Cohen: Al(gu)ien en tierra de nadie

Lynne Cohen, restrospectiva
Comisaria: Nuria Enguita Mayo
Sala Rekalde*
Alameda de Recalde 30. Bilbao.
Hasta el 25 de enero de 2015

Lynne Cohen (1944–2014) empezó a fotografiar a comienzos de los setenta –provenía de la escultura y el grabado– los salones de sus vecinos y otros espacios íntimos que le parecieron dignos de ser retratados para “plasmar las realidades sociológicas de un mundo cambiante”, según sus palabras. Hay una curiosidad etnográfica en esa intimidad circundante pero sin ánimo científico; no data su fotos, ni revela su exacta ubicación (con la salvedad de unas pocas al comienzo) en un intento de que el relato no se someta a prejuicios geográficos, se someta a clichés culturales, o pruebas de cargo sociológicas. Es su manera de superar la anécdota visual y dotar de entidad a la fotografía al aislarla del intrusismo controlador (que las pequeñas comunidades consideran normal en el intercambio de información local).

En estas primeras fotografías hay un cierto pasmo ante la profusión de objetos, algunos curiosos, bizarros, en ese espacio de exposición que es el salón de la casa. Un espacio teatral por excelencia donde la familia representaba –simulándolas– su buena cuna y sus posibles; un lugar donde lucía la memoria familiar. Pero el moderno living tiene una incoherencia plástica que se impone sobre los objetos cuajados de recuerdos, la limpieza: el rechazo de lo deteriorado, de las manchas, de las cicatrices del tiempo.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Las primeras fotos de Lynne Cohen son casi coetáneas de aquel viejo anuncio del sacabrillos cuyo slogan gritaba “cambie el polvo por brillo natural”. Así frente el deterioro (que sí es lo “natural”), el brillo oculta el paso del tiempo y hace que la memoria familiar sea sometida también a una limpieza, a un expurgo, y a un brillar y deslumbrar en su exhibición.

La fotógrafa también nos muestra salas de clubs masculinos donde la representación se ensimisma y la intimidad grupal se sobredimensiona hasta lo kitsch: hombres tocados de sombreros turcos con inscripciones, sillones con astas de alce, una galería de notables custodiada por un ciervo disecado. Ahí parece nacer lo que será el leit motiv de su fotografía: mostrar interiores que por diferentes razones no son accesibles.

En los comienzos son fotografías de pequeño formato con una invisible —pero perceptible— mano que gira palma arriba para mostrar las salas. Es la única presencia humana, sobreentendida: Lynne fotografía los interiores sin persona alguna (“no sabría dónde ponerlas”) aunque se puede percibir la presencia fuera de cuadro, contemplando –ufanas– su escenario favorito.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Cohen se vale de composiciones equilibradas, una iluminación bien compensada (con una exposición larga) que permita detallar todo el espacio; un punto de vista natural en altura y una acusada simetría compositiva. Así consigue distanciarse y ofrecer una mirada neutra; de modo espontáneo brota la curiosidad objetiva que desea escudriñar. Este ofrecimiento a mirar se troca en “invitación a entrar” cuando sus fotos pasan a formato más grande al inicio de los 80. La ausencia de personas, la desaparición de la autora y el tamaño grande hacen que la retrospectiva de la Sala Rekalde sean más de sesenta ventanas a las que asomarse.

Agotado el tema de los livingroom y los clubs masculinos, Cohen da rienda suelta a esa necesidad de mostrar lugares poco accesibles e incluso lugares que están a dos pasos en un instante inédito. Durante el resto de su producción surgen sus series de fotografías agrupadas bajo colecciones genéricas: aulas (classroom), spas, laboratorios, warehouse, escuelas de vuelo, fábricas, instalaciones militares. Son espacios muy distintos a los salones “de exhibición” anteriores: la mano alegre que mostraba pasa a ser una mano que abre una cortina donde está lo que no se enseña (muchos a regañadientes, según comentó). Queda atrás el espejo que se mira la cara maquillada, el ornamento y la ostentación.

Cohen fotografía los órganos del sistema, donde los procesos ocultos: ahí donde se experimenta, se aprende, se descansa, se ensaya, se fabrica, se relaja, se prueba, se sanea, se almacena, se adiestra… a disparar. Pasa de una fotografía que no estaría lejos del cuché (salones y clubs en modo show), a otra mucho más distante, más cercana a la ecografía de los interiores del sistema (donde el control).

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

En la retrospectiva, la serie de Aulas es notable y se funde con la de otros espacios de entrenamiento y aprendizaje como las galerías de tiro, los simuladores o incluso las salas de baile. Son todas fotografías de gran formato lo que dota al observador de detalles e imperfecciones como abolladuras, muescas, arreglos que enriquecen el genérico título de la foto con el espacio retratado. En algunos casos muy evidente y en bastantes asalta el extrañamiento visual.

La mirada pasmada suele encontrar en el humor una manera rápida de salir de ese estado oleaginoso: buscar una ganzúa en los varios significados que la ambigüedad ofrece con la esperanza de que una de las puertas ofrezca el escape. En algunas fotografías no queda muy claro qué son, qué se hace (ni, por supuesto, quién lo hace). Los objetos no destacan en forma, ni en ubicación. Salas y estancias carentes de un punto central funcional que dé significado y ofrezca líneas de fuga hacia los matices. No, todo conjuntado y cerrado en sí mismo.

Objetos y muebles, suelos y techos, paredes, todo queda a merced de un diseño monótono de motivos geométricos o vegetales como si fuera un tejido de camuflaje (especialmente en blanco y negro). Puede ser un recibidor de un hotel pretencioso, o un espacio mixto frente una oficina industrial, o una antesala donde entregar paquetería. Mediante patrones llamativos y chillones se configura el equívoco, el pasmo, un paréntesis a nuestro mirar etiquetador. Sin buscar la sobreinterpretación que es el peligro de esta obra, ya que cualquiera de sus fotografías con maniquíes se impone casi; en una segunda observación aparece más abstracto que hay engaño, artificio y ese debate entre lo absurdo (de mirar para clasificar) y lo serio.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

De la fotografía de Cohen suele destacarse que causa inquietud por carecer de personas e inspira a percibir presencias, ausencias, incluso ver fantasmas en sus instantáneas. La habitación deshabitada se utiliza contra el que mira: anula el mirar forense, produce apariciones, la fantasía encuentra interrogantes que habitar. La perturbación no nace de ninguno de los objetos que Cohen fotografía, sino de la pérdida de éstos (de escala humana en las primeras fotografías hacia estructuras y aparatos sobrehumanos) y en consecuencia da paso a el aire; un aire vaciado que permite a la imaginación entrar y, claro, obligarla a husmear por marcas, aparatos, reflejos, ventanales y romper los confines de cada imagen.

En algunas fotografías los maniquíes, los muñecos, las siluetas de figura humana invocan la presencia humana abstracta y cosificada de las víctimas del ensayo: estar ahí para ser tiroteadas, golpeadas, vestidas. En otras hay mirillas y troneras, cabinas de observación, barricadas que materializan la presencia no visible de personas que observan y controlan; al igual que al otro lado de micrófonos y tuberías, en el origen de cableados, leyendo indicadores, medidas, ajustando parámetros. Y por último, la simple orfandad del mobiliario vacío, de las salas despobladas de baile o las aguas quietas de las piscinas acaban por imponer una nostalgia de cuerpos. No en vano Lynne Cohen tituló a sus exposiciones más famosas “Camouflage”, “Occupied territory” (Territorio ocupado) y “No Man’s Land” (Tierra de nadie). Quizá dando a entender que si bien ella no sabía dónde poner las personas, los espectadores podrían.

La última imagen de Cohen es la pared lateral de un frontón de la serie llamada classroom (algunas fotografías fueron tomadas en España en los 90). Un frontón sin números, ni los pasa y falta: las rayas pintadas revelan que no es el largo frontón clásico de pelota. Un guiño local, una manera de mirar a uno de esos espacios comunes con otro ángulo, una invitación a reposar la mirada y apreciarlo con la misma luz, sin nadie, con otra velocidad.

¿Y si se revisaran todas estas fotografías como la persona encargada de limpiar y ordenar el lugar? Como si se acabara de evaporar la última marca de agua jabonosa en el suelo y, acodado sobre un carrito de baldes y escobones, se contemplaran los espacios que otros usarán justo antes de volverse para apagar la luz. Espacios donde poder descansar nuestra mirada mientras ellos descansan a su vez de nosotros.

* La retrospectiva de la Sala Rekalde consta de 78 fotografías. Se inició en la Fundación Mapfre en Madrid en febrero de 2014. La autora se ausentó de la inauguración por problemas de salud que no pudo superar y falleció en mayo. Afortunadamente para los lectores de Makma, se puede visitar la exposición madrileña mediante una visita virtual con apoyo gráfico y auditivo en la dirección:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/lynnecohen/visita_virtual/visita_virtual.html

Esta retrospectiva también estuvo expuesta en la Sala Vimcorsa en Córdoba. La obra completa en la web de la autora también merece una visita aunque las imágenes son de resolución media-baja: http://www.lynne-cohen.com

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Jorge Laespada

“No haríamos un festival sin pagar a los artistas”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos
Entrevista realizada por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont  y Salva Torres

Meritxell Barberá e Inma García no dirigen el Festival 10 Sentidos: lo llevan en las venas. Por la sangre de estas dos bailarinas, coreógrafas y gestoras culturales no corre, sino galopa el certamen de arte e integración que este año cumple su cuarta edición. Lo hace a lomos de una propuesta que amplía sedes y se reparte por toda Valencia (Centro del Carmen, Palau de les Arts, Filmoteca, La Nau), para mostrar lo ‘Im-Perfectos’ (tal es el lema) que somos los seres humanos: mezcla de seguridad y de fragilidad.

Como son bailarinas fundadoras de Taiat Dansa (1999), antes que ‘cocineras’ de su propio festival, saben lo que supone estar a un lado y otro de la barrera. De manera que conocen de primera mano el “proceso de vulnerabilidad” del artista, “lo bueno y lo malo” de la vivencia creativa, lo que facilita su labor al frente de un certamen que se nutre de pasión artística. De ahí los diez sentidos que son necesarios poner a la hora de entrar en su ya consolidado festival. Un festival que reúne profesionales de diversas disciplinas (danza, teatro, música, cine, artes plásticas) tengan o no alguna discapacidad. O mejor: “Artistas con diferentes capacidades”.

Meritxell Barberá, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Meritxell Barberá, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

“La auténtica integración es poner en alza la discapacidad”

¿Por qué Festival 10 Sentidos?

Meritxell Barberá: “Porque hay que agudizar al máximo los sentidos, poner en marcha toda la energía para mostrar todo ese arte lleno de historias, superaciones y retos”.

Inma García: “Se trata de ir más allá de los límites de los sentidos”.

Meritxell: “Y como la auténtica integración es poner en alza la discapacidad, unas más aparentes que otras, decidimos crear este festival, donde, por ejemplo, bailarines en silla de ruedas pueden actuar con otros sin esa discapacidad”.

Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Si a esa necesidad de integrar artistas de diversa condición se le suma el hecho de que “en Valencia hace falta más escena contemporánea, de vanguardia” (Meritxell), se entiende a la “perfección” la existencia del Festival 10 Sentidos. “No tenemos tradición de danza en este país, por lo que se hace necesario acercársela al público trayendo primeras figuras” (Inma).

“Cuesta fraguar políticas culturales a largo plazo”

Meritxell tiene claro que de igual manera que se invirtió en el cine español, “y hoy se ha conseguido que el público lo consuma”, se trata de hacer lo mismo con la danza. “La inversión inicial consiste en programarla”. Y agrega: “Cuesta hacer políticas culturales a largo plazo y más en danza”. Cuesta, vaya que si cuesta. En su doble sentido de esfuerzo y de dotación económica. “Necesitamos más apoyo, no más dinero” (Meritxell).

Meritxell García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Meritxell García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Y el apoyo empieza por aflojar el nudo de la enredada trama burocrática. “Más de 7.000 personas pasaron por el Centro del Carmen durante la edición anterior del festival y, pese a estar ya consolidado, seguimos teniendo que hacer un montón de trámites para montar el siguiente. Es un proceso de mucho letargo”, subraya Inma. “Habría que trabajar de forma más ligera con la institución, que no sea tan farragoso el proceso, porque eso también te va minando”, remata Meritxell.

Se trata de aligerar el peso que supone organizar un festival con “11 meses de trabajo constante y en el que invertimos tiempo, energía y dinero”. Dinero procedente de la Fundación Mapfre, de la que hablan maravillas: “Ahí sí que hemos notado siempre una gran sensibilidad; les interesa e incluso lo disfrutan”. Aquello de “toma el dinero y corre” no van con ella. Como no va con Meritxell Barberá e Inma García lo de la cultura gratis total. “Jamás haríamos un festival sin pagar a los artistas. Sería tirar piedras contra nuestro propio tejado. Va en contra de la profesión”, dicen casi al unísono.

Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

“Al Centro del Carmen se le puede sacar un partidazo”

A pesar de la sempiterna crisis en materia cultural que padece nuestro país, y no digamos en el terreno de la danza, a Meritxell e Inma no les gusta la queja que conduce a la parálisis. “Nunca callaremos lo que pensamos, porque es una forma de ganarte el respeto”. Pero añaden: “Tampoco se trata de despotricar sin argumentos, sino con propuestas honestas”. De ahí que piensen en alto “el partidazo que se le puede sacar al Centro del Carmen”.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Meritxell Barberá e Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Meritxell Barberá e Inma García, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Lola Alarcó.

¿Y de la programación del Festival 10 Sentidos qué destacaríais?

Meritxell habla del “plato fuerte” que supone el reestreno de ‘The show must go on’, pieza legendaria de Jérôme Bel adaptada con casting valenciano, que se mostrará en el Palau de les Arts. O del lujo que supone contar con la compañía británica Candoco Dance Company. O el ‘Homenaje al idiota’ de Soren Evinson, encargado a su vez de un taller sobre la belleza. O la interacción con el público que plantea en sus trabajos Roger Bernat. O…

Inma destaca el proyecto expositivo de la brasileña Angélica Dass, cuyo inventario cromático de diferentes tonos de piel servirá para montar un gran mosaico, que se irá ampliando con las imágenes del público asistente. O el ‘Mano a mano’ del cortometraje de Ignacio Tatay, del que apenas pueden avanzar lo siguiente: “Dos desconocidos se encuentran en un autobús…”. Y entonces Meritxell Barberá e Inma García guardan enigmático silencio. La pasión sigue por dentro.

Inma García (izquierda) y Meritxell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, en Lotelito durante los Desayunos Makma. Fotografía: Lola Alarcó.

Inma García (izquierda) y Meritxell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, en Lotelito durante los Desayunos Makma. Fotografía: Lola Alarcó.

Salva Torres