Elena Martí: La naturaleza como pretexto

La naturaleza como pretexto, de Elena Martí
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 2 de octubre, a las 20.30h
Hasta el 14 de diciembre de 2015

El paso contínuo y obstinado del tiempo ha estado siempre presente en la obra de Elena Martí: el tiempo y su efecto en la materia…el tiempo y las ausencias… la fugacidad de nuestras vidas y la resistencia que oponemos para perdurar. La naturaleza no es el fin, es un medio. Elena Martí fue seleccionada en el año 2013 como ‘Artista per la Natura’ por el Institut Valencià d’Excursionisme i Natura por sus trabajos realizados sobre el paisaje en tinta y óxidos.

El proyecto que presentó en el Centro Excursionista fue más allá de sus obras de óxido ya conocidas. En la exposición se pudo ver una serie de trabajos realizados con materiales reciclados, papel hecho a mano con objetos encontrados, latas, óxidos. Con ello planteaba una reflexión sobre lo material, lo efímero de la naturaleza.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Desde entonces, ha seguido trabajando en este camino. En diferentes instalaciones presentadas en el ‘Certamen Open Natura’ (Cuenca) en el que ha participado en dos ocasiones, quería hacer reflexionar sobre la delicadeza del paisaje (ecosistema). En su obra Out of Place, realizada con fibra de las plantas acuáticas posidonia y en su obra Frágil, sobre el agua, seguía planteándonos una reflexión de cómo durante años, los paisajes y el ecosistema han sido tratados por el hombre como si fueran inagotables e  indestructibles.

En esta nueva exposición, La Naturaleza como pretexto, presenta un conjunto de obras de distintos formatos y técnicas con un elemento común, la fragilidad que nos transmiten los materiales con los que trabaja, utilizando las propiedades simbólicas que le pueden ofrecer. Los paisajes, que le gusta llamar interiores, son paisajes atemporales, que no describen un lugar ni un tiempo concreto.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Alguno de ellos los presenta de forma desestructurada y vuelto a crear de forma ordenada, ordenando el caos. En las obras realizadas con papel reciclado, en las que inserta objetos que hablan del contraste entre lo efímero y lo duradero. Los objetos en sí, las latas, papeles viejos, materiales aparentemente desprovistos de belleza, tienen memoria, esconden una historia y una gran riqueza plástica.

Por último, las estructuras creadas con alambres de la construcción,  papeles y cartones reciclados, son obras que hacen referencia a la vulnerabilidad de la materia, del ser y de la brevedad de nuestra existencia. Como dice la propia Elena Martí, citando a Bourgeois, «el mensaje, la intención del creador, carece de importancia, cada uno podrá ver en cada obra cosas que no hemos puesto».

Vista de la exposición La Naturaleza como pretexto, de Elena Martí. Cortesía de Imprevisual Galería.

Vista de la exposición La Naturaleza como pretexto, de Elena Martí. Cortesía de Imprevisual Galería.

Antonio Fernández Alvira: las apariencias

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible
Centro Párraga. Sala de Máquinas. Murcia.
Hasta el 25 julio de 2014

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira  muestra con este proyecto la fragilidad de las estructuras y las construcciones sociales que parecían estables e inamovibles. A través de un ejercicio delicado y a la vez preciosista, este artista muestra los edificios como decorados, como tramoya, como espacios abandonados o desestimados. Como señala el propio artista “Mi trabajo ahonda en el análisis del uso de lo escenográfico y lo teatral en los ámbitos del poder y su propaganda. En la utilización de ciertas herramientas teatrales para hacernos creer en la realidad de esa potestad, de esa autoridad y por lo tanto de ciertas clases y status. Analizar que sucede en la trastienda, en la tramoya, cuando se pierde esa superioridad pretendida. Acceder a la visión de ese decorado desde la parte de atrás, abriendo los ojos a esa realidad, cuando se cae desde lo más alto, y se intenta por todos los medios perpetuar y conservar algo que en el fondo no deja de ser irreal”.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Las piezas se sitúan dentro del dibujo y su experimentación. Son imágenes realizadas en acuarela sobre papel que construyen diversos decorados que vistos desde la trasera, desde la tramoya, nos muestran espacios decadentes y ruinosos. Unas estancias opulentas y ricas, que se caen y derrumban, mostrándonos ese poder y status ruinoso y perdido, haciéndonos visible su fragilidad. El hecho de realizar todo en papel ahonda más en la sensación de debilidad y de imitación o teatralización. Las maquetas por su parte, realizadas también en papel, y colocadas dentro de vitrinas nos hablan de ese momento congelado, antes de que se derrumbe todo, en un último intento desesperado de parar lo inevitable y salvaguardar lo poco que queda en pie, a la vez de poder admirar no sin cierta visión nostálgica y romántica lo que pudo ser.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

La fragilidad del entorno

Cristina Almodóvar. Frágil
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del mocadoret, 4. Valencia
Hasta el 22 de marzo de 2014.

La fragilidad presente en la creación y en la destrucción es el hilo conductor de la exposición “Frágil” de Cristina Almodóvar (Madrid, 1970).

La sensación de inestabilidad que produce un entorno continuamente cambiante y sometido a multitud de fuerzas incontrolables hace que el pensamiento inquieto de Cristina Almodóvar se proyecte sobre las más diversas realidades naturales, fuentes de constante inspiración en su trabajo. Tanto el afloramiento de la vida como los movimientos telúricos se convierten en motivos para crear piezas de realización minuciosa que, bajo una suave apariencia, representan momentos de gran fuerza conceptual. Los contrarios se unen en esta muestra, en la que la naturaleza emerge y se desarrolla a través de la rotura, y el paisaje se quiebra para hacer presente la debilidad de lo aparentemente más sólido.

La exposición de Cristina Almodóvar participa en el Festival Miradas de Mujeres durante el mes de Marzo. El sábado 1 de marzo a las 12.00 h se producirá una charla de Lorena Corral sobre la mujer en la escultura “Cristina Almodóvar: sintiendo la profundidad de la naturaleza”.

“Su simplicidad al representar la naturaleza nos invita a pensar que las esculturas han sido concebidas como poemas que materializan una bella historia a través de la fugacidad y la permanencia, de la levedad y la rotundidad de sus formas”.

Obra de Cristina.

Obra de Cristina Almodóvar.

Javier Romero. Código compartido

Javier Romero. Código compartido
Comisario: Jordi Navas
Arte en la Casa Bardín
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert
C/ San Fernando, 44, Alicante
Inauguración: 14 de mayo, 20h.
Hasta el 25 de junio de 2013

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero se expresa con una voz cadenciosa y trémula. Sus ideas se van desplegando en los oídos del interlocutor como hilos muy leves, puntadas en las que se entrecruzan la memoria personal, el conocimiento de los referentes artísticos, la búsqueda de la experiencia y una aguda conciencia reflexiva de su propia obra.

De este modo, con aparente indiferencia y sin alardes formales o conceptuales, este artista, capaz de prescindir de las cartelas y hasta del título en sus exposiciones, va tejiendo desde el lenguaje una malla tan sutil y heterogénea como los trazos de lápiz y alambre que se confunden en alguna de sus esculturas.

El juego consiste en envolver al espectador de la obra con sugerencias casi imperceptibles. La memoria familiar se congela a través de unos paisajes exteriores proyectados en las estancias del hogar a punto de ser demolido (Crepúsculo). Dibujos con una estética significante propia del grabado se difuminan mediante un borrado gestual, como si un golpe de mar arrastrara a su paso toda la carga histórica y sentimental de la tradición representativa del arte occidental.

Morandi paga un alto precio por la apropiación de sus silencios. Una capa de grafito vela la luz de sus cuadros y traiciona el misterio del color (Still lifes). La arquitectura se convierte en territorio explorado por el arte a través de los tejados (Collage Roofs) que el arquitecto alicantino Francisco Fajardo diseñó para su proyecto de viviendas en Ciudad Jardín.

De nuevo, la imagen coloniza una arquitectura. En esta ocasión las fotografías de jardines anónimos sirven de materia prima para formalizar geometrías ajenas y el fruto de esta meticulosa alquimia entre fotografía y arquitectura deviene en hallazgo pictórico.

Apropiación, deslizamiento de sentido, solapamiento de planos de significación. Recursos que renuncian a la comunicación explícita y abordan una pléyade de vías de revelación para que la mirada sólo atisbe. Nada de deslumbramientos innecesarios.

Las series que confluyen en esta exposición para el proyecto Arte en la Casa Bardín representan un apunte de los trabajos que Javier Romero viene desarrollando en The Elizabeth Foundation of Arts de Nueva York, donde el artista alicantino tiene su estudio. Esta institución desarrolla un programa pionero en Estados Unidos. Se trata de Open Studios, una iniciativa que permite el contacto directo de público y galeristas con el entorno de los creadores. Más de tres mil personas pasan al año por el estudio de Romero y del resto de artistas vinculados a la institución, lo que confiere a estas obras un ámbito de difusión internacional que llega ahora hasta Alicante.

La más antigua de las series, Crepúsculo, enlaza con la exposición realizada en 2007 en la galería Evelyn Botella y tiende un puente entre el discurso que Romero fue urdiendo durante su etapa anterior. Un periodo en el que el artista compaginó su labor creativa con el trabajo como técnico de la Fundación de la Universidad de Alicante. Por aquellos años, su investigación transitaba por los territorios de la memoria, con un constante ir y venir a través de lenguajes y recursos expresivos. La pérdida, la ausencia o el silencio constituían los ejes de un itinerario plástico con parada en las exposiciones que, a principios y mediados de la pasada década, protagonizó en las galerías Aural y Evelyn Botella y en el Centre Municipal d’Exposicions d’Elx.

El mito de Cipariso, convertido en ciprés tras matar por equivocación al ciervo favorito de Apolo, ocupaba por aquel entonces un lugar central en el relato artístico y las formas de aprehensión del motivo introducían un abanico de dispositivos formales, que iban de la fotografía manipulada (cipreses de la Toscana) hasta las proyecciones o la instalación objetual.

De esa etapa, sobreviven las obsesiones, la prolífica búsqueda expresiva, el dominio del lenguaje artístico y la persistente querencia exploratoria hacia la memoria, tan frágil y tan relevante a la vez. Por el camino se han ido quedando los argumentos narrativos que se imponían a la idea y forzaban una cohesión conceptual, a la que el artista ha decidido renunciar. Las series actuales son más abstractas y esquemáticas. La obra se ha ido desnudando para quedarse en meros perfiles insinuantes, que se ofrecen a modo de delgadas pasarelas para liberar al arte de la retórica comunicativa y al espectador del incómodo papel de destinatario. Gana el artista capacidad de experimentación, gana la obra autonomía, gana, en definitiva, el ojo atento.

El título de esta exposición, Código compartido, responde a esta búsqueda de un itinerario libre a disposición del viajero dispuesto a adentrarse en la ruta que se propone. La urdimbre expositiva puede desorientar o guiar por diferentes caminos. No hay certezas. Cada uno dispone de un equipaje que ojalá no se pierda en el camino. Solo resta disfrutar del vuelo.

Jordi Navas

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert