¿Existen los Paraísos Terrenales?

Paraísos terrenales
Sebastian Chisari, Christto & Andrew, Alex Francés, Miguel Ángel Gaüeca, Jules Julien, Javi Moreno, Miguel Rael, Michael Roy, Eduardo Sourouille, Javier Velasco
Iniciativa de Black Refuge
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: jueves 23 de junio
Hasta el 30 de julio de 2016

Blue is the universal love in which man bathes – it is the terrestrial paradise. (Derek Jarman, Blue, 1993)

No hay otros paraísos que los paraísos perdidos (Jorge Luis Borges, Los conjurados, 1985)

Algunas palabras están colmadas de anhelo. Quién no desearía el paraíso, no lo buscaría, no perseguiría su esencia, identificándolo, tal vez por un instante.  ¿La pesquisa debería iniciarse en el lugar en el que existió, la tierra, o en el lugar que ocupa en nuestro imaginario?

Las palabras son llaves, por ejemplo, Pardes, el término hebreo que designa al jardín, al paraíso y que, al mismo tiempo, funciona como acrónimo de las cuatro posibles formas de interpretación: literal, alusiva, exegética y secreta o mística. La palabra se torna múltiple, poliédrica  y el relato nos indica así las formas de desestabilizarlo, invitándonos a explorar sus distintas capas de sentido.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

¿Acaso te pedí, Creador, que de mi arcilla Me hicieses hombre? ¿Acaso te rogué Que de la oscuridad me ascendieses? (John Milton, El paraíso perdido, 1667)

El jardín de las delicias y el origen, el texto que desea ocupar un lugar al que retornar. La sociedad occidental ha soñado ese espacio, lo ha narrado, recreado, intentando que la idea fuese algo más real.

Pero es imposible habitar el paraíso, pese a que este, incómodo, resida en nosotros. El malestar por este lugar se plasma de manera clara en Frankenstein (1818) de Mary W. Shelley. La novela se inicia con una cita de Milton, pero su presencia continúa a lo largo de todo el relato. El paraíso perdido es una de las lecturas del ser creado por Víctor Frankenstein que rápidamente se identifica a sí mismo con Satán. Tenemos así a  un personaje sin nombre, en busca, a lo largo del relato, de un igual mientras se esfuerza por aprender los códigos del entorno, vive ocultando su naturaleza debido a la presión social y que, al descubrir la idea del paraíso, decide identificarse con la fuerza negativa que nos expulsó de él. Podemos argumentar que una realidad mítica, incapaz de habitar el presente, pues reside en el pasado como perdida y en el futuro como promesa, no debería condicionar nuestra personalidad como le ocurre al protagonista de la novela, pero eso sería obviar que los relatos construyen nuestras identidades.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

(…) si es posible que los lineamientos del paraíso terrenal surjan de la vida ordinaria, entonces esta última tiene que haber sido concebida, no como algún tedioso lugar de contingencia secular y existencia «normal», sino más bien como el producto final de la maldición y el encantamiento (Fredric Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico, 1981)

Uno de los elementos que aparecen en el análisis que Jameson hace de las narraciones mágicas es el paraíso. Este teórico defiende que, al igual que otras realidades míticas, su elaboración parte de nuestra realidad más próxima; no podemos entenderlo sin construirlo desde nosotros mismos. Así que edificamos una idea que nos excluye y que, además, esta dotada de una característica como es la naturalización (1).  Las teorías feministas ya señalaron el subterfugio de lo “natural” y lo “neutro” como valedores de un status quo en el que es muy fácil sentirse desplazado o no integrado.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

El paraíso se convierte así en una heterotopía perversa pues es un lugar ritual  vinculado con lo hegemónico. Este hecho nos obliga a vivir en la constante búsqueda de este no lugar, mientras dejamos que esta travesía nos trasforme, sin ser conscientes que su posible hallazgo nos encerraría en la norma. Aunque, como la palabra y su sentido, puede que la norma se desordene, fragmentándose.

Una exposición colectiva son fragmentos, en este caso, diez artistas que nos permiten aproximarnos a distintos paraísos o, mejor dicho, a como esta idea nos ha trasformado, modificando nuestras identidades.

Encontramos así propuestas atravesadas por estas realidades, en las que nociones como recuerdo, deseo, ruina, cuerpo… se entrelazarán proponiéndonos distintas lecturas de la misma palabra.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Sebastian Chisari (Casablanca, Marruecos; 1990) utiliza la huella para hablarnos del deseo, de cómo un mismo escenario puede generar múltiples interpretaciones.  Christto & Andrew (San Juan, Puerto Rico, 1985 y Johannesburgo, Sudáfrica, 1987) parten del análisis de una identidad en conflicto como es la de la sociedad de Qatar. Alex Francés (Valencia, 1962) toma el cuerpo como espacio de representación y ausencia donde la manualidad del tejido se confunde con lo orgánico de las formas.  Miguel Ángel Gaüeca (Bilbao, 1967) reflexiona sobre la dificultad de conseguir los ideales de belleza para construir un relato en torno a la imagen, el recuerdo y la perdida.  Jules Julien (Bagnols-Sur-Cèze, Francia, 1975) nos confronta con una hiperrealidad construida en la que un color, el azul, condiciona nuestra recepción al estar cargado de connotaciones culturales.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Javi Moreno (Sant Joan d’ Alacant, 1982) recurre al cuerpo adolescente para enunciar los conflictos sobre su sexualización, inocencia o nuestro anhelo de juventud.  Miguel Rael (Lorca, España, 1974) trabaja sobre lo intangible, sobre el misterio y la capacidad de comunicar de la forma y el signo. Michael Roy (La Rochelle, 1973) se sirve de “Me acuerdo” de Joe Brainard y Georges Perec para construir un relato sobre la memoria. Eduardo Sourrouille (Basauri, Bizkaia; 1970) nos habla de nuestras redes familiares y de afecto utilizando a los animales como personificación de actitudes y comportamiento. Javier Velasco (La Línea de la Concepción, Cádiz; 1963) contrapone la artificialidad del laboratorio –azul de metileno, mercurio..- con la organicidad de nuestros cuerpos para evidenciar conflictos.

Y a todo esto se suma otra identidad, la de la persona  que, con su propio paraíso interior, contempla esta muestra.

(1) Para una lectura del paraíso y su relación con lo “natural” véase Northrop FRYE, Anatomía de la crítica: cuatro ensayos, Monte Avila, Caracas, 1977

Eduardo García Nieto

María Ruido y la visibilidad de lo invisible

La pantalla en conflicto, de María Ruido
Comisaria: Johanna Caplliure
Galería Rosa Santos
Inauguración: jueves 21 de enero, a las 20.00h
Hasta el 11 de marzo de 2016

La pantalla en conflicto es el campo de lucha donde emergen las relaciones de tensión entre la narración y las formas de escritura, la visualidad de la violencia, la visibilidad de lo invisible. En ella se estructura el espacio psíquico de pertenencia y el lugar físico de la deslocalización o la fragmentación territorial en el lugar del Otro. Puesto que la precariedad de la vida, los migrados, el terror y la urgencia de la política imponen la producción de un imaginario fílmico compartido.

El trabajo de María Ruido indaga sobre la producción material y simbólica de las imágenes en el entrecruzamiento de la Historia, la memoria y las escrituras migrantes incidiendo en la construcción de las subjetividades, el trabajo y el poder sobre/de los cuerpos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La exposición La pantalla en conflicto (L’écran en conflict) circula en torno a la proyección de las siguientes películas de la autora: ‘La memoria interior’ (2002), ‘Tiempo Real’ (2003), ‘Ficciones anfibias’ (2005), ‘Zona franca’ (2009), ‘Le rêve est fini’ (2014) y ‘L’oeil impératif’ (2015).

Artista visual, investigadora y productora cultural, desde 1998, María Ruido desarrolla proyectos interdisciplinares sobre los imaginarios del trabajo en el capitalismo postfordista y sobre la construcción de la memoria y sus relaciones con las formas narrativas de la historia. Vive en Madrid y Barcelona, donde es profesora en la Universidad de Barcelona, y está implicada en diversos estudios sobre las políticas de la representación y sus relaciones contextuales.

El día 13 de febrero se visionará ‘L’oeil impératif’ en una presentación pública junto a María Ruido en el contexto del ciclo ‘Cine por venir’ en el IVAM.  A partir de este día se añadirá al resto de películas proyectadas en la galería.

María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

El collage esquizofrénico de Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Del 3 de julio al 1 de noviembre de 2015

“No pienso en el arte mientras trabajo, trato de pensar en la vida”. Jean-Michael Basquiat (1960-1988). En esa vida que se desprendió de él, por azar o no, con una sobredosis de heroína, a la edad de 27 años. Tristemente demasiado joven para descender al mundo de Hades e incomprensiblemente demasiado joven para que su obra estuviese ya aclamada por la crítica, por los coleccionistas y por artistas como Andy Warhol, Jim Jarmusch, David Byrne, Keith Haring. Recordar que Jean-Michael Basquiat fue el primer artista afroamericano en exponer en el amplio circuito de galerías de prestigio de Nueva York y Europa y que su obra Dusthead, pintada cuando tenía 21 años, fue vendida en 1981 por veinte millones de dólares. En la vida de Basquiat, la muerte y la fama surgieron demasiado pronto, demasiado rápido.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El rizoma

El mundo pictórico de la obra de Basquiat, desde el grafiti hasta el lienzo, se distribuye a modo de rizoma. Múltiples significantes abigarran el espacio creativo.  La letra escrita, los números, el dibujo y el color se amalgaman sin orden, ni ley, ni centro. Frases escritas, fórmulas matemáticas, expresiones médicas, dibujos de animales, de objetos infantiles, de cuerpos fragmentados, a modo de los libros de anatomía, se apretujan en el lienzo junto a dos de sus figuras más significativas de su obra: la corona tricorne, icono de su firma, y los seres trazados con la fisionomía del hombre negro.

La obra de Jean-Michael Basquiat es un collage propio de la escritura esquizofrénica del arte visual posmoderno. Basquiat pinta su obra de mayor raigambre artístico en el auge posmoderno de la década de los ochenta del siglo XX.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo, señala que el collage es un rasgo de estilo de la pintura del siglo XX, sea ésta posmoderna o no; la escritura esquizofrénica, junto con el pastiche, son cualidades estílisticas propias del arte posmoderno. Según este autor, un arte, el posmoderno, que expresa muchos aspectos del capitalismo multinacional, de la sociedad de consumo y mass-mediática. Y una escritura posmoderna que está unida a la experiencia esquizofrénica, entendida ésta como un desorden en el lenguaje donde los significantes materiales pululan aislados, desconectados, discontinuos, sin establecer una secuencia coherente en el tiempo y en el espacio.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La obra de Jean-Michael Basquiat está impregnada de la cualidad de la experiencia esquizofrénica. Los significantes en toda su materialidad explotan en el interior del lienzo fragmentando el tiempo y el espacio y estallando toda posiblidad narrativa.

El sentido artístico de la obra de Basquiat está ahí, en la ruptura temporal y espacial, en la falla narrativa, en la materialidad de lo rasgos infantiles de sus dibujos, de sus colores, de sus letras, de sus números, en la inmensa apertura de la boca y en los desproporcionados dientes de esas figuras de seres cubiertos con las máscaras de la fisionomía del hombre negro, afroamericano.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Bocas tétricas, irónicas, iracundas, impotentes para acallar, a pesar de su majestuosa presencia, el desgarro de angustia que produce la discontinuidad que somos y la continuidad perdida que fuimos y seremos, como señala Bataille en su libro Erotismo.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Julia Llerena, al vacío

Pensamiento interestelar, de Julia Llerena
AJG Contemporary Art Gallery
Espacio Miracómolate
C / Murillo, 10. Sevilla
Inauguración: miércoles 10 de junio, a las 20.30h
Hasta el 25 de junio de 2015

A raíz de una necesidad personal de búsqueda y reflexión sobre la identidad, Julia Llerena (Sevilla, 1985) plantea diseccionar los conceptos espacio tiempo para plantear los enigmas que invaden al ser humano dentro de su entorno. A través de sus piezas, nos interroga sobre los límites del espacio y nuestras capacidades perceptivas, considerando el vacío una necesidad para el desarrollo de la existencia.

El trabajo de Julia combina la virtuosidad en la ejecución de sus obras con una gran profundidad de discurso, que elabora a raíz de estudios realizados sobre pequeños elementos que van apareciendo en su vida cotidiana o que sencillamente forman parte del ideario común sobre los que construye un mundo propio. Para este proyecto, Julia Llerena ha hallado en la inmensidad del universo el medio idóneo para desarrollar las ideas que definen su trabajo: ingravidez, sutileza, silencio, soledad y el orden que se establece dentro de un aparente caos original.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición 'Pensamiento interestelar'. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición ‘Pensamiento interestelar’. Imagen cortesía de AJG Gallery.

El silencio y la soledad componen una parte de la vida. Sobre el hombre recaen historias y leyendas que dan lugar a hipótesis acerca de la realidad de todas ellas, como podemos ver en Dear Spaceman, donde Llerena despersonifica a un astronauta Neil Armstrong quemando su rostro negándole así la posibilidad de hallarse: su identidad se ha perdido en el espacio y en el tiempo, entre las dudas de su propia realidad.

Neil Armstrong pudo haber plasmado su huella en la Luna, o pudo no haberlo hecho, convirtiendo esta historia en una verdad relativa, en historia para la historia y no para la ciencia. Dear Spaceman se pierde en la oscuridad y en la incertidumbre, en la inmensidad del espacio donde la soledad se incrementa y el rumbo se vuelve impreciso y variable, recordándonos que todos llevamos algo de ese astronauta que deambula en la indeterminación de su propio destino.

Pensamiento interestelar es una pieza donde se hallan diversos elementos colocados sobre una mesa dispuestos de manera similar a los del universo. Durante un año, Julia realizó recorridos a pie a lo largo de 50 a 60 minutos, apropiándose de pequeños elementos que iban apareciendo en su camino, a priori insignificantes a la vista de cualquiera.

Detalle de 'Pensamiento interestelar', de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Detalle de ‘Pensamiento interestelar’, de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Estos fragmentos son colocados sobre una mesa con un aparente orden aleatorio, iluminados por un foco, sencillo, sutil y cuya apariencia final bien se semeja a un sistema solar, a una galaxia. En esta pieza condensa energía, espacio y materia, orquestadas de modo similar al universo gracias a un meticuloso trabajo de medición que sintetiza la naturaleza de lo eterno e ilimitado.

En el vídeo Tiny Explosions, Julia Llerena interviene con fuego las láminas del atlas, provocando una serie de explosiones en cadena. Con esta acción, la artista fragmenta el infinito y lo multiplica, encapsulando en esta obra la esencia del abismo. El formato tiene mucho que decir en este discurso: por un lado, las imágenes de galaxias y nebulosas pertenecían ya al pasado en el momento de la toma fotográfica, debido a la naturaleza de la luz y el tiempo que transcurre desde que es emitido del cuerpo hasta el sensor donde se crea la imagen. Este rasgo interesa especialmente a Llerena, por la similitud que guarda con su preocupación por la dificultad que supone para el ser humano vivir el presente.

Por otro lado, las ilustraciones son una reproducción del escenario interplanetario, su intervención y posterior grabación suponen otra duplicación mientras que la repetición en vídeo es una clara redundancia en la idea de lo infinito. El fuego se reproduce y los agujeros resultantes adquieren un símil con formas celestiales, cuerpos del universo que existen y permanecen como enigmas.

Cloud Galaxy es un claro ejemplo de la caducidad del conocimiento, testigo de ciencias obsoletas que en el pasado fueron referente de avance científico. El hecho artístico se impone sobre esta ciencia dotándola de alma, convirtiéndolas en emblemas del triunfo de la subjetividad sobre el carácter caduco de la ciencia. Sobre el atlas, la intervención de Llerena traspasa la realidad de la imagen y crea una nueva lectura; a través de la hendidura comprobamos cómo nuestra mirada se desconcierta al hallar un extraño elemento que nos impide adivinar la profundidad real de la cavidad, produciendo un interesante juego visual donde la artista nos invita a cuestionarnos la veracidad del conocimiento empírico del mismo modo que el viejo atlas es una demostración del conocimiento empírico, ya obsoleto.

Traducir a la escala humana el carácter descomunal del universo es, cuanto menos, un reto. No se trata sólo del universo sino de un universo subjetivado, interpretado y humanizado, porque el arte tiene entre otras la función de aportar respuestas cuando la ciencia es incapaz de satisfacer las necesidades del conocimiento. Y es que sólo el pensamiento es capaz de sobrepasar los límites de lo conocido. En este caso, un pensamiento interestelar.

María Arregui Montero*

* Texto por cortesía de AJG Gallery

Julia Llerena se incorpora a AJG Gallery

Julia Llerena
AJG Contemporary Art Gallery
Inauguración en estudio de diseño gráfico Miracomolate
C / Murillo, 10. Sevilla
Miércoles 10 de junio

AJG Contemporary Art Gallery anuncia la incorporación de Julia Llerena a su lista de artistas, quien desarrollará su primera exposición individual en colaboración con el estudio de diseño gráfico Miracomolate, mientras AJG encuentra nueva ubicación. Julia Llerena (Sevilla, 1985) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, Máster en Investigación en Arte y Creación de la Universidad Complutense de Madrid y ha sido becada por el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla ICAS.

A raíz de una necesidad personal de búsqueda y reflexión sobre la identidad, Julia Llerena disecciona los conceptos espacio-tiempo para plantear los enigmas que invaden al ser humano dentro de su entorno. A través de sus piezas, nos interroga sobre los límites del espacio y nuestras capacidades perceptivas, considerando el vacío una necesidad para el desarrollo de la existencia.

El trabajo de Julia combina con virtuosismo la sutileza en la ejecución de sus obras con una gran profundidad de discurso, que elabora a raíz de estudios realizados sobre pequeños elementos que van apareciendo en su vida cotidiana o que sencillamente forman parte del ideario común, sobre los que construye un universo propio.

Lo micro y lo macro se fusionan para fragmentar el infinito y multiplicarlo, siendo capaz de encapsular la esencia del abismo, la soledad del individuo, la memoria y la nostalgia en un conjunto de obras.

Pensamiento inter-estelar, de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Galllery.

Pensamiento inter-estelar, de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Galllery.

 

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

Jose Pla en Lotelito

Hotel Pla, de Jose Pla
Lotelito
C / Barcas, 13. Valencia
Inauguración: martes 7 de octubre, a las 19.00h
Hasta el 9 de noviembre

Jose Pla presenta en Lotelito nueve piezas hechas expresamente para la ocasión. Nueve cuadros de diversos formatos en los que, como viene siendo habitual en este artista, se combina la investigación plástica de la imagen serigráfica y la pintura.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Técnica que comenzó a adoptar a principios del 2000 y que en estos últimos años ha hecho propia. Porque la obra de Plá es pictóricamente completa. Deambula entre el gesto, la pincelada expresiva y la trama pop. Inserta la imagen fotográfica en la tela por medio de una depurada técnica de estampación integrándola naturalmente en el enjambre de procesos puramente pictóricos. Domina los procesos reproductivos de la imagen y la tradición pictórica produciendo complejos cuadros de alta ilusión poética.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Así, su obra es compleja en lo técnico y sutil en lo evocativo, utilizando elementos de su entorno como forjas de balcón, ramas, algas, manos (su mano izquierda) y en esta ocasión palabras, elementos  tipográficos en estas nuevas piezas.

Hotel Pla es una visión del individuo de dentro a fuera, una visión del mundo desde el yo fragmentado en habitaciones, un autorretrato desde el estudio. Una mirada desde el balcón, desde el interior hacia las fronteras del mundo real.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Jose Pla (Valencia 1970) tiene una trayectoria extensa desde los años ochenta (realizó su primera exposición individual en La Marxa. Valencia) ya en los 90´s hasta la actualidad es habitual en espacios como Laesferazul, Galería Color Elefante, Galería Edgar Neville, Mr. Pink entre otras. Entre sus últimos proyestos podemos destacar su exposición en Mr. Pnk “Hapiness,Darkness & Hope”, participación en Ciutat Vella Oberta y en Distrito 8.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Nacho Cot