“Las dos películas son elementos de memoria histórica”

‘Las ahijadas’, de William James
Centro del Carmen
Museu 2, Valencia
Hasta el 22 de enero de 2017

El Centro del Carmen, en colaboración con Es Baluard Museu d’art Modern i Contemporani de Palma, acoge, hasta el próximo 22 de enero de 2017, la exposición ‘Las ahijadas’, de William James, una singularísima instalación audiovisual -cuya morfología se completa con la contribución fotográfica de Almudena Soullard y diversas instantáneas de archivo privado- que focaliza su atención en parte del devenir biográfico de dos figuras de diverso lustre y soterrada referencia: Natacha Rambova y Natacha Rampova.

La primera, refulgente icono de los oropoles hollywoodienses de los años 20, bailarina y diseñadora de vestuario y decorados, segunda esposa de Rodolfo Valentino y con cuyo ulterior marido, el aristócrata español y comandante naval Álvaro de Urzaiz, se tralada a Mallorca, fijando su residencia en la isla desde 1931 hasta los albores de la Guerra Civil Española. La segunda, artista de cabaret transgénero y activista de referencia en el movimiento LGBT valenciano desde finales de los años 70, víctima carcelaria de la vergonzante Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación  Social y presente paradigma de la lucha sobre políticas de género y justicia social en la ciudad de Valencia.

Con el objetivo de desentrañar las veladas e intrínsecas consonancias que emparentan a ambas conspicuas, Makma entrevista al artista británico, avezado investigador documental sobre las imbricaciones existentes entre la construcción del género y el espacio urbano, quien rubrica en esta exposición un dilatado y perseverante proceso credencial sobre la subrepticia consaguinidad de ‘Las ahijadas’.

Vista general de la instalación audiovisual de 'Las ahijadas'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Vista general de la instalación audiovisual de ‘Las ahijadas’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

¿En qué momento o de qué modo se solidifica el germen del proyecto?

Empezó realmente en un proyecto de educación sobre historia oral por parte de Es Baluard en Palma de Mallorca, en un barrio de Palma que se llama Gènova. Los niños del colegio tenían que preguntar a los vecinos mayores sobre el pasado del barrio. Una vecina (María Salomé Juaneda Pujol) les contó que era la ahijada de Natacha Rambova, que había vivido allí. Más tarde, hicieron otra cita y los niños se fueron a su casa para ver la fotografías personales que habían sido propiedad de Rambova -algunas están reproducidas en la exposición, cedidas por ella-.

Posteriormente, Sebastián Mascaró -docente del museo- había oído el nombre de Rambova en otra ocasión, hablando conmigo, por mi amistad con la Rampova valenciana, y él comenzó a preguntar acerca de qué significa el hecho de que compartan el mismo nombre, a pesar de la pequeña diferencia (Rambova/Rampova); entonces, yo le expliqué que, para Rampova, Natacha Rambova era su alias y que en la época de la Transición la gente activista y progresista solía tener nombres de guerra y, así, si tenían problemas con la policía, no podían denunciar a los demás porque nadie sabía realmente cómo se llamaban sus compañeros. Ella eligió Natacha Rampova, aunque al principio era Rambova. La gente la llamaba Rambo y cuando se estrenaron las películas de ‘Rambo’, de Silvester Stallone, lo cambió por Rampova, porque no quería asociarse con esas películas.

Entonces decidimos que era una coincidencia muy interesante. La Rampova valenciana no sabía que Rambova, su heroína, había vivido en España -una parte de su vida desconocida para ella-. Pensamos que esta coincidencia podía formar la base de un proyecto. Esta idea de coincidencia, de casualidad, se ha mantenido durante todo el proyecto por el hecho de que se ha presentado como dos canales de vídeo que no tienen una relación obvia entre ellos, dejándose al espectador el encuentro de los vínculos entre los dos. Y eso es lo que he hecho en el proyecto, dos historias -la de Rampova en Valencia y la de Natacha Rambova en Mallorca-, en las que surgen ciertas ironías, conexiones y temas.

Una cuestión en la que debe repararse es en el propio título de la exposición, ‘Las ahijadas’, cuya nominación puede sugerir diversas interpretaciones, amén de encontrarnos con la figura de la ahijada de Natacha Rambova y entendiendo a Rampova como libérrimamente consanguínea de la primera por emulación. Sin embargo, la figura de la ahijada real no puede equilibrarse con la de Rampova y parece revelarse más bien como una excusa inicial para profundizar en el resto del proyecto.

Sin ella no habría proyecto, porque todo empezó con la ahijada real. Pero, claro, la información que ella tiene sobre Natacha Rambova viene a través de sus padres. Su madre era la doncella y su padre era el chófer del matrimonio y vivían en su casa de Cala Fornells, a partir del año 1933 (incluso tenían que casarse para ir a vivir con ellos para instalarse, aunque ya estaban comprometidos). Toda la información que la ahijada tiene procede de anécdotas y, sobre todo, acerca de lo bien que vivían, sus fiestas, la gente que les visitaba, pero no hay ningún análisis.

Un instante de la instalación audiovisual de 'Las ahijadas'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Un instante de la instalación audiovisual de ‘Las ahijadas’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Ambas películas documentales atesoran sentido en sí mismas, funcionan de un modo autónomo. Sin embargo, ¿proponerlas en comunión en esta instalación audiovisual posibilita o exige un espectador proactivo, es decir, que se sumerja en el raquis de cada uno de ellos y esto propicie un análisis acerca de cuáles son los elementos que los cohesionan?

Claro. Se deja al espectador la búsqueda de los vínculos entre las dos. Quería posibilitar una manera de enfrentarse a esta coincidencia o casualidad, porque todo el proyecto se basa en la casualidad, la coexistencia de estos dos personajes que mantienen una relación casi abstracta. También es importante la simetría histórica del antes y el después de la dictadura, por lo que, en ese sentido, se ha pensado para una audiencia española o con un conocimiento acerca de la Guerra Civil, de lo contrario es muy difícil de seguir.

¿De qué modo te documentaste acerca de la figura de Natacha Rambova?

Comencé a estudiar la vida de Natacha Rambova y descubrí que había escrito un ensayo de cuarenta páginas, en el otoño del 36, para convencer a la comunidad internacional para apoyar a Franco -luego nunca se publicó-. Quería leer ese artículo y escribí a su biógrafo, Michael Morris, profesor de Historia del Arte en California recientemente fallecido. Acabamos negociando e hicimos un intercambio de derechos de publicación sobre las fotos de la ahijada a cambio de una copia del texto. Eso ha sido una fuente muy importante, porque ahí cuenta en primera persona todo lo que vio en Mallorca y todas sus ideas sobre las políticas de la República, siendo un monólogo de derechas muy reaccionario. Había que contextualizarlo, entonces entrevisté a un historiador mallorquín, David Ginard i Féron, sin el que tampoco habría sido posible el documental. El cuerpo central del proyecto son extractos de ese texto y él los comenta y contextualiza, siendo muy crítico con su contenido.

¿Conocer y tener una conexión previa con Natacha Rampova te ha influido cuando has profundizado en el devenir de Natacha Rambova y en la búsqueda de parentescos entre ambas?

Yo diría que no. Cuando tienes una instalación que tiene elementos distintos el significado reside en la distancia entre ambos. Lo que sucede, también, es que Rampova tiene una política muy clara, de izquierdas, muy crítica social y políticamente, y luego resulta que Natacha Rambova se casó con Álvaro de Urzaiz, que era monárquico y de derechas y que apoyaba a Franco, por lo que ella apoyaba a los nacionalistas antirrepublicanos. Sin embargo, Rampova viene de una familia muy republicana.

¿Deben considerarse dos figuras antitéticas?

No exactamente, porque Rambova era también libertaria. Esa ironía es muy típica de los procesos de la historia. Cada uno interpretamos la historia como queremos y esto resulta que no es fiable ni objetivo.

Fotografías personales de Natacha Rambova cedidas por su ahijada María Salomé Juaneda Pujol. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Fotografías personales de Natacha Rambova cedidas por su ahijada María Salomé Juaneda Pujol. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

¿Qué cuestiones en común pueden servir de ejemplo de cómo el entorno, la atmósfera y el convulso devenir histórico de cada una de las dos figuras influye decisivamente sobre su actitud vital y política?

Un tema que comparten los vídeos es la reacción (en sí misma) contra la violencia. La diferencia es que Rampova fue víctima (durante las postrimerías del fraquismo) y Rambova era testigo (en plenos albores del Guerra Civil Española). Las reacciones son distintas y tampoco sabemos, más tarde, qué actitud tenía Rambova respecto de la dictadura. No hay ningún testimonio posterior, no sabemos qué pensaba. De todos modos, hay dos cosas muy significativas: una es que nada más llegar a Francia sufrió un infarto y su salud nunca se recuperó durante el resto de su vida; la otra cuestión es que rompió con su marido. Son hechos que sabemos y que están claros. Son hechos significativos, o así me gustaría pensarlo.

Un factor inquietante reside en el hecho de advertir a Natacha Rampova como apriorística émula de Rambova.

Sí. Emula la parte de Hollywood.

La del exotismo orientalista, pero ¿llevado al hiperbolismo para transgredirlo?

Bueno, hay otra ironía acerca de la que tampoco sabemos muy claramente el porqué. Para Rampova es muy importante que Rambova era muy libertaria y pansexual, y es muy difícil llegar a la verdad de la sexualidad de Rambova (yo creo que era heterosexual). Se ha hablado mucho acerca de que tenía una relación con Alla Nazimova, que era una actriz rusa conocida como lesbiana o bisexual y tenía muchos affaires con mujeres y actrices de Hollywood. También existe la idea de que Rodolfo Valentino (su primer marido) era gay, cuestión que yo no tengo nada clara. Insisto en que sobre estas cuestiones es muy difícil llegar a la verdad. La mitad de las mujeres de Estados Unidos estaban enamoradas de él y estamos hablando de una época en la que surge un fenómeno nuevo, que miles de mujeres de todas las clases sociales podían ver la misma imagen a la vez por la llegada del cine. Eso tuvo mucho impacto en la sociedad americana. Todas estas mujeres adoraban a Rodolfo Valentino y él no encajaba nada con la imagen del héroe americano; era extranjero, moreno, exótico y los papeles que le daban también eran así. No era fiable, honesto o abierto, sino una persona dudosa como personaje.

Un fenómeno sobre el que se han volcado las más diversas miradas, siendo especialmente turbia y fascinante aquélla de Kenneth Anger en ‘Hollywood Babilonia’, radiografiando el exceso y la posterior decadencia.

Está claro que los hombres de América le acusaban de maricón, entonces es muy difícil llegar a la verdad de su sexualidad, porque siempre está velada por esta acusación, aunque miles de personas estén convencidas de ello; sigue siendo una especie de icono gay. Parece que los que estaban cerca de Natacha Rambova y Rodolfo Valentino afirmaban que eran absolutamente heterosexuales, pero no lo sabremos nunca, realmente.

Retrato de Natacha Rampova realizado por Almudena Soullard. Fotografía cortesía de William James.

Retrato de Natacha Rampova realizado por Almudena Soullard. Fotografía cortesía de William James.

Sin embargo fue una década propicia para ciertas licencias cotidianas en contraposición a la época que Rampova hubo de padecer en España.

Rampova, hablando de la relación entre Rambova y Valentino, dijo que era un matrimonio para disimular su sexualidad y yo, en base a lo que he leído, no estoy tan seguro. Pero esa es la ironía, que para Rampova era muy importante que su musa fuera pansexual.

Todas esas complejidades o neblinosas dificultades para trabajar acerca de la figura y los archivos de Natacha Rambova no acontecen con Natacha Rampova, en tanto que, además de tu conocimiento próximo sobre su figura, existe una contemporaneidad muy facilitadora. Sin embargo, resulta singular descubrir algunos vídeos y pasajes poco conocidos, recibidos como una sorpresa o revelación para muchos espectadores de ‘Las ahijadas’, a pesar o fruto de su permanente presencia en el mapa del off-off valenciano.

Sí. Realmente creo que el vídeo de Rampova no es para nosotros, sino para la gente que no conoce a Rampo. Veo importante contar esa historia.

Para quien ya conoce a Rampova refrenda algo consabido.

Si, porque es una historia muy interesante y todas sus ideas sobre género son absolutamente actuales, aunque se han formado hace más de treinta años.

Radiografía no sólo las circunstancias político-sociales del país, sino que también es un curiosísimo testimonio de la ciudad.

Es memoria histórica. Las dos películas son elementos de memoria histórica. Esa ha sido otra motivación para desarrollar el proyecto.

Atendiendo a los episodios históricos que vertebran ‘Las ahijadas’, ¿consideras que atravesamos una nueva época de políticas y pensamiento reaccionarios?

Sí. Lo dice Rampo claramente. En el vídeo ella habla de la transversalidad de las luchas políticas y cómo esa idea de transversalidad se ha perdido. Como ejemplo, considera que todas las luchas afectan a toda la comunidad LGBT y tenían que estar presentes en todas las acciones y manifestaciones.

William James durante un instante de la entrevista a propósito de su proyecto 'Las ahijadas'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

William James durante un instante de la entrevista a propósito de su proyecto ‘Las ahijadas’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

Amor y cuitas de la Café Society

‘Café Society’, de Woody Allen
Estreno en España: 26 de agosto de 2016
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Asomarse a la filmografía de un director, ya octogenario, tan prolífico como excelsamente irregular implica aprehender la naturaleza de su estilo, asumir su carácter predecible por razones de perseverancia y, en ocasiones, acomodo o mímesis del horizonte de aquellas obsesiones que trazan el mapa humano de su particular cosmogonía cinematográfica.

Y así se procura en su cuadragésimo sexta película, ‘Café Society’, una comedia dramática o un drama con píldoras de comedida hilaridad, cuya arquitectura técnica y orbe de personajes esteriotipados sirven a una causa tan común como ineludiblemente atemporal: las cuitas del amor.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Woody Allen, de la mano del oscarizado director de fotografía Vittorio Storaro, retorna a la soleada “Hollywood Babilonia” de los años treinta del siglo XX, con un maquillaje mucho más pulcro y afeitado que aquellos sótanos referidos por el libérrimo Kenneth Anger, para componer un apurado y fascinante croquis de la industria angelina, a base de cera moldeadora, frontispicios de Beverly Hills y Dry Martini tan natural como el tap water. “Era el glamur de Cocoanut Grove y el Trocadero. No había muchos lugares a los que ir, no duraba hasta tan tarde, la ropa era más ligera y todo el mundo iba a los sitios en coche. Había una parte que era muy glamurosa, porque contaban con las estrellas de cine, pero Nueva York poseía cierta sofisticación de toda la noche de la que Hollywood carecía”, sentencia el director al respecto.

Sin embargo, lo que brinda título a su último filme hace referencia a los refulgentes anaqueles, salones y calimas de Café del microcosmos citadino de la Beautiful People parisina, londinense, vienesa y, por supuesto, neoyorkina, desde el ocaso del siglo XIX hasta mediados del XX, cuando el tan áureo término fue sustituido por el no menos coruscante Jet-set, con semejantes y compartidos estupor y decadencia.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

En consecuencia, Woody Allen desdobla atmósferas, transita coast to coast y propicia un viaje de ida y vuelta al Brooklyn pre-jaderí -camiseta interior blanca, pastelería kosher y humor judío-católico tan propio de ‘Días de radio’ (1987)-, el cemento armado de un mafioso rústico, coetáneo de los Lucky Luciano, Frank Costello y los graníticos gánsteres de la Cosa Nostra, el art déco y las orquestas de cincuenta piezas de los nightclubs del norte de Manhattan, alumbrados al ocaso de la Ley Seca, o los clubes de jazz del Greenwich Village. “Esa época siempre me ha fascinado. Fue uno de los momentos más apasiontes de la historia de la ciudad, con una tremenda vida teatral, vida en los cafés y restaurantes. De un extremo a otro, fueras por donde fueras, la isla bullía entera de sofisticadas actividades nocturnas”, dilucida Allen.

¿Y qué hay de la historia? Un triángulo amoroso desempeñado por el trémulo y corcovado Jesse Eisenberg (Bobby Dorfman), una post-crepuscular Kristen Stewart (la indecisa Vonnie) y el oficinista Steve Carell (mirífico como tío Phil), coordinados por la voz en off de Woody Allen, a modo de demiurgo literario -”Me incluí a mí mismo porque sabía exactamente qué inflexión quería que tuviera cada palabra. Pensé que, como yo había escrito el libro, sería como si estuviera leyendo mi novela”-.

Una crónica universal sobre los placeres amables de las elevadas emociones y las bajas querencias, que principia abemolada y se torna amarga al paladar, civilizadamente ardorosa como los tacos mexicanos de los angelinos años treinta y tan sugestiva como una noche in albis en las lagunas de Central Park.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Jose Ramón Alarcón

¿Las apariencias engañan?

I Am a Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 5 de agosto de 2016

“Dentro de la ornamentación encuentro una violencia que me interesa”, dice Natacha Lesueur, Premio Ricard en 2000 y cuya obra figura en las colecciones públicas y privadas más prestigiosas de Europa. En su primera exposición en nuestro país, la artista nacida en Cannes muestra en Espai Tactel esa violencia revelada por medio de la ornamentación. Lo hace a través de una serie de rostros y figuras femeninas reveladores de lo que anuncia el título de la exposición: I Am a Cliché. “Cliché en el doble sentido fotográfico y de estereotipo”, aclara Lesueur.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografías y estereotipos en torno a la mujer, unas veces retratada con pelucas de época o impresiones sobre la piel a modo de tatuajes modernos, y en otras evocando iconos de la cultura como Carmen Miranda. “Es representativa de muchas cuestiones ligadas al problema de la identidad”. Y Lesueur señala la condición de portuguesa que se fue a Brasil para después triunfar en Hollywood, donde se explotó su folclorismo (famosos fueron sus peinados rebosantes de frutas): “Pasó de la fantasía a la tragedia”, subraya la artista.

Esa conjunción de imágenes aparentemente seductoras, en las que aparecen huellas de cierta degradación o violencia, constituye el sello del trabajo que presenta en Espai Tactel. “Me interesa la ornamentación como huella, ya sea a través del pelo, las joyas o la ropa, en tanto marcas identitarias impuestas a la mujer”. Ahí estaríamos hablando de cierta imposición externa, a la que se superpone otra que bien pudiera ser interna, como en esas pelucas quemadas de dos mujeres gemelas. “Agresión interior o exterior”, cuestiona la propia artista, para aceptar que pueda ser “de los dos”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

De hecho, las pelucas, que remiten al barroco y a los tiempos de María Antonieta, fueron moda francesa impulsada por la propia reina de la corte gala. De manera que la ornamentación tiene una doble cara que Lesueur indaga en su trabajo. “Voy de la superficie a la profundidad y a esa lesión corporal focalizada en la peluca”. Y en la superficie de su obra se pueden contemplar rostros, nucas y figuras que atraen a primera vista, al tiempo que afloran señales inquietantes quebrando la imagen. “Es una crítica a la mujer como objeto de consumo”.

De ahí la importancia de Carmen Miranda: “Quedó encasillada y perdió su esencia real, acabando mal”. Lesueur rescata su imagen a través de una modelo que viene a revelar su carácter manipulable por los mass media. “Se ha utilizado su imagen como modelo de la carta del pantone, porque refleja su piel y los diversos colores de la fruta en sus peinados”. La artista toma esa referencia y le da una vuelta de tuerca: “Una mujer reinterpretando a otra mujer”. El caso de Carmen Miranda sería el de “la imagen superando al personaje”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

I Am a Cliché reúne una decena de fotografías, dos intervenciones en la propia sala y dos videos en torno a esa mujer estereotipada que, de tanto repetirse, termina por ofrecer una imagen degradada de sí misma. Degradación que Natacha Lesueur inscribe en su obra mediante ornamentos igualmente ambiguos, tan pronto impuestos, denotando la agresividad que ello supone, como asumidos para mostrar cierta diferencia. “Ambigüedad acerca de lo que quieres y lo que no”.

El rostro de una mujer cuya cabellera cumple la función del velo ofrece de nuevo la idea de “lo que aparece y desaparece”. También hay un paisaje hecho con una cámara especial de infrarrojos, sobre el cual destaca un rostro ambiguo sobre una peana. La figura y el fondo revelando una vez más esa doblez tan del gusto de la artista francesa, que en los videos explora las posibilidades de la imagen estática y en movimiento, del rostro con unos ojos saltones de Barbie. Lesueur acoge en la superficie de su obra ese gusto por lo femenino, repleto de huellas que orientan la mirada hacia capas más profundas. Capas, en todo caso, a flor de piel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Salva Torres

Inconformistas y emergentes en Cinema Jove

31 Cinema Jove. Festival Internacional del València
Diversas sedes: IVAC, Teatro Principal IVAM, Palau de Les Arts Reina Sofía, Sala SGAE, Jardines de Viveros, Facultad de Bellas Artes (UPV) y Auditori de Torrent
Del 17 al 24 de junio de 2016

La trigésimo primera edición del Festival Internacional de València Cinema Jove ha iniciado su singladura formal con la materialización de una rueda de prensa en las dependencias del Ayre Hotel Astoria Palace -sede de comunicación de la presente edición-, en la que han participado su director, Rafael Maluenda, el Secretario Autonómico de Cultura y Deporte, Albert Girona, y el Director General del Institut Valencià de Cultura, Abel Guarinos, a la par que se desarrollaba en el Lounge Bar del hotel la filmación de un cortometraje que forma parte, como destacable novedad, del Film Camp Jove, una singular iniciativa cinematográfica que “nace con vocación de alfabetización mediática” y que cuenta con la participación y colaboración de directores como Pablo Berger y Enrique Urbizu, así como el montador Pablo Más y el director de fotografía Paco Belda.

Durante la comparecencia ante los medios, Albert Girona se ha manejado con algunas cifras económicas (500.000 € de presupuesto, proveniente de las instituciones y de patrocinio privado) y de trayectoria histórica del festival (“en 2005, Cinema Jove cumplió veinte años. De ahí hasta ahora ha habido más de 300.000 espectadores y más de 3.000 películas, entre la sección oficial, retrospectivas y homenajes”), reafirmándose en el interés de consolidación y de “convertir el festival en un lugar de formación audiovisual y de experiencia didáctica”, en meridiana “apuesta por cineastas jóvenes”.

Rafael Maluenda, por su parte, ha procurado desentrañar el grueso de los contenidos programáticos de Cinema Jove, cuya Sección Oficial de Largometrajes “presenta diez películas a competición, en rigurosa premier española”, procedentes de diversas nacionalidades -’David’ (República Checa), ‘Humidity’ (Serbia) o ‘VIVA’ (coproducción irlandesa-cubana), por citar algunos ejemplos- y temáticas dispares, cuyo nexo común debe encontrarse entre sus directores, “cineastas emergentes, jóvenes, de corta filmografía e inconformistas en áreas temáticas y formales”.

Abel Guarinos, Albert Girona y Rafael Maluenda durante un instante de la rueda de prensa del 31 Cinema Jove. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Abel Guarinos, Albert Girona y Rafael Maluenda durante un instante de la rueda de prensa del 31 Cinema Jove. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Igualmente, la Sección Oficial de Cortometrajes, en la que “exigimos que la premier sea en la Comunidad Valenciana (…) aunque para muchos supone su estreno en España”, cuenta con “58 de los mejores cortometrajes internacionales actuales repartidos en diez programas”. Además de los seis programas generales, se incorpora como novedad la inclusión de cinco programas temáticos, “con la idea de hacer más atractiva la programación”; de este modo, ‘Óperas primas’, ‘Retratos documentales’, ‘De lo real y lo imaginado’, ‘Metrajes mezclados’ y ‘De puertas adentro’, darán cabida a 26 títulos locales, nacionales, europeos y asiáticos, agrupados en base a esta prescripción conceptual.

Por otra parte, Cinema Jove “amplía hasta tres el número de programas de la Sección Panorama Valenciano”, acogiendo lo cortometrajes más reseñables de directores valencianos y producciones realizadas en la Comunitat”, implementándose “debates con los directores y un encuentro con el público” en la sede de la SGAE o la Sala José Sancho del Teatro Rialto.

Sin duda, uno de los platos fuertes, en cuanto a innovaciones se refiere, lo protagoniza la Sección Oficial Web Series, “dedicada a la ficción creada para la red”, en la que competirán 20 webseries nacionales e internaciones -entre ellas, la valenciana ‘Cabanyal Z’-, premiadas en festivales como ‘Los Angeles Web Festival’ o ‘Marseille Web Fest’, en pro de la consecución de los galardones ‘Luna de Valencia’ en sus cinco diferentes categorías. Para Maluenda, esta sección, coordinada por la guionista y directora Ana Ramón Rubio y la actriz María Albiñana se revela en “un espacio que ha encontrado un nuevo formato de apertura del sector oficial valenciano (…) abierto por el impacto de las tecnologías digitales”.

Cinema Jove. Makma

La presente edición del festival rinde homenaje, además, al director franco-camboyano Rithy Panh, “uno de los cineastas con mayor proyección internacional”, refrendado por el Festival de Cannes o la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Para Maluenda, este homenaje permite “un encuentro con uno de los cineastas más fascinantes de cuantos están en activo, con una trayectoria única, marcada por su experiencia vital”, cuya filmografía será revisitada en el Instituto Francés de Valencia.

Cabe añadir la formalización de una retrospectiva al Festival de Cine de Sarajevo, “con la voluntad de dar a conocer la extraordinaria labor desarrollada a lo largo de sus 21 años de vida”. Destaca la oscarizada y premio de la última edición del festival de Sarajevo ‘El hijo de Saul’, de Lászlo Nemes, en convivencia con “títulos muy relevantes de ediciones anteriores”.

La 31º edición del festival se completa, entre otras diversificadas acciones, con la entrega del Premio Un Futuro de Cine a los actores Ingrid García-Jonsson y Daniel Grao y la consumación de un  ciclo dedicado a Alfred Hitchcock y François Truffaut -a modo de celebración de libro ‘Hitchcock/Truffaut’, una vez cumplidos los cincuenta años de un título “que cambió la crítica de cine en los años 60 y que sigue marcando la relación entre críticos y cineastas”-.

Rafael Maluenda, Albert Girona, Abel Guarinos y miembros del equipo de rodaje de la sección Film Camp Jove posan junto al cartel del 31Cinema Jove. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Rafael Maluenda, Albert Girona, Abel Guarinos y miembros del equipo de rodaje de la sección Film Camp Jove posan junto al cartel del 31Cinema Jove. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

 

 

 

Motivaciones y desesperanzas de la guerra

Básicos de la Filmoteca
Why we fight I: Prelude to war (Frank Capra) y Let there be light (John Huston)
Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 25 de febrero, 2016, a las 19.00h

La Filmoteca de CulturArts proyecta el jueves 25 de febrero en la sala Berlanga, los documentales Why We Fight I: Prelude to War (1942) de Frank Capra y Let There Be Light (1945) de John Huston. La sesión se enmarca dentro del ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’, que en esta edición se centra en la historia del cine documental. La presentación de la película y del posterior coloquio corre a cargo del investigador cinematográfico Miguel Tello, miembro del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Cartel de 'Why we fight I: Prelude to war', de Frank Capra. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Cartel de ‘Why we fight I: Prelude to war’, de Frank Capra. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Why We Fight  es una serie de siete documentales de propaganda encargados por el gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para explicar a los soldados norteamericanos los motivos de su participación en el conflicto bélico. Prelude to War es el primer capítulo de la serie; examina las diferencias entre las democracias y los estados fascistas y relata la conquista japonesa de Manchuria y la conquista italiana de Etiopía. El autor de la mayoría de estos reportajes propagandísticos es Frank Capra, uno de los grandes directores de la era dorada de Hollywood.

Let There Be Light (1945) está dirigida por John Huston, otra figura fundamental de la historia del cine. El documental también fue un encargo del gobierno de los Estados Unidos pero ya finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Fotograma de 'Let there be light', de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Let there be light’, de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Rodado en un hospital militar de Nueva York, el documental sigue a un grupo de soldados con traumas de guerra desde el día de su llegada hasta que son dados de alta. Por la crudeza de sus imágenes y su desoladora visión de la guerra y de todas sus víctimas,  Let There Be Light  fue vetado por el ejército norteamericano y no se exhibió en salas comerciales hasta 1980, después de una intensa campaña de protestas.

Las sesiones de ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’ se celebran todos los jueves a partir de las 19.00 horas, son de un marcado carácter didáctico y cuentan con una presentación y un coloquio a cargo de un especialista cinematográfico. La entrada de todas las sesiones es gratuita con la presentación del carnet de estudiante.

Fotograma de 'Why we fight', de Frank Capra. Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de ‘Why we fight’, de Frank Capra. Filmoteca de CulturArts.

Galería Muro, al rescate de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó
Galería Muro
C / Verónica, 5 – 2ª. Valencia
Hasta finales de octubre de 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español. ¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalo como un olvidado?. Porque desde mi punto de vista, uno de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es, a la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer.

La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar. Algunos por pereza como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó, pintaron hasta el último suspiro. Si traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos; primero porque él es a uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película de Basquiat (Jualian Schnabel, 1996), “para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo”. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes mas influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar en los libros. Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era mas conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de Paris, que por sus propios cuadros. Mas nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por como es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, seas estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

La mayoría de los críticos aciertan en coincidir que su obra mas lograda es, aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡que acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero como decía Balthus: “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilado cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y mas concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Pedro Paricio*

*Texto extraído del catálogo de la exposición del Instituto Cervantes de París

 

Cuatro amigos, 10.000 Km y un sueño

Proyecto USA, de Miguel Herrero
Cinestesia

“Cuanto más viajas más aprecias lo que tienes y valoras más tu pueblo y tu hogar”. Es la principal enseñanza que obtuvo el cineasta alicantino Miguel Herrero tras un viaje épico de 10.000 kilómetros de Nueva York a Los Ángeles, que realizó el pasado agosto con tres amigos de su pueblo, Sax. Su objetivo, realizar una road movie, “existencialista y contemplativa a la vez rodada en menos de un mes, a contrarreloj”, dice Herrero, por lugares míticos  como las cataratas del Niágara, Yellowstone, el Monument Valley, El Valle de la Muerte, el Gran Cañón, Las Vegas o Hollywood.  El filme es también un reality de las  relaciones y reacciones de los viajeros ante los retos de la travesía. Proyecto USA es el título de un documental de hora y cuarto de duración sobre 30 horas grabadas, que refleja los enormes contrastes de un inmenso país.

Mapa del viaje de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Mapa del viaje de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Christian Simón, Sergio Pérez, Diego Martínez y Miguel Herrero se liaron la manta a la cabeza, carretera y manta, para realizar un doble sueño compartido. “Por un lado el viaje en sí y por otro el rodaje de la película”, dice Herrero. “Es una idea que todo el mundo alienta. Coger a tus amigos, un coche y perderte por Estados Unidos.  Es un anhelo. Todavía seguimos siendo amigos aunque en ese mes de viaje y rodaje saltaron chispas. Estar 24 horas juntos todos los días en espacios reducidos y en ocasiones el coche se convertía en una olla a presión”.

Durante las semanas de viaje los aventureros pasaron por situaciones límites y conflictivas.  “En Yosemite estuvimos a punto de contraer un hantavirus, un virus mortal. Pasamos por algún que otro hospital y Sergio sufrió una especie de infección de causa desconocida que le impedía mover un brazo. En el Gran Cañón encontramos una cartera con miles de dólares que devolvimos a su dueño”, relata Herrero.

Imagen de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Imagen de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Las altas temperaturas, sobre todo en el Valle de la Muerte en pleno agosto, más de 50ºC, hicieron que se convirtieran en gelatina varios cables de la cámara. La propia película peligró durante el viaje, pues las altas temperaturas dejaron inutilizado también un disco duro. “Estuve gran parte del viaje con tan sólo una copia de la película. Durante el viaje cuando teníamos internet íbamos realizando un blog (www.proyectousa.com) algunas de las entradas son escenas del propio filme. Buena parte de la producción se fue realizando en plena carretera dentro de un coche”.

Un año después la película empieza a circular. Se va a iniciar la distribución por festivales nacionales  e internacionales. Más adelante ya se realizará un estreno simultáneo en salas, con especial atención a los autocines, DVD y online.

La banda sonora de Proyecto USA incluye música de Pretenders, The Animals, José González,  Arizona Baby, y la canción original The land of red man de Patricia Brotons (La Belle). El narrador es Luis Bajo, doblador en el cine de  los actores Charlie Sheen, Michael Keaton o Mel Gibson.

Miguel Herrero, director de Proyecto USA. Cortesía del autor.

Miguel Herrero, director de Proyecto USA. Cortesía del autor.

Con un ajustado presupuesto de 18.000 euros, la producción es de Cinestesia, productora de cine y editorial independiente creada, en 2015, por el  polifacético sajenio (de Sax) Miguel Herrero. Antes de este documental trabajó en varios proyectos, como la película Operasiones Espesiales de Paco Soto. Es fundador y director del Festival Internacional de Cine de Sax (FICS), que este año celebra su 9ª edición.

Como complemento del documental, en algunas presentaciones, Miguel Herrero lleva a cabo: Proyecto USA: exposición fotográfica. Una muestra que recoge la ruta en 30 panorámicas: Nueva York, las Cataratas del Niágara, Washington DC., Chicago, las Grandes Llanuras, Badlands, Yellowstone, Grand Teton, el Monument Valley, el Gran Cañón, etcétera.

Por otra parte, Herrero acaba de presentar Hiperficción, un ensayo multidisciplinar sobre literatura, cine, videojuegos, artes plásticas y escénicas, al estilo de los libros de Elige tu propia aventura. Cuenta con cinco  itinerarios de lectura y más de 40 contenidos adicionales.  Este ensayo pretende mostrar la evolución del hipertexto y la hiperficción en la literatura, en el cine y en los videojuegos, en relación con otras artes y disciplinas, a partir de los autores y las obras más destacadas.  Se comercializará en septiembre y ya se puede pedir ya través de www.cinestesia.es.

Al mismo tiempo trabaja en un libro y largometraje con el título provisional, Corazón Coraza inspirado en  varios casos reales y actuales de violencia de género. “Especialmente en uno que he conocido personalmente”, señala. “El libro y la película estarán tratados desde un punto de vista psicológico y de ayuda. Las obras serían especiales en cuanto a su estructura y tratamiento. Habría varias formas de lectura y de visionado”, concluye Miguel Herrero.

Imagen de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Imagen de Proyecto USA, de Miguel Herrero. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

Alô alô mundo! Cine marginal brasileño

Alô alô mundo! Cines de invención en la generación 68
Comisarios del ciclo: Marc Martínez y Paola Marugán
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 14 de abril al 14 de junio de 2015

Dice Marc Martínez, junto a Paola Marugán, comisario de ‘Alô alô mundo!’, que se trata de un ciclo de películas “nada cómodo”. Y lo remacha: “Es cine marginal”. Lo dijo en la presentación del ciclo que la Filmoteca de Valencia programa hasta el 14 de junio. Presentación que vino acompañada de los films ‘Zona zul’, (1972) de Henrique Faulhaber, y ‘A conexao brasileira, a luta pela democracia’ (1982-83), de Helena Solberg. Películas que, dadas las condiciones en que fueron rodadas (censura y momento de invención de nuevas formas), convierten el ciclo en una travesía llena de altibajos por el cine experimental brasileño.

Fotograma de 'Zona zul', de Henrique Faulhaber, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Zona zul’, de Henrique Faulhaber, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Cinemas de invençao na geraçao 68, tal es el subtítulo del ciclo, recoge películas realizadas durante los años en que Brasil, como España, se hallaba a merced de la dictadura y de los movimientos clandestinos que luchaban, con más o menos fortuna, por encontrar vías de escape al exigente yugo político. De hecho, tal y como recordó Marc Martínez, ‘Alô alô mundo!’ fue la proclama lanzada por el cineasta Glauber Rocha contra el imperialismo significado en torno al cine de Hollywood.

Fotograma de 'Copacabana, mon amour', de Rogério Sganzerla, en el ciclo 'Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla, en el ciclo ‘Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Martínez, siguiendo a Jairo Ferreira, prefiere la denominación Cinema de Invençao al de Cinema Marginal, por aquello de que el grupo de cineastas que recoge el ciclo “asumió el riesgo de la invención, pagando el precio de la censura y la marginación”. Invención y marginación parecen, pues, ir de la mano, de ahí la calificación de héroes para todos ellos atribuida por el comisario del ciclo: “Utilizaban esa precariedad como motivo a la hora de realizar sus películas”. Películas que, salvo ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla (con todos los matices que se quiera) y las relacionadas con Glauber Rocha, el director más conocido, resultan desconocidas.

Fotograma de 'A idade da Terra', de Glauber Rocha, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘A idade da Terra’, de Glauber Rocha, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

El listado lo dice todo. ‘Hitler terceiro mundo’ (1968), de José Agrippino de Paula. ‘Viagem ao fim do mundo’ (1968), de Fernando Cony. ‘Manha cinzenta’ (1969), de Olney Sao Paulo. ‘Sem essa, Aranha’ (1970), de Rogério Sganzerla. ‘Mangue-Bangue’ (1971), de Neville D’Almeida. Agripina é Roma-Manhattan (1972), de Hélio Oiticica. ‘A idade da Terra’ (1975), de Glauber Rocha. Entre otras.

De ahí el mérito de ‘Alô alô mundo!’: “Es el rescate de un material histórico”, subraya Martínez. El proyecto nace, según sus comisarios, “del interés en dar visibilidad a un conjunto de prácticas filmográficas, desarrolladas desde finales de los años sesenta hasta la década de los ochenta, para hacernos reflexionar sobre las formas en que ese legado extiende sus efectos y activa nuestro presente”. También nace con la pretensión de “revelar las tensiones, los contagios y los conflictos de una generación de artistas, que desarticuló las formas establecidas de pensar el lenguaje cinematográfico tradicional”.

Fotograma de 'Agripina e Roma-Manhattan'.

Fotograma de ‘Agripina é Roma-Manhattan’, de Hélio Oiticica, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Salva Torres

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio

Viggo Mortensen: “No pienso como una estrella”

Viggo Mortensen
Presentación de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso
Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Viernes 6 de febrero, 2015

Llegó a Valencia desde Madrid vía Nueva York para presentar en La Filmoteca su última película ‘Jauja’. Fue visto y no visto. Un viaje relámpago que se confirmó muy a última hora. Aún así, Viggo Mortensen tuvo tiempo de introducir brevemente el film de Lisandro Alonso y de advertir: “Luego responderé a sus preguntas o les consolaré si no tengo respuestas”. Y es que ‘Jauja’, premiada en el pasado Festival de Cannes, es una película que obliga a una mirada atenta e inquisitiva por parte del espectador. Un espectador que asiste perplejo al viaje del capitán Gunnar Dinesen en busca de su hija por los salvajes territorios de la Pampa argentina.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen dijo no pensar “en términos de estrella”. De ahí que aceptara participar en un proyecto con bajo presupuesto y cuya contemplación requiere, precisamente, saltarse la visión complaciente que ofrece el cine más comercial. “El 99% de los guiones que me llegan son poco interesantes”, subrayó. Nada que ver con el de Lisandro Alonso, un director que “piensa y dirige como un genio”.

Genialidad manifiesta en ‘Jauja’, donde Viggo Mortensen encarna al capitán Dinesen comandando un grupo de soldados que se enfrenta a una tribu indígena, los Cabeza de Coco. Todo ello en el contexto de la Conquista del Desierto, periodo colonizador de la Pampa de finales del siglo XIX. De hecho, la naturaleza es protagonista de una historia contada en formato diapositiva de los antiguos westerns. “El formato fue fruto de la casualidad, pero Lisandro supo estar abierto a la suerte y utilizarlo de manera genial”.

Fotograma con el que se abre la película 'Jauja', de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

Fotograma con el que se abre la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

‘Jauja’, que hace alusión a ese país mítico e imaginario de la abundancia y la felicidad, se abre con un plano fijo del inmenso paisaje habitado por ese padre y su hija Inge (Villbjork Malling Agger). Paisaje que terminará siendo una pesadilla para el personaje que encarna Mortensen, en oposición a su hija, la cual llega a decir: “Siento el desierto en mí, creciendo por dentro”. Por alusiones: “Cuando me caigo y digo ‘país de mierda’ fue real y Lisandro lo mantuvo porque le pareció que quedaba bien”.

Viggo Mortensen en un fotograma de 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen en un fotograma de ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Como quedaba bien el acento argentino con deje danés que utiliza en la película: “No exagero nada, porque mi padre habla así”. Sus orígenes daneses y su estancia en Argentina, donde aprendió el castellano, permiten a Mortensen identificarse plenamente con su personaje. Tanto, que llegó incluso a sugerir a Lisandro, para abaratar costes, utilizar algunos temas musicales compuestos por el polifacético actor. “Le dije que tenía algunas canciones, las escuchó e incorporó finalmente dos: la que suena cuando estoy bajo las estrellas y la del final”. Es la primera vez que Lisandro Alonso utiliza banda sonora en sus películas, al igual que la primera vez que trabaja con actores profesionales.

Viggo Mortensen reconoció haber tenido suerte a la hora de elegir las películas que, quiera o no, le han concedido el aura del estrellato. De hecho, hubo una larguísima cola en La Filmoteca para ver la película y al actor de cerca. La Sala Berlanga se abarrotó. “La trilogía de ‘El señor de los anillos’ me ayudó mucho, porque he podido elegir los guiones y directores que más me gustan”. Y citó a David Cronenberg, con quien ha trabajo en ‘Una historia de violencia’ o ‘Promesas del Este’, por la que fue candidato al Oscar, y al propio Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Visiblemente cansado, tras el largo y precipitado viaje a Valencia, Viggo Mortensen se fue creciendo a medida que las preguntas se sucedían. Despojado de su cazadora marrón, luciendo una camiseta azul con lema de Perú, el actor se encontró con la sorpresa de un regalo inesperado: una mujer entre el público le entregó dos camisetas diseñadas por ella a modo de emotivo homenaje. También él dejó huella de su paso por Valencia firmando en valenciano el libro de honor de la Filmoteca. Eso sí, se fue insistiendo en su apuesta por una película de la que se mostró orgulloso: “Jauja la veré dentro de 10 ó 20 años y la seguiré viendo bien”. Palabra de Mortensen, una estrella de andar por casa.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Salva Torres