“Los burdeles valencianos eran célebres en Europa»

La Valencia del XVII, de Pablo Cisneros
Editorial Carena

Una ciudad de 50.000 habitantes con una esperanza de vida de 25 a 30 años, altos índices de analfabetismo, y viviendas insalubres que se compartían con los animales. Es un retrato de la Valencia del XVII, un siglo entre luces y sombras que Pablo Cisneros describe en un libro editado por Carena, La Valencia del XVII.

Eclipsado por la gloria del XV, el estancamiento generalizado fue la principal característica del XVII. La expulsión de los moriscos que produjo un grave impacto económico y demográfico, las tensiones con los Austrias, la epidemia de peste o el problema crónico del bandolerismo fueron algunos de sus aspectos oscuros.

¿Por qué ha profundizado precisamente en el siglo XVII?

Siempre me he dedicado en mis investigaciones a trabajar la época del Barroco. Además, es un periodo de la historia de Valencia poco conocido y consideré que era un buen momento para adentrarse en él y compartirlo con los lectores. El siglo XVII ha sido poco estudiado por considerarse tradicionalmente como uno de los más oscuros en la historia de la ciudad, a la sombra del dorado siglo XV. No obstante, pienso que no es así. Fue un siglo duro, eso es evidente, pero también emocionante y lleno de esperanza. No debemos olvidar a los que vivieron en nuestra Valencia en el siglo XVII y allanaron el camino a las generaciones posteriores para que se fuera construyendo la ciudad que hoy tenemos y disfrutamos. A pesar de los evidentes reveses, el seiscientos es un siglo apasionante, innovador, sentido y con miras al futuro.

Documento del libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Documento del libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

En su libro caracteriza esta centuria como desproporcionada. ¿A qué se refiere exactamente?

El siglo XVII viene tras el esplendor valenciano del siglo XV, cuando Valencia fue una de las ciudades más importantes del Mediterráneo. Ese periodo de auge cultural y mercantil no es precisamente el que se vivió en el siglo XVII, marcado por la crisis económica o la peste de 1647. Sin embargo, a pesar de las dificultades, la ciudad supo salir adelante y creó una imagen excepcional y renovada que todavía es visible en Valencia. Cuando hablo de la desproporción  me refiero a la forma de entender la vida. En un momento en el que la gente estaba resistiendo ante duras circunstancias, los gobernantes intentaron, mediante desmedidas fiestas, hacer que los habitantes, aunque sólo fuera por un momento, suavizaran su dura realidad. Por tanto, cuanto más impresionantes fueran las imágenes, los fuegos artificiales, las arquitecturas efímeras, las carrozas, las decoraciones, etcétera, mayor sería el olvido del escenario cotidiano. También hay que tener en cuenta que la Valencia del XVII estaba impregnada de los tintes contrarreformistas, y que mediante el impacto de los interiores o de las fachadas querían demostrar la grandeza que la Reforma había puesto en duda.

¿Cuáles fueron los principales festejos? 

Las fiestas fueron una constante. Las beatificaciones, las canonizaciones, las exequias, los nacimientos, etcétera  daban excusa para que la ciudad cambiara de imagen y se convirtiera en un hervidero de gente destilando alegría. Fiestas destacadas hubo muchas, las más  significativas las de 1622 por el decreto de Santidad de Gregorio XV concedido a la Inmaculada Concepción, las de 1655 por el segundo centenario de la canonización de san Vicente Ferrer, las de 1569 por la canonización de Tomás de Villanueva o, entre otras, las de 1662 por el decreto inmaculista del papa Alejandro VII.

Ilustración en el libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Ilustración en el libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

¿Es cierto que por entonces los burdeles valencianos eran célebres en Europa? 

Sí, el llamado barrio del Partit o de la putería de Valencia fue especialmente célebre y conocido fuera de la ciudad. Habría que destacar cómo el municipio de la ciudad trabajó para la seguridad y sanidad de este lugar y cómo mostró interés para que las prostitutas pudieran reconducir su vida.

¿Cómo era una vivienda típica de un comerciante o artesano de esa época?

La mayoría eran humildes, mal ventiladas, con establos para animales, sin cristales, de dos alturas y con terraza, el lugar para distracciones y reuniones.

¿Qué monumentos más importantes fueron erigidos entonces?

El siglo XVII transformó la ciudad de Valencia. La basílica de la Virgen de los Desamparados, las innumerables fachadas e interiores de las iglesias, las capillas de la comunión, los campanarios conquistando el cielo de la ciudad, los paredones del río o la incipiente Alameda son algunos de los muchos vestigios del siglo XVII que tiene la ciudad.

Algún hecho o anécdota que le sorprendiera especialmente. 

Anécdotas hay muchas. Proliferaban los jeroglíficos, con disputas intelectuales, religiosas o políticas y era habitual que cada mañana apareciesen en lugares concurridos pasquines atacando al poder religioso, político o monárquico. Una de las anécdotas que más me llamó la atención, los naranjazos que la gente se lanzaba por las calles en carnaval.

Portada del libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Portada del libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

‘Juego de tronos’ a la valenciana

Las semillas del madomus, de Bel Carrasco
Presentación: Juan Miguel Aguilera
Librería Leo
C / Rinconada Federico García Sanchiz, 1. Valencia
Día 28 de mayo, a las 19.30h

Una enorme albufera por la que navegan piratas que secuestran niños para depravados sexuales y estrafalarias compañías de cómicos. Unas fiestas en honor al dios Foc que culminan con hogueras, fuegos artificiales y  apoteosis erótica. Una reina cruel que intriga para mantenerse en el poder por encima de todo, guerras y hambrunas  que devastan la población.

Lectora acérrima de literatura fantástica y adicta a Juego de Tronos, Bel Carrasco brinda en su segunda novela, Las semillas del madomus (Versátil) un homenaje al género en el que se siente como pez en el agua.  “No tengo ni el peso en kilogramos de Martin, ni sus toneladas de talento”, reconoce. “Pero sí una imaginación  calenturienta y me apetecía mucho  crear un mundo propio con su geografía, toponimia y mitología propia. Como es lógico llevé este mundo imaginario al terreno que conozco, el Mediterráneo, donde es más fácil sudar que pasar frío e impera la sensualidad y la corrupción”.

Portada del libro 'Las semillas del madomus', de Bel Carrasco.

Portada del libro ‘Las semillas del madomus’, de Bel Carrasco.

“Algunos consideran que la literatura fantástica es pura evasión, una forma de huir de la realidad”, añade Carrasco. “Pero yo creo que, además de dar una gran libertad al escritor,  es un vehículo perfecto para denunciar los males de nuestro tiempo que, en cierta manera, son los de todos los tiempos. Consecuencia del lado oscuro y destructivo de la naturaleza humana que necesita matar para sobrevivir”.

El mundo urdido por Carrasco es Ylliria, una isla con forma de guitarra o de cuerpo de mujer en cuyo centro se extiende un gran lago, el Damago, nombre del dios hermafrodita al que todos veneran. Un lugar idílico en el que no se conoce el invierno, que fue en origen un matriarcado gobernado por sabias mujeres: las matrix, con ayuda de las guerreras bélices y las dreidas o damas de los madomus, árboles mágicos en cuyo interior viven estas brujas benéficas, intermediarias entre los hombres y el furor de la naturaleza. Esa sociedad armoniosa es destruida por los hombres de hielo y los madomus destruidos.

“Las historia comienza muchos años después cuando Hanna, una chica huérfana que desconoce sus orígenes, emprende un viaje  con la intención de descubrirlos y saber quién es”, explica Carrasco. “A lo largo de este periplo se enfrenta a numerosos peligros y vive un sinfín de aventuras, hasta que descubre su verdadera naturaleza y su misión: localizar las últimas semillas del madomus”.

Además de Juego de tronos, Carrasco reconoce la influencia de El señor de los anillos, El nombre del viento, la película La princesa Mononoke y otras muchas grandes obras de un género “que en España sigue marginado, aunque los jóvenes demuestran cada vez mayor interés hacia él”.

Con un trasfondo feminista y ecológico, Las semillas del madomus es, sobre todo, un relato de aventuras de corte clásico que complacerá a quienes todavía conservan su capacidad de asombrarse ante lo maravilloso y que se puede leer a partir de los 14 o 15 años.

Bel Carrasco es periodista especializada en temas de cultura y sociedad, colaboradora de El Mundo y la revista digital makma.net. Ha publicado la novela El relojero de Real (Atlantis) y participado en un par de libros colectivos de cuentos editados por la Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.