala salud que el mundo de las galerías de arte está sufriendo por una crisis que ha golpeado fuertemente al mundo del arte y con ello las ya deterioradas ganas de coleccionar.

Estos galeristas con muchos años de trabajo y lucha a sus espaldas, poseen importantes colecciones que escasamente, y muy de vez en cuando, podemos conocerlas gracias a las instituciones de turno que las reciben ante la ocasión de exponer obras de artistas más desconocidos dentro de las listas de los museos, pero más conocidos y habituales en las programaciones expositivas de las galerías de arte. Por ello se agradece la valiosa labor de los museos públicos ofreciendo sus sedes, tras una donación, compra o convenio de colaboración, como respaldo a la actividad privada y como recientemente ha ocurrido con las exposiciones de las colecciones de arte contemporáneo de Soledad Lorenzo y Helga de Alvear.

Cada coleccionista merece un estudio diferenciado, y en cada caso podrían establecerse factores humanos, económicos, y sociales que aplicasen la trayectoria y composición actual de su colección.

Como es el caso de la familia Yera. El tesón y la voluntad de sus miembros ha servido para contribuir al conocimiento de la obra y pensamiento de estos y muchos más artistas como José Guerrero, José María Yturralde, Darío Villalba, Luis Feito, Equipo Crónica, Antonio Saura, Manuel Millares o Juan Genovés, dejando patente las corrientes pictóricas de mitad del siglo XX, como reflejo y valioso testimonio de una época española dentro del panorama artístico internacional, una labor que fue distinguida con el Premio Arco al Coleccionismo privado en el año 2012.

Con una personalidad más vocacional, Hans Rudolf Gerstenmaier de nacionalidad alemana decía que: «todos en nuestra niñez hemos empezado a coleccionar con sellos o cajas de cerillas o cualquier otra cosa», pero el contacto permanente con la historia y la cultura que vivió en España desde joven, fueron la causa y el motivo suficiente para reunir en treinta años más de doscientas pinturas europeas de diversas escuelas y procedencias, donde destaca principalmente la pintura Flamenca del siglo XV al XVII.

Imagen de la exposición de la Colección Aena en el Centro del Carmen.

Imagen de la exposición ‘Evolución’, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Las pinturas religiosas, los retratos, los bodegones, los temas mitológicos o las naturalezas muertas se mezclan en esta colección a través de artistas como Anton Van Dyck, Pedro Pablo Rubens, Alexander Adriaenssen, Jan Brueghel De Velours, Juan Van Der Hamen y León, Hendrick Van Ballen, Christian Coclers, Andries Danielsz  y el padre e hijo, Gaspar Pedro y Pieter Verbruggen (el viejo y el joven). Obras de gran belleza y muy superiores a lo conocido hasta aquel momento, predominando la función decorativa destinada a los salones de palacios nobles de Italia y los Países Bajos.

Pero las peripecias hereditarias y los reveses económicos se suman a la crisis actual, lo cual ha provocado un escaso desarrollo y vacío difícil de remontar en cuanto a la apreciación y promoción del arte moderno desde el siglo XIX, primando en muchos casos otros intereses tanto o más que los puramente artísticos, un vía crucis que puede traer graves consecuencias sobre todo al futuro del coleccionismo, por ello destacamos las conocidas colecciones, Carmen Thyssen-Bornemisza, las colecciones de Arte de Telefónica, Iberdrola, la colección Frick o el de la Fundación Suñol, que nos recuerdan la buena salud de algunas colecciones privadas y la necesidad de que existan por el bien del mundo del arte.

El crítico Rafael Sánchez Mazas dijo de la obra de Vazquez Díaz en la colección Rafael Botí: «Ha sabido ser, cuanto más fino y luminoso, más fuerte y más sabiamente constructor. En él se ha dado una rara coincidencia: el progreso de la razón con la intuición pictórica».

Antonio Barroso

Del análisis al desgarro: vanguardias en el IVAM

Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 10 de abril de 2016

José Miguel Cortés ha decidido, desde que se puso al frente del IVAM, airear sus fondos. Y como posee uno de los mejores, se trataba de dotarlos de coherencia argumental para exhibirlos a modo de brillante buque insignia del museo valenciano. Ahora le toca el turno a las vanguardias históricas, cuya selección de un millar de obras pertenecientes a la Colección del IVAM ocuparán durante todo un año las salas 3 y 4. Clasificada en torno a diez ejes temáticos, la exposición ‘Construyendo Nuevos Mundos. Las Vanguardias Históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’ muestra las dos vías que las llamadas por Ramón Gaya “artes marciales de vanguardia” dibujaron en la primera mitad del siglo XX.

Obra de la serie Utopía y revolución en 'Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)'.

Obra de la serie Utopía y revolución en ‘Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’.

Cortés, que junto a Josep Salvador es a su vez comisario de la exposición, subrayó que la muestra no se presenta de modo cronológico, sino de forma sincrónica uniendo las piezas mediante cierta trama argumental. De manera que lo que les une a Marcel Duchamp y Man Ray, con los que se abre el recorrido, Raoul Hausmann, André Kertész, Moholy-Nagy, El Lissitzky, John Heartfield o Josep Renau no es la temporalidad, sino la experiencia que proyectan sus visiones hermanas.

Carteles de la serie 'Utopia y revolución' en la exposición 'Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)'.

Carteles de la serie ‘Utopia y revolución’ en la exposición ‘Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’.

Visiones que los comisarios de ‘Construyendo nuevos mundos’ dividen en dos: una más poética y onírica, y otra de orden más analítico, a las que acompañan otras creaciones relacionadas con el arte de propaganda o crítica social. Todo ello bajo epígrafes temáticos del tipo ‘Entre la experimentación y las sombras’, ‘Cuerpos soñados’, ‘La fascinación por las máquinas’, ‘Utopía y revolución’, o ‘El misterio de las formas’, hasta completar los diez capítulos argumentales que conforman el recorrido expositivo.

Tostadora (Alemania, 1930) de la colección Alfaro Hoffman en la exposición 'Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)'.

Tostadora (Alemania, 1930) de la colección Alfaro Hoffman en la exposición ‘Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’.

Dos grandes vías o visiones, pues, de unas vanguardias artísticas que, como señala Jesús González Requena en ‘Occidente: lo transparente y lo siniestro’, tienen en común, a tenor de los mil manifiestos de sus diferentes movimientos, el rechazo de los discursos verosímiles, convencionales, en tanto faltos de autenticidad. De ahí el gesto de rebelión con el que los artistas vanguardistas construían su obra con radicalidad y vehemencia. En ese contexto de repulsa hacia el canon perfilado desde la Ilustración (de hecho el Romanticismo ya es un precedente de las vanguardias), los artistas seguirán esas direcciones apuntadas por Cortés y Salvador.

Cartel dadaísta en la exposición 'Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)'.

Cartel dadaísta en la exposición ‘Construyendo Nuevos Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’.

En una, más analítica, los artistas afirman la “dimensión cognitiva de su tarea” (González Requena): poéticas de la deconstrucción entre las que pueden reconocerse al cubismo, el constructivismo, el funcionalismo, el informalismo y el arte conceptual, entre otros. En la otra, más pasional, frente al análisis se levantaría la expresión, de manera que la experiencia se enfrenta al orden sintáctico, al entendimiento científico y racional, como serían los casos del fauvismo, expresionismo, dadaísmo, surrealismo y cierto futurismo; poéticas éstas del desgarro.

Imagen del video 'El retorno de la razón', de Man Ray en 'Construyendo Nuevos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)'.

Imagen del video ‘El retorno de la razón’, de Man Ray en ‘Construyendo Nuevos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945)’.

Dos visiones sustentadas entonces por un Yo analítico, “que se quiere protagonista racional tanto de su discurso como de la eficacia ulterior en la arena social” (de ahí la alineación de esta corriente con los movimientos de revolución social), y por un Yo desgarrado, heredero del “lacerado gesto romántico”, que rechaza toda pretensión de control y eficacia “para volcarse a la expresión dramática de su experiencia subjetiva”. Así es como van desfilando por la exposición ‘Construyendo Nuevos Mundos’, Duchamp, Ray, Marinetti, Richter, Kertész, Rodchenko, la Bauhaus alemana, Grosz, Delaunay, Arp, Masson, Renau, Torres-García u Óscar Domínguez, entre un largo etcétera de artistas vanguardistas de cuya intensa conciencia de escritura se hace eco la colección del IVAM.

Obra de Óscar Domínguez en la exposición 'Construyendo Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945).

Obra de Óscar Domínguez en la exposición ‘Construyendo Mundos. Las vanguardias históricas en la Colección del IVAM (1914-1945).

Salva Torres

Arte japonés y japonismo

Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 15 de septiembre, 2014

La actual crisis económica es una de las muchas otras crisis que nos afectan, la punta del iceberg de una crisis más profunda que engloba a todas: la crisis de relación, con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.

La crisis económica empieza desde el momento en que consideramos que la suma de nuestros actos se resuelve en cifras; o dicho con otras palabras, cuando existe una deformación peligrosa en la relación con el sentido de la posesión.

La misma alteración existe en la manera de tratar la naturaleza: los mares se convierten en cloacas, y países enteros en vertederos; los bosques son arrancados y quemados; los animales son abandonados, sacrificados o mutilados.

Una de las piezas mostradas en la exposición de Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Una de las piezas mostradas en la exposición de Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

A esta crisis ecológica sin precedentes, se suma la crisis de relación interpersonal (en proporción inversa al boom de las comunicaciones), donde los otros se vuelven objeto de deseo o de miedo, en ángeles o demonios, un reflejo de esa otra relación deformada –quizá la principal-, que existe interiormente con nuestras propias ideas y sentimientos. Nos vemos con otras personas, tenemos ideas, nos asaltan sentimientos, pero no sabemos nada de unas y otras; nos limitamos a establecer preferencias, sin interés ninguno por conocer y comprender.

A pesar de todo, como si fuera un diamante bajo el carbón, existe el entendimiento de una razón de ser que da valor a lo que hacemos –o dejamos de hacer. Es la razón que nos lleva a comprender en toda su compleja dimensión la interrelación de todas las cosas. Un sentido intuitivo que desmonta el engaño de esa relación personal basada en el comportamiento binario (o funciona o no funciona) que peligrosamente se está desencadenando por impacto de la tecnología informática.

De esta razón o sentido intuitivo nos habla la muestra que el Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta hasta el final del verano sobre arte japonés. Piezas de un arte cuya belleza se hace traslúcida precisamente por el valor de lo imperfecto, lo inacabado, lo asimétrico, el carácter pasajero de las cosas, lo imprevisto, todo aquello que desafía esa relación binaria que acabamos de mencionar.

Una de las obras de la exposición sobre Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Una de las obras de la exposición sobre Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

La exposición se compone de casi trescientas piezas, en su mayoría pertenecientes al período Edo (siglos XVIII y XIX): pinturas, libros y estampas, estuches, abanicos, una de las mejores colecciones europeas de tsuba (guarda de la hoja del sable japonés), inrô (cajita que cuelga del cinturón del kimono), suzuribako (caja escritorio), objetos namban y cerámica para la ceremonia del té basada en la estética Zen. Todas ellas son piezas realizadas con técnicas distintas pero que comparten el mismo interés por la belleza de los objetos sencillos. El artista japonés, profundamente vinculado con su obra, siente los materiales como parte esencial de su vida y de su relación con el medio del que forma parte.

En Japón, el arte (gei), tiene un sentido distinto que en occidente, más trasgresor de los límites impuestos por la forma sensible. Más, o de otra manera. Es un arte que explora la materia como gen creador de vida, una estética que tantea lo que la vida pueda tener de sentido por medio del arte. O para decirlo abiertamente: por medio de la belleza. Una belleza que para estos artistas es igual a armonía, un impulso poético, un principio sensitivo que lleva a la materialización de la obra, que no tiene finalidad en sí, sino que la traspasa y va a un infinito creativo.

La belleza alude directamente a la existencia; tiene por tanto carácter ontológico: consiste en alcanzar el sentido con el todo. Este tipo de arte está basado en cualidades que, desde lo aislado o separado, sugieran o remitan a la totalidad. Y lo esencial que sugiere la totalidad es el vacío, la razón de ser de todo lo que existe.

La exposición incluye además treinta obras pertenecientes a la colección del museo donde se destaca el japonismo, la influencia que el arte japonés tuvo en el arte occidental del siglo XIX (Gauguin, Mary Cassatt, Ignacio Zuloaga) y en la abstracción y el informalismo (Tàpies, Chillida).

Ilustración de una de las obras de la exposición de Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Ilustración de una de las obras de la exposición de Arte Japonés en el Museo de BBAA. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Ver visiones: la crisis de valores

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Equipo Realidad (Galería Punto) / Lukas Ulmi (Set Espai d’Art)
CIS: La Administración de Justicia / La crisis de valores

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Unos años iniciado el siglo XXI, el llamado de la era de la información, en el que las redes sociales transmiten a cada segundo el devenir de lo que está sucediendo en cualquier lugar del planeta, a una velocidad de vértigo, nos encontramos con unos datos que nos acercan a la realidad y nos revelan las verdaderas preocupaciones de la sociedad contemporánea. A través de los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- descubrimos que la principal dificultad actual es el desempleo. Una sociedad que no genera trabajo, no crece, se estanca… Los problemas económi­cos, los grandes casos de corrupción y fraude y el desencanto con nuestros políticos, nos llevan a desconfiar de los valores existentes en la sociedad actual. La sucesión de escándalos políticos, económicos y financieros con cifras escalofriantes hace que vayamos cayendo en el desánimo y la apatía. ¿Es este el mejor ambiente para cultivar los valores humanos? Se está perdiendo el respeto -tanto de los mayores a los jóvenes como de los jóvenes hacia los mayores- y los códigos de convivencia hacen aguas y en cambio, crece el odio, el egoísmo, la violencia, la indiferencia, el individualismo, en definitiva, conductas antisociales y deshumanizadas. ¿Contribuye a esta crisis de valores la televisión o las redes sociales? En el siglo XXI y valiéndonos precisamente de los mass media deberíamos fomentar la pluralidad -formada por un conjunto de singularidades, con unas características e identidades propias-, la tolerancia y el respeto hacia las ideas que no son las nuestras y desde las expresiones artísticas se puede contribuir a impulsar valores como la sensibi­lidad, la creatividad o las emociones.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Y llegados a este punto, ¿cómo puede colaborar la administración de Justicia en la recuperación de los valores? Precisamente, jueces y fiscales pueden y deben marcar límites a determinadas políticas antisociales y luchar con la ley en la mano contra la corrupción, la violencia de género, el racismo… acercándose a los problemas de la sociedad.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

En este momento de crisis, de valores y económica, y que tan profundamente afecta a la sociedad, que existan galerías de arte independientes, no sujetas al poder político y sus imposiciones, que apuesten por el arte contemporáneo y que, al mismo tiempo, se conviertan en puntos de encuen­tro culturales en sus ciudades, dando oportunidades a los artistas y contando con la colaboración de los críticos de arte, merecen, sin duda, el reconocimiento social.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Dentro del arte valenciano de la segunda mitad del siglo XX surge, en 1966, el Equipo Realidad formado por Jorge Ballester, recientemente fallecido, y Joan Cardells, dos artistas, hijos de artistas que, casualmente, se encuentran en clase en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y descubren todas las afinidades que les unen y que nacen de la conciencia cívica de cambio social, cultural y laboral que se fomenta desde los sectores intelectuales, universitarios y obreros en los últimos años del franquismo. El compromiso político y la crítica social junto con un rechazo del informalismo y su sustitución por un realismo trabajado desde la modernidad europea y americana pronto situarán al Equipo Realidad en la vanguardia creativa. De hecho, en su declaración de principios afirman: nosotros pensamos que la obra de arte debe estar comprometida con el sentido del progreso moral del hombre y ayudar al desarrollo del grupo social al cual ese hombre pertenece. Este grupo seguirá activo hasta 1976, ya iniciada la transición democrática.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Las obras que hoy se muestran, forman parte de la serie Hazañas bélicas o Cuadros de Historia, trabajada entre 1973 y 1975 y en la que reflexionan sobre la Guerra Civil. Está realizada a partir de unas pésimas fotografías en blanco y negro, -una fantasmagoría, decía Cardells- que publicaba una enciclopedia popular editada en fascículos y que, reproducidas en tonos grises, actúan sobre los rasgos identificadores tratando la imagen, alterándola, hasta conseguir desenfocarla contribu­yendo así a realzar la lectura irónica de las obras: Lo que nos interesa no es la realidad, sino su imagen.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

El escultor suizo afincado en Valencia Lukas Ulmi contribuye a esta exposición con la instalación Desafiando el espacio, realizada para este espacio en el que la contemplamos ahora. A través de la ligereza de los más de ocho metros de sus enormes construcciones geométricas que realiza con finas varillas de hierro, crea unos juegos espaciales minimalistas. Los volúmenes se mueven, se encuentran, tropiezan entre sí, traspasan los muros en un equilibrio inestable que contribuye a dar sensación de movimiento y nos llevan más allá de la creatividad artística, a traspasar fronteras, a plantearnos cuál es el límite.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Frente a los trabajos consolidados y reivindicativos de un momento político determinado, pero ya pasado, de Equipo Realidad, se encuentran los contenedores vacíos, silenciosos, fruto de esta sociedad en crisis de Lukas Ulmi pero que al mismo tiempo, esperan el camino hacia valores como solidaridad, confianza, colaboración, profesionalidad, compromiso, credibilidad o respeto. En defi­nitiva, a la espera de un mundo más justo.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Pilar Tébar

 

Doro Balaguer en Rosalía Sender

Doro Balaguer
Galería Rosalía Sender
C / Mar, 19. Valencia
Inauguración: jueves 8 de mayo
Hasta el 14 de junio

Doro Balaguer nace en Valencia en 1941 y empieza a pintar a finales de los 40, alejándose del figurativismo de la mano de su gran amigo Salvador Victoria. Se vinculó posteriormente al grupo Parpalló, introductor del informalismo y de cuanto se hacía fuera de España en el terreno artístico. Con Salvador Victoria marchó a París poco después de finalizar Bellas Artes, donde fue abandonando sus inicios figurativos y adentrándose en la abstracción.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Apartado pronto de la carrera artística por razones familiares, sociales y también políticas (perteneció al Partido Comunista en Valencia), ha retomado, después de su jubilación, la costumbre de pintar, realizando una pintura libre y fresca muy fiel a sus planteamientos iniciales.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Esta muestra se compone de 18 obras en la que, seguramente, es la primera exposición comercial de su vida. La Fundación Chirivella Soriano acogió hace tres años la que sería su primera muestra individual, tras exponer en múltiples colectivas. Su segunda juventud artística promete.

Detalle de una de las obras de Doro Balaguer. Imagen cortesía de galería Rosalía Sender.

Detalle de una de las obras de Doro Balaguer. Imagen cortesía de galería Rosalía Sender.

Monjalés, ¡qué bueno que viniste!

Monjalés, una trayectoria artística: 1953-2014
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 29 de junio y 7 de septiembre, respectivamente

Tiene 82 años muy bien llevados. Quién sabe si fruto de una vida dedicada con pasión al arte. Cuando habla de su obra, que arranca a principios de los años 50, la mirada parece regresar al instante de cada creación, emanando un brillo que diluye las tinieblas del pasado proyectando un gran chorro de luz hacia el futuro. La represión franquista, que le obligó a un exilio prolongado durante 46 años, apenas ha dejado huella en su figura, que se mueve impulsada por esa energía interior depositada en su dilatada producción. De hecho, diríase que ha salido indemne de tan tristes avatares, gracias al vital combate sostenido en cada una de sus obras. Ahora, de vuelta en Valencia, Monjalés (Albaida, 1932) puede disfrutar de la amplia retrospectiva que le dedican al alimón el Centro del Carmen y la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Monjalés en el Centro del Carmen de Valencia.

‘Casi que por ensalmo’, obra de Monjalés.

Josep Soler Vidal, Monjalés, comenta sus obras una por una, deteniéndose en aquellas que mejor explican cada etapa pictórica o marcan el salto hacia una nueva. Y la palabra salto es fundamental. “Cuando un pintor está sujeto a perpetuar la inutilidad de un momento en su día vivo, está condenado a morir”. Por eso Monjalés ha ido saltando de serie en serie, renovándose a cada instante, para no caer en esa trampa de la repetición a la que suele abocar cierta docilidad comercial. ¡Y eso que pudo hacerlo! Tras la Bienal de Venecia de 1960, en la que participó, la prestigiosa galería Marlborough quiso montarle una exposición que él rechazó. “Querían que hiciera el tipo de obra que había presentado en la Bienal, cierta abstracción revolucionaria, pero yo estaba en otra cosa y les dije que no volvía a la abstracción”.

Obra de Monjalés de su serie Pacto de las premoniciones.

Obra de Monjalés de su serie Pacto de las premoniciones.

Los seres aterrados que aparecen en su serie sobre la lucha, los vencidos y los torturados destilan idéntico terror al que manifiesta Monjalés por la repetición y el acomodado encasillamiento. Por eso en la retrospectiva de más de un centenar de obras, repartidas entre el Centro del Carmen y la Fundación Chirivella Soriano, se recogen las diversas etapas por las que ha ido saltando Monjalés: desde sus primeros paisajes de Albaida (“fuera de lo manido”), a sus últimas producciones en homenaje a la expedición botánica del Nuevo Reino Granada dirigida por Mutis, pasando por su serie El pacto de las premoniciones, en torno al jardín de las delicias de El Bosco, sus Itinerarios, su serie negra más constructivista, los mapas ibéricos, los derrotados o vencidos, ya más figurativos, o sus Hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

El Centro del Carmen acoge las 54 obras que van desde sus inicios paisajísticos al cuadro La paloma de la paz (1960), que Monjalés señala como el último de su serie plenamente abstracta. Cuando en 1954 viaja a Madrid, se queda impresionado con El jardín de las delicias de El Bosco, del que se sorprende que no fuera a la hoguera por esa obra repleta de provocativas escenas sexuales. Monjalés agrega elementos de ese cuadro a sus figuras en la serie sobre las premoniciones, dando como resultado un conjunto de piezas igualmente sorprendente. Otro viaje posterior a Bélgica le introducirá de lleno en el informalismo. “Entonces no había nadie informalista y hoy, en cambio, se hace mucho, lo cual me parece ridículo porque significa estar muerto”. Alain Robbe-Grillet, escritor y teórico del nouveau roman, o el poeta Paco Brines, figuran entre los compradores de sus obras informalistas.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Siempre en la búsqueda de nuevos caminos, ideas o formas de expresar lo que muerde por dentro, Monjalés empieza a enseñar la patita figurativa por debajo de la puerta de la abstracción, que es donde arranca la muestra de Chirivella Soriano. Allí, las figuras aparecen dolidas, derrotadas, vencidas o en abigarrada lucha contra la falta de libertad que por aquellos años 60 representaba el franquismo. “Son figuras suspendidas en el aire, que representan lo más denigrante, el sometimiento del ser humano a lo peor”. Obras que, como subraya Monjalés, están impregnadas de cierta lucha (pictórica y representacional) por “hacer y deshacer”. Pintura que, más que social, el artista entiende de “lucha y protesta contra el franquismo”.

Obra de Monjalés de su serie La lucha.

Obra de Monjalés de su serie La lucha.

Su serie Los hijos de España tiene el complemento idóneo del poema de Antonio Machado escrito sobre la pared, elegido por el propio Monjalés: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Las cerámicas de la última planta, con fragmentos de Gaudí y referencias picassianas, su serie de sellos, nuevas sombras (con los pífanos de Manet), las oraciones comparativas y las “Adveraciones taléticas” completan el recorrido. “Siempre he pensado que la función del ser humano es hacer algo significativo o denunciar algo”. Ahora está enfrascado en su serie botánica, como “apología de la conservación de la naturaleza”. De manera que Monjalés, lejos de regresar a Valencia a lomos de cierta nostalgia, sigue mirando el futuro con insistencia creativa. Su inquietud no encuentra límite alguno en retrospectivas por amplias que éstas sean.

Detalle de una de las obras de Monjalés.

Detalle de la obra de Monjalés ‘Los derechos humanos’, de su serie Los sellos.

Salva Torres

Alonso y Gadea: mano a mano desvanguardista

Gabriel Alonso y Antonio Gadea. Mano a mano

Estudio Gabriel Alonso

C / Denia, 23. Valencia

Hasta noviembre

Gabriel Alonso (Ceuta, 1969) y Antonio Gadea (Valencia, 1965) hace ya tiempo que decidieron colgar los guantes de boxeo al que parece abocar el arte de vanguardia (Ramón Gaya lo llamó artes marciales de vanguardia), para explorar viejos territorios figurativos, actualmente en decadencia por el exultante dominio de la abstracción, ya sea analítico racionalista o pasional y desgarrada. Porque hubo un tiempo, sobre todo Gadea, en que ganaban incluso premios practicando cierto informalismo. Hasta que decidieron que el arte contemporáneo, brillando con una luz cegadora que impedía ver sus alargadas sombras, lejos de ofrecer libertad al artista, lo constreñía.

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Así lo reconoce el propio Gabriel Alonso, valedor de lo que ha dado en llamar la “desvanguardia”, que vendría a ser lo siguiente: “El progresivo afán de muchos artistas de nuestra generación en pintar cada vez más figurativo, como si de lo que quisiéramos liberarnos fuera de la “libertad” que nos daba la abstracción (o exhibición del lenguaje en sí mismo) que por entonces imperaba en las aulas de bellas artes”. Y como “desvanguardia” sonaba, como le hizo ver un amigo, a desbandada, Gabri Alonso, en lugar de enmendarle la plana al amigo, metió más el dedo en la llaga: “Efectivamente lo es, porque somos muchos los que prefiriendo hacer a explicar hemos ido haciendo nuestro lenguaje pictórico cada vez más “legible” o “descifrable”, actuando de un modo paralelo al público en general, cada vez más indiferente hacia el arte contemporáneo”.

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Si no fuera por lo poco dados que somos a la reflexión, la “desvanguardia” daría pie a un interesante debate. Porque lo cierto es que esa brecha entre lo figurativo y lo abstracto existe, sin encontrar vías productivas que grapen la herida. De momento, valga ese Mano a mano que sostienen Gabriel Alonso y Antonio Gadea, en el estudio del primero sito en la calle Denia del barrio valenciano de Russafa, para ir abriendo boca. Mediante una figuración entre grotesca (Alonso) e irónica (Gadea), ambos artistas nos confrontan con cierto clasicismo, pero revisitado. Así, la mitología occidental, que aparece mediante figuras reconocibles y títulos explícitos, acaba siendo volteada por la mirada acerada y siempre en alerta de estos dos “marginales” artistas.

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Como apunta Gabriel Alonso, en relación a su partenaire, su obra giraría en torno al tema de “cómo la vanguardia ataca al viejo oficio de la pintura, personificado en héroes de la mitología clásica”. Esa tensión arrojadiza entre lo clásico y lo moderno es lo que hace saltar chispas en el Mano a mano entre Alonso y Gadea. No es un duelo en el O.K. Corral del clasicismo forastero enfrentado a los desmanes de la vanguardia mayoritaria, sino un toque de atención para extraer de los incomunicables senderos del arte un productivo diálogo. A no ser que el arte contemporáneo haya decidido separarse de una sociedad que necesita recuperar los espacios simbólicos del arte para articular su siempre conflictiva experiencia.

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

  

Salva Torres