¿”Dedazo” cultural en la Diputación de Alicante?

Tras las pasadas elecciones municipales y autonómicas se ha producido una renovación en los representantes políticos al frente de las instituciones públicas, que supone no solo la necesidad de emprender modelos de gobierno supeditados a procesos de negociación y acuerdo, sino también otra filosofía en la gestión de los recursos públicos.

El Conseller d’Educació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana, Vicent Marzà, ha tomado la iniciativa de convocar reuniones sectoriales con representantes de la cultura valenciana. Ha optado primero por conocer de primera mano las necesidades y propuestas del sector cultural, para después trabajar en la elaboración de un plan estratégico cultural para la Comunitat Valenciana. Un gesto que no se había dado en los últimos veinte años. Veamos cómo evoluciona.

El Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, Daniel Simón, se encuentra sumido en un ciclo similar, necesario para evaluar con mayor precisión las posibilidades y las potencialidades de la cultura en una ciudad en la que ha sido tan despreciada y desatendida por el anterior equipo municipal de gobierno. Seguiremos atentos estos procesos, también inéditos, para sumar lo que se pueda, proponer alternativas o poner en cuestión lo que proceda.

Sin duda la participación, la transparencia y la igualdad de oportunidades deben guiar las hojas de ruta con las que diseñar la nueva política cultural, pensando no solo en los próximos cuatro años, para poder proyectar modelos de actuación que ejerzan una acción social transformadora, que progresivamente dote a la ciudadanía de elementos de maduración democrática y capacidad crítica.

Auditorio de la Diputación de Alicante.

Auditorio de la Diputación de Alicante.

Las informaciones de los últimos días en relación a la Diputación de Alicante resultan, sin embargo, un tanto preocupantes. Pues si bien todavía no se conoce el nombre de quien haya de asumir la responsabilidad en materia de cultura en el organismo provincial, ya ha comenzado a aparecer en prensa un cambalache de nombres posibles para ocupar la dirección de sus espacios culturales. Puede que se deba solo a la avidez de los medios por llenar páginas, o quizás sea porque realmente desde la Diputación de Alicante se está pensando en cubrir la dirección de las instituciones culturales de la provincia mediante nombramientos de confianza, replicando una vez más el denostado sistema del “dedazo”. Los tiempos han cambiado y es muy importante que el Partido Popular y Ciudadanos, conforme a su acuerdo de transparencia, no sucumban a la tentación de agitar el dedo, como si de una varita mágica se tratara, para obrar el milagro de convertir en directores a sus agentes culturales de confianza. Esa posibilidad ya no encuentra acomodo en el proceso de afianzamiento democrático de la sociedad española, y además topará con una dura respuesta del sector cultural alicantino. Insisto, los tiempos han cambiado. Nuestros gobernantes deben convocar concursos públicos abiertos, con unas bases adecuadas, en diálogo con el sector y mediante jurados de la más absoluta independencia, para seleccionar a los profesionales que deban asumir la responsabilidad de dirigir y gestionar los centros culturales de la Diputación de Alicante, como el Adda, Marq, Mubag o Instituto Gil-Albert.

Museo Arqueológico de Alicante.

Museo Arqueológico de Alicante.

Durante los últimos años, y particularmente desde 2007 que el Ministerio de Cultura del Gobierno de España y las principales asociaciones profesionales del sector artístico suscribieron un Manual de Buenas Prácticas, se ha implantado de un modo progresivo pero imparable un modelo de gestión pública de la cultura que pasa por la despolitización de los nombramientos y la profesionalización de la gestión de los recursos culturales, junto a la no injerencia partidista (sea cual sea el partido que gobierne). Es importante que los responsables de la Diputación de Alicante comiencen, a no tardar, sus contactos formales con las organizaciones profesionales de la cultura, para evidenciar el nuevo talante que debe regir este periodo constitucional de consensos y engrasar sus relaciones con la sociedad civil. En materia de arte, la asociación de Artistas Visuales de Valencia, Alicante y Castellón junto a la Asociación Valenciana de Críticos de Arte –ambas con una relevante implantación en Alicante-, han desarrollado durante los últimos años una intensa actividad reflexiva y propositiva que sin duda será una referencia de utilidad a los nuevos responsables de la Diputación de Alicante.

Museo de Bellas Artes Gravina, Alicante.

Museo de Bellas Artes Gravina, Alicante.

No deja de ser lamentable que debamos celebrar que los responsables de la política cultural tomen la iniciativa de hablar con los profesionales del ramo, pero el nivel de maltrato al sector cultural en estas tierras ha sido de tal magnitud que es necesario un giro de ciento ochenta grados. Por favor, estemos a la altura de las circunstancias: diálogo, concursos, respeto e igualdad de oportunidades.

Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

José Luis Pérez Pont

La UPV recupera revistas históricas de cine

Colección de revistas históricas de cine
Proyecto de digitalización
Equipo de investigadores, documentalistas e informáticos
Universitat Politècnica de València

Un proyecto desarrollado por investigadores, documentalistas e informáticos de la Universitat Politècnica de València ha permitido recuperar y poner a disposición de todo el público una valiosa colección de revistas históricas de cine, como Nosferatu, Vértigo, La Madriguera o Banda Aparte, entre otras.

Estas revistas, ya extintas, fueron editadas en papel a lo largo del siglo pasado. El equipo del proyecto -participan la Facultad de Bellas Artes, la Biblioteca y el Área de Sistemas de la Información y las Comunicaciones (ASIC) de la UPV- ha estado trabajando desde 2013 en su digitalización y posterior indexación para ponerlas a disposición pública desde RiuNet, el repositorio institucional de la UPV, donde ya se pueden consultar (riunet.upv.es).

Portada de Nuestro Cinema,  una de las revistas históricas de cine recuperada por la UPV. Imagen cortesía de la Universitat Politècnica de València.

Portada de Nuestro Cinema, una de las revistas históricas de cine recuperada por la UPV. Imagen cortesía de la Universitat Politècnica de València.

En total, se han recuperado más de 2.400 artículos, en un proyecto de gran valor en el ámbito de la preservación y divulgación del patrimonio cultural, en este caso, cinematográfico.

“Nuestro objetivo era recuperar un material de gran valor histórico, cuyo acceso se había convertido en una tarea casi imposible. Ahora, después de más de un año de trabajo, todos los artículos publicados en estas revistas que datan desde los años treinta pueden encontrarse en RiuNet, quedando al alcance, de forma abierta, de investigadores y demás personas interesadas en estos documentos que forman parte del patrimonio cultural español y que pueden servir de motor para abrir nuevas vías de trabajo en el campo de los estudios fílmicos”, destaca Fernando Canet, investigador principal del proyecto.

Portadas de algunas de las revistas históricas de cine recuperadas por la UPV. Imagen cortesía de la Universitat Politècnica de València.

Portadas de algunas de las revistas históricas de cine recuperadas por la UPV. Imagen cortesía de la Universitat Politècnica de València.

El trabajo se ha enmarcado en el proyecto ‘Estudio y análisis para el desarrollo de una red de conocimiento sobre estudios fílmicos a través de plataformas web 2.0’, dentro del Plan Nacional de I+D+i, financiado por  el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España.

En él han colaborado otras entidades como la Filmoteca de Culturarts IVAC (Instituto Valenciano del Audiovisual y la Cinematografía), la Filmoteca de Cataluña y Donostia Kultura, así como las editoriales Shangrila, Textos Aparte y El viejo topo.

 

Portadas de la revista 'Nosferatu', una de las publicaciones digitalizadas por el equipo de la UPV.

Portadas de la revista ‘Nosferatu’, una de las publicaciones digitalizadas por el equipo de la UPV. Imagen extraída de la red. 

Bartomeu Marí: “¿Qué es hoy un museo público?”

Bartomeu Marí i Ribas (Ibiza, 1966) da las claves del nuevo modelo de museo que está poniendo en marcha en el MACBA, inspirado en el IVAM de los años 90, y su visión de los procesos de transformación que están operando en el terreno de lo público. Tras pasar por la Foundation pour l’Architecture de Bruselas y el IVAM de la primera época, fue director del centro de arte contemporáneo Witte de With de Rótterdam. Actualmente dirige el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, a la vez que preside el CIMAM.

En 2011 formaste parte del equipo redactor de la Estrategia para las Artes Visuales, que contó con el apoyo del sector profesional del arte en España y que pretendía marcar una hoja de ruta que evitara los constantes cambios de rumbo derivados de los vaivenes electorales. Aunque resulte sorprendente, era la primera vez que en más de treinta años de democracia en España se marcaba un plan estratégico en materia de artes visuales. El actual Ministerio de Cultura ha obviado ese documento y el trabajo de consenso que representa. ¿A que crees que se debe?

Tradicionalmente, en este país, los gobiernos que entran destruyen o ignoran lo que el gobierno precedente ha hecho y creo que ese “deshacer”, el hecho de no utilizar nada de ese documento forma parte de esta tradición. Es una gran lástima que esa reflexión se iniciara al final de una legislatura. Pero también creo que el actual gobierno tiene una imagen de la cultura, y sobre todo del sector del arte, muy diferente a la idea que se tenía cuando se hizo el plan.

En Europa, hace ya años, el papel de la cultura cambia y el arte deja de ser un elemento básico en el crecimiento y la maduración del individuo. De formar parte de la educación que recibimos para desarrollar nuestras capacidades como personas, pasa a ser “un capricho de ricos” (quien lo quiera, que lo pague): de ahí la retirada de inversiones públicas al sector cultural en general.

 

¿Qué opinas de las políticas culturales y económicas del Gobierno de España y en qué medida crees que afectan al sector del arte?

Yo no tengo claro que el gobierno español tenga una política cultural propicia al desarrollo del arte. Y creo que la subida del IVA para las actividades culturales es una buena prueba de ello. Además creo que la política cultural española tradicionalmente ha sido muy centralista, con lo que se puede leer prácticamente solo a través de instituciones que están ubicadas en Madrid.  Los que no vivimos en Madrid  no solemos tener muchas oportunidades de disfrutar la política cultural del Estado español.

 

Hace seis meses que fuiste elegido presidente del Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno (CIMAM), ¿qué propósitos te has marcado al frente de esa organización?

CIMAM es una ONG, una organización profesional formada por miembros del ámbito de  los museos (directores, conservadores, y otros profesionales de ese ramo) y su actividad principal es reflexionar sobre el presente y “los futuros” de la institución museística como institución pública. En eso hay bastante coincidencia entre todos los miembros; y hay cada vez más miembros del CIMAM que provienen de partes no occidentales del mundo, representan instituciones que trabajan en condiciones muy diferentes a las nuestras y expresan valores comunes de formas muy diversas. Es muy importante mantener y desarrollar la excelencia científica, el rigor y la elegancia en esos debates. Esos debates son los que le dan voz a la organización, son los que le dan la razón de ser, y dentro de esos debates ocupa una preocupación principal la deontología del sistema.

Creo que el mundo ha cambiado mucho, y por tanto, también en los últimos diez años, por ejemplo, las instituciones museísticas están cambiando para adaptarse a esos contextos diferentes. Creo que en el presente ya se plantean de una manera muy seria preguntas del tipo ¿qué es hoy un museo público?; ¿en qué consiste la libertad intelectual, y de qué manera se preserva?; ¿cómo reorganizar las relaciones entre bien común e intereses privados? La actividad de las instituciones públicas, como son los museos, no debe estar afectada por las presiones y los condicionantes del mercado, que lo ha invadido prácticamente todo. Es un hecho que los medios de comunicación masivos fundamentalmente atienden a hechos cuantitativos. La figura del crítico de arte ha desaparecido.

El CIMAM ha crecido mucho en Sudamérica, se está implantando en Asia, pero creo que hay regiones como África y como Oriente Medio donde están emergiendo nuevos tipos de instituciones que deseamos que formen parte de los debates que el CIMAM promueve. La manera como se crea y conserva patrimonio, se educa, se escribe historia y se difunden los valores del arte ocurre cada vez más a través de iniciativas que no se pueden tipificar exactamente como museos en sentido Occidental. Al mismo tiempo, también aparecen muchos museos, tanto en China como en las Antiguas Repúblicas Soviéticas o en Rusia, que son de hecho colecciones privadas con facultad de venta de obras. El CIMAM debe estar muy atento a esas nuevas prácticas y esa es una de sus funciones: argumentar qué instituciones se reconoce como “museo de arte contemporáneo” y a cuáles no.

 

Desde 2008, que fuiste nombrado director del MACBA mediante una convocatoria, ¿qué cambios coyunturales y qué medidas has aplicado en el museo para adaptarlo a la situación actual?

El contexto en el cual el museo opera cambió radicalmente en muy poco tiempo: entre 2009 y 2011 hay cambios económicos y cambios políticos evidentes. El económico ya lo conocemos: una crisis profunda que afecta a todos los sectores de la sociedad. El cambio político se sitúa más allá de los partidos que gobiernan: tiene que ver con el cambio profundo en la consideración de qué es y para qué sirve lo público y qué papel deben jugar las administraciones con relación a la cultura pública, a la educación del ciudadano, al bienestar.

Uno de los cambios fundamentales es el cambio del sistema productivo del museo. El MACBA ha pasado de funcionar en 2009 con casi catorce millones de euros, a funcionar en 2013 con casi diez millones de euros.  Por debajo de unos mínimos el proyecto del MACBA no puede mantenerse y no tiene sentido para mí. Nuestra apuesta es aumentar los recursos propios a través de la activación de diferentes “palancas de crecimiento” para volver a acercarnos a esa cifra de catorce millones de euros, que es la que idealmente debería poder gestionar el museo.

Yo empecé a trabajar en 1989 en Bruselas en un contexto económico y en una institución bastante modestos, y tengo el recuerdo de disfrutar muchísimo porque tenía total libertad. Seremos capaces de mantener nuestra capacidad creativa, crítica y de calidad con la complicidad de los públicos, que son quienes tienen la llave del futuro de nuestras instituciones culturales.

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Recientemente se ha hecho público que el MACBA va a poner en marcha un nuevo modo de trabajo, incorporando un equipo de investigación externo integrado por Beatriz Preciado y Valentín Roma. ¿Qué significa esto en la práctica y cuales son los objetivos?

Valentín Roma y Beatriz Preciado no forman parte del equipo del MACBA: son personas que tienen una implicación muy profunda en el programa pero que están fuera de la dinámica cotidiana del equipo. El museo se dota con ellos de dos profesionales de tremenda calidad y que son absolutamente claves para reinventar la dinámica del museo. El modelo está bastante inspirado en el IVAM que conocí a mediados de los años 90, y en el que un equipo productor dentro del museo se alimentaba muy bien de talento externo, es decir, comisarios, críticos, artistas, etc.

 

¿Qué efectos tendrá en la programación del museo y qué líneas de trabajo se han pensado para espacios como el Convent dels Àngels y La Capella, que dependen del MACBA?

El programa de actividades se fortalece y se enriquece mucho. Hemos reforzado la coherencia interna de todo el Programa, con P mayúscula, más allá de las exposiciones. Todo esto pasa por injertar mutuamente el programa de exposiciones con los programas públicos: conectar lo sensible con la actividad intelectual, aquello que se percibe con aquello que se piensa. Creo que es una de las razones de ser del museo hoy en día: el museo debe coser de nuevo lo sensible y lo intelectual. En el poco tiempo que llevamos trabajando con Valentín y con Beatriz el Programa se ha hecho mucho más complejo y recuperaremos la capacidad de producir nuevas publicaciones de gran calidad. Al mismo tiempo, hemos potenciado también las líneas de mediación, que son las que deben “fidelizar” a estos nuevos públicos que el museo debe conquistar.

Todo el programa se articula en torno a seis grandes líneas que tienen que ver con aquellas preocupaciones que creemos que explican el mundo de hoy: la idea de “descolonizar el museo”, de integrar todas las reflexiones y aportaciones que sitúan el arte como una de las prácticas centrales en los procesos de emancipación individual, colectiva y política; lo que denominamos “la máquina de escribir”, las técnicas y los procedimientos de la escritura, tanto en sentido literal como metafórico, son muy importantes en la práctica del arte y en el trabajo que el museo hace, la escritura de la historia y la de las diferentes ficciones;  las “historias heterodoxas”, el hecho de que la historia que nos interesa no es pura, no es unívoca, es polifónica e híbrida; la “arquitectura como práctica cultural” no sólo tiene que ver con el patrimonio arquitectónico sino con todos aquellos dispositivos construidos que nos hacen vivir juntos, y la ciudad es el principal instrumento que tenemos para hacer eso; las “tecnologías de la conciencia” estudian como las nuevas tecnologías están afectando la constitución del propio yo, de la conciencia propia; la idea de “cuerpo político” vincula todo ello a la necesidad de empezar a pensar desde el cuerpo, de poner carne y piel al museo, de dotarlo de un sistema nervioso: el cuerpo es un campo de batalla político pero la primera piedra del edificio sensible y activo.

 

El déficit en la presencia de mujeres en las programaciones y en las colecciones de los museos es patente. En el estudio que lo revelaba, el MACBA no salía bien parado. ¿Cuáles crees que son las causas y que medidas correctoras se pueden aplicar?

Es una preocupación central en nuestro programa actual, tanto en el programa de exposiciones como en el de adquisiciones. Creo que venimos de una tradición que es profundamente machista y blanca. Es la historia de la cual procedemos.

 

En esa línea, también se escuchan quejas que reclaman una mayor presencia de artistas catalanes y españoles en la programación del MACBA. Parece que la red de museos y centros de arte contemporáneo de Barcelona no satisface actualmente las necesidades de los artistas jóvenes y de media trayectoria, que no acaban de encontrar su lugar en ese entramado. ¿Qué lugar crees que deben ocupar los artistas catalanes en las programaciones públicas? ¿Cuál es tu apuesta desde el museo que diriges?

Yo rechazo la idea que el MACBA no se ha ocupado de los artistas de su entorno. Creo que hemos aumentado considerablemente esa atención en los últimos años. Siempre se puede hacer más, sí, y ahora todo parece indicar que es el momento de hacerlo. Pero creo que hay que interrogarse con más precisión sobre cuál es el tejido institucional que tiene esta ciudad y cómo está funcionando.

Mi impresión es que el tejido institucional dedicado al arte es amplio, si lo comparamos con otras capitales europeas. No deberíamos confundir un problema económico estructural con la falta de atención del MACBA hacia los artistas, críticos o galeristas de su entorno. La salud del sistema no depende del MACBA. Las diferentes administraciones públicas no están haciendo una reflexión seria y profunda sobre la sostenibilidad y el funcionamiento de este sistema, no vemos que las diferentes administraciones estén dialogando para coordinarse y debajo de todo ello está una economía muy adversa. Tampoco es una solución esperar que el museo arregle todos los problemas: el museo debe hacer de museo y en ningún momento deberíamos perder de vista en qué consiste eso.

 

Ya nadie discute la incorporación de la función pedagógica que deben desarrollar los museos. ¿Aporta el MACBA alguna innovación en ese terreno?

Hemos desarrollado dos tipos de acción educativa: uno con las escuelas, con los profesores, y otra con los individuos, los visitantes en general. En las escuelas incidimos en la formación del profesorado y con los adultos hemos trabajado y desarrollado mucho la tecnología de la visita guiada que es uno de los mejores instrumentos educativos que hay: el contacto directo con las obras de arte. La educación no es algo que se puede reducir a las escuelas, es una transformación que todos estamos haciendo en todo momento. Es muy importante ver al museo y a las experiencias del arte como una manera de alfabetizarnos visualmente o sensitivamente en un mundo en el que cada vez están cambiando con más rapidez los códigos visuales y estéticos.

 

Da la impresión de que muchos de los logros obtenidos por el sector profesional del arte en Cataluña están sufriendo un retroceso, desde fuera se aprecia una sensación de desmantelamiento. La Associació d’Artistes Visuals de Catalunya ha sido un agente muy activo y su papel ha sido importante para establecer otras normas del juego. ¿En que situación se encuentra todo eso a tu parecer?

Hay que diferenciar lo que es la crisis económica de las crisis institucionales y de la crisis de ideas. Creo que es un momento en el que la crisis económica está teniendo unas consecuencias en otros tejidos de la sociedad de los que el artista no escapa. Y como he dicho antes, en un contexto económico en el que se están desmantelando diversas áreas de lo que antes conformaba el servicio público, la parte del arte es la que actualmente el ciudadano considera de las menos importantes y por tanto, más fácil de suprimir.

Forma parte todo ello de este gran movimiento en el que, en general, Europa a distintas velocidades, ha ido cediendo. Creo que en Gran Bretaña sucedió hace 20 años, en Alemania también ocurrió en torno a hace 10 años, y en España está ocurriendo ahora. Estamos viviendo un proceso de desaparición de las esferas públicas como promotores culturales. Me parece una lástima pero también me parece que es el momento de darnos cuenta de que hay que hacer las cosas de manera diferente. No creo que la participación del Estado, el dinero público, vuelva en muchos años, si es que vuelve nunca. La cultura pública debe financiarse de otra manera. Y nunca debe confundirse con los intereses privados en el espacio público. La relación entre bien común e intereses privados debe reescribirse.

 

¿Se remunera el trabajo de los artistas que exponen en el MACBA?

Sí, desde hace muchos años.

 

¿Qué opinas de esta reivindicación profesional?

Los artistas que trabajan con el MACBA tienen un contrato y cobran unos honorarios por su trabajo. Nadie se hace rico trabajando con este museo, pero creo que tratamos a todos los profesionales de forma decente y adecuadamente remunerada. Me parece algo lógico. El museo también se beneficia en numerosas ocasiones de la generosidad de artistas que, por ejemplo, donan obras a la colección.

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En algunos casos los museos se convierten en cotos privados, hay ejemplos clamorosos. ¿Qué tipo de relación existe entre el MACBA, los agentes sociales de la cultura catalana y la sociedad?

El MACBA es un museo que todavía debe ser descubierto por los ciudadanos que lo han creado. Ese es uno de los grandes retos que nos hemos planteado desde hace unos años: aumentar la repercusión en el ámbito donde podemos crecer más, que es en del visitante local. El MACBA es la institución que realiza la cartografía de la cultura de nuestro tiempo y quiere ser motor fundamental de debates necesarios hoy. Más allá del arte, su epicentro, el MACBA es un museo abierto a la literatura, a la música, a la arquitectura, a la danza, al teatro, a la poesía, al cine…  Ir al museo hoy en día ya no es ir a ver imágenes, es ir a  protagonizar y compartir actos y experiencias muy diferentes que tienen relación entre sí, pero que conforman el abigarrado y muy amplio espectro de sensibilidades.

 

Las galerías de arte cumplen una función de divulgación del arte contemporáneo, más allá de su propósito de mercado. ¿Qué efectos está teniendo la crisis en el tejido de galerías de arte de la ciudad de Barcelona y de Cataluña? ¿Será capaz el museo de cubrir esa función si se sigue reduciendo el número de galerías?

Yo creo que Barcelona y Cataluña tienen un mercado del arte muy fiel, pero desgraciadamente todavía bastante frágil. La crisis tiene unos efectos brutales en ese ámbito y hace que cada vez menos artistas puedan vivir de su trabajo. Yo espero que las galerías tengan una actitud también de reconversión y de adaptación a un mercado que en sí mismo se ha transformado. Del mismo modo que las instituciones debemos adaptarnos,  los artistas sabrán resituarse en este contexto y el negocio de las galerías deberá también encontrar su lugar. Hace 30 años el mundo del arte contemporáneo español era muchísimo más reducido y muchísimo más precario que ahora: en una generación hemos dado un salto tremendo.

 

¿En la política de adquisiciones del MACBA se contempla alguna medida en ese sentido? En cuanto a las galerías.

La política de adquisiciones del MACBA se basa en la calidad de las obras de arte como criterio fundamental. Siempre hemos tenido una atención prioritaria hacia las galerías de nuestro contexto: en igualdad de condiciones se ha optado siempre por las galerías del entorno. Creo que la mejor manera de contribuir al desarrollo del sistema es seguir aplicando esos criterios de calidad con nitidez, exigencia y continuidad.

 

Se celebran los 25 años de la creación del IVAM. ¿Cual fue tu experiencia en el período que trabajaste allí?

Para mí fue una experiencia absolutamente fabulosa, aprendí el nudo de casi todo lo que sé ahora. Esa experiencia fue demasiado corta: sólo dos años. Pero recuerdo como un gran privilegio poder estar trabajando en el ámbito del arte contemporáneo y del arte moderno, de las vanguardias de principios del siglo XX. Creo que eso fue la gran apuesta y la gran calidad de ese museo, que también fue a buscar la calidad y el interés del arte fuera de los caminos trazados por las convenciones, el mercado o la moda. Cuando miramos el programa de exposiciones del IVAM encontramos una autentica enciclopedia de arte contemporáneo de primerísima calidad. Y exposiciones como las de Eva Hesse, Robert Smithson o Gordon Matta-Clark serían hoy irrepetibles. Y no hay más que ver un dato objetivo muy importante y es que un gran número de catálogos de esas exposiciones son hoy en día objetos de coleccionismo.

Estuve en el IVAM de 1993 hasta finales de 1995. Recuerdo mi llegada al IVAM: yo vivía en Bruselas y el día que me fui de Bruselas para basarme en Valencia, compré un periódico español y ví la composición del gobierno que acababa de ser nombrado en ese momento con Carmen Alborch como Ministra de Cultura. Me llevé las manos a la cabeza pensando en qué lio me había metido. Llegué al IVAM con el pasillo que llevaba al despacho de Carmen Alborch invadido por los trípodes de las cámaras de televisión que la estaban entrevistando. Coincidí en ese tiempo con la dirección de José Francisco Yvars que fue un director brillante, que hizo y dejo trabajar a su equipo. El alma de todo aquello fue, como sabe todo el mundo, Vicente Todolí, con un grupo de profesionales de primera categoría, con gran calidad humana.

 

Actualmente el Consejo Rector del IVAM está compuesto por políticos, excepto dos personas que pertenecen al ámbito universitario.

La mayoría de las instituciones de  nuestro país están regidas –con bellas excepciones-  por personas a quienes el arte no les apasiona. Deberíamos tener más patronatos absolutamente enamorados y apasionados por el arte.

 

En Cataluña, ¿cómo andáis de intromisión política en la cultura?

Yo no tengo intromisiones en el funcionamiento del museo, el patronato del MACBA es elegante en ese sentido.


¿Y en general percibes intromisión política en Cataluña?

Yo creo que en general Cataluña es un territorio donde la cultura se considera como algo todavía importante y somos muchos los que estamos trabajando en este sector con una gran libertad y convicción. De todas maneras la cultura no es impermeable al devenir de las ideas políticas, y por tanto, no somos una realidad completamente aislada de las ideas políticas del momento. Otra cosas son los gustos personales de cada cual …

Bartomeu Marí en el MACBA. Foto: Miquel Coll.

Bartomeu Marí en el MACBA. Foto: Miquel Coll.

(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

“Paz Olmos ocupa un cargo que no entiendo”

Ester Alba Pagán (Valencia, 1974), decana de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València, aborda en esta tercera y última parte de la entrevista la situación en la que se encuentra el Museo de Bellas Artes de Valencia, con una directora sin formación en la materia, sin perfil investigador ni experiencia en el mundo de los museos.

El nombramiento de Paz Olmos en julio de 2011 provocó la protesta unánime de los especialistas dentro y fuera de Valencia, colocando a la Comunitat Valenciana más cerca de los estándares de una república bananera. Destituida como Directora General de Patrimonio, fue recolocada por el Gobierno de Camps al frente de la que es considerada la segunda pinacoteca española, tras el Museo del Prado.

Las anomalías en el nombramiento obligaron a la Consellería de Cultura a dar marcha atrás, hasta cortar un traje a la medida que permitiera a Olmos ocupar por un periodo limitado de tiempo la dirección del Museo de Bellas Artes de Valencia. Esa etapa comienza a llegar a su fin, por lo que hacemos una revisión del estado en el que se encuentra el museo, de la mano de Ester Alba.

Museo de Bellas Artes de Valencia.

Museo de Bellas Artes de Valencia.

En el ámbito de la cultura,  ¿todos los males se pueden achacar a los recortes?

Estamos asistiendo a recortes en el mundo de la cultura y creo que hemos de analizar si ello ha sido beneficioso o no y analizar los resultados, que no eran los esperados. Las políticas deben ir dirigidas a todo lo contrario, a hacer una apuesta fuerte por la cultura. En un territorio como el nuestro, y esto sería extensible a todo el Mediterráneo, ¿que es lo que tenemos? Tenemos cultura, tenemos pasado, tenemos historia,  patrimonio y somos los primeros que no sabemos valorarlo, falta conciencia social. La cultura debe ser entendida como parte de un sistema y modelo económico fundamental que permita un desarrollo del territorio y de nuestra sociedad, capaz de hacernos salir de la crisis,  pues ya hemos observado a dónde nos ha conducido la economía basada en el pelotazo. Somos el segundo país europeo, por detrás de Italia, en importancia patrimonial, por lo que además de explotar el ya más que exprimido turismo de sol y playa  debemos incentivar el turismo cultural de calidad,  se viene también a ver otras cosas, y somos nosotros los primeros en denigrar, en no dar a conocer, en no respetar nuestro legado cultural, nuestra historia, nuestro patrimonio, nuestro pasado, hemos de cambiar eso. Este tipo de propuestas deben ir más allá de la rentabilización de la cultura entendida únicamente como turismo cultural, debe propiciarse en un sentido muy amplio, mediante un conjunto de actuaciones interrelacionadas que la sitúan como motor de cambio y desarrollo de la ciudad; la preservación del patrimonio cultural y la integración entre tradición (historia y patrimonio) y creación e innovación; el fomento del acceso a las nuevas tecnologías o a nuevas formas de creación, producción y consumo cultural y la promoción de las producciones culturales locales, industriales o artesanales, facilitando su comercialización; el desarrollo paralelo de la cultura y el turismo, haciendo accesible física e intelectualmente la primera para los visitantes, y la interrelación entre cultura y comunicación y entre cultura y calidad de vida. Un buen modelo es el de los distritos culturales (como Firenze, Dublin) en los que se da la conjunción de los intereses sociales, culturales y económicos que requiere la presencia en la ciudad de un grupo considerable de actividades y pequeñas empresas económicas (PYMES) que explotan la dimensión económica del patrimonio y que se relacionan entre sí. El cambio es fundamental que la imagen de la ciudad, o de un ámbito rural, será, así, percibida como un capital simbólico del cual los elementos más importantes son los pertenecientes al patrimonio y que el sistema conformado por los recursos patrimoniales y los agentes que intervienen en él sea capaz de generar empleo y riqueza siguiendo un modelo de desarrollo local basado en la cultura.

¿Hay fluidez en la relación entre los museos valencianos  y el mundo universitario?

Creo que hay una descomunión entre el mundo del museo y la propia sociedad. Encontrar las claves del porqué sucede esto es complicado. También es verdad que el mundo del museo, en la ciudad de Valencia en concreto, vive de espaldas a la Universidad. Universidad y Museo son como dos mundos distintos. No significa que nosotros tengamos que estar dentro del museo, evidentemente no, pero el problema es que no hay sinergia, no colaboramos, no incentivamos proyectos de investigación conjuntos, nosotros sí que insertamos y tenemos a muchos profesionales que vienen a las aulas a dar charlas y conferencias a nuestros alumnos de grado y master, pero al revés no se produce, es decir no hay un feedback constante entre el museo y la universidad. Este feedback también falta entre los museos valencianos y la sociedad. Se ha perdido un poco la consideración del museo, el volver a ilusionar a la gente, el volver a interesar a las personas, lo digo por ejemplo pensando en el Museo de Bellas Artes de Valencia, no valen recetas mágicas, la cuestión es de un trabajo diario, de una buena programación, de realizar un plan director, el manual de buenas prácticas y  realizar un ejercicio de transparencia, que no se pueda poner en cuestión ninguna de las actividades realizadas por ninguno de nuestros museos. De alguna manera, la sociedad valenciana ha de apreciar nuestros museos como algo suyo, verse reflejada en ellos para así apreciarlos. Estoy muy de acuerdo en el hecho de que se aprecia un desinterés, una falta de valoración hacia los museos valencianos. Por ello una de nuestras mayores preocupaciones es la necesidad de profesionalizar las direcciones de los museos, con expertos en las colecciones y conocedores en profundidad del mundo del arte, y a estos los formamos en la universidad.

Ester Alba 5 MAKMA Hasta ahora ninguno de los directores del IVAM, ni de ningún otro museo o centro valenciano, ha llegado al cargo mediante un concurso público, a excepción del Museo González Martí (dependiente del Ministerio de Cultura), que sí está por oposición. ¿Qué mensaje lanza eso a los profesionales del arte que se forman?

Mi labor como profesora, como docente en Historia del Arte, en museología y museografía, cuando tratamos el organigrama, los distintos modelos de organización de un museo –porque un organigrama dice mucho de cómo es un museo-, abordamos el asunto de la dirección del museo. Siempre pongo el ejemplo de González Martí que es uno de los ejemplos más loables. Su director, que es un profesional en la materia, ha alcanzado ese puesto de una manera absolutamente independiente y autónoma, esto le permite trabajar con libertad con criterio científico, aunque tiene limitaciones presupuestarias, pero por lo menos el criterio científico es adecuado y para mí es el ejemplo modélico. A partir de ahí, hay modelos distintos, dispares, criterios diversos, unos mejores que otros, pero bajo mi punto de vista hay que defender un modelo democrático, participativo y donde el acceso sea mediante concurso. Evidentemente, en el mundo del museo lo que sería deseable es la homogeneización de ese modelo. Para mí sería lo más adecuado. No sé si alguna vez llegaremos a conseguir que en el caso de los museos, en los distintos museos valencianos, se alcance esa lógica de actuación o de gestión, y no lo sé si se hará gobierne quien gobierne, pues en otras épocas hemos vivido ejemplos similares, gobernando otros partidos. Mucho hemos de cambiar, esto es una cuestión más de decisión política que de lo que deseamos los profesionales. No puedo ni quiero olvidar que lo deseable sería aplicar el Manual de buenas prácticas para las artes contemporáneas que concilió el consenso del sector de las bellas artes y eso, desde mi punto de vista, es mucho camino andado.

El Museo de Bellas Artes de Valencia se ha nutrido habitualmente de profesores de la Facultad de Historia de la Universitat de València para ocupar la dirección del centro. ¿Qué opinas de la decisión política que ha llevado a Paz Olmos a dirigir ese museo?

Mi opinión es la que comparte mi departamento, la que comparte mi facultad y la que comparte la Universidad. Es cierto que han sido habitualmente profesores de Historia del Arte, Carmen Gracia, luego estuvo Fernando Benito, los que han ocupado el cargo de dirección del Museo de Bellas Artes, creo que son personas que han prestigiado mucho el museo, han dirigido el museo con un criterio científico. Son personas que han sido nombradas en algún momento determinado, aunque lo deseable es que hubiesen ocupado ese cargo a través de un concurso de oposición. Pero he de reconocer que ambos implantaron una gestión científica ha sido muy valiosa para el museo, el de Bellas Artes era un museo provincial, con una excelente colección, pero que no gozaba de la categoría que debía tener. Creo que la gestión de Fernando Benito fue muy importante a la hora de poner en valor todo lo que es el arte medieval, y sobre todo el barroco, que era su ámbito de investigación. En la actualidad, el nombramiento de la actual directora corresponde a una decisión política, ella está ocupando allí un cargo que no acabo de entender. Me produce cierta sorpresa porque no entiendo muy bien los cambios que está introduciendo desde el punto de vista de la estructura del discurso expositivo. Es cierto que la exhibición planificada por Benito quizás se podía mejorar, podía tener algunos elementos con los que podríamos estar de acuerdo o no, pero era un proyecto expositivo coherente que mostraba perfectamente el valor de la pintura valenciana a lo largo de la historia, con los grandes hitos artísticos: la pintura medieval, del barroco y del XIX. Parte de la colección, aquella que no pertenece a la Academia de San Carlos o es fruto de donaciones, se reúne en el proceso de desamortización, cuando se exclaustran los bienes religiosos y salieron a subasta no solamente las tierras y edificios, sino también las obras de arte. Será la junta de museos, luego la comisión provincial, la que se ocupa de recoger las obras más valiosas de esos conventos que sufren la exclaustración y así la obra pasa al museo. De ahí que tengamos esa maravillosa pinacoteca que cuenta con cuadros absolutamente maravillosos de primera fila y de un valor inestimable desde el punto de vista artístico, de las mejores escuelas de época medieval, y de las mejores escuelas de época barroca. Pero tampoco creo que se deba responsabilizar a la actual directora de la situación que ha alcanzado el Museo de Bellas Artes, puesto que al no ser una profesional, decide bajo otros criterios.

Museo de Bellas Artes de Valencia.

Museo de Bellas Artes de Valencia.

¿En qué situación se encuentra hoy el Museo?

El discurso coherente expositivo que diseñó, creo que muy adecuadamente, Fernando Benito, hoy no lo encuentro en el Museo de Bellas Artes, no entiendo los cambios que se han realizado ni a qué obedecen y esto se ha plasmado en el ejemplo del cartel con el que uno identifica el museo: ¿Goya? y ¿Sorolla? ¿Son los definidores de la colección del museo? ¿Cuántos goyas tiene el Museo? ¿Es para atraer al público? Para que luego quede desencantado de lo que se va a encontrar si viene esperando encontrar obras de Goya. Es cierto que el museo de Bellas Artes tiene muchísimo potencial y obra muy valiosa oculta en los almacenes. Especialmente la pintura del XIX y XX que en el museo no ha tenido nunca ni el aprecio ni la valoración que merecía, pero esa es mi opinión.

Eso no significa que ahora nos tengamos que ir a Goya y a Sorolla y confrontarlo al barroco y lo medieval. Bajo mi punto de vista, creo que hubo un momento en el que había una oportunidad muy buena que se abandonó, que ha estado siempre latente, que es seguir el modelo de museo de Bellas Artes que se sigue en Alemania, estoy pensando en Munich por ejemplo, o en algunas ciudades italianas. Hablo de realizar un necesario museo del siglo XIX, que se pensó en el Carmen, pero no cuajó. En Europa existe la diferenciación de museo o galerías dedicados al “arte antica” y los museo o galería de arte moderno, distinguiendo o diferenciando un museo que recoja lo medieval, el renacimiento hasta el barroco y otro que recoja XIX y principios del XX, teniendo en cuenta el valor del arte del siglo XIX valenciano, una de las escuelas más valiosas, significativas y emblemáticas de su momento. Pero, el XIX no es sólo Sorolla, Sorolla es un magnifico artista, pero ya está bien de Sorolla, uno empieza a cansarse del discurso sorollista, que al final acaba denostando a un artista excepcional, porque evidentemente la obra de Sorolla es magnífica,  pero junto a Sorolla en el XIX había otros artistas tan buenos y tan valiosos como él. Y no hablo solamente de finales del XIX, pues a principios del XIX encontramos a Asensi Julià, discípulo de Goya, toda la obra de Vicente López Portaña y sus discípulos; a mediados del XIX hallamos a Ferrandis, Domingo Marques, Benlliure, Muñoz Degrain. Es decir, Sorolla y todo lo que significa la época de Sorolla no se entiende de una manera aislada, hay que mostrarlo junto con el resto de sus compañeros que trabajaron en la misma época y aquellos que lo precedieron. Hay que contextualizar histórica y culturalmente el XIX, dejar de estar marcado por el discurso sorollesco, artistas como Antonio Fillol, con lo excepcional que es, con esa carga de crítica social a la sociedad del XIX, con obras realmente maravillosas, ¿dónde está? Eso falta por hacer, y no hay conciencia de ello, y entonces al final acabas escuchando proyectos embrionarios que levantan suspicacias inmediatas… pero si el almacén del Museo de Bellas Artes está lleno de obras maravillosas que jamás han visto la luz, que no han salido de allí, y con las que se podría montar perfectamente un museo del XIX, una oportunidad perdida, esa es una tarea que queda por hacer.

Los criterios que pesan ahora en la exposición permanente del museo a mi no me gustan, pero es que yo creo que no le gusta prácticamente a nadie de los que nos dedicamos a la historia del arte. Pero, tampoco nos han preguntado, a lo mejor le hubiéramos echado un mano y además encantados, no nos hubiera costado nada, pues en realidad a nosotros lo que nos gusta es el arte y si hay una oportunidad de mejorar las cosas pues ¿cómo no vamos a colaborar? Es lo que estábamos comentando, el mundo del museo vive de espaldas a la Universidad, nadie nos pregunta, nadie cuenta con nosotros, cuentan fuera, pero aquí no, y eso no deja de llamar la atención.

(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

En la primera parte de esta entrevista abordamos con Ester Alba su campo de trabajo más directo, el de la educación y la universidad. Desde su experiencia docente, pero también desde su responsabilidad institucional, nos indica la repercusión fatal que algunas políticas educativas y económicas del Gobierno español y de la Generalitat Valenciana están teniendo en la práctica, así como su preocupación por el futuro de los estudiantes y los peligros que amenazan la autonomía universitaria y su modelo de gobernanza. LEER MÁS…

En la segunda parte, Ester Alba aborda su actual relación con el IVAM, como miembro de su Consejo Rector, y expone la necesidad de que los museos cuenten con una dirección científica, a la que se acceda mediante un proceso transparente de concurso público, para garantizar la idoneidad profesional del perfil de los candidatos, “como en el resto del mundo civilizado”. LEER MÁS…

Ester Alba Pagán. Foto Adela Talavera.

Ester Alba Pagán. Foto Adela Talavera.

“Las universidades privadas, ¿en qué ranking están?”

Ester Alba Pagán (Valencia, 1974) es, desde marzo de 2012, decana de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València. Su nombre saltó a los medios de comunicación en junio de 2013 a causa de su incorporación al Consejo Rector del IVAM, en representación de la Universitat de València en ese órgano. Su perfil independiente y progresista la convierten en un “perro verde” en el Consejo Rector de un Institut Valencià d’Art Modern que nunca estuvo tan politizado como ahora, ni atesoró tanto descrédito.

En una intensa entrevista/conversación, que publicamos en tres partes,  da un repaso crítico a la situación de la educación pública, el talento de tantos que se ven forzados a emigrar, las nuevas dinámicas en los estudios de historia del arte, el estado en el que se encuentra el IVAM, el descabezamiento del Museo de Bellas Artes de Valencia y la necesidad de aplicar modelos de transparencia y concurrencia pública frente a las habituales designaciones “a dedo” para acceder a los entornos profesionales de la cultura.

En esta primera parte, abordamos con Ester Alba su campo de trabajo más directo, el de la educación y la universidad. Desde su experiencia docente, pero también desde su responsabilidad institucional, nos indica la repercusión fatal que algunas políticas educativas y económicas del Gobierno español y de la Generalitat Valenciana están teniendo en la práctica, así como su preocupación por el futuro de los estudiantes y los peligros que amenazan la autonomía universitaria y su modelo de gobernanza.

 

La educación y la cultura no aparecen como asuntos prioritarios en la agenda política, ¿en qué dirección crees que van las decisiones del gobierno valenciano y en qué medida afectan al sistema educativo? 

Soy madre de dos niños pequeños y por decisión consciente y coherente estudian en un colegio público, creo que es importante no sólo defender la educación pública, de calidad, desde la teoría sino también desde la práctica. Esta postura no sólo se da como parte integrante de una sociedad que reclama el no desmantelamiento de la educación pública, sino también como profesional, como docente comprometida desde mi puesto laboral con la docencia universitaria, pública y de calidad. Al respecto, me siento orgullosa de ser una persona que  trabaja en educación pública. Al margen de ciertos indicadores, siempre utilizados en provecho de quien los publicita y mostrando un talante de autocrítica y capacidad de mejora,  considero que los mejores profesionales, sin duda, trabajan en la educación pública. Y, ¿cuál es la base de este argumento? Pues lo es la garantía que nos proporciona el actual sistema de acceso al puesto de profesor en la educación primaria, secundaria o superior en el sistema educativo público español. Un sistema basado en un concurso público que garantiza, en un alto porcentaje, la igualdad de oportunidades.

Es decir, en la actualidad no se accede a trabajar en un colegio, en un instituto o en una universidad del sistema público porque uno o una sea más amigo, más conocido o caiga mejor o peor a determinadas personas; sino porque ha superado un concurso de oposición, que garantiza la transparencia y permite que aquellos mejores expedientes, aquellas personas mejor preparadas, sean las que acaben trabajando como profesores en la educación pública. Yo creo que este sistema de acceso es el que garantiza que la educación pública en España haya sido una educación de calidad, y ese es el camino realmente, trabajando eso sí todos y todas al unísono para mejorar día a día.

Respecto a la universidad. A lo largo de las últimas décadas, la universidad pública ha sido un motor de cambio de nuestra sociedad, clave en la democratización del conocimiento y en la incorporación de la mujer a la esfera pública. La universidad pública ha dado respuesta a la demanda formativa de la sociedad, velando por la igualdad de oportunidades y promoviendo la movilidad social. Es mucho lo que queda por hacer, mucho lo que mejorar, sí. Pero a veces se pierde la memoria histórica y olvidamos de dónde venimos. ¿Cómo compararnos con universidades de larga tradición e historia democrática? Me parece absurdo ¿A caso nos olvidamos que hace apenas cuatro décadas que superamos el proceso de transición? Lo que no hay que olvidar es el camino que desde entonces ha recorrido la universidad pública española, con un crecimiento, consolidación y calidad internacional realmente vertiginosa. Ello no significa que no seamos conscientes de la necesidad de mejorar, de abordar los problemas de la universidad española, comenzando por el primordial: ser capaces de ofrecer una formación de calidad, rigurosa, profesional y crítica, como corresponde a la concepción de la universidad como un servicio público con una función fundamental para una sociedad democrática.

Una de las cuestiones que más me preocupa, en este sentido, es el cambio de modelo de gobernanza. Es decir, en el modelo de cómo se gestiona, cómo se dirige una universidad, un centro educativo público en general, apuntado ya en la LOMCE y para universidades en el llamado Informe de expertos solicitado por el Ministro de Cultura.  Es decir, el cómo una persona accede a los puestos de gobierno y de gestión académica. Creo que la autonomía universitaria es algo que hay que defender. La gestión de la universidad tiene que estar en manos de la propia universidad, la elección del rector o rectora debe ser democrática por parte de toda la comunidad universitaria, que sean ellos quienes decidan qué persona es la que quieren que dirija la universidad, su rumbo y la defensa de los valores universitarios, sin intervencionismos políticos.

Otro asunto que me preocupa, en relación a determinadas decisiones políticas, es el modelo en el sistema de acceso al mundo universitario. Un sistema de acceso que ha sufrido un bloqueo alarmante, a través de la imposición de la famosa “tasa de reposición”, que ha impedido la carrera académica habitual dentro de la universidad. Es decir, se han bloqueado las promociones a titular de universidad y a catedrático negando la legítima aspiración de los profesores a mejorar en su puesto docente tras pasar la exhaustiva evaluación a la que les somete una agencia independiente de evaluación de la calidad.

Pero lo más alarmante es que esto ha afectado, también, a los jóvenes profesores e investigadores: los ayudantes doctores y becarios de investigación. Una figura de profesor en formación, mileurista, que tras sus cinco años en la universidad ve como sus esperanzas de consolidarse se han evaporado. La tasa de reposición nos impide sacar concursos públicos y transparentes para su consolidación en la figura de contratado doctor o titular de universidad –que recordemos que es una oposición pública y transparente-, y asistimos al riesgo de exclusión de este profesorado que se ha formado del sistema universitario español. Un tanto sucede con los jóvenes doctorandos e investigadores postdoctorales. Jóvenes que se integran en grupos de investigación, que realizan estancias de investigación en el extranjero, en centros de investigación punteros, que formamos con nuestro dinero público, para que luego no tengan cabida dentro del sistema universitario. Creo que es algo que no nos podemos permitir: invertir en la formación de talentos y que esa inversión no se devuelva a la sociedad. La comunidad universitaria en pleno está concienciada de la necesidad de priorizar políticas universitarias conducentes a consolidar y estabilizar laboralmente a aquellos que hemos formado, el problema es concienciar a los políticos que nos gobiernan de ello. La estabilización laboral de los ayudantes doctores es una prioridad que está ya en la agenda de política de personal de esta universidad. Pero, más difícil es digerir el ver la cantidad de chicos y chicas, jóvenes promesas, que han realizado su tesis doctoral, a la que han dedicado no sólo mucho tiempo y esfuerzo sino también han invertido parte de sus economías familiares, algunos con gran dificultad, que marchan a buscarse un futuro más allá de nuestras fronteras. Estamos formando investigadores para que se vayan a fortalecer las economías de otros países, en vez de fortalecer nuestra economía, nuestra cultura, nuestro pensamiento, nuestro avance social… Todo ello agravado por una circunstancia añadida en el caso de la Universitat de València: la media de edad elevada de su plantilla. Esto puede generar un grave problema futuro no sólo desde el punto de vista científico, al no renovar equipos de investigación, sino también desde el aporte al trabajo diario de la ilusión, las ganas de trabajar y de hacer las cosas bien, de refrescar, en definitiva, el mundo universitario. Si no somos capaces, ahora mismo, de insertarlos dentro del mundo universitario, éste será uno de nuestros peores fracasos.

Además, el sistema de acceso no solamente está bloqueado, sino que también se quiere cambiar el sistema de contratación, a tenor de las opiniones vertidas por el informe de expertos, a través de un sistema “liberal”, competitivo, lo que significaría una contratación directa, “a dedo” o en base a determinadas cuestiones, ello no deja de suscitar ciertos interrogantes. Existe una cierta hipocresía y demagogia en argumentos que atacan a la universidad por endogámica. Es cierto que hay mucho que mejorar y avanzar en ese sentido, pero siendo transparentes. La pregunta es ¿con contrataciones “a dedo” se lucha contra la endogamia?, ¿o es todo lo contrario? Una reflexión que a mí me gustaría “hacer en voz alta”, porque, quiero decir que aquí se utilizan determinados términos de una manera muy demagógica, y luego la realidad de las alternativas que se plantean, parece que conducen, precisamente, a otro camino, que no es el que se pretende mejorar. Es bastante curioso. Por otro lado, la finalidad de esta nueva modalidad de contrato es poder insertar a los mejores expertos internacionales en nuestras universidades y eso mientras estamos expulsando del sistema universitario español a los que nosotros formamos y condenándolos a un futuro incierto.

Desde tu posición al frente de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València, ¿qué perspectiva de futuro ves a los estudiantes en estas materias y qué acciones llevarías a cabo en materia de política educativa y laboral si tuvieras la capacidad para ello?

Todos los años la Facultat organiza varias actividades dirigidas a la orientación de los/las estudiantes que se incorporan a la universidad. Una serie de acciones que van dirigidas a los estudiantes de bachillerato, en ese crucial periodo de transición o de inserción en el mundo de la universidad, que es un mundo desconocido y nuevo para ellos. Actividades, como el programa Conèixer, que es una especie de “puertas abiertas” para que los estudiantes de secundaria entren, conozcan la universidad, conozcan la facultad y qué estudios de grado, máster y doctorado ofertamos. Esta facultad es conocida como la Facultat de Geografia i Història, pero aquí tenemos cuatro títulos de grado: Geografía y Medio Ambiente, Historia, Historia del Arte, e Información y Documentación, que se dedica al tema de la archivística, bibliotecas, documentación y gestión de archivos en general, tanto de la empresa pública como de la privada, archivos sanitarios de hospitales, y que es una carrera muy interesante y con una gran inserción laboral. Pero además tenemos una decena de másteres oficiales. En arte y patrimonio cultural como  el Máster en Historia del Arte y Cultura Visual, o el  Máster en Patrimonio Cultural: identificación, análisis y gestión; en historia como el Máster en Historia Contemporánea, Máster en Historia e Identidades Hispánicas en el Mediterráneo Occidental (siglos XV-XIX), Máster en Historia de la Formación del Mundo Occidental (Antigua, medieval y Moderna) y el Máster en Arqueología; así como másteres en geografía y desarrollo local: Máster en Técnicas para la gestión del Medio Ambiente y del Territorio, Máster en Gestión y Promoción del Desarrollo Local, Máster en Cooperación al Desarrollo y el Máster en Gestión de Recursos Hídricos.

Realmente, se ha realizado un gran esfuerzo por parte de esta Facultad, entendida tradicionalmente como una facultad de letras, por conseguir que una amplia oferta de especialización, pero sobre todo mirando a una profesionalización del estudiante al servicio de la sociedad. Esto no significa una mercantilización de la universidad, ni la incorporación de la empresa dentro del mundo de la universidad, no confundamos, lo que estamos es preparando a nuestros estudiantes a través de materias que tienen que ver con el mundo de la profesión y de la investigación. De hecho, carreras como Historia del Arte se han preocupado por asignaturas que normalmente no habían tenido hasta ahora cabida dentro de estos estudios, como pueden ser la museología, la museografía, la gestión del patrimonio cultural, etc., se trabaja mucho la crítica de arte, y estamos trabajando en proporcionar estudios de expertización a través del nuevo Laboratorio de Historia del Arte. Yo creo que ese enriquecimiento es importante, hay que abrirse a otras disciplinas, el contacto entre universidad y sociedad es muy significativo y muy importante.

En relación a las cuestiones de política educativa, una de nuestras mayores preocupaciones es la orientación de los y las alumnos/as que acaban sus estudios universitarios. A ellos dirigimos una serie de actividades de orientación hacia el mundo de la especialización (posgrado, másteres y doctorados), el mundo de la investigación, pero también el mundo de las salidas profesionales. En estos momentos  no podemos más que ser sinceros y mostrar realmente que estamos ante un panorama de incertidumbre, “hay muchas nubes negras en el horizonte” y no se ven visos de despeje. En estas circunstancias la mejor apuesta de futuro es estar lo mejor preparados posible, la preparación, la adquisición de conocimiento, es algo que van a tener siempre. Les podrán quitar la ilusión, sus derechos sociales, cosas que hasta ahora hemos dado por seguras y hemos conocido como algo hecho y hemos descubierto que no era así, pero el conocimiento, el saber, el pensamiento crítico, la formación de calidad los van a acompañar siempre y van a formar parte de lo que ellos son como seres humanos pero también de lo que ellos pueden aportar a la sociedad como universitarios, esa sociedad del conocimiento tan ansiada, siempre en boca de todos, pero que realmente no se apuesta por ella. Si conseguimos que salgan bien preparados, no sé si encontrarán trabajo en este país, pero al menos espero que en algún lugar se valore esa preparación.

En materia de política educativa yo creo que ha sido un error muy, muy grande, la subida de las tasas universitarias, que afecta a los alumnos de grado, pero que sobre todo afecta a los alumnos de master, lo que se paga por crédito, que ronda los 40, casi 50€ por un crédito de master, es realmente un absurdo. Esto es algo que habría que replantearse, el precio de los postgrados, de los másteres en la universidad pública, para hacer más accesible a toda la comunidad universitaria los estudio de especialización. Porque el grado, son grados generalistas evidentemente, pero si lo que requerimos es que de la universidad salgan bien preparados para una respuesta a la sociedad no lo van a poder hacer si no acceden a un master. Y esa vía en muchas ocasiones la estamos cortando para aquellos estudiantes con menos recursos u obligándolos a cursar másteres en otros países europeos donde son mucho más baratos.

La universidad debe realizar y exigir un cambio en la política del gobierno por la reducción de las tasas universitarias. Dentro de las políticas propias, la Universitat de València ha realizado una apuesta muy fuerte con la convocatoria de becas propias, cuyo presupuesto ha cuadruplicado, con el fin de que ningún alumno/a quede fuera del sistema universitario por motivos económicos. Y esto es un contexto presupuestario difícil y complicado; de verdadera asfixia económica. La Universitat de València padece una cierta insuficiencia económica y financiera no provocada por ella. Desde que estoy en el gobierno de la Facultat primero como vicedecana y ahora como decana he visto como el presupuesto se reducía cada año alrededor de un 10% y hemos hecho política económica de austeridad. Esta insuficiencia económica ha venido provocada por  los recortes reales aplicados al presupuesto universitario, como se ha aplicado recortes en educación no universitaria, en sanidad y en política social. Hoy las universidades se encuentran con un presupuesto que se sitúa en niveles de 2004 en términos reales. El retroceso es evidente. Pero, agravando este problema, nos encontramos con el incumplimiento por parte de la Generalitat Valenciana del pago de la deuda contraída con las universidades y reconocida por la propia Generalitat. La llamada deuda histórica que en el caso de Universitat de València equivale a casi 300 millones de euros, el equivalente a toda una anualidad. Es decir, en la época de bonanza, el gobierno valenciano ya no liquidaba a las universidades el dinero comprometido, sino que parte de éste se iba acumulando en una deuda que ya ha pasado a ser histórica y cuya liquidación, pese a haber sido pactada con las universidades, se está demorando. Este importe que se debe, que podría haber laminado los efectos de los recortes, y que se corresponde con gastos ya comprometidos por las universidades y ejecutados, sigue siendo una asignatura pendiente.

No es ya que se recorte el presupuesto o que no se pague la deuda contraída. Es que cuando se comprometen fondos para la subvención ordinaria, la Generalitat suele pagar a través de mecanismos financieros que generan intereses. Las universidades públicas han ido asumiendo esos intereses, por lo que han tenido que ajustar aún más sus presupuestos. Eso sin contar con el efecto que tiene el retraso en el pago de subvenciones e importes correspondientes a fondos de investigación. Ese dinero debe ejecutarse en paralelo al proyecto, y en muchos casos no hay otra solución que adelantarlo por parte de las universidades, asumiendo de esta forma una carga en forma de intereses sobre ese capital. En resumen, el problema de las tensiones de tesorería de las universidades públicas se deriva de los retrasos en el cumplimiento de obligaciones del gobierno, con el efecto de tener que hacer un ejercicio adicional de austeridad para superar esta difícil situación.

Y, por último, en cuanto a política laboral, en los últimos años se ha realizado un notable esfuerzo por la incorporación de  prácticas externas en las carreras, que tradicionalmente era algo propio de las carreras de ciencias o tecnológicas, lo tenían bastante claro, en las carreras de humanidades nos ha costado un poquito más, pero se ha hecho un esfuerzo muy grande para que el alumno pueda acceder al mundo laboral, ya en las propias carreras. Eso sí, sin que las prácticas externas degeneren en mano de obra barata o gratis para las empresas y que con ello se eviten contratar. La práctica externa debe de tener un carácter formativo evidentemente, no se trata de que el alumno vaya a trabajar sino a formarse, y a conocer el mundo laboral: cómo funciona un museo, cuál es el organigrama de un museo, cuáles son las funciones, cómo trabaja una galería de arte, nosotros tenemos muchos convenios precisamente con las galerías de arte donde van nuestros alumnos a formarse, y yo creo que incentivar este tipo de prácticas es bastante importante. También intentamos que los profesionales se inserten en la formación universitaria organizando jornadas, seminarios con el fin de que cuenten su experiencia profesional de primera mano a los alumnos/as  y conozcan de cerca la realidad laboral, yo creo que eso es algo importante.

Ester Alba Pagán.

Ester Alba Pagán.

Las entidades bancarias están buscando nuevas fuentes de beneficios que puedan sustituir el negocio de las hipotecas y parece que han fijado su atención en la sanidad y en la educación. ¿Qué opinión tienes de la línea privatizadora que está impulsando el Gobierno de España en esos sectores? 

Nuestra respuesta ahí es contundente, hay aspectos donde lo privado no cabe, hay determinados derechos que todos tenemos como ciudadanos, uno es la sanidad, otro es la educación y la cultura, habría otros derechos de los que podríamos hablar, pero estos yo creo que son los fundamentales, es una cuestión de pacto de estado. Hay cosas que son intocables, inviolables. Tanto la sanidad como la educación deben ser públicas, y no pueden ser entendidas nunca como un negocio, es decir, ¿la sanidad y la educación tiene que ser rentables económicamente?, y más cuando en este país en muchas ocasiones la rentabilidad económica se entiende desde unas miras de enriquecimiento inmediato, cortoplacista. La sanidad y la educación son rentables, y lo son como apuesta de futuro, a largo plazo, pues revierten en una sociedad bien preparada, una sociedad que tiene un bienestar social, así se enriquece.  A mí me asustan mucho los cambios legislativos, no por el hecho de que haya un cambio, sino por el número elevado de ellos ¿cuántos cambios legislativos ha tenido la educación desde la transición? Esto es absurdo. Cada vez que accede un partido distinto al gobierno se vuelve a cambiar ley, y se vuelve a reformar, un parche tras otro. Esto es una cuestión de estado, debemos de tenerlo claro. La educación es una cuestión de consenso entre todos, y de construir una educación que ha de ser pública, accesible a todos y que sobre todo garantice la igualdad de oportunidades; es un derecho constitucional ¿si no de qué estamos hablando? Yo creo que en ese sentido vamos un poco a la deriva, tengo esa impresión. No sé si naufragaremos en algún momento o ya lo estamos haciendo.

En el sector profesional del arte contemporáneo en Valencia se ve con extrañeza la escasez de docencia en materia del arte de las últimas décadas. ¿A qué se debe?

Sí que es cierto, porque es algo que yo he comprobado como alumna de Historia del Arte en esta Facultad.  Si echamos la mirada hacia atrás, de manera tradicional, los estudios de arte propugnados por los departamentos de la universidad española, con algunas salvedades como Barcelona, se mantenía un planteamiento excesivamente tradicional. Aquello de que “después de Goya no había arte”, significaba una especie de freno a partir del siglo XIX. Pero, sin embargo, esto ya no es así, precisamente la reforma universitaria sirvió al departamento de Historia del Arte de la Universitat de València para reflexionar sobre estos vacíos. En el Consejo de departamento de Historia del Arte, el órgano de gestión más importante del departamento, de manera democrática se discutió la elaboración de los nuevos planes de estudio y se hizo un gran esfuerzo por insertar, no solo esas asignaturas profesionales que comentábamos antes, sino también asignaturas que tuviesen que ver con el arte contemporáneo y las manifestaciones artísticas más actuales. Lo que sucedía con aquellas asignaturas de Arte contemporáneo anuales de la antigua licenciatura es que el profesor empezaba por la Ilustración, Revolución Francesa, Neoclasicismo, Romanticismo, Impresionismo, Vanguardias, pero no se llegaba nunca al final del temario, el problema es que lo último siempre quedaba por dar, precisamente aquello relacionado con el arte actual. Detectado ese problema, con la reforma de los planes de estudio se sacaron esos bloques temáticos del final y se crearon asignaturas nuevas, concretamente asignaturas que tienen que ver con las últimas tendencias, con el llamado arte actual, y con la cultura visual: dedicada a la fotografía, dedicado al cine, además hemos tenido excelentes profesores como Pilar Pedraza, yo creo que una de las profesoras más queridas de nuestro departamento, como también nuestros profesores valiosísimos en el mundo de la historia del cine. Esto ha revolucionado nuestros estudios, de hecho el máster en Historia del arte y cultura visual muestra el esfuerzo por insertar todo lo que tiene que ver con el mundo contemporáneo, con el mundo del arte actual, de las nuevas expresiones artísticas, el mundo del género también, la importancia de la mujer artista, que ha sido muy denostado a lo largo de la historia, etc. Es un master, que además es de los pocos que a nivel nacional ha alcanzado la Mención de Calidad, y que deriva en un Doctorado de excelencia. El cambio ha sido fundamental, ¿sabes dónde más lo notamos? En el trabajo final de master, y en las tesis doctorales en donde el porcentaje de estudios de investigación se dirigen al mundo del arte contemporáneo, al mundo del mass media, al mundo de la cultura visual, del cine, del cómic, les interesa muchísimo el arte actual, el arte con el que ellos se identifican, se relacionan. Pero esa mirada más tradicional de la Historia del Arte, que mira y analiza el pasado, también tiene que existir. Hemos pasado de un extremo al otro lado. Debemos recuperar el entusiasmo por el arte clásico, el arte medieval, el barroco, pues están perdiendo interés en la formación de nuevos investigadores, que están más entusiasmados por estas nuevas tendencias.

Sin embargo, los alumnos de grado, porque no todo el mundo se puede permitir hacer un máster, perciben esa falta de docencia en la materia, y cuando hacen trabajos de fin de grado, perciben por parte de cierto profesorado cierto desprecio hacia lo contemporáneo y una infravaloración por los trabajos realizados sobre esas materias.

Puede ser, mi visión es distinta, yo soy profesora de arte contemporáneo, por lo que no voy a denostar precisamente lo que explico, lo que trabajo, y lo que investigo, de hecho mis proyectos de investigación en la actualidad están relacionados con el tema del arte, mujer, arte contemporáneo, y todo lo que significa una revisión del arte producido por mujeres en el arte actual. Desconozco si compañeros míos, dedicados a otros ámbitos artísticos, o a otra manera más tradicional de entender el mundo del arte, pueden ver con otros ojos el arte contemporáneo, o el Arte Actual, el arte del presente. Es cierto que de manera tradicional se ha dado una cierta confrontación en la manera de ver y entender la historia del arte. Una confrontación que tiene una tradición muy larga, entre el hecho de “yo soy un historiador del arte”, soy historiador, y por tanto, mi visión del arte no solo tiene que ver con el análisis de la imagen, con la percepción del objeto artístico, con su contextualización histórica, etc. sino con la documentación de primera mano, utilizando fuentes primarias, visitando el archivo, descubriendo documentos que nos permita una relectura de las cuestiones artísticas que se tratan desde un punto de vista de etapa o de periodo histórico en relación al arte. Y que consideran, y así en muchas ocasiones ha sucedido y ha pasado, que el arte más actual o el arte contemporáneo, cuando uno entra a investigar esa parcela temporal concreta está haciendo más crítica de arte que historia, pero no es cierto. Es decir, la única diferencia es lo temporal, entre un pasado remoto o un presente que ya comienza a ser pasado también. De ahí que en el máster tratemos ambos aspectos: la historia del arte y la cultura visual en dos itinerarios diferenciados, para recoger ambas visiones.

Lo difícil de trabajar arte actual es encontrar la distancia temporal necesaria, ese poso histórico que necesita el arte. Así como dirimir algunas cuestiones que, por otra parte comienzan a ser tradicionales: ¿qué es verdaderamente el arte? o ¿qué artistas son los merecedores de formar parte de la historia del arte en mayúsculas?, porque no todos pueden entrar, y nos falta una perspectiva evidentemente temporal o histórica para ello, pero también todos sabemos que el arte se revisa continuamente, que incluso la apreciación sobre determinados artistas o sobre determinados movimientos artísticos, cambia, evoluciona y lo que en un momento determinado se apreciaba ya no se aprecia. La consideración de lo artístico es mutable evidentemente, porque es tan mutable como nuestro pensamiento, el arte forma parte de nuestra concepción del mundo, de manera global, desde el punto de vista de nuestro pensamiento y nuestra relación con la sociedad. Estamos en la efeméride del Greco, un artista que ha gozado de una escasísima fortuna artística a lo largo de la historia, pero hoy nadie duda de su valía y excepcionalidad. Aunque dentro de la profesión de la historia del arte hay quien mantiene una visión más tradicional del arte, también es cierto que este departamento, en los últimos años, se ha nutrido de jóvenes profesores con ideas nuevas que se han formado en Nueva York, en París, en Italia y que nos hemos movido para conocer nuevas tendencias en el mundo de la historia del arte. La historia del arte ya no es esto de la estampita de las vírgenes, hemos cambiado un poco. En cualquier caso, nosotros proporcionamos herramientas para que el alumno se interese en profundizar en procesos de creación de distintas épocas. Y el arte actual, ciertamente, constituye uno de los aspectos que despierta más admiración, interés e inquietud.

¿Qué ambiente se respira entre el profesorado y los alumnos de la facultad ante el precipicio social que muestra la realidad?

Los alumnos en la actualidad están muy comprometidos y a mí esto es algo que me gusta mucho, me siento muy orgullosa de los estudiantes de esta facultad. Cuando empezaba a estudiar en la facultad y cuando comencé a dar las primeras clases con la beca de investigación, siempre escuchabas aquello de que los alumnos “ni sienten, ni padecen”; es decir que parecía que nada les interesaba, no participaban en las clases, eran muy apáticos, parecía que nada les preocupaba. Mi sorpresa fue descubrir que aunque parecían dormidos no lo estaban realmente. Hubo un curso excepcional, los profesores les llamamos la “generación de los valientes”, aquellos que lucharon y se manifestaron por la continuidad y la autonomía de la disciplina de la Historia del Arte.

En la actualidad, como resultado de la difícil situación actual el cambio es más visible: los alumnos son participativos, comprometidos, están llenos de ilusión, de luchar por lo que ellos consideran que son sus derechos, pero además están muy próximos a los problemas sociales y son solidarios con los más desfavorecidos. Nuestros alumnos concretamente, han hecho algunas acciones muy interesantes como las jornadas de un libro por un kilo de comida, preocupándose por sus compañeros más desfavorecidos, hacen piña y se mueven mucho desde ese punto de vista. Están muy activos, tanto en lo social como en lo ideológico podíamos decir, sobre todo defendiendo la universidad pública, la universidad en que se están formando y que aprecian.  Y la aprecian y estiman porque la Universitat de València es la UNIVERSIDAD, con mayúsculas, es la universidad de todos los valencianos. Es la universidad más antigua, no nos olvidemos de que la Universitat tiene más de 500 años, y forma parte de nuestro  patrimonio cultural, de nuestra historia como pueblo. La tenemos que defender también desde ese punto de vista, de lo que es y lo que significa en la sociedad actual como elementos histórico y cultural, que ha formado parte de nuestro pasado, nuestro presente y que ha de formar parte de nuestro futuro, es un legado del que no podemos prescindir. También la universidad es un referente para la sociedad valenciana. Es una institución respetada y respetable. Es un lugar de conocimiento y del saber. Independiente de los poderes políticos y de los avatares partidistas.

Respecto al profesorado la cosa es un poco más complicada. Muchos se han jubilado en los últimos años con una sensación agridulce, con la impresión de que ya no pueden más, que se les agota la energía de luchar y de ver como esto está en peligro, y un poco se han ido con esa zozobra de qué es lo que pasará. A ello, se ha unido el cambio de la dedicación docente del profesorado, es decir, si tú investigas mucho estás a 16 créditos, si eres joven y estás iniciando tu carrera te ponemos a 24, pero si creemos que no investigas lo suficiente te ponemos a 32 créditos, con lo que el profesor entra en un bucle interminable de clases que le impiden investigar y del que es difícil salir. Esto ha creado un conflicto, incluso ha dividido y enfrentado la posición del profesorado. La investigación forma parte de nuestra profesión, es un tercio de nuestra dedicación, nosotros somos personal docente e investigador, somos profesores y somos investigadores. Pero la manera en la que se mide la investigación es quizás lo inadecuado, pues se aplican a la producción científica de Humanidades o Ciencias Sociales criterios propios de las Ciencias Experimentales, bajo unos criterios determinados de calidad-impacto, que son muy discutibles, y son discutibles porque no todas las áreas, ni la calidad ni los impactos científicos se miden de la misma manera. La universidad no es homogénea y, consecuentemente, no se pueden aplicar las mismas condiciones ante situaciones distintas y diferenciadas.

Esta manera de medir la investigación es propia de sistemas “liberales” del mundo anglosajón, no se trata de evaluar la calidad, novedad e interés del texto publicado, sino de en qué revista o editorial lo has publicado (lo que se decide con criterios un tanto competitivos: medir y no evaluar). Esto sorprende y más cuando en investigación de historia, lo que tiene sentido es investigar la historia del lugar, del locus, la historia está ligada al territorio, a la sociedad, así lo defiende incluso organismos de carácter internacional como la UNESCO y el ICOM que plantean el estudio y la defensa del Patrimonio desde conceptos nuevos como el Heritge Place, es decir el patrimonio ligado a su lugar. En muchas ocasiones esta perversión de quién es considerado o  no “investigador” de acuerdo a estos parámetros mercantilistas ha creado una ruptura muy fuerte en el mundo universitario, que es algo que preocupa, y más cuando, lo que tenemos que hacer es “ir todos de la mano”, cohesionados con una actitud firme y conjunta frente a quienes intentan socavar la autonomía universitaria, con ese tipo de reformas internas.

A todo esto se le añade aquellas críticas que alzan su voz ante la presencia de las universidades españolas en los rankings. Y esto enlaza con la preocupación ante la situación financiera de todas las universidades públicas, por ese precipicio económico al que estamos siendo sometidos. Cuando se escucha aquello de que las universidades públicas no están en los rankings … bueno, no estamos en los rankings y ¿dónde están las privadas? ¿En qué ranking están? No se les espera siquiera… me llama muchísimo la atención. Y cuando uno observa qué universidades son las que están ocupando los primeros lugares en los rankings científicos, evidentemente son las universidades que tienen un mayor presupuesto, tienen suficiencia económica y pertenecen a países democráticos que creen, apoyan y sostienen sus universidades a las que dedican el 3% de su producto interior bruto, mientras nosotros estamos en el 1’33% PIB, creo recordar.  Universidades, además, que tienen y que gozan de una gran autonomía universitaria. Es que esto nadie lo cuenta, es decir, no están arriba porque sí, sino porque cuentan con un sistema que permite su crecimiento como universidad desde el punto de vista docente y científico. Son cuestiones que debíamos tener claras. El problema de la universidad es que la sociedad no es consciente de todas estas cuestiones, nos falta hacernos visibles y comunicar nuestros problemas.
(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

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Ester Alba Pagán. Foto: Adela Talavera

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