Seis cortos valencianos preseleccionados a los Goya

Academia de Cine
Cortos valencianos preseleccionados a los Goya
31 de octubre de 2017

Seis cortometrajes valencianos han sido preseleccionados por la Academia de Cine para participar en las nominaciones de las tres categorías de cortometraje de los premios Goya. Dentro de la categoría de ficción ha sido preseleccionado ‘Un lugar’, dirigido y producido por Iván Fernández de Córdoba, mientras que en la de documental lo ha sido  ‘The Fourth Kingdom’, dirigido por Adán Aliaga y Álex Lora y producido por Isa Feliu y Miguel Molina.

Impromptu. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Impromptu, de María Lorenzo. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

En la categoría de animación, han sido preseleccionados ‘Colores’, dirigido por Sami Natsheh y Arly Jones y producido por José Antonio Saura; ‘El ermitaño’, dirigido por Raúl Díez y producido por Daniel Díez y Raúl Díez; ‘Impromptu’, dirigido por María Lorenzo y producido por Enrique Millán, y ‘The Neverending Wall’, dirigido por Silvia Carpizo y producido por Chelo Loureiro.

The neverending wall. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

The neverending wall, de Silvia Carpizo. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

‘The Fourth Kingdom’ y ‘The Neverending Wall’ forman parte del catálogo Curts 2017, con el que el Institut Valencià de Cultura promociona anualmente el cortometraje valenciano en festivales y en los mercados internacionales del audiovisual. ‘The Neverending Wall’, ‘Impromptu’ y ‘El ermitaño’ cuentan con las ayudas a la producción que convoca anualmente el Institut Valencià de Cultura dentro de la categoría de cortometrajes.

El director del Institut Valencià de Cultura, Abel Guarinos, ha señalado que “es una buena noticia para el sector del audiovisual valenciano que seis cortometrajes hayan sido preseleccionados para los Goya y que la presencia del cortometraje valenciano sea tan significativa en esta edición. El Institut Valencià de Cultura se siente muy satisfecho de que tres de los cortometrajes cuenten con las ayudas a la producción que convocamos anualmente y que dos de las producciones figuren en el catálogo Curts 2017 de promoción del cortometraje valenciano”.

Colores. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

Colores, de Sami Natsheh y Arli Jones. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

La Academia de Cine ha seleccionado 35 cortometrajes para competir en la trigésimo segunda edición de los Premios Goya en las tres categorías de animación, documental y ficción. El porcentaje de cortometrajes valencianos preseleccionados en esta edición alcanza el 17% del total. En el apartado de animación el porcentaje es incluso más alto y alcanza el 40%, puesto que cuatro de los diez cortometrajes preseleccionados son valencianos.

Una comisión de la Junta Directiva de la Academia de Cine ha seleccionado diez títulos por animación, diez en el apartado de documental y quince en la categoría de ficción. Estos cortometrajes podrán ser votados en las próximas semanas por todas las autoridades académicas para decidir los que finalmente optarán a los premios Goya.

Un lugar. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Un lugar, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Radio City proyectará 70 cortometrajes

XVII Festival Internacional de Cortometrajes Radio City
Radio City
C / Santa Teresa, 19. Valencia
Del 5 al 30 de mayo de 2017

Radio City reeditará este mes de mayo su compromiso con la cinematografía internacional, nacional y local de pequeño formato con la XVII edición de su Festival Internacional de Cortometrajes que mostrará, entre otros, los ganadores de los últimos Goya al mejor corto de animación y ficción con ‘Decorado’ de Alberto Vázquez y ‘Timecode’ de Juanjo Jiménez, candidato también al Oscar este año.

México, Francia, Italia, Argentina, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos son algunos de los países de procedencia del alrededor de 500 propuestas cinematográficas recibidas este año y de los 70 cortometrajes que finalmente protagonizarán las veladas cinematográficas de Radio City, que también proyectarán filmes de factura nacional, como ‘Las reglas del subjuntivo’ de Leticia Torres, ‘Visión de futuro’ de Borja Echevarría y ‘Tiger’ de Aïna Clotet.

Fotograma de 'Tiger', de Aina Clotet. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de ‘Tiger’, de Aina Clotet. Imagen cortesía de Radio City.

Con géneros que abarcan desde el drama, a la comedia, al cine de terror e incluso la video danza, ya sea en formato de ficción o documental, la propuesta de esta XVII edición del festival presenta un mosaico diverso de temáticas y refuerza en esta ocasión su cariz social y los valores que transmiten estos filmes con entidad propia, que sólo se diferencian de su hermano mayor, el largometraje, en su duración.

“El cortometraje es un formato cinematográfico. La calidad de la obra nada tiene que ver con su duración. La única diferencia con las “películas” que estamos acostumbrados a ver es sencillamente su metraje. Hay quien piensa que el cortometraje es un paso previo del largometraje, pero no tiene por qué ser así. Hay historias que necesariamente deben ser contadas en menos de 30 minutos”, asegura Luis Padilla, director del festival de cortometrajes decano de la ciudad de Valencia.

Este festival, organizado por el local más emblemático del barrio del Carmen, mantiene un año más su carácter gratuito y repite como trampolín de los Goya, ya que muchos de los cortos premiados en ediciones anteriores han sido nominados posteriormente en la gran fiesta del cine español, como es el caso de ‘La Alfombra Roja’ (2014), ‘El vendedor de humo’ (2013), ‘El ataque de los robots nebulosa’ (2009) y ‘Equipajes’ (2007).

Fotograma de 'Time to pay off debts', de Conrad Mess. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de ‘Time to pay off debts’, de Conrad Mess. Imagen cortesía de Radio City.

En concreto, ‘Timecode’ inició su andadura de éxito en el pasado Festival de Cannes, que le concedió la Palma de Oro al mejor cortometraje y, posteriormente, siguió sumando premios en otros certámenes internacionales en Sarajevo, Melbourne, el Cairo, Helsinki y Londres.

“Vivimos una época prolífica en cuanto al número y a la calidad de los cortometrajes, en parte por el abaratamiento de los equipos de filmación y producción, cada vez más avanzados, y porque la creatividad es cada vez mayor. Hay muchas ganas de contar cosas. Cada año, y ya llevamos 17, vemos cómo mejora la calidad de las obras”, sostiene Padilla.

El 5 de mayo tendrá lugar la inauguración oficial de este festival, que organizará sus sesiones cinéfilas todos los lunes y martes del mes de mayo, siempre a las 8 de la tarde en el local de Radio City. El viernes 19 y el sábado 20 se programarán visionados especiales dedicados al corto valenciano.

“Es un placer y un reto seguir organizando un festival, que el año que viene alcanzará la mayoría de edad. Uno de los desafíos que se nos presenta es llegar con su difusión a todos los cortometrajistas del panorama internacional.  La labor de selección que requiere muchísima inversión de tiempo por parte de todo el equipo. Con el volumen y diversidad de producciones que recibimos, elegir las obras apropiadas para la sección oficial se convierte en todo un reto. Y por supuesto, otorgar los premios. Contamos con un jurado involucrado y con colaboradores que también conceden galardones. Aunque el desafío principal, si cabe, es que las obras se proyecten y lleguen a la mayor cantidad de público posible. Por ello, este año y gracias los cines ABC Park, los cortometrajes ganadores se podrán ver en sus salas. Próximamente anunciaremos las fechas”, señala Luis Padilla.

Fotograma de 'Tomato Fields Forever', de Jaime García. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de ‘Tomato Fields Forever’, de Jaime García. Imagen cortesía de Radio City.

En esta XVII edición, el jurado del Festival Internacional de Cortos de Radio City estará integrado por la directora del Festival de Mediometrajes La Cabina, Sara Mansanet; el CEO de Entropía, Inteligencia Creativa Estratégica, Panxo Barrera; el productor de Dacsa Produccions, Xavier Crespo; y el productor de Filmeu, Cristian Guijarro. Serán los encargados de decidir el ganador del primer premio dotado con 1.000 €, del premio especial del jurado y del premio al mejor corto de animación.

Musimatge otorgará el premio a la mejor Banda Sonora Original (dotado con suscripción gratuita a la asociación durante un año). Entropía, Inteligencia Creativa Estratégica entregará el premio a la creatividad e innovación (valorado en 500 € en cursos de creatividad e imaginación aplicada). Los galardones del festival incluyen también el Premio Escuela Mastermedia (valorado en 400 € en formación) y el Premio Films On The Road (valorado en 300 € en distribución). Francesc Fenollosa de Tirant Avant decidirá el premio al mejor cortometraje valenciano.

Fotograma de 'Timecode', de Juanjo Giménez. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de ‘Timecode’, de Juanjo Giménez. Imagen cortesía de Radio City.

Cristina Ramírez, de la galería del Tossal al Botánico

Cristina Ramírez Bueno
Ganadora de la II edición del Premio de Dibujo DKV-MAKMA

Cristina Ramírez Bueno (Toledo, 1981) es licenciada en Historia del Arte (2005) por la Universidad Complutense de Madrid y Bellas Artes (2010) por la Universidad de Granada, ciudad esta última en la que reside actualmente. Conoció el premio DKV-MAKMA en la convocatoria del año anterior (2015), pero en dicha ocasión no pudo presentarse.

No es difícil de entender, puesto que la propia convocatoria puede que no encaje en determinados momentos de la trayectoria de un artista, e incluso en otros casos, las bases del premio actúen como filtro disuasorio para quien busca la suerte rápida en las artes. En sentido contrario, las mismas bases han resultado ser atractivas para otros artistas que muestran recursos de adaptabilidad y no escatiman tiempo, dedicación, talento, recursos técnicos, y atrevimiento suficiente para salir del encorsetado estigma de dibujar únicamente en condiciones de plena libertad temática.

Cristina Ramírez en el Barrio del Carmen (Valencia)

Cristina Ramírez en el Barrio del Carmen (Valencia).

Lo definiría Goya de manera muy personal: “La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”.

Deseos que ya en los inicios de la expresión artística se funden con la acción de dibujar relatos y la de relatar con dibujos. Son las primeras pinturas rupestres, y en este sentido, además de Altamira, destacan otros ejemplos, como las barcas y figuras humanas sobre piedras de Bohuslän (Suecia) que representan algún mito, combate o danza de la Edad del Bronce.

El trabajo de Cristina Ramírez pone de manifiesto la idea de la atemporalidad, la reflexión de que ya hubo un “antes de”. Argumentos no le faltan, pues ya el pintor paleolítico exploró cada superficie y cada pigmento para que sus expresiones gráficas perduraran.  Para ello, utilizó varias técnicas, el rociado, el grabado, el estarcido, y por supuesto, el carboncillo. Inspeccionó cuevas y construyó andamios, y como testigo omnipresente, el fuego. Fuego para dar calor y lumbre, pero también para generar un clima que facilita la construcción de historias a su alrededor. Historias de tradición oral a las que el fuego  aporta el calor para que la creatividad popular fluya y sea plasmada gráficamente, pero también historias que piden paso cuando el fuego se apaga y tras ello se alimentan leyendas de tinieblas y dudas.

Apuntes para el proyecto "Negro Humo", de Cristina Ramírez que podrá verse a partir del 16 de diciembre en al Galería del Tossal (Valencia)

Apuntes para el proyecto “Negro Humo”, de Cristina Ramírez, que podrá verse a partir del 16 de diciembre en la Galería del Tossal (Valencia).

Es el punto de partida de ‘Negro Humo’, un proyecto que bucea en la génesis de la expresión gráfica, en lo que inspira la oscuridad y el miedo propiamente dichos como ingredientes notables para generar apólogos, gestas y todo tipo de fantasías populares. Un proyecto que ha supuesto a Cristina Ramírez llevarse el reconocimiento del jurado.

Además de visitar la Galería del Tossal (sala que acogerá su proyecto expositivo) y pasear por el Centro histórico, Cristina Ramírez aprovecha la visita a Valencia para disfrutar de uno de los espacios simbólicos de la ciudad: el Jardín Botánico.

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Cristina Ramírez en el Jardín Botánico (Valencia).

“El premio DKV-MAKMA es un certamen diferente”, confiesa Cristina. “La convocatoria tiene un grado plus de exigencia, está claro, pero para mí es muy abierto, da mucha libertad para trabajar y brinda la posibilidad de profundizar en la relación eterna entre lo gráfico y lo escrito, se le puede dar la vuelta. Personalmente, la propia exigencia temática me alentó a presentar proyecto. Es un premio hecho para un perfil amplio, aunque reconozco que mi trabajo artístico actual está relacionado con el vínculo entre el dibujo y la tradición literaria”.

El proyecto ‘Negro Humo’ no se queda únicamente en el origen, en lo primitivo del fuego y la sustancia gris que le da título. Conforme entra en materia, va desgranando información de ciertas obras de arte míticas que relacionaron lo literario con lo plástico, obras que desvelan el poder de inspiración de artistas de todos los tiempos como es el caso de ‘La Cocina de las Brujas’ (1610) de Frans Francken el joven, y que fue interpretada también por Goya (1797-1798).

“Es imposible reflejar todas las referencias de la historia del arte que me iba encontrando en relación con el proyecto, había que escoger”, confiesa Cristina.

Cristina Ramírez muestra sus instrumentos de trabajo en el Jardín Botánico (Valencia)

Cristina Ramírez muestra sus instrumentos de trabajo en el Jardín Botánico (Valencia).

En lo que respecta al s. XX, “me interesan las alusiones que Ana Mendieta hace al fuego y a las madres primitivas receptoras y transmisoras del saber. Y, en cuanto a la oscuridad, es inevitable citar a Leopold Perutz”, comenta.

Sobre Perutz, Cristina Ramírez basa su argumento con una cita apetecible para guardar en la memoria, referencia extraída de El maestro del Juicio Final (Ediciones destino, Barcelona: 2004).

“El verdadero miedo, el auténtico miedo, es el miedo que siente el hombre primitivo cuando se aleja del resplandor de la hoguera para adentrarse en la oscuridad”.

La cita es como un dardo que da en la diana de ‘Negro Humo’, que claramente gira en torno a esa reflexión, apunta Cristina Ramírez; es una abstracción ante la situación de miedo a lo desconocido y a la provocación que este sentimiento puede ejercer para inspirar y generar historias, mitos o fábulas.

Esa sensación de miedo no existe en ella a la hora de plantear su futuro profesional, pues en la carrera artística, la estabilidad es comparable al día a día de las cavernas prehistóricas, aquellos tiempos en los que proveerse de alimentos era el objetivo primario y en los que la abundancia se festejaría con las primeras pinturas como gesto de alegría.

La misma alegría y soltura que pone de manifiesto en sus trazos de grafito, sea para expresarse en clave crítica, sea para plasmar paisaje u objeto.

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Cristina Ramírez ante una encina en el Jardín Botánico (Valencia).

En el corazón del Jardín Botánico, la calidad de la atmósfera se advierte al respirar. La artista observa la robusta estructura de una encina fabulosa. Da la sensación que la interioriza y almacena en su memoria para plasmarla en cualquier momento. “Es uno de mis árboles favoritos”, apunta.

- ¿Qué representa recibir un galardón como el Premio de Dibujo DKV-MAKMA?

- Cristina inspira, expira, y responde: “Representa una motivación extra, coger oxígeno en un paisaje profesional con muchos obstáculos que superar, es como una provisión de aire puro, aire como el que se respira en este lugar”.

Vicente Chambó

Pinazo por partida doble

Pinazo. La historia y el retrato. De la gran tradición al modernismo
Centre Cultural Bancaixa
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Museo de Bellas Artes de Valencia
C / San Pío V, 9. Valencia
Hasta el 8 de enero de 2016

El Museo de Bellas Artes y la Fundación Bancaja, muy oportunamente, han sumado fuerzas para presentar por partida doble la obra de Pinazo, que es como debería presentarse siempre. Porque Pinazo, tal y como demostraron los comisarios de ambas exposiciones, José Ignacio Casar Pinazo y Javier Pérez Rojas, tiene al menos una doble lectura. No sólo la que figura en el título del conjunto expositivo, que va de la historia al retrato y de la tradición al modernismo, sino en lo que concierne al contenido mismo de su trabajo, entreverado de claridades y sombras, de pulcritud y tenebrismo.

El propio Pérez Rojas aludió a Ramón Gómez de la Serna para decir que son “dos y una misma”, parafraseando una de sus famosas greguerías, las exposiciones presentadas al unísono en Bancaja y Bellas Artes. Y, por seguir el ejemplo, cabría citar esta otra para ahondar en Pinazo: “Lo más humano que tiene la calle es el recodo”. Y es que la obra del artista de Godella está llena de esos recodos, de esa manera de ir en una dirección para enseguida encontrarle las vueltas a la pintura. Por eso “del Pinazo bohemio” se va “al más oficial reclamado por las instituciones” (Rojas) sin que se pierda un ápice de su audacia.

Javier Pérez Rojas observando una de las obras de Pinazo.

Javier Pérez Rojas observando una de las obras de Pinazo.

En el Museo de Bellas Artes se da cuenta del Pinazo “más introvertido”, mientras Bancaja acoge ese otro “más transversal”, según explicó Casar Pinazo, reflejado en sus retratos a personajes de la sociedad de la época. Retratos a cuya profundidad se refirió Pérez Rojas al decir que iban “del naturalismo al expresionismo”, algo que no hacía “ningún pintor de entonces”, remachó el comisario. Las 131 obras, repartidas entre ambos espacios, muestran esa doblez, de la que el cuadro ‘Últimos momentos del rey don Jaime el Conquistador….’ no es más que uno de sus ejemplos.

Esta obra, cedida por el Museo del Prado bajo rigurosas condiciones de traslado y montaje y nunca antes vista en Valencia, tiene su doble literal en esa otra realizada para la Diputación, ambas expuestas en paredes enfrentadas. ‘La Caridad (Santa Mónica)’, igualmente inédita, también se duplica e incluso triplica mediante sendos estudios de su composición. Y las cuatro estaciones, serie de retratos de la familia Jaumandreu, juegan también con las dobleces que fue señalando Pérez Rojas referidas a la primavera y el verano, el otoño y el invierno: “Primavera en tanto encarnación de la belleza floreciente junto al verano voluptuoso, y del otoño como tiempo de negocio al invierno más estéril e improductivo”, con sus respectivos personajes encarnando esas diferencias.

Vista de la exposición de Pinazo en Bancaja.

Vista de la exposición de Pinazo en Bancaja.

Las 131 obras expuestas, provenientes de diferentes instituciones como el Museo del Prado, el IVAM, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) o la propia Casa Museo Pinazo, entre otros, muestran la dificultad de encajar a Pinazo en un género e incluso de caracterizar un género como el retrato, que en su caso se desdobla entre la pose oficial y el gesto naturalista, entre lo obvio y lo obtuso. Pérez Rojas, que habló del retrato como un “ejercicio complejo”, destacó el premio que por uno de ellos recibió Pinazo, siendo la primera vez que alguien lo obtenía en el marco de una exposición nacional.

El propio Ignacio Pinazo, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes, subrayó la importancia del retrato desde el Renacimiento, poniendo como ejemplo los de Velázquez o El Greco, a los que se sumaría Goya, como apuntaron los comisarios. Retratos repletos de claroscuros, incluso allí donde parece dominar el encanto infantil. Inquietantes la mayoría de ellos. Como inquietante es el grito desgarrado que lanzó en ese discurso Pinazo: “Faltan maestros y sobran profesores”. De nuevo su modernidad, ahora que las clases magistrales y el tradicional maestro empiezan a ser reemplazados por Internet. Su pintura histórica “proponiendo relatos que conectan con el presente tanto desde puntos de vista simbólicos como plásticos”, concluyen los comisarios.

Exposición de Pinazo en Bancaja.

Exposición de Pinazo en Bancaja.

El IVAM redescubre a Pinazo

Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas
Sala Pinazo
IVAM
C / Guillem de Castro, 116. Valencia
Hasta el 17 de septiembre de 2017

“Pinazo, tal vez sin proponérselo, y quizá sin saberlo, ha sido en España un pintor francamente revolucionario”, apunta Rafael Doménech en una de las citas de la exposición Ignacio Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas. El IVAM se hace cargo por primera vez de ese carácter revolucionario del pintor, con motivo del centenario de su muerte, en el denominado Año Pinazo. Y lo hace transformando a su vez la Sala de la Muralla en Sala Pinazo, para albergar esa modernidad del artista de Godella hasta ahora inexplorada.

“Ha sido un desafío, porque destacar esa vertiente moderna de Pinazo era justificar su presencia en el IVAM”, explicó Javier Pérez Rojas, comisario de la muestra que reúne 150 obras. Piezas de Pinazo en “diálogo y posibles correspondencias” con las de otros autores contemporáneos que en su mayoría nunca conocieron la obra del pintor valenciano. De ahí las Afinidades electivas a las que se refiere el título, tomado prestado de una novela romántica de Goethe, como justo subrayado de las sorprendentes ligazones entre Pinazo y artistas como Picasso, Goya, Barceló, Saura, Gargallo, Valdés, Gaya o Julio González, por citar algunos cercanos.

Pinazo y las vanguardias. Imagen cortesía del IVAM.

Pinazo y las vanguardias. Imagen cortesía del IVAM.

“Un Pinazo inédito e insólito, que en parte se intuía, pero que hasta ahora no se había destacado ni visualizado desde que el IVAM abrió sus puertas hace 27 años”, destacan desde el museo como prueba “del antes y el después” que supone esta exposición a juicio de José Miguel Cortés, director del IVAM. Sorprende sin duda que así sea, porque no ha sido necesario estirar demasiado esa correspondencia de Pinazo con las vanguardias. Sus cuadros inacabados, el grado de abstracción de su vocación realista, los retratos infantiles tímidamente morbosos, sus paisajes turbios e incluso sus arriesgados e inquietantes desnudos, desbordan los límites de cualquier género al que se le adscriba.

Si lo que se pretendía era “romper con prejuicios y visiones restringidas sobre el artista valenciano”, Ignacio Pinazo y las vanguardias lo consigue a poco que la mirada se vaya deteniendo por el largo recorrido expositivo. “Pinazo es un hombre muy poliédrico”, resaltó Pérez Rojas. Tan poliédrico como escasamente académico. “Nunca lo fue”. En todo caso, “naturalista, pero muy innovador y reflexivo”, añadió el comisario, para concluir que la muestra no tenía “nada que ver con las exposiciones que se han hecho hasta la fecha de Pinazo”.

Vista de la exposición 'Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas' en el IVAM.

Vista de la exposición ‘Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas’ en el IVAM.

Sin moldes que puedan servir para encajar de una vez por todas su obra, se advierten rasgos próximos a Goya en algunos retratos, también el carácter matérico de Barceló le resulta afín, así como el grado de abstracción de Jacinta Gil Roncalés resuena en algunas de sus piezas. Pérez Rojas destacó atinadamente su “mirada fotográfica”, fruto del “encuadre” y de la “exploración de los detalles”, que pudiera hacerse extensivo al cine con solo prolongar un poco más el punto de vista narrativo que adopta la exposición.

Las afinidades se extienden hasta artistas como John Cage, Kurt Schwitters, Pierre Soulages, Horacio Coppola, Jean Dubuffet o Herbert List, como prueba del carácter poliédrico de un Pinazo “gran explorador de lo moderno en Valencia”, subrayó el comisario. Por si cabía alguna duda de la apuesta con la que arranca el nuevo curso en el IVAM, Cortés apostilló: “Creemos en la obra de Pinazo y en su modernidad”. A falta del dinero que permita avanzar en la Cátedra Ignacio Pinazo creada junto a la Universitat de València (“nos vamos de un susto económico a otro”, Cortés dixit), el IVAM redescubre a Pinazo ofreciéndole los 1.000 m2 de su Sala de la Muralla.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Vista de la exposición 'Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas'. Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas’. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Bascuñán & Company: diseño de una amistad

‘Paco Bascuñán i Quique Company. L’equip Escapulari-O i altres derives’
Centre Cultural La Nau
Sala Estudi General
Universidad 2, Valencia
Hasta el 29 de mayo de 2016

Apenas hace cuatro décadas Paco Bascuñán y Quique Company (Lorenzo, como nombre de pila) eran unos jóvenes con inquietudes personales, comprometidos, alegres, divertidos, conscientes del momento convulso que les tocaba vivir e implicados con la realidad política, social y cultural, provistos de una intencionalidad de cambio y combativos en clave de protesta, denuncia y libertad de expresión a golpe de creatividad.

De este modo comienza la conversación de Makma con Marisa Giménez Soler -comisaria de la presente exposición, junto con Lupe Martínez Campos, y una de las directoras de la extinta Esfera Azul-, detallando, además, cada uno de los pormenores que rodean la existencia y obra de ambos artistas.

Bascuñán y Company se adentran, casi por casualidad, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos -sita por aquel entonces en el barrio del Carmen-, matriculándose en Diseño de Interiores, ante la inexistencia de otro tipo de opciones en aquel momento, y convirtiendo este primer punto de encuentro en comienzo de la deriva de su amistad, a la postre, decisivo leitmotiv de la exposición.

Transcurre el año 1972, son jóvenes y se unen para conformar el Equipo Escapulari-O. Cohabitan en un piso ubicado en el mismo barrio en el que cursan sus estudios. Su casa concluye siendo un referente para su círculo inmediato, amigos, conocidos y desconocidos que aparecen y desaparecen a su antojo. Todos son bienvenidos, a pesar del leve recelo por la existencia de una vietnamita -multicopista algo rudimentaria que utilizaban grupos clandestinos para imprimir folletos de difusión y propaganda política-. Debe indicarse que Paco Bascuñán estaba comprometido políticamente con el FRAP -un grupo de resistencia antifascita creado en 1973 por el Partido Comunista de España-, siendo detenido cuando se dirigía a una manifestación en contra de la Guerra de Vietnam. Company, por el contrario, combatía desde un plano más discreto, evidenciando la acerba realidad desde una óptica de denuncia creativa, extenso territorio en el que confluían ambos amigos.

Imagen de alguna de las obras pertenecientes a las serie sobre Salvador Puig Antich. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de alguna de las obras pertenecientes a las serie sobre Salvador Puig Antich. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El Equipo Escapulari-O (1972-1978) se consolida con celeridad, sus primeros diseños se centran en el ámbito político, hacen trabajos salvajes, de cruda animadversión hacia la dictadura, empleando materiales básicos y rudimentarios, propios de su condición de estudiantes. Les impacta sobremanera el asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich – al que dedican numerosas obras-, el golpe de estado acaecido en Chile en 1973, episodio que les hace beber de la expresividad y crudeza de los desvalidos y de las caras de horror de Goya en las escenas bélicas que describe pictóricamente. Retratan a Nixon bajo el prisma poético de Neftalí Ricardo Reyes (Pablo Neruda) en su obra “Incitación al Nixonicidio”, o lo que es lo mismo, la intención de acabar con Richard Nixon a golpe fonético de verso: “Horademos a Nixon el furioso a verso limpio y corazón entero…”.

Antoni Tàpies debe considerase otra de sus referencias, influjo explícito en una obra que Equipo Escapulari-O dedica a Josep María Huertas Clavería -uno de los celebres nombres del periodismo catalán, muy implicado con los barrios como objeto de tema e impulsor de la Asociación de Vecinos, entre otras cuestiones-. Clavería edita ‘Cuatre Cantons’ y Company diseña las portadas. Posteriormente, Josep María escribiría una información incómoda y mal acogida por la sociedad del momento:…”Un bon nombre de meublés [cases de cites] estan regentats per vídues de militars, pel que sembla per la dificultat que per obtenir permís per obrir-ne alguns hi va haver després de la guerra”. Fruto de este texto es detenido e ingresa en la cárcel.

Escapulari-O no pasa desapercibido y prueba de ello es la determinación de Vicente Aguilera Cerní -crítico de arte, ensayista y académico de la Comunidad Valenciana-, quien incluye al grupo en la exposición que organiza en la Asociación de la Malvarrosa a favor de los presos políticos, compartiendo cartel con Jose María Yturralde, Juan García Ripollés y Jordi Teixidor, así como los grupos artísticos Equipo Crónica y Equipo Realidad.

En las postrimerías de Escapulari-O, Paco Bascuñán y Quique Company colaboran activamente con la revista ‘Marginados’, que edita el sacerdote José Antonio Bargues -recordado, entre otros motivos, por contribuir a la excarcelación de presos a los que auxiliaba en su reinserción social-. Publican ilustraciones, críticas visuales y bocetos, desconociéndose si estos fueron creados ad hoc o, por contra, fruto de una adecuación intencional de trabajos precedentes. En esta publicación coinciden con Josep Vicent Marqués, Benigno Camañas, la periodista Ana Senet y la fotógrafa Ana Torralba -profesora de fotografía en la Universidad Pontificia de Salamanca-. Aunque figuran en la mancheta de la revista -”Diseño: Equipo Escapulari-O”-, algunos de sus trabajos no fueron rubricados. Numerosas hojas reproducen imágenes y bocetos que se han encontrado en sus carpetas personales, aseverándose la existencia de una cuantiosa obra inédita y desconocida de Escapulari-O, tal y como corrobora Marisa Giménez.

Imagen de detalle de uno de los anaqueles expositivos para el material gráfico. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de detalle de uno de los anaqueles expositivos para el material gráfico. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Company y Bascuñán solidifican una apuesta por un diseño sustentado por un trasfondo político, cuya metodología se nutre de un proceso de reciclaje y acopio de sus influencias previas para materializar sus producciones ulteriores, propiciando un trabajo de madurez a pesar de su juventud; Bascuñán, con un explícito mensaje social en sus trabajos -carteles contra la xenofobia como el escogido para erigirse en imagen de la exposición-. Company, por el contrario, se antoja menos político, más alternativo y proclive a los fundamentos de la contracultura.

Igualmente, durante esta época decoran algunos de los míticos bares del barrio del Carmen, como La Torna o Planta Baja, y Paco Bascuñán colabora como actor con Juan Vegara -cineasta valenciano- en la representación del cuento ‘El Femater’, de Vicente Blasco Ibáñez, así como en otros proyectos audiovisuales rodados en la azotea de su piso de la calle Bolsería.

Discurren los años 80 y vuelven a coincidir con Daniel Nebot -pretérito compañero de pupitre universitario-, con quien forman el grupo ENEBECE (Nebot, Bascuñan, Company), focalizando su dedicación al diseño y trasladándose a la zona de Convento Jerusalén, cuyos aledaños comienza a albergar la incipiente “movida valenciana”, polarizada en torno a bares como Pyjamarama, que acogen a la variada fauna moderna, productores, managers y grupos de música -Glamour, Comité Cisne, Vídeo, Betty Trouppe se encuentran en plena ebullición-. La bandas “con actitud punk y after-punk” Sade y Garage les encargan las carátulas de algunos de sus discos. Es en esta época cuando trabajan con Mariscal -Javier y uno de sus hermanos- diseñando la imagen para algunas de sus tiendas, como Tráfico de Moda y, posteriormente, El Señor del Caballito, del que Bascuñán responde al diseño. Por su parte, Daniel Nebot es el jefe de este área en la empresa de señalética Saludes -cuyos propietarios siempre mostraron una predilecta pasión por el arte y el diseño-. Así pues, Nebot propicia la incorporación de ENEBECE a la empresa.

Imagen general de algunas obras y proyección audiovisual de la exposición. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen general de algunas obras y proyección audiovisual de la exposición. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

En aquella época viajan a Berlín Occidental para visitar la Bauhaus y sus referencias, dejándose influir por todo lo que vislumbran a su paso, conectando con el movimiento okupa. Descubren que Kraftwerk -grupo icono de la música electrónica- utiliza una baliza en la portada de su LP, pictograma con el que ellos cohabitan en su trabajo. Berlín respira frescura, revolución, locura y les aporta inspiración. Alimentan sus retinas con imágenes del movimiento grafitero, okupa, y el empleo de lienzos de gran formato. A su regreso, retoman los pinceles, inspirados por Dies Irae -texto latino de poemas del siglo XIII que versa sobre el horror del fin del mundo que nos asolará- y exponen en Puerta 5 -casa privada de su amiga Paz Graullera-.

Continuando en esta línea, realizan la serie titulada ‘Los Borgia’, influencia de la novela que Apollinaire publicó en 1913, en la que la depravación, la crueldad, el veneno y la traición campan a sus anchas. Acto seguido, exacerban su lado mas punk, con un “mensaje apocalíptico y aterrador, pero inmerso ya en un contexto contemporáneo que enlaza con la literatura futurista y de ciencia ficción, según textos localizados en una de sus libretas”, apunta Marisa Giménez.

José Juan Belda, Eduardo Albors y Nacho Lavernia integran Caps i Mans Diseño Industrial, así que, junto a los integrantes de ENEBECE y once diseñadores más, se unen para formar un gran colectivo que a la postre se convertirá en referente del diseño a nivel local, nacional e internacional, surgido en Valencia, con varios académicos y premios nacionales de diseño: La Nave. Por aquel entonces,  se formaliza, mediante ley orgánica, el Estado de las Autonomías, por lo que sus líderes políticos anhelan y encargan un imaginario estético nuevo con la intención de romper con los vestigios del pasado. Igualmente, trabajan para Feria de Valencia. La Nave, de este modo, posee el cóctel perfecto: mezcla talento y ocasión. Corría el año 1984.

Imagen de obra e iconografía vinculada con ACTV. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de obra e iconografía vinculada con ACTV. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Apenas un curso más tarde, llega a La Nave la petición de diseñar la imagen gráfica de un club en los bajos de un antiguo y señorial balneario -Termas Victoria- que posteriormente se asocia a las siglas de Asociación Cultural Termas Victoria -ACTV-, gestionado por Julio Andújar, empresario de la noche que ha estudiado arte y pretende que sea un lugar de encuentro de música electrónica y videoarte, entre otras disciplinas (nada más alejado de lo que posteriormente acaba sucediendo). En La Nave, son Paco Bascuñán, Luís González y Quique Company los que asumen este proyecto y toman como referencia un pictograma extraído de sus anteriores trabajos de señalética.

Posteriormente, es Company quien continúa, casi en exclusividad, este trabajo. Toma carteles, fanzines, invitaciones e influencias anteriores, como Francisco de Goya y sus caras desfiguradas, fotografías de torsos escorzados, Arnulf Rainer, reconocido internacionalmente por su arte informal abstracto, o la destrucción de las formas con ennegrecimientos, repintados y enmascaramiento de ilustraciones y fotografías. Company permanece fiel a su creencia de que es un lugar de cultura moderna y arte, que inaugura finalmente el videoartista catalán Toni Mercader, e, incluso, se realizan exposiciones tras ineludibles rejas de protección. Los diseños de Company y Bascuñán para ACTV tienen una clara influencia de la Naranja Mecánica y de William Burroughs -”novelista estadounidense de prosa experimental, ligado a la generación Beatnik y considerado padrino y gurú de la generación rock-punk posterior”- y Quique Company retoma aquí sus cuadros más pornográficos para los carteles del local.

Rondan los años 90 y el comienzo de La Esfera Azul -”espacio cultural alternativo, ubicado en pleno barrio chino de Valencia, en un antiguo cabaré de los años 50 que conjugaba distintas disciplinas artísticas”-, que irrumpe con fuerza en el panorama artístico valenciano. Casi por casualidad, Marisa Giménez y Lupe Frígols conocen a Quique Company a través de Totó -Tolsten Fritz-, compañero de piso y artista alemán, quien por esas fechas vivía en una casa okupada. Company se vio fascinado por La Esfera Azul, de tal modo que irrumpió en el proyecto, con voluntad colaboradora, de la mano de una propuesta de logotipo para el espacio -”Quique Company hacía poco había expuesto en el IVAM, en un retrospectiva de los 20 mejores diseñadores, y, claro, cuando supimos quién era, para nosotras fue un honor (…) en La Esfera, Quique se convierte en uno más de la casa y nos habla de Paco Bascuñán nada más llegar. Por supuesto, lo llamamos y hacen un total de tres exposiciones juntos -una de collage, dedicada a sus influencias alemanas, entre los que encontramos a Klaus Nomi, otra con Ángel Borafull y otras individuales-”, matiza Giménez.

Imagen icónica y varios obras emparentadas con La Esfera Azul. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen icónica y varios obras emparentadas con La Esfera Azul. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

En aquel momento, Quique Company ya no vive con Tolsten Fritz, que concibió todo el proceso de okupación como una intervención, – a la manera del Merzbau de Kurt Schiwtters-, una instalación viva con sugerentes pinturas, luces, cristal, reflejos, objetos encontrados y música sonando en directo. Una obra de arte efímero terminada con la recepción de la carta de desalojo del juzgado y una gran fiesta de inauguración, despedida y cierre -portada del El País CV-, a la que asistieron desde Carmen Alborch, Santiago Segura -”que vino expresamente”-, grupos de música como los Borbones o Las Máquinas y lo más representativo de la cultura de aquellos años.

Con posterioridad, Company se traslada a la localidad castellonense de Fuentes de Ayodar (son momentos difíciles para él) y Paco Bascuñán se hace cargo íntegramente de la imagen de La Esfera Azul. Apenas vuelven a verse hasta coincidir en la exposición que el MUVIM dedica a La Esfera Azul, con motivo de sus diez años de trayectoria, para la que preparan un políptico de seis lienzos cada uno. “Sin saber uno lo que hace el otro. Lo resolvemos como un cadáver exquisito. Hasta el día de la inauguración no veremos la pieza completa. Cuando al final lo vimos, hacía tiempo que no encontraba a Quique tan satisfecho y que yo no me emocianaba tanto”, manifestaba Bascuñán.

Quique Company fallece en 2005. Un año más tarde, Paco Bascuñán organiza una exposición homenaje en su pueblo natal (Fuentes de Ayodar). “Él era genial en cualquiera de sus manifestaciones (…) uno de esos genios discretos a los que les viene grande el mundo”, rubrica Bascuñán.

Paco Bascuñán muere el 28 de septiembre de 2009. En ese momento estaba terminando de escribir su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Era el primer diseñador invitado a integrar la célebre institución. “Él mantiene viva la inquietud y la curiosidad que siempre le acercó a la cultura de su tiempo. (…) El compromiso con las causas que considera justas, así como la capacidad de riesgo, seguirá trillando su destino”, concluye Marisa Giménez.

Detalle de la obra 'Las palabras incorrectas' (2004), de Bascuñán y Company. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Detalle de la obra ‘Las palabras incorrectas’ (2004), de Bascuñán y Company. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pintores pintados

Retratos como reflejo del tiempo, de Blas Parra
Tapinearte
C / d’En Bou, 10. Valencia
Hasta el 24 de abril de 2016

“Las posibilidades del retrato son infinitas. Lo más importante es que el semblante del retratado refleje su actitud hacia el mundo, su particular relación del yo con el universo”. Así lo afirma Blas Parra, artista polifacético que practica la pintura, la escritura y la labor editorial en El Nadir, además de traducir obras de teatro.

Su última exposición, ‘Retratos como reflejo del tiempo’ se puede visitar en Tapinearte hasta el 24 de abril. Reúne retratos de siete pintores de distintas épocas, desde Rembrandt a David Hockney pasando por Morisot, Mary Cassatt, Jackson Pollok, Larry Rivers y Pierre Bonnard. Piezas aparte de trasfondo político, Familia Real Española actualizada con fondo de bandera republicana y US First Ladies (Primeras damas USA).

Retrato de Larry Rivers, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

Retrato de Larry Rivers, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

La elección de estos artistas no es arbitraria. “Cada retratado alude a un tipo de libertad que la sociedad propone y el poder niega”, dice Parra. “Las políticas artísticas institucionales divulgan y ocultan, pero cuanto más divulgan más ocultan porque se basan en la selección crítica y el mercado. Todos los pintores que retrato superaron las limitaciones y reparos del medio social que supieron utilizar en su provecho”.

Parra es licenciado en Derecho, fue funcionario relacionado con la gestión de museos, ha ganado un par de premios literarios y presentados varias exposiciones individuales y colectivas: Galería La Nave, La Llotgeta, Galería Benassar (Madrid), Ibercaja (Valencia) Reales Atarazanas, Universidad Politécnica, Diario Levante, etcétera.

Jackson Pollock, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

Jackson Pollock, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

“Me siento un expresionista desplazado de algún centro con virajes hacia lo pop”, indica. “Trabajo todos los materiales, papel, cartón, madera, lienzo. Utilizo el gouasche, la acuarela, el acrílico, el óleo. Desde 1998 que presenté mi exposición en las Atarazanas con más de 50 retratos de escritores y prólogo de Bonet, practico el género retrato de iconos de la cultura, además de bodegones (collages) y algunos paisajes”.

También se ha hecho un autorretrato “y en cada retrato a partir de autorretratos de pintores que admiro me pinto yo mismo como ser virtuoso y a la vez desvalido, ambicioso y hasta tosco, en el sentido de nunca pulido, imperfecto. Las posibilidades del retrato son infinitas”.

Parra admira la obra de Antonio López, pero detesta “su mentiroso y congelado retrato de la realeza”. Cita como ejemplo de lo opuesto el gran retrato de Goya en el Prado y el encargo a Lucien Freud del retrato de la Reina Isabel de Inglaterra.

Rembrandt, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

Rembrandt, por Blas Parra. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La perturbadora inocencia de Agente Morillas

Ecosistemas invisibles, de Agente Morillas
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

Las criaturas que habitan la obra de la artista malagueña Agente Morillas no proceden del reino animal ni vegetal, sino del mundo de las ensoñaciones y la fantasía. Seres singulares que transmiten una inquietante sensación de candidez terrorífica, de perturbadora inocencia y remiten a los universos de Murakami o Miyazaki. Una muestra de su última obra, ‘Ecosistemas invisibles’, se puede disfrutar en la galería Pepita Lumier a lo largo de este mes. Son una treintena de dibujos de distinto formato y una veintena de esculturas de cerámica que reflexionan en torno a la naturaleza, no como modelo u objeto de representación, sino como punto de partida para cruzar el umbral de la realidad e indagar en el otro lado.

“Este conjunto de obras surge del interés que me inspira la naturaleza, que ha ido evolucionando y desarrollándose de manera progresiva”, dice Morillas. “En primer lugar mediante la observación directa en las salidas al campo que hacía de niña con mi familia, posteriormente, tras una colaboración con el Museo de Historia Natural de Londres”.

Esta experiencia le dio la posibilidad de comparar el presente con el pasado, las especies vivas y las extintas. “Me ha llevado a admirar la belleza de la vida y de la evolución y a avivar el interés científico que siempre he tenido. El contacto con lo real y lo empírico me ha hecho plantearme cuestiones sobre el camino evolutivo del mundo y la naturaleza, así como orientar la mirada hacia pensadores y naturalistas que han estudiado el tema, sobre todo Darwin”.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Amor por la naturaleza

El leiv motiv de esta exposición parte de una idea de este científico. La especie más fuerte no es la que sobrevive o es más inteligente, sino la que mejor se adaptaba al cambio. “A partir de este principio he creado pequeños emplazamientos naturales habitados por determinadas especies de flora y fauna ficticias, que conviven y comparten un mismo espacio sin necesariamente por ello interactuar”, explica la artista.

“Son lugares perdidos a los ojos del ser humano en los que recreo ecosistemas perfectos, evolutivamente hablando, reductos inalcanzables por el hombre, que los convierte en supervivientes.  En definitiva, trato de transmitir  el sentimiento que la naturaleza despierta en mí y la admiración que me inspira como un ente bello en formas y colores,  inexplicablemente perfecto, inquietante y siniestro, misterioso y mágico a partes iguales. Algo salvaje, con sus propias normas y leyes, y que es por ello la fuente creadora y cambiante de la que emana toda la vida y en la que sucumbe el último aliento de todos los seres que la conforman. Me recreo en todas sus cualidades para imaginar un mundo maduro, sano y bondadoso que rezuma esplendor y que evoluciona de forma muy distinta a cuando el ser humano está comprendido dentro de sus inmediaciones”.

Así, la artista ha creado una serie de piezas con autonomía propia que funcionan de manera independiente y que pueden fusionarse y dialogar con otras creaciones para formar piezas mayores con sentido más complejo y una lectura más amplia, como funcionarían las distintas piezas de un ecosistema, tanto animales como vegetales en un hábitat determinado.

Obras de Agente Morillas en Pepita Lumier. Fotografía de Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Espíritu inquieto

Su nombre auténtico es Mamen Morillas y eligió este seudónimo en homenaje a la agente Scully de Expediente X, una serie que la marcó. “Es una de las muchas fuentes que me nutren, además de libros ilustrados, multitud de películas y programas míticos de la tele, desde los Pitufos o las Tortugas ninjas a Planeta imaginario o La Bola de cristal”.

Al acabar los estudios secundarios, con 19 años, y sin una idea muy definida sobre lo que quería ser, se marchó a Oxford a estudiar inglés. En 2001, ya con su vocación clara, se instaló en Barcelona, donde estudió ilustración en la Escola Massana. En su segundo año ganó un premio convocado por La Vanguardia y La Generalitat y comenzó a publicar las portadas del suplemento Mes Jove de dicho periódico. Agente Morillo es uno de los referentes de la ilustración española en moda, humor gráfico, pintura en directo y mural. Desde 2005 ha expuesto sus trabajos tanto en solitario como en grupo.

Entre su clientes se encuentran: Amnistía Internacional, Primavera Sound, Advance Music, Sónar Kids, Converse, Ajuntament de Barcelona, Club Q Zurich, Hydroponic, Apolo Club, Bibian Blue, Pepa Karnero, etcétera. Forma parte del profesorado de BAU (Escuela Superior de Diseño de Barcelona). Ha residido en París y en Londres, y esta primavera volverá a su ciudad natal, Málaga, con una beca de La Térmica.

“Mi trabajo es bastante narrativo, gira en torno a un universo de personajes y simbología que he creado, en los que me apoyo para contar historias y cuentos”, señala. “Mis personajes son un tanto naïf y fantásticos, muchas veces sombríos, casi siempre infantiles. Es un trabajo en parte autobiográfico y personal, en el que hablo de las cosas que me preocupan o me inquietan, sobre todo de los sentimientos y la naturaleza de los seres que habitan el mundo, desde un punto de vista un poco naïf”.

En cuanto a su estilo,  es bastante gráfico, de trazos y formas limpias, con predominio de colores pasteles, rosas y negros, sobre los fondos de los soportes que utiliza, aunque cada vez experimenta más con las disciplinas y el lenguaje. “Dibujo, pintura, escultura, pintura mural, pasando del grafito a los acrílicos, la arcilla o la madera. Hace cuatro años hice un curso de modelado en Londres y descubrí que me encanta dar volumen a mis personajes”, comenta.

En su obra, según ella misma confiesa,  se percibe el influjo de una larga lista de autores: Alphonse Mucha, Edward Gorey, Anette Messeger, Keith Haring, Mark Ryden, Goya, Yoshimoto Nara, Gary Baseman, Win Delvoye, Joana Vasconcelos, Camille Rose García, Elizabeth McGrath, Laurie Lipton, Marion Peck… Influencias que se reflejan en personajes de grandes y misteriosos ojos que a veces se esconden tras grandes flequillos.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Bel Carrasco

Cine polaco en todo su esplendor

Ciclo de cine polaco
Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Hasta el 27 de abril de 2016

La Filmoteca de CulturArts, en colaboración con el Instituto Polaco de Cultura, presenta una selección de películas recientes que certifican que la cinematografía polaca está viviendo un momento de esplendor, tras el éxito internacional de ‘Ida’ (2013) de Pawel Pawlikowski, que obtuvo el Oscar y el BAFTA a la Mejor Película de Habla No Inglesa, Cinco Premios del Cine Europeo y el Goya a la Mejor Película Europea.

El ciclo se inaugura el martes 5 de abril (18.00h) con la proyección en la sala Berlanga de ´Male stluczki’ (‘Pequeños choques’, 2014) de Aleksandra Gowin e Ireneusz Grzyb. La película cuenta la historia de dos amigas que se ganan la vida limpiando los pisos de gente fallecida recientemente y que establecen una extraña relación laboral y amorosa  con un hombre separado.

Fotograma de 'Coraje'. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Fotograma de ‘Coraje’, de Greg Zglinski. Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.

El ciclo está conformado por ocho películas producidas en los últimos cuatro años, entre las que destacan ‘En cuerpo y alma’ (2015), de Malgorzata Szumowska, que fue galardonada con el Oso de Plata en la última edición del Festival de Berlín y ganadora del festival de Cine Polaco de Gdynia; ‘Casa del ángel poderoso’ (2014) de Wojciech Smarzowski, que es un estremecedor estudio sobre el alcoholismo basado en la novela en parte autobiográfica del reconocido escritor Jerzy Pilch; ‘Coraje’ (2011) de Greg Zglinski, uno de los últimos discípulos de Kieslowski que plantea una reflexión sobre el bien y el mal en una revisión moderna de la historia  de Caín y Abel; ‘Mów mi Marianna’ (‘Llámame Marianna’, 2014), de Karolina Bielwaska, un documental premiado en el Festival Internacional de Cine de Cracovia, sobre una transexual que decide someterse a una operación de reasignación de sexo a los 43 años; y el drama ‘Carte Blanche’ (2014) de Jacek Lusinski, sobre un profesor de historia que empieza a perder la vista.

Fotograma de 'La semilla de la verdad'. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Fotograma de ‘Ziarno prawdy’, de Borys Lankosz. Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.

Completan la programación el thriller ‘Ziarno prawdy’ (‘La semilla de la verdad’, 2014) de Borys Lankosz; y el cortometraje ‘Matka Ziemia’ (‘Tierra Madre’, 2014) de Piotr Zlotorowicz, que es un proyecto de fin de carrera premiado en el Festival de Cine de Gijón en 2014.

El ciclo, que podrá verse hasta el próximo 27 de abril, nos ofrece un recorrido por el cine polaco más reciente, desde el documental al cine de acción pasando por las producciones independientes de debutantes y las películas de  realizadores ya consagrados.

Fotograma de Mala Slutzcki. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Fotograma de ‘Male Stluczki’, de Aleksandra Gowin e Ireneusz Grzyb.  Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.