La escritura asémica de Zirotti en la Fundación Frax

‘Pre-Texto’, de Claudio Zirotti
Comisaria: Natividad Navalón
Sala Pedro Delso
Fundación Frax
Paseo de las estrellas 3, L’Alfàs del Pi (Alicante)
Del 6 de octubre de 2017 al 7 de enero de 2018

La escritura es el asidero en el que tomar aliento en la travesía de la vida. Es el aliviadero que nos permite representar, dibujar, expresar ideas o pensamientos, sentimientos, rabia o dolor, el acontecer, a veces sin sentido, expresado por medio de palabras, números, notas musicales o trazos; grafías que recogen lo impreciso del ser humano. Ese pensamiento abstracto es el que nos consiente cambiar a voluntad de una situación a otra, el que nos consiente descomponer el todo en partes, el que nos permite analizar de forma simultanea distintos aspectos de una misma realidad.

Las obras que componen la exposición ‘Pre-Texto’ nos presentan la escritura como aparejo que transforma el lienzo, convirtiéndolo en el teatro donde el texto cobra vida, donde el texto entra en acción. Texto que ya no toma por modelo a la frase, pero sigue siendo el brote de sentimientos que supone los goces del lenguaje, texto que conforma las páginas de historia para cancelar, de las que, como nos señala Claudio Zirotti, sólo quedan mapas para contar, mapas para trazar un pensamiento abstracto que le permita planear y asumir simulacros, y pensar, y sentir, y actuar.

Las obras que presenta el artista para esta exposición se construyen en el paraíso de los signos, conformando un texto utópico sin lugar donde varar; donde todos los significantes están ahí, desafiantes, pero ninguno alcanza su fin porque todos son parte de un narración. Formas alfabéticas en continuo movimiento, que se encuentran y se funden, que se enfadan y separan, creando un espacio vivo, a veces saturado, otras veces sereno y calmo. En cada uno de los textos que el autor nos despliega en sus obras convierte la caligrafía en movimiento. En ella, la frescura del trazo, el equilibrio de la línea o la transparencia de la tinta, son partes de la coreografía que se desarrolla en la escena del lienzo. Ese texto se convierte en nuestra tabla de náufrago, en el lugar de la memoria.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Cuando Zirotti proyecta esta obra la plantea y la razona desde un punto de vista semiótico. Desde una perspectiva semiológica, la narración se puede realizar con cualquier clase de signos, por ello, siempre trabaja con la visión real del elemento, del signo, glifos o personajes, como el autor los llama, que se podrían esculpir uno a uno. Y es en este contexto plástico en el que Claudio recompone la narración a través de recursos plásticos como el color, las formas, el tachado o lo huidizo, lo escondido, lo oculto o lo encubierto, disimulado, tal vez. Una manera de dibujar el discurso sin volverlo insensato.

La deconstrucción de la palabra en su obra, viene determinada por el metro, por la asonancia, por el ritmo prosódico de trazos caligráficos que nos dibujan las pinceladas como notas musicales en un pentagrama: blancas, negras, piano, crescendo, silencio. Es en esa danza en la que el espectador logra aprehender los signos y el espejismo del lenguaje que representan. Una escritura asémica que a modo de mantra lo mece en la cuna del recuerdo. Como nos evoca Rimbaud, no existe poesía sino cuando existe meditación del lenguaje, lo cual supone la ruptura de los cuadros fijos del lenguaje, de las reglas de la gramática y de las leyes del discurso. Y es en esa libertad del discurso en la que se mueve este artista italiano.

Lo que nos atrapa precisamente de los cuadros de Zirotti no son directamente las referencias, ni su estructura, sino más bien la percepción que nos ofrece el propio texto allí representado: colores, formas, personajes que aparecen y desaparecen, historias más allá de la narración. La visión de la coreografía y puesta en escena nos permite recorrer, saltar, descubrir, abstraernos y volver a sumergirnos en un profundo desgarramiento que imprime el propio lienzo y no la simple temporalidad de su lectura.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En el espacio expositivo de la Fundación Frax, el artista nos presenta sus dos últimas series, ‘Alegoría de los signos’ (2015-2016) y ‘Pre-texto’ (2016-2017), que, en su devenir, nos muestran la metodología empleada por el artista en la génesis de las obras y en la libertad de creación que le permite la producción de las mismas. La obra de Zirotti, que nace con el Art Brut en sus comienzos en Italia, vuelve a retomar a través de estos dos trabajos el territorio de la escritura asémica. Si revisamos el arte contemporáneo, grandes personajes en el mundo artístico como Jean Dubuffet, Paul Klee, Twombly, Joan Miró o Zhang Xu se han adentrado en algún momento de su recorrido artístico en este interminable recurso y fascinante contexto. En este artista italiano, la práctica de la escritura asémica se afinca cada vez más en su obra y cobra así un protagonismo que tinta sus últimas series.

La serie ‘Alegoría de los signos’ empieza presentándonos cada una de las iconografías, cada uno de los signos que constituyen el alfabeto utilizado a lo largo de este trabajo. Signos que son abocetados, identificados, protagonistas, formas dotadas de personalidad y movimiento para después, en una danza con el resto de personajes, ir configurando cada uno de los textos que componen y organizan el discurso de los cuadros. La estructura del texto se transforma en iconografía, la iconografía en movimiento y el movimiento se expande por toda la tela. Signos que cobran vida y se transforman en personajes antropomorfos que interactúan entre sí. Iconografías que juegan en el espacio del lienzo libremente, sin un orden aparentemente lógico, tal vez, la incomodidad de la aglomeración las resitúe, provoque la necesidad de cambiar trazos, espesores o armonías, para llegar a una estética del equilibrio a través de la danza, de la musicalidad, de la expresión sin preconceptos en el instante de la creación. En el transcurrir del tiempo, el acto de escribir se convierte en una melodía cinética. A cada nota un trazo, repetición, tonos y colores, ritmos y sonidos. El lienzo es el escenario de cada una de las composiciones que plasma en sus cuadros, de cada uno de los textos que nos narra, para llegar a una comunicación que va más allá de la palabra.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En la segunda serie titulada ‘Pre-texto’, que da nombre a la exposición, los signos se rebelan, sus personajes se reducen, juegan, son como duendes que aparecen y desaparecen y la caligrafía toma protagonismo dentro de un mundo donde prevalece la forma, el color, estructura, procesos gráficos y proporción. Inmerso en esa imagen abstracta, Claudio Zirotti incorpora una caligrafía donde la expresión adquiere más importancia que la legibilidad de las letras. En un intento de hacer fluctuar al espectador entre el leer y el mirar se apropia de una escritura no convencional, sin semántica, los manuscritos que nos deja leer no corresponden con alfabeto ninguno ni forma predeterminada, nos introducen en la escritura asémica. El espectador llega al entendimiento con la obra, no por la narración del texto sino por la forma caligráfica del mismo. En la escritura anémica no hay interpretaciones erradas, pues siempre está sujeta al ciclo comunicativo que se completa entre el artista-escritor y el lector-espectador. Como el mismo artista señala, la escritura que usamos para comunicarnos es estática, pero la escritura asémica siempre tiene un mínimo de movimiento, es creada desde el sentimiento, es arrojada por movimientos palpitantes descritos en la acción. El espectador desconoce el alfabeto; la lectura, muda, no tiene ningún significado, el artista solamente nos dibuja el relato del recuerdo, más allá de las palabras.

Poetas visuales como Tim Gaze y Jim Leftwitch, partituras de Jonh Cage u obras de Cy Twombly nos acercan también a una caligrafía propia, individual, sin significado pero sin error, sin contexto semántico específico, una escritura abstracta e inmaterial, no sonora e ilegible, una escritura que no se puede leer, sino observar.

Claudio Zirotti expresa sensaciones que si bien pueden ser armónicas y representativas nos apuntan hacia un discurso íntimo y particular mediante el cual transmite emociones, acciones y recuerdos, dudas y temores. Los cuadros plantean una escritura pensativa inmaterial que busca preservar su aliento primario de pensatividad, plantear la textura de las meditaciones entre azarosas y automáticas, donde cobra protagonismo el trazo en el borde del discurso, en un intento de dotar aura a la escritura. Textos que no se pueden leer, pero con una caligrafía perfecta. Textos que no se pueden recitar, pero se sienten en la impresión de la línea. Procesos que nos remiten a la frase del poeta Osvaldo Lamborghini “no leía, pero sus subrayados eran perfectos”, en el caso del artista italiano, textos llenos de pasión, imposibles de leer, pero con una caligrafía impecable.

La escritura asémica que nos presenta en sus cuadros va apoderándose del lienzo, comparte espacio con colores y formas, con grafismos y signos, con trazos y fuertes pinceladas que a veces quieren apartarla. La escritura asémica, sigue sigilosamente recuperando su lugar porque está acostumbrada a liberarse de los límites impuestos, aun así guarda una relación formal con los recursos plásticos que le acompañan.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Es precisamente su aparición la que seduce al espectador porque está abierta a múltiples interpretaciones. La forma de la caligrafía y la estructura del texto sugieren un significado, más allá de las palabras, más allá de los objetos, más allá de los signos, connotaciones al dictado de la percepción y de la intuición de quien la hace y quien la ve. Esta intuición y esta percepción describen un mundo, un mundo que como apunta Eco adquiere una rica complejidad de significados a través de la sucesión de los signos, una obra abierta a la interpretación del espectador. Este sentido de la semiótica es el que Claudio Zirotti va desarrollando a través de estas dos series.

El espacio, a veces el color, a veces la incisión en una textura, tejen el intervalo entre los signos, dibujan los ritmos de la gramática que compone los cuadros. Tiempos, simetrías y tenores nos construyen la serie espacial en la que los términos se relacionan entre sí. En este caso, las frases, aunque ilógicas, continúan siendo frases. El diálogo entre los recursos utilizados por el artista es el pilar donde descansa la significación. Podría decirse que el método de trabajo utilizado por Zirotti coincide con el concepto intuitivo, en semiología, de caos. Cada uno de los textos, cada uno de los signos no se pueden decir, se ven pero son indecibles, como cuando un hombre recuerda lo que estuvo pensando en un momento anterior, o cuando continua pensando en algo.

Cuando relaciona cualquier elemento, cualquier signo uno detrás de otro, está creando una escritura, porque al dar un valor a cada signo, o un nombre a cada signo comienza a establecerse un diálogo. La abstracción del diálogo, de la palabra, la abstracción del lenguaje, la abstracción de la idea. El signo potencia en su obra una estructura abstracta. Una estructura formada por varios signos que representa el propio acto de comunicación. Si cuando leemos una palabra, cada una de las letras van configurándonos la imagen al que alude el significado. Cuando percibimos el texto creado por Claudio, cada una de las letras, cada uno de los signos, se transforman en personajes protagonistas de la escena, figuras en una narración, en el escenario de la acción. Su obra no ofrece mensajes unívocos, en este sentido hace referencia a la evasión del didactismo que nos relata Kafka y acepta múltiples interpretaciones. Se mantienen las leyes naturales pero el conflicto surge de la relación ente el mundo normal y los elementos descolocados. Alude más de lo que muestra.

A veces los lienzos son el PRE-TEXTO para presentar momentos vividos, momentos guardados en el lugar de la memoria hasta que el impulso de la escritura los hace aflorar. Una colección de recuerdos compartidos, una fusión de vivencias por la estética, un camino acompañado que no deja de enseñar, una mujer querida que marca el movimiento, una vida deseado que dibuja el equilibrio. El tiempo y la frescura siempre de la mano, en perfecta armonía son uno en el devenir de los tiempos. Es el momento para reencontrase con el placer de la madurez que concreta con simplicidad las ideas, que valora la esencia del ser, que entra en el intimismo. Como nos sugiere Jakobson, es el momento de dejar las palabras en libertad.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Natividad Navalón

 

Entre el vino y el chocolate

Vino & Chocolate, de Óscar Bento
Fundación Frax
Passeig de les Estreles, 3. l’Alfàs del Pi (Alicante)
Hasta el 25 de septiembre de 2016

La Fundación Frax de l’Alfàs del Pi acoge desde el pasado 1 de julio la exposición Vino & Chocolate del artista nacido en Buenos Aires y residente en Jávea (Alicante), Oscar Bento, con una larga trayectoria internacional. Cuarenta y dos acrílicos sobre lienzo en los que Bento interpreta los placeres universales del vino y el chocolate, inspirándose en sus variedades, procedencias y sabores.

Cartel de la exposición de Óscar Bento en la fachada de la Fundación Frax.

Cartel de la exposición de Óscar Bento en la fachada de la Fundación Frax.

Esta muestra de 2016 viene a completar, tanto estilística como temáticamente, el proyecto concebido por Bento en 2011 y cuya primera parte, Chocolate, se expuso el pasado verano de 2015 en la Diputación de Alicante, bajo el comisariado de la crítico de arte Pilar Tébar.

Tébar escribe para esta ocasión: «En esta serie abstracta, dedicada al vino… se produce un cambio, un salto estilístico importante en la obra de Óscar Bento. Una etapa de madurez, de plenitud, marcada por un enorme respeto por el oficio y el difícil objetivo de trasladar al soporte el color del vino».

Vista de la exposición 'Vino&Chocolate' de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

Vista de la exposición ‘Vino&Chocolate’ de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

«En los primeros cuadros que pinta -continúa Tébar- se aprecia una continuidad formal con la serie anterior: Chocolate, realizada a base de líneas rectas que va trazando, una a una, con regla y pincel muy seco sobre la superficie del lienzo. Son los colores los que nos sirven de referencia para saber a qué fase de su producción están vinculados…. Todos encuentran su lugar en estos últimos trabajos de Óscar Bento y creo poder afirmar que estamos ante una de sus mejores etapas profesionales.»

La Fundación Frax, situada junto a la Playa del Albir, mostrará Vino & Chocolate hasta el 25 de septiembre en horario de 9 a 15 horas de lunes a viernes y, los domingos, de 11 a 14 horas durante los meses de julio y agosto.

Vista de la exposición de Óscar Bento.

Vista de la exposición de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

 

Letanías en la oscuridad

Para un fotógrafo que proviene de la pintura como es Antonio Barroso,
el negativo se transforma en el lienzo en blanco del pintor: el proceso
creativo se desarrolla en el positivado. Los entrecruzamientos son mutuos,
tanto en los materiales como en las técnicas, en los recursos y en la expresión
de las ideas. El imaginario a través de objetos simbólicos incorpora aspectos
de las artes visuales, y éstas se entrevén a través de otro importante intercambio de medios y lenguajes como es el cine y la fotografía. La ciencia y el arte, lo enigmático y lo individual también entran en este sistema de apropiaciones, que desde otra perspectiva corresponde a la perdida de límites, llamemos a éstos fronteras culturales, morales o de producción y arbitrio, entre otras. Es así que en las piezas individuales de Antonio Barroso uno reconoce su originalidad, aunque ocasionalmente se remite al uso de componentes múltiples o rememoran personajes de algún film que nos podría evocar a Tarkovski o un personaje fantasmagórico de Dreyer.
En la serie Hardcore, Barroso recrea una suerte de cuerpo kafkiano cercado en
sus personales metamorfosis, envueltos entre luces y sombras constituye
tanto soporte y materia como alusión y realidad. Sin embargo, esta temática
le sirve al autor de inspiración para representar y denunciar la comedia humana, caracterizada por dobleces del enmascaramiento y la vanidad del ego. Para ello, el artista comienza a depurar las formas, simplificando los contornos y la expresión, tanto del rostro como del cuerpo, otorgando prioridad al envoltorio, y queriendo mostrar, a través de los fetiches simbólicos, el frágil equilibrio del ser humano en una sociedad condenada a las apariencias.
Cada una de ellas forma parte de una extensa galería de personajes que
parecieran trascender el espacio congelado de la fotografía para referirnos una
historia. En este sentido el autor recrea poesía. Al fusionar otra naturaleza o
presencia a sus retratados, como en una utopía sagrada, el artista produce un
encuentro de lo sagrado o simbólico en la vida cotidiana.
Pero esta imaginería humana, no sólo representa lo satírico, sino que si
observamos a lo largo de la Historia del Arte, adquirió en el pasado un sentido
moralizante, pues solía colocarse en los capiteles de los templos, como
advertencia de perdición, ya que su actuación tiende a distraer a los fieles en
su adoración a Dios. En este sentido, en “Maniacs XII” y “Maniacs XVIII” con
su aparición de la bestia en clave de jabalí parecen distraernos, por momentos,
de nuestra apabullante cotidianidad, acercándonos a esa atmosfera amoral
que rodea la iconografía pagana.
Proveniente de una cultura barroca como la mediterránea que penetra en el
ámbito de lo cotidiano, Barroso encuentra en sus rituales artísticos significados
trascendentes, en un continuo flujo de situaciones e interacciones de lo animal,
lo objetual y lo humano. La construcción de una realidad estetizante en los
escenarios de su estudio busca en estos contrastes divergentes la belleza
impactante de su fotografía.
La idea principal es la intención de buscar un resultado diferente al de las
imágenes tradicionales y que además esto salte a la vista, lo cual resulta ser
un valor añadido. Una suerte de contrastes fotográficos donde la yuxtaposición
de gramáticas rituales, representa como señalábamos anteriormente un
constante encuentro de lo sagrado o simbólico en la vida cotidiana.
Ya en la serie “Entresombras” nos acercaba a este proceso mediante una
dialéctica de los medios, en la que se trata el proceso de la fotografía como
escenografía.
Recorramos el pasaje El silencio de los olvidados en los que el autor nos
muestra una realidad que va más allá de la simple apariencia, una introspección interna, onírica, en una constante obsesión del autor por explorar la relación del ser humano con la imagen: “Entresombras se inscribe dentro del nuevo proceso onírico por el que Antonio Barroso redirige su obra. A través de una serie de emergentes entre el sueño y la realidad” entre el pasado y el presente se funden sus poéticas y apesadumbradas imágenes invitando a reflexionar sobre lo que de inconexo tiene lo existencial.
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