“Los seres humanos somos tiempo”

Héroes, de Tamzin Townsend
Intérpretes: Juan Gea, Luis Varela e Iñaki Miramón
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 9 al 18 de septiembre de 2106

“Los seres humanos somos tiempo, efectivamente”. Juan Gea no lo duda, tras meterse en la piel de un ex militar agorafóbico en la obra de teatro Héroes, que dirige Tamzin Townsend y que protagoniza junto a Luis Valera e Iñaki Miramón. Viene a su tierra Valencia para hablar en el Teatro Olympia (del 9 al 18 de septiembre) de ese tiempo que pasa, feroz, descarnado, pero anclado con rabia en el presente. “He oído críticas que dicen que nos pasamos el tiempo de la obra recordando. No, no… Efectivamente hablamos del tiempo, pero no estamos filosofando sino que se traduce físicamente en el escenario”.

En cualquier caso, por seguir a Marcel Proust: “Demos vida al inmenso edificio de nuestros recuerdos”. Que es lo que hace el teatro, ahora de la mano de Gea, Varela y Miramón: tres ex militares, en su día probablemente los héroes que dan título a la obra escrita por Gérald Sibleyras, ahora retirados en una residencia militar donde, entre otras cosas, evocan su pasado militar como trampolín de vivencias presentes un tanto delirantes. “Es una mezcla de Los Hermanos Marx, Esperando a Godot de [Samuel] Beckett y Antonio Ozores”.

Juan Gea, en Héroes. Teatro Olympia. Fotografía de Sergio Parra por cortesía de la productora.

Juan Gea, en Héroes. Teatro Olympia. Fotografía de Sergio Parra por cortesía de la productora.

“Luis Varela es historia viva del teatro”

El cineasta Andrei Tarkovski, hablando mucho y bien de ese tiempo que inexorablemente atraviesa a los tres héroes de Townsend, ya dijo que con el tiempo se había dado al hombre un regalo amargo y dulce a la vez. Esa cualidad agridulce se saborea en Héroes, incluso desde su escenografía. “Está muy cuidada, con un jardín de residencia de lujo que a su vez parece un panteón”, subraya Gea, “prendado” con el trabajo de Tamzin Townsend y con el de sus compañeros de reparto. “Luis [Varela] es historia viva del teatro, al que no puedo mirar a la cara durante la obra, prefiero mirar un botón de su camisa, porque rompo a reír. E Iñaki [Miramón] es sorpresivo”.

Irremediable preguntar a Juan Gea por su personaje Ernesto Jiménez de la exitosa serie televisivia El Ministerio del Tiempo (otra vez, el tiempo). “Pues se ha convertido en una especie de icono, porque alguien me llegó incluso a decir que Ernesto era la imagen clave de El Ministerio…”. Un personaje en las antípodas del que ahora representa en Héroes. “Ernesto es un personaje frío, hierático, siempre detrás en plan siniestro, para el que tuve que hacer un ejercicio de contención. Todo lo contrario al que interpreto aquí”, un Gustave que sufre de agorafobia y que aparece más desatado.

Escena de 'Héroes'. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

Escena de ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

El Ministerio del Tiempo le ha dado a la televisión un prestigio  que había perdido”

Y hablando de series televisivas, Juan Gea piensa que “hay aciertos”, pero también “muchas series de consumo rápido”. En todo caso, El Ministerio del Tiempo cree que le ha dado a la televisión “un prestigio que había perdido”. Y puestos a recordar (de nuevo el recuerdo a la palestra), trae a colación Farmacia de guardia, la serie que triunfó en los 90, y que da pie a extraer como conclusión del éxito en televisión una mezcla de “azar y por supuesto calidad”. Eso sí, apunta que estamos “entre la forma antigua de ver televisión y la de ahora a través de Internet”, donde por cierto ha triunfado sobradamente El Ministerio

Escena de 'Héroes', de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

Escena de ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

“Deseo que vuelva RTVV pero sin intereses políticos de por medio y mejor gestionada”

De su paso por L’Alqueria Blanca, la popular serie de la extinta Canal 9, recuerda igualmente “la ilusión de todo el equipo por sacarla adelante”, al tiempo que desea la vuelta de RTVV, “pero sin intereses políticos de por medio y con una mejor gestión”. Gestión para la que reconoce no estar él especialmente dotado, a pesar de haber trabajado durante 12 años en una caja de ahorros de Valencia. “Sí, aquello lo deje, a pesar de la seguridad de por vida que me daba ese trabajo, porque el teatro siempre me había atraído”. De manera que un buen día “aparecieron Miguel Narros y Miguel Ángel Conejero, me presenté a unas pruebas y ya no pude dejarlo”. Pidió cuatro de excedencia en el banco y hasta hoy. “Llegué a tener sueños de que me asomaba a un balcón y me caía”, por el vértigo de haber dejado aquel trabajo, pero ahora “te acostumbras a la seguridad de la inseguridad”.

Como actor tiene claro que resulta esencial dejarse penetrar por el personaje, sin que el yo lo obstaculice. “Hay que vencer las defensas y abrirse absolutamente a todo, que es lo que hemos hecho los tres en Héroes, ponernos a jugar como niños”. Y es que Juan Gea reconoce que, ya sea en la piel de Ernesto o ahora en la de Gustave, “a mí disfrazarme me encanta”.

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Juan Gea, en el medio, junto a Iñaki Miramón (izda) y Luis Varela en 'Héroes'. Teatro Olympia de Valencia.

Juan Gea, en el medio, junto a Iñaki Miramón (izda) y Luis Varela en ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia de Valencia.

Salva Torres

Bunbury y sus 30 años de carrera ‘heroicos’

Plaza de Toros de Valencia
Jueves 1 de septiembre de 2016

Enrique Bunbury ha mutado. Y ha mutado no sólo porque su gira se llame Mutaciones Tour, sino porque ha conseguido pasar página y naturalizar sus canciones de Héroes dentro de su cancionero en directo. Es como si una pequeña porción de la banda aragonesa se materializara en forma corpórea en cada nueva actuación. La última vez que asistí a un concierto de Enrique, Kike para los amigos, venía acompañado de sus jinetes heroicos. Era el 2007 y la crisis todavía no nos había golpeado de un modo tan cruel como hiciera poco después, parecía como si con ese concierto y su correspondiente atasco de 17 km, se fueran apagando las luces de neón que nos iluminaban el camino de oropel. Como el final de una era de macroconciertos y de espectáculos masivos.

Enrique regresaba a Valencia con un buen puñado de sus canciones más emblemáticas, esas que han marcado su carrera en solitario y con Héroes. Es el momento de echar la vista atrás, de recoger lo sembrado y volver a servirlo en otros platos, con otros aderezos, con otros sabores. Me sorprendió ver una plaza de toros algo desangelada, no parecía existir ese rumor de ilusión y algo de fanatismo entre su público, sino más bien reverencia y tranquilidad. La organización nos comentó que tuvieron una asistencia de 5.600 personas, una cifra nada desdeñable para esta ciudad.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Unos minutos después de las 22.00 horas saltaron a las tablas Ramón García, Álvaro Suite, Jorge Rebenaque, Jordi Mena (soberbio en todo el concierto), Quino Béjar y Robert Castellanos. Y detrás de ellos la estrella de la noche, estrella con gafas de aviador, chupa y pantalones de cuero, toda una estrella del rock. ‘Iberia Sumergida’ sonó algo fría, descafeinada en su composición y en la garra que el tema precisa, es cierto que Bunbury ha creado nuevos arreglos para sus temas con Héroes, pero aquella falta de fuelle, de gasolina explotando, me dejó algo descolocado. La gente no reaccionó de un modo entusiasta, sino más bien entretenido. Expectante por lo que podía venir después.

‘Club de los Imposibles’ tuvo mejor acogida, se notaba desde el segundo uno que la gente que había en la Plaza había venido a ver esa segunda etapa de Enrique y no tanto sus primeros años. Al terminar el tema la luz se fue y dejó fuera de onda al cantante que no sabía qué hacer, fueron unos minutos para corear su nombre, comprar algo de bebida y comentar el inicio del bolo. Enrique estaba algo distante, de hecho estuvo distante en la mayoría del concierto, poco asertivo con su banda, poco comunicador con el público y tejiendo un setlist que nos hacía ir de lo más “fuerte” a lo más suave canción tras canción.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

‘Sirena Varada’ fue increíble, más por la letra que la música, pero el público no reaccionó tan efusivamente como cabía esperar. ¿En qué momento saltaría la chispa del concierto, esa que detona la emoción por parte de la gente y los músicos? Muy aplaudida fue ‘Que tengas suertecita’ y ‘Alicia’, un tema que no solía tocar en sus directos, pero que está tan enraizada en el colectivo sentimiento de desvinculación de una etapa y la entrada en otra, que suena a punto de inflexión, es la canción por la que muchos se engancharon al zaragozano y por la que muchos lo abandonaron, quizás regresando más adelante.

‘Radical Sonora’ es el álbum que rompió un ciclo y comenzó otro, la que lo alejó del rock y lo acercó a buscar en su interior qué quería hacer, no es el disco que lo consolidó, ni mucho menos, pero fue el que abrió una puerta hacía el alma de Enrique, ese alma que ha intentado mostrar en cada trabajo. Sin ‘Radical..’ no hubiera llegado nunca esa joya llamada ‘Flamingos’.

Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

‘El Extranjero’ fue la que prendió la mecha, la que inundó de felicidad a la gente, la que nos levantó a todos. Sonó igual que en el original, no la había hecho mutar, y eso, personalmente, creo que se agradece. ‘Maldito Duende’ sonó extraña pero genial, el público se creció, quizás azuzado por la canción precedente. Sea como fuere, fue la primera de su etapa primigenia que despertó las gargantas del respetable.

Enrique se bajó al foso y cantó la canción con el público, con su público, en el primer y último momento que se le vio cercano. La banda se marcha y nos quedamos con ganas de algún bis potente, ya que el concierto estaba siendo un ir y venir de auténticos clásicos. ‘La Chispa Adecuada’ es otra de las perlas que tenían reservadas y que contagiaban energía y pasión entre la gente. El segundo bis fue flojo, algo soporífero, no porque estuviera mal, que sin duda no lo estaba, sino por la caña que nos había dado en todo el concierto y el empecinamiento en terminar de un modo tan relajado. Terminamos con ‘Y al final’, y con una despedida al nivel de lo presenciado, algo distante.

Enrique Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Enrique Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Enrique se fue y dejó a su grupo solo para despedirse, ellos hicieron piña y se amontonaron en el centro del escenario para dedicarnos una despedida entre aplausos. Enrique no salió más, tal vez dándoles ese punto de importancia a sus músicos, dejándoles paladear ese instante de fervor y de comunión. Es una lástima ver cómo los temas de su época con Héroes no acaban en encajar en el conjunto de su setlist, no porque sean malos (¿cómo van a ser malas las canciones de Héroes?) sino porque parece que no acaban de gustar a su público, o al menos no terminan de ser parte del bagaje musical de su segunda etapa.

Bajarle las revoluciones a ‘Iberia…’ o a ‘Avalancha’ puede despojarlas de su verdadero atractivo. No tuvieron el impacto deseado, quizás porque habían perdido el corazón y el rock o porque tantos cambios no gustan en verdaderos clásicos. El concierto tuvo un nivel muy alto y Enrique demostró que su estado de forma, tanto vocal como físico, es inmejorable, además de hacernos entender que esto del rock es un gran circo donde sin la parte de espectáculo se pierde una pata. Esperemos que vuelva pronto a la ciudad de Valencia y que siga apostando por el rock & roll.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Javier Caro

 

Lazarillo, ejemplo de supervivencia

Lazarillo, de Iria Márquez y Chema Cardeña, a partir de la obra anónima Lazarillo de Tormes
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 31 de octubre (17.00h) y domingo 1 de noviembre (12.30), 2015

Hay quien se empeña en clasificar las cosas y quien prefiere saltarse las barreras. La programación de esta semana de Sala Russafa pasa por alto las etiquetas con el estreno de Lazarillo, una pieza que parte de El Lazarillo de Tormes, obra cumbre de la literatura del S.XVI, para crear un divertido espectáculo para niños.

Iria Márquez y Chema Cardeña son los autores de este texto que sigue la línea característica de la compañía valenciana Arden, revisitando  obras y personajes clásicos para darles una nueva vida. “En nuestras tres producciones familiares anteriores habíamos partido de cuentos clásicos universales para revisitarlos. Ahora hemos querido reivindicar una de las mejores obras de la literatura española que, además, tiene un peso en nuestra cultura importantísimo” remarca Cardeña, quien también dirige la pieza.

Lazarillo, de Chema Cardeña e Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Lazarillo, de Chema Cardeña e Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La obra original representa una infancia en pleno S.XVI, muy alejada de las situaciones que conocen los niños de hoy día, “pero también muy coincidente, en algunos aspectos. Hemos querido remarcar mensajes como la importancia de luchar por uno mismo, por salir adelante, porque hay muchos chavales que están viendo esto en casa cada día, mientras que en la televisión los héroes parecen ser quienes no hacen nada”, explica el coautor y director de la Lazarillo.

En su salto a las tablas, este clásico se adapta para los más pequeños en un curioso formato. En la versión libre que Arden estrena en Sala Russafa, los protagonistas son dos centenarias marionetas de un viejo teatrillo a las que dan vida los actores Omar Sánchez y J.R. Torres. Cuando descubren que su amo va a retirarlas, intentan remediarlo ensayando duramente una de las piezas que interpretan en su pequeño escenario, Lazarillo de Tormes.

Pero, por más que se esfuerzan y perfeccionan su interpretación, la cosa no mejora, ya que el problema está en el desinterés de los niños por el teatro y por ese tipo de historias. Así pues, el reto no sólo será que la función continúe, sino capturar al público con las andanzas de un joven sirviente que ha de sobrevivir al hambre y a las tretas de sus amos.

Manteniendo el sello de Arden, esta divertida pieza que estará en cartel este fin de semana y volverá en navidades, mezcla el texto original de la obra clásica con las nuevas aventuras de estos dos títeres de carne y hueso en un original montaje para espectadores a partir de 5 años que les acerca una obra y un género, la picaresca, que han marcado nuestra herencia cultural.

Alicia en Wonderland, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Alicia en Wonderland, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Alicia en Wonderland

Hasta el día 8 de noviembre, el centro cultural de Ruzafa mantiene en cartel Alicia en Wonderland, una ácida y muy libre versión para adultos del clásico de Lewis Carroll que cumple 150 años. En este caso, Chema Cardeña escribe y dirige esta comedia multidisciplinar en la que Alicia se presenta como una treintañera multititulada que intenta insertarse en la vida laboral.

La pieza cuenta con una espectacular puesta en escena que combina la interpretación con danza y música en directo, incluyendo versiones de Lou Reed, Bob Marley o The Rolling Stones, entre otros, a cargo de la Naipes Band. Las coreografías son del bailarín y Premio Max 2007 Toni Aparisi. Y un nutrido elenco formado por los propios Aparisi (a quien sustituye Miguel Machado en algunas funciones) y Cardeña,  Iria Márquez, Jaime Vicedo, José Doménech, Darío Torrent, Miryam Garcés, Juanjo Benavent y  Rosa López dan vida a particulares versiones del resto de famosos personajes de Carroll en un hábil retrato caricaturesco de nuestra sociedad y clase política.

Cartel de Lazarillo. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de Lazarillo. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Crepúsculo de un Rey

Final de partida, de Ana Romero
La Esfera de los Libros

Los reyes y los héroes siempre suscitan el interés del público. Y todavía más los antihéroes o los monarcas caídos a los pies de los caballos (o de un elefante). Este interés, equidistante entre el morbo y la legítima curiosidad por las figuras públicas, explica en parte el éxito de ‘Final de partida’, un libro de la veterana periodista Ana Romero escrito con conocimiento de causa y sin paños calientes que encabeza esta primavera las listas de best sellers.

La crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I es el subtítulo de este retrato doblemente real, más en oscuros que en claros, que va más allá de la figura del monarca para reflejar a los personajes de la alta política y sociedad que le jalearon las gracias y lo protegieron de la Prensa, hasta que ya no se pudo más y las costuras del cordón sanitario reventaron.

Portada del libro 'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros

Portada del libro ‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros

El título ‘Final de partida’ remite a una obra de Samuel Beckett, ambientada en un espacio claustrofóbico, en la que un personaje le dice al otro: ‘Será el fin y me preguntaré qué pudo ocasionarlo y me preguntaré por qué tardó tanto’.

Romero no se inventa nada, aunque en su relato a veces la realidad supera la ficción. Se basa en cinco años de trabajo, decenas de entrevistas a personajes clave en el entorno del monarca y su propia experiencia como corresponsal en la Casa Real. “En mayo de 2010 ocupé ese puesto en El Mundo y al principio pensé que iba a hacer crónica rosa, pero me equivocaba”, dice Romero. “Me vi inmersa en una vorágine donde la monarquía y la alta política se mezclaba con el mundo empresarial y el establishment español”.

Lento declive

El declive del Juan Carlos I no fue cosa de un día, sino un largo proceso en el que convergieron un cúmulo de circunstancias: problemas de salud, amores no tan secretos, el asunto Nóos, etcétera. “En 1992 y 1997 ya se produjeron sendos amagos de escándalo a causa de sus líos de faldas, con una mallorquina y con la actriz Bárbara Rey”, cuenta Romero. “Entonces los barones del sistema hicieron piña para proteger al rey con una especie de cordón sanitario que mantenía amordazada a la prensa”.

El 14 de abril de 2012 fue una fecha decisiva, el amanecer de un regio crepúsculo. “El asunto del elefante fue la gota que desbordó el vaso. Las redes sociales la emprendieron con los medios tradicionales españoles. A partir de la caída en Botsuana, la puerta se abrió de par en par y por ella entraron a borbotones todo tipo de noticias, incluidas las averías de los aviones oficiales, metáfora perfecta de la crisis institucional y personal que sufrió la monarquía. Ocurrió todo al mismo tiempo, y cuando peor venía a todos. ‘Se le marchitó el clavel’, me dijo con gran clarividencia una persona de su entorno”.

Paul Preston explica el declive real en la búsqueda a una edad tardía del ‘descanso del guerrero’. Otros testimonios recogidos por Romero señalan que ‘dejó de entender al país y pensó que se lo perdonarían todo’.

'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

En su libro, Romero cita a un amigo que lo quiere bien, quien compara el efecto de esta adulación con la «mala educación» que recibió su abuelo Alfonso XIII, mimado desde que nació hasta convertirse en un ser insoportable. La carta blanca que le concedió el sistema político, económico y social de la Transición le hizo relajar sus costumbres hasta niveles «inaceptables», según otro entrevistado.

Los acontecimientos se precipitaron en 2004. En febrero conoció a Corinna; en abril entró en prisión su amigo e intendente real, Manuel Prado, y en verano, el monarca hizo un préstamo-donación de más de un millón de euros a la infanta Cristina para que esta, junto a su marido, adquiriera el palacete de Pedralbes.

Campechano. Es  el epíteto que más se relaciona con Juan Carlos, el hombre que se impacientó con aquel ¡¿Por qué no te callas?! “Ese exabrupto lo retrata”, afirma Romero. “Es muy simpático pero sólo cuando él quiere. Tiene un gran olfato para los negocios y podría dar el tipo del típico comerciante levantino”.

Futuro de la monarquía

En cuanto al futuro de la institución en Europa y España, Ana Romero opina que «la monarquía está inmersa en un experimento que determinará si tiene o no lugar en una sociedad moderna».

“Si quiere sobrevivir deberá adaptar su origen arcaico a las exigencias de los nuevos tiempos y, sobre todo, que no se reproduzcan los esquemas infantiles e inmaduros que se han dado en el caso de Juan Carlos I. Mi libro pone en evidencia la necesidad de que exista un control sobre el trono y total transparencia. Creo que Felipe VI estará a la altura”.

¿Y Leticia? “Letizia todavía es una incógnita. De momento suscita sentimientos muy extremados de amor y odio, pero supongo que con el tiempo se irán equilibrando”.

Ana Romero (Cádiz, 1966) ha trabajado en Diario de Cádiz, Agencia EFE y El Mundo. Es autora de ‘Retratos del siglo XXI’ y ‘Carmen, Suárez y el Rey. El triángulo de la transición’. Ha sido corresponsal en Nueva York y Londres y ha vivido varios años en Abu Dabi por destino diplomático.

Ana Romero en la presentación de su libro 'Final de partida'. Imagen de Europa Press.

Ana Romero en la presentación de su libro ‘Final de partida’. Imagen de Europa Press.

Bel Carrasco

De Canfranc a Melilla

Volver a Canfranc, de Rosario Raro
Editorial Planeta
La reina del azúcar, de Dolores García
Editorial Versátil

Del norte de la Península al norte de África, de la Segunda Guerra Mundial a la Guerra de Marruecos. Las escritoras valencianas Rosario Raro y Dolores García viajan al pasado de estos lugares limítrofes y exóticos para relatar sendas historias de largo aliento sobre la capacidad de superación del ser humano. ‘Volver a Canfranc’, de Rosario Raro (Planeta) y ‘La reina del azúcar’ (Versátil), de Dolores García, relatos equidistantes entre la historia y la ficción. A  partir de un riguroso trabajo de documentación, su propia memoria y creatividad, las autoras construyen un universo propio plagado de personajes, emociones y conflictos.

Portada del libro 'Volver a Canfranc', de Dolores Raro. Cortesía de Planeta.

Portada del libro ‘Volver a Canfranc’, de Dolores Raro. Cortesía de Planeta.

Consagrada ya con varios títulos, Raro recuperar la gesta de un grupo de héroes que durante la Segunda Guerra Mundial arriesgaron sus vidas para ayudar a ciudadanos judíos a escapar de los nazis a través de la estación Internacional de Cafranc.

“La primera vez que vi una imagen de la estación de Canfranc fue en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados”, dice Raro. “El paso por ferrocarril a Francia a través del centro de los Pirineos está cerrado, a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela”.

Rosario Raro, autora de 'Volver a Canfranc'. Cortesía de Planeta.

Rosario Raro, autora de ‘Volver a Canfranc’. Cortesía de Planeta.

Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro. “Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Los protagonistas cambian mucho a lo largo de estas páginas pero no tanto como para desconocerse. Mi intención es que cobraran vida  y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia”.

Volver a Canfranc ha sido un éxito de la temporada, en apenas dos semanas se agotó la primera edición de 15.000.  “Se debe en parte a que la editorial le ha dado mucha visibilidad pero también al relato en sí”, indica Raro. “No es sólo una novela histórica y bélica sino también de espionaje y policiaca. También tiene mucho de misterio, de viajes, de aventura y claro,  de amor”.

Dolores García, autora de 'La reina del azúcar'. Cortesía de Versátil.

Dolores García, autora de ‘La reina del azúcar’. Cortesía de Versátil.

Melilla Modernista

Dolores García nació en Melilla, aunque vive desde los nueve años en Valencia. Con ‘La reina del azúcar’  centrada en la vida de Inés Belmonte, una mujer fuera de serie adelantada a su tiempo,   rinde homenaje a su ciudad natal.  “He querido dar a conocer su  belleza como segunda ciudad con mayor patrimonio de edificios modernistas del mundo tras Barcelona, y la trascendencia histórica que tuvo en nuestra historia reciente”, dice García. “También relatar acontecimientos muy poco conocidos de principios de siglo XX  de los que aún estamos pagando las consecuencias”.

Eligió el principio del siglo XX, “una época fascinante, pues al tiempo que se construye una ciudad de bellos edificios modernistas, también se crearon a velocidad de vértigo barrios populares para alojar a las gentes llegadas desde la Península huyendo de los conflictos sociales y de la miseria”.

Portada del libro 'La reina del azúcar', de Dolores García. Cortesía de Versátil.

Portada del libro ‘La reina del azúcar’, de Dolores García. Cortesía de Versátil.

La novela describe el mundo de la burguesía,  en su mayoría de origen sefardí, en busca nuevas diversiones y entretenimientos y  la lucha sorda que se libraba entre las potencias mundiales por sus intereses en aquella zona. “Una tensión que terminó empujando al Ejército español a participar en acciones que tendrán más que ver con oscuros intereses mineros que con los de la nación, siendo ellos las primeras víctimas de la política gubernamental e internacional”.

Dolores García recreó los personajes que pueblan su libro  a partir de la infinidad de historias que ha escuchado a lo largo de su vida. “Historias de mi propia familia y parientes cercanos. Con esa base real creé a una corte de personajes en torno a Inés Belmonte, una mujer de carácter que se convierte  en la industrial más poderosa de la ciudad”, concluye García.

Bel Carrasco

Alô alô mundo! Cine marginal brasileño

Alô alô mundo! Cines de invención en la generación 68
Comisarios del ciclo: Marc Martínez y Paola Marugán
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 14 de abril al 14 de junio de 2015

Dice Marc Martínez, junto a Paola Marugán, comisario de ‘Alô alô mundo!’, que se trata de un ciclo de películas “nada cómodo”. Y lo remacha: “Es cine marginal”. Lo dijo en la presentación del ciclo que la Filmoteca de Valencia programa hasta el 14 de junio. Presentación que vino acompañada de los films ‘Zona zul’, (1972) de Henrique Faulhaber, y ‘A conexao brasileira, a luta pela democracia’ (1982-83), de Helena Solberg. Películas que, dadas las condiciones en que fueron rodadas (censura y momento de invención de nuevas formas), convierten el ciclo en una travesía llena de altibajos por el cine experimental brasileño.

Fotograma de 'Zona zul', de Henrique Faulhaber, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Zona zul’, de Henrique Faulhaber, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Cinemas de invençao na geraçao 68, tal es el subtítulo del ciclo, recoge películas realizadas durante los años en que Brasil, como España, se hallaba a merced de la dictadura y de los movimientos clandestinos que luchaban, con más o menos fortuna, por encontrar vías de escape al exigente yugo político. De hecho, tal y como recordó Marc Martínez, ‘Alô alô mundo!’ fue la proclama lanzada por el cineasta Glauber Rocha contra el imperialismo significado en torno al cine de Hollywood.

Fotograma de 'Copacabana, mon amour', de Rogério Sganzerla, en el ciclo 'Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla, en el ciclo ‘Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Martínez, siguiendo a Jairo Ferreira, prefiere la denominación Cinema de Invençao al de Cinema Marginal, por aquello de que el grupo de cineastas que recoge el ciclo “asumió el riesgo de la invención, pagando el precio de la censura y la marginación”. Invención y marginación parecen, pues, ir de la mano, de ahí la calificación de héroes para todos ellos atribuida por el comisario del ciclo: “Utilizaban esa precariedad como motivo a la hora de realizar sus películas”. Películas que, salvo ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla (con todos los matices que se quiera) y las relacionadas con Glauber Rocha, el director más conocido, resultan desconocidas.

Fotograma de 'A idade da Terra', de Glauber Rocha, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘A idade da Terra’, de Glauber Rocha, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

El listado lo dice todo. ‘Hitler terceiro mundo’ (1968), de José Agrippino de Paula. ‘Viagem ao fim do mundo’ (1968), de Fernando Cony. ‘Manha cinzenta’ (1969), de Olney Sao Paulo. ‘Sem essa, Aranha’ (1970), de Rogério Sganzerla. ‘Mangue-Bangue’ (1971), de Neville D’Almeida. Agripina é Roma-Manhattan (1972), de Hélio Oiticica. ‘A idade da Terra’ (1975), de Glauber Rocha. Entre otras.

De ahí el mérito de ‘Alô alô mundo!’: “Es el rescate de un material histórico”, subraya Martínez. El proyecto nace, según sus comisarios, “del interés en dar visibilidad a un conjunto de prácticas filmográficas, desarrolladas desde finales de los años sesenta hasta la década de los ochenta, para hacernos reflexionar sobre las formas en que ese legado extiende sus efectos y activa nuestro presente”. También nace con la pretensión de “revelar las tensiones, los contagios y los conflictos de una generación de artistas, que desarticuló las formas establecidas de pensar el lenguaje cinematográfico tradicional”.

Fotograma de 'Agripina e Roma-Manhattan'.

Fotograma de ‘Agripina é Roma-Manhattan’, de Hélio Oiticica, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Salva Torres

«La vejez es un retorno de la adolescencia»

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Valencia se rinde a David Bowie

‘Lyrics and Visions’, homenaje a David Bowie
Espacio 40 y L’ArTería
C / Puerto, 40 y Conde Altea, 5. Valencia
Hasta finales de octubre

Mick Jagger, otro que tal, dijo de Bowie algo que definía a las mil maravillas su camaleónica personalidad: “Si te ve un modelo nuevo de zapatos, al día siguiente los tiene. Todos creen que es un descubrimiento suyo”. En eso consistía la habilidad del cantante británico al que Valencia rinde tributo con sendas exposiciones y un majestuoso concierto: en ser original, copiando.

Es lo que hacen, a su vez, Roberto Herraiz (de Bob Producciones), José Luis Macías y Salva Ortiz: tomar prestada la música de David Bowie para montar dos originales exposiciones en Espacio 40 y L’ArTería, bajo el título de ‘Lyrics and Visions’, y un concierto en Jerusalem Club (17 de octubre) con 30 intérpretes venidos de acá y acullá para que resuenen, entre otras, Life on Mars, Starman o Ziggy Stardust.

Detalle de la obra de Carlos Michel Fuentes para la exposición 'Lyrics and Visions'. Imagen cortesía de Espacio 40.

Detalle de la obra de Carlos Michel Fuentes para la exposición ‘Lyrics and Visions’. Imagen cortesía de Espacio 40.

Artistas como Antonio Barroso, Rafa de Corral, Ramón Espacio, Carmen García Gordillo, Paloma Hervás, Carmen Ibarra, Ana Karina Lema o Claudio Zirotti, hasta un total de 16, han pintado obras escuchando cada cual temas del amplio repertorio de David Bowie. Los coordinadores del Tributo a Bowie en Valencia les adjudicaron una canción y ellos se dejaron llevar del sonido glam rock con el que se acuñó la música de aquellos años 70 abrumadores y rupturistas.

'Ziggy Stardust', de Ramón Espacio para la exposición 'Lyrics and Visions'. Imagen cortesía de Espacio 40.

‘Ziggy Stardust’, de Ramón Espacio para la exposición ‘Lyrics and Visions’. Imagen cortesía de Espacio 40.

La ruptura procedió del carácter camaleónico que definió al propio Bowie y al ‘Rock and roll suicide’ del que se nutrió. “El ‘rock’ pasa por representar la actualidad, pero usa siempre referencias y emociones de unos cuantos años antes”. Dicho y hecho. David Robert Jones (Londres, 1947) fue cambiando de envoltorio personal y escénico para representar como nadie esa originalidad a partir de sucesivas copias. Ahora que celebra sus 50 años de carrera con un disco que saldrá a la venta el 17 de noviembre, ‘Nothing has changed’ (Nada ha cambiado), Valencia le rinde homenaje al gran camaleón británico.

'Starman' de Cristina Navarro para la exposición 'Lyrics and Visions'. Imagen cortesía de Espacio 40.

‘Starman’ de Cristina Navarro para la exposición ‘Lyrics and Visions’. Imagen cortesía de Espacio 40.

“Imita y lo mejora, por eso es un artista tan grande”, destaca José Luis Macías que, junto a Salva Ortiz, aclara que la salida de ese último disco y las fechas del tributo, todo ello los días 17, de septiembre, en el caso de las exposiciones, y de octubre, en el caso del concierto, “ha sido pura coincidencia”. Y ahí lo dejan, para los amantes de las casualidades astrales. A ellos lo único que les importa es mostrar la grandeza artística de Bowie, ya sea como cantante, actor, productor, artista, modelo e icono ¿bisexual? del perturbador glam rock.

'Space Oddity' de Claudio Zirotti para la exposición 'Lyrics and Visions'. Imagen cortesía de Espacio 40.

‘Space Oddity’ de Claudio Zirotti para la exposición ‘Lyrics and Visions’. Imagen cortesía de Espacio 40.

Para el concierto en la Sala Jerusalén, los organizadores del evento han recurrido a una pléyade de músicos que tienen a Bowie en los altares. Algunos vendrán ex profeso desde Inglaterra; otros se reunirán en Valencia procedentes de otras ciudades españolas o diferentes puntos de la Comunidad Valenciana. Todos dispuestos a dejarse la piel que el propio Bowie mudaba en cada disco o concierto. Steve Hovington, de B-Movie, Carol McCloskey (Double Vision) y John Alexander (Megaphone ou la Mort) encabezan el reparto de un concierto que repasará 30 canciones del autor de Space Oddity con otros tantos artistas reunidos para tan magna ocasión.

'Ashes to ashes' de Carmen García Gordillo para la exposición 'Lyrics and Visions'. Imagen cortesía de Espacio 40.

‘Ashes to ashes’ de Carmen García Gordillo para la exposición ‘Lyrics and Visions’. Imagen cortesía de Espacio 40.

La letra de uno de esos temas rememorados, ‘Heroes’, del que Antonio Barroso se ocupa en su ‘Serie Hardcore’, lo dice casi todo: “Podemos golpearles sólo por un día. Podemos ser héroes sólo por un día”. Los héroes que se hacen cargo del Tributo a Bowie en Valencia extienden los golpes del camaleón británico desde ya mismo hasta prácticamente finales de octubre. La ambigua y alargada sombra de David Bowie da para mucho.

Obra de Doña Bárbara para la exposición 'Lyrics and Visions' que se exhibe en Espacio 40 y l'Arteria. Imagen cortesía de Espacio 40.

Detalle de la bra de Doña Bárbara para la exposición ‘Lyrics and Visions’ que se exhibe en Espacio 40 y L’ArTeria. Imagen cortesía de Espacio 40.

Salva Torres

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. La autoridad banal

Rogelio López Cuenca / Elo Vega
Efigies y fantasmas
Museo de Huelva
Inauguración: 3 de mayo
Hasta el 26 de mayo de 2013

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento al fútbol. Imagen por cortesía de los artistas

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento al fútbol. Imagen por cortesía de los artistas

Efigies y fantasmas es un proyecto de Elo Vega y Rogelio López Cuenca, realizado  con motivo de la Beca Daniel Vázquez Díaz (Diputación de Huelva) en su edición de 2011.

El proyecto, partiendo del rol del monumento como dispositivo de control social, recuerdo encubridor que opera dentro de una estrategia general de solapamiento y camuflaje de los conflictos sociales -velados por una imagen idealizada que intenta hacer pasar por beneficios colectivos y generales los intereses de los grupos dominante-, propone una cartografía alternativa, mediante la que rastrea, tras la fachada de la ciudad banal, las huellas de la ciudad inconsciente, realizando una especie de psicoanálisis colectivo de la conciencia grupal partiendo de las singulares características de la iconografía monumental de la ciudad de Huelva. 
El resultado –la edición de un libro-guía de los monumentos de la ciudad y el despliegue de un ejemplo de deriva por la misma en forma de exposición- se vertebra como un discurso poliédrico, compuesto de palabras y de imágenes, un collage de voces y de miradas sobre un territorio en el que destaca lo anacrónico del predominio de estéticas pasatistas, del heroico repertorio temático, de la vinculación a la iglesia católica de la mayoría de los personajes representados en los monumentos de la ciudad, de la descomunal desproporción, entre el número de mujeres y varones “homenajeados” y, en resumen, de la persistencia de una concepción patriarcal de la sociedad y su historia, basada en singulares hazañas y héroes que imponen y reafirman un discurso sexista, racista y clasista con la solemnidad en que se asienta su autoridad, sobre el silencio de aquello que excluyen.

Efigies y fantasmas es un poema circulatorio, un recorrido aleatorio a partir de una serie de imágenes destacadas de la iconografía pública de la ciudad de Huelva, una propuesta de relectura crítica de nuestro imaginario colectivo. 

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento al Rocío. Imagen por cortesía de los artistas

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento al Rocío. Imagen por cortesía de los artistas

 
Elo Vega y Rogelio López Cuenca colaboran en proyectos de investigación y creación, -trabajos artísticos que son al mismo tiempo dispositivos de crítica de la cultura como instrumento político- mediante producciones audiovisuales, exposiciones, publicaciones, intervenciones en espacios públicos y trabajos en la red, que abordan los procesos de generación y reproducción de ideología y la construcción de las identidades.
 
Han trabajado conjuntamente en diversos proyectos como:
 

Valparaíso White NoiseValparaíso, Chile, 2012; Surviving PicassoMálaga, 2012. Saharawhy.net, CAAM. Las Palmas, 2011. Mapademexico.org. México D.F. 2011.“Historia de dos ciudades” en ATOPIA. Arte y ciudad en el siglo XXI, CCCB. Barcelona,2010 Gitanos de papel, Jerez de la Frontera, 2009, y Bienal de Arte Paiz, La Antigua, Guatemala, 2012, Walls, para Geografías del Desorden, Universidad de Valencia, Cabildo de Fuerteventura y Centro de Historia (Zaragoza). 2007. 

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento a Colón. Imagen por cortesía de los artistas

Rogelio López Cuenca / Elo Vega. Monumento a Colón. Imagen por cortesía de los artistas

Héroes grotescos con una visión decadente de la vida

Héroes, superhéroes y ganas de vomitar
Yani Alonso

Twin Gallery
Calle San Hermenegildo 28, Madrid
Inauguración 5 de abril de 19,00 a 21,30 h
Del 5 de abril al 3 de mayo de 2013

 

Esta primera serie de superhéroes es la evolución de un concepto que el artista almeriense lleva desarrollando los últimos 8 años: Game Over. La idea de que “el juego ha acabado” es una reflexión sobre la vida, de cómo desde pequeños nos vemos influenciados de una forma subliminal o intencionada, y de cómo cuando crecemos vemos que formamos parte de ese juego. Un ejemplo que propone son las marcas, que irrumpen en nuestra vida con su presencia en nuestros momentos de felicidad, presentes en nuestros más preciados recuerdos.

“¿Cómo no vas a amar la Coca-Cola si está presente en cada fotografía de cumpleaños? ¿Y la Nocilla o el Nesquik? ¿Cómo no vamos a amar las marcas si se meten en nuestros recuerdos más bonitos?”, reflexiona el artista. Así, Game Over parte de esa idea, del antagonismo amor/odio: “creces, maduras y con el tiempo te enteras de que muchas de las cosas que amabas son una basura: tu familia, antes una fortaleza inexpugnable, se convierte en un castillo de naipes, y Coca-Cola, Nestlé, etc., son multinacionales que arrasan el planeta. Pero lo peor de todo es que dentro de ti hay una parte que las sigue queriendo.

La estética bizarra, grotesca, la búsqueda del absurdo, el surrealismo… mis obras giran en torno a lo mismo, por un lado retrato a personajes horribles, porque somos una especie horrible, pero por otro lado esos personajes decadentes anacrónicos son bellos y los quiero. La cuestión es que el juego ha acabado, y que yo no quiero jugar, por eso repito las frases –NO JUEGO, I DON´T PLAY, CIUDAD PARAÍSO, GAME OVER– porque la idea es siempre la misma: tenemos un regalo que es nuestra propia vida pero nos dedicamos constantemente a estropearnos el plan”, concluye Yani Alonso.

Yani Alonso, Pobre de Mi Fa Sol. Imagen cedida por  Twin Gallery.