Viggo Mortensen: “No pienso como una estrella”

Viggo Mortensen
Presentación de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso
Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Viernes 6 de febrero, 2015

Llegó a Valencia desde Madrid vía Nueva York para presentar en La Filmoteca su última película ‘Jauja’. Fue visto y no visto. Un viaje relámpago que se confirmó muy a última hora. Aún así, Viggo Mortensen tuvo tiempo de introducir brevemente el film de Lisandro Alonso y de advertir: “Luego responderé a sus preguntas o les consolaré si no tengo respuestas”. Y es que ‘Jauja’, premiada en el pasado Festival de Cannes, es una película que obliga a una mirada atenta e inquisitiva por parte del espectador. Un espectador que asiste perplejo al viaje del capitán Gunnar Dinesen en busca de su hija por los salvajes territorios de la Pampa argentina.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen dijo no pensar “en términos de estrella”. De ahí que aceptara participar en un proyecto con bajo presupuesto y cuya contemplación requiere, precisamente, saltarse la visión complaciente que ofrece el cine más comercial. “El 99% de los guiones que me llegan son poco interesantes”, subrayó. Nada que ver con el de Lisandro Alonso, un director que “piensa y dirige como un genio”.

Genialidad manifiesta en ‘Jauja’, donde Viggo Mortensen encarna al capitán Dinesen comandando un grupo de soldados que se enfrenta a una tribu indígena, los Cabeza de Coco. Todo ello en el contexto de la Conquista del Desierto, periodo colonizador de la Pampa de finales del siglo XIX. De hecho, la naturaleza es protagonista de una historia contada en formato diapositiva de los antiguos westerns. “El formato fue fruto de la casualidad, pero Lisandro supo estar abierto a la suerte y utilizarlo de manera genial”.

Fotograma con el que se abre la película 'Jauja', de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

Fotograma con el que se abre la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

‘Jauja’, que hace alusión a ese país mítico e imaginario de la abundancia y la felicidad, se abre con un plano fijo del inmenso paisaje habitado por ese padre y su hija Inge (Villbjork Malling Agger). Paisaje que terminará siendo una pesadilla para el personaje que encarna Mortensen, en oposición a su hija, la cual llega a decir: “Siento el desierto en mí, creciendo por dentro”. Por alusiones: “Cuando me caigo y digo ‘país de mierda’ fue real y Lisandro lo mantuvo porque le pareció que quedaba bien”.

Viggo Mortensen en un fotograma de 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen en un fotograma de ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Como quedaba bien el acento argentino con deje danés que utiliza en la película: “No exagero nada, porque mi padre habla así”. Sus orígenes daneses y su estancia en Argentina, donde aprendió el castellano, permiten a Mortensen identificarse plenamente con su personaje. Tanto, que llegó incluso a sugerir a Lisandro, para abaratar costes, utilizar algunos temas musicales compuestos por el polifacético actor. “Le dije que tenía algunas canciones, las escuchó e incorporó finalmente dos: la que suena cuando estoy bajo las estrellas y la del final”. Es la primera vez que Lisandro Alonso utiliza banda sonora en sus películas, al igual que la primera vez que trabaja con actores profesionales.

Viggo Mortensen reconoció haber tenido suerte a la hora de elegir las películas que, quiera o no, le han concedido el aura del estrellato. De hecho, hubo una larguísima cola en La Filmoteca para ver la película y al actor de cerca. La Sala Berlanga se abarrotó. “La trilogía de ‘El señor de los anillos’ me ayudó mucho, porque he podido elegir los guiones y directores que más me gustan”. Y citó a David Cronenberg, con quien ha trabajo en ‘Una historia de violencia’ o ‘Promesas del Este’, por la que fue candidato al Oscar, y al propio Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Visiblemente cansado, tras el largo y precipitado viaje a Valencia, Viggo Mortensen se fue creciendo a medida que las preguntas se sucedían. Despojado de su cazadora marrón, luciendo una camiseta azul con lema de Perú, el actor se encontró con la sorpresa de un regalo inesperado: una mujer entre el público le entregó dos camisetas diseñadas por ella a modo de emotivo homenaje. También él dejó huella de su paso por Valencia firmando en valenciano el libro de honor de la Filmoteca. Eso sí, se fue insistiendo en su apuesta por una película de la que se mostró orgulloso: “Jauja la veré dentro de 10 ó 20 años y la seguiré viendo bien”. Palabra de Mortensen, una estrella de andar por casa.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Salva Torres

Jersey Boys, un Eastwood en do menor

Jersey Boys, de Clint Eastwood
Película estrenada el viernes 5 de septiembre, 2014

Quien vaya a ver ‘Jersey Boys’, la última película de Clint Eastwood, que se olvide de ‘Mystic River’, ‘Million dollar baby’, ‘Cartas desde Iwo Jima’ o ‘Gran Torino’. La fuerza dramática y expresiva de estas películas ejemplares de su más reciente filmografía, dejan paso a un musical sin duda fresco, repleto de pegadizas canciones del grupo de Jersey The Four Seasons, pero débil argumentalmente. De hecho, diríase que la historia, santo y seña del mejor Eastwood, es una simple excusa para adornar la vida de los ‘Jersey Boys’ a los que alude el título de la recién estrenada película.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Eastwood se recrea en las peripecias de Frankie Valli (John Lloyd Young), Tommy Devito (Vincent Piazza), Bob Gaudio (Erich Bergen) y Nick Massi (Michael Lomenda) para narrar el humilde origen de la banda, al amparo de la mafia (magnífico Christopher Walken), sus éxitos y fracasos, sus confrontaciones internas y la lucha por salir adelante cuando las condiciones son más adversas.

Hay, qué duda cabe, trama argumental, pero el relato y la fuerza expresiva de las imágenes a que nos tiene acostumbrado el director de ‘Los puentes de Madison’, se debilitan aquí para que en su lugar brillen los números musicales, la atracción por canciones como ‘Sherry’, ‘Big girls don’t cry’ ‘Walk like a man’ o la más pegadiza de todas ‘Can’t take my eyes off you’. De manera que la nostalgia musical termina empañando la historia, siempre al servicio de la música.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de 'Jersey Boys', de Cint Eastwood.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de ‘Jersey Boys’, de Cint Eastwood.

Algunos se sentirán decepcionados por este quiebro de Clint Eastwood, pero tomadas las lógicas reservas hacia un musical que se sigue a golpe de pie y tarareo, se pueden encontrar las huellas, por débiles que sean, de su potente cine. Entre ellas, como ya sucediera en la oscarizada ‘Sin perdón’ (perdón, valga la redundancia, por la comparación), la reflexión acerca de la culpabilidad por abandonar las obligaciones familiares llevado por la pulsión, asesina en el western y más poética o artística en el caso del musical que nos ocupa.

Eastwood se toma un respiro con ‘Jersey Boys’ para sumergirse en los ‘falsetes’ de voz de Frankie Valli y sus muchachos. La violencia tan presente en su filmografía encuentra su acomodo en el musical, aunque rebajada a la categoría de anécdota sin duda hilarante y jocosa en ocasiones, para que la carrera de The Four Seasons tenga la aspereza que sus canciones endulzan.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood.

‘Can´t take my eyes off you’, compuesta por Bob Gaudio en pleno duelo de Frankie Valli por la muerte de una de sus hijas, resume esa mezcla de dolor y emocionada recreación de la vida de la que se nutre ‘Jersey Boys’. Dolor, eso sí, carente de la intensidad de sus mejores películas, porque en esta ocasión Clint Eastwood ha preferido darse una alegría musical en tiempos de revival: el propio Martin Scorsese prepara un biopic sobre el grupo los Ramones. Con todo, más vale un musical de un gran maestro que ciento volando. Utilicen los pies y el corazón, más que la cabeza, para seguir las andanzas de los Jersey Boys.

Fotograma de 'Jersey Boys', la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys’, la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Salva Torres

Alberto Feijóo: Something we used to Know

Alberto Feijóo: Something we used to Know

Tras su exposición en el Centro 14 (Alicante), Alberto Feijóo (Alicante, 1985) nos explica su trabajo Something we used to know: “Los lugares frecuentados, los acontecimientos presenciados, las relaciones interrumpidas, todos esos fragmentos de recuerdos que, como los objetos que antes atesorábamos, ocupan un espacio en un almacén que es nuestra memoria.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (tabla de madera 100 x 80 cm combinada con fotografías enmarcadas de medidas variables). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (tabla de madera 100 x 80 cm combinada con fotografías enmarcadas de medidas variables). Imagen cortesía del artista.

“Something we used to know” que se podría traducir como: “algo que solíamos conocer”, es un trabajo que gira en torno a la Juventud y a sus recuerdos.
El foco se centra en la etapa de la vida comprendida entre la adolescencia y la vida adulta, de límites difusos y abierta a miles de interpretaciones y enfoques.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (tabla invertida apoyada sobre dos pomelos 80 x 60 cm). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (tabla invertida apoyada sobre dos pomelos 80 x 60 cm). Imagen cortesía del artista.

Todos estamos configurados de nuestras experiencias pasadas y somos un producto de las mismas. La manera de expresión física y mental de un determinado tramo vital en un individuo deja un remanente que lo acompaña para siempre.
De esta manera, se pretende que dos momentos en el tiempo se pongan en relación, pasado y presente se entrelazan formando así superposiciones de capas que, en distintiva, son recuerdos.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (Bodegón  de fruta: lo componen frutas naturales y frutas pintadas con pintura acrílica en spray en varios colores. Esta pieza es efímera y se degrada conforme avanza la exposición). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (Bodegón de fruta: lo componen frutas naturales y frutas pintadas con pintura acrílica en spray en varios colores. Esta pieza es efímera y se degrada conforme avanza la exposición). Imagen cortesía del artista.

Uno de los elementos catalizadores es la Música, mediante la cual canalizamos nuestra energía.
Dicha disciplina, es una forma más de encuentro social y de expresión artística. Un elemento diferenciador que agrupa y a la vez disgrega grupos de personas con los que nos sentimos identificados e incluso formamos parte.

Alberto Feijóo "Something we used to know". Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know”. Imagen cortesía del artista.

“Something we used to know” se configura de fotografías en su mayoría, pero también de objetos y de documentos de épocas pasadas, cosas que se desentierran para la ocasión y que forman parte de un imaginario personal. Este trabajo consta de dos formatos, por un lado una publicación y por otro una exposición. Ambos tienen cosas comunes y lugares de encuentro aunque están concebidos de manera independiente.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (fotografía). Imagen cortesía del artista.

En resumen,” este proyecto es un intento de analizar la identidad, el anhelo de recordar lo que fuimos y de recuperar lo perdido”.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (Fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (Fotografía). Imagen cortesía del artista.

Paco y Manolo, de intensidades y pérdidas

Preludio, de Paco y Manolo
Con la colaboración de Nauzet Mayor
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 27 de junio
Hasta el 8 de agosto

“Lo único que merece la pena vivir en la vida es la posibilidad de experimentar de vez en cuando un momento perfecto. Y tal vez incluso más que eso, tener la capacidad de recordar esos momentos en su totalidad, contemplarlos como joyas” (Paul Bowles, ‘La casa de la araña’).

Todo el trabajo de los artistas Paco y Manolo ha girado en torno a los mismos temas: “la fugacidad de los momentos vividos, la intensidad del encuentro y la oscuridad de la pérdida”, explica Ismael Chappaz, co-director de Espai Tactel. “Esta oscuridad”, continúa diciendo, “desde el punto de vista de su propia existencia, fue el motivo principal de su anterior exposición en Espai Tactel, de Valencia, y Addaya, en Mallorca, ‘Memento Mori’, donde la sensación de ‘nos queda menos tiempo del que hemos vivido’ dio lugar a un trabajo mucho más oscuro y amargo”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En ‘Preludio’, Paco y Manolo trabajan los dos aspectos. “Por un lado”, señala Chappaz, “juegan con las imágenes que nos enseñan la felicidad del momento vivido y las mezclan con reflejos y distorsiones para así convertirlas en espejismos. Finalmente, una serie de imágenes, a la manera de los larvae convivalis, les animan a aumentar esa sensación de felicidad, dando lugar a la fugacidad de la existencia”.

Según los artistas, “la vida es el preludio de ese momento en el que la pérdida (del amor, de la juventud, de la belleza) es el mayor de los males a los que nos hemos de enfrentar”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La comisaria Marisol Salanova alude a Borges, cuando decía que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. “Paco y Manolo nos presentan escenas de juventud, goce y belleza como preludio al desvanecimiento en un ejercicio de hermenéutica del cuerpo donde los estereotipos no tienen cabida”.

“Las vulnerabilidades del cuerpo”, prosigue Salanova, “y la identidad son un tema recurrente en la obra de esta pareja de fotógrafos catalanes conocidos sobre todo por los retratos que han realizado a lo largo de más de quince años. Si ya habían explorado la sensación de que el tiempo se nos escapa y es el cuerpo quien constantemente nos lo señala durante una primera muestra en Espai Tactel titulada ‘Memento Mori’, ahora vuelcan su talento en una segunda individual, donde podemos disfrutar de sus fotografías y una puntual colaboración escultórica con el artista canario residente en Mallorca Nauzet Mayor”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obietnica, una palabra tuya bastará…

Obietnica, de Anna Kazejak
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Aquella creencia bíblica en la palabra, una sola bastará para sanar, se torna en la película Obietnica (The Word), de la directora polaca Anna Kazejak, palabra maldita. Porque será la palabra a la que alude el título del film, pronunciada por la joven Lila (Eliza Rycembel), la que desencadenará la pulsión asesina de Janek (Mateusz Weiclawek). La perversa nínfula, que recuerda en esto la retorcida representación de la infancia en La cinta blanca, de Michael Haneke, pedirá a su novio infiel que si quiere volver a tener su amor mate a quien ha osado robarle el cariño: la atractiva Angelika (Luxuria Astaroth).

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Esa transformación de la palabra sanadora, que hasta hace bien poco servía igualmente para sellar acuerdos sin necesidad de papeles, aparece rebajada en Obietnica a palabra deudora de muerte. Habrá otras, pero serán de rango policial, sin duda necesarias para descubrir a los autores del crimen, pero incapaces de detener el mal de amores de los jóvenes adolescentes. Como sucede en la gran mayoría de películas a concurso en Cinema Jove (lo cual daría para un análisis más profundo), las familias apenas sirven de marco impotente a tamaña crispación juvenil.

Los padres, tanto en Obietnica como en Ártico, Nagima o Violet, por citar algunas de las ya presentadas a concurso, aparecen como meros comparsas de la desnortada vida de sus hijos, los cuales vagan como almas en pena en contextos, no por diferentes, igualmente vacíos de sentido. Anna Kazejak narra la desolación de Lila, tras descubrir la infidelidad de su novio, y su posterior sed de venganza, con la cámara pegada a los rostros de sus protagonistas. Resulta claustrofóbico ese seguimiento y, al hilo de las últimas tendencias, repetitiva esa manera de colocarse a sus espaldas, pero aunque plásticamente no haya aportaciones dignas de encomio, la narración crece en intensidad a medida que se va desvelando la autoría criminal.

Fotograma de la película 'Obietnica', de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Obietnica’, de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Lila lo fiará todo a la palabra con la que Janek ha sido abducido: jamás revelará que fue ella quien le indujo a cometer el vil asesinato. Lila se sabe fuerte, a pesar del llanto que sigue a su particular versión de los hechos, porque Janek la tiene por diosa de un amor eterno. Diosa que impone cierto sacrificio de muerte, que su novio cumplirá como fiel devoto; devoción imaginaria a la que sucumbe vía internet mostrándole Lila su desnudo cuerpo. La masturbación será el lógico desencadenante de su frustrada relación con aquella que le demanda muerte en lugar de encuentro amoroso.

Aceptado el lugar residual de los padres, patéticos adultos reflejo de la inmadurez de sus propios vástagos, sólo queda la red social como alternativa del sufrido amor esquivo o la crispación derivada de su imposible consumación. Obietnica es un ejemplo más, sin duda clarividente, del malestar juvenil en tiempos de indolencia paterna. Tachada la institución familiar de conservadora, por ese marchamo de rancio autoritarismo, el cine se llena de jóvenes perdidos que optan por la violencia o el crispado desencanto. Lo muestra la directora polaca Anna Kazejak, pero es el síntoma reflejado en otro buen puñado de películas y cortometrajes de Cinema Jove, sin duda magnífico escaparate para un posterior análisis sociológico.

Eliza Rycembel en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

El gran hotel Budapest, entre dos Europas

El gran hotel Budapest, de Wes Anderson
Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2014

La película “El gran hotel Budapest”, además de la hermosa historia de amistad y amor que se narra, es un homenaje a un acto esencial y diferenciador de la especie humana: el hecho de contar y de escuchar historias como experiencia trascendental del ser humano. Esta es la esencia de la película de Anderson, basada en un cuento de Stefan Zweig, cuya obra de ficción o biográfica, de este autor, es ante todo una reflexión sobre la importancia de ese acto, de contar y de escuchar historias, como vehículo para comprender la esencia del sujeto.

La historia de ‘El gran hotel Budapest’, reciente Premio del Jurado en el Festival de Berlín, empieza como todas las historias: con una interrogación existencial provocada por cierta sorpresa que viene a quebrar el orden de la anodina realidad cotidiana. En la película de Anderson todo se inicia cuando un joven escritor, interpretado por Jude Law, huésped del decrépito Hotel Budapest, se queda fascinado por la presencia de otro huésped: ¿Quién es ese hombre mayor, de mirada melancólica, sentado en el hall?, pregunta al botones.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Ese hombre (Mr. Moustafa / Murray Abraham) es el actual dueño del hotel, cuya historia dará a conocer el pasado tanto del propio hotel como del singular director que lo precedió. Será la figura de éste, Gustave (Ralph Fiennes), el centro de una narración que desvelará cierto acto heroico fundador del relato moderno. Esto es, el relato de valores tales como la racionalidad y el impulso artístico, base de la civilización europea, que tendrá su correlato siniestro en forma de totalitarismo.

Gustave representa la figura del hombre que, en medio de la barbarie, logrará con sus actos preservar la vida del emigrante Moustafa, botones del hotel, posibilitando que éste continúe su digna labor al frente del Gran Hotel Budapest junto a su esposa Agatha (Saoirse Ronan). He ahí la importancia del relato, en tanto espacio de transmisión de experiencias que merecen la pena ser vividas.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Contada en tono de comedia esperpéntica, muy del gusto de Anderson, tal y como ya demostrara en ‘El viaje a Darjeeling’, ‘El gran hotel Budapest’ sigue las peripecias de Gustave y su botones Moustafa, en medio de la guerra europea, para reflejar lo que cuesta mantener la dignidad humana cuando se desata la pasión bélica. Gracias al coraje, tan ingenuo como genuino, de Gustave, el emigrante Moustafa logrará salvar la vida.

Y como corresponde a la cadena de tareas que envuelve al relato, Moustafa corresponderá a tamaña actitud heroica de su jefe, continuando su labor al frente del Hotel Budapest, por el que dará la fortuna heredada con el fin de mantener en pie un hotel amenazado por la voracidad destructora del comunismo radical. La amistad, una vez más, privilegiando el recuerdo del amigo muerto y de la mujer amada, por encima de consideraciones crematísticas hoy tan en boga. La Europa ilustrada, entonces, como ahora, amenazada por intereses espurios: del totalitarismo bélico al económico. Siempre nos quedarán los relatos como antídoto frente a la devastación.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Begoña Siles

Pepa L. Poquet: Atles

Pepa L. Poquet: Atles
Espacio Sebastià Miralles
Fundación Caixa Vinaros
C/ Socorro, 64. Vinaros
Inauguración: 26 de abril
Hasta el 10 de junio de 2014

En la muestra expositiva Atles se agrupa una selección de obras personales realizadas en diferentes periodos (1997-2014), reconfigurándolas en un tiempo y espacio diferentes del qué y para el que fueron creadas. Una re-ordenación de las obras, con la que se trata de explorar nuevas analogías y un nuevo posicionamiento, que se genera desde las propias imágenes.

En Atles se recogen segmentos o fragmentos de tres proyectos seleccionados: L’escena de la memòria (1997), El•lipsi (2011) y Microrelats (2013), para desvelar el tiempo a través de la ejecución del mismo proceso técnico, y también la configuración y creación del imaginario propio del mundo.

L’escena de la memòria toma la obra de Tadeusz Kantor como referente. Formalmente emplea el vídeo y la fotografía. En el vídeo se representa el concepto “memoriaescenario” a través de dos pantallas: la de un monitor de ordenador y la de un juguete que semeja un monitor de TV. En ocho fotografías se trata la “memoria-relato” a partir de imágenes extraídas de diferentes ámbitos: arte (obra de Magritte), impresión de texto (pantalla de ordenador) y cómic (viñeta del personaje de Pumby).

El•lipsi es un proyecto más complejo, del que aquí sólo se muestran dos obras. Una parte importante de la investigación llevada a cabo dentro de este proyecto está centrada en el tratamiento del color y los tiempos de “silencio” y “ruido” en la imagen. Son básicamente estos conceptos los que han servido de guía en la construcción de 365” de pel•lícula. Positiu-Negatiu (videoinstalación) y 2 fotogrames (collage).

Microrelats explora la representación del paisaje, concretamente el paisaje “antropizado”. Se trata de fotografías construidas a partir de la “apropiación” de fotogramas de diferentes películas anónimas y también de películas personales filmadas en formato analógico de 16mm y S-8, procesadas y transferidas a formato digital.

Pepa L. Poquet es artista y profesora del Departamento de Pintura de la Facultad de BB.AA. de la Universitat Politècnica de València. Desde sus inicios en la pintura y el grabado, a principios de los años 1980, ha evolucionado en su práctica artística hacia la instalación y la intervención, trabajando actualmente con los medios de la fotografía, el cine y el vídeo. Los conceptos de “contexto” y “lugar concreto” han supuesto con frecuencia el punto de partida del proceso creativo propio. Sus trabajos/proyectos se centran en el espacio público, la arquitectura y en otros elementos característicos del lugar, analizados desde la perspectiva del uso cotidiano o desde la historia misma. En el tratamiento formal suele aunar lo poético con lo reivindicativo.

Pepa L. Poquet, "Atles" (Detalle del cartel de la exposición). Imagen cortesía de la artista.

Pepa L. Poquet, “Atles” (Detalle del cartel de la exposición). Imagen cortesía de la artista.