Anna Karenina con piano de fondo

Anna Karenina, de Versus Teatre
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Hasta el domingo 6 de noviembre de 2016

Multimillonarias superproducciones cinematográficas, letras sobre el papel o interpretaciones teatrales, todo vale para contar una historia cuando la trama trasciende la mera anécdota y es capaz de conectar con el público. Es el caso de ‘Anna Karenina’, obra cumbre de la literatura rusa, que esta semana llega a Sala Russafa de la mano de la compañía catalana Versus Teatre.

Se incluye en el Ciclo de Compañías Nacionales, que hasta la primera semana de diciembre reúne en una programación heterogénea la variedad del panorama escénico español, con siete propuestas de compañías de mediano formato y gran calidad artística que en pocas ocasiones pueden mostrar su trabajo es Valencia.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Es el caso de esta formación barcelonesa, que estrena en la Comunitat Valenciana una valiente adaptación de la novela de Tolstoi. Del jueves 3 al domingo 6 puede verse esta versión escrita y dirigida por Iván Padilla. Un texto que descarta otras tramas menores para centrarse en el famoso triángulo entre una aristócrata acomodada, su marido y su amante.

A través de temas como el deseo y el amor, se habla de otros como la felicidad, la soledad y la culpa. Una magistral representación del dilema entre la fidelidad a uno mismo y a los demás. Sobre las tablas, por fin Anna logrará conocerse a sí misma gracias a sus pasiones, a lo que le despierta una atracción instintiva. Pero, ¿qué ocurrirá cuando se vea obligada a negarlas, a renunciar a su propia naturaleza para respetar las normas del comportamiento social?

Incorporando diálogos de la novela original, apoyándose en la música de piano que se interpreta en directo para describir el estado emocional de los personajes, este montaje íntimo recrea uno de los conflictos más universales y uno de los más complejos retratos femeninos de la literatura. Una emocionante historia a la que esta vez dan vida el propio Padilla, Lara Díez y Dani Ledesma.

Todos sus patitos.

Todos sus patitos, de Baychimo Teatro. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Todos sus patitos

La programación familiar de Sala Russafa de esta semana acoge a la joven formación zamorana Baychimo Teatro, que visita por primera vez la ciudad y estrena en la Comunitat Valenciana ‘Todos sus patitos’ (5 y 6 nov). Una de las figuras emergentes de la literatura infantil europea contemporánea, el austríaco Christian Duda, visita el escenario de Russafa con la adaptación de este cuento, nominado para el Premio Alemán al Libro Infantil y Juvenil 2009.

Ahora se transforma en una delicada pieza teatral que habla de los diferentes ciclos de la vida, de las relaciones humanas y de la necesidad de sentirse cercano a los demás. Sobre las tablas, la escenografía e iluminación recrean un bosque.

Combinando la interpretación actoral con la manipulación de objetos se cuenta la historia de Konrad, un zorro hambriento del que escapa una pata, abandonando un huevo del que, inmediatamente, nace Lorenz. El pequeño patito creerá que está frente a su padre y el zorro no tendrá más remedio que llevárselo consigo en este sensible y visual espectáculo recomendado para espectadores a partir de 4 años.

Anna Karenina, de Versus Teatre.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

¿Se puede abrazar el abismo?

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 23 y domingo 24 de enero, 2016.

La danza vuelve al escenario de Sala Russafa con el estreno absoluto de la pieza Abrazar el abismo (23 y 24 enero), una propuesta marcadamente poética de la compañía valenciana La Casa Amarilla. Sobre el escenario, cuatro bailarinas recrean la dinámica entre el movimiento, la huella que deja y cómo ese espacio es reocupado por otra persona. Así, el abismo nunca es un vacío, sino todo lo contrario: un lugar en el que se almacenan vivencias, sentimientos y experiencias de los que ya pasaron por él.

Cartel del espectáculo 'Abrazar el abismo', de La Casa Amarilla. Sala Russafa.

Cartel del espectáculo ‘Abrazar el abismo’, de La Casa Amarilla. Sala Russafa.

Con dramaturgia del escritor y creador audiovisual Álvaro Moliner y música original de Edu Marín, Cristina Gómez dirige esta sensible pieza que interpreta junto a Ana Lola Cosín, Nuray Imankulieva y María Martí. A través de las coreografías, la ambientación sonora y una cuidada iluminación descubrimos cómo las historias no son más que una sucesión de huellas dejadas y retomadas por personajes que van llenando el vacío. La compañía valenciana, una de las más inquietas del panorama local, presenta un nuevo espectáculo manteniendo su línea de investigación en la que el cuerpo se convierte en una herramienta narrativa sin límites y cargada de emoción.

On, el funambulista. Imagen cortesía de Sala Russafa.

On, el funambulista. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Otra sensible propuesta llega de la mano de la compañía asturiana Luz, Micro y Punto, que estrena en Valencia On, el funambulista (única función el 24 de enero), un espectáculo que ha pasado por varias localidades de Asturias y Galicia, así como por Madrid, Cataluña y País Vasco, entre otros puntos de España. Una extensa gira que le ha llevado hasta Malta a esta joven formación, revelación en FETEN 2014, fundada por Patricia Toral y Chantal Franco. Se les une la compositora e intérprete Verónica R. Galán, autora de una banda sonora envolvente realizada con piano, acordeón y efectos sonoros conseguidos con un metalófono, cuyos pasajes musicales interpreta en directo.

Un retroproyector, imaginación, luz y sombra son las bases de un onírico espectáculo en el que el público se introduce en el interior de On, una marioneta funambulista, en busca constante de equilibrio. Una puesta en escena etérea, relajante, llena de color, fantasía y maestría que deja con la boca abierta a grandes y pequeños, permitiéndoles presenciar en directo cómo se montan cada una de las escenas que componen este viaje, con decorados hechos a mano a partir de materiales de un solo uso, para cada función. Una propuesta artesana para tocar, con los elementos más simples, lo más sencillamente humano.

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla. Imagen cortesía de Sala Russafa.

De Japón a Nueva York en Sala Russafa

Persona, de Odisseu de Laertes
Jueves 26 de noviembre, 2015
La maratón de NY, de Criadero de Morsas
Del 27 al 29 de noviembre, 2015
El Principito, de Silfo Teatro
Sábado 28 y domingo 29 de noviembre, 2015
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia

Dos de las capitales del mundo visitan el escenario de Sala Russafa esta semana, la primera es Japón, cuya danza tradicional Butoh, surgida a mediados del siglo XX es la inspiración del espectáculo Persona (26 nov), creado y dirigido por Odisseu de Laertes.

Una sensible propuesta en la que el pedagogo y músico experimental valenciano cuenta con el apoyo de Priscilla Vela, contrabajista de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, y Voro García, reputado trompetista de jazz, para crear atmósferas sonoras en las que el coreógrafo y bailarín canadiense Raúl Huaman realiza una aproximación personal a este estilo de danza japonés.

Construyendo arquitecturas musicales y hermosos paisajes escénicos mediante la melodía, el movimiento y la iluminación, Persona invita al espectador a un estado de suspensión en el que resurgen memorias y reflexiones, disfrutando de la belleza que los ambientes y texturas que música y danza consiguen crear en escena.

La maratón de NY. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La maratón de NY, de Criadero de Morsas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La maratón de NY

Dentro del ‘Ciclo Compañías Valencianas’ y en un formato radicalmente distinto, pero igualmente original, llega la segunda gran capital mundial al teatro del centro cultural de Ruzafa. Sala Russafa estrena en Valencia La maratón de NY (27-29 de nov), un montaje de la compañía madrileña Criadero de Morsas en la que sus dos protagonistas se pasan, literalmente toda la pieza corriendo.

Los alicantinos Chechu Moltó y Joaquín Mollá dan vida a dos amigos que quedan para entrenar porque quieren correr la maratón de Nueva York, aunque uno tiene este objetivo un poquito más claro que el otro… Entre sprints y zancadas, hablan de su día a día, se pican, discuten, se ayudan y, en definitiva, representan  esta carrera que es la vida en la que hay etapas que uno prefiere correr solo y otras, acompañado.

Jorge Muñoz dirige esta pieza del autor italiano Edoardo Erba, traducida a 17 idiomas y representada en teatros de Londres, Edimburgo, Nueva Zelanda, Sydnez, Bombai, Boston Budapest o Roma, entre otros. Tras su estreno en Alicante, dentro de su gira nacional llega a Valencia esta propuesta para la que, en colaboración con la Fundación Maratón Valencia Trinidad Alfonso, obtendrán un 20% de descuento en el precio de la entrada quienes muestren en taquilla su dorsal por haber participado en la carrera valenciana, celebrada el pasado 15 de noviembre.

El Principito. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El Principito, de Silfo Teatro. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El Principito

La compañía murciana Silfo Teatro estrena en la Comunitat una pieza que rinde homenaje a El Principito (28 y 29 de nov). En el escenario encontramos a Consuelo, la compañera del autor de este clásico de la literatura infantil. Mientras dibuja, va recuperando recuerdos de Antoine de Saint-Exupéry, quien finalmente se aparece  en escena.

Entre dibujos y relatos, ambos repasan todos los personajes y elementos iconográficos de este clásico en un montaje emotivo, que utiliza el papel para recrear a sus personajes y construir su escenografía. Una original propuesta para espectadores a partir de 6 años, que despierta su interés por El Principito y les introduce en el asteroide B612, donde reina este particular personaje lleno de inocencia y fantasía.

Persona. Sala Russafa.

Persona, de Odisseu de Laertes. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Guillermo Polo destaca en el Oeste

On the border, de Guillermo Polo
Cortometraje seleccionado en varios festivales de USA, España, Colombia

El cortometraje On the border, del valenciano Guillermo Polo, ha sido seleccionado en los festivales Joshua Tree International Film Festival (USA), Daroca&Prision (España) y FICMA (Colombia). Se trata de un western en el que un vaquero herido y perseguido se encuentra a una chica con las manos cubiertas en sangre que no habla inglés en medio del desierto. Al poco tiempo, un extraño amenazante aparece de la nada y reclama llevarse a la chica. El vaquero se ve forzado a tomar una difícil decisión.

Guillermo Polo, director de 'On the border'. Cortesía del autor.

Guillermo Polo, director de ‘On the border’. Cortesía del autor.

El actor principal de On the border, Ray Trickitt, tuvo papeles pequeños en The lord of the Rings (tercera parte) y Children of Men. El equipo de Grips, tanto el jefe como sus ayudantes, son los Grips de Madmen (Grips son los que trabajan, montan y mueven grúas, travellings y los encargados de la iluminación que no está conectada a corriente, rebotar luz natural, etc). Además, la diseñadora de vestuario es la ayudante de vestuario del diseñador de las películas de Paul Thomas Anderson, con quien trabajó en su último film, Inherent Vice.

On the border fue igualmente seleccionado para Los Angeles Cinefest y el IFS Beverly Hills Film Festival(USA). A este festival fueron seleccionados e invitados los directores David Cronenberg y Paul Thomas Anderson, así como las actrices Julian Moore y Andie MacDowell.

Fotograma de 'On the border', de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Fotograma de ‘On the border’, de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Guillermo Polo ha sido también director de foto de la segunda unidad y operador de cámara de la película Appetites que se estrenó a principios de 2015. La película está producida por Daniel Frisch, co-productor de Grindhouse y The Hostel. Fue operador de cámara en el cortometraje Aquél no era yo, nominado a los Óscar 2014 y ganador del Goya 2013, aparte de más de 50 festivales entre nacionales e internacionales.

Ahora mismo, Guillermo Polo se halla inmerso en el guión de su primer largometraje que tiene pensado mover entre finales de año y principios del siguiente para conseguir financiación y rodarlo en 2016, con producción (todavía por confirmar) de Daniel Frisch.

En noviembre le han ofrecido hacer la dirección de fotografía de una película llamada Underneath que se rodará en EEUU por el director Joel Novoa, director de Esclavo de Dios y recientemente ha rodado ID2: Shadwell Army película sobre hooligans en Inglaterra y producida por Patrick Cassavetti (productor de Miedo y asco en Las Vegas y Brazil) y Sally Hibbin (productora de las películas de Ken Loach).

Fotograma de 'On the border',  de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Fotograma de ‘On the border’, de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

 

Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

Cohen: Al(gu)ien en tierra de nadie

Lynne Cohen, restrospectiva
Comisaria: Nuria Enguita Mayo
Sala Rekalde*
Alameda de Recalde 30. Bilbao.
Hasta el 25 de enero de 2015

Lynne Cohen (1944–2014) empezó a fotografiar a comienzos de los setenta –provenía de la escultura y el grabado– los salones de sus vecinos y otros espacios íntimos que le parecieron dignos de ser retratados para “plasmar las realidades sociológicas de un mundo cambiante”, según sus palabras. Hay una curiosidad etnográfica en esa intimidad circundante pero sin ánimo científico; no data su fotos, ni revela su exacta ubicación (con la salvedad de unas pocas al comienzo) en un intento de que el relato no se someta a prejuicios geográficos, se someta a clichés culturales, o pruebas de cargo sociológicas. Es su manera de superar la anécdota visual y dotar de entidad a la fotografía al aislarla del intrusismo controlador (que las pequeñas comunidades consideran normal en el intercambio de información local).

En estas primeras fotografías hay un cierto pasmo ante la profusión de objetos, algunos curiosos, bizarros, en ese espacio de exposición que es el salón de la casa. Un espacio teatral por excelencia donde la familia representaba –simulándolas– su buena cuna y sus posibles; un lugar donde lucía la memoria familiar. Pero el moderno living tiene una incoherencia plástica que se impone sobre los objetos cuajados de recuerdos, la limpieza: el rechazo de lo deteriorado, de las manchas, de las cicatrices del tiempo.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Las primeras fotos de Lynne Cohen son casi coetáneas de aquel viejo anuncio del sacabrillos cuyo slogan gritaba “cambie el polvo por brillo natural”. Así frente el deterioro (que sí es lo “natural”), el brillo oculta el paso del tiempo y hace que la memoria familiar sea sometida también a una limpieza, a un expurgo, y a un brillar y deslumbrar en su exhibición.

La fotógrafa también nos muestra salas de clubs masculinos donde la representación se ensimisma y la intimidad grupal se sobredimensiona hasta lo kitsch: hombres tocados de sombreros turcos con inscripciones, sillones con astas de alce, una galería de notables custodiada por un ciervo disecado. Ahí parece nacer lo que será el leit motiv de su fotografía: mostrar interiores que por diferentes razones no son accesibles.

En los comienzos son fotografías de pequeño formato con una invisible —pero perceptible— mano que gira palma arriba para mostrar las salas. Es la única presencia humana, sobreentendida: Lynne fotografía los interiores sin persona alguna (“no sabría dónde ponerlas”) aunque se puede percibir la presencia fuera de cuadro, contemplando –ufanas– su escenario favorito.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Cohen se vale de composiciones equilibradas, una iluminación bien compensada (con una exposición larga) que permita detallar todo el espacio; un punto de vista natural en altura y una acusada simetría compositiva. Así consigue distanciarse y ofrecer una mirada neutra; de modo espontáneo brota la curiosidad objetiva que desea escudriñar. Este ofrecimiento a mirar se troca en “invitación a entrar” cuando sus fotos pasan a formato más grande al inicio de los 80. La ausencia de personas, la desaparición de la autora y el tamaño grande hacen que la retrospectiva de la Sala Rekalde sean más de sesenta ventanas a las que asomarse.

Agotado el tema de los livingroom y los clubs masculinos, Cohen da rienda suelta a esa necesidad de mostrar lugares poco accesibles e incluso lugares que están a dos pasos en un instante inédito. Durante el resto de su producción surgen sus series de fotografías agrupadas bajo colecciones genéricas: aulas (classroom), spas, laboratorios, warehouse, escuelas de vuelo, fábricas, instalaciones militares. Son espacios muy distintos a los salones “de exhibición” anteriores: la mano alegre que mostraba pasa a ser una mano que abre una cortina donde está lo que no se enseña (muchos a regañadientes, según comentó). Queda atrás el espejo que se mira la cara maquillada, el ornamento y la ostentación.

Cohen fotografía los órganos del sistema, donde los procesos ocultos: ahí donde se experimenta, se aprende, se descansa, se ensaya, se fabrica, se relaja, se prueba, se sanea, se almacena, se adiestra… a disparar. Pasa de una fotografía que no estaría lejos del cuché (salones y clubs en modo show), a otra mucho más distante, más cercana a la ecografía de los interiores del sistema (donde el control).

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

En la retrospectiva, la serie de Aulas es notable y se funde con la de otros espacios de entrenamiento y aprendizaje como las galerías de tiro, los simuladores o incluso las salas de baile. Son todas fotografías de gran formato lo que dota al observador de detalles e imperfecciones como abolladuras, muescas, arreglos que enriquecen el genérico título de la foto con el espacio retratado. En algunos casos muy evidente y en bastantes asalta el extrañamiento visual.

La mirada pasmada suele encontrar en el humor una manera rápida de salir de ese estado oleaginoso: buscar una ganzúa en los varios significados que la ambigüedad ofrece con la esperanza de que una de las puertas ofrezca el escape. En algunas fotografías no queda muy claro qué son, qué se hace (ni, por supuesto, quién lo hace). Los objetos no destacan en forma, ni en ubicación. Salas y estancias carentes de un punto central funcional que dé significado y ofrezca líneas de fuga hacia los matices. No, todo conjuntado y cerrado en sí mismo.

Objetos y muebles, suelos y techos, paredes, todo queda a merced de un diseño monótono de motivos geométricos o vegetales como si fuera un tejido de camuflaje (especialmente en blanco y negro). Puede ser un recibidor de un hotel pretencioso, o un espacio mixto frente una oficina industrial, o una antesala donde entregar paquetería. Mediante patrones llamativos y chillones se configura el equívoco, el pasmo, un paréntesis a nuestro mirar etiquetador. Sin buscar la sobreinterpretación que es el peligro de esta obra, ya que cualquiera de sus fotografías con maniquíes se impone casi; en una segunda observación aparece más abstracto que hay engaño, artificio y ese debate entre lo absurdo (de mirar para clasificar) y lo serio.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

De la fotografía de Cohen suele destacarse que causa inquietud por carecer de personas e inspira a percibir presencias, ausencias, incluso ver fantasmas en sus instantáneas. La habitación deshabitada se utiliza contra el que mira: anula el mirar forense, produce apariciones, la fantasía encuentra interrogantes que habitar. La perturbación no nace de ninguno de los objetos que Cohen fotografía, sino de la pérdida de éstos (de escala humana en las primeras fotografías hacia estructuras y aparatos sobrehumanos) y en consecuencia da paso a el aire; un aire vaciado que permite a la imaginación entrar y, claro, obligarla a husmear por marcas, aparatos, reflejos, ventanales y romper los confines de cada imagen.

En algunas fotografías los maniquíes, los muñecos, las siluetas de figura humana invocan la presencia humana abstracta y cosificada de las víctimas del ensayo: estar ahí para ser tiroteadas, golpeadas, vestidas. En otras hay mirillas y troneras, cabinas de observación, barricadas que materializan la presencia no visible de personas que observan y controlan; al igual que al otro lado de micrófonos y tuberías, en el origen de cableados, leyendo indicadores, medidas, ajustando parámetros. Y por último, la simple orfandad del mobiliario vacío, de las salas despobladas de baile o las aguas quietas de las piscinas acaban por imponer una nostalgia de cuerpos. No en vano Lynne Cohen tituló a sus exposiciones más famosas “Camouflage”, “Occupied territory” (Territorio ocupado) y “No Man’s Land” (Tierra de nadie). Quizá dando a entender que si bien ella no sabía dónde poner las personas, los espectadores podrían.

La última imagen de Cohen es la pared lateral de un frontón de la serie llamada classroom (algunas fotografías fueron tomadas en España en los 90). Un frontón sin números, ni los pasa y falta: las rayas pintadas revelan que no es el largo frontón clásico de pelota. Un guiño local, una manera de mirar a uno de esos espacios comunes con otro ángulo, una invitación a reposar la mirada y apreciarlo con la misma luz, sin nadie, con otra velocidad.

¿Y si se revisaran todas estas fotografías como la persona encargada de limpiar y ordenar el lugar? Como si se acabara de evaporar la última marca de agua jabonosa en el suelo y, acodado sobre un carrito de baldes y escobones, se contemplaran los espacios que otros usarán justo antes de volverse para apagar la luz. Espacios donde poder descansar nuestra mirada mientras ellos descansan a su vez de nosotros.

* La retrospectiva de la Sala Rekalde consta de 78 fotografías. Se inició en la Fundación Mapfre en Madrid en febrero de 2014. La autora se ausentó de la inauguración por problemas de salud que no pudo superar y falleció en mayo. Afortunadamente para los lectores de Makma, se puede visitar la exposición madrileña mediante una visita virtual con apoyo gráfico y auditivo en la dirección:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/lynnecohen/visita_virtual/visita_virtual.html

Esta retrospectiva también estuvo expuesta en la Sala Vimcorsa en Córdoba. La obra completa en la web de la autora también merece una visita aunque las imágenes son de resolución media-baja: http://www.lynne-cohen.com

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Jorge Laespada

La triple tragedia de Medusa

Medusa, de Sara Baras
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Martes 12 de agosto, 2014

Fundir la estética griega clásica y la pasión dinámica del baile flamenco es uno de los retos que vence Sara Baras  en su montaje ‘Medusa’, que se podrá disfrutar el 12 de agosto en el Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Estrenada con gran éxito en el Teatro de Mérida la pieza proseguirá su gira por otras localidades y festivales. Cuenta la triple tragedia de la bella sacerdotisa de Atenas, violada y luego condenada por la diosa, que la convierte en un monstruo capaz de petrificar a los hombres con una mirada, decapitada por el héroe Perseo.

Otro de los retos asumidos por Baras, Premio Nacional de Danza 2003, responsable también de la dirección, la iluminación y el diseño de vestuario,  consiste en mantener una narración lineal más allá de una sucesión de números de baile. Para ello combina la danza con la palabra declamada por el actor Juan Carlos Vellido, que interpreta a la conciencia de la protagonista con textos rimados del cantautor Javier Ruibal.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

“Ha sido la obra más fiel a lo que quería contar”,  afirma la bailarina gaditana. “No ha sido un pretexto para bailar, sino hacer un guión para una historia y no salirme de ahí en ningún momento”.

Fundir dos códigos estéticos aparentemente opuestos como el universo griego, estático y contenido, y el mundo flamenco, potencia y movimiento se ha resuelto con brillantez. Convertir los tacones en sandalias y las túnicas en batas. O viceversa. Y, sobre todo, los elementos de baile: el tritón de Poseidón que agita David Martín, las armas exhibidas por el cuerpo de baile, el escudo de Perseo. Elementos que limitan el juego de brazos. “En estos tres meses hemos pasado hasta cuatro horas bailando con las armas”, cuenta Baras y potenciando el zapateado, la gran baza de la bailaora.

¿Qué representa este montaje en el conjunto de su trayectoria? 

Medusa significa un paso adelante y no sólo para mí sino también para la compañía. La identidad como dramaturgia flamenca de esta pieza es muy diferente y hemos crecido sobre todo a nivel interpretativo.

¿Qué es lo que le fascinó de este  personaje mitológico?

Me enamoró descubrir que detrás del monstruo con cabellos de serpiente había una mujer violada y castigada injustamente por un juego de dioses. Necesitábamos defenderla  y eso hacemos en cada función.

¿A quién le gustaría dejar petrificado con una mirada? 

Me gustaría dejar petrificado al Síndrome Rett y a todas las enfermedades crueles como ésta, una enfermedad que se da solo en las niñas y es un sufrimiento horroroso de ellas y de sus familias. Colaboro con una fundación que llevan los papás de Martina que se llama Miprincesarett  y su labor es admirable. Pienso en ellas y sus familias y sueño que alguien tuviera el poder de dejar petrificada ésta y otras enfermedades tan crueles.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

La tragedia de Medusa es similar a la que padecen muchas mujeres en algunos países que tras ser violadas sufren el rechazo de la gente. ¿Qué opina al respecto?

Soy partidaria de defender a todas las personas que sufren injusticias. Es increíble que dentro de la mitología haya historias que miles de años después se sigan repitiendo. Es doblemente doloroso pensar en el sufrimiento de esas mujeres.

Hace poco se cumplió el décimo aniversario de la muerte de Antonio Gades. ¿Qué recuerda del gran maestro? 

Antonio Gades marcó un antes y un después en la danza de nuestro país. Su disciplina, su seriedad, su orden y su puesta en escena eran impecables. Nos trasmitió el amor y el respeto por nuestro arte y por nuestros maestros. Yo tuve la suerte de verlo bailar muchas veces y de conocerlo personalmente. Era una pasada, uno de esos genios de los que nunca dejas de aprender.

¿Por qué el ballet es un arte minoritario en España? 

Sinceramente yo no considero que el ballet sea un arte minoritario en España, aunque en estos momentos debido a las circunstancias tan complicadas que vivimos hay muchas compañías de danza que no han conseguido mantenerse y muchas personas que no pueden permitírselo.

¿Qué recuerdos guarda de Valencia? 

Todos muy buenos. No sé cuántas veces he bailado allí pero tengo clavado la entrega del público valenciano que es maravilloso. Tenemos muchas ganas de volver con nuestra ‘Medusa’ y espero que sea una noche tan mágica como su público.

Una escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Una escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco