La Llotgeta se convierte en Centre Fotogràfic

La Llotgeta – Centre Fotogràfic
Fundación Caja Mediterráneo y Fundación Railowsky
Plaça del Mercat, 4. València
Miércoles 21 de noviembre de 2018

La Fundación Caja Mediterráneo y la Fundación Railowsky han firmado un convenio para convertir el histórico edificio de La Llotgeta de València en un nuevo centro cultural dedicado específicamente a la fotografía. El presidente de la Fundación Caja Mediterráneo, Luis Boyer Cantó, y el presidente de la Fundación Railowsky, Juan Pedro Font de Mora Busutil, han sido los firmantes del acuerdo. Ambas entidades cogestionarán este nuevo espacio, que pasará a denominarse La Llotgeta – Centre Fotogràfic.

El edificio de La Llotgeta está ubicado en el centro histórico de Valencia, junto al Mercado Central, y cuenta con dos salas para exposiciones, una sala de conferencias y un aula – taller. Luis Boyer aseguró que “La Llotgeta comienza una nueva etapa gracias al acuerdo entre la Fundación Caja Mediterráneo y la Fundación Railowsky”. “Entre nuestros objetivos”, añadió Boyer, “está el llegar a acuerdos y establecer sinergias con entidades de referencia que nos permitan ofrecer actividades y programación de calidad a la sociedad, y por eso es un orgullo haber llegado a un acuerdo con la Fundación Railowsky”. “Estamos convencidos que esta nueva etapa de La Llotgeta será todo un éxito”, concluyó el presidente de la Fundación Caja Mediterráneo.

Juan Pedro Font de Mora (izda) y Boyer, tras la firma del convenio. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Juan Pedro Font de Mora (izda) y Luis Boyer, tras la firma del convenio. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Por su parte, Juan Pedro Font de Mora afirmó que “la intención es convertir a La Llotgeta en un centro de referencia de la fotografía valenciana que tiene muchos y buenos fotógrafos, y servir como núcleo vertebrador entre Alicante, Castellón y Valencia. Además se le dará una vertiente internacional a través de la cooperación con otros países del Mediterráneo”.

El acuerdo alcanzado entre ambas entidades convertirá este nuevo espacio en un punto de encuentro en València para fotógrafos, organizaciones vinculadas a la fotografía y público en general. Mantendrá una programación de exposiciones fotográficas, conferencias, acciones formativas y actividades diversas. Asimismo, ‘La Llotgeta – Centre Fotogràfic’ abrirá sus puertas a entidades relacionadas con la cultura que necesiten un espacio para proyectos en torno a la fotografía.

Ambas Fundaciones expondrán, a partir del primer trimestre de 2019, sus valiosos fondos fotográficos, por lo que la ciudadanía podrá disfrutar de exposiciones formadas por obras de una gran calidad. Además, se habilitará un pequeño espacio para librería especializada en cultura y artes visuales gestionada por la Librería Railowsky.

Imagen antigua del edificio de La Llotgeta. Colección José Aleixandre por cortesía de La Llotgeta.

Imagen antigua del edificio de La Llotgeta. Colección José Aleixandre por cortesía de La Llotgeta.

La Llotgeta

El Centro Cultural La Llotgeta forma parte del conjunto arquitectónico del Mercado Central, pieza clave del modernismo valenciano cuyas obras comenzaron en 1915 y quedó inaugurado en 1928. El Ayuntamiento de Valencia convocó un concurso para su construcción que ganaron los arquitectos Alexandre Soler y Francesc Guardia. Se trata de uno de los pabellones administrativos anexos al edificio central del mercado, que desde su construcción ha pasado por distintas fases de usos públicos.

En 1980, el edificio de La Llotgeta fue reestructurado interiormente para albergar una entidad bancaria y finalmente en 1993 pasó a convertirse en el centro cultural de la Fundación Caja Mediterráneo en Valencia, siempre manteniendo su espíritu arquitectónico original y su idiosincrasia modernista.

Imagen actual de La Llotgeta por cortesía de Fundación Caja Mediterráneo.

Imagen actual de La Llotgeta por cortesía de Fundación Caja Mediterráneo.

Elena Aguilera y la esencia del azul

El azul no es un color, de Elena Aguilera
Aula Cultural la Llotgeta.
Fundación Caja Mediterráneo
Plaza del Mercado, 4. Valencia

El artista contemporáneo busca la relación con el entorno, donde se forma y donde da a conocer sus proyecto artístico. Así, en la exposición ‘El azul no es un color’, Elena Aguilera se integra en el contexto expositivo de la ciudad de Valencia, haciéndose eco del debate establecido entre los diferentes centros culturales que en la actualidad ponen a Valencia en el centro de este debate internacional sobre las formas y tendencias del arte, abstracción, arte conceptual, deconstrucción de lo formal, las nuevas tecnologías y su influencia en el lenguaje plástico, en cuanto a sus nuevas formas y conceptos expositivos.

También la Llotgeta, donde se ubica la exposición, ha sido en su intermitente historia un lugar de innovación, de compromiso con las nuevas propuestas expositivas. La pintora Elena Aguilera realiza un análisis de su propio lenguaje pictórico a través de las nuevas tecnologías, el vídeo, y nos ofrece cuatro proyecciones en las que visualizamos el proceso, secuencia a secuencia, de reflexión, de ejecución de una obra pictórica, sus dudas, soluciones, su visión del espacio, de la composición, su rechazo o empleo de lo decorativo, la contundencia de la línea, su vibración, el lenguaje de la abstracción, el paisaje…, en la que el tiempo es el factor fundamental.

Vista de la exposición 'El azul no es un color', de Elena Aguilera. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Vista de la exposición ‘El azul no es un color’, de Elena Aguilera. Imagen cortesía de La Llotgeta.

El espectador se sitúa ante dos proyecciones simultáneas en cada una de sus salas, pudiendo recrear en su mente el proceso, en la elección de esta alternancia de gestos, de borrados, de indecisiones y de decisiones en la creación de un mundo pictórico.

Tiempo, ritmo, luz, color, duda, proceso, soluciones, borrado, precisión, claridad, espacio, estructura, masa, veladura, el cuerpo, su fisicidad, su gesto, su huella en el espacio, en la arquitectura, en el paisaje natural, la mera observación de estos espacios y su impronta en nuestra mente, elementos que como pequeños seres se van sucediendo, mezclando,  en la creación de una imagen pictórica.

Elena Aguilera atiende a la premisa indiscutible del artista actual que debe acceder a todos los medios ya sean digitales, analógicos, artesanales, conceptuales, que tenga a su disposición para dar a conocer lo que interiormente le urge expresar.

Obra de Elena Aguilera. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Obra de Elena Aguilera. Imagen cortesía de La Llotgeta.

El lenguaje, la selección del material, incluso de la obra depende del criterio de ese momento y, en la actualidad, el video, la instalación son medios que convocan la comprensión del público. La pintura es un lenguaje universal e independientemente del material que se utilice en ella, siempre buscará la reflexión sobre su significado, sobre la virtud de su lenguaje para expresar las inquietudes de su tiempo, y la genealogía del arte.

‘El azul no es un color’, el título de la exposición, alude al debate de las primeras décadas del siglo XX sobre la esencia de la poesía, sobre la esencia de la creación y del arte, algo más que retórica, algo que va más allá de las convenciones establecidas y de la crítica al uso. Debate clave impulsado por los propios creadores, por mentes tan lúcidas como la del poeta Juan Ramón Jiménez, que pusieron la poesía española y mundial en la vanguardia pero también en el diálogo con los universales, con los clásicos.

La Llotgeta

Obra de Elena Aguilera. La Llotgeta

Jazz se escribe con V

XX Festival de Jazz de Valencia
Palau de la Música
Passeig de l’Albereda, 30. Valencia
Julio de 2016

Si, como dijo el compositor Leonard Bernstein, para conseguir grandes logros dos cosas eran necesarias, “un plan y no demasiado tiempo”, entonces Francisco Blanco ‘Latino’ y Chevi Martínez están de enhorabuena. Hacia finales de abril supieron que serían ellos los encargados de poner en marcha el 20 Festival de Jazz de Valencia. He ahí el poco tiempo. Pero como tenían un plan, con el que se presentaron a principios de año y por el que el Ayuntamiento de Valencia finalmente se decantó, el logro estaba asegurado.

Su plan es muy sencillo: “Dar la oportunidad a la gente que se lo merece”. Y esa gente está bien cerca: “Los músicos valencianos, que hay muchos y muy buenos, merecían nuestro apoyo; que tengan la puerta del festival abierta, cosa que antes no tenían”. Se acabó aquello de que nadie es profeta en su tierra. Ahora el Jazz se escribe con V, la que llevan incorporados los músicos valencianos que, como Perico Sambeat, Ramón Cardo, Carlos Gonzálbez o Fabio Miano exportan internacionalmente su creatividad.

Cartel de Dani Nebot. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Cartel de Dani Nebot. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

El Fijazz de Alicante, con el triple de presupuesto que Valencia

Está por ver lo que sucede con el Fijazz de Alicante, que sale por primera vez a concurso público con una dotación presupuestaria tres veces superior a la de Valencia. La que será su XVIII edición sigue en el aire, a expensas del proyecto ganador. Paralelamente, acaba de nacer Jazz on the Med, iniciativa privada impulsada por Esatur (Jorge Rodríguez) y El Refugio (Dani Barbieri) con la colaboración de Fundación Caja Mediterráneo.

Y nace Jazz on the Med, complemento al Fijazz

“No lo vemos como competencia al Fijazz, porque es bueno que pasen cosas en junio y julio, de manera que se complementan”, explica Toni Navarro, coordinador del Jazz on the Med, que ha arrancado con alrededor de 20.000€ y una propuesta atractiva. Por el Aula de Cultura de la CAM de la Alicante pasaron los días 2, 9 y 16 de junio Tino di Geraldo Sextet, Jorge Pardo y Javier Massó, y Perico Sambeat y Fabiano Miano Quartet. “Tuvimos una buenas respuesta de público, sin llegar a llenar, pero demostrando que están pasando cosas en Alicante aparte del reggaetón”, señala Navarro. Y el año que viene “más y mejor, esperemos que con la ayuda de algún patrocinador”.

Mientras, el Festival de Peñíscola sigue fiel al modelo que hasta el pasado año dirigía en Valencia Julio Martí: estrellas internacionales y el complemento de músicos valencianos. Así, actuarán en el Palau de Congressos de Peñíscola, del 21 al 28 de julio, la vocalista Cécile McLorin, Kenny Barron y John Abercrombie, reservando los conciertos gratuitos del Jazz a la Serena, que se reparten entre el Palau y la plaza de Santa María, para Grant Stewart, Yei Yi&co, Arantxa Domínguez, Ricardo Belda, Kiko Berenguer y Tat!, en un festival patrocinado por Transportes Monfort Belda.

Fabio Miano. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Fabio Miano. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“La realidad jazzística en Valencia ha cambiado radicalmente en los últimos años: ahora hay un público entregado al jazz y que apoya a los músicos de aquí”, dicen al unísono Blanco ‘Latino’ y Chevi Martínez, ambos a su vez celebrando, oh! casualidad, los 25 de años del colectivo Sedajazz y del club Jimmy Glass, respectivamente. “Llevamos años dedicándonos a crear afición”, añaden. Por eso ahora, con el cambio de gobierno (“la sensibilidad es otra”), decidieron presentar su plan al Ayuntamiento de Valencia.

Hermeto Pascoal. Fotografía de Aline Morena por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Hermeto Pascoal. Fotografía de Aline Morena por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Apostamos por el cambio y por una iniciativa de futuro”

“Lo hacemos animados e impulsados por mucha gente, casi obligados por ellos, que han confiado en nosotros para sacar adelante el festival”. De manera que Latino y Chevi compaginan ahora el trajín diario con todo lo del festival. “Ya casi no tenemos vida privada”, se lamentan con ironía, pero con el acicate de “apostar por el cambio” y de saberse al frente de “una buena iniciativa y de futuro”. Eso sí, el proyecto es para este año, aunque confían en la posibilidad de continuar desarrollándolo más tiempo.

Porque ideas tienen muchas, aunque la falta de tiempo les haya obligado a centrarse en la vigésima edición, para la que cuentan con 60.000€ de presupuesto municipal, más los 15.000 del 17 Seminario Internacional de Jazz. No es mucho teniendo en cuenta que habrá 24 actuaciones (10 más que el pasado año) y 169 músicos participando en ellas, lo que da una idea del exiguo dinero destinado a cada artista. “En el Palau nos la jugamos a taquilla”, dicen. Asumen el riesgo que supone no llegar a cubrir los gastos derivados de los respectivos cachés, por eso animan a la gente a acudir a los conciertos.

Sant Andreu Jazz Band. Foto de Lilli Bonmati por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Sant Andreu Jazz Band. Foto de Lilli Bonmati por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Este festival es un caramelo, porque aúna estilos diferentes y para todos los públicos”

El primero de todos, de entrada libre, será el domingo 3 de julio en los Jardines del Palau con la Sant Andreu Jazz Band. Joan Chamorro dirige esta banda de Barcelona formada mayoritariamente por jóvenes de entre 7 y 20 años, y de la que Ramón Tort realizó la película documental A film about kids and music ganadora del premio al mejor largometraje en el Festival de Cine de Austin (Texas). Latino habla de “caramelo” para definir el Festival de Jazz de Valencia, porque reúne “diferentes estilos, desde lo clásico a lo más vanguardista, y para todos los gustos”.

He ahí otra de las señas de identidad del nuevo modelo. “Dar siempre lo mismo no es educar a la gente, que tiene que conocer lo nuevo que se está haciendo”, subraya Chevi Martínez, harto de lo que alguien ha llamado la “nombrecitis”, esa obsesión por los grandes nombres del jazz, en detrimento de los nuevos solistas y formaciones. “Los grandes nombres tienen fecha de caducidad y los jóvenes han de conocer aquellos otros que empiezan a despuntar y nosotros dárselos a conocer”, como dicen que ya comienza a verse incluso en festivales tan prestigiosos como los de San Sebastián y Vitoria.

Carlos Gonzálbez. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Carlos Gonzálbez. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Ojalá sirva de modelo a otros festivales”

Desean que su proyecto de jazz para todos los públicos, abierto a los diferentes barrios de la ciudad y con músicos de la propia tierra “ojalá sirva de modelo a otros festivales”. Y lo dicen seguros de que en otras ciudades “ya nos están mirando”, por las referencias que tienen. Y puesto que el festival tiene carácter internacional, su apuesta también se desmarca de la línea general, incidiendo en nombres “menos mediáticos pero de indudable calidad”.

De manera que junto a la Perico Sambeat Big Band, Ramón Cardo & The Nyora Boppers, Carlos Gonzálbez & Fabio Miano Quartet y la Orquestra de València, que por primera vez abre su repertorio al jazz en agrupación, figuran en el programa ilustres como Hermeto Pascoal, Charles Lloyd, Vein Trio & Dave Liebman o Juan Perro. Nombres quizás menos sonoros que los de Wynton Marsalis, Chick Corea o Diego El Cigala, pero que a juicio de Latino y Chevi Martínez merecían estar por ese compromiso hacia lo más emblemático.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Perico Sambeat es uno de los valores europeos más importantes”

“El saxo Charles Lloyd fue el primero que vendió un millón de ejemplares por su disco Forest Flower de 1966”, destaca Chevi Martínez, anunciando el que será su único concierto en la península. Y de Hermeto Pascoal dice que nunca había estado en Valencia, siendo uno de los grandes músicos a nivel mundial, con “discos cinco estrellas, mientras aquí parece como si no existiera”. De hecho, Miles Davis dijo de este albino brasileño que era “el músico más importante del mundo”. Vein Trio, que ya ha estado en Valencia, concretamente en el Jimmy Glass, es la apuesta de vanguardia igualmente para todos los públicos. Como Juan Perro o Santiago Auserón (Radio Futura).

Domisol Sisters. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Dómisol Sisters. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

En cualquiera de los casos, insisten en recordar que Perico Sambeat “es uno de los valores europeos más importantes, por sus arreglos y composiciones increíbles”, al igual que Gonzálbez, Miano o Cardo, “que están en un cartel de gran nivel”. Latino aprovecha para destacar también a las Dómisol Sisters, “que sorprenderán seguro, porque tienen un espectáculo muy bonito y de gran calidad”, sin olvidar a Iván ‘Melón’ y su swing cubano o The Big Team, compuesto por Jesús Santandreu, Michael Mossman, Abe Rábade, Carlos Martín, Nelson Cascais y Eric Ineke.

Y como en el espíritu del nuevo Festival de Jazz de Valencia está su despliegue por toda la ciudad, Russafa, el Cabanyal, Benimaclet, El Carme o el Mercado de Colón acogerán diversas actuaciones. También habrá jam sessions en otros espacios habituales de la ciudad, como El Vitti, El Deslunao, Café El Musical, No Hay Nada Mejor que 27 Amigos, Gestalguinos, Café Bigornia o el propio Jimmy Glass, a modo de cartel complementario al festival.

Juan Perro. Fotografía de Daniel Pérez por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Juan Perro. Fotografía de Daniel Pérez por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Los festivales llenos de estrellas parece que fueran a dejarnos ciegos”

“Queremos que sea un festival con conocimiento, didáctico y, por supuesto, respetuoso con la música”. Nada que ver con esos “festivales llenos de estrellas, con las que parece que fuéramos a quedarnos ciegos”, ironiza Latino. El diseñador Daniel Nebot ha sido el encargado del cartel del XX Festival de Jazz de Valencia, calcando el espíritu de sus nuevos responsables. “El jazz se escribe con la J del saxo”, dijo durante la presentación.

Convencidos del largo recorrido del nuevo modelo de festival, confían a su vez en que “con el tiempo sea incluso un atractivo turístico”. Chevi Martínez apuesta por ese “turismo jazzístico”, porque considera que hay mucha gente que cuando viaja a otra ciudad “busca jazz”, apoyándose en la prueba objetiva del Jimmy Glass, donde “cada vez hay más público de ese tipo”. Y vaticina: “En poco tiempo veremos una explosión jazzística importante”. Explosión que, como diría Bob Marley, es lo que tiene de bueno la música: “Cuando te golpea, no sientes dolor”.

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Salva Torres

Perceval Graells traza su memoria

Traçant memòries, de Perceval Graells
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Inauguración: jueves 2 de junio, a las 20.00h
Hasta el 26 de julio de 2016

Traçant memòries es una mirada al pasado. Todos aquellos primeros recuerdos y vivencias de la vida de Perceval Graells. Es volver a la infancia, a los juegos y a aquellos momentos siempre felices con su familia y amigos. La muestra está compuesta por unas 50 obras, algunas en papel y otras en tela pero todas en técnica mixta (óleo, acrílico, ceras, lápiz…)

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Estos recuerdos son sobre todo del lugar donde nació y pasó su infancia, Alicante y del pueblo de su madre, Tarazona de la Mancha. Por eso hacen referencia tanto al campo y sus viñas como al mar Mediterráneo.

Uno de los recuerdos más antiguos que tiene la artista es dibujar y pintar en una mesa blanca y donde las horas pasaban sin darse cuenta. A través de esta exposición quería volver a sentir esa sensación a través del trazo. Tener esa libertad de trazo que tenía en aquellos momentos.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Años más tarde Perceval Graells ha visto algunas pinturas que guardó su padre de sus primeros años de vida y dice que ese trazo tiene mucho que ver con lo que en esta muestra se puede observar.

Perceval Graells.

Perceval Graells. Imagen cortesía de la autora. 

En el principio no fue el paisaje

Paisajes de dentro afuera
Fernando López 2007-2014
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 16 de enero, 2015

Como cualquier otro internetés de primera hornada, es decir, 1.0, antes fui un simple homínido; y el primer día que caí en ello tropecé contra una realidad que no era la mía, mejor dicho, que no era yo, porque llegar a ser cosas mías, o yo del todo, viene mucho más tarde. Ese día del primer tropiezo, que se ha de repetir hasta consolidarse y confirmarlo, ese día supe que afuera no estaba yo, y ese día fui uno.

El lector pensará que eso no es nada nuevo; no lo es, pero ocurre cada vez que un homínido salta de la cuna para abordar la realidad que le circunda, a cada golpe contra el entorno se descubre uno, y aprende que no es lo otro. Aunque existe un momento de importancia mayor, cuando se comprende como individuo autónomo y bien diferente al resto.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

La literatura no se pone de acuerdo sobre cuándo surge la conciencia de lo individual entre nosotros (un nosotros que deberíamos ceñir a los europeos que se expandieron por ahí dando lugar a distintos modos de entender el mundo, pero siempre en nuestro idioma) y, según quien, lo presentan como conciencia alumbrada en el Renacimiento del siglo XII europeo, otros lo trasladan al Renacimiento, que echa los dientes en el XIV, pero no habla con autoridad hasta bien entrado el XV, y resulta llamativo que esa conciencia de individualidad, de un ser yo muy distinto, tanto a la realidad que se nos enfrenta cuanto al resto del mundo, surja y se consolide en el XVI, para después dejarnos ver las cosas del exterior de manera enteramente ordenadas, bajo la forma de paisajes, primero urbanos con la plenitud del Renacimiento, y más tarde naturales, a raíz de su decadencia.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

En ese momento el individuo cobra protagonismo en la historia de Europa, mucho antes de la aparición del burgués por la Francia del XVIII, quien aprende a mirar atrás y verse muy distinto, ya no a lo otro, sino de lo anterior, de nuestro pasado, como bien supo mostrar Giovanni Battista Piranesi, nuestro primer contemporáneo.

¿Por qué me doy una vuelta por el tiempo, a mí que no me interesa nada la historia? Para desandar la mía y explicar mi entusiasmo con el paisaje de datos (el datascape de este internetés de primera hornada).

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

El día que empecé a flipar con el paisaje, y sus representaciones más estáticas, el jardín en todas sus variantes, o dinámicas, paisaje puro más tarde hecho land-art, ese día salí de paseo con Fernando López y comencé conversaciones interminables sobre la naturaleza de la representación y su capacidad para plasmar conceptos; incluso, cuando todavía me permitía tales excesos, llegué a explorar con él las fuentes mismas de la naturaleza en los parajes olvidados de Riópar, en su Albacete natal, bajo la excusa de la exploración de arquitecturas industriales abandonadas, con la carga romántica que tiene asomarte al pasado.

Hoy, cuando los interneteses 1.0 escapamos de la conexión perpetua, volver sobre esos paisajes, que insisten en hallar el mejor acomodo sobre maderas encontradas a las que se pregunta qué imagen podrían recibir; hoy, regresar sobre todo eso, me sigue dejando con idénticos interrogantes y ninguna respuesta, pero me enseña cuándo, por qué, e incluso con quién, comencé a tratar de verme a mí proyectado sobre el orden de formas y colores que es el paisaje y, como contraparte interesada en ahormarme, soy yo como individuo. Porque mirar no es ver; y cuando ves, miras de otro modo.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Nilo Casares