La divina comedia: tres actos, tres intérpretes

La divina comedia, de la compañía La Imperdible
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Del 6 al 8 de octubre de 2017

Tras levantar el telón de su séptima temporada el domingo 1 de octubre con el concierto Mujeres Bolero, Sala Russafa inaugura esta semana su programación teatral con ‘La Divina Comedia’, una de las piezas más destacadas de la literatura universal, pero cuyo formato la ha ido alejando progresivamente de los lectores contemporáneos.

Un centenar de cantos forman el poema que Dante Alighieri compuso en el siglo XIV y que dibuja una fascinante descripción del paso del purgatorio al infierno y, finalmente, al paraíso. Una historia que marcó la imaginería del sufrimiento y la redención, influyendo en gran parte de la ficción que ha venido después. Para facilitar su salto al siglo XXI y acercarla al espectador contemporáneo, la compañía sevillana La Imperdible ha creado una novedosa versión teatral que estrena del 6 al 8 de octubre en la Comunidad Valenciana.

La divina comedia, por la compañía La Imperdible. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La divina comedia, por la compañía La Imperdible. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La formación cuenta con una trayectoria de casi treinta años en la investigación escénica y con el Premio Andalucía de Teatro, entre otros reconocimientos. Además, obtuvo el Premio del Público de Sala Russafa en 2012 gracias a un montaje de ‘Pareja Abierta’. Y ha visitado el centro cultural en varias ocasiones con propuestas como ‘Los Monólogos de la Vagina’ o ‘Mozart vs Salieri’, ésta última en el arranque del pasado ejercicio.

Desde la Antigüedad, la simbología del número tres ha estado y sigue estando muy patente en la tradición cultural occidental. Símbolo de la perfección en el medievo, también se recogió esta fascinación en la Trinidad cristiana, en la geometría o en la aritmética. Y es clave tanto en el texto original de ‘La Divina Comedia’ como en la curiosa adaptación con el que la compañía sevillana lo actualiza, estableciendo un puente entre la edad media y nuestros días.

Durante tres actos, tres intérpretes llevan a escena este impactante viaje mediante tres elementos: la palabra, la música en vivo y las artes plásticas. Una adaptación del poema original hace más asequible la trama de esta aventura que el actor Moncho Sánchez-Diezma narra como un oscuro cuento.

Lo ambientan en directo los músicos David Ruiz y José María Roca con una composición original que incluye sintetizadores y teclados, percusión e instrumentos de viento como el saxo o la flauta, para ir reflejando el estado de ánimo de los protagonistas. Y la puesta en escena se completa con la proyección de las 80 famosas ilustraciones realizadas por  Gustave Doré en el S. XIX. Una impactante propuesta interdisciplinar, en la que lo clásico y lo contemporáneo colaboran para acercar al espectador y mantener con vida esta obra cumbre de la literatura.

La programación del ‘Ciclo de Compañías Nacionales’ de Sala Russafa continuará hasta el 26 de noviembre y la próxima semana ofrecerá su segunda propuesta, ‘Sigue la tormenta’ (14 y 15 de octubre), un texto contemporáneo del dramaturgo francés Enzo Cormman en manos de la formación zaragozana Tranvía Teatro. La oferta del centro cultural se completará con el arranque de la programación familiar, estrenando en la Comunitat Valenciana ‘El caso del fantasma percursionista’ (14 y 15), de la compañía jerezana La Gotera de Lazotea.

La divina comedia, por la compañía La Imperdible. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La divina comedia, por la compañía La Imperdible. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Un padre ¿fantástico o de fantasía?

Captain Fantastic, de Matt Ross
Con Viggo Mortensen, George MacKay, Annalise Basso y Samantha Isler

Sigmund Freud, al inicio de su magnífico ensayo ‘El malestar en la cultura’, se pregunta sobre lo que esperan los hombres de la vida y qué pretenden alcanzar en ella. La respuesta para el autor es fácil: la felicidad. El hombre pretende evitar el dolor, el sufrimiento, el displacer y experimentar intensas sensaciones placenteras, señala el autor. Ahora bien, como el propio Freud concluye en su ensayo, el designio de ser felices es irrealizable, pero no por ello hay que abandonar la tarea.

La película Captain Fantastic está infaliblemente orientada por los deseos de alcanzar la anhelada felicidad. El padre de la película de Matt Ross se impone esa tarea: evitar el dolor y el sufrimiento psíquico de su mujer, para que todos los miembros de su familia puedan hallar la felicidad. El camino a seguir es alejarse de la civilización y adentrarse en la naturaleza -en los bosques del noroeste del Pacífico de Estados Unidos.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

En esa naturaleza frondosa e inmensurable se asienta esta familia formada por un padre, una madre y sus seis hijos. Una comunidad familiar organizada alrededor de un fuerte y potente -que no autoritaria- figura paterna, que instaura unas normas educativas y de convivencia espartanas, atávicas, primitivas y platónicas. Y ahí, en ese bosque, protegidos y aislados de la civilización por la madre naturaleza, esta horda familiar parece haber alcanzado cierta cuota de felicidad.

Pero Sigmund Freud ya remarca en su ensayo que al ser humano le resulta difícil ser feliz, debido al sufrimiento que siempre está al acecho. Un dolor que amenaza desde tres fuentes: desde el propio cuerpo decadente y caduco, desde el omnipotente y destructivo poder de la naturaleza y desde la complicada relación con los otros seres humanos -como decía Sartre: el infierno son los otros. Tres fuentes de dolor que nadie, ni nada, puede detener, ni controlar, ni siquiera nuestra sociedad contemporánea a través del progreso tecno-científico.

La familia de Captain Fantastic no es inmune a la amenaza del sufrimiento, a pesar de estar protegidos por la inmensurable naturaleza y la potente fuerza física e intelectual del padre; la muerte inesperada de la madre golpea los cimientos de su felicidad.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Vuelta a la civilización para recuperar el cuerpo de la madre

En esta segunda parte, la película se escora muy levemente hacia un discurso de retórica y crítica ideológica, casi  hasta la pedantería,  contra la cultura norteamericana, desde el punto de vista tanto de la enunciación, como del enunciado. Todos los valores y modos de vida de la cultura norteamericana son denunciados y criticados siguiendo las teorías de Noam Chomsky. Una crítica extrapolable a toda la cultura occidental capitalista, democrática y cristiana, y a sus correlatos de la economía neoliberal, la ciencia, el consumo, la publicidad, los mass-media, la institución educativa y sanitaria, etc…

De tal modo, que en la familia de Captain Fantastic no se celebra ni el día de Navidad, ni el de Acción de Gracias, sino el día de Noam Chomsky. Como se pregunta uno de los hijos: ¿es eso  normal? No, no es normal, pero sí deja en evidencia todo el malestar en la cultura que arrastra el padre de familia.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Pero, en seguida, Captain Fantastic endereza su rumbo hacia la verdad del relato narrativo y artístico: llegar a las pasiones humanas -la culpa, la angustia, la violencia, los celos, etc…-. Un sentimiento de culpa proveniente de la impotencia del padre para  proteger a su mujer y a la madre de sus hijos del sufrimiento y el dolor psíquico que le arrastró al suicidio. “No pude hacer nada”, declara a sus hijos. Un sentimiento que atormenta al padre hasta confesar que “fue un error” haber tomado la decisión de aislarse en ese bosque del noroeste del Pacífico.

Un sentimiento de culpa que le arrebata toda la potencia física e intelectual que le hacía ser el “padre de esa horda familiar atávica”. Abrasado por la culpa, la figura paterna de Captain Fantastic queda desolado y domesticado en el interior de la cocina del nuevo hogar familiar: una granja. Un espacio, la granja familiar, a medio camino entre la civilización y la naturaleza.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Begoña Siles

A quién le importa, ya sin entradas en Rambleta

A quién le importa, El Musical, de Jorge Berlanga
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina calle San Pío IX. Valencia
Viernes 25 de septiembre, a las 21.00h.
Entradas agotadas

‘A quién le importa, el musical de Jorge Berlanga’, que hace un recorrido por un buen puñado de composiciones míticas de los años ochenta, se presenta el próximo viernes 25 de septiembre en Espai Rambleta de Valencia. El texto, escrito por Jorge Berlanga y adaptado por Enrique y Yeray Bazo, hace un homenaje a 22 temas que popularizaron en los años ochenta su hermano el compositor Carlos Berlanga junto a Nacho Canut, como ‘Un hombre de verdad’, ‘Cómo pudiste hacerme esto a mí’, ‘El rey del Glam’, ‘Perlas ensangrentadas’ o ‘La rebelión de los electrodomésticos’, entre otros.

El musical es además un reconocimiento a dos de las figures insignes de una época emblemática: Jorge y Carlos Berlanga. Desde el inicio se ha concebido como algo más que un musical, una experiencia única que quiere recuperar el espíritu desenfadado de ‘La Movida’, a través de una exposición de obras gráficas de Carlos Berlanga, vídeos, un bar abierto hasta el amanecer que hace un guiño al famoso Rockola y sobre todo el disfrute de una música excepcional y la palabra de los Berlanga.

Escena del musical 'A quién le importa', de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.

Escena del musical ‘A quién le importa’, de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.

Más de 12.000 personas ya han disfrutado de esta inolvidable obra de Carlos y Jorge Berlanga, que llega por primera vez a Valencia.

Óscar despierta en la cama de un hospital. Delirante y desmemoriado no recuerda cómo llegó allí. Una enfermera singular, Sor Yvonne, le atiende y medica. Entre jeringazo y jeringazo empieza a recordar: nombres de amigos, amores perdidos, lugares, situaciones, cambios frenéticos.

Con estas piezas sueltas comienza a reconstruir el relato de su vida (que lo es, también, de toda una década), pero es un relato narcotizado, surrealista y psicodélico. Un relato que nos hará viajar desde un hospital con monjas de dudosa vocación, hasta un infierno muy particular, pasando por clubes, discotecas, cárceles, freidurías.

Un viaje que nos llevará incluso a compartir mesa y copa con Valle-Inclán, Lorca, Conchita Piquer, Warhol o Dalí.

Escena de 'A quién le importa'.

Escena del musical ‘A quién le importa’, de Jorge Berlanga. Espai Rambleta.